31 oct. 2011

Pon un poco de terror en tu vida


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No he visto muchas explicaciones de por qué ha alguien le gustan los musicales o las comedias o los western; sin embargo, parece que los aficionados al cine de terror han de responder antes o después a la pregunta ¿por qué ves pelis de terror? (que parece querer decir más bien ¿cómo puedes ver películas de terror?). Lo cual tiene su origen en el hecho de que se considera el género terrorífico como algo que la gente sana y de buen gusto no ve o no debería ver.

Una noción que siempre me ha parecido ridícula. Igual que ridículos me parecen aquellos que acusan el cine de terror de provocar en la sociedad una influencia malsana. Las películas no influyen en la sociedad, la sociedad influye en las películas. Hablando en términos generales, todo el arte refleja de forma consciente o inconsciente la sociedad en la cual vive el artista que lo crea; cuando alguien dice que las películas hacen que la sociedad sea más violenta es como alguien a quién no le gusta lo que ve cuando se mira en el espejo por las mañanas y culpa al espejo por mostrar ese reflejo.

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Desde muy pequeño me he sentido atraído por el terror en todos sus formatos. Creo que especialmente desde que por un cumpleaños (tal vez el octavo o el noveno) me regalaron tres clásico literarios pensados para los jóvenes: La llamada de la selva de Jack London, Aventuras de Arturo Gordon Pym de Edgar Allan Poe y El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde de Robert Louis Stevenson. Tres libros que todavía conservo a día de hoy, tres libros que contenían elementos más o menos macabros y más o menos terroríficos. Es decir, la novela de Stevenson era una novela de terror, pero las otras dos, aunque a priori no lo eran, también contenían pasajes y momentos que podían ser considerados terroríficos. Desde entonces me lancé a una búsqueda de historias (libros y cuentos) que me provocaran las mismas sensaciones que cuando leía como el maníaco Hyde atacaba a la gente con su bastón.

La verdad es que ya antes sentía una innegable atracción por los monstruos y las criaturas que me daban miedo y al mismo tiempo me fascinaban. Desde entonces ahora, he sido capaz de racionalizar la función del cine de terror, por qué es importante y por qué fue prácticamente el primer género en ser plasmado cinematográficamente. Pero siendo completamente honesto y sincero, no sé por qué, aunque me apasionan todos los géneros sin distinción, el terror, y por extensión el fantástico, me gusta más que los otros (tanto en cine, literatura, cómic y hasta pintura). De la misma manera que no sé por qué los Doors o los Cramps o las Runaways me tocan más la fibra que otro grupos de música; o por qué me gusta la carne y no la verdura; o por qué me apasionan más las pelirrojas que las rubias o las morenas.

Es decir, si me preguntas te diré que me encantan los Doors por las letras poéticas y fantásticas de Jim Morrison y las melodías entre psicodélicas y blueseras de sus canciones. Pero qué evento en mi vida, en mi educación, me ha llevado a apreciar más su música que la de, por ejemplo, Cream, pues no lo sé. Y, de todos modos, qué más da. Es así, no le demos más vueltas. Nos gustan las cosas que nos gustan porque nos hacen sentir, nos hacen vibrar, nos emocionan de una manera que el resto no lo hace, y no creo que haya nada racional en ello.

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El cine de terror es esencial para la salud mental de nuestra sociedad. Es a través de este género que los miedos y las psicosis que afectan nuestra sociedad se expresan de manera catártica. Igual que una persona reprimida que no expresa sus emociones de ninguna manera puede acabar con serios problemas mentales, nuestra sociedad (en otras palabras, nosotros mismos) necesita dar cierta expresión y libertad a todas las preocupaciones y miedos que la afectan.

En cierta forma, es parecido a las personas que van a ver un drama para llorar a gusto durante un par de horas y luego se sienten más ligeras. Una buena película de terror te proporciona un servicio de "limpieza" interior. Creo que por eso, después de ver una buena película de terror te sientes excitado como si hubieras sobrevivido a una situación tremendamente peligrosa y arriesgada, aunque siempre desde la seguridad de la butaca de cine. Supongo que por eso también algunas mujeres, tras una buena sesión de sustos, se sienten especialmente excitadas y receptivas a una interacción física más íntima. Es posible que el roce con la muerte, a través de la ficción, te haga darte cuenta de lo genial y fantástica que es la vida y lo afortunados que somos de poder disfrutarla.

Como cuenta muy bien Stephen King (en el vídeo a continuación, parte de un documental sobre David Cronenberg titulado Long Live The New Flesh), el espectador de una película de terror hace un intercambio: una preocupación real, un miedo real es sustituido por un miedo ficticio e inofensivo, proceso que permite liberar una saludable cantidad de "mal rollo" que de otra manera se quedaría dentro de la cabeza, royendo y royendo. En otras palabras, es una manera sana de proyectar la ansiedad y la angustia que provoca la vida moderna o ser un adolescente o, como comentaba en mi artículo sobre homosexualidad y cine fantástico, tener una orientación sexual diferente a la de la mayoría.



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Una de las cosas que más me gusta de este género es la gran variedad de estilos, temáticas y subgéneros que abarca. Hay para todos los gustos, de todos los colores. Eso sí, parece ser que hay una eterna discusión entre si es mejor "terror psicológico" o "terror sangriento".

Mi respuesta es: ambos. Para mí, si la película está bien hecha me es indiferente el estilo que utilice. Tanto de un estilo como del otro hay infinidad de buenos y malos títulos.

Y para acabar, una última característica del cine de terror que me encanta: es divertido. Algunas veces, ver una película de terror puede ser muy divertido, ya sea por unos efectos especiales cutres (en el caso de una mala) o por la emoción de los sustos (en el caso de una buena película de sustos). Las películas de terror, especialmente vistas en grupo, tienen un elemento de celebración (o ceremonioso) que las hace únicas. A este tipo pertenecen principalmente las películas tipo slasher, que ya he comentado en profundidad, pero también algunas películas de monstruos y zombis.

No creo haber aclarado gran cosa en este artículo, más allá de dejar claro mi amor por este género tan denostado. Como guinda, os dejo un fragmento del documental Terror in the Aisles (Andrew J. Kuehn, 1984). Los que no sepan inglés que vean los dos primeros minutos y se harán una idea de lo que quería decir con este artículo.

28 oct. 2011

Retratos de Henry

Alfred Kubin, No matarás

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Cuando tenía unos 15 o 16 años y estaba cursando 2º de BUP, se nos encargó hacer, en clase de Ética, un trabajo que tratara alguna preocupació social. Yo decidí hacerlo sobre la violencia en la sociedad y, como teníamos que ilustrarlo con una película o algún tipo de exposición, decidí que sería una buena idea ilustrar mi trabajo proyectando Henry, retrato de un asesino en serie (Henry: Portrait of a Serial Killer, John McNaughton, 1986).

Resulta que no fue tan buena idea. Tanto la profesora como mis compañeros estudiantes esperaban ver una película que sería violenta, pero que tendría la estructura de un thriller o de una película de terror más habitual a la que estaban acostumbrados. Pero no estaban preparados para lo que les mostré, así que sólo vimos los primeros veinte minutos de Henry. La profesora quedó algo chocada y mis compañeros no dudaron en mostrar su desagrado ante una película que consideraron "asquerosa, lenta, horrible", y lo peor de todo: "¡encima está en inglés!" (como la película era casi imposible de encontrar por aquel entonces en ningún videoclub -no lo fue hasta un par o tres de años más tarde- la copia que yo tenía estaba grabada de La 2, canal en el que emitieron la película en VOS).

Más o menos, la reacción que tuvieron mis compañeros fue la misma que tuvieron los productores de Henry. Malik B. y Waleed B. Ali le encargaron a John McNaughton una película de terror que pudieran vender fácilmente. McNaughton y Richard Fire escribieron Henry, inspirándose en documentales sobre asesinos en serie y las confesiones del psicópata Henry Lee Lucas -muchas de las cuales resultaron ser falsas, así que no se sabe exactamente cuánta gente él y Ottis Toole, su amante y socio, mataron en realidad-. La película que entregó McNaughton a los hermanos Ali no era, desde luego, la típica película de terror que se podía vender fácilmente. De ahí que permaneciera en el limbo durante años, hasta que se estrenó en 1990, obteniendo el aplauso de la crítica ante el impecable retrato que ofrecía de una mente psicopática.

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Hace ya un tiempo comenté en este blog Maniac (1980), el infame clásico de culto dirigido por William Lustig (podéis leer el comentario aquí). Para mí, Maniac es un claro predecesor de Henry, ya que se aleja de la estructura habitual de una película de terror o de un thriller para mostrarnos el día a día de un psicópata. Las semejanzas entre ambos filmes hace que me extrañe el hecho que Maniac, en el momento de su estreno, fue considerada una película misógina que explotaba el morbo y la violencia mientras que años más tarde los mismos críticos consideraban Henry una película brillante.

Henry es una película brillante. Así como también lo es Maniac, que no es en absoluto una película misógina y morbosa, sino que está explicada desde el punto de vista de un asesino en serie cuyas víctimas son mujeres y parejas (el personaje de Maniac encarnado por Joe Spinell se basa en David Berkowitz, cuyas víctimas fueron mujeres y parejas). A pesar de ello, sigue siendo despreciada en su mayor parte, creo que más por su fama que por la película en sí.

La máxima diferencia entre Henry y Maniac se haya en el punto de vista. El film de Lustig nos sitúa dentro de la cabeza del psicópata protagonista, haciendo que veamos el mundo como él lo ve. McNaughton, en cambio, adopta un punto de vista exterior: nos muestra la vida de Henry (excepcional Michael Rooker), sin ofrecer ningún juicio o comentario usando la cámara simplemente como mudo testimonio. Esta actitud hace que la película resulte, en algunos tramos, más inquietante y terrible que la de Lustig, cuyo final entra dentro de los cánones del cine y resulta, hasta cierto punto, tranquilizador. McNaughton, por otro lado, no ofrece ningún tipo de confort al espectador.

Uno no puede más que preguntarse que tipo de recepción hubiera tenido Henry si se hubiera estrenado el año en que fue producida en lugar de cinco años más tarde. ¿Si Maniac no se hubiera estrenado en plena fiebre slasher, con filmes de terror nuevos prácticamente cada semana, hubiera sido juzgado de forma más justa?

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En 1992 se estrenaba Ocurrió cerca de su casa (C'est arrivé près de chez vous, Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde). Este film es una comedia negra en forma de falso documental, en el cual unos periodistas siguen el día a día de un asesino en serie que no tiene problemas en comentar su modus operandi (argumento más tarde copiado en Behind the Mask: The Rise of Leslie Vernon (Scott Glosserman, 2006)).

Comparad el póster censurado francés con el póster español, que sigue el modelo original y es el usado internacionalmente. La diferencia es sutil, pero significativa.
Elementos de esta película se encontraban ya presentes en Henry. McNaughton utiliza un estilo anclado en el cinéma vérité, reforzado por el tono granuloso resultado de filmar la película en 16mm y luego ser hinchado a los 35mm profesionales, que recuerda al documental. Como hemos mencionado anteriormente, la cámara es una simple testigo de los eventos que transcurren frente a ella, sin que parezca que se use en ningún momento ningún recurso narrativo que pudiera ofrecer al espectador alguna pista que le indicara hacia donde se dirige la historia. Se aprecian movimientos de cámara, eso sí, en la representación de las víctimas de Henry, mostradas al espectador como naturalezas muertas hechas de carne y hueso.

Ocurrió cerca de su casa se presenta abiertamente como una comedia negra. No así Henry, que parece ahogar al espectador en el más descarnado horror. O al menos así parece a simple vista.

Lo cierto es que el film de McNaughton también tiene sus toques de humor negro. Son sutiles, pero ahí están. Por ejemplo, el asesinato del vendedor de televisores que culmina con la coronación del mismo con una televisión que luego pasa a ser enchufada, o cuando Ottis (Tom Towles) acaba reventando una televisión intentando hacerla funcionar. En su mayor parte, los toques de comedia son proporcionados por Ottis, personaje perverso y perturbado que contrasta con la frialdad y silenciosa furia asesina de Henry. Towles era un excelente actor de carácter que consigue hacer que su personaje sea tan auténtico y real como el que encarna Rooker.


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Henry es una película de horror. Y digo "horror" en oposición a "película de terror", "de miedo" o, como dice una amiga mía, "de cague". El término "terror" se aplica normalmente a películas cuya fuente del mismo suele ser ficticio, irreal. Incluso si el villano de turno es un ser humano, se trata de una construcción ficticia que sigue unos parámetros narrativos más o menos familiares para todo el mundo.

Henry, en cambio, horroriza. Horroriza porque personajes como él habitan la sociedad en que vivimos. Personajes que no se ocultan tras una máscara, sino que pasan completamente desapercibidos. Pero otro de los aspectos que causan horror, y cierta pena, es que el mundo también está lleno de Beckys, víctimas como la que encarna en el film Tracy Arnold, que han sufrido abusos y que, como ciervos deslumbrados por los faros del coche, parecen esperar que el inevitable destino las alcance.

De la relación entre Henry y Becky destacaría un momento en el cual ella empieza a besarle y quiere iniciar una relación sexual, mientras que Henry se queda helado, sin saber que hacer, ya que únicamente conoce una manera de expresar sus emociones, a través del asesinato. Así como también destaca la escena de ambos en la cocina, en la cual Henry cuenta como, supuestamente, mató a su madre. Momento en que descubrimos que no podemos fiarnos de nada de lo que diga.

La única relación que parece funcionar es la de Henry y Ottis. Ésta queda cristalizada en uno de los momentos más memorables de la película, la escena comentada en toda crítica que se haga de la película (y una de las razones por la que no considero Haneke y su casi hipócrita Funny Games ni provocadora, ni original, ni rompedora), me refiero a esa escena en la cual los dos psicópatas ven uno de sus asesinatos grabados en vídeo en la televisión de su casa como si fuera un programa de cocina. Primero el espectador es obligado a ver el asesinato como si estuviera sucediendo en ese momento, pero aún resulta más escalofriante la estampa de ambos sentados en el sofá disfrutando de sus obras. La escena culmina también de forma brillante (e inquietante) con Ottis rebobinando y pasando a cámara lenta su momento favorito. No sé si en aquel momento McNaughton o Fire pensaban en el morbo televisivo que en aquel momento se empezaba a gestar, pero uno no puede más que reflexionar sobre el contenido alegórico de esta escena en lo que respecta a los tiempos que estamos viviendo.

Henry es un clásico. Una película que sacude al espectador como sólo el gran arte puede hacerlo. Mirando la filmografía posterior de McNaughton, uno no puede más que preguntarse si este film agotó toda la capacidad de tratar con el horror del director, ya que sus trabajos tras Henry son bastante anónimos. Tal vez la relación con Henry hizo que deseara hacer películas más trascendentes. Quién sabe.

Existe una secuela: Henry 2 (Henry: Portrait of a Serial Killer, Part 2, Chuck Parello, 1996). Recuerdo haberla visto en su momento, pero no me causó ninguna impresión y es bastante olvidable. De hecho, no recuerdo absolutamente nada de ella. Tanto Henry como Maniac han recibido sendos tratamientos de lujo en Blu-ray, Ocurrió cerca de su casa sólo en DVD cortesía de la siempre excelente Criterion.

27 oct. 2011

El sótano del miedo (The People Under the Stairs)


El sótano del miedo (The People Under the Stairs, 1991) es uno de los filmes menos valorados de Wes Craven. Sin embargo, este retorcido cuento de hadas para adultos es una entretenida película que mezcla terror y toques de humor negro con unas gotas de comentario social.

Poindexter Williams, alias "Tonto", (Brandon Adams) acaba de cumplir 13 años y las cosas no pintan demasiado bien para él: su madre está enferma, al borde de la muerte, y a su familia la van echar del edificio en ruinas en el que viven ya que no pueden pagar el alquiler. Su hermana Ruby le ha echado las cartas y las cosas parece que van a ir a peor. Tal como está el patio, Tonto decide ayudar al amigo de su hermana Leroy (Ving Rhames) a robar una colección de monedas de oro. Colección que pertenece al casero que pretende echarlos de casa. Lo que ellos no saben es que el casero y su mujer (Everett McGill y Wendy Robie) son una pareja de psicópatas, conocidos simplemente como Papá y Mamá, que ha convertido su casa en una fortaleza llena de trampas mortales en la que la gente entra pero no sale. Víctimas que luego son comidas por la pareja o por el grupo de "errores" que mantienen prisioneros en el sótano. Ahora, el objetivo de Tonto no es robar la colección de monedas, sino intentar salir con vida de la casa antes de ser devorado.

La idea para la película se le ocurrió a Wes Craven tras leer unos artículos sobre unos padres que encerraban a sus hijos en casa sin dejarles salir al exterior (uno no puede más que preguntarse que habría pasado si Craven hubiera leído un artículo sobre la casa del horror de Fred y Rosemary West, descubierta en 1994). Con este punto de partida, Craven crea una historia que coge diversos elementos de los cuentos de hadas y los transporta a un entorno urbano: la pareja de caníbales psicópatas serían algo así como los ogros devoradores de niños, Alice (A. J. Langer), la hija prisionera, sería como la princesa encerrada en el castillo que necesita ser liberada, etc.

Otra tranquila tarde en casa.
Lo grotesco de la historia se ve aliñado con toques de grotesco humor. Everett McGill y Wendy Robie ya habían interpretado a una pareja delirante en la serie Twin Peaks, así que el estilo no les era desconocido y crean una memorable pareja de villanos. Esta mezcla de tonos ayuda a que las situaciones más absurdas no parezcan descabelladas, ya que dentro del universo que crea la película parece posible que esas situaciones tengan lugar.

Pero que la película tenga toques de humor no significa que no tenga momentos perturbadores: esto es una película de terror. Personalmente encuentro dos momentos particularmente inquietantes, ambos protagonizados por la pobre Alice. En el primero de ellos, Alice es lanzada sobre un charco de sangre que ha dejado una de las víctimas y obligada a limpiarlo para luego ser lanzada a una bañera con agua hirviendo para limpiarse, esto intercalado con Tonto atrapado en el sótano mientras Papá descuartiza a Leroy (culminado con Papá girándose sonriendo hacia Tonto con la boca ensangrentada masticando algo). En el otro vemos en primer plano a Alice, que se supone tiene unos 13 o 14 años, atada colgando de una pared pidiendo ayuda mientras en segundo plano vemos como se acerca Papá vestido en plan sado que al oír las súplicas de Alice se toca la entrepierna y emite una especie de gruñido.

Siendo una película de Craven, tenemos el habitual comentario social donde se critica a las figuras de poder. Mamá y Papá pueden ser interpretados como una alegoría del gobierno o la clase alta, "alimentándose" de los pobres y los menos afortunados. Pero esta alegoría no se entromete con la diversión, está ahí para quién quiera verla y para quién le interese leer los subtextos que pueden o no tener las películas.

El sótano del miedo era una película extraña para 1991. Vendida como una típica película de terror, el tono y lo bizarro del film hizo que fuera incomprendida en su momento, cuando el género estaba en plena decadencia. Los 90 se caracterizaron por películas de terror políticamente correctas, no muy sangrientas y bastante planas (generalizando a grandes rasgos, claro), lo que la hace destacar más. Ahora que se acerca Todos los Santos, es un buen momento para desempolvar este título cargado de diversión y terror.

26 oct. 2011

Siete notas en negro (Sette note in nero)


El maestro Lucio Fulci dirigió el interesante giallo Siete notas en negro (Sette note in nero, 1977) como resultado de una discusión con Dardano Sacchetti sobre si el destino era inevitable o no, según comenta el famoso guionista en una entrevista incluida en la edición americana en DVD de esta película. Así, junto a Roberto Gianviti, escribieron una historia donde ambas perspectivas parecen enfrentarse hasta llegar a una especie de punto medio.

Siete notas en negro cuenta la historia de Virginia (Jennifer O'Neill), la cual de niña tuvo una visión en la que veía como su madre se suicidaba en Londres mientras ella estaba en Florencia. Pero tras casarse con Francesco Ducci (Gianni Garko), las visiones parecen desaparecer. Esto es, hasta que al cabo de seis meses tiene otra visión en la que ve a una mujer asesinada. Con la ayuda del psicólogo Luca Fattori (Marc Porel), intentará desentrañar el misterio que se oculta tras esta visión.

Aquellas personas que sólo conozcan a Fulci por sus películas de los 80 puede que se sorprendan ante la elegancia y sutileza de este giallo. Bastante contenido en el terreno visual, aunque en el prólogo nos muestra la caída de la madre destrozándose la cara en las rocas de manera que parece anunciar el estilo de la próxima década, el principal impacto de la película es la historia misma, que se va desentrañando de manera que el misterio mantenga al espectador atento en todo momento.

Póster con el que la película fue promocionada en Estados Unidos, con el menos interesante título de The Psychic. Podréis notar que he eliminado el tag line promocional: lo he hecho porque era un tremendo spoiler que arruinaría la película a aquellos y aquellas que no la hubieran visto.

Con el soporte de una fantástica banda sonora, el guion de Fulci, Sacchetti y Gianvitti va proporcionando pequeñas piezas que ayudan a montar el enigmático puzle que es la película. Pero al contrario que otros gialli, lo hace de manera que en algunos momentos el espectador está por delante de la protagonista e intuye por donde van los tiros antes que ella, en lugar de permanecer hermético y misterioso hasta el final. Es otra manera de jugar con el suspense que en este caso resulta efectiva, a pesar de que el argumento ha sido imitado en bastantes ocasiones desde entonces.

Es una de las películas de Fulci más infravaloradas por el fandom. Tal vez la ausencia del gore y la violencia que caracterizaron su obra posterior sea la razón. Para mí es una muestra de la amplitud de estilo y habilidad que tenía Fulci, el cual quedó encasillado por los productores tras el éxito de su epopeya zombi. Y es una lástima, porque ha juzgar por éste y otros títulos, se merecía algo mejor que ser relegado a producciones de terror infectas hechas directamente para vídeo como lo fue a mediados de los 80.

Este es un Fulci apto para todos los públicos, especialmente para los amantes del suspense y el giallo. Como sólo he encontrado el tráiler americano, bastante malo y spoilerarizador, os dejo con la banda sonora de la película.

25 oct. 2011

La precuela de La Cosa que en realidad es un remake que es un desastre


Soy una persona de natural optimista, que tiende a ver lo positivo de las cosas. Y hay algo positivo en que la nueva La Cosa (The Thing) (The Thing, Matthijs V. Heijningen, 2011) sea un desastre. En Estados Unidos ha sido un fracaso de taquilla, y no me alegro de que una película fracase en taquilla pero lo sumamos al fracaso en taquilla del remake del clásico de Tom Holland de 1985 Noche de miedo (Fright Night) y al de otros remakes recientes, y nos da como resultado que es posible que Hollywood le eche el freno a esta moda "remaqueadora", ya que si se hacían tantos remakes hasta ahora es porque daban dinero. Eso sí, que nadie piense que se dejaran de hacer, porque se llevan haciendo desde la llegada del cine sonoro y la reinterpretación forma parte de cualquier arte.

Esta precuela/remake es un desastre no porque se haya atrevido a penetrar en terreno sagrado, sino gracias a la intervención del estudio Universal. En la página web Bloody Disgusting encontré una entrevista con el guionista de esta "película", Eric Heisserer, donde cuenta las diferencias entre la película originalmente concebida y lo que ha acabado en las pantallas. A lo largo del comentario referiré varias veces a esta entrevista.

Mi instinto me dijo, cuando me enteré de que se hacía, que una precuela de La Cosa (The Thing, John Carpenter, 1982) era una mala idea. Me parecía una mala idea de la misma manera que me lo parecía la secuela que John Carpenter intentó tirar adelante a mediados de los 90. ¿Por qué? No porque crea que hay películas sagradas intocables, sino porque si uno se fija en lo que cuenta el film, no hay manera de hacer nada que no sea más de lo mismo. Hay películas que se prestan a las continuaciones porque posibilitan la narración de nuevos aspectos o aventuras de sus personajes. Pienso, por ejemplo, en la segunda parte de El Padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972) que es una obra maestra o las continuas aventuras de James Bond. Incluso se han podido hacer estupendas secuelas de películas aparentemente terminadas como las que dirigieron James Cameron o Chuck Russell con los aliens y Freddy Krueger, respectivamente. Pero La Cosa no es una de esas películas, no hay forma humana de hacer algo que no sea una repetición de lo mismo.

Con el tiempo, este primer instinto quedó algo diluido. Llegaban informaciones que le daban buena pinta, como que Ron Moore se encargaría del guion -no fue así-, y pensé que a lo mejor no estaba mal. Mi instinto no se equivocaba y debería haberlo escuchado.

Muy bien. He dicho que la película es un desastre, así que ya va siendo hora de decir por qué.

Cuando se estrenó La Cosa de Carpenter, la crítica "seria" del momento (la que se publica en periódicos, revistas de cine y aparece en programas de televisión) la destrozó argumentando que no había desarrollo de los personajes (por cosas como ésta siempre ignoro lo que dice la crítica seria contemporánea). Por supuesto, si hay algo que el film de Carpenter logra de manera maestra es crear un grupo de personajes perfectamente identificables y definidos. No sucede así en esta precuela.

Este es el fallo principal de la película: no hay desarrollo de los personajes. Con la excepción de los dos personajes femeninos, el resto es una amalgama de barbudos difícil de diferenciar. Sólo podía diferenciar a los personajes masculinos por los acentos (acento inglés, acento americano, acento noruego) y poco más. Con lo cual, te da igual lo que les pase porque no sabes quién es quién. Heisserer explica que este fue uno de los cambios impuestos por el estudio tras los pases de prueba: eliminar todas las escenas donde se desarrollaba a los personajes y se les daba cierta identidad. El estudio quería llegar lo más rápido posible a la acción y el monstruo porque deducía que eso era lo que quería el público tras los pases de prueba.

Otro aspecto de la película que fracasa estrepitosamente son los efectos especiales. Originalmente se usaron efectos prácticos y animatrónicos en la película. Pero el estudio consideró, tras los pases de prueba, que quería efectos especiales digitales. De modo que se volvieron a rodar las secuencias sustituyendo los efectos prácticos por digitales. El problema no es que se usen efectos digitales, el problema es que entre que se decidió usarlos y la fecha de estreno de la película no había tiempo suficiente para hacer unos efectos que tuvieran cierta calidad. Son bastante malos para los estándares actuales, sin textura ni realismo, con lo cual la película pierde efectismo ya que los efectos resultan tremendamente falsos. Heisserer comenta que en esta película era esencial la cualidad orgánica de los efectos prácticos, y razón no le falta.

Otro fallo es que, obligada a respetar el canon establecido por el film de Carpenter, de manera algo inepta y ridícula da explicación a ciertos eventos mientras que otros directamente no los explica. Todas las explicaciones que ofrece parecen hechas con prisas para cumplir el trámite, como de que manera se crea la cosa con dos cabezas que se encuentran McReady y el doctor Copper cuando llegan al campamento noruego. Mientras que cómo sucede el suicidio que se encuentran McReady y Copper no lo cuentan, simplemente aparece cuando se llega al final como algo que ya ha sucedido. Tenía entendido que el objetivo de la precuela era precisamente explicar cómo sucedieron estas cosas. Lo que sí cuentan es esencialmente lo que ya sabemos por el film de Carpenter.

Finalmente, el mayor fracaso de la película es que no consigue crear la atmósfera de paranoia y suspense que demandaba la historia. Hay una única escena en la que se use las diferencias idiomáticas para crear confrontación entre los personajes, un momento en que los noruegos hablan en noruego para conspirar contra los americanos. Aparte de eso, la película pronto abandona el suspense o la paranoia y se convierte en un enfrentamiento abierto contra las cosas transformadas. Porque ésa es otra, en teoría la forma extraterrestre actúa camuflándose y ocultándose, aquí sin embargo se rebela fácilmente y ni se molesta ya en camuflarse. De ahí que la película derive en una tópica monster movie.

El final, intercalado con los títulos de crédito, pretende ser el enlace con el clásico de Carpenter, pero lo que hace es recordarte que La Cosa es una obra maestra y la película que acabas de ver un intento más de los estudios de ganar dinero sin usar la imaginación. El final también falla porque no tiene resonancia debido a que no hay desarrollo de los personajes, no sabes quiénes más que cuando en teoría aparecen al principio del film de Carpenter, igual que el perro que desparece al principio y no vuelve a salir ni mencionarse hasta el final

En fin, dice bastante de la película que la imagen que usan para promocionarla sea del film de Carpenter y no de algún motivo que aparezca en este film. No sé si la versión original que se concibió era mejor, si algún día sale a la luz ya se decidirá, pero desde luego esta película es muy mala. Una colección de tópicos, una monster movie sin gracia ni interés. Un fracaso.

Para que no os quede mal sabor de boca, os dejo este vídeo, que encontré también en la página Bloody Disgusting, que muestra al reparto original de La Cosa viendo esta precuela/remake y me hizo reír de manera tremenda.

24 oct. 2011

Última llamada (Phone Booth)


Ay, este Schumacher. Tengo una regla (la única en lo que se refiere a qué películas ver) que llamo "la regla de las tres películas". Consiste en que si veo tres películas de un director que no me gustan, dejo de seguirlo y me despreocupo de lo que haga. Sin embargo, con Schumacher no puedo seguir esta regla porque es tremendamente irregular, capaz de hacer buenas y malas películas dependiendo del proyecto en el cual trabaje. De ahí que el verano del 2003 me encontrase en una sala de cine esperando a que empezase la nueva película de Joel Schumacher, cruzando los dedos porque fuera el Schumacher de Jóvenes ocultos (The Lost Boys, 1987) y Un día de furia (Falling Down, 1993), no el de Elegir un amor (Dying Young, 1991) o el que hizo esas películas de Batman.

Había un importante factor que jugaba a favor de Última llamada: el guion corrió a cargo del maestro Larry Cohen. Éste originalmente concibió la idea trabajando con Alfred Hitchcock en los 60, pero no pudieron determinar un argumento que hiciese plausible que transcurriese toda la película en una cabina telefónica. Cohen finalmente tuvo la inspiración de convertir al villano en francotirador, actualizó el guion para el siglo XXI y convirtió la película en un éxito, posibilitando que varios de sus guiones entraran en producción rápidamente.

Sin llegar a la hora y veinte de duración, la película consigue mantener la tensión a lo largo de todo el metraje. De hecho, cuando la volví a ver este fin de semana me sorprendió descubrir lo bien que se había conservado en este aspecto. Hay que ser justos y hay que admitir que Schumacher sabía lo que hacía cuando filmó esta película y la editó con Mark Stevens, haciendo que el ritmo y la tensión no decaigan. Por otro lado, Schumacher hace un buen uso de las pantallas partidas como recurso narrativo, cumpliendo una importante función: transmitir información al espectador sin apartarnos en ningún momento del centro de la acción, en lugar de ser usadas como simple recurso estético superficial.

Otro factor que ayuda a mantener la tensión y el arco de las interpretaciones fue que las escenas se filmaron en orden cronológico, algo muy muy raro en el rodaje de una película. También se dejó cierto espacio para la improvisación y las reacciones espontáneas que le dan un toque más auténtico.

En el terreno artístico tenemos como protagonista a Colin Farrell. Farrell no es que sea precisamente un actorazo, pero cumple bien su trabajo aquí, más teniendo en cuenta que es un irlandés haciendo de neoyorquino y que aguanta parte del peso de la película. Forest Whitaker hace su habitual "hombre angustiado", Radha Mitchell está algo desaprovechada como la esposa del protagonista y Katie Holmes por fortuna no molesta, interpretando un papel secundario que no la obliga a hacer mucha cosa aparte de estar ahí.

Pero, dejando de lado el guion de Cohen y la habilidad con la cámara de Schumacher, uno de los factores principales por los que esta película funciona se resume en dos palabras: Kiefer Sutherland. Sutherland interpreta la voz del misterioso psicópata que tiene atrapado al personaje de Farrell en una cabina. Y su papel es esencial porque en una película de estas características, si el villano no resulta interesante no funciona la película. Pero Sutherland consigue crear un personaje interesante (más aún teniendo en cuenta que no aparece en pantalla durante el 99% del metraje) mezclando las dosis adecuadas de locura, maldad e hijoputez.

En breve, volver a ver esta película tras mucho tiempo sin hacerlo fue una experiencia agradable y su aspecto de cuento moral no me molestó. La recomiendo sin prejuicios. Aunque no puedo despedirme sin referir una historia que no sé si es cierta o no, pero desde luego lo parece: los productores y el guionista antes de hablar con Schumacher se reunieron con Michael Bay. La primera pregunta que hizo Bay fue: "Vale, ¿cómo sacamos al protagonista de la cabina?" Michael Bay, damas y caballeros, el Spinal Tap del cine.

20 oct. 2011

Outlander


Antes de entrar en materia, he de comentar un hecho que me dejó de pasta de boniato ayer. Como os podéis imaginar, el miércoles vi la entrevista al gran Robert Englund en El Hormiguero, lo cual fue un poco frustrante porque me hubiera gustado oírle hablar más de su carrera y menos numeritos. Pero sí se comentó algo que me sorprendió: resulta que el póster de la película De mayor quiero ser soldado (2010) de Christian Molina ha sido prohibido en los transportes públicos de Barcelona. El póster se puede ver adornando las calles (lo he visto cerca de mi calle), pero no en el transporte público. Absurdo. No sé si se debe a que por primera vez (desde que tengo uso de memoria) está en la alcaldía un partido conservador o por la reciente ola de corrección política y mojigatería. Irónicamente, el póster de la anterior película de Molina, Diario de una ninfómana (2008), fue prohibido en Madrid mientras que aquí no hubo ningún problema. Una estupidez todo el asunto.

Pero vamos a lo que interesa: Outlander (Howard McCain, 2008), una entretenida película que mezcla acción, aventuras y ciencia ficción inspirándose en el poema épico Beowulf. El filme contiene además un subtexto político bastante interesante pero que no interfiere en el disfrute de la película. Es decir, aquellos que simplemente quieran disfrutar de una película de monstruos no tendrán que sufrir ningún sermón y aquellos que busquen algo más que simple entretenimiento puede que se lleven una sorpresa.

Una nave espacial se estrella en la Tierra. El superviviente es un extraterrestre humanoide, Kainan (Jim Caviezel), que descubre que la peligrosa carga que llevaba consigo también ha sobrevivido, una máquina de matar que responde al nombre de Moorwen. Kainan se dispone a cazarlo, es entonces que la computadora le informa que se ha estrellado en Noruega, en el año 709 DC. A partir de aquí el argumento os lo podéis imaginar: será confundido por un enemigo por el pueblo vikingo al que va a parar, se ganará su confianza a la hora de enfrentarse al monstruo, enamoramientos, masacres y todo lo que trae consigo una monster movie de tintes mitológicos.

Sin embargo, es está familiaridad con el argumento a grandes rasgos (al fin y al cabo Beowulf está datado entre el siglo VIII y el X) la que hace que se aprecien mejor las innovaciones y los aciertos del filme de McCain. El primero de ellos es el reparto, especialmente el trabajo de John Hurt y Ron Perlman como enfrentados jefes vikingos, que hacen que te creas lo que sucede en la pantalla (por supuesto, me refiero al trabajo de los actores en la VO, dios sabe cómo habrá destrozado las interpretaciones el doblaje). Luego tenemos la dirección de McCain, que trata bastante bien las escenas de acción, especialmente los ataques al pueblo y en particular todo el tramo final. La adaptación que se hace de Beowulf resulta más interesante que la supuestamente más fiel versión que hiciera Robert Zemeckis el 2007 para todos los públicos (lo que resultó en algunas escenas bastante ridículas).

Aparte de la acción y aventuras que tienen lugar en la caza del monstruo, la película tiene un interesante subtexto, una alegoría que podríamos relacionar con la guerra de Irak, y que encontramos en la backstory que Kainan le cuenta a Freya (una estupenda Sophia Myles) sobre el origen de Moorwen. Esto le da un toque distintivo a Outlander que la hace destacar entre otras películas del género, aparte de su excelente factura y acabado.

Otra cosa a destacar de esta película es que mejora cada vez que la ves. La primera vez que la vi me pareció correcta y entretenida. La segunda vez me gustó bastante más y me involucré más en la historia. A partir de entonces, cada vez que la he visto me ha gustado más y la he disfrutado más. Finalmente, señalar que la edición en Blu-ray española es un señor timo que no trae ningún extra. Por ello recomiendo la edición de importación, ya sea americana o inglesa, que viene cargada de interesantes extras (como 40 minutos de escenas eliminadas).

En definitiva, Outlander es mucho mejor y más interesante de lo que parece a simple vista.

19 oct. 2011

El planeta de los dinosaurios (Planet of Dinosaurs)


¿Cuántas veces, en la lejana era de los viodeclubs, cogí una película simplemente viendo la carátula pensando que sería "la más mejor peli de la historia"? ¿Y cuántas veces me llevé una amarga decepción? Muchas, desde luego. El planeta de los dinosaurios (Planet of Dinosaurs, James K. Shea, 1977) es un ejemplo clásico. Cuando era pequeño me apasionaban los dinosaurios y los monstruos gigantes, así que veía cualquier cosa que prometiera o unos u otros. Y si además le añadíamos naves espaciales y un toque de ciencia ficción como se prometía aquí, ya me tenían atrapado. Sí, me engañaron, los malditos.

La aparición de la estupenda novela de aventuras de Arthur Conan Doyle El mundo perdido en 1912, con humanos del presente enfrentándose a dinosaurios (aunque es una pequeña parte de la novela), provocó que el concepto se hiciera tremendamente popular. Así, en 1925 se estrenó la primera adaptación de la novela: El mundo perdido (The Lost World, Harry O. Hoyt). Esta adaptación inspiró a su vez a otros artistas (entonces niños) que empezaron a idear sus propios monstruos enfrentados a humanos, gente como Ray Bradbury y Ray Harryhausen.

Por otro lado, en 1918 Edgar Rice Burroughs, el "padre" de Tarzán, fue publicando lo que hoy día se conoce como la trilogía Caspak, formada por: The Land That Time Forgot, The People That Time Forgot y Out Of Time's Abyss (traducidas algo torpemente como El país del tiempo olvidado, La gente del tiempo perdido y El abismo sin tiempo). Las dos primeras fueron llevadas al cine resultando en dos estupendas películas de aventuras de Serie B con Doug McClure: La tierra olvidada por el tiempo (The Land That Time Forgot, Kevin Connor, 1975) y Viaje al mundo perdido (The People That Time Forgot, Kevin Connor, 1977).

Uno pensaría que la ausencia de la "i" me tendría que haber dado alguna pista, pero era demasiado joven para fijarme en tonterías como la ortografía. Quiero decir, ¿quién se fija en la ortografía cuando tienes a un Tiranosaurio devorando gente en la carátula?
Seguramente el éxito de estas dos películas, más el éxito de cierta popular space opera, inspiró El planeta de los dinosaurios. En lugar de ser un submarino en apuros el que provoca que los protagonistas lleguen a una "tierra olvidada por el tiempo", es la avería de una nave espacial la que provoca que los protagonistas naufraguen en un planeta parecido a la Tierra (muy, muy parecido a la Tierra a juzgar por los paisajes por los que pasean los protagonistas) poblado por dinosaurios.

Siendo justo con la película, sí tiene una cosa buena: los efectos especiales stop-motion. Los dinosaurios están muy bien animados, así como la interacción entre las criaturas animadas y los actores de carne y hueso está bastante conseguida. La lástima es que el guion no es particularmente interesante ni pasa nada digno de mencionar. Los náufragos espaciales se dedican a deambular por el planeta, pelearse entre ellos y aprender cosas sobre si mismos. Ocasionalmente, se despierta al espectador para alguna secuencia dinosauril, pero el resto del tiempo es los astronautas caminando y hablando, cuando no están sentados y hablando.

Y eso no sería tanto un problema si los actores y actrices no fueran bastante mediocres y la dirección del señor Shea muy torpe y amateur. Unos malos actores y una mala dirección dando vida a un guion malo se traducen en una película aburrida, aunque la stop-motion esté muy lograda. El director de estos efectos, Doug Beswick, trabajó más tarde en grandes títulos como El imperio contraataca (The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980) o los clásicos de James Cameron Terminator (The Terminator, 1984) y Aliens: El regreso (Aliens, 1986), hasta la actualidad.

Es por eso que, tras verla de nuevo, me encantaría que se hiciese un remake de esta película, con efectos stop-motion, usando el mismo concepto pero desarrollándolo de una manera más entretenida. No he encontrado el tráiler, así que os dejo con una especie de resumen, para que os ahorréis verla entera.

18 oct. 2011

Y la carretera lleva a ninguna parte



La primera semana de octubre murieron Charles Napier (el día 6) y David A. Hess (el día 7). Sobre Napier ya comenté algo cuando hablé sobre las películas de Russ Meyer, ya que era uno de sus actores habituales, así que me gustaría hablar un poco de David A. Hess, o simplemente David Hess, como era más conocido.

Durante finales de los 50 y primeros 60, con el pseudónimo David Hill, Hess disfrutó de un rápido éxito musical. Su primera grabación, All Shook Up, fue más tarde grabada por Elvis Presley y Hess escribió varias canciones para el Rey del Rock, así como otros éxitos para artistas como Pat Boone. Personalmente, creo que su mayor logro fue la banda sonora de La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, Wes Craven, 1972).

Es con esta película que Hess dio un giro a su carrera, sin abandonar la música, ya que empezó a trabajar como actor, normalmente en papeles de villano.

Hess no podía ser más diferente que Krug, el villano al que dio vida en La última casa a la izquierda, pero hizo una interpretación tan memorable y realista que quedó encasillado en el papel de sádico malvado. Un papel que repetiría en películas como The House on the Edge of the Park (La casa sperduta nel parco, Ruggero Deodato, 1980) o La cosa del pantano (Swamp Thing, Wes Craven, 1982). En uno de sus últimos papeles, el director de cine asesino Able Whitman en Smash Cut (Lee Demarbre, 2009), tenía la oportunidad de inyectar algo de comedia en su carrera de villano cinematográfico.

Ya que su primera película es también la más popular, vamos a comentar La última casa a la izquierda con un poco de detalle, tras hacerlo de pasada en el artículo que hice sobre Wes Craven.


La película con la que debutaron Craven y Hess es reconocida hoy como un clásico del cine de terror, visceral y angustiante. Vista hoy día como un reflejo de la sociedad americana en pleno Vietnam, una alegoría sobre el fin de la cultura hippie y el desencanto social que predominaban en la sociedad; en su momento no era más que un inconfeso y polémico remake de El manantial de la doncella (Jungfrukällan, Ingmar Bergman, 1960).

En cierta manera, los defectos de la película contribuyen a su efectividad. La torpeza y la dirección algo estándar de Craven, al fin y al cabo era su primera película, ayudan a crear una incómoda sensación de realismo en las escenas más violentas. Esta sensación de que el espectador es poco más que un voyeur, un testigo de los terribles eventos que tienen lugar en la pantalla como si se tratase de algo real,  viene reforzada por la buena interpretación que hizo el trío de malvados y que contrasta con las interpretaciones ligeramente amateur del resto del reparto.

La parte en la cual Mari (Sandra Peabody) y Phillis (Lucy Grantham) son violadas y torturadas resulta bastante incómoda y desagradable de ver, y ésa era la intención. Sin embargo, el hecho de que sea efectivamente desagradable provocó muchos comentarios negativos y que la película fuera acusada de explotar la violencia en su momento (y diría que aún hoy día), en lugar de criticarla. La segunda parte en la cual los padres se dedican a vengarse podría caer en esa trampa, pero a medida que las capas de civilización de los acomodados Collingwood van cayendo, no se ofrece ninguna exaltación y queda más bien una sensación de desesperanza.

La película en un principio pasó bastante desapercibida. Primero fue conocida como Sex Crime of the Century y más adelante fue distribuida como Krug & Company, en una versión ligeramente diferente en cuanto a montaje (esta versión alternativa de la película, que incluye algún momento eliminado posteriormente, está incluida en la edición en DVD de 3 discos inglesa). Pero estas versiones quedaron enterradas entre un montón de películas exploitation y serie B. Finalmente, Craven reedita la película y se le cambia el título por el que hoy conocemos, y es entonces que el film despega ayudado por una efectiva campaña de marketing copiada del maestro Herschell Gordon Lewis. Y con el éxito llegó la polémica, ya que fue entonces cuando empezó a ser atacada y ser presa de la censura.

Hoy día, como si se tratase de una banda punk de los 70, es reconocida como un clásico del género y presa de diversas lecturas sociales. Este reconocimiento hizo que se hicieran dos remakes. Chaos (2005) fue escrita y dirigida por David DeFalco como una nueva versión no oficial e inconfesa de La última casa a la izquierda de la misma manera que ésta era una nueva versión inconfesa de El manantial de la doncella. En 2009 se estrenó el remake oficial dirigida por el griego Dennis Iliadis, con Craven y Sean S. Cunningham (productor de la original) como productores y valedores del proyecto. Este remake me gustó bastante, especialmente la versión sin censurar incluida en el Blu-ray, ya que consigue ser bastante angustiante y efectiva en diversos momentos, así como cuenta la historia visualmente de una manera más profesional y conseguida. No creo que llegue a ser una experiencia visceral como la original, pero desde luego es una buena película de terror y la recomiendo sin prejuicios.

17 oct. 2011

Erotismo para todos los públicos


¿Qué tienen en común Barbarella (Roger Vadim, 1968) y Gwendoline (Just Jaeckin, 1984)? Pues que ambas adaptaban cómics eróticos pero resultaron en películas que son casi para todos los públicos. De hecho, Barbarella está calificada para todos los públicos, por lo menos aquí. ¿Serían hoy calificadas de la misma manera? No lo sé, pero algo me da que no.

El personaje Barbarella nace en 1962 en las páginas de la revista francesa V-Magazine, surgida de la imaginación de Jean-Claude Forest, popular dibujante de portadas relacionadas con la ciencia ficción. Cuando sus primeras aventuras fueron recopiladas en un volumen en 1964, éste se convirtió en un best-seller de forma inmediata (en Francia los cómics están bien considerados, como una parte más de su cultura) y fue traducido a diversas lenguas, aunque en Estados Unidos los desnudos fueron pudorosamente tapados. Este éxito fue seguramente el que animó a Dino De Laurentiis ha realizar una adaptación cinematográfica de las peripecias de esta aventurera espacial. El proyecto fue a parar a manos de Roger Vadim, que puso a su entonces pareja de protagonista: Jane Fonda (antes de convertirse en la reivindicativa Hanoi Jane).

Entre los distintos guionistas que trabajaron en la película destaca Terry Dr. Strangelove Southern. La presencia de Southern deja claro que la película no pretende en absoluto ser un serio espectáculo especulativo de ciencia ficción sino ser una divertida y desmelenada space opera. La película no fue hecha con la intención de ser tomada en serio, así que no deberíais hacerlo.

Hay varios elementos que hacen de Barbarella una maravilla kistch que merece ser revisitada una y otra vez. La música, los decorados y todo el diseño de producción en general, los esperpénticos personajes (sí, Durand-Durand inspiró la banda pop ochentera Duran Duran, todo el mundo lo sabe) y los paródicos diálogos que adornan las más absurdas y ridículas situaciones. Personalmente, uno de las características que más aprecio de esta película es como capta la space opera europea, más fantasiosa y abstracta que la americana, más preocupada en parecer verosímil y muy basada en la mecánica (aunque hay excepciones, por supuesto, en ambos bandos).


La película también destaca hoy día por la abundante cantidad de sexo y de referencias sexuales que contiene, sobretodo teniendo en cuenta, como decía al principio, de que se trata de una película apta para todos los públicos. Claro, no se muestra nada, pero queda claro qué es lo que pasa. Eso sin mencionar la secuencia de títulos de crédito en los que la protagonista hace un strip-tease en gravedad cero en el cual, a pesar de que se intenta tapar partes del cuerpo con las letras, se ve todo lo que hay que verle a la Fonda.

Esto lo comento no como una crítica, todo lo contrario. Crecí en un entorno nudista, así que desde pequeño me acostumbré a ver gente desnuda como algo natural. Más bien lamento que ya no vivamos en una época que tenía tan pocos prejuicios y que parecía mucho más desenfadada en ése aspecto. Barbarella es una película en la que el sexo se presenta de forma humorística y nunca de forma explícita. Desde mi punto de vista, la calificación es acertada.

Desde finales de los 90 se viene comentando el proyecto de hacer un remake de Barbarella. Teniendo en cuenta que el proyecto viene de mano de productoras americanas, me imagino que harían una "actualización" de la película para que la disfrute una audiencia "moderna". Supongo que, en el caso de que se hiciese, significaría una película de aventuras espaciales donde primase la acción. En todo caso, sería una versión desexualizada. La original fue una producción franco-italiana, con lo cual se entiende un poco mejor la manera desprejuiciada en que se presentaba el elemento sexual.

De todas formas, animo a todo el mundo que no la haya visto a disfrutar de esta maravilla con naves de terciopelo, hombres alados y máquinas capaces de matar a golpe de orgasmo.


Gwendoline fue una producción francesa dirigida por Just Jaeckin, director que se había dado a conocer con Emmanuelle (1974) y que dirigió otros clásicos del cine erótico chic como Historia de O (Histoire d'O, 1975) y El amante de Lady Chaterley (Lady Chatterley's Lover, 1981).

La película adaptaba el cómic Las aventuras de la dulce Gwendoline (The Adventures of Sweet Gwendoline), creado por John Alexander Scott Coutts bajo el pseudónimo John Willie (creador también de Los peligros de Pauline, adaptada en forma de serial en 1914). Gwendoline era un cómic abiertamente erótico y sexual, publicado entre mediados de los 40 y 50, centrado en el bondage.

Pero mientras el cómic era algo destinado en exclusiva al público adulto, no lo tengo tan claro con su versión cinematográfica.

He de aclarar, antes de nada, que esta película no me gustó demasiado, me dejó bastante indiferente, pero resulta bastante adecuada para el tema que quería tratar hoy, por eso hablo de ella, pero no la recomiendo.

En Gwendoline hay una total ausencia de sexo, es decir, no se muestra ni se sugiere ningún tipo de relación sexual. Todo el elemento erótico, si se puede calificar de esta manera, es mostrar mujeres ligeras de ropa correteando mientras les caen encima ruinas milenarias. De hecho, si no fuera por algunas escenas violentas, podrían verla niños perfectamente. En Estados Unidos recortaron todos los elementos que podrían ser considerados "problemáticos" y se estrenó como una típica película de acción y aventuras bajo el título The Perils of Gwendoline in the Land of the Yik Yak con un póster que obviamente intentaba aprovecharse del éxito de las aventuras de Indiana Jones:


La película desperdicia la oportunidad de hacer una recuperación de las aventuras pulp y de los seriales clásicos, usando un tono casi infantil en el modo de narrar las aventuras de Gwendoline (Tawny Kitaen) en busca de su padre desaparecido. El escaso talento interpretativo de los actores y actrices no ayuda a la hora de despertar el interés del espectador, así como la total ausencia de carisma por parte del aventurero Willard (Brent Huff).

El resultado final es una cinta que a ratos parece una película de aventuras para toda la familia no muy interesante salpicada ocasionalmente de alguna escena violenta y de alguna mujer en top-less, nada peor de lo que se puede encontrar cualquiera en una playa normal y corriente.

14 oct. 2011

Ni uno, ni dos, ni tres... ¡2000 maníacos!


La entrada que hizo ayer Dr. Gonzo en su blog me recordó que hacía mucho tiempo (demasiado) que no hablaba de Herschell Gordon Lewis por aquí. Comentada la legendaria película con la que creó todo un subgénero, la mejor que hizo fuera del gore y una de las que más me gustan, llega el momento de comentar la que posiblemente sea una de las más famosas y populares que ha hecho: la absolutamente genial 2000 maníacos (Two Thousand Maniacs!, 1964).

Tras el increíble éxito de taquilla que fue  Blood Feast (1963), Lewis y su compinche y productor David F. Friedman se reunieron y pensaron "¿y si hacemos una película que sea buena?" (extraído de los comentarios incluidos en el DVD). Con la intención de hacer una película que superase Blood Feast en sangre y calidad nació 2000 maníacos. Lewis se inspiró en el musical Brigadoon, que Vincente Minelli llevó al cine en 1954, para escribir la historia de seis despistados turistas norteños que son atraídos a un curioso pueblo sureño en el cual serán eliminados uno a uno, si no pueden hacer algo para evitarlo.

Todos aquellos que disfrutaban con el ultraviolento humor de los dibujos de la Warner (y que deseaban que el Coyote acabase con el maldito Correcaminos) es posible que se diviertan sobremanera con esta película, ya que tiene el mismo tono de comedia a lo Looney Tunes que llenó nuestra infancia de alegres y brutales despropósitos. Ya en el inicio queda claro este tono humorístico cuando vemos a unos de los susodichos 2000 maníacos de la ciudad Pleasant Valley cambiar los letreros de la carretera para atraer víctimas con la misma alegría que Wile E. Coyote preparaba sus trampas.


La alegría y diversión con que los ciudadanos de Pleasant Valley se contagia al espectador de forma inevitable, provocando que éste espere ansioso ver cuál será la siguiente animalada que se les ocurrirá. A ello también contribuye la desmelenada música bluegrass de la película, una de cuyas canciones fue escrita e interpretada por el propio Gordon Lewis. Otro factor que contribuye a disfrutar la película es que mientras los 2000 maníacos son bastante coloridos e identificables, las víctimas son bastante sosas y aburridas. Dos de estas víctimas son los protagonistas Connie Mason, actriz (es un decir) seleccionada simplemente por haber salido en Playboy, y el habitual de Lewis William Kerwin, alias Thomas Wood, ambos ya presentes en Blood Feast.

La popularidad de esta película de Lewis se ha mantenido intacta a lo largo de los años. El fanzine de Manuel Valencia dedicado a la caspa y el gore 2000 Maníacos es un ejemplo de ello. Y en estos tiempos, esta popularidad trae consigo la producción de un remake: 2001 maníacos (2001 Maniacs, Tim Sullivan, 2005).

Protagonizada por Robert Englund, la película intenta capturar el tono y el estilo del film original. Lo cierto es que no lo consigue, ya que no se puede capturar el encanto de los años 60 en el siglo XXI (nótese la ausencia de signo exclamativo en el título de la nueva versión), pero no por ello la película deja de ser entretenida. Aunque tampoco es que la recomiende, tiene sus momentos divertidos pero es una película bastante mala. Sin embargo, tuvo suficiente éxito como para que se hiciera una secuela: 2001 Maniacs: Field of Screams (Tim Sullivan, 2010), que no he visto ya que por el tráiler me pareció bastante mala (pero no lo bastante como para verla).

Siendo Lewis un experto publicista (campo en el cual lleva una prestigiosa carrera llena de premios), fue él el creador del famoso "para evitar desmayos, repita una y otra vez: es solo una película, es sólo una película" para su filme Color Me Blood Red (1965) sobre un pintor psicópata, tanto el tráiler como el póster de la película son bastante buenos y memorables, casi tanto como la película.

13 oct. 2011

Jo, ¡qué noche! (After Hours)


Este martes pasado, aprovechando que el miércoles era fiesta, salí a cenar y de fiesta con un@s amig@s. De modo que ayer me pasé el día recuperándome, tirado en el sofá viendo documental tras documental tras documental de Star Wars (por fin terminé de ver todo el material extra del pack, ¡yupi!). Pero no voy a hablaros de la saga galáctica, como ya habréis deducico, sino del clásico de la comedia negra Jo, ¡qué noche! (After Hours, Martin Scorsese, 1985).

Salir de noche por Barcelona siempre me recuerda esta película, especialmente por la zona por la que habitualmente vamos. El Gótico es un barrio de callejuelas laberínticas donde te puedes encontrar locales de diversa índole y mucha gente extraña. Bares musicales heavys al lado de locales de música funky, power pop y música indie al lado de bares flamencos, la atmósfera (aunque más festiva) resulta reminiscente de la que aparece en el film de Scorsese. Una atmósfera que te indica que es un lugar en el que cualquier cosa puede pasar.

Tal vez por eso, la película de Scorsese me parece una genial comedia negra, que al mismo tiempo se hace bastante real a pesar de lo extremo de las situaciones que aparecen reflejadas en ella. Sobretodo porque la situación básica que inicia la trama es una en la que me he encontrado alguna vez. Ir con una chica guapa que acabas de conocer hasta un local gótico con esqueletos colgados de las paredes o una disco de ambiente con música kitsch porque tienes la esperanza de formar con esta chica una bestia de dos espaldas cruzándote con gente cada vez más extraña, ¿a quién no le ha pasado alguna vez?

El guion fue escrito por Joseph Minion como proyecto de fin de carrera. Pero cuando la película entró en producción se descubrió que parte del guion lo había plagiado Minion de un monólogo de Joe Frank titulado Lies. Esto provocó una denuncia por parte de Frank que acabó en un favorable acuerdo económico para él aunque no se le atribuye ningún mérito en los títulos de crédito. Aquí tenéis un enlace en el cual podéis escuchar el monólogo de Frank, que encontré en la página web Panopticist.com: Joe Frank's Lies.

Para los que no tengan ganas de escucharlo (aunque es muy bueno), os aclaro que las partes copiadas del monólogo son: un hombre conoce a una extraña pero atractiva mujer en una cafetería por la noche, la llamada nocturna que le hace el hombre a la mujer, el hombre pierde cinco dólares por la ventanilla del taxi y no puede pagar (el taxista en la película está interpretado por Larry Block, amigo y colaborador de Joe Frank), la compañera de piso artista que hace pisapapeles con forma de rosquilla y que sirve de excusa para la cita, que la mujer le abre la puerta vistiendo sólo una bata, la bata se abre lentamente mientras están sentados hablando, la mujer le cuenta una historia de un hombre que la violó entrando en su casa por la escalera de incendios y la historia del ex marido de la mujer. Las historias de Joe Frank, que emite en la radio pública americana, tienen el mismo tono oscuro de realismo pesadillesco mezclado con comedia de la película.

Dejando de lado este desagradable asunto, la película destaca por la grandiosa dirección de Martin Scorsese (¡y pensar que estuvo a punto de ser dirigida por Tim Burton!) que le añadió un demente toque paranoico al conjunto. Scorsese dirige la película como si fuera un film de suspense o terror, con elaborados movimientos de cámara (según IMDB, la intención de Scorsese era parodiar el estilo de Alfred Hitchcock, no sé si la intención real era esa pero Scorsese tiene costumbre en sus filmes de homenajear a sus directores favoritos -sólo tenéis que escuchar el comentario que hace en Taxi Driver (1976, aquí y aquí) y oír todas las referencias cinematográficas que incluyó- así que es posible que hiciera referencias a Hitchock ya fuera como inspiración o como parodia-). La banda sonora de Howard Shore enfatiza el estilo del director, siendo a un mismo tiempo inquietante y juguetona.

La estructura de la película recuerda a la de las comedias mudas de slapstick, en las cuales las patochadas e incidentes aumentan de aparatosidad hasta llegar a un apoteósico clímax. De la misma manera, la intensidad de la horrible y kafkiana noche del protagonista, un adecuado Griffin Dunne, aumenta exponencialmente. Finalmente, la conclusión de la película le da un toque circular, que siempre queda bien, y enfatiza la naturaleza perdedora de su protagonista.

De la larga y brillante filmografía de Scorsese, ésta es una de mis películas favoritas del director. Técnicamente, me fascina como construye cada plano y realiza cada movimiento de cámara; cada escena es brillante, gracias también a como las edita Thelma Schoonmaker, colaboradora habitual del director. A pesar de las partes plagiadas, el guion resulta también muy destacable, creando una divertida serie de catastróficas desdichas para disfrute del espectador.

11 oct. 2011

Panteras


El productor Val Lewton y el director Jacques Tourneur crearon, a principios de los años 40, unas atmosféricas películas de terror que se han convertido en clásicos. Por supuesto, en el momento de su concepción no eran más que películas de bajo presupuesto producidas por la RKO, hechas con la intención de competir con las producciones de la Universal.

La primera de estas producciones fue La mujer pantera (Cat People, 1942).

La mujer pantera fue un gran éxito de taquilla. Se dice que estuvo tanto tiempo en cartel que los críticos que en un primer momento la vieron y la pusieron a caldo, volvieron a verla y se retractaron de sus primeras críticas. Además, retrasó el estreno de las siguientes películas de Tourneur: Yo anduve con un zombie (I Walked with a Zombie, 1943) y El hombre leopardo (The Leopard Man, 1943). ¿Qué tenía esta película que atraía a multitudes de espectadores?

El bajo presupuesto que tenían para hacerla, hizo que Lewton y Tourneur agudizaran sus ingenios al máximo para poder ofrecer un espectáculo inolvidable. Desarrollaron una estética basada en el suspense y las sombras, en la insinuación y la sugerencia. Tourneur desarrolló además una manera de crear tensión para luego liberarla en un incidente aparentemente inofensivo que se sigue haciendo hoy día. De modo que la próxima vez que veáis una película en la cual su protagonista parece estar en peligro y luego resulta que sólo es un gato o alguien que le pone la mano en el hombro, pensad que Tourneur fue el primero en hacerlo hace casi 70 años.

Esta atmósfera fue conseguida a pesar de la insistencia de los ejecutivos del estudio de que se tenía que ver más al monstruo, para eso pagaba la gente la entrada de cine. Pero la pareja de productor y director se mantuvieron firmes. Además, lo que atraía a los espectadores a ver la película no era la pantera asesina, sino otra cosa: el sexo.

La mujer pantera trata sobre la represión sexual y el miedo al sexo. El código censor, implantado a mediados de los años 30 en Estados Unidos, desterraba cualquier referencia sexual, por mínima que fuera, de las pantallas. Sin embargo, eliminar la expresión artística una parte fundamental de la naturaleza humana no iba a ser fácil. Las películas exploitation de la época, proyectadas en espectáculos itinerantes y fuera de los circuitos de las grandes productoras de cine, ofrecían sexo en abundancia, justificándolo como películas educativas, con el objetivo de saciar la curiosidad de los espectadores. Pero las producciones de cine más "serias" debían recurrir a otros métodos. Por otro lado, las teorías freudianas sobre la psicología humana y el psicoanálisis estaban de moda en Hollywood, que llenó sus películas de psicólogos y pseudopsicología.

Así, si bien hoy día el subtexto sexual del film es bastante evidente, en aquella época podía pasar desapercibido por muchos espectadores, pero la sensación se mantenía.

Hecha con la obvia intención de aprovechar el éxito de La mujer pantera, la secuela La maldición de la mujer pantera (The Curse of the Cat People, Gunther von Fritsch y Robert Wise, 1944) no tiene apenas relación con la película original y resulta bastante aburrida y poco interesante, a pesar de contar con Val Lewton en la producción y ser escrita por el mismo guionista que la primera, DeWitt Bodeen.

Al fin y al cabo, la historia gira en torno a una maldición que provoca que la pobre Irena (Simone Simon) se transforme en una criatura sedienta de sangre si se excita o tiene cualquier tipo de contacto sexual. Lo que provoca una tremenda frigidez en Irena y una gran frustración en su marido Oliver Reed (Kent Smith). Como no podía ser de otra manera, el psicólogo Loius Judd (Tom Conway) intentará ponerle remedio convencido que los miedos de Irena tienen un origen bastante natural y poco sobrenatural. Oliver, obviamente cargado, se confía en su amiga Alice (Jane Randolph), más que dispuesta a consolarlo, provocando finalmente que la naturaleza bestial de Irena salga a flote.

En una época donde no había mucha información y una gran represión de cualquier cosa que pudiera ser considerada inapropiada por parte de grupos tremendamente moralistas, el sexo podía adquirir una dimensión mítica y, en cierta forma, monstruosa. Y no estoy seguro de que esto forme parte del pasado, de modo que la alegoría de La mujer pantera, como la represión puede convertir algo natural en monstruoso, puede seguir siendo válida hoy día.

Por supuesto, si en 1942 el sexo formaba parte del subtexto de la película. En el remake de 1982, El beso de la pantera (Cat People, Paul Schrader), el sexo ya no se escondería y sería bastante evidente.


Creo, sinceramente, que este remake supera de largo el original. Los efectos especiales de Albert Whitlock, la música de Giorgio Moroder -incluida la aportación de David Bowie-, el reparto -que incluía a Malcolm McDowell y las bellas Nastassja Kinski y Anette O'Toole-, pero, especialmente, la dirección de Paul Schrader hacen de esta película un clásico de culto, ya que no tuvo mucha suerte con la taquilla en su momento.

El guion aparece acreditado a Alan Ormsby, pero Paul Schrader se encargó de reescribirlo, de manera que le añadió toda una trama en torno a la obsesión y la pasión. La fascinación y obsesión que siente Oliver (John Heard) en la película por Irena (Kinski) es un reflejo de la fascinación que provocaba Kinski en Schrader, los cuales mantuvieron un romance durante el rodaje de Cat People que terminó al acabar la filmación.


Por si fuera poco, se le añadieron a la película sus buenas dosis de masoquismo e incesto, para animar un poco la trama. Sólo manteniendo relaciones sexuales con otros de su misma familia, Irena y Paul (McDowell) pueden evitar transformarse en criaturas sedientas de sangre, lo que provoca no pocos conflictos en Irena que no preocupan demasiado a Paul, el cual no tiene muchos miramientos a la hora de comerse a diversas mujeres, tanto literal como figurativamente.

De este modo, mientras la película avanza como una película de terror habitual, la manera que tiene Schrader de reflejar los diferentes aspectos sexuales que adornan la trama la convierten en algo diferente. Es la manera personal que tiene Schrader de representar lo que en manos de otro director habría sido una típica película de terror normal lo que eleva el film.



10 oct. 2011

Jeepers Creepers


Original (en su momento) película de terror, Jeepers Creepers (Victor Salva, 2001) se estrenó sin mucho bombo y platillo para convertirse en lo que los americanos llaman sleeper, un éxito inesperado. Producida sin mucho dinero pero con bastante estilo, gran parte de la efectividad de la película radica en cómo manipula las expectativas del espectador durante su primera parte. Fue seguida de una desangelada secuela, no muy efectiva, y Victor Salva, guionista y director de las dos, prepara una tercera parte para estrenarla el 2013.

Hasta aquí sería el típico comentario de una película de estas características. Sin embargo, mientras buscaba información interesante sobre el film, descubrí que Victor Salva fue condenado por abuso de menores (abusó sexualmente del actor infantil que actuó en su película Clownhouse (1989)), por lo que cumplió una condena de un año y unos meses en la cárcel y le fue concedida la libertad condicional en 1992. La condena fue una sorpresa para su mentor Francis Ford Coppola, productor de sus filmes convencido del talento como cineasta de Salva, y mantuvo largas conversaciones con Salva en la cárcel para intentar entender que fue lo que pasó. Al parecer, Salva fue él mismo víctima de abusos físicos y psíquicos por parte de su padrastro alcohólico, lo que le provocó toda una serie de traumas. Desde que fue liberado, Salva dio un giro a su vida, no ha vuelto a cometer ningún crimen y ha luchado por conseguir financiación para sus películas, algo difícil a pesar de contar con el apoyo de Coppola.

Cuando descubrí todo esto tuve una primera reacción de rechazo hacia la película de Salva. Luego me di cuenta de lo absurdo que era. Es decir, la película seguía siendo la misma, pero, por lo que hizo Salva a finales de los 80, ¿de repente tenía que dejar de gustarme? Salva cumplió condena por lo que hizo (periodo durante el cual recibió abundantes palizas por parte de los otros presos), y no ha vuelto a cometer ningún tipo de abuso ni crimen, dedicándose a intentar tirar adelante su carrera como cineasta. Concluí que se trata de un hombre que ha pagado por sus crímenes e intenta redimirse a través del arte. Y luego pensé en Roman Polanski. Polanski mantuvo relaciones sexuales con una niña y huyó de Estados Unidos para no ser condenado por el mismo crimen que Salva (razón por la cual Polanski no ha vuelto a poner un pie allí para no ser encarcelado). A pesar de no haber cumplido condena de ningún tipo, Polanski es un respetado director y no ha tenido problemas en desarrollar diferentes proyectos. Algunas de mis películas favoritas las ha dirigido Polanski.

Por tanto, como alguien sabio dijo alguna vez, se trata del arte y no del artista. Consecuentemente, juzgaré las películas por si mismas, no por quien las haya hecho.

Y lo cierto es que Jeepers Creepers es una entretenida película de terror. Su inicio recuerda conscientemente a El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971), para plantar en el espectador la idea de que se trata de una película de psicópatas normal y corriente. Pero a medida que la historia avanza, se van descubriendo nuevas capas, hasta revelarse como una intensa monster movie.

Patricia (Gina Philips) y Darry (Justin Long), la pareja de hermanos protagonista, no son unos personajes de los que te enamoras, pero tampoco son especialmente irritantes. Parecen personas normales y corrientes, con sus momentos buenos y malos. De todas maneras, lo normal de los hermanos protagonistas hace que destaquen más los personajes peculiares que pueblan el film.

Pero lo que más me atrae (y razón por la que la vi en el lejano 2001), es su aspecto de película de carretera. Siempre he tenido debilidad por las road movies de terror, aunque no he visto muchas que sean realmente buenas, creo que por lo indefensos que parecen los personajes en sus coches. Cualquier cosa te puede pasar en la carretera, te puedes encontrar con cualquiera en la carretera. Y Jeepers Creepers empieza como una pura película de carretera, y, aunque luego cambia, nunca acaba de abandonar la senda peligrosa de la que tantos conductores han de tener cuidado.

Tratándose de una monster movie, es inevitable mencionar la criatura contra la que se enfrentan los protagonistas. La criatura funciona, creo, porque mezcla elementos clásicos de los villanos monstruosos que hemos visto en el pasado, lo que da como resultado, paradójicamente, una criatura bastante original y característica.

En conclusión, recomiendo esta película de terror a aquellos que no la hayan visto, para poder luego regodearse a gusto comentando lo malas que son las películas de ahora por comparación. Es entretenida y tiene sus toques de humor negro, además de una buena serie de escenas cargadas de suspense.