31 may. 2011

El cuarto hombre (De vierde man)


Este Paul Verhoeven es un cachondo. Algo molesto por los críticos que decían que su película Eric, oficial de la reina (Soldat van Oranje, 1977) era superficial, decidió hacer una película que desbordase sustancia, significados ocultos y simbolismo: El cuarto hombre (De vierde man, 1983). Y funcionó, los críticos elogiaron esta producción mientras Verhoeven se reía en casa.

Verhoeven y Gerard Soeteman adaptaron una novela breve de Gerard Reve, el cual se puso a si mismo como protagonista de la misma. El resultado final es una película onírica, sobrecargada de simbolismo y referencias religiosas, que cuenta como Gerard Reve (Jeroen Krabbé), un escritor alcohólico propenso a sufrir alucinaciones, es invitado a dar una conferencia en un pueblo. Tras la conferencia, Reve se queda en casa de Christine Halsslag (Renée Soutendijk), a la cual seduce. Reve decide quedarse en casa de Christine con la intención de seducir también al novio de ésta, Herman (Thom Hoffman), al tiempo que sufre continuas y extrañas alucinaciones que parecen prevenirlo de futuros acontecimientos.

La razón por la que esta película funciona, resultando muy entretenida y divertida de ver, es que Verhoeven nos plantea una trama sencilla y fácil de seguir de manera que uno puede concentrarse en detectar las diferentes referencias y desentrañar el significado de las diferentes alucinaciones y sueños sin que por ello se pierda el hilo de la trama. Usando sus palabras, Verhoeven presenta la película al espectador como un juego que consiste en descifrar los códigos que se le presentan a Reve.

La mayoría de estas referencias son bíblicas, con especial énfasis en la historia de Sansón y Dalila, y otras se basan más en representaciones de la trama de la película, pero todas tienen sentido y significado: aquí no hay lugar para la rareza por la rareza a la David Lynch. No hay nada gratuito y todo tiene una razón de ser detrás, encajando a la perfección al final. El simbolismo empieza en los títulos de crédito iniciales, en los que vemos a una araña tejiendo su telaraña alrededor de un crucifijo, y a partir de ahí se van presentando de forma nada sutil las pistas, los símbolos y los sueños. Presentados estos con una estupenda banda sonora cortesía de Loek Dikker.

Dejando de lado el aspecto onírico y simbólico, esta película resulta interesante dentro de la carrera de Paul Verhoeven por dos razones: la primera es que fue la última que rodó en Holanda. A esta película le siguió la coproducción internacional Los señores del acero (Flesh + Blood, 1985) y de ahí a Hollywood. Sin embargo, ahora ha regresado a Holanda y sus últimas películas son producciones europeas.

La segunda es que trata un tema muy querido por Verhoeven: la femme fatale. Es un tema que ha tratado en dos ocasiones: El cuarto hombre e Instinto Básico (Basic Instinct, 1992). Según cuenta Verhoeven en el audiocomentario del DVD, él ve Instinto Básico como una continuación de El cuarto hombre. Ambas películas comparten también una imaginería común en la cual se mezcla sexo y muerte. Grandes dosis de erotismo acompañados de imágenes sangrientas y violentas, Eros y Tánatos en toda su gloria.

La mezcla entre cine negro y de suspense con simbolismo y narrativa onírica hace de El cuarto hombre una película hipnótica y fascinante. Una película que exige más de un visionado, para poder comprobar la precisión matemática con la que Verhoeven construye su película (no por nada, Verhoeven tiene una licenciatura universitaria en física y matemáticas) y disfrutar de la belleza plástica de sus imágenes. Para la construcción de estas imágenes hay que tener en cuenta el trabajo de Jan de Bont, excelente director de fotografía aunque no muy buen director de cine.

Os invito a ver la película, en caso de que no lo hayáis hecho ya, y disfrutarla como juego cinematográfico y embriagadora película.

30 may. 2011

Estoy completamente a favor y totalmente en contra



No sé vosotros, pero en ocasiones encuentro un poco aburridos los comentarios en los blogs de cine en los que todo el mundo está de acuerdo. Creo que son mucho más interesantes los comentarios cuando hay cierto desacuerdo en la calidad de la película o elemento a debate.

No se trata de discutir por el hecho de discutir, sino porque a través de las diferencias puedes conocer mejor a la otra persona, descubrir cosas sobre ella. Mucho más que si simplemente dices "sí, estoy de acuerdo en eso". Pero también es cierto que me gusta el desafío de rebatir un argumento bien expuesto, no os mentiré (o por lo menos no lo haré mucho).

Leyendo los comentarios también te das cuenta de la tendencia que tenemos a generalizar a partir de nuestra mínima experiencia cercana. Es algo que todos hacemos, coger la asunción de que por que algo nos gusta o desagrada a todo el mundo le gusta o desagrada. Esta actitud se ve especialmente alimentada en Internet, al tener la sensación el usuario de que todo el mundo está en Internet.

Dejadme que os cuente algo sobre el poder de Internet, en lo que se refiere a esto:

Tal vez recordaréis la película Serpientes en el avión (Snakes on a Plane, David R. Ellis, 2006). Cuando se supo que la película estaba en producción se produjo una corriente de comentarios y vídeos por Internet de gente fascinada por el concepto. Más tarde, cuando esta misma gente supo que la productora tenía la intención de cambiar la película para que fuera para mayores de 13 años, se produjo una inmediata reacción en contra: empezaron los correos electrónicos a la productora, comentarios en foros... Parecía que todo el mundo quería que Serpientes en el avión fuera para mayores de 18 años y con mucha sangre y palabrotas. Ante la avalancha que se produjo de reacciones en contra la productora cedió y filmó escenas adicionales además de incluir líneas de diálogo sugeridas por los internautas. Y cuando la película se estrenó, los ejecutivos se empezaron a frotar las manos esperando las enormes cantidades de dinero que la película iba a recaudar. Al fin y al cabo, literalmente, le habían dado al público lo que querían, la película que pedía todo el mundo. Y así fue... el primer fin de semana. Luego, la película se fue hundiendo y acabó siendo un fracaso de taquilla.

Por tanto, el hecho de que haya gente en Film Affinity, por poner un ejemplo, que diga que una película es de esta u otra manera no lo hace verdad y no se ha de aceptar como un hecho irrefutable. Es más, en alguna ocasión, se han descrito escenas que no existían en las películas que se comentaba.

Otra actitud que encuentro muy divertida es cuando una persona en solitario se enfrenta al resto. Es decir, cuando la mayoría se inclina hacia un lado y hay un/a valiente rebelde que se inclina hacia el otro, y en ocasiones he tenido la satisfacción de ser ese valiente. En esta situación se pueden producir dos reacciones: una agresiva y otra más compungida.

La agresiva normalmente se expresa así:

"No sé como a nadie le puede gustar Perico de los palotes si esa película es un truño".

O:

"No sé como no podéis ver que Detrás del último no va nadie es una obra maestra".

Es un tipo de actitud que me recuerda siempre cuando el joven Indiana Jones dice "todo el mundo se ha perdido menos yo" al principio de Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, Steven Spielberg, 1989).

La pose compungida es la que adopta la persona que parece que se disculpa por gustarle o no una película que todo el mundo aprecia o desprecia. Del estilo:

"Ya sé que La venganza sangrienta de Bambi es desagradable, pero realmente me gustó".

O:

"Sí, sí, Me olvidé de tu cumpleaños pero te compré esta tarta de camino a casa y espero que me perdones es una película entrañable, pero a mí no me gustó".

Lo curioso de esta actitud es que empieza por dar la razón al resto para a continuación llevarle la contraria.

Creo que estas sólo son dos de las muchas maneras en las cuales la gente racionaliza sus gustos. Es decir, la mayoría cree que una película le gusta "porque es buena" y tiene una serie de cualidades que hacen que sea una obra a apreciar. Lo cual es falso: el hecho de que una película nos guste o no es una reacción emocional que depende del tipo de vida que hemos tenido, las películas que hemos visto, los libros que hemos leído, los trabajos que hemos tenido, la gente que nos ha querido... es decir, una suma de todas las experiencias que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida. De ahí que haya veces en que volvemos a ver una película que nos gustó y ahora no nos gusta y viceversa, porque nosotros continuamente estamos creciendo como individuos a medida que vamos acumulando experiencias.

Luego intentamos racionalizar nuestras reacciones emocionales buscándoles justificaciones que sean hasta cierto punto objetivas.

Por supuesto, a esto se le suma el hecho de que a medida que uno se familiariza con el lenguaje cinematográfico y ve cada vez más películas va cultivando su gusto y refinando el proceso de selección de lo que es válido o no de una forma más objetiva, pero la reacción emocional está siempre presente.

En ocasiones sabemos objetivamente que una película es mala pero emocionalmente nos proporciona placer. Es lo que se denominan "placeres culpables": esas películas que uno admite y es consciente de que son malas o que no cumplen unos mínimos criterios artísticos pero que nos satisfacen provocando una reacción positiva.

Estoy convencido de que dentro de todos nosotros vive un hortera demente. Una parte de nosotros completamente irracional que parece determinada a avergonzarnos delante de los demás. Aunque en mi caso es una parte de mí que hace tiempo dejé de intentar sofocar y también alimento igual que alimento mi parte más "artística".

Al principio no fui consciente de ello, hasta que un amigo me comentó algo enfadado que había visto una película que yo recomendaba que no era muy buena. Como reproche me dijo: "es que, claro, como tu tratas todas las películas igual".

Y es cierto, desde que empecé a hacer el blog he ido alternando entre estilos y tipos de películas, pero tratándolas a todas de la misma manera, salvo alguna excepción. Algo que empecé a hacer sin darme cuenta pero que seguiré haciendo porque incluso los "placeres culpables" pueden iluminar alguna parte de tu interior igual que lo hacen las películas más "respetables".

En fin, si algo se puede sacar de todo esto es: respetar las opiniones contrarias a la propia, nunca caer en el insulto o el desprecio a la hora de defender un argumento, nunca avergonzarse de los propios gustos, darle algo de libertad al hortera que llevas dentro y reciclar. El reciclaje es importante.

Posdata: ¿qué tal hacer una lista de las peores películas que más os gusten?

27 may. 2011

Eterno Vincent Price


Hoy se cumple el centenario del nacimiento del gran Vincent Price. Ya en mi post sobre los desmanes de El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, Robert Fuest, 1971) expresé mi amor por este gran actor. Ya fuera como héroe o villano o ambos, su presencia en pantalla era hipnótica y siempre elevaba cualquier producto en el que participara. Si bien inició su carrera en roles de galán como en Laura (Otto Preminger, 1944), muy pronto quedó claro que su especialidad eran los personajes de moral turbia o atormentada, como su profesor Henry Jarrod de Los crímenes del museo de cera (House of Wax, André de Toth, 1953). Pero lo cierto es que Price tenía habilidad para interpretar cualquier tipo de personaje y hacerlo de forma creíble.

En homenaje a este gran actor, he escogido algunas películas de su filmografía, por si le queréis rendir tributo durante el fin de semana. Obviamente, una carrera tan vasta y larga como la de Price es imposible de resumir en unas pocas películas, he escogido las que a mí me gustan más y veo más a menudo.

El péndulo de la muerte (The Pit and the Pendulum, Roger Corman, 1961): El ciclo Poe de Roger Corman es posiblemente lo mejor que hizo este maestro de la serie B. De las diferentes adaptaciones, esta es mi favorita porque es la que más miedo me dio cuando la vi de niño. Si habéis leído el relato original de Edgar Allan Poe (recomiendo Tots els contes, editado por Columna, que recopila todos los cuentos de Poe en dos volúmenes en catalán), recordaréis como se centra en las desgracias de un prisionero en una celda preparada para ejercer las más sádicas torturas sobre sus indefensos ocupantes (algo así como la Sala de Peligro de la Patrulla X pero al estilo de la Inquisición). Richard Matheson expandió el relato de manera que, si bien la imagen central sigue apareciendo, el argumento de la película poco tiene que ver con lo que escribió Poe. Aún así, Matheson amplió el relato con elementos característicos de otros cuentos de Poe, de manera que aunque no es fiel al cuento lo es al universo de su autor.

Vincent Price es Nicholas Medina, descendiente de inquisidores. Francis Barnard (John Kerr) cree que la muerte de su hermana (Barbara Steele), casada con Medina, puede haber sido un asesinato y, claro, sospecha que Medina pueda ser el responsable. A partir de aquí la trama se va complicando culminando en un inolvidable clímax. Price interpreta en esta ocasión un papel que le permite mostrarse como víctima y villano al mismo tiempo, cosa que borda. Además, Price se ve acompañado por las bellas Barbara Steele y Luana Anders.

La estructura de esta película es la misma que en las demás adaptaciones de Poe que dirigió Corman. Extraños eventos se suceden y una gótica trama se desarrolla hasta que llega le grande finale. Y confieso que el terrible plano con el que se cierra la película me mantuvo despierto durante gran parte de la noche la primera vez que la vi.


El palacio de los espíritus (The Haunted Palace, Roger Corman, 1963):  Originalmente Corman filmó esta película como un descanso entre adaptaciones de cuentos de Poe. Sin embargo, la productora American International no quiso correr riesgos y promocionó la película como si fuera otra adaptación de Poe, justificando la maniobra añadiendo una cita del poema de Poe El palacio encantado.

En realidad, la película adapta una novela de otro maestro: El caso de Charles Dexter Ward de H. P. Lovecraft (la mejor edición incluida en el segundo volumen de Narrativa completa que publicó la editorial Valdemar recopilando la obra de Lovecraft, ambos volúmenes son algo caros pero lo valen). La adaptación corrió a cargo de Charles Beaumont, habitual del género, que si bien diverge bastante de la novela mantiene el argumento central y su ambiente, incluido un monstruo desafiante de cualquier descripción, del cual no se ve mucho debido a lo limitado del presupuesto.

Si hay un autor difícil de adaptar este es Lovecraft, ya que su estilo se hace extremadamente complicado de traducir en imágenes. De entre las diversas adaptaciones que se han hecho de sus obras, diría que ésta es una de las mejores ya que le añade un ambiente gótico muy conseguido a pesar de las libertades que se toma con la novela original. Vincent Price es Charles Dexter Ward, víctima de la posesión de su antepasado Joseph Curwen. Destacar que en esta ocasión junto a Price aparece otro ilustre nombre del género: Lon Chaney Jr, el hombre lobo original. Esta fue también la última aparición cinematográfica de la bella Debra Paget.




El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964): La primera y mejor de las tres versiones que se han hecho de la novela Soy Leyenda de Richard Matheson. Matheson participó en el guion, pero no acabó satisfecho de su trabajo así que por ello aparece en los créditos bajo el seudónimo Logan  Swanson. El resto de guionistas fueron William F. Leicester, Furio M. Monetti y el codirector Ubaldo Ragona.

La película fue una coproducción entre Estados Unidos e Italia, llevándose cada uno el mérito en los créditos de cada respectivo país, así que es difícil saber quién es el máximo responsable del gran resultado final.

Toda la película descansa sobre los hombros de Vincent Price como el doctor Robert Morgan, el último hombre vivo. Price transmite a la perfección el drama y la tragedia del personaje, siendo el más humano de los tres actores que han encarnado el personaje. Especialmente resalta en escenas como en la que asistimos a su reacción a la muerte del perro, auténticamente descorazonadora.

Filmada en Roma, se hizo un gran trabajo en crear una gran y desolada ciudad por la cual deambulan los vampiros, únicos compañeros del desgraciado Morgan. Esta ambientación y atmósfera sirvió de inspiración a George A. Romero a la hora de crear la clásica La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968).

El fuerte de la película no es tanto su representación del horror, que es muy acertada, sino en como vive esta terrible experiencia el personaje de Price. Es su actuación la que hace que sintamos compasión, simpatía y pena por el último hombre sobre la Tierra.




El general witchfinder (Witchfinder General, Michael Reeves, 1968):  Excelente producción británica del malogrado Michael Reeves, está ambientada en la época de conflictos entre los parlamentaristas y los monárquicos en Inglaterra durante el siglo XVII. Es entonces que vagan por la campiña inglesa los cazadores de brujas, despiadados y hambrientos de poder, que se aprovechan de las supersticiones del pueblo para enriquecerse. Algo parecido a la Inquisición española o los juicios de brujas de Salem.

Uno de los más crueles es Matthew Hopkins, que encarna Vincent Price, el cual acompañado de un sádico ayudante (Robert Russell), se dedica a cazar brujas y brujos (si estos no tienen dinero con el que pagar o un cuerpo seductor que ofrecer). Sin embargo, Hopkins comete el error de procesar al cura John Lowes (Rupert Davies) y abusar de su sobrina Sara (Hilary Dwyer). Y es un error porque provoca las iras del soldado Richard Marshall (Ian Ogilvy) con el cual Sara estaba prometida. Marshall empezará a perseguir a Hopkins a través de los campos de Inglaterra en busca de venganza.

En las antípodas del heroico Robert Morgan, Price crea con Matthew Hopkins un personaje despreciable, codicioso, violador, pura escoria. Uno de los peores villanos interpretados por Price ya que la película es completamente realista, un drama histórico, alejada de los ambientes góticos y teatrales en los que habitualmente viven los villanos creados por Price.

El guion de Tom Baker y Michael Reeves adapta una novela de Ronald Bassett. Este guion es luego transformado en imágenes de manera excelente por Reeves, creando una atmósfera en la cual se va acumulando la tensión a medida que Marshall se acerca a Hopkins, culminando en un final violento y oscuro sorprendente para la época en que fue rodado. Por desgracia, Reeves murió a los 25 años, mientras se encontraba en plena preproducción de La caja oblonga (The Oblong Box, 1969) que finalmente fue rodada por Gordon Hessler, siendo Witchfinder General su testamento cinematográfico en lugar de continuar lo que era una prometedora carrera.

De nuevo, la película fue distribuida con el título Conqueror Worm para promocionarla como si fuera una de las adaptaciones de Edgar Allan Poe que había dirigido Roger Corman (El gusano conquistador es el título de un poema de Poe) aunque la película no tuviese ninguna relación con el escritor.



Matar o no matar, este es el problema (Theater of Blood, Douglas Hickox, 1973):  Si había algo que se le daba bien a Vincent Price era la mezcla de terror y comedia. Y era especialmente hábil a la hora de hacer que el espectador se divirtiera con él.

La mejor película en este sentido probablemente sea la anteriormente mencionada El abominable Dr. Phibes, pero Theater of Blood no se queda corta. En esta película Price es el actor Edward Kendal Sheridan Lionheart, un nombre tan grande como su ego, el cual ejerce sangrienta venganza sobre los críticos teatrales que escribieron malas críticas de sus actuaciones. Junto a Price no encontramos a la bella "vengadora" Diana Rigg como Edwina Lionheart.

La característica que hace resaltar esta película, aparte del propio Price, es la manera como Lionheart se venga de sus críticos: utilizando las muertes más famosas que aparecen en la obras de Shakespeare.

De esta forma, apoyándose en el Shakespeare más gore y violento, la película nos presenta una serie de decapitaciones, desmembramientos y demás lindezas a las que son sometidos los críticos teatrales con alegría e ironía. El tono de macabro humor negro hace que la película sea tremendamente disfrutable y divertida de ver, esperando impaciente la siguiente escena en la que se despache a un crítico pesado. Además, Lionheart se rodea de una corte de locos y pirados más que dispuestos a seguir sus homicidas pasos.

La película resulta también destacable en la manera en que predice lo que sería el futuro slasher en el cual el asesino es las estrella. Además, se puede interpretar como un divertido alegato contra la crítica "seria", estoy seguro que más de una estrella se ha sentido tentada de seguir los pasos de Edward Lionheart, la cual normalmente no trata muy bien el cine de género.


Como bonus track os pongo el fantástico cortometraje que realizaron Tim Burton y Rich Heinrichs en homenaje a Vincent Price, el cual le pone voz al corto.

26 may. 2011

The Lovely Bones


Después de que se cancelaran las secuelas para su versión de King Kong (2005), Peter Jackson se sumergió en la adaptación de la novela de Alice Sebold Desde mi cielo (editada por Debolsillo). De hecho, Jackson había intentado comprar los derechos de la novela mientras finalizaba El señor de los anillos: Las dos torres (The Lord of the Rings: The Two Towers, 2002), sin embargo en aquel momento no estaban disponibles. No estuvieron disponibles hasta que Jackson se encontraba en plena producción de King Kong, momento en el cual fueron adquiridos los derechos.

The Lovely Bones es la historia de Susie Salmon (Saoirse Ronan), asesinada por George Harvey (Stanley Tucci). Salmon nos cuenta sus experiencias en el más allá mientras observa como su familia se ve afectada por su desaparición.

Si bien en la película hay elementos de suspense y secuencias llenas de tensión, el foco de la película se centra en la experiencia emocional de los Salmon. El drama que atraviesan y como cada uno se ve afectado por la desaparición de Susie. Por ejemplo, mientras su padre Jack Salmon (Mark Wahlberg) se obsesiona primero con mantener viva a su hija y luego con encontrar a su asesino; su madre Abigail Salmon (Rachel Weisz) intenta por todos los medios olvidar la tragedia y seguir adelante. Estas dos maneras de afrontar la muerte de Susie provocará tensión entre ambos, obviamente.

Mientras las tramas terrenales se centran en el drama de los personajes, las experiencias de Susie en la otra vida están repletas de extravagancias visuales y oníricas secuencias. Visualmente son secuencias realmente logradas, en las que se hace gala de una gran riqueza visual. De todas formas, hubiera preferido que se recortaran un poco estas secuencias (y reducir los 15 minutos que duran los créditos) si con ello se hubiera profundizado en el drama de la familia y, por ejemplo, introducir la subtrama que cuenta el romance de Abigail con el policía que investiga el caso y sus razones para ello que tuvo que ser cortada de la película (se pueden ver estas escenas en la edición en Blu-ray).

Es cierto que en algunos tramos la película roza la cursilería, pero el guion de Jackson, Philippa Boyens y Fran Walsh resulta una acertada adaptación de la novela de Sebold, logrando que me emocionara con ella de manera que no lo hice al leer la novela. A esto contribuye el excelente reparto de la película que ofrece acertadas interpretaciones de los personajes, incluido Wahlberg. Por otro lado, en algunos momentos me pareció que Jackson movía la cámara demasiado y me hubiera gustado que cambiara ligeramente su estilo de manera que mostrara el mundo "real" de forma más contenida. De este modo sería un mayor contraste con las secuencias que transcurren en el más allá. Es decir, como hizo Sam Raimi al cambiar su estilo frenético de mover la cámara a otro más contenido en la soberbia Un plan sencillo (A Simple Plan, 1998), poniendo el énfasis en los personajes.

The Lovely Bones no funcionó en taquilla en Estados Unidos. Según las noticias que llegaban de allí, al parecer la gente no acababa de entender la película y se tomó como si fuera un film para chicas adolescentes. Algo que no acabo de entender, no me pareció una película que sólo pudiera entender una chica de trece años. La muerte y la manera de afrontarla es algo que nos afecta en todas las edades, o por lo menos a partir de que uno es consciente de la presencia de la muerte en el universo. Dejando de lado las razones por las que funcionó o no en taquilla (no creo que una película, libro, disco, cómic o expresión artística se haya de juzgar por la cantidad de dinero que hace o deja de hacer), personalmente la película me atrapó desde el principio y no tuve dificultad en habitar el mundo que Jackson nos presenta durante las dos horas de película. No es una película perfecta y tiene sus pegas, pero en general resulta una experiencia tremendamente satisfactoria.

25 may. 2011

El diablo sobre ruedas (Duel)


Al escuchar el ruido tras él, Mann dirigió su mirada al espejo retrovisor y se sintió invadido por el miedo. El camión se precipitaba colina abajo, persiguiéndole.
Richard Matheson, Duel.

Un día, en un descanso entre clases en la universidad, le conté a una amiga el argumento de El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971) y ella desechó que pudiera ser una película interesante con tan pobre premisa, sin importar lo que yo dijera. Quiso el destino que ese fin de semana dieran la película por televisión y ella la viera. Cuando nos volvimos a ver el lunes, admitió que yo tenía razón y que El diablo sobre ruedas era una película tremenda.

El diablo sobre ruedas demuestra que el hecho que porque una película sea un telefilme, o esté echa con cuatro duros o tenga una sinopsis simple no ha de ser automáticamente mala: todo depende del talento de la gente que la haga. Otro ejemplo de ello sería Ciudadano X (Citizen X, Chris Gerolmo, 1995).

El origen de El diablo sobre ruedas se remonta al 22 de noviembre de 1963. Aquel día, Richard Matheson se encontraba jugando al golf con un amigo cuando ambos escucharon por la radio que habían disparado al presidente Kennedy. Afectados por la noticia, volvieron a casa en coche y, durante parte del trayecto, fueron seguidos por un camión que se colocó demasiado cerca. La situación enfureció a Matheson y su amigo, ya airados por el asesinato de Kennedy, y fue entonces que a Matheson se le ocurrió la premisa de la historia que publicaría siete años después, en The Playboy Magazine.

Es entonces que se deciden en la Universal filmar el relato como película de televisión, para emitirlo en el  Saturday Night Movie, tras desechar filmarlo como largometraje cinematográfico. En un principio Matheson no estaba seguro de poder expandir el relato en un guion que llegara a los 90 minutos, pero una vez se puso a escribir no encontró problemas a la hora de crear la historia. Sólo faltaba alguien que la dirigiese.

Para ello se escogió a un joven Steven Spielberg. Spielberg no fue la primera opción del estudio y no estaban muy convencidos de sus habilidades, hasta entonces sólo había dirigido unos cuantos episodios de series como Colombo y Galería nocturna y ni siquiera había acabado la carrera ni obtenido ningún título, pero Spielberg finalmente les convenció de que podía llevar a buen puerto la película. Y así fue, Spielberg aprovechó lo remoto de las localizaciones para filmar alejado de la influencia del estudio y con total libertad. En apenas dos semanas filmó la película que tras su emisión recibió estupendas críticas y alabanzas.

Tal fue el éxito que la Universal se decidió a estrenar la película en cines en Europa, para lo cual Spielberg filmó unas cuantas escenas adicionales para que la película pasase de los 74 minutos que originalmente duraba a unos 90. La película se estrenó en cines en 1973.

Una de las grandes virtudes de El diablo sobre ruedas es su sencillez, como explora el concepto central de manera exhaustiva y el espectador se sumerge en el suspense de la película de lleno. Es esta sencillez también la que llevó a los críticos europeos a ver interpretaciones metafóricas y alegóricas que, ciertamente, ninguno de los responsables de su creación tenían en mente.

La razón por la que la película es tan efectiva radica en gran parte en el talento de Spielberg y también en el guion de Matheson a la hora de representar al atormentador del pobre David Mann (Dennis Weaver): el camionero del cual nunca vemos el rostro.

Básicamente, la película funciona por todas las cosas que no sabemos: ¿Quién es ése camionero? ¿Por qué decide perseguir a David Mann? En ningún momento se nos da ninguna pista sobre la identidad del camionero ni sus motivaciones, lo que hace que resulte amenazante y aterrador, ya que nada da más miedo que lo desconocido.

A medida que avanza la película el camión y su conductor se convierten en una entidad indivisible, adquiriendo el camión vida propia a medida que se intensifica el hostigamiento sobre Mann, culminando en un rugido final propio de un monstruo de tiempos pasados.

Tenemos que mencionar también la estupenda interpretación de Dennis Weaver como David Mann, encarnando a un tipo normal y corriente que de repente se ve metido en una situación completamente demencial. Son sus reacciones hacia la situación las que aportan parte de la intensidad de la película, ya que el espectador cree lo que le está sucediendo al pobre Mann.

La estructura de la película recuerda a la de Los pájaros (The Birds, Alfred Hitchcock, 1963), en la manera como se va graduando la intensidad de los ataques del camionero. Esta manera de administrar el suspense hace que el espectador se vaya sumergiendo poco a poco en la atmósfera de pesadilla de la película, de manera que el tramo final no resulta inverosímil, sino que representa la evolución natural de la historia.

Es de admirar como la película sigue siendo efectiva hoy día, tal vez por lo real que resulta ya que carece de efectos especiales o escenas excesivamente espectaculares para lo que cuenta. Simplemente un hombre perseguido por un loco.

24 may. 2011

Corazonada (One from the Heart)


Francis Ford Coppola tuvo un bello sueño: crear un estudio en el cual cineastas tuvieran completa libertad a la hora de hacer sus películas. Para ello, Coppola creó American Zoetrope Studios, en un principio una pequeña compañía a través de la cual Coppola producía sus películas en conjunción con un gran estudio y en la cual también tenía (y tiene) servicios de postproducción. Coppola decidió convertir su pequeña compañía en un estudio de producción independiente que se estrenaría con Corazonada (One from the Heart, 1982).

Tras la monumental y problemática producción de Apocalypse Now (1979), Coppola decidió que su siguiente proyecto sería algo pequeño y modesto que no le acarreara los continuos problemas que le había provocado su obra maestra sobre Vietnam y la locura de la guerra. Sin embargo, como el experimento de un científico loco fuera de control, Corazonada empezó a crecer y crecer amenazando con destruir todo a su paso.

La intención original de Coppola era homenajear el cine musical de los años 30 y 40, creando un gran espectáculo, pero al mismo tiempo experimentando con el cine. Para conseguir este efecto de cine de otro tiempo Coppola decidió, primero, filmar en el mismo formato usado en ésas décadas, el 1.33 en oposición a los formatos usados contemporáneamente: el 1.85:1 o el 2.39:1 -los mismos que ahora-, y también decidió que se filmaría completamente en sets, usando decorados creados para la película, para enfatizar un look artificial y cinemático acorde con las producciones clásicas filmadas todas dentro de estudios.

Fue, creo, esta decisión de crear todos los sets la que acabó disparando el presupuesto, que sumado al resto de costes elevó la cifra inicial de 2 millones a unos 25 millones de dólares, lo cual en la época era una gran cantidad de dinero teniendo en cuenta que era Coppola en solitario quien la estaba produciendo. Este aumento desproporcionado del presupuesto provocó que Coppola se hipotecara y declara American Zoetrope en bancarrota. En numerosas ocasiones, Coppola ha declarado que las películas que hizo durante los 80 y 90 fueron proyectos que aceptó para pagar las deudas que había contraído con la producción de Corazonada. Por fortuna, el estudio American Zoetrope sobrevivió, igual que Coppola.

El aspecto experimental de Corazonada se centra en dos aspectos: su realización y su manera de enfocar el musical. Coppola utilizó entonces un novedoso sistema de video feedback con el que podía ver las tomas acabadas de rodar y editar la película al momento, en lugar de esperar a que el laboratorio revelase el film. Esto le permitía trabajar y experimentar con la edición de Corazonada de manera continuada. Este sistema en el cual Coppola fue un pionero ahora es estándar y es usado de manera general por todos los cineastas.

En cuanto a la manera como enfocó el musical fue única y propia de Coppola: en lugar de ser los actores los que cantaran, las canciones expresarían sentimientos de los protagonistas pero serían cantadas a modo de voz en off, expresando el interior de los personajes pero sin que éstos lo verbalicen. La banda sonora fue compuesta por el maestro Tom Waits e interpretada por éste y Crystal Gale. La única excepción a esta manera de crear un musical se encuentra en un número interpretado por Nastassja Kinski.

Para una más exhaustiva historia de cómo fue creada Corazonada os recomiendo la lujosa edición en DVD de dos discos, que aquí editó Manga Films, por lo menos hasta que aparezca una edición en Blu-ray. Para seguir la compañía de Coppola podéis visitar zoetrope.com.

Corazonada es un espectáculo excesivamente maravilloso y maravillosamente excesivo. Es una historia de amor que gira alrededor de Hank (Frederic Forrest) y Frannie (Teri Garr), a los cuales seguiremos en sus discusiones y conflictos a través de una bulliciosa noche en Las Vegas.

La creación de una Las Vegas completamente artificial le permite a Coppola crear grandes escenas y jugar continuamente con los decorados, explotando hasta el límite las posibilidades que le ofrece. Ya sea empleando transparencias para mostrarnos a los dos protagonistas en diferentes lugares en una misma toma o para crear números musicales derrochando luces de neón.

Pero en ocasiones este espectáculo visual corre el riesgo de imponerse en el corazón de la historia. Una historia de amor bastante realista en contraste con toda la imaginería visual de la que hace gala Coppola. La pareja protagonista hace ya tiempo que están juntos y sus discusiones, separaciones, reconciliaciones y nuevas separaciones parecen formar parte de la mecánica de la pareja. Aunque es posible que las experiencias de esta noche particular les cambien.


La manera que tiene Coppola de presentarnos el aspecto musical le añade, desde mi punto de vista, cierto verismo. En momentos críticos de nuestra vida solemos escuchar música e interpretarla como si fuera hecha para nosotros, a mí me ha pasado escuchando el álbum So Jealous de Tegan and Sara, por tanto es como si las canciones sonaran en la cabeza de los protagonistas y fueran éstos los que se identifican con la música, surgida de alguna radio invisible, en lugar de ser la música la que los identifica a ellos. Aunque, en este caso, sí que la música está hecha para ellos.

La película puede tocar al espectador a través de su música y sus personajes, despertando una respuesta emocional canalizada a través de las composiciones de Waits, dependiendo claro del viaje emocional que haya experimentado el espectador. De todas formas, viniendo de Coppola, Corazonada es un film singular y único que causa una impresión en el espectador, ya sea negativa o positiva, duradera. Vi la película por primera vez en un lejano pase televisivo por la dos, cuando todavía era TV2, y quedó marcada en mi memoria.

La recomiendo a todo aquel que sea amante del cine, de los musicales o que, simplemente, haya vivido.

23 may. 2011

Clive Barker's Book of Blood


Tras la decepción que le produjo tener que transigir en el montaje final de El señor de las ilusiones (Lord of Illusions, 1995), Clive Barker parece ser que dejó su carrera como director ya que no disfrutaba de la misma libertad que como escritor o pintor. Eso provocó que durante mucho tiempo, el trabajo literario de Barker desapareciera de las pantallas. Barker ejerció tareas de productor en algunas películas, se hicieron algunos telefilmes y las sagas Hellraiser y Candyman continuaron ofreciendo alguna entrega, aunque decayendo y alejándose cada vez más de las fuentes originales que las inspiraron.

Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar y moverse cuando a Barker se trasladó a vivir a Los Ángeles con el objetivo de impulsar la vertiente cinematográfica de su carrera. Durante la promoción de la estupenda Coldheart Canyon (una novela marcada por la historia secreta de Hollywood), parecía que diversos proyectos empezaban a gestarse. Finalmente, con Barker como productor ejecutivo cuidando de la calidad del resultado final, en 2008 llegó El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train, Ryûhei Kitamura).

Adaptación del relato homónimo de Barker aparecido en el primero de los Libros de sangre. La película ampliaba la historia original para poder llegar a una duración de largometraje, pero se mantenía bastante fiel al cuento. El único problema tal vez sea que la mitología que establece Barker en unas pocas páginas sobre la vida secreta de las ciudades es difícil de trasladar a la pantalla. De todas maneras, el resultado final es una película sangrienta y entretenida que satisface a los fans de Barker así como a los espectadores no familiares con su obra.

El gran éxito de la película animó a Barker a seguir en esta línea y el 2009 se estrenaron dos nuevas adaptaciones. Una de ellas ya la comentamos en su momento: la perturbadora e inquietante Dread (dir. Anthony DiBlasi), el relato en el que se basa se publicó en el segundo volumen de Libros de sangre, y la otra fue Clive Barker's Book of Blood dirigida por John Harrison.

El guion de John Harrison y Darin Silverman combina dos relatos: Book of Blood y Book of Blood (a prostcript): On Jerusalem Street (cuando me compré la recopilación de los seis volúmenes en inglés regalé los que tenía en castellano y no recuerdo como los tradujeron). El primero cuenta el origen de las historias que aparecen en los diferentes volúmenes y el segundo sirve como epílogo a estos mismos volúmenes, pero ambos son al mismo tiempo cuentos con entidad propia, explicando en el segundo de ellos el destino de los personajes aparecidos en el primero.

Esto se traduce en una película que combina elementos clásicos y modernos en una historia de terror que se mantiene fiel a los relatos pero añadiendo también diversas novedades.

La profesora Mary Florescu (Sophie Ward) se dedica a investigar fenómenos paranormales. Da clases en una universidad y ha publicado varios libros, sin embargo no se ha encontrado todavía con la prueba irrefutable de la existencia de vida más allá de la muerte. Todo ello cambiará cuando empiece a investigar una casa en la que murió una joven en extrañas circunstancias. Florescu cuenta con la ayuda de Reg (Paul Blair) para manejar el equipo electrónico y a ellos se unirá el estudiante Simon (Jonas Armstrong), que será el catalizador de los eventos que tendrán lugar en la casa.

Vista así, la sinopsis da la impresión de que nos encontramos ante la típica película de casa encantada. Y, en cierto modo, la película es una película de casa encantada, pero, además de nada típica, la evolución de la historia la llevará por derroteros diferentes, añadiéndole toques de venganza de ultratumba y una historia retorcida marca de la casa Barker.

Mezclando elementos terroríficos y eróticos, Book of Blood avanza con un ritmo que se dedica a cultivar una atmósfera amenazante e ir cargando de suspense la historia en lugar de avanzar a golpe de susto barato. La construcción de la relación entre Florescu y Simon, así como el desarrollo que se hace de los personajes se hará especialmente significativa a medida que nos acerquemos a la conclusión de la película, evitando que simplemente parezca que el director desea hinchar la historia para poder llenar un largometraje y no acabar con un corto.

Book of Blood destaca precisamente por esta mezcla de elementos clásicos y modernos que la hacen una película de terror inteligente y con aires de "la vieja escuela", un oasis en la marabunta de copias y secuelas originadas por Saw y Hostel y las películas de terror adolescente, ofreciendo al tiempo giros inesperados (para aquel no ha leído el relato) sin por ello sacrificar un desarrollo de los personajes que los convierte en algo más que carne de cañón. He de añadir que la película me gustó más en el segundo visionado que con el primero que hice, ya que disfruté de la película por sí misma y no estuve pensando todo tiempo en los relatos sobre los que se basaba.

La película tiene la virtud de satisfacer tanto a los aficionados al terror, como servidor, que han visto casi de todo como a los espectadores casuales del género. Sin embargo, aquellos que busquen una película con sustos cada cinco minutos, actores y actrices adolescentes de buen ver y música pop puede que se lleven una desilusión.

20 may. 2011

En lo más crudo del invierno (In the Bleak Midwinter)



Escrita y dirigida por Kenneth Branagh, En lo más crudo del invierno (In the Bleak Midwinter, 1995) es una de sus mejores películas. Personalmente me gusta más que Los amigos de Peter (Peter's Friends, 1992), aunque diría que están a la misma altura. Estas dos comedias son para mí el mejor Branagh, dejando de lado sus aficiones shakespirianas, junto al thriller Morir todavía (Dead Again, 1991).

Pero la razón por la que sitúo En lo más crudo del invierno en primer lugar es que para mí es una película que trata sobre la pasión. La pasión por un arte, por hacer algo no porque vaya a hacerte rico sino porque necesitas hacerlo, porque tienes que hacerlo. Y, también, porque es una comedia divertidísima.

El argumento es bastante sencillo: Joe Harper (Michael Maloney) es un actor en paro que decide organizar una representación de Hamlet en una iglesia que van a demoler. Con actores amateur y sin dinero, Joe no cejará en su esfuerzo de representar el mejor Hamlet de la historia a pesar de las continuas dificultades con las que se encuentra.

Rodada en blanco y negro, con un mínimo presupuesto y protagonizada principalmente por actores secundarios que Branagh conocía de su experiencia en el cine y el teatro, En lo más crudo del invierno nos muestra, en cierta manera, como se hizo a si misma usando como paralelo los esfuerzos de Joe por representar Hamlet. Es decir, que se puede usar las dificultades de la troupe de actores en la película como espejo de las dificultades por llevar adelante una película de bajo presupuesto.

Es una película que representa a la perfección mi respeto por las producciones hechas con poco dinero. Independientemente del resultado final, siempre tengo un mayor respeto e interés por las producciones de bajo presupuesto ya que, teniendo en cuenta lo difícil que es rodar una película, la que gente implicada es gente realmente apasionada por lo que hace. Que no lo hace por el dinero, sino por el arte. De ahí que muchos técnicos y actores de Hollywood acostumbrados a las grandes producciones muchas veces hagan una o dos películas "modestas" para recordar que es lo que les llevó al cine. Fijaos que Branagh dirigió esta modesta producción después de la excesiva y cara Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley's Frankenstein, 1994).

Actualmente la película sólo se encuentra en DVD de zona 1 con el título A Midwinter's tale. He aquí el tráiler americano:

Lars Von Trier persona non grata


Posiblemente hayáis oído la que montó Von Triers en Cannes. En caso contrario, el resumen es éste: Von Triers hizo una de sus acostumbradas salidas de tono, diciendo que entendía a Hitler y demás tonterías, se producen una serie de indignadas respuestas, disculpas de Von Triers, el Festival de Cannes lo declara persona non grata y más declaraciones provocadoras por parte de Von Triers. Podéis leer todo el asunto en detalle en thewrap.com.

Sería muy fácil rasgarse las vestiduras lleno de indignación, ya sea para lamentar que-la-gente-no-entienda-el-humor-negro-de-Von-Triers-y-qué-está-pasando-volvemos-al-pasado o para exclamar qué-mal-gusto-hay-cosas-con-las-que-no-se-juega-Von-Triers-se-lo-merece. En mi caso no haré ninguna de las dos.

Y no haré nada por la simple razón que estos enfrentamientos y respuestas indignadas son justo lo que busca Von Triers, que cada vez más tiene la costumbre de hacer provocativas declaraciones para llamar la atención. Y la provocación por la provocación acaba aburriendo. Y a mí Von Triers me aburre, por lo menos mientras se siga portando como un niño de cinco años en busca de atención.



19 may. 2011

Un nada ofensivo comentario sobre Jesucristo superstar (Jesus Christ Superstar)



Me fascinan los 70, una década donde todo el mundo pareció volverse loco, hortera o las dos cosas. Sólo en los 70 se podía estrenar una obra con el título Jesucristo superstar en serio. Tal vez sea un defecto de carácter, pero me parece un título (y quiero decir literalmente título) hilarante que siempre me hace reír. Me parece un título extrañamente alegre también teniendo en cuenta que al final al protagonista SPOILER lo crucifican FIN SPOILER. Tal vez sea porque lo relaciono con el divertidísimo clásico de José Luís Martín Jesusito Demivida Superstar, donde se narra la descacharrante segunda venida de Jesucristo en la cual acaba convertido en astronauta junto a Ronald Reagan.

El caso es que la ópera rock con letras de Tim Rice y música de Andrew Lloyd Webber fue convertido en film de la mano de Norman Jewison en 1973. Para la versión cinematográfica se creó una nueva canción y se cambiaron algunas letras para hacerlas más "aceptables" para los espectadores cristianos. Oscilando entre el rock setentero y el estilo Broadway, la música está bastante bien, aunque hay un momento que me recuerda al tema principal de la serie Batman de los 60 y me es imposible no reírme. No paro de imaginarme como hubiera sido una serie parecida pero con Jesucristo de protagonista en lugar de Batman (da da da da da da da da ¡Jesucristooo! da da da da da da da da ¡Jesucristooo!). En fin, es el tipo de tontería que me hace gracia.

La película tiene cosas positivas y cosas negativas, pero en general he de decir que su visionado me resultó satisfactorio. Se inicia con un autobús que llega a un recóndito lugar de Israel y del cual se bajan una troupe de actores, se supone, que empiezan a vestirse y prepararse para una obra. La obra es claro Jesucristo Superstar. Jewison mezcla ropas antiguas con modernas, metralletas con lanzas y escenarios desnudos para enfatizar el aspecto alegórico y mitológico de la historia. Esta mezcla de elementos antiguos y modernos da a lugar a toques interesantes, como cuando en pleno calvario diversos testigos le van preguntando a Jesucristo (Ted Neeley) moviendo las manos como si sostuvieran un micrófono y fueran periodistas. Al ser una ópera rock, y por tanto sin escenas de diálogo hablado, no se rompe en ningún momento la cualidad atemporal y mística que Jewison le imprime a la película, aspecto que me recordó al cine de Jodorowsky, haciendo que las referencias al mundo moderno no queden fuera de sitio.

Los aspectos negativos de la película tienen que ver en gran parte con las actuaciones, algunas de ellas no muy convincentes, pero también con la caracterización hippie de los cristianos. Para 1973 el movimiento hippie estaba ya más que muerto y en la película parece algo pasado de moda y fuera de sitio. Un poco como la versión cinematográfica de Hair que se estrenó en 1979.

Sin embargo, estos pequeños detalles no me impidieron apreciar la película, igual que otros toques algo horteras y kitsch que a otros le parecerían ridículos y a mi me hicieron gracia. Como para mí toda religión es mitología, pude disfrutar de la película sin prejuicios. Toda mitología resulta interesante por lo reveladora que es de la sociedad que la crea, aunque sus representaciones estén alejadas de las fuentes. Como, por ejemplo, la grandiosa Furia de titanes (Clash of the Titans, Desmond Davies, 1981).

En resumidas cuentas, Jesucristo superstar es una muy disfrutable ópera rock, en algunos momentos me sorprendí a mi mismo moviendo la cabeza al ritmo de la música, a la cual su director le imprimió un mensaje, más que religioso, pacifista.

18 may. 2011

El señor de las ilusiones - El montaje del director (Lord of Illusions - Unrated Director's Cut)


El señor de las ilusiones (Lord of Illusions, 1995) fue la tercera y última película de Clive Barker como director (tenéis las dos anteriores aquí y aquí). Se trata de una adaptación del relato La última ilusión que aparece en el sexto y último volumen de su recopilación de relatos Books of Blood. Originalmente publicados por Martínez Roca, con unas portadas entre lo feo y lo hortera, con el título Libros sangrientos, actualmente han sido reeditados por la editorial La Factoría de Ideas dentro de su colección Eclipse con el título Libros de sangre, publicados hasta ahora los cuatro primeros volúmenes. Si no tenéis problemas leyendo en inglés os recomiendo las ediciones omnibus que han sacado Warner Books, por un lado, y Berkley Trade, por otro, y que en dos volúmenes recopilan los seis libros.

Barker, más que expandir el relato, lo que hace es crear una nueva historia utilizando los mismos personajes, de algunos sólo el nombre aunque con parecidas funciones. En la película, Harry D'Amour (Scott Bakula) es un detective privado que parece tener la mala suerte de atraer casos con connotaciones sobrenaturales. Mientras investiga un caso de fraude en Los Ángeles, se verá involucrado en la misteriosa muerte del mago Swann (Kevin J. O'Connor) al tiempo que se enamora de la viuda de Swann, Dorothea (Famke Janssen). Todo apunta a que una especie de gurú mesiánico llamado Nix (Daniel von Bargen) es responsable de los eventos que se van desencadenando.

En el relato, D'Amour es contratado para velar el cadáver de Swann y asegurarse de que es quemado. La razón de ello es que Swann hizo un pacto con un diablo para poseer poderes mágicos, pero luego se arrepintió, así que para salvar su alma se ha de asegurar la destrucción completa de su cuerpo sin que los demonios obtengan nada.

En el film, Barker mezcla elementos del cine de terror con algún toque de noir con las imágenes y temas habituales en su literatura: la magia y el ocultismo como medio de conseguir ser más que humano, los personajes fascinados por ir más allá de la realidad y la imaginería perturbadora y al mismo tiempo bella. Tratándose de un film que aspira llegar a una audiencia amplia, los elementos más puramente Barker están suavizados, pero no por ello la película pierde interés. Claro que mucho de esos toques fueron eliminados o censurados en la versión cinematográfica.

Hay que aclarar ante todo que aunque ya he dicho que la película tiene toques propios del cine de terror, no es solamente una película de terror. El interés se centra más en el misterio que rodea a lo que le sucedió a Swann y los poderes de Nix. Pero que el fan no se inquiete, hay varias escenas sangrientas y muertes suficientes para mantenerlo satisfecho.

Comparadas con las dos anteriores películas de Barker, ésta es la más suave y menos ambiciosa. Posiblemente por las continuas tensiones con los ejecutivos de los estudios, Barker intentó hacer algo que fuera más digerible para el gran público pero al mismo tiempo manteniéndose fiel a si mismo. En ese aspecto, la película resulta entretenida de principio a fin, el suspense no decae y la historia es interesante; por ello uno desea que le hubieran dado más libertad (y más dinero) a Barker para crear una historia más cercana a las que con las que nos deleita en sus libros. Acostumbrados, Barker y sus lectores, a las grandes épicas metafísicas y las explosiones de horror y belleza polisexual, la película no puede más que resultar algo constreñida y "normal".

Pero el lado positivo de esta "normalidad" es que puede servir de puente para que aquellos que desconozcan el trabajo de Barker entren en él de manera suave y no muy brusca. Como digo, la película, juzgada por si sola, resulta bastante entretenida, por lo menos en su versión íntegra. La película no funcionó muy bien en taquilla en su momento, de forma bastante comprensible ya que varias de las mejores escenas fueron eliminadas por insistencia de los ejecutivos, algo sobre lo que Barker habla en el audiocomentario incluido en el DVD. El único defecto que le encuentro a la película es la utilización en algunos casos de unos primerizos y poco efectivos efectos especiales infográficos.

Se ha de señalar la habilidad de Barker para lograr grandes bandas sonoras de los compositores que trabajan con él. Si Hellraiser (1987) contaba con una gótica, romántica, lujuriosa, oscura y soberbia banda sonora de Christopher Young (que comenta en una entrevista que lo único que hizo fue seguir las indicaciones de Barker); Razas de noche (Nightbreed, 1990) se beneficiaba de una banda sonora de Danny Elfman en perfecta sintonía con la mística y la fantasía de la historia que Barker cuenta; en El señor de las ilusiones nos encontramos con una estupenda banda sonora cortesía de Simon Boswell que, especialmente al principio de la película, nos ayuda a meternos en la historia.

Siguiendo la tradición de otros detectives de lo oculto, como el John Silence de Algernon Blackwood, el personaje Harry D'Amour de Clive Barker se ha enfrentado al mundo de lo oculto en varias ocasiones. Aparte del relato y la película mencionados, D'Amour es el protagonista también del relato Almas perdidas, incluido en el volumen antológico publicado por Martínez Roca Horror 4, de nuevo con una portada entre fea y hortera. Originalmente el volumen fue publicado con el título Cutting Edge, una selección de relatos a cargo de Dennis Etchison. D'Amour es también uno de los principales personajes de la fantástica trilogía del Arte, de la cual Barker hasta ahora ha publicado sólo dos fantásticos y absorbentes libros: The Great and Secret Show, publicado originalmente por Plaza & Janés como El gran espectáculo secreto actualmente está agotado, Norma Editorial publicó una excelente adaptación al cómic en dos volúmenes de esta novela; y Everville, que de momento sólo se encuentra en inglés.

17 may. 2011

Hombres lobo ochenteros


Mi nombre proviene del alemán y significa "lobo al acecho", tal vez por ello siempre he sentido una especial inclinación por las películas de hombres lobo. En los 80 fuimos testigos de grandes maravillas, como Sabrina en aquel recordado especial de fin de año, pero entre las principales maravillas de los 80 están dos películas de hombres lobo que dieron inicio a la década y se convirtieron en clásicas.

John Landis se encontraba en Europa del este trabajando en diferentes capacidades en el rodaje de la película Los violentos de Kelly (Kelly's Heroes, Brian G. Hutton, 1970). Fue durante su estancia allí, viendo como antiguas supersticiones seguían muy viva en esos países, que se le ocurrió la idea para hacer una película de hombres lobo moderna. Una película en la cual se viera la transformación sin cortes y en toda su gloria.

Esta idea regresó cuando en 1973 Landis dirigió su primera película: El monstruo de las bananas (Schlock). Es durante el rodaje de esta película que Landis conoce al experto en maquillaje de efectos especiales Rick Baker, al cual le cuenta su idea de hacer una transformación de hombre a lobo en un plano continuo. Baker empieza en ese momento a pensar en maneras de llevar a cabo semejante hazaña, acordando con Landis que se encargaría de los efectos de maquillaje cuando éste consiguiera llevar adelante su proyecto de hombres lobo.

Mientras tanto, a finales de los 70, Dan Blatt y Michael Finell de AVCO Embassy Pictures se encontraban trabajando en el desarrollo de una película sobre hombres lobo. El director Jack Conrad había escrito una adaptación de una novela de Gary Brandner llamada The Howling. Pero diferencias creativas irreconciliables hacieron que Conrad abandonase el proyecto.

Joe Dante estaba por entonces en la Universal trabajando en un proyecto que nunca acabó de materializarse: Jaws 3 People 0 (Jaws es el título original de Tiburón de Steven Spielberg, de la cual se había estrenado una segunda parte en 1978 y la tercera no llegaría hasta 1983). Dante acababa de rodar Piraña (Piranha, 1978) con gran éxito para la factoría de Roger Corman. Entonces recibe una llamada de Blatt preguntándole si le interesaría unirse a su proyecto de hombres lobo. Dante conocía al entonces presidente de AVCO, Robert Rehme, ya que éste había trabajado también para Corman, y el trabajo de la compañía, que entonces estaba dedicada a producir películas de terror como La niebla (The Fog, John Carpenter, 1980); así que no se lo pensó mucho y aceptó el proyecto muy interesado.

Una vez con Dante al frente del proyecto se decidió que se necesitaba un nuevo guion. Para ello se contrató a Terence H. Winkless, que escribió un guion bastante fiel a la novela de Brandner. Pero entonces se incorporó al proyecto John Sayles, que había trabajado previamente con Dante escribiendo el guion de Piraña, que decidió ignorar la novela, manteniendo sólo la premisa principal, y empezar de cero. La película y la novela son tan divergentes que la cuarta entrega de la serie que acabaría generando es una adaptación más fiel de la novela original. El trabajo de Sayles en esta película es una gran muestra de su talento ya que, al mismo tiempo que escribía el guion para la película de Dante, estaba escribiendo el guion de la gran monster movie La bestia bajo el asfalto (Alligator, Lewis Teague, 1980). Y quiero decir, literalmente, a la vez, alternando entre los dos guiones dependiendo de si era Dante o Teague el que iba a verlo a su oficina.

Para protagonizar la película Dante incorporó algunos actores habituales de sus films (como Belinda Balaski, Kevin McCarthy y Dick Miller) y se decidió que Patrick Macnee, Dee Wallace y Christopher Stone serían los actores principales. También se contrataron a dos debutantes: Elisabeth Brooks y Robert Picardo (futuro habitual de Dante).

Por supuesto, faltaba decidir quién se encargaría de realizar las transformaciones y efectos de maquillaje de la película. Y sólo había una opción: Rick Baker.

Baker empezó a trabajar en el proyecto de Dante y llamó a John Landis para darle la noticia. Landis entonces le dijo que tenía que trabajar con él, ya que había conseguido financiación y se iba a rodar a Londres. Como Baker se había comprometido en primer lugar con Landis decidió ir a trabajar en su película, dejando los efectos de maquillaje de la película de Dante a cargo de su ayudante y aprendiz Rob Bottin, el cual también había trabajado en Piraña como aprendiz.

Landis, de hecho, no había conseguido la financiación pero la posibilidad de perder a Baker lo acabó de estimular y respaldado por el gran éxito de taquilla que obtuvo con Granujas a todo ritmo (The Blues Brothers, 1980) consiguió que la Universal financiara su proyecto de película sobre un hombre lobo. A pesar de que problemas de última hora casi impiden que se filmase en Londres, Landis empezó a rodar su film protagonizado por dos jóvenes y desconocidos actores: David Naughton y Griffin Dune, populando el resto de la película con actores ingleses de carácter.

De este modo, dos películas sobre hombres lobo, diferentes aunque con algunos detalles semejantes, se empezaron a rodar.


Tras mostrarla en enero de 1981 en el festival francés de cine fantástico Avoriaz y un primer estreno en Nueva York en marzo, se estrena en Estados Unidos de manera general Aullidos (The Howling) el 10 de abril de 1981.

Aullidos de Joe Dante marca la tendencia del cine de terror en los 80, mezclando el horror con toques de comedia y guiños referenciales al género. Algo que también hará Landis, y que tiene su origen en el hecho de que son fans del género los que empiezan a hacer películas de terror. Leone hizo algo parecido con el western en Hasta que llegó su hora (C'era una volta il West, 1968) y los directores de la nouvelle vague fueron los pioneros en esto de usar el cine para hablar del cine.

En el caso de Dante esto se traduce en nombrar a los personajes haciendo referencia a directores de películas de hombres lobo. Por ejemplo, el personaje de Patrick Macnee, el doctor George Waggner, recibe su nombre del director de El hombre lobo (The Wolf Man, 1941). El personaje de Christopher Stone, R. William "Bill" Neill, recibe su nombre del director de Frankenstein y el Hombre Lobo (Frankenstein Meets the Wolf Man, 1943) Roy William Neill. Aparte, se hacen varias referencias a las películas de hombres lobo, las cuales son nombradas ya que es de ahí que los personajes conocen principalmente la leyenda del hombre lobo, especialmente a lo que se refiere a las reglas según las cuales funciona la maldición.

Estas reglas (la transformación con la luna llena, matarlos con plata, etc.) fueron todas ellas inventadas por el guionista Curt Siodmark para la anteriormente mencionada El hombre lobo.

Por otro lado, en Aullidos también se hacen varios comentarios satíricos en torno a las terapias New Age que se empezaron a poner de moda en los 70. Toques de humor que en ningún momento le restan intensidad a la película en sus momentos más terroríficos, consiguiendo un gran equilibrio entre esos dos aspectos.

La historia de Aullidos actualiza la leyenda del hombre lobo y la sitúa en un ambiente moderno y contemporáneo, alternando entre la investigación que llevan a cabo Terry Fisher (Belinda Balasky) -Terence Fisher es el director de La maldición del hombre lobo (The Curse of the Werewolf, 1961)- y Chris (Dennis Dugan) sobre el asesino Eddie Quist (Robert Picardo) con Karen White (Dee Wallace) recuperándose junto a su marido Bill Neill en la Colonia de un ataque de Quist. Hasta que ambas tramas se conectan, claro.

Su ritmo rápido, ingeniosos diálogos, escenas memorables y una estupenda banda sonora de Pino Donaggio consiguen crear un clásico del género que se ha mantenido fresco a lo largo de las décadas, gracias también a sus efectos de maquillaje. A pesar de que no se tenía mucha fe en que una película sobre hombres lobo funcionase, no se hace ninguna mención a los hombres lobo en el póster o el tráiler, la película fue un gran éxito y, a consecuencia del mismo, se rodaron varias secuelas (es raro que no se haya o vaya hacerse ningún remake) de calidad cada vez más pobre:

-Aullidos 2: Stirba, la mujer lobo (Howling II: Stirba - Werewolf Bitch, Philippe Mora, 1985)
-Aullidos 3 (Howling III, Philippe Mora, 1987)
-Aullidos 4 (Howling IV: The Original Nightmare, John Hough, 1988) -directa a vídeo
-Aullidos 5: El regreso (Howling V: The Rebirth, Neal Sundstrom, 1989)
-Escalofrío: The Freaks (Howling VI: The Freaks, Hope Perello, 1991) -directa a vídeo
-Howling: New Moon Rising (Clive Turner, 1995) -directa a vídeo

Gary Brandner escribió también dos novelas más que continuaban su novela original y no tienen ninguna conexión con las películas: The Howling II y The Howling III: Echoes.



El 21 de agosto de 1981 se estrenó en Estados Unidos la película de John Landis Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London).

Landis en esta película mezcla terror y comedia, aunque de manera distinta a como lo había hecho Dante en Aullidos. Si bien Dante le aplica un tono irónico a toda la película, Landis se inclina por hacer una película de terror seria a la que añade algunas escenas cómicas, dándole un curioso contraste.

En cuanto a argumento e historia, Landis se inclina por seguir una linea clásica pero ambientada en un ambiente urbano. De este modo, la tragedia por la que pasa el joven David Kessler (David Naughton) es parecida a la que pasa el desgraciado Larry Talbot (Lon Chaney Jr.) en El hombre lobo: ambos son víctimas de una maldición contra la que no pueden hacer nada. Sin embargo, Landis le añade algunos toques originales que hacen que la película destaque, como el hecho de que los espíritus de las víctimas del hombre lobo le vayan siguiendo y se le vayan apareciendo. Aquí destaca el maquillaje que muestra la progresiva descomposición de Jack Goodman (Griffin Dune).

Por supuesto, la escena más recordada de toda la película es la de la increíble transformación, que dura como cinco minutos, y que es la obra maestra de Rick Baker, por la que ganó un Oscar. Todo el proceso resulta tremendamente visceral y efectivo, precisamente por todo el tiempo que dura. Una de las razones por las que las transformaciones de hombre a lobo realizadas mediante ordenador no funcionan es porque son demasiado rápidas e indoloras, por tanto no resultan creíbles. Baker se puso de nuevo a trabajar en la transformación de hombre a lobo en el remake El hombre lobo (The Wolfman, Joe Johnston, 2010). Sin embargo, gran parte de su trabajo fue alterado por los efectos digitales (lo que no impidió que Baker volviera a ganar el Oscar por su trabajo en esta película). También he de añadir que, a pesar de su muy problemática concepción y de la opinión general, me gustó El hombre lobo del 2010, tanto en el cine como el montaje del director que aparece en el Blu-ray.

Volviendo a la película de Landis, esta sigue en forma por algo más que su escena de transformación. Si bien los momentos de comedia resultan algo pueriles, con excepción de la escena en la cual las diferentes víctimas le sugieren modos de suicidarse al pobre David, los momentos terroríficos están muy bien conseguidos, como la persecución en el metro o la escena en el cine, y la historia romántica entre David y la enfermera Alex (Jenny Agutter) le añade un toque trágico al conjunto.

Si bien hay algunas referencias cinematográficas, Landis se centra en las musicales incluyendo varias canciones que hacen referencia a la luna, destacando Bad Moon Rising de Creedence Clearwater Revival y sus ominosas predicciones.

Sobre Un hombre lobo americano en Londres pesa la amenaza de un remake, pensado para ser estrenado el 2014, con lo cual es posible que no se acabe llevando a término. Por otro lado, se estrenó una secuela: Un hombre lobo americano en París (An American Werewolf in Paris, Anthony Waller, 1997). Esta secuela estuvo como 6 años en desarrollo, muchos guiones se consideraron y el algunos momentos el propio Landis estuvo unido al proyecto. El resultado final fue algo decepcionante, aunque corre un workprint de la película por Internet que parece indicar que el resultado final podría haber sido mejor y diferente si se hubiese dejado tranquilo al director.



Los 80, como podéis ver, fueron una década que experimentó un revival en cuanto a hombres lobo se refiere. Aunque algunas películas como la decepcionante Miedo azul (Silver Bullet, Daniel Attias, 1985) o la ridícula De pelo en pecho (Teen Wolf, Rod Daniel, 1985) no es que fuesen precisamente grandes vehículos del personaje. Otras no perdían su magia como la fantástica El retorno del Hombre-Lobo (Jacinto Molina alias Paul Naschy, 1981).

De entre toda esta marabunta de títulos me gustaría rescatar del olvido una película que también se estrenó en 1981, pero que pasó desapercibida entre Aullidos y Un hombre lobo americano en Londres. Me refiero a Lobos humanos (Wolfen, Michael Wadleigh). El caso de esta película es el mismo que el de una chica mona con un vestido favorecedor a la que pones al lado de dos supermodelos: no importa lo mona que sea la chica, los ojos se te van a las supermodelos.

La verdad es que Wolfen no es una película de hombres lobo, pero debido a la naturaleza de los antagonistas se la acaba metiendo siempre en el mismo saco. La película adapta una novela de Whitley Strieber, autor también de la novela El ansia (editada por La Factoría de Ideas) en la que se basa la primera película de Tony Scott, y trata sobre una leyenda india. Esta es la única película dirigida por Wadleigh que no trata sobre Woodstock, así que imagino que se vio atraído por los aspectos espirituales del argumento. Wolfen, al igual que las anteriores películas comentadas, trata el contraste que representa la supervivencia de antiguas leyendas en entornos modernos y urbanos.

Wolfen funciona muy bien como un thriller al cual se le han añadido unos toques sobrenaturales. Tiene un buen reparto encabezado por Albert Finney y Diane Venora, además de la participación de Edward James Olmos. Se hace gala de un gran trabajo de cámara, especialmente con la steadicam, y una estupenda banda sonora de James Horner, que si escucháis con atención detectaréis algunos temas que Horner recicló cuando compuso la banda sonora de Aliens: El regreso (Aliens, James Cameron, 1986).

En resumen, Wolfen es una película que se merece al menos un visionado, y que por desgracia ha pasado muy desapercibida. Yo mismo no la conocí hasta que la pusieron en un programa de la televisión autonómica catalana dedicado al cine de terror y fantástico que emitieron a mediados de los 90.

16 may. 2011

Ángel de venganza (Ms.45 aka Angel of Vengeance)


En 1992 me fui al cine a ver Teniente corrupto (Bad Lieutenant). Y salí bastante decepcionado, la película no me gustó. Ya sé, ya sé, a muchos os parece una obra maestra, pero la verdad es que me aburrí viéndola. Fue una decepción, también, porque no hacía mucho había visto, en la madrugada de la que era entonces TV2, otra película del director que me había gustado bastante: Ángel de venganza (Ms.45, 1981). Curiosamente, la protagonista de esta película, Zöe Lund (entonces Zöe Tamerlis), fue también una de las guionistas de Teniente corrupto.

Yo soy el tipo de persona que con sólo ver el estupendo póster de la película ya no necesito ninguna otra razón para verla. En caso de que necesitéis más argumentos que un gran póster, he aquí mi comentario:

Abel Ferrara (director) y Nicholas St. John (guionista) empezaron a colaborar en películas que eran pura exploitation. Nada de irónica mirada, nada de usar la exploitation como medio artístico para comentar algún tema elevado. Pura y dura exploitation: 9 Lives of a Wet Pussy (1976) y El asesino del taladro (The Driller Killer, 1979). Es con Ms.45 que la pareja de director y guionista empiezan a expandir las fronteras de su trabajo cinematográfico con una película que parece una cosa y acaba siendo otra.

Thana (Zöe Lund) es una tímida y muda trabajadora de una firma de moda que un día, al salir del trabajo, es violada en un callejón. Tras el incidente llega a su casa y descubre allí a un hombre que ha entrado a robar pero disgustado por no encontrar nada de valor intenta violarla. Esta segunda vez Thana consigue deshacerse de su agresor y lo mata. Con la pistola del fallecido ladrón, Thana dará rienda suelta a su venganza contra el género masculino.

Con este argumento uno esperaría el habitual ejercicio de justicia urbana como el que lleva a cabo Charles Bronson en El justiciero de la ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974) o la venganza sangrienta que ejecuta Linda Blair en la fantástica Calles salvajes (Savage Streets, Danny Steinmann, 1984). Sin embargo, Thana no está preocupada en matar a criminales, lo que ella hace es matar hombres, en general. De ahí que muchos de los que ejecuta de manera sumaria no son ni criminales ni violadores y su único pecado parece ser existir.

La manera de enfocar el argumento parece ofrecer un satírico comentario sobre las relaciones entre hombres y mujeres a principios de los 80. Tras la revolución sexual y los movimientos feministas radicales, se ofrece una visión de la mujer como castradora y saboteadora de la esencia masculina (sea lo que sea eso). Al mismo tiempo, se ofrece una visión del hombre que recuerda bastante a un perro en celo. Sobre este aspecto resulta divertido el hecho de que Thana sea muda pero ninguno de los hombres que se encuentra durante sus salidas nocturnas hace ninguna mención a ello y, de hecho, ni siquiera se dan cuenta en algunos casos. Es esta una manera ingeniosa de representar el modo que tienen de ver los hombres a las mujeres como objetos sexuales.

La película tiene una primera parte que resulta algo lenta y más dramática. En esta primera parte vemos como a Thana le ha afectado el trauma que ha vivido. Pesadillas, miedo, inseguridad... Es cuando se encuentra en esta primera fase que comete su primer asesinato llevada por el miedo: el de un hombre que intentaba devolverle una bolsa que había dejado tirada y que ella toma por un asaltante. Pero tras el segundo asesinato, un fotógrafo que intenta ligar con Thana, entramos a la vez en la segunda, y mejor, parte de la película.

En esta segunda parte vemos como nuestra en principio débil protagonista se empieza a sentir fortalecida por los asesinatos que ha cometido y se siente más segura y fuerte. Es a partir de este momento que se viste de forma sexy, se maquilla, coge el bolso donde guarda su .45 y empieza a pasear por la Nueva York nocturna en busca de derrochadores de testosterona a los que ejecutar, algunos criminales y otros no.

En cuanto a la manera en que la película trata el feminismo y la misoginia, es interesante señalar que en esta segunda parte de la película, en la cual la protagonista se convierte en una vengadora, si bien es cierto que ella se viste de una manera que remarca su sexualidad y su recién adquirida fuerza, en ningún momento lleva ropa excesivamente sugerente o sexy, nada de escotes o minifaldas y nada provocativo.

Es también durante estos paseos nocturnos que Ferrara nos muestra pequeñas viñetas y curiosos personajes que transitan por la ciudad nocturna. De estos pequeños momentos, el que me llamó la atención es uno que empieza con Thana sentada en la barra de un bar escuchando las lamentaciones de un hombre (Jack Thibeau). Más tarde los vemos a los dos sentados en un banco, en el cual el hombre le sigue dando la brasa a Thana. Tras terminar el monólogo sobre como su esposa lo engañó con otra mujer, el hombre se queda en silencio, momento en el cual Thana le apunta pero cuando apreta el gatillo el arma no dispara. El hombre le quita el arma, le quita el seguro al arma y, tras un momento de meditación, se suicida ante los asombrados ojos de Thana.

La película también tiene una serie de divertidos toques de humor negro. Por ejemplo, tras asesinar a su segundo violador, Thana decide descuartizarlo y durante toda la película va dejando trozos del cadáver por toda la ciudad metidos en bolsas, uno de ellos en el maletero del coche de un hombre que se va de la ciudad. Siempre me he preguntado que le pasó a ese hombre cuando descubrió el trozo de muerto en su coche. También tiene su dosis de humor negro el violento clímax de la película, que parece iniciar el fetichismo monjil de Ferrara que luego aparecería en Teniente corrupto. Es una lástima que estos toques de humor desaparecieran de las películas de este director.

Esta es una película que recomiendo a todos aquellos amantes del cine de Ferrara, aunque yo no lo soy, y de las películas esotéricas, de las que sí soy. Cuando digo "esotéricas" no me refiero a que tengan contenidos paranormales o sobrenaturales de ninguna clase, sino a películas no muy conocidas. Por desgracia, no existe ninguna buena edición en DVD, la que hay es algo cara y no trae ningún extra. Crucemos los dedos para que el Blu-ray algún día nos ofrezca la venganza de Thana en toda su gloria.