30 abr. 2012

Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell)


Cuando salí del cine tras ver Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell, Sam Raimi, 2009) tuve la sensación de que me había encontrado con un amigo del que hacía tiempo que no sabía nada. Era la sublime sensación de haberme reencontrado con el genial Sam Raimi de los primeros tiempos, antes de que fuera desgastado por las grandes productoras.

Tras la excelente Un plan sencillo (A Simple Plan, 1998), las siguientes películas de este director fueron poco menos que decepcionantes: la insulsa comedia romántica Entre el amor y el juego (For Love of the Game, 1999) -que es cierto que sólo la rodó para poder hacer Un plan sencillo pero no deja de ser decepcionante- y la mediocre Premonición (The Gift) (The Gift, 2000). Luego se dedicó a las películas de Spiderman, sobre las que tengo sentimientos encontrados y prefiero no alargarme demasiado sobre ellas, simplemente que durante una escena de la segunda -y creo que mejor de las tres- sí que se veían atisbos del Sam Raimi que recordaba -entonces- con cierta nostalgia. Tras la tercera, Raimi y Sony no se pudieron poner de acuerdo en como enfocar la siguiente entrega de Spiderman y Raimi acabó abandonando el proyecto, dedicándose a seguir produciendo películas malas mediante su sello Ghost House y a proyectos televisivos.

Y de repente nos llegó Arrástrame al infierno, una película que reunía todos los elementos que hicieron que nos enamoráramos de Raimi (hablando figuradamente) y su particular estilo de contar una historia.

Lo curioso de esta película es que aparentemente se realizó con un espíritu retro y fue calificada para mayores de 13 años pero resulta más intensa, demoledora y moderna que casi todas las películas de terror que se estrenaron el 2009. Además, después de haberla visto varias veces (una en el cine y luego varias en Blu-ray), también he descubierto que hay bastantes más cosas que transcurren por el fondo de lo que se ve a primera vista.

La película se abre con un logo antiguo de la Universal, el de 1980. Esta es una manera rápida y directa que tienen los directores de anunciar sus intenciones respecto a lo que vamos a ver y denota cierta actitud que acaba haciendo interesante la película (una de mis reglas personales es que toda película que empieza con un logo antiguo del estudio es buena -y hasta ahora no ha fallado-, siendo la excepción la penosa precuela/remake de La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982) que puso el logo equivocado -el de los años 90- en lugar del mismo que aparecía en La cosa que es el que aparece en Arrástrame al infierno). La intención de Raimi queda bastante clara: ofrecer al público una película de terror hecha con la mentalidad roller coaster de los 80, mezclada con la intensidad de los 70.

Raimi muestra una habilidad asombrosa a la hora de crear un tono serio de terror pero, al mismo tiempo, provocar risas en el espectador. No se trata de una comedia, se trata de que la misma intensidad emocional y la exagerada naturaleza de las perrerías que le suceden a Christine Brown (Alison Lohman) toca diversos nervios, mezclando respuestas de miedo, asco, repugnancia y carcajada histérica, muchas veces todas al mismo tiempo.

Esta intensidad, esta fiereza y esta implacable forma de atacar al espectador (y a la pobre Christine) sorprende más aún teniendo en cuenta de que se trata de una película para mayores de 13 años. Las calificaciones no deberían decir nada sobre la calidad intrínseca de la película, pero en películas procedentes de Estados Unidos, lo hace. Y lo hace especialmente a partir de los años 90. Es a partir de entonces que surgen las películas de terror PG-13, destinadas a un público adolescente. Todas ellas sin excepción muy malas, ya que no estamos en los 70 y los 80, décadas en las cuales el hecho de que una película fuera para todos los públicos no era tan grave: Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) es apta para todos los públicos y tremendamente efectiva aún hoy día. Pero las modernas PG-13 indican que son películas de terror pensadas para adolescentes, suaves y no demasiado exigentes, películas que no cruzarán ciertas líneas, películas que se resumen en una palabra: seguras. Y si hay algo que las películas de terror no han de ser son seguras. Es también por ello que estoy en contra de las reglas que se han de aplicar a la hora de entrar en algún subgénero del terror: las películas de terror no han de tener reglas.

Esto convierte Arrástrame al infierno en una película casi subversiva en el modo que cruza todas las líneas y rompe todos los tabúes imaginables. Arrástrame al infierno se descubre como una película que no es segura y en la que cualquier cosa es posible.

Esta actitud también se aplica a su heroína. Originalmente, el primer guion de Arrástrame al infierno fue escrito poco después de El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1992), con Bruce Campbell en mente para el papel protagonista. Unos cuantos años más tarde, Sam Raimi y su hermano Ivan se pusieron a reescribir el guion para que fuera protagonizado por una mujer (originalmente iba a ser Ellen Page que -por suerte- abandonó la película en favor de otro proyecto). A pesar de ello, en Christine Brown podemos ver algunas de las características que adornaban el Ash de Bruce Campbell, más allá del castigo al cual es sometida a lo largo del film. Brown se rebela como una cobarde, una hipócrita que traiciona sus principios y además lleva a cabo acciones moralmente reprensibles. En definitiva, se parece más a una persona normal que las santas que habitualmente se encuentran en el cine de terror. Además, convertir a la protagonista en banquera hace que se toquen temas socialmente relevantes, pero de un modo bastante sutil (o tan sutilmente como puede hacerlo Sam Raimi).

Con un tono que recuerda a Terroríficamente muertos (Evil Dead II: Dead by Dawn, 1987), la película hace diversas referencias a otras cintas de terror, principalmente a la propia trilogía Evil Dead, pero en ningún momento se hace nostálgica o retro, mantiendo en todo momento apretado el acelerador. La película es emocionante, intensa, divertida y atmosférica, también gracias a la excelente banda sonora de Christopher Young, y proporciona al espectador una experiencia extremadamente disfrutable. Sin embargo, la película no acabó de funcionar en taquilla, lo que quizá llevó a Raimi a embarcarse en proyectos más seguros como producir un remake de Posesión infernal (The Evil Dead, 1981) y producir un remake de Poltergeist (Tobe Hooper(?), 1982). Es una lástima, porque hasta que vi Arrátrame al infierno no me di cuenta de lo que había echado en falta al viejo Sam Raimi.

27 abr. 2012

Los Vengadores (Marvel's The Avengers)


Los Vengadores (Marvel's The Avengers, Joss Whedon, 2012) es la maravilla que prometía ser y más. Es épica a una escala cósmica como debería ser un película protagonizada por Los Vengadores, es pura acción y aventura, sublime entretenimiento en estado puro. Recuerdo que cuando acabé de ver la tercera entrega de los Transtruños estaba cansado, agotado y me dolía la cabeza; en cambio al acabar de ver Los Vengadores me sentía feliz, contento y extasiado ante el gran espectáculo que acababa de ver. Y no he sido el único, he ido a ver la película en la sesión matinal para ahorrarme aglomeraciones (y porque me moría por verla) y la sala estaba bastante llena para la hora que era. Me he fijado en la gente al salir y todos compartían la misma cara de felicidad. Supongo que también porque todos los que estábamos a esa hora éramos fans del género.

Por cierto, he ido a ver la película en 2D porque estoy aburrido de las 3D. A mí las 3D me sacan de la película y no contribuyen a hacer la experiencia más disfrutable. Un buen director, un buen guion y unos buenos actores son toda la 3D que necesito para meterme dentro de una película. Además, Los Vengadores no fue rodada en 3D sino convertida a posteriori, avisados quedáis.

En toda la película sólo me he topado con un punto negativo: Scarlett Johansson es tan creíble en el papel de Viuda Negra como podría serlo yo. Es realmente negada y en absoluto adecuada para representar al personaje. En contraste, el nuevo nuevo Hulk Mark Ruffalo está muy bien como el doctor Bruce Banner.

Una de las ventajas que tiene este film es que como los personajes y el universo ya han sido presentados y desarrollados en anteriores películas se puede centrar en contar una historia lo suficientemente épica para involucrar a todos los personajes heroicos sin necesidad de sacrificar narración para introducir cada personaje. La otra gran ventaja es que es una película de Joss Whedon.

No sólo soy un fan de los cómics, también soy un fan de Whedon desde los tiempos de Buffy. Y en esta película la personalidad de este autor esta presente no sólo en que cuenta con un guion sólido y bien trabajado: los diálogos son brillantes como suele ser habitual en él, llenos de chistes, referencias y fraseados ingeniosos (en la VO, claro), además combina momentos de personajes realmente divertidos con otros trágicos en un equilibrio perfecto. Hay una escena entre Hulk y Thor hacia el final que me hizo reír a carcajadas y al minuto siguiente me tenía al borde del asiento en una escena llena de tensión. Y si sois seguidores de Whedon también sabréis que hay dos cosas que se le dan muy bien: los diálogos y matar personajes.

No sé de que otras maneras decir lo fantástica y genial que es esta película sin destripárosla y prefiero que la vayáis a ver sin saber nada. Son Los Vengadores según Joss Whedon, ¿qué más necesitáis saber? Por cierto, si sois seguidores de los cómics, hay una aparición muy especial en los títulos de crédito que hará que os excitéis como un niño con un subidón de azúcar. Es una nueva muestra de lo bien que están haciendo las cosas en Marvel. Por el otro lado, la Warner sigue haciendo churro superheroíco tras churro superheroíco, exceptuando las últimas de Batman, la de los Watchmen y algún Superman. Hace nada se ha anunciado que en su infinita sabiduría los de la Warner han contratado a Brad Peyton para dirigir la adaptación de Lobo. Porque, lógicamente, quieres poner al frente de la versión cinematográfico de un personaje protagonista de historias ultraviolentas, hiperbólicas y cargadas de un humor surrealista y bestial al director de películas infantiles como Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa (Journey 2: The Mysterious Island, 2012) y Como perros y gatos: La venganza de Kitty Galore (Cats & Dogs: The Revenge of Kitty Galore, 2010). Seguro que es la persona adecuada. Irónicamente, Whedon fue a parar a Los Vengadores tras un tiempo trabajando en la Warner intentando hacer una película sobre Wonder Woman que no acabó de cuajar. ¡Bien hecho, Warner!

En fin, Los Vengadores de Joss Whedon es genial, fabulosa, sublime, increíble y todo lo que se os ocurra para decir que una peli mola que te cagas. Sólo me queda añadir una cosa:

¡VENGADORES REUNÍOS!

26 abr. 2012

Los terribles crímenes de la Condesa Sangrienta ficcionalizados para vuestro placer


Erzsébet Báthory (1560-1614) es una de las más infames y notorias asesinas en serie de la historia. Se calcula que sus víctimas llegan a las 650, una sed de sangre que se pudo saciar en parte gracias a los privilegios con los que contaba la nobleza entonces. Sin embargo, su monstruosidad llegó a un punto en que ni siquiera los privilegios de clase evitaron que recibiera castigo. No cometió sola las matanzas, torturas y asesinatos a los que se entregó con pasión: recibió la ayuda de sirvientes que se vieron arrastrados por la locura de su señora.

Obsesionada con la belleza eterna que creía podía conseguir bañándose en la sangre de doncellas vírgenes, resulta un personaje tan exagerado, único y monstruoso que ha cautivado a incontables artistas que se han visto inspirados por esta sangrienta figura histórica, aún hoy día. Sirvan como ejemplo de ello las películas The Countess (Julie Delpy, 2009) y Bathory (Juraj Jakubisko, 2008).

Antes de entrar en materia cinematográfica, me gustaría recomendaros dos libros sobre la Condesa Sangrienta que están unidos entre sí, no solo por tratar el mismo personaje histórico. El primero es La condesa sangrienta de Valentine Penrose, editado por Siruela. Penrose fue una poetisa francesa adscrita al movimiento surrealista y originalmente publicó su biografía de Erzsébet Báthory en 1962. El libro resulta una lectura absorbente y muy interesante, especialmente por el contraste entre la bella prosa de Penrose y los atroces actos que describe con ella. Se crea así una obra terrible y hermosa al mismo tiempo.


Igualmente terrible y hermoso es La condesa sangrienta, libro que combina un texto de Alejandra Pizarnik con unas increíbles ilustraciones de Santiago Caruso (las dos ilustraciones de este artículo están sacadas de este libro), editado por Libros del Zorro Rojo. Pizarnik, otra poetisa, analiza el texto de Penrose y reflexiona sobre la figura de Báthory. Las ilustraciones de Caruso representan la sangrienta monstruosidad de la historia sustituyendo el rigor histórico del texto representando de forma alegórica, metafórica y surrealista los eventos.

A la hora de seleccionar las películas que más me habían gustado que contaran con la figura de la condesa de forma prominente he tropezado con la peculiar circumstancia de que la mayoría ya las había comentado anteriormente en el blog. Son películas que transforman a Báthory en una vampiresa, transformada de ser humano a criatura sobrenatural. Jacinto Molina alias Paul Naschy utilizó a la condesa como contrapunto malvado de su maldito hombre lobo en dos ocasiones principalmente: primero de forma breve en El retorno de Walpurgis (Carlos Aured, 1973) y luego como antagonista en El retorno del Hombre Lobo (Paul Naschy, 1981). Otra película en la que pensé inmediatamente fue la también comentada El rojo en los labios (Les lèvres rouges, 1971), deliciosa combinación de terror y erotismo que nos presenta a la condesa como una decadente vampira, acompañada de una fiel y bella ayudante, Ilona (Andrea Rau).

Comentadas ya esas películas en su momento, he decidido poner aquí dos más, que espero sean de vuestro interés.

En primer lugar tenemos la producción Hammer La condesa Drácula (Countess Dracula, Peter Sasdy, 1971). Realizada con el ánimo de capitalizar el éxito de las películas protagonizadas por el conde Drácula, unido a la adición del contenido erótico que la Hammer empezó a introducir en sus films para aumentar beneficios. Ingrid Pitt encarna en esta ocasión a la condesa Báthory, rebautizada como Elizabeth Nodosheen en el film aunque en los títulos de crédito aparece un retrato de la auténtica condesa Báthory. La condesa ve con horror que su belleza se ha marchitado con los años. Descubre entonces que la sangre de una doncella la rejuvenece. De forma tan efectiva que empieza a hacerse pasar por su propia hija en orden de disfrutar de su rejuvenecido cuerpo. Sasdy es húngaro, así que supongo estaría familiarizado con la historia real (de hecho, participó en el guion) y había dirigido una de las entregas de la saga de Drácula, por lo que parecía el director ideal para dirigir esta película.

Y, en parte, lo fue.

El film mezcla la intriga histórica, que la Hammer ya había tocado anteriormente en films como Rasputín (Rasputin: The Mad Monk, Don Sharp, 1966), con el terror gótico habitual de la compañía. Pero al tener más peso las intrigas entre los personajes, el aspecto terrorífico queda algo deslucido. Eso no quiere decir que el film no sea entretenido, pero no tiene el interés de las películas que protagonizara Christopher Lee. Teniendo en cuenta que la película se titula La condesa Drácula, es de esperar que el terror gótico tuviera más peso que la intriga.

De todas formas, es un film como ya he dicho entretenido y la siempre grata presencia de Ingrid Pitt hace que sea fácil de ver.




Ceremonia sangrienta (Jordi Grau, 1973) es una película curiosa en el sentido de que es un acercamiento fiel a los auténticos hechos históricos pero está protagonizada por una descendiente de la condesa y ambientada a principios del siglo XIX.

Lucía Bosé es Erzebeth Bathory, cuya triste existencia transcurre en el palacio de su marido, el marqués Karl Ziemmer (Espartaco Santoni). Dejada atrás su juventud, la marquesa ve con tristeza como su marido pierde el interés por ella y se dedica a perseguir jovencitas y cazar con sus halcones. Como os podréis imaginar, la marquesa creerá, con la ayuda de su nodriza (Ana Farra) que la sangre de doncellas vírgenes hace que recupere la juventud perdida. El marqués ve esto como una oportunidad para dar rienda suelta a sus más bajos instintos y se hará pasar por vampiro, secuestrando jóvenes muchachas que matará para que su sangre sea utilizada como macabra crema cosmética.

El film de Grau resulta interesante a diferentes niveles. En lugar de construir una típica película de vampiros gótica como se había hecho anteriormente, Grau adopta un estilo realista y nos presenta una sociedad presa de la superstición y la ignorancia. Al principio del film asistimos a un esperpéntico juicio que se hace a un supuesto vampiro: el cadáver del que había sido médico del pueblo (que más adelante podemos sospechar que era un asesino en serie y que mantuvo relaciones incestuosas con su hija). A puerta cerrada, las autoridades se toman a broma todo el asunto pero prefieren mantener la farsa para tener al pueblo contento. Ziemmer, de hecho, descubre luego que las supuestas marcas vampíricas de la hija del médico fueron hechas con un collar. Pero al mismo tiempo, las autoridades se ven presas de la superstición del pueblo y se ven obligadas a llevar a cabo acciones que prevengan una revuelta popular.

Grau, además, realiza un interesante retrato psicológico de la marquesa. Bathory, al contrario que su marido, es muy supersticiosa, creencias alimentadas por su nodriza, y se ve convencida de que realmente la sangre de las jóvenes la rejuvenecerá. Pero, al contrario que en otras películas, aquí no lo hace por maldad y crueldad, sino que lo hace para recuperar a su marido. Es representada como una figura casi trágica, en contraste con el auténtico villano de la película: el marqués Ziemmer.

Es Ziemmer quién se aprovecha de las supersticiones como pantalla para disimular su propia sed de sangre. Al principio del film lo vemos observar cómo sus halcones hacen pedazos a una presa y cómo sacude las manos imaginándose que es él quien está despedazando a una presa o porque ya no le basta con ver cómo los halcones cazan y quiere él mismo hacer pedazos unas cuantas presas.

Tanto la ambientación como la construcción de los personajes está muy lograda, haciendo que sea una película más interesante de lo que podría parecer a primera vista, ya que fue promocionada en su momento como una película de terror de vampiros. Irónicamente, las gentes del pueblo creen que son presas de vampiros, de criaturas sobrenaturales, lo cual hace que la monstruosidad humana de Ziemmer y Bathory sea aún más terrible.

El tráiler americano de la película, que se estrenó en Estados Unidos con el sutil y elegante título Legend of Blood Castle ("la leyenda del castillo Sangre").

25 abr. 2012

Nadie las tiene más grandes que Annette: Grease comparado


Entra dentro de lo posible que haya gente a la cual no le guste Grease (Randal Kleiser, 1978), gente sin alma o que está muerta por dentro. Um, sin ánimo de ofender, claro. Para el que esto escribe, Grease es una maravilla de principio a fin. Puede que Dios hiciera los árboles y sean todos muy bonitos, pero Hollywood nos regaló (porque el precio de la entrada o de cualquiera de las ediciones en DVD/Blu-ray será siempre muy poco en relación al valor del film) una obra maestra para nuestro eterno disfrute. Además, los árboles son aburridos.

El placer que uno experimenta viendo la película no lo proporciona un argumento absorbente, ya que la historia es bastante minimalista por decirlo suavemente, ni una dirección que te deja ojiplático, sino la música y el encanto de los personajes. La conjunción de una serie de elementos que funcionan con una magia irrepetible (sólo hay que ver la secuela para ver hasta que punto es irrepetible Grease).

Otro factor que ha contribuido a la popularidad del film es que visto hoy es una película muy políticamente incorrecta (casi parece porno al lado de High School Musical [Kenny Ortega, 2006]), con un espíritu punk si la ponemos en contexto con los tiempos que vivimos hoy día. Irónicamente, la popularidad de la película también ha hecho que las representaciones teatrales sean más "familiares", en contraste con la obra de teatro original.

Esta es Annette Funicello, a la cual se hace referencia en Grease en dos ocasiones: una en relación al tamaño de sus pechos y otra en la canción Look at Me, I'm Sandra Dee. Funicello fue una actriz que se hizo popular a través de la televisión participando en Walt Disney presents: Annette (1958) y en El mágico mundo de Disney (Disneyland) de 1958 a 1962, para alegría de pequeños y, especialmente, mayores. Durante los 60, Funicello paseó su apetitosa anatomía en diversas comedias playeras, normalmente junto a Frankie Avalon, el cual hace un cameo en Grease como el ángel de la guarda de Frenchy (Didi Conn), escena que es una referencia a Tammy, la muchacha salvaje (Tammy and the Bachelor, Joseph Pevney, 1957).

Además de cambiar el argumento, añadiendo la carrera de coches y cambiando el desarrollo de la obra, Grease fue suavizada en cuanto a contenido sexual y diálogos se refiere en orden de obtener una calificación que la hiciera apta para todos los públicos (en aquel entonces no existía el PG-13 en Estados Unidos y los films eran calificados ALL, PG o R). Por ejemplo, el momento en que John Travolta aparece frotándose el paquete con film transparente es una referencia a los diálogos sobre condones que había en la obra y que fueron eliminados. Para que os hagáis una idea: la obra de teatro original, estrenada en 1972, era una especie de Porky's (Bob Clark, 1982) musical.

Los cambios entre ambas se notan especialmente en las canciones. La obra original mantiene continuamente un tono de comedia grosera. Muestra de ello es la canción Mooning, en la cual uno de los personajes habla de su afición a enseñar el culo en público en forma de balada cincuentera.

El contraste entre película y obra de teatro queda perfectamente representado en las canciones. Las que fueron añadidas al film son baladas normales, siendo la excepción You're The One That I Want que reformula la canción del musical original All Choked Up. El ejemplo perfecto de este contraste es Alone at the Drive-In, que en la película fue sustituida por Sandy (y debido a la popularidad del film, ahora se usa también en las representaciones teatrales). Mientras que Sandy es una balada más o menos típica, Alone está más enfocada hacia la comedia, como podéis ver por la letra (que incluye una referencia a un "clásico" del terror) y el tipo de lenguaje que emplea (Danny Zuko fue interpretado por Barry Bostwick, al cual recordaréis por su papel en The Rocky Horror Picture Show [Jim Sharman, 1975]):

I'm all alone/Estoy solo
At the drive-in movie/En el autocine
It's a feelin' that ain't too groovy/Es un sentimiento que no mola nada
Watchin' werewolves without you.../Viendo hombres lobo sin ti
Gee, it's no fun/Caray, no es divertido
Drinkin' beer in the backseat/Bebiendo cerveza solo en el asiento de atrás
All alone just ain't too neat/Es que no está nada bien
At the passion pit wanting you./En el pozo de pasión deseándote.
And when the intermission elf moves the clock's hands/Y cuando el elfo del intermedio mueve las manecillas  del reloj
While he's eating everything sold at the stands,/Mientras se come todo lo que venden en las paradas,
When there's one minute to go/Cuando queda un minuto
'Till the lights go down low,/Para que se apaguen las luces,
I'll be holding the speaker knobs/Estaré sosteniendo los mandos de los altavoces (referencia a los pechos o los pezones de Sandy, como prefiráis)
Missing you so-o-o!/¡Echándote de menos!
Can't believe it,/No me lo puedo creer,
Unsteamed windows-I can see through./Ventanas sin entelar-puedo ver a través (referencia al hecho que el resto de ventanas de los coches están enteladas debido a las actividades de naturaleza física que se desarrollan dentro)
Might as well be in an igloo,/Es como si estuviera en un iglú,
'Cause the heater doesn't work.../Porque la calefacción no funciona...
As good as you.../Tan bien como tú...
(Baby, come back)/(Nena, vuelve)


De todos modos, el espíritu de la obra se mantiene intacto en su ánimo de mezclar parodia y nostalgia por una época en la cual sus autores (los del musical) eran jóvenes. Eso no quita que me gustaría ver el musical tal y como fue concebido originalmente, cosa imposible a día de hoy (a no ser que me vaya a vivir a Estados Unidos y al mismo tiempo me pueda trasladar mágicamente a 1972, cosa poco probable).

Esto no impide que disfrute con la película tal cual es. Está dentro de esa categoría de films que me gusta ver cuando estoy bajo de moral o aburrido: me dejo llevar por su magia y siempre me hace sentir bien.

23 abr. 2012

Efectivamente, el Drácula de Bram Stoker no tiene nada que ver con Almas condenadas de Wes Craven


Como hoy es Sant Jordi voy a empezar hablando de libros antes de entrar en materia celuloídica. Así que antes de comentar Almas condenadas me gustaría hablaros de Drácula de Bram Stoker. Específicamente de la excelente edición que ha hecho Valdemar de este clásico de la literatura: además de prólogo e introducción (en la que tienen el detalle de avisar a los lectores que no hayan leído la novela que se la lean después de haberlo hecho), contiene gran cantidad de material extra como son una entrevista con Stoker, el relato El invitado de Drácula, un final alternativo y muchas más cosas.

Me leí Drácula por primera vez cuando iba al instituto y era uno de esos adolescentes que en una peli de terror moriría a la media hora y encima sin catar hembra. Releyéndolo ahora me ha sorprendido lo ágil, rápida y atmosférica que es. Óscar Palmer Yáñez, encargado de la edición, apunta en una de las notas que posiblemente el hecho que Bram Stoker trabajara en el teatro hiciera que llenara la novela de momentos teatrales visualmente impactantes, algo que contrasta con otras novelas de la época, y que posiblemente ahí radica una de las razones por las que se han hecho tantas adaptaciones diferentes de la novela, cosa con la que estoy completamente de acuerdo y no se me había ocurrido hasta volver a leerla ahora.

Y, hablando de adaptaciones, volver a leer el libro ahora ha sido una experiencia memorable ya que he acompañado la lectura con la banda sonora que compuso Wojciech Kilar para la versión de Francis Ford Coppola a todo volumen (especialmente memorable y efectivo en la parte de Jonathan Harker en el castillo de Drácula y en la odisea del Démeter). Otras bandas sonoras con las que he acompañado la lectura: la de Rick Wilkins para Al final de la escalera, la de Bernard Hermann para Psicosis, la de Ennio Morricone para La Cosa (estas tres en las ediciones extendidas y completas que se encuentran por la red) y la de Wendy Carlos y Rachel Elkind para El Resplandor (1-2), entre varias más.

Recordad: la edición de Valdemar, que podéis encontrar tanto en tapa dura como blanda.




Almas condenadas (My Soul to Take, Wes Craven, 2010) fue muy publicitada cuando se estrenó en Estados Unidos por ser la primera película escrita y dirigida por Craven desde La nueva pesadilla (Wes Craven's New Nightmare, 1994). Y también por ser en 3D, pero 3D timo: fue convertida a posteriori en un intento de sacar más dinero. Cuando se estrenó fue un completo fracaso económico y crítico (fue atacada con mucha -y sorprendente- saña), cosa que provocó que en nuestro país se estrenara después de que se estrenara Scream 4 (2011), con resultados igualmente discretos.

He de decir que me ha gustado esta película, en gran parte por los mismos motivos que era masacrada en las críticas americanas que leí tras verla. Es decir, empieza como un típico slasher: impactante escena de inicio para luego continuar en el presente y conocer a los jóvenes protagonistas; pero ahí es donde acaba el parecido, porque Craven cuenta su propia historia de terror. Así que la película no sigue ninguna norma ni fórmula establecida, con lo que muchas críticas van en la dirección de lo que esperaban que sucediera y luego no sucede. También hay críticas originadas en que no se comprende (o no lo "pillaron", más bien) por qué se habla tanto del cóndor y por qué este pájaro es una figura importante en el film, igual que no se entendieron otros detalles del film.

Me gustó el hecho de que la historia me tuviese en ascuas, sin saber en qué dirección iría hasta el final, algo que realmente tiene mérito hoy día. Pero eso no quiere decir que la película esté libre de fallos: los hay y bastantes. Recordad, la película también fue escrita por Craven.

La película fue reescrita mientras se rodaba y se tuvieron que volver a filmar varias escenas en orden de que se pudiese entender el argumento, con lo que tenemos varios cabos sueltos y diálogos que no llevan a ninguna parte. Hay también escenas al final donde los personajes cuentan hechos que habría sido más interesante ver que oír. Por ejemplo, mientras está agonizando por una puñalada, un personaje se dedica a contar cómo ha llegado ahí y qué le ha pasado, lo cual resulta bastante inverosímil, pero se sacrifica la narración por el breve impacto de ver aparecer al personaje de repente. Otro ejemplo bastante llamativo no lo explico porque es un gran spoiler, pero si habéis visto la película sabréis a qué me refiero. Por si fuera poco, parte del argumento resulta muy, muy familiar ya que es bastante parecido al de Pesadilla en Elm Street 4 (A Nightmare on Elm Street 4: The Dream Master, Renny Harlin, 1988), ya sabéis, una de esas secuelas que Craven desprecia.

Pero, a pesar de todo, disfruté con la película. Incluso la forma absurda que tiene de representar un instituto me pareció divertida de puro delirante, así como los aspectos menos creíbles de la puesta en escena. De todas formas, poniendo en una balanza los aciertos y los fallos, para mí la balanza se inclina en favor de los aciertos, pero es un equilibrio delicado así que imagino que a muchos os parecerá un truño de película.

20 abr. 2012

Susana Martínez era una excelente empleada

(para escuchar mientras se lee)


The seaweed on the shore cries out,
But only it knows what about..
Edward Gorey, Verse Advice

(El alga en la orilla lanza un chillido,
pero sólo ella sabe el motivo.
Consejos en verso)

    Marta Lumen llegó cansada de trabajar. En realidad, asqueada sería un término más exacto.
    
    Marta Lumen llegó asqueada de trabajar. Cerró la puerta de casa al tiempo que soltaba un suspiro.

    -Holaaa… ¿Hay alguien?

    Por alguien, Marta se refería a su compañera de piso, Florencia Masson. No recibió ninguna respuesta, estaba sola en casa. Entonces se duchó, se puso el pijama, se sirvió una copa de vino, se sentó en el sofá cómodo del salón y se puso música. Nellie McKay empezó a sonar. Aparte de la copa de vino, con ella llevaba Happiness ™ de Will Ferguson. Se estiró como una gata en el sofá soltando un suspiro, este de placer.

    Abrió el libro. En el mismo y preciso instante que empezó a leer la primera palabra de la primera frase en la que había dejado anteriormente el libro, empezó a sonar su teléfono móvil.

    Se levantó y fue a su habitación a coger la maldita cosa.

    -¿Diga?

    -¿Hablo con Marta Lumen?

    -Sí, yo misma.

    -¿La señorita Marta Lumen es usted?

    ¿Realmente me ha llamado “señorita”? Que años sesenta, pensó Marta.

    -Sí, soy yo.

   -Verá, la llamo porque hace un mes usted realizó una entrevista con nosotros y nos gustaría saber si todavía está interesada en el puesto.

    -Sí, sí. Sigo interesada, muy interesada. Pensaba que ya se había cerrado la oferta, que el puesto ya no estaba vacante.

    -Y es cierto, pero hemos tenido algunos problemas con la candidata que habíamos elegido y hemos tenido que dejarla ir. Como usted era la siguiente mejor opción…

     Vaya, eso no suena precisamente halagador.

    -En fin, si todavía le interesa el puesto es suyo.

    -Oh, muy… bien, sí. Pues… ¿cuándo os va bien que me incorpore?
            
***
           
    El edificio de la Empresa se alzaba hasta más allá de donde alcanzaba la vista. Ésa es la impresión que tuvo de él Marta una vez llegó en su primer día de trabajo allí. Con paso decidido entró y fue directa a los ascensores, marcó el 40 y se preparó para empezar el primer día del resto de su vida. No más languidecer en trabajos sin salida. Había llegado el momento de la verdad.

    Cuando el ascensor llegó al piso 40 y abrió sus puertas, Marta salió con paso firme y decidido… y se dio cuenta de que no tenía ni idea de adónde ir.

    ¿Es posible que hayan cambiado la planta entre el momento que me entrevistaron y ahora?

    Miró a la derecha. Un pasillo. Miró a la izquierda. Una puerta. Miró al frente. Otro pasillo.

    Siguiendo una intuición siguió el pasillo de la derecha. Cuando llegó a los lavabos dio la vuelta y siguió el otro pasillo que había visto. Bueno, era útil saber donde estaban los lavabos.

    Aquel pasillo, pasados un par de despachos, desembocaba en una gran extensión de cubículos que se extendían como un crucigrama tridimensional. Mirando aquí y allá para ver con quién empezaría a trabajar se dirigió al despacho del fondo. Aquel era el despacho de Miguel Luján, quién le había hecho la entrevista un mes atrás.

     Tímidamente llamó a la puerta.

     -¿Sí? Come in.

     -Hola, Miguel. Soy Marta, empiezo hoy…

     -Ah, sí, sí. Of course. Marta, adelante. ¿Qué tal? ¿Lo has encontrado todo bien?

     -Eh… sí. Ningún problema, no.

     -Ah, bien. Es que cambiamos la planta entre el momento que te entrevistamos y ahora, para funcionar con mayor eficacia, you know. Feng sui. Feeeeng sui.

     -Bueno, sí. Lo he notado, sí. Me parece muy… innovador.

     -Yo también lo creo. Te hemos encarado hacia el norte. Espero que no sea un problema.

     -No, no. Perfecto.

     -Venga, te acompaño.

     Miguel guió a Marta entre los cubículos hasta llegar al que tenía asignado. Era bastante ordinario: una mesa, una papelera, un ordenador. Las paredes estaban vacías. Al lado del ordenador había un cactus.

     -Pues mira, aquí tienes. Desde la empresa animamos a nuestros empleado a decorar su lugar de trabajo como les parezca bien para sentirse más a gusto. El cactus lo he puesto para que absorba las radiaciones del ordenador. Espero que no te importe. Do you mind?

     -Esta bien, gracias. Bien.

     -Perfecto, entonces. Te dejo a lo tuyo. Toma.

     Miguel le pasó un papel en el que había una serie de seis números y seis letras. Marta lo cogió y lo leyó intrigada.

     -¿Y esto es…?

     -Tu contraseña para el ordenador y la red interna.

     -Oh, claro. Bien.

     -Para cualquier pregunta, cualquier duda, cualquier cosa, en aquel cubículo de allá está… espera, que lo llamo. ¡Rudy! ¡Ruuuudy!

     Tres cubículos a la derecha del suyo, Marta vio como se levantaba un hombre delgado y bajito. Con el pelo peinado hacia delante tapando una calva, vestía una camiseta morada y pantalones amarillos. Se acercó con cara intrigada.

     -Este es Rudy. Rudy, Marta.

     Rudy le tendió la mano a Marta, que la estrechó brevemente.

     -Rudy es nuestro experto en computers. Por eso me gusta tenerlo al alcance de todos, right, Rudy? Bueno, je, je, je, os dejo a lo vuestro. Marta, ya sabes donde estoy. Bye!

     Miguel se fue de vuelta a su despacho.

     -En realidad me llamo Rodolfo. No me llames Rudy, lo odio.

     -Ah, vale.

     Sin más ceremonias, Rodolfo se sentó en la mesa de Marta, encendió el ordenador y cogió el papel de la mano de Marta. Una vez el ordenador se hubo iniciado, Rodolfo le señaló la pantalla.

     -Mira, aquí pones esta primera línea y le das al enter. Entonces, aquí pones la otra línea y le das al enter de nuevo y… ya está. Es fácil, ya puedes ponerte a lo tuyo.

     -Gracias. Bien.

     -Cualquier cosa, ya sabes donde estoy.

     -Sí.

     -Pues nada, shalom.

     Rodolfo volvió a su puesto.

     Marta se sentó. Notó con desagrado que en el poco tiempo que Rodolfo se había sentado en su silla la había dejado bastante caliente.

     Muy bien. A trabajar.

     Marta puso los dedos sobre el teclado. Miró su mesa vacía a excepción del cactus. Recolocó sus manos del teclado a sus muslos. Miró por la ventana que tenía a su izquierda. Abrió los cajones de su mesa, todos vacíos.

    No sabía que hacer. La pantalla del ordenador no le daba ninguna información. Pensó en levantarse a preguntarle a Miguel dónde estaba el trabajo que se suponía que tenía que hacer, ¿pero no la haría quedar eso como una idiota?

    Entonces una mujer alta, rubia, con la cara muy maquillada entró en su cubículo, de pronto muy pequeño, leyendo unos papeles que tenía en la mano.

     -Susana, hazme el favor de comprobar si estos informes…

     -Marta.

     -¿Eh?

     -Me llamo Marta. Marta Lumen. He empezado hoy aquí.

    -Oh, perdona, perdona. Yo soy Luisa. Estoy tan acostumbrada a ver a Susana aquí que he no me he acordado de que se había marchado.

     -No pasa nada. Tranquila. ¿Quieres que mire unos informes?

     -Sí, mira. ¿Ves estos flows de aquí? ¿Y estos inputs? A ver si me lo puedes arreglar.

     -Claro que sí. (¿De qué coño está hablando?) Yo te repaso los informes y los corrijo.

     -Ay, gracias. Y perdona por la confusión, ¿eh?

     -No, tranquila. Si no pasa nada.

     -Vale. Luego me paso a buscarlos.

     Marta empezó a leer los informes. Aparentemente trataban sobre la comercialización de unos osos de peluche. Mientras leía, le vino un extraño pensamiento a la cabeza.

     ¿No había dicho Miguel que habían cambiado la distribución de la oficina durante el mes pasado? ¿La tal Susana no se había marchado ya? En teoría, Luisa no había visto nunca a Susana donde estaba ella ahora. Marta sacudió la cabeza y alejó esos pensamientos sin sentido de la cabeza. Se puso a trabajar.

    Llevaba ya unas tres horas con los informes cuando le apeteció un café. Recordaba haber visto una máquina dispensadora de camino a los lavabos y para allí que se fue.

     Efectivamente, la máquina de café se encontraba allí. No muy diferente a cualquier otra máquina de café, ofrecía la típica selección. Metió unas monedas en la máquina y estaba a punto de apretar el botón del café con leche cuando alguien le habló a sus espaldas.

     -¡Espera! ¡No aprietes!

     Era Miguel, que venía hacia ella a medio correr.

     -Se me había olvidado. Toma, necesitas esto para la máquina de café.

     Miguel le dio un palo de unos diez centímetros.

     -¿Para qué es esto?

    -Veras, la máquina no va muy bien y a veces da calambres. Por lo que es mejor apretar los botones usando un palo. Todos tenemos uno. Venga, hasta luego.

     -Vale. Hasta luego.

     Marta apretó el botón con el palo que le acababa de dar Miguel. Pero no pasó nada. Apretó con más fuerza, pero nada. Miró la máquina. ¿Había hecho algo mal?

     -Hola, ¿qué tal? Eres la nueva, ¿no?

     Marta se giró hacia la nueva voz que le había hablado. Pertenecía a un hombre de unos treinta años, pelo al uno, muy pálido y con unos kilos de más. Vestía un traje rosa.

     -Sí. Me llamo Marta.

     -Hola, Marta. Me llamo Rubén. ¿No va la máquina?

     -Pues, no sé. Se me ha quedado las monedas.

     -¿Qué te habías pedido?

     -Un café con leche.

     Rubén, sin usar ningún tipo de palo, apretó el botón del café con leche con un dedo al tiempo que decía: ubik. La máquina empezó a servir el café con leche.

     -Ya está. Es que es un poco temperamental.

     Marta le dio las gracias a Rubén. Volvió a su cubículo pensando que Miguel le había tomado el pelo con el asunto del palo. Algún tipo de inocentada por ser la nueva, tal vez. ¿La gente todavía hacía aquellas cosas? En fin, mejor no darle más importancia de la que tenía. Volvió a concentrarse en los informes.

     Luisa volvió a pasarse por el cubículo de Marta, con más informes para repasar.

     -¿Ya has terminado? Perfecto, perfecto. ¿Puedes mirarme estos ahora, Susana?

     -Marta.

     -Ay, sí. ¿Puedes mirarme estos ahora? Gracias.

     Marta repasó aquellos informes. Y al cabo de un par de horas volvió a buscarse un café. Se fue para la máquina. Introdujo las monedas y apretó el botón del café con leche. En el mismo instante en que ponía su dedo sobre el botón, recibió una dolorosa descarga eléctrica. Soltó un pequeño grito de dolor y empezó a frotarse el brazo.

     -Acuérdate del palito. –Le dijo Miguel mientras se servía él mismo un café usando su palo para apretar el botón.

     Aquel día no sucedió nada más de interés.

***

   Después de un par de semanas trabajando allí, Marta empezó a acostumbrarse a las diversas excentricidades de la gente que trabajaba con ella. Eran una inagotable fuente de anécdotas que contar cuando quedaba con sus amistades para ir de fiesta. En aquel momento no les dio mucha importancia.

     Sin embargo, la cosa cambió al cabo de un mes. La planta en que trabajaba se preparaba para recibir la visita del director regional, Juan Lacos. Éste normalmente trabajaba en las plantas superiores, donde se encontraban las oficinas de dirección, sin embargo gustaba de visitar las plantas inferiores como una manera de animar a sus tropas.

     La mañana de la visita, Marta estaba procesando datos en su ordenador. El cubículo tenía ahora un aspecto más animado gracias a las fotos que había ido colocando donde se la veía de vacaciones o con amigos. Además, tenía distribuidos por la mesa algunos muñecos blandos.

     Llegó Luisa y Marta cogió uno de los muñecos.

     -¿No estás superemocionada con la visita de nuestro director regional, Susana?

     -Marta. –Empezó a apretar el muñeco con fuerza.

     -¿No estás superemocionada con la visita de nuestro director regional, Marta?

     -Sí, bueno. Tengo curiosidad por conocerlo, sí.

     -Ya verás, ya verás. Es superencantador.

     Luisa volvió a sus quehaceres, que Marta estaba convencida que eran inexistentes. Al cabo de un par de horas empezó a oírse un murmullo por toda la planta. La gente se levantó excitada. Marta se levantó curiosa y entonces vio por primera vez al director regional Juan Lacos. Era un hombre rubio que medía aproximadamente dos metros. Tenía la cara alargada y delgada, con unos ojos azules muy penetrantes. Caminaba rápidamente, deteniéndose de vez en cuando en algún cubículo. Detrás del director, un hombre, Marta supuso que su ayudante o secretario, corría con una pequeña grabadora con la que recogía todas las palabras que decía. Porque el director regional Juan Lucos hablaba sin parar, un monólogo ininterrumpido que ignoraba completamente a la persona frente a la que se paraba. Cada vez estaba más cerca de Marta.

   -Controlando el flow y el input, las mesas enfrentadas, lloran los narcisos, estadísticas de taburete, tenemos málagia. El patastrato frente la crina, datos datos datos, fluye el lunes, no más pastelillos. Sillas que miran mal, déjame que mire el feedback

     Se paró frente a Marta la miró con esos ojos azules estaban fijos en un desconocido más allá.

    -Cuando el suelo se derrite, mira las estrellas, dijo la puerta. Tenemos piernas, no sé donde, transparente se cae el tiempo. Altramuces. No, no, no, el gato de fuego. Castañas, tengo aire en las uñas…

     El director regional siguió su camino, su voz se convirtió en un lejano murmullo hasta desaparecer. Detrás el secretario o ayudante le seguía grabando todas y cada una de sus palabras.

     -Desconcertante, ¿verdad?

     Marta vio a su lado a Felipe, uno de los más normales que trabajaba allí. Estatura media, ni gordo ni delgado, iba vestido con un traje verde fosforito.

     -Sí que lo es. ¿Tiene alguna enfermedad o algo?

    -No. Está así desde que Jesucristo se le apareció en una visión y fue ascendido a director regional. Aunque teniendo en cuenta que somos una multinacional yo diría que más bien se le apareció Mammon. Pero, bueno, por algo yo no estoy en la dirección. En fin, hasta luego.

     La explicación la dejó aún más desconcertada.

***

     Una tarde Marta llegó a casa, dejó caer sus cosas en el recibidor, se sentó en el sofá del salón y se puso a llorar. Llevaba dos meses trabajando en la Empresa.

   Cuando Florencia oyó los sollozos de Marta y su inconfundible cualidad desesperada, fue inmediatamente a consolar a su amiga.

     -Pero, cariño, ¿qué te pasa? ¿qué tienes?

     -Están todos locos, Florencia. Locos. Ya no puedo más. Voy a acabar sonada como ellos.

     -Pero búscate otro trabajo, mujer. Si no estás bien tienes que largarte de allí. Dimite mañana mismo.

     -Es lo que quiero. Quiero dejarlo, irme y olvidar que alguna vez he estado allí.

     -¿Y por qué no lo haces?

     -¡Porqué no puedo!

     Marta siguió llorando una media hora.

***

     Llegó el día en que a Marta se le apareció el Wub. Ella no tenía ni idea, claro. Por ese motivo no hizo ningún tipo de preparación especial. Se encontraba tecleando tranquilamente, lanzando una lánguida mirada por la ventana de vez en cuando, no muy diferente del niño que aburrido en clase espera que llegue la hora del recreo. Y, de repente, el Wub estaba allí. Lo primero que notó fue su sombra. Extrañada giró la cabeza y lo vio.

    El Wub medía 1,99 metros exactamente. De color rosa carne, su cuerpo estaba cubierto por un exoesqueleto no muy diferente del de una cucaracha. En el torso tenía una serie de pequeños tentáculos que se agitaban dependiendo del estado de ánimo que tuviese. Su cabeza era redonda, sin nariz, presidida por dos grandes ojos de un desvaído color gris. Su boca tenía dos fuertes mandíbulas sobresalientes, como la boca de una araña. No tenía brazos ni manos ni garras, sus únicas extremidades eran dos piernas muy humanas, fuertes y torneadas como las de un atleta olímpico.

    Marta gritó y gritó. Se dejó caer al suelo y se cubrió la cabeza con los brazos en un intento de protegerse.

     -¿Marta? ¿Te encuentras bien?

     Era Miguel. Levantó a Marta del suelo la cual miraba en todas direcciones, temerosa de volver a ver a aquella criatura. Miguel la acomodó en su despacho, le dio un vaso de agua.

     -Tengo que decirte que el Wub lamenta mucho haberte sobresaltado de esa manera. Desde luego, no era su intención asustarte, you know.

     -¿El… el Wub?

    -Eh, sí. El Wub. Nuestro director ejecutivo. Pero has estado haciendo un trabajo tan bueno que ha querido venir en persona a felicitarte. Eres muy afortunada. Very lucky girl.

     -¿Lo soy?

    -Pues claro que sí. ¿Sólo dos meses trabajando aquí y viene el Wub en persona a felicitarte? Mucha gente envidiaría tu suerte. Very, very lucky.

     -Vaya. Pues… pues no tenía ni idea. No.

     -Mira como te veo que estás algo alterada, go home un par de días y descansa. Entiendo que ver al Wub por primera vez puede ser algo aturullante. Anda, vete a casa y descansa.

***

    Cuando Florencia llegó a casa y vio que Marta ya estaba allí se preocupó. Últimamente Marta no era la misma, no sólo era que tuviese aspecto cansado sino que estaba muy tensa y nerviosa. Todo por ese estúpido trabajo.

     -¿Marta? ¿Todo bien?

     -Sí. No. Es que me he encontrado algo mareada. Creo que a lo mejor estoy pillando la gripe o algo. Me han dejado salir antes y tengo fiesta mañana. Voy a aprovechar para descansar.

     -Ah, vale, bien. Pues nada, si necesitas algo…

     -Pues, sí, mira. Si no te importa puedes ir a buscarme una cosa que se me ha olvidado en el trabajo. Si te va bien.

     -Claro que sí. No te preocupes.

     -Gracias.

***

    Florencia llegó a la dirección que le había indicado Marta. Volvió a leer las indicaciones que le había dado para asegurarse. Sí, era el sitio correcto. Marta le había dicho que trabajaba en un gigantesco rascacielos, pero aquel edificio de oficinas no podía tener más de cinco plantas. No es que se pudiese decir que fuese el Empire State Building. Entró y miró en el directorio que había en el vestíbulo. Marta no le había dado dicho el nombre de la empresa porque decía que era la única en todo el edificio, sin embargo allí había indicadas ocho empresas distintas. Florencia decidió ir a la del último piso, una empresa llamada Juguetes Ocsa que supuso tenía ahí sus oficinas comerciales, y si no era, ir bajando.

    Resultó que ésa era la empresa. Le preguntó a una joven recepcionista que tenía una mesa justo al salir de los ascensores. La joven le indicó el lugar donde Marta trabajaba. Mientras recogía la bolsa que se había olvidado Marta, se le acercó una mujer rubia y alta, supuso que era Luisa por la descripción que había hecho de ella Marta.

     -Hola. ¿Eres amiga de Marta? ¿Se encuentra bien?

     -Sí, vengo a recoger unas cosas que se ha dejado. Está un poquito constipadilla y ya está.

     -Ah, bien. Bueno. Si necesita cualquier cosa que lo diga.

     -Sí, ya le diré. Gracias.

***

     -Toma, te dejo la bolsa aquí.

     -Vale, gracias. ¿Qué te ha parecido el sitio?

     -Pues, no sé. Normal. La típica oficina.

     -¿Te has tomado un café allá?

     -No, no. ¿Por qué?

     -No, por nada. Da igual.

***

     Marta aprovechó bien su día de fiesta. Se levantó temprano, a las seis de la mañana, y se duchó y vistió rápido y salió de casa. Aparcó cerca de la Empresa, pero no demasiado. El sitio justo para poder vigilar la entrada pero que no la vieran.

    A las siete y media empezaron a llegar sus compañeros de trabajo. Todos perfectamente anodinos y vulgares, sin ropas chillonas ni sombreros extraños ni palitos en sus manos. Y fue todo lo que necesitaba para verlo claro.

    Todos estaban confabulados contra ella. Todo formaba parte de un meticuloso plan para volverla loca. Seguro que le habían metido alguna droga en el café que la había hecho alucinar y por eso había visto aquella cosa. Todo estaba tan claro ahora.

     Necesitaba un plan de acción. Algo tenía que hacer.

     La respuesta se presentó por si misma. Tenía que matarlos. Matarlos a todos.

***

    Marta no poseía armas de fuego de ningún tipo ni tenía idea de dónde conseguir una rápidamente sin permisos ni nada. Por tanto se vio obligada a escoger entre los distintos cuchillos que tenía en casa para usarlos como arma. Sería más lento, pero una ha de trabajar con lo que tiene.

    Llegó a la oficina como cada día y se fue directa al despacho de Miguel. Antes de que este pudiese decir “buenos días”,  Marta saltó sobre él con toda la ira y frustración que había acumulado durante todo el tiempo que llevaba allí.

   El cuchillo que finalmente había decidido llevarse Marta era un cuchillo de chef  que Florencia había comprado ofrecido de promoción en un periódico. Como estaba pensado para trabajar en todo tipo de carnes, vegetales y pescados, no tuvo muchos problemas para clavarse en el pecho de Miguel. Claro que la furia con que lo empuñaba Marta también fue un factor decisivo.

     Marta fue la primera sorprendida ante el resultado de su acción. Se había preparado mentalmente para el inevitable derramamiento de sangre que normalmente acompañaba estas situaciones. Esa fue la primera sorpresa. Miguel no sangró. De hecho, apenas reaccionó. Marta se apartó de él, muda. Miguel miró el mango del cuchillo que sobresalía de su pecho, como alguien se miraría una peca que ve por primera vez en la piel de su pecho. Con la mano izquierda cogió la empuñadura y se sacó el cuchillo. Un líquido amarillento se salió por la herida que había quedado pero poco, enseguida cesó. El cuchillo había quedado cubierto por ese líquido amarillento.

     Miguel se levantó y abrió una de las ventanas de su despacho.

     -De verdad, Marta, que esperaba que no tuviéramos que llegar a esto. I was really hopening it. Con el gran trabajo que estabas llevando a cabo.

     -Yo… yo, no…

     Miguel se acercó a Marta y se puso a su espalda. Delicadamente la llevó hasta la ventana.

     -Que sepas que me sabe muy mal hacer esto. I’m very sorry.

     Miguel empujó a Marta por la ventana.

***

    Cuando el juez Domingo González autorizó el levantamiento del cuerpo, una par de enfermeros se llevaron los restos de Marta.

     -Ha quedado muy destrozada para haber caído cinco pisos.

    El juez González miró al agente de policía que había dicho aquello sin responderle. Una vez se marcharon la policía, los curiosos y los periodistas, entró en el edificio y subió, ahora sí, hasta el piso 40. Allí le esperaban Miguel y el Wub.

     -Bueno, ya está arreglado todo. Un suicidio normal y corriente.

     -Excellent, excellent. Lamentamos mucho todas estas molestias. De verdad, que pensamos que duraría más que la anterior chica. Dos meses, tampoco está mal.

     El Wub agitó sus mandíbulas.

     -Por supuesto, señor. Pero es que el caso de Susana Martínez es difícil de superar.

     El juez todavía no captaba las sutilezas del lenguaje Wub y le preguntó a Miguel que había dicho.

    -Hablaba de Susana Martínez. Estuvo con nosotros a very long time. Dos años. Pero, claro, Susana Martínez era una excelente empleada.