31 jul. 2012

George A. Romero, señor de los muertos vivientes. Parte 1


Advertencia: este es un artículo, igual que todos los de este blog, muy subjetivo. No voy a intentar convenceros de nada ni fingir que cuando digo "este es el mejor film de la historia" no digo en realidad "para mí este es el mejor film de la historia".

George A. Romero revolucionó el género del terror con la creación de una nueva criatura, mezcla de dos antiguos monstruos, en el seminal clásico La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Las dos secuelas originales de este film formaron una de las más influyentes trilogías de la historia del cine de terror. Sin embargo, las más recientes incursiones de Romero en el género del que parecía ser el rey han sido productos de una calidad muy inferior a la que sería de esperar de alguien considerado un maestro del género. En este largo artículo en dos partes pretendo analizar los films de Romero e intentar ver qué funciona en sus primeros films zombis y por qué los nuevos no funcionan de la misma manera. Empezaremos con la trilogía original.

Aunque ha sido analizada hasta la saciedad por su aparente infinidad de subtextos, desde metáfora sobre la guerra de Vietnam hasta alegoría de las revoluciones sociales de finales de los 60, los creadores de La noche de los muertos vivientes sólo pretendían hacer una modesta película de terror con la cual introducirse en el negocio del cine y salir de los films industriales. De hecho, ni siquiera era una película de zombis; su título original era Night of Anubis, luego fue cambiado por el de Night of the Flesh Eaters que luego fue cambiado por el título actual. En el film se refieren a los muertos reanimados como "ghouls", necrófagos en castellano, criaturas de leyenda que se alimentan de la carne de los muertos. Por tanto, no deja de ser curioso que este fuera el film que pasara a redefinir el zombi: de muerto reanimado por la magia del vudú, convertido en esclavo, a criatura que vuelve a la vida sin razón aparente y que se dedica a devorar carne humana viva.

Como film de terror, La noche funciona por su acercamiento casi documental y realista a la hora de contarnos su historia. El acercamiento naturalista de Romero, influido por films como El carnaval de las almas (Carnival of Souls, Herk Harvey, 1962) y El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Sidney Salkow/Ubaldo Ragona, 1964), contribuye a meter al espectador en la historia. También es importante el hecho de que la película estaba mejor escrita que la mayoría de films de la época, con personajes bien definidos y redondos. Aunque en ocasiones los interpretes de esos papeles no estuvieran al nivel del guion, del reparto destacan los actores Duane Jones, Judith O'Dea y Karl Hardman que sí ofrecen unas buenas interpretaciones.

Romero destaca por el uso de la ironía macabra, presente en casi todos sus films, especialmente en hacer que el personaje de Hardman, el señor Cooper, tenga razón en la forma de enfrentar la situación pero al ser un personaje cobarde, egoísta y muy desagradable las simpatias se dirigen hacia el Ben de Duane Jones, a pesar de su equivocado enfoque. Otro aspecto cinematográfico es la violencia y el gore que le añaden una capa de horror gráfico inaudita hasta entonces. Inaudita no porque fuera el primero en hacerlo, Herschell Gordon Lewis ya había "desvirgado" a los espectadores americanos en ese aspecto, sino por la efectividad y acierto con que usó la violencia gráfica. Así, mientras los films de Lewis actualmente resultan más entrañables y divertidos que horripilantes, la película de Romero, más sobria, sigue causando inquietud. Otro elemento esencialmente romeriano es que ya aparece retratada la desconfianza hacia las autoridades y cómo introducen "su versión de los hechos" cuando les interesa.

La noche es reconocida por sus múltiples significados y alegorías. Lo interesante para mí de este aspecto es que es una película en la cual Romero no tuvo intención alguna de añadir ningún contenido político, algo que sí haría luego de forma consciente con diferentes niveles de éxito, todo el subtexto es añadido de forma inconsciente, por la influencia de los eventos del momento sin ser pasados por el filtro de la "intencionalidad". Por ejemplo, mucho se ha comentado sobre el hecho de que Romero decidiera poner como protagonista a un afroamericano, teniendo en cuenta la situación política del momento y la lucha por los derechos civiles. Pero una y otra vez Romero contesta a esto que escogió a Duane Jones simplemente porque fue el mejor actor que hizo una audición por el papel. Pero el hecho de que Jones sea negro hace que el final resuene con mucha más fuerza, más considerando que la película se estrenó en octubre del 68 y Martin Luther King había sido asesinado en abril del mismo año.

Con esto no quiero decir que el film no tenga subtextos o que se le buscan significados que no están ahí, todo lo contrario. La noche representa de forma casi perfecta la sociedad y el momento en que fue hecha porque lo hace de forma inconsciente, al no tener un tema específico se permite que se impregne de todo aquello que formaba el gestalt de entonces. Por eso es un clásico y por eso sigue funcionando hoy día. Si bien los temas sociales no fueron introducidos por Romero de forma consciente, eran temas que le preocupaban, así que fluyen libremente desde el subsconsciente hacia la pantalla.



Tras el éxito de La noche, Romero dirige la comedia There's Always Vanilla (1971), la cual pasa desapercibida completamente, y el film de terror Jack's Wife aka Hungry Wives aka Season of the Witch (1972), que también pasa desapercibido. Los siguientes dos films de Romero también pasarán desapercibidos, pero destacan, aparte de por ser dos films excelentes, por introducir temas y estilos presentes en su futura épica zombi, me refiero a Los Crazies (The Crazies, 1973) y Martin. El regreso de los vampiros vivientes (Martin, 1976).

Y en 1978, en un intento de resucitar su carrera, llegó Zombi (Dawn of the Dead), la épica zombi que provocó una avalancha de películas zombi en la época (igual que el remake en fechas más recientes), protagonizó portadas de prestigiosas revistas y fue un gran éxito de taquilla allí donde se estrenó. Más mérito tiene su éxito en Estados Unidos ya que se estrenó sin censurar. Ya hablé de la película y sus distintas versiones en un anterior post, que podéis leer clicando aquí, así que no me extenderé demasiado con esta película.

Esta segunda entrega es la más popular de las tres originales. Su tono ligero, la acción y la diversión presentes a lo largo del film hace que sea la más llevadera y fácil de asimilar. Muchos espectadores se dejan seducir por la fantasía de tener un centro comercial a su disposición, algo explotado también en otros films como la película de culto La noche del cometa (Night of the Comet, Thom E. Eberhardt, 1984). Por supuesto, todo el mundo menciona el mensaje anticonsumista, del film. Es algo bastante obvio, mostrado de forma sublime por Romero con un montaje en el cual se ve en un principio a los protagonistas disfrutando de todas las cosas a su disposición hasta que al final se acaban sintiendo vacíos. Ese es el mensaje de la película, además de la crítica social, y otros temas como la desensibilización hacia la violencia (me refiero a la versión de Romero, no a la extendida ni a la versión europea editada por Dario Argento). Pero al mismo tiempo, no deja de ser una fantasía seductora, por lo menos me lo pareció cuando vi la película con 12 años, algo que el remake explota con su fetichismo hacia las armas y se convierte en una exaltación de la acción, el mensaje opuesto al film de Romero.

De todos modos, en lo que se refiere a este artículo, lo interesante es que aquí por primera vez se desarrolla la marca Romero en las películas de zombis. En otras palabras, los zombis pasan a ser una molestia, y en algunos momentos víctimas, el desencadenante del drama humano. La auténtica amenaza pasa a ser el ser humano. Es la propia estupidez o la intervención de otro personaje el que hace que los zombis maten a alguien. Los zombis hacen lo que su instinto les manda, son los humanos los que tienen motivos ulteriores en sus acciones. Si los zombis acaban dominando el mundo no es por su superioridad intelectual o su habilidad estratégica, es por la propia incapacidad de los vivos para trabajar por el bien común.

Como ya he dicho, Zombi fue un gran éxito a todos los niveles y por ello se convirtió en el modelo a imitar, no sólo entonces, también en la actualidad.



Tras Zombi, Romero dirigió la interesante y poco vista Los caballeros de la moto (Knightriders, 1981), fuera del género, y la genial y muy divertida Creepshow (1982), un homenaje que hicieron Romero y Stephen King a los cómics de terror de la EC, que muestra unos muertos vivientes muy diferentes de los que había retratado hasta ahora el director.

El fracaso de Knightriders hizo que se acelerara el proceso para llevar a término la tercera entrega de la trilogía original. El día de los muertos (Day of the Dead) se estrena en 1985, ofreciendo un acertado análisis de la década de los 80, igual que La noche hizo en los 60 y Zombi en los 70.

Desde el principio, la historia de El día de los muertos fue bastante accidentada. El épico guion original se tuvo que recortar debido a que el presupuesto se redujo de 6 a 3 millones de dólares, ya que Romero quiso que la película se estrenara sin censurar. Luego su distribución fue bastante irregular, lo que no facilitó que el público accediera a ella. Aquellos que la vieron no quedaron muy contentos, la mayoría esperaban otro festival de diversión zombi como el film anterior y se encontraron con algo muy distinto. Sé que durante un tiempo, la única versión disponible en España era una versión censurada, en la que había eliminado casi todo el gore. No sé si todavía es el caso, ya que las versiones que tengo son la especial de Anchor Bay y la edición en Blu-ray de Arrow Video, ya que en lo que a extras y calidad se refiere, las ediciones españolas dejan bastante que desear.

Con el tiempo, El día de los muertos ha ido ganando seguidores y se ha convertido en un film de culto, así como se ha sabido apreciar mejor lo que quiso hacer Romero. Supongo que lo notaréis en el comentario, pero para mí esta es la mejor de las tres. Es mi favorita (y también es la favorita de Romero), la que disfruto más viendo.

El film se centra en una instalación científica dedicada a investigar una solución para el problema zombi, vigilada por un destacamento militar. Si Zombi está ambientada aproximadamente unas tres semanas después de los hechos contados en La noche, El día es de suponer que está ambientada al cabo de unos meses de los hechos de la segunda entrega. Se ha de entender entonces que los personajes llevan en esa instalación encerrados varios meses, lo que hace que la tensión y el estrés esté llegando a un nivel casi insostenible. Es lo que hace interesante el drama de los personajes.

Romero insiste en la crítica hacia el estamento militar, ya iniciada en Los Crazies, encarnado por el demente Rhodes (Joe Pilato), uno de los villanos más memorables de la historia del cine de terror. Rhodes representa una sátira de la política militar de la Era Reagan. Por otro lado, Richard Stanley representa, a través del personaje del doctor Logan (apodado por los demás "Frankenstein") la ciencia más cruel e innecesaria. Por entonces se habían destapado varios casos de crueles prácticas experimentales hechas a animales (como crucificar a un perro para ver cuanto duraba la agonía y otras cosas por el estilo), así como recuerda los experimentos que los nazis y los japoneses llevaron a cabo durante la II Guerra Mundial. Esto convierte definitivamente en víctimas a los zombis, mientras retrata la crueldad humana. El enloquecido doctor Logan contrasta con el personaje protagonista, la también científica Sarah (Lori Cardille).

El día muestra la evolución de los personajes femeninos en el cine de Romero: primero la víctima casi catatónica que vemos en La noche; luego tenemos a Francine en Zombi, la cual empieza como un personaje pasivo y poco a poco se va haciendo valer; culminando en Sarah, un personaje fuerte y al cargo de la situación desde el principio.

Paralelamente, es también un paso más en la evolución del zombi según Romero, encarnado en Bub (Howard Sherman), un zombi que aprende y empieza a mostrar ciertas señales de inteligencia.

El día es una radiografía perfecta de los 80. Es un film serio, profundo, con un tono que casa más con el nihilismo de los años 70, estrenado en un momento donde todo era diversión. Las cintas de acción eran celebraciones cargadas de testosterona y fetichismo armamentístico, en las cintas de terror predominaba un tono gamberro que mezclaba terror y humor (excepto los films del maestro Cronenberg). Todo el mundo estaba demasiado ocupado divirtiéndose como para pensar en la resaca del día siguiente. Esto no es una crítica hacia esas películas, entre ellas están algunas de mis favoritas, más bien entender por qué en su momento El día no fue bien recibida cuando se estrenó, sino al cabo de un tiempo.

En definitiva, esta es una pequeña obra maestra que ejemplifica el momento creativo cumbre de Romero. Un film oscuro y reflexivo, sangriento y excesivo que hubiera sido el cierre ideal para la trilogía. Pero no fue así y en la segunda parte analizaremos la carrera de Romero a partir de este punto.

26 jul. 2012

El arte de matar (La sindrome di Stendhal)


Es posible que esta película no guste precisamente a aquellos más familiarizados con la obra de Dario Argento, mientras que aquellos que desconozcan la obra del maestro italiano del suspense puedan apreciar con menos prejuicios El arte de matar (La sindrome di Stendhal, Dario Argento, 1995) ya que se trata de un film extraño que se aleja del tipo de giallo espectacular y sangriento por los que es más conocido y se acerca a films del estilo de Huellas de pisadas en la luna (Le orme, Luigi Bazzoni, 1975) o Repulsión (Repulsion, Roman Polanski, 1965).

La sindrome di Stendhal es, hasta la fecha, la última película interesante que ha dirigido Argento. Su filmografía después de este film se compone de películas de suspense más o menos entretenidas, con la excepción de Jennifer (2005), el estupendo episodio de la serie Masters of Horror que Argento dirigió en la primera temporada de esta irregular serie. Sin tener a su disposición los presupuestos de antaño, la calidad de sus films se ha resentido, además de la dificultad de encontrar guiones que no sean regulares ejercicios de intriga.

La sindrome es también un film extraño dentro de su filmografía porque es muy realista y nada fantasioso. Realista en la forma que retrata la enfermedad que da título al film y que sufre su protagonista, la inspectora Anna Manni (Asia Argento), ya que el film está lleno de imágenes surrealistas y alucinaciones, así como de las set pieces habituales en Argento. Se aleja de conceptos fantásticos como que el ojo guarda la última imagen que ve al morir la persona o poderes de comunicación con los insectos, para retratar de forma veraz los efectos que experimentan las personas que sufren este síndrome (pasajero). La razón de ello está en la doctora Graziella Magherini, cuyo estudio sobre esta enfermedad inspiró la película, psiquiatra y psicoanalista italiana que dio nombre al síndrome cuando observó los sintomas que sufrían distintos turistas que visitaban Florencia, cuando dirigía el Departamento de Salud Mental de Florencia y el servicio psiquiátrico del Hospital Santa Maria Nuova de la misma ciudad. La doctora Magherini fue asesora del film y supervisó todos los aspectos del guion que tenían que ver con la enfermedad.

Argento utiliza un estilo más psicológico, con elementos de drama, para contar como la inspectora Anna Manni sigue la pista de un violador convertido en asesino. El director nos mete en la cabeza de Manni y experimentamos la película a través de sus ojos. Ello significa que este es uno de los films más surrealistas de Argento, con escenas como la primera alucinación de Manni, donde se mete en un cuadro que la lleva al fondo del mar y se besa con un pez de rostro más o menos humano. El resultado es un film con un estilo visual espectacular, pero que es más intelectual y menos fácil de asimilar que sus anteriores y posteriores películas. El impacto visual del film se ve ensalzado por una inquietante y evocadora banda sonora de Ennio Morricone

Son estos elementos los que hacen que posiblemente aquel que vea esta película esperando encontrar "la típica película de Dario Argento" se lleven una decepción. Pero si os ponéis a ver la película con una mente abierta es posible que disfrutéis de este peculiar film. Si os apetece pasar casi dos horas con una persona mentalmente perturbada, pero con un tremendo atractivo físico como el que posee Asia Argento, dadle una oportunidad a esta película.

24 jul. 2012

Olvídalo, Jake. Es Chinatown.


En los años 70 se produjo una revolución dentro del cine policíaco y detectivesco. Films como Contra el imperio de la droga (The French Connection, William Friedkin, 1971) o La conversación (The Conversation, Francis Ford Coppola, 1974) presentaban el género de una forma nunca vista, rompiendo con las convenciones a la hora de presentar la trama o rompiendo tabúes a la hora de presentar personajes y representar la violencia, así como un mayor énfasis en las problemáticas sociales y psicológicas del país. Esta revolución que nos proporcionó una década llena de películas brillantes se vio impulsada por la llegada de nuevos directores que encabezaron una especie de Nueva Ola americana.

En este aspecto, Chinatown (Roman Polanski, 1974) se ha considerado como un film retro, al estilo de Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely, Dick Richards, 1975). Un intento de recrear el estilo clásico del cine negro de los años 30/40. Esta opinión normalmente se basa en el hecho de que está ambientada en los años 30, por tanto se interpreta que los realizadores querían hacer una recreación del género. Sin embargo, un estudio atento del trato de los personajes y la trama, llena de corrupción política y moral, nos revela Chinatown no como un film retro sino todo lo contrario: un film moderno y contemporáneo en sus intenciones como el resto de películas de esta década dorada del cine americano, con la única diferencia de que el film de Polanski no está ambientado en el presente. De hecho, uno de los principales objetivos de la película es desmontar (o deconstruir, si se prefiere) los tópicos del género para ofrecer algo diferente al espectador.

Chinatown surge de la imaginación de Robert Towne. La idea era hacer una película de detectives que estaría protagonizada por su amigo y compañero Jack Nicholson, producida por otro amigo de ambos, el productor Robert Evans que en aquel momento dirigía el estudio Paramount. Los tres decidieron que el director que querían poner al frente del proyecto era Roman Polanski, para que inyectara un poco de Nueva Ola en el film, de la misma manera que lo había hecho con el cine de terror en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Polanski, reticente de volver a Los Ángeles por los recuerdos que le traía del asesinato de Sharon Tate a manos de La Familia (la secta que dirigía Charles Manson), enfoca el proyecto de Chinatown como un trabajo de encargo, más que algo que le apasionara. Curiosamente, la forma en que Polanski trabajó en la película, junto al hecho de que era una producción hecha "entre amigos", sin intervención del estudio ni politiqueo de ningún tipo (la ventaja de tener al jefe del estudio como productor), dio como resultado final una obra maestra del cine, un film complejo e intelectual que también fue un gran éxito de taquilla.

Como decía, normalmente se considera que es un film retro. De hecho, el inicio de los títulos de crédito parece jugar con esa idea: el logo del estudio aparece en blanco y negro, los títulos aparecen en una pantalla reducida que imita el formato del cine de los años 40. Esta idea es destruida por el film cuando poco a poco se nos revela el universo en que nos moveremos, filmado en Panavisión, llenando el encuadre de una manera "moderna". Polanski huye de la estilización, cosa que enfatiza la fotografía de John A. Alonzo el cual hasta entonces había trabajado en documentales, y, además, no sólo utiliza en momentos escogidos la cámara en mano, también hace un trabajo en exteriores que crea un universo amplio, un mundo real, imposible en las casi claustrofóbicas películas de cine negro de los 40.

Pero uno de los elementos más modernos es la trama y cómo se resuelve. Towne, al igual que James Ellroy con las épicas novelas que forman el Cuarteto de Los Ángeles (mi favorita de las cuatro diría que es El gran desierto), se inspira en la historia real de la ciudad de Los Ángeles, y para ello parte de las guerras del agua que se iniciaron a principios del siglo XX y que para los años 30 ya habían terminado. Lo interesante es que en el momento de escribir la película se habían reiniciado de nuevo los conflictos por el agua en la ciudad, originados en gran parte por las consecuencias de los primeros conflictos y las peleas entre propietarios y especuladores y las jugarretas para llevar agua a la ciudad. Towne, por supuesto, lo ficcionaliza todo de modo que no es una recreación histórica en absoluto, aunque personajes como Noah Cross y Hollis Mulwray (John Huston y Darrell Zwerling en el film, respectivamente) están basados en personajes reales, o más bien se inspiran en personajes reales. De todos modos, se acerca lo suficiente a la realidad como para que su representación no esté exsenta de crítica.

El tema del agua y la crítica que se hace de los especuladores y la política incestuosa entre administraciones hace que, a pesar de estar ambientada en los años 30, Chinatown fuera un film contemporáneo en el sentido que trataba asuntos que en el aquel momento estaban de actualidad. Además, claro, de estar en sintonía con la crítica hacia las figuras de poder que estaba tan en boga en el cine americano de los 70, especialmente tras el Watergate. Otro detalle es que J.J. Gittes (Jack Nicholson) continuamente parece enfrentarse y tratar con desprecio a todo aquel que representa a la autoridad o la burocracia.

Otro aspecto "deconstructivista" de Chinatown es la manera en que representa a dos personajes tan icónicos e imprescindibles del género como son el detective y la mujer fatal. Gittes, al contrario que sus compañeros de ficción, no es un detective especialmente brillante. Es tremendamente vanidoso, tiene una tendencia a querer ser el héroe que le acaba llevando a la perdición. Su actitud, claro, es una forma de disimular los conflictos internos que le provoca su profesión (continuamente insiste en que se gana la vida forma honesta como si quisiera convencer no sólo a los demás, también a si mismo), mezclado con un terrible evento de su pasado, desconocido para el espectador, que marca sus decisiones en el presente.

Evelyn Mulwray (Faye Dunaway) es una particular mujer fatal. De hecho, no es una mujer fatal. Aparentemente segura de si misma, acostumbrada a que el dinero le facilite la vida, en el fondo es una persona tremendamente frágil. Casi inocente, en cada momento que aparece como una mujer imponente, vemos que parece a punto de romperse, perseguida por el horrible secreto que esconde su pasado. Dunaway ofrece una interpretación realmente fantástica, que se aprecia y comprende mejor cuando se ve la película por segunda vez, llena de detalles soberbios como cuando intenta llamar la atención de Gittes pero su voz se le rompe y queda tapada por el ruido del coche o cuando se tapa inconscientemente en el momento que se menciona al padre de Evelyn en la escena post coital entre Evelyn y Gittes.

Pero, tal vez, el elemento más moderno y revolucionario en el género es la demoledora conclusión del film. Ruedan los títulos de crédito y no se ha resuelto nada. Gittes se revela como un héroe incapaz de ganarle la mano al poder, que se sale con la suya ayudado por la incompetencia del sistema. Un final dramático que resonaría con fuerza entre el público de los 70, que había experimentado (y estaba experimentando) derrotas similares. Es este final el que hace que el film gane con un segundo visionado, no sólo se entiende plenamente el significado del título, que no es tanto una referencia a un lugar real como a un estado mental, también se ve bajo nueva luz la interpretación de Huston y Dunaway, así como líneas de diálogo adquieren un nuevo sentido.

Son todos estos detalles los que, desde mi punto de vista, convierten Chinatown no en un film retro, sino todo lo contrario. Los dos Jakes (The Two Jakes, Jack Nicholson, 1990) por contraste sí que sería un film retro, que sigue más de cerca los cánones del género. Originalmente, Towne concibió una trilogía protagonizada por Gittes, ambientada en diferentes momentos históricamente significativos en la historia de Los Ángeles. Los dos Jakes está ambientada a finales de los años 40, y si en la primera entrega el tema central era el agua, aquí es la tierra y el fuego. No es un film carente de interés, los aficionados al cine negro puede que la encuentren interesante, pero ni de lejos es un film tan brillante como Chinatown.

Chinatown es una película perfecta, indispensable para los amantes del cine. Si queréis disfrutar de esta película os recomiendo comprar la edición en Blu-ray americana vía Internet, es de zona libre y completamente subtitulada en castellano (excepto el audiocomentario que hacen Robert Towne y David Fincher). La edición europea (española, inglesa o francesa) no tiene ninguno de los extras de la edición americana y la calidad de imagen y sonido es menor, además de ser más cara.



23 jul. 2012

No tan olvidadas por el tiempo


Hace un tiempo mencioné de pasada en el comentario sobre El planeta de los dinosaurios (Planet of Dinosaurs, James K. Shea, 1977) las clásicas La tierra olvidada por el tiempo (The Land That Time Forgot, Kevin Connor, 1975) y Viaje al mundo perdido (The People That Time Forgot, Kevin Connor, 1977), dos estupendas cintas de aventuras llenas de monstruos que creo que se merecen su propio artículo. Y aquí está.

Estas dos películas se basan en las novelas homónimas de Edgar Rice Burroughs, las cuales junto a El abismo del tiempo forman la trilogía Caspak. Otra de las novelas de Burroughs, Los dioses de Marte, es una de las novelas que cita el escritor de fantasía y ciencia ficción Michael Moorcock como una de sus mayores influencias. Fue Moorcock, junto al también escritor de fantasía e ilustrador James Cawthorn, el encargado de escribir el guion de La tierra olvidada por el tiempo. El guion se mantiene bastante fiel a la novela, aunque Caspak se convierte en Caprona, menos por la parte final, que por insistencia de los productores se alteró para añadirle más ataques y acción.

Moorcock según ha comentado se considera a si mismo un anarquista pragmático, así que algunos de los temas de Burroughs se ven trasladados con el añadido de la sensibilidad de los 70 de la novela a la película. Así, la primera mitad de la cinta trata sobre los enfrentamientos entre alemanes e ingleses cuando un submarino alemán hunde un barco inglés durante la I Guerra Mundial. Entre los supervivientes se encuentra el americano Bowen Tyler (Doug McClure), el cual logra que el grupo de supervivientes se haga con el control del submarino alemán. Luego los alemanes se hacen de nuevo con el submarino y luego las tornas vuelven a cambiar. Todo ello hasta que se dan cuenta de que se hayan perdidos y de que si no colaboran juntos morirán todos. También hay que mencionar la presencia de Lisa Clayton (Susan Penhaligon), una científica que al contrario que la mayoría de los personajes femeninos de entonces, forma parte activa de la acción y no espera a que la rescaten. Otro aspecto progresista añadido a la historia que la hace más rica.

Una vez se acaban las hostilidades en el submarino empieza la aventura selvática: el grupo llega a una extraña isla donde la evolución parece no haber avanzado... O, más bien, avanza a un ritmo muy extraño: en diferentes partes de la isla existen diferentes periodos de la historia de la Tierra. Es aquí donde el film se convierte en una entretenida cinta de aventuras y brilla el encanto del gran Doug McClure, el cual aquellos que no sean aficionados al cine de serie B tal vez recuerden mejor por la parodia que se hizo de él en Los Simpsons.

Esta es la parte que todos esperamos ver con ataques de monstruosos dinosaurios a los cuales los protagonistas se enfrentan tan bien como pueden, así como los extraños habitantes humanos de la isla, más las tensiones entre los supervivientes. Eso sí, los efectos especiales no son gran cosa, en lugar de usar stop-motion se optó por utilizar muñecos articulados y mecánicos. A pesar de todo, la cinta contiene suficiente acción y aventura como para que los efectos no resten.

Una película cargada de sentido de la maravilla para aquellos a los que les apetezca disfrutar de una cinta de aventuras repleta de acción y monstruos, con el encanto propio de la época en que fue hecha, y con un guion más trabajado e inteligente de lo habitual.




Por tercera vez se ponía Kevin Connor a dirigir una adaptación de una novela de Edgar Rice Burroughs con Viaje al mundo perdido. Entre esta y La tierra... Connor había dirigido En el corazón de la Tierra (At the Earth's Core, 1976), basada en la novela con la que Burroughs inició la saga Pellucidar.

La película nos presenta una expedición decidida a rescatar a Bowen Tyler, tras ser descubierto el manuscrito donde narraba sus aventuras en la tierra olvidada por el tiempo. Esta vez, por tanto, toda la película transcurre en la peligrosa isla de Caprona, en la cual, además de los monstruos habituales, los protagonistas se enfrentarán a una tribu evolucionada que se dedica a hace sacrificios humanos a su dios volcán.

Esta segunda parte tiene un mayor regusto pulp y también más toques de comedia, además de que se aleja mucho más de la novela en que se basa que la primera entrega. El resultado final es una película tan entretenida como su predecesora, aunque un pelín más delirante. El único "pero" está en el reparto, el protagonista Patrick Wayne como Ben McBride no tiene ni la mitad del carisma de McClure (cuando este reaparece te dan ganas de dar gritos de alegría). El profesor Norfolk que interpreta Thorley Walters tampoco resulta especialmente memorable, sirviendo más como alivio cómico que otra cosa.

Por fortuna, lo insípido del reparto masculino se ve de sobras recompensado con el reparto femenino, en el cual nos encontramos a Sarah Douglas, fantástica (en más de un sentido) actriz de grandes ojazos y a Dana Gillespie, actriz de grandes... er, ah, ved el tráiler. Douglas es una reportera gráfica la cual se ha de enfrentar a la resistencia de McBride de tener a una mujer en la expedición (a pesar de que es a Douglas a quién se le ocurre la manera de que puedan salvarse). Gillespie es Ajor, una habitante de la isla de Caprona que se unirá a la expedición en busca de Tyler.

A pesar de tener un argumento más simple, el film no pierde respecto a la anterior gracias a las exploración que se hace de Caprona, revelando aspectos desconocidos y terribles de la isla. El que más llama la atención es la mencionada tribu de la Montaña de las Calaveras, la cual vive en, bueno, una montaña llena de las calaveras de sus víctimas, incluso los edificos tienen forma de calavera. Esta sección del film, con un estilo que luego adoptarían los inquilinos del Templo Maldito, es la más "pulpera" y donde los monstruos son más efectivos, así como los efectos de maquillaje.

En definitiva, una estupenda y entretenida cinta de aventuras pulp, ideal para ver después de la primera entrega.

20 jul. 2012

El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises)


Hay una cosa que no me ha gustado de El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, Christopher Nolan, 2012): el título en castellano. ¿A qué se refiere "la leyenda renace"? ¿Por qué no El regreso del caballero oscuro? Oh, es verdad, ya estaba cogido. Da igual, el resto es canela fina.

El cierre de la trilogia de Nolan sobre Batman mezcla elementos de La caida del murciélago y Tierra de nadie para crear un film épico que le da conclusión de manera magistral. Por supuesto, esta película no es mejor que El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), pero es que El caballero oscuro es El padrino. Parte II (The Godfather: Part II, Francis Ford Coppola, 1974) de las pelis de superhéroes. Esta tercera entrega es una gran cinta de acción épica, que consigue que te olvides de que se trata del viaje del héroe que tantas veces hemos visto en el cine. Por comparación, las pelis de Burton parece infantiloides y las de Schumacher mejor ni mencionarlas (sólo hay que ver lo que hicieron con Bane). Supongo que parte de mi entusiasmo se debe también a la terrible decepción que me llevé con la nueva reinterpretación del amistoso vecino Spiderman.

Claramente este es uno de esos casos en los que, en palabras de los Rolling Stones, "es el cantante y no la canción". La ejecución de Nolan de un guion que en manos de otra gente habría resultado previsible y rutinario nos hace olvidar lo familiar de la historia, los elementos añadidos y personales la hacen apasionante. Este género es como el blues, hay un número limitado de notas sobre las que trabajar y realmente se necesita un maestro para que no suene todo igual. Nolan lo consigue, también, manteniéndose fiel a la fuente.

La fidelidad a los cómics (por lo [más o] menos a las sagas mencionadas) hace que cualquiera que las haya leído esté bastante familiarizado con lo que va a suceder. Pero, acostumbrado a las barbaridades a la hora de adaptar un cómic a la pantalla, cuando cambian cosas logran sorprender al espectador (a mí quiero decir), no en el sentido de "oh, esto sí que no me lo esperaba" sino más bien "oh, por eso han dicho Z en lugar de B pero dicen B en realidad".

Como en las anteriores, Nolan utiliza Batman de forma que encaje con el resto de sus películas, las cuales normalmente giran en torno a hombres obsesionados, haciendo entretenimiento de calidad, aunque en esta ocasión se refleje parte del clima actual económico, lo cual es siempre interesante (más propio de la Marvel que de DC, eso sí. La razón por la que dejé de leer DC). Si te gustaron las anteriores, hay muchas posibilidades de que esta también te guste. Si no te gustaron las anteriores... La verdad no sé que decirte (es verdad, hay gente que prefiere las de Burton a las de Nolan). Por supuesto, si estás leyendo esto imagino que ya la has visto. ¿Verdad que ha estado bien?

19 jul. 2012

Los Crazies (The Crazies)


La primera vez que vi Los Crazies (The Crazies, George A. Romero, 1973) no me gustó nada. La vi en video, grabada tras un pase de madrugada televisivo, con una calidad de sonido y doblaje indignos de una producción porno y una imagen oscura que hacía difícil ver lo que estaba pasando. Además tenía 10 años y entonces creía que las películas de ciencia ficción buenas de verdad por obligación debían tener un monstruo horrible por lo menos, sangre y actrices con una bona regatera. Así que Los Crazies me pareció malísima.

A pesar de lo que digan mis ex, ya no tengo 10 años desde hace tiempo y mi opinión sobre lo que es una película de ciencia ficción "buena de verdad" ha variado bastante, de modo que cuando años más tarde (concretamente cuando Blue Underground la editó en Blu-ray) volví a ver Los Crazies me gustó bastante.

La película narra una crisis biológica que se origina cuando, por accidente, un peligroso virus que vuelve a las personas asesinos dementes afecta una típica ciudad rural americana. El ejército se hace cargo de la situación provocando que la situación vaya empeorando cada vez más, mientras un grupo de supervivientes intenta salir de la ciudad de una pieza.

Lo interesante de este film, para mí, es que no hay buenos y malos en el sentido tradicional cinematográfico. Obviamente, la película contiene un potente mensaje contra el estamento militar y el gobierno: eran los 70 y Estados Unidos atravesaba un periodo de desconfianza gubernamental alimentado por el escándalo Watergate, los disturbios estudiantiles y sociales y la resolución del conflicto de Vietnam. Romero es un director que se caracteriza por incluir en muchos de sus films un mensaje crítico hacia el gobierno y los estamentos de poder. Pero en el film los auténticos villanos son la incompetencia y la estupidez con la que es manejado el estamento militar, ya que los personajes militares se nos representan simplemente como personas siguiendo órdenes por muy estúpidas que sean, intentando hacer lo que creen es mejor. Eso provoca una serie de decisiones y actitudes que acaban haciendo que una situación muy grave se convierta en catastrófica. Tal vez, sí que hay unos villanos: los representantes del gobierno que discuten si lanzar o no una bomba nuclear sobre la ciudad pero les preocupa la vergüenza que les podría hacer pasar en los medios más que la pérdida de vidas humanas.

Uno de los que más sufre la incompetencia militar es el doctor Watts (Richard France, el tío del parche en Zombi [Dawn of the Dead, 1978]), un científico que se dedica a estudiar el virus: protesta por la decisión estúpida de llevarlo al pueblo cuando todo el material para investigar ya lo tiene a su disposición y no ve necesario desplazarse. Cuando está allí no tiene ningún material para investigar la creación de un antídoto: todo el material está en su laboratorio y ha de esperar a que se lo envíen, causando más retrasos y frustación. Y la cosa culmina con su final, que no contaré aquí por si acaso alguien no ha visto la película.

Romero dedica también una buena parte del film a retratar las reacciones humanas de los soldados y la población. Por ejemplo, tenemos el momento en que unos soldados sacan de su casa a una familia para llevarla con el resto de ciudadanos, un soldado se fija en una caña de pescar que le gusta y decide robarla. Por otro lado, los protagonistas en su huida también cometen varios errores que los hacen más humanos en lugar de personajes en una película, errores que aportan la ironía existencial tan apreciada por Romero.

Esta es una película que no para. Empieza con el ataque de uno de los infectados (mi infectada favorita es una señora que va barriendo una colina mientras sus compañeros infectados van asesinando gente) y va subiendo a partir de ahí, desarrollando la tensión y el histerismo entre la población y los militares. Una escalada dramática, además de una rapidísima edición, que contribuyen a que la película se te pase en un suspiro a pesar de su duración (algo más de 100 minutos).

El film me recordó a la primera parte de la novela de Stephen King Apocalipsis. Ambas comparten la manera en que muestran el desarrollo de la catástrofe y como cada estúpida decisión contribuye a hacerla peor, así como la locura y degeneración humanas. King es un seguidor de Romero y ambos son amigos, así que no sería extraño que esta película hubiera influido en la novela. Hay que mencionar también que cuando se publicó la novela originalmente en 1978, Romero intentó llevarla al cine en un proyecto que finalmente no vio la luz. Juzgando por este film, podría haber sido una gran adaptación, más si tenemos en cuenta las dos grandes colaboraciones entre King y Romero: la fantástica Creepshow (1982) y la interesante La mitad oscura (The Dark Half, 1993).

En resúmen, una interesante combinación de acción, drama y ciencia ficción cargada de tensión, muy recomendable. Soy consciente de que se hizo un remake el 2010, pero no lo he visto así que no me pronunciaré sobre el mismo, de momento.

17 jul. 2012

¿Sabes la diferencia entre justicia y CASTIGO?


Cortometraje protagonizado por Thomas Jane dedicado a los fans de Frank Castle, el Castigador.

La verdad está aquí dentro


A veces sucede que estoy distraído haciendo haciendo cualquier cosa y me ataca la inspiración. Ya sea ideas para relatos o deducciones pop. Por ejemplo, se me ocurrió mientras escribía el post sobre John Carter (Andrew Stanton, 2012) que la razón por la que La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) se mantiene por encima del resto de películas de la saga galáctica es que en Star Wars Lucas copió el argumento de La fortaleza escondida (Kakushi-toride no san-akunin, Akira Kurosawa, 1958), lo mezcló con elementos sacados de la saga Barsoom de Edgar Rice Burroughs y los seriales protagonizados por Flash Gordon, aderezado todo con la guía de John Campbell; para el resto de películas recurrió a su propia inventiva, de ahí el progresivo bajón en cuanto a calidad objetiva en la saga galáctica (aunque personalmente me gusten bastante).


Todo esto viene a colación a unas recientes reflexiones sobre Expediente X (The X Files, Chris Carter [creador], 1993-2002) (como habréis deducido por el título y la imagen que acompaña el artículo) y las razones por las cuales acabó cayendo en desgracia a los ojos de la audiencia. Poco antes de que se iniciara la Eurocopa y debido a que no daban nada en la tele que me interesara (muchos menos el fútbol, que me aburre mortalmente) empecé a ver de nuevo la serie Expediente X desde el principio, ya que la tengo toda en DVD (qué sorpresa, ¿verdad?), cada día después de cenar.


Primero me gustaría contaros que creo que la nueva oleada de series de televisión, con calidad visual cinematográfica y guiones de gran calidad, que se inició con tres series clave como fueron Los Soprano (The Sopranos, David Chase [creador], 1999-2007), A dos metros bajo tierra (Six Feet Under, Alan Ball [creador], 2001-2005) y Perdidos (Lost, J.J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof [creadores], 2004-2010) no habría sido posible sin la existencia de Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost [creadores], 1990-1991), Expediente X y Buffy, la cazavampiros (Buffy the Vampire Slayer, Joss Whedon [creador], 1997-2003).


Durante los 60, 70 y 80 las series de televisión variaban en calidad y entretenimiento, algunas se han convertido en clásicas y otras ahora causan vergüenza ajena, pero más o menos se cortaban todas por el mismo patrón: episodios autoconclusivos (excluyendo culebrones y miniseries) y personajes que se mantenían igual a lo largo de la serie.

Con Twin Peaks se presentó por primera vez una serie que contaba una única historia que se desarrollaba a lo largo de diferentes capítulos y que no era un culebrón. Si bien los personajes no evolucionan, la serie era algo más que una sucesión de episodios sin relación entre sí. Por supuesto esto tenía su origen en que en un principio Twin Peaks se pensó como una miniserie de 7 episodios que luego se alargó, pero la semilla estaba ya plantada.

Con Expediente X se afianza la fórmula del arco argumental que abarca una temporada con una serie de episodios autoconclusivos intercalados. La nota importante es que sus personajes evolucionan, especialmente Scully (Gillian Anderson), cuyas experiencias la cambian haciendo que sea un personaje distinto al inicio de la serie del que aparece al final.


Buffy llevó esto un paso más allá, presentando un arco argumental distinto en cada temporada, relacionado de alguna forma con el momento vital de los protagonistas. Los personajes de la serie evolucionan, cambian y maduran a medida que van del instituto a la universidad y de ahí al "mundo real".


El fallo de Expediente X, desde mi punto de vista, que hizo que no llegara a la décima temporada aniversario que había envisionado Chris Carter radica precisamente en la gran y opaca historia que une todos los episodios.


El problema de la serie estaba en un historia bastante simple pero que se iba complicando y complicando a medida que pasaban las temporadas. Lo peor de todo es que después de años con la misma historia, Carter la concluye abruptamente y empieza una nueva. Una nueva historia que era igual que la anterior pero con distintos extraterrestres.


Creo que la serie habría aguantado más si hubiese tenido en cada temporada un arco distinto, como en Buffy, en lugar de simplemente coger una simple historia de invasión extraterrestre y complicarla de manera que finalmente se les fue de las manos con algunas decisiones creativamente discutibles. Deberían haber aprendido de series como V (Kenneth Johnson [creador], 1983, 1984) o Los invasores (The Invaders, Larry Cohen [creador], 1967-1968) que las historias de invasiones extraterrestres funcionan sólo si no se alargan innecesariamente o acaban cansando.


Irónicamente, mientras el arco argumental, lo que la hacía moderna y diferente de las demás, iba empeorando y perdiendo interés a medida que avanzaba, los episodios que no tenían nada que ver con la historia principal son bastante buenos y se mantienen en buena forma hasta el final, a pesar de la marcha de David Duchovny. Son en estos episodios donde se hace realmente alarde de una fértil imaginación (también hay alguno flojillo, ya lo sé), consiguiendo en algunos casos auténticos momentos de miedo y suspense.


Por eso, a pesar de todo, sigo viendo la serie cada noche después de cenar, porque aunque no me interese demasiado su mitología principal me sigue proporcionando grandes momentos cargados de misterio (y tampoco dan nada en la tele que me interese). ¿Qué opináis vosotros?


13 jul. 2012

La mano (The Hand)


Hoy es viernes 13, así que es el día ideal para repasar una peli de terror. Ya le dediqué dos posts a la mejor saga del cine de terror, la protagonizada por Jason Voorhees (1 y 2), pero lo que os traigo hoy tampoco tiene desperdicio: una peli sobre una mano asesina dirigida por Oliver Stone.

Paraos a pensarlo un segundo: Mano asesina. Dirigida por Oliver Stone.

Como otros muchos directores antes que él, Oliver Stone se dio a conocer con una pequeña película de terror: Seizure (1974). Su siguiente film también estaría enmarcado dentro del género del terror, se trata del film que nos ocupa hoy: La mano (The Hand, 1974), aunque son sus trabajos más dramáticos los que luego serían más recordados, a partir de su primera película "seria" como director, Salvador (1986). Pero si os soy sincero, para mí La mano es una de sus mejores películas (y él también está bastante contento con ella a juzgar por el audiocomentario que incluye la edición en DVD).

Stone se basó en la novela de Marc Brandel The Lizard's Tail para escribir el guion. No he leído la novela, pero a juzgar por la sinopsis Stone se mantuvo bastante fiel al libro. Por cierto, Brandel fue uno de los escritores que se encargó de las aventuras de Alfred Hitchcock y los tres investigadores, una serie de novelas de intriga juvenil que de pequeño me gustaban bastante. El film está protagonizado por Michael Caine, el cual interpreta a Jonathan Lansdale, un dibujante de cómics cuya tira de prensa Mandro goza de gran popularidad (Mandro es un personaje a la Conan y los dibujos que aparecen en el film fueron hechos por Barry Winsor-Smith). En un accidente de coche, Lansdale pierde una mano. El desastre coincide con el derrumbamiento de su matrimonio. Poco después, Lansdale empieza a tener visiones en las cuales su mano desaparecida ejecuta sus fantasías homicidas, las cuales tienen la desagradable manía de hacerse realidad.

Esta es una estupenda peli de terror en la cual Stone empieza a dar señales de su estilo más surrealista posterior en las alucinaciones y pesadillas que sufre Lansdale, todo ello completado con una fantástica banda sonora de James Horner. Eso sí, es posible que aquellas personas con los pies más anclados en la tierra que tiendan a dar una respuesta racional a todo se sientan algo decepcionados por el giro final, que para mí no es un giro sino la conclusión "lógica".

La película se divide en dos partes. En la primera tenemos a Lansdale cuando tiene el accidente, con su matrimonio que hace aguas y el repelente sustituto que la editorial le busca para continuar la serie Mandro, parte en la cual se empieza a plantear la noción de que algo horrible está acechando la vida de Lansdale y empieza su pesadilla. En la segunda mitad Lansdale se traslada a enseñar a una pequeña comunidad rodeada de bosques, en la cual veremos como empieza a parecer cada vez más loco a los ojos de los demás una vez se intensifica la intensidad del horror que le sigue. Es esta parte donde la película gana más, representando la pesadilla de Lansdale de forma fantástica.

La mano no deja de ser una humilde y entretenida película de terror dirgida por un director que más adelante se embarcaría en films más ambiciosos y costosos, pero para mí este film tiene más encanto y es más efectivo que la mayoría de sus proyectos posteriores (excepto tal vez JFK (Caso abierto) [JFK, 1991], la cual encuentro muy disfrutable como peli de suspense paranoide, sin tener en cuenta sus pretensiones históricas). Muy recomendable para los aficionados que no la conozcan.

12 jul. 2012

Arac Attack (Eight Legged Freaks)


Esta no es una desconocida joya a descubrir. Esta no es una pequeña maravilla a reivindicar. Esta es una peli tonta que me hace gracia.

Arac Attack (Eight Legged Freaks, Ellory Elkayem, 2002) se estrenó en el momento ideal: el verano, la época perfecta para este tipo de películas. Cuando la vi en el cine me divirtió mucho y, al comprarla en DVD, la vi varias veces más. Sin embargo, hace ya un tiempo que no la repasaba y la tenía bastante olvidada, así que cuando estaba rebuscando entre mi colección algún título que valiese la pena comentar y este film cayó en mis manos, con su antigua funda Warner de cartón que todo el mundo odiaba en su momento y ahora es como pieza de coleccionista, decidí revisitar esta historia de arañas gigantes, para ver qué tal la había tratado el tiempo.

Pues bastante bien, parece ser.

¿Hace falta que comente que es un homenaje a las películas de monstruos gigantes de los 50? Quiero decir, es bastante obvio viendo el argumento. Es algo que explotan en el menú del DVD, con el diseño y los signos de exclamación en cada opción. Al parecer, el director es un apasionado de los monstruos y argumentos de los 50. En el 2000 dirigió Están dentro (They Nest), una más o menos entretenida película en torno un pueblo asediado por unos bichos asesinos que se gestan dentro de sus víctimas. En el 98, Elkayem debutó dirigiendo el cortometraje Larger Than Life, en el cual una mujer se enfrenta a una araña gigante. Este cortometraje está incluído en la edición en DVD del film que nos ocupa ya que fue la razón por la que Roland Emmerich decidió producir Arac Attack (título original del film que en Estados Unidos se cambió por el de Eight Legged Freaks después de que David Arquette lo improvisara como diálogo en una escena de la película).

Una de las cosas que me gusta de Arac Attack es que en lugar de recurrir a patochadas de ingeniería genética sus arañas gigantes son creadas a partir de la exposición a los residuos tóxicos de toda la vida. Así, al principio de la película un camión pierde un barril de residuos, como si fuera Tromaville, y eso afectará a los grillos que son comidos por las arañas. También he de decir que se me había olvidado que sale Scarlett Johansson haciendo de hija adolescente rebelde de la protagonista, un más que agradable reencuentro con una Johansson recién entrada en la mayoría de edad. Y de qué manera. Por cierto, esta mujer ya de joven tenía una voz muy grave como una mujer de club de esas que fuman, te hablan de tu y te cogen de la mano.

La película nos introduce muy pronto con la única cosa que para mí le sobra, el niño repelente sabelotodo Mike (Scott Terra), por fortuna aunque al principio está bastante presente, hacía el final pasa a un agradable segundo plano, cuando la acción explota en pantalla.

Niño sabelotodo aparte, la verdad es que este es un film con altos niveles de disfrutabilidad. El tono irónico y los toques de comedia, por una vez, funcionan bien. Hablo de la VO, claro. Personajes como el paranoico locutor de radio Harlan Griffith (Doug E. Doug) pierden toda su gracia con el doblaje. Además, en la versión doblada también desaparecen las referencias a Spiderman, David Bowie y otras. Bueno, supongo que la de David Bowie se puede captar igualmente, pero no tiene la misma gracia. También hay homenajes a otros clásicos del terror que podéis descubrir vosotros mismos.

Hay también momentos de los personajes no relacionados con arañas gigantes que también me hicieron gracia, como cuando la tía Gladys (Eileen Ryan) le dice a su sobrino Chris (David Arquette) "aféitate esa cosa, hace que tu cara parezca la entrepierna de una stripper".

La estructura del film es la habitual: al principio conocemos a los personajes y sus historias y dramas, con una trama muy predecible sobre la mina del pueblo, ataques aislados primero y luego la gran invasión arácnida. Es en esta segunda mitad de la película que realmente se perdona cualquier fallo anterior ya que es pura diversión. Cierto que el empleo de arañas CGI canta en algunos momentos, pero también se utilizan arañas "prácticas", con lo cual se equilibra un poco.

Arañas gigantes destruyendo un pueblo, una jamona adolescente joven Scarlett Johansson, un homenaje a la ci-fi de los 50 y una buena mezcla de comedia y terror son los ingredientes que nos ofrece Arac Attack. Los ingredientes que hacen de ella un ideal entretenimiento veraniego.



Esto no tiene nada que ver con Arac Attack, pero me parece que está bastante bien, estéticamente hablando. Descarga gratuita en http://jjamzmusic.com/

10 jul. 2012

The Amazing Spider-Man


Este comentario sobre la reciente The Amazing Spider-Man (Marc Webb, 2012) me temo que me va a salir bastante esquizofrénico. He intentado al máximo juzgar la película por méritos própios, pero llevo leyendo las aventuras de Spiderman desde que tenía 10 años, así que me ha sido imposible no tenerlo en cuenta a la hora de juzgar la peli porque es un personaje que me ha acompañado prácticamente toda mi vida (como Superlópez y Stephen King) así que muchos de mis comentarios y quejas puede que le parezcan absurdos a alguien que no sea un fan. Eso sí, tampoco soy un fanático furioso, como prueba el hecho de que varias cosas me las tomé a risa.

Tenía bastantes ganas de ver esta película. Hace tiempo, cuando surgieron las discusiones y tensiones entre Sam Raimi y el estudio por el rumbo que debía tener la cuarta entrega, más después del regular resultado de la tercera,  recuerdo pensar: "Raimi, muchacho, olvídate del Buitre, hay que hacer una peli con el Lagarto". El Buitre nunca fue un personaje que me gustara demasiado, tampoco hoy día, en cambio me encantaba el Lagarto por su aire de personaje de peli de serie B y la tragedia que lo acompañaba. Mi cuarta parte de Spiderman soñada giraba en torno a la tragedia de Curt Connors y como Spiderman intenta devolverle la humanidad y salvar también a su familia de la muerte. Paralelamente, J. J. Jameson habría contratado a Kraven el Cazador para capturar al Lagarto oficialmente, extraoficialmente para acabar con Spiderman. El final tendría lugar en las profundidades de la ciudad, con Spiderman intentando salvar a la familia Connors que Kraven utiliza como cebo, devolver la humanidad al doctor Connors y evitar que Kraven los mate. Básicamente, mezclar algunas de las historias que más me habían gustado. El hecho que esta película apareciera el Lagarto me ilusionaba.

Que se volviese a contar el origen tampoco era un problema, aunque algo de mandra me daba, ya que como lector estaba acostumbrado a que me contasen de varias maneras diferentes el mismo origen. Ya en el número 1 de Spectacular Spiderman (julio 1968) Stan Lee volvió a contar el origen del personaje para inaugurar la nueva colección paralela del lanzarredes.

Antes de entrar a ver la película, hubo las típicas bromas imitando a la Pantoja de Puerto Rico con el "amazing" del título (he ahí una referencia para unos pocos afortunados) y luego un incidente menor provocando vergüenza ajena cuando durante el tráiler de Prometheus me tapé los ojos y estuve haciendo ruidos para no enterarme de nada. Mucho optimismo y anticipación. Y empezó la película.

The Amazing Spider-Man corrige algunos de los fallos de la trilogía de Sam Raimi y luego se las arregla para crear toda una nueva serie de errores propios. El tono es el equivocado, copiando el estilo de las películas Marvel a ratos y luego el del Batman de Nolan, con lo cual resulta demasiado grave y seria para ser una película de Spiderman, con algunos toques de humor (de los cuales funciona realmente solo uno), pero haciendo que los momentos serios y dramáticos pierdan impacto a pesar de adoptar un tono grave. Puedo imaginarme a los ejecutivos del estudio diciendo: "necesitamos un Spiderman más moderno, más oscuro, más... como les ha hecho ganar millones a los demás".

Nada más empezar me entró la risa tonta, ya que habían decidido coger una de las historias más ridículas y tontas de la historia de Spiderman para tratarla en la película. En el Annual número 5 (1968) de Amazing Spiderman Stan Lee se sacó de la manga una absurda historia sobre los padres de Peter Parker a los que convirtió en espías. Historia que desde entonces a ahora se ve como uno de los momentos bajos de la serie, más que nada por lo ridícula que resultaba. Y ésa es la historia que deciden coger para la película. Bueno, a partir de ahí sabía que iba a tener problemas con la peli.

Otro momento de risa tonta fue cuando aparece por primera vez Andrew Garfield como Peter Parker llevando un monopatín. Un monopatín. De un momento a otro me esperaba que dijera "radical" o "qué fuerte" o "viva 1987". Luego tenemos el hecho de que Garfield parece tan adolescente como Ana Obregón. Emma Stone está ahí, ahí, pero Garfield resulta imposible de creer como adolescente. Su interpretación además tampoco es que sea muy buena, había momentos que me daban ganas de darle una colleja.

Al estar en el instituto, por un momento pensé que Emma Stone interpretaba a Liz Allen, pero no: es Gwen Stacy. Tanto Gwen Stacy como Mary Jane aparecieron bastante tarde en la colección, cuando Peter Parker entra en la universidad, pero, bueno, no es algo que me importe. Recuerdo que cuando se estrenó la primera entrega que dirigió Raimi dijeron que no habían introducido a Gwen Stacy porque no querían confundir a las personas que no estaban familiarizadas con el cómic, cosa que nunca acabé de entender: ¿qué tiene que ver el hecho de estar familiarizado o no con un cómic con el hecho de crear un triángulo amoroso? Parte de la diversión de leer Spiderman es que su vida amorosa es bastante liada y divertida (como el rollo con la Gata Negra o cuando se enrolla con su compañera de piso Michelle Gonzales en la etapa más reciente dándonos momentos de pura carcajada). Pero parece ser que los ejecutivos no creen en las ventajas dramáticas de los triángulos amorosos: es un héroe y su chica y punto. Bueno, supongo que es mejor eso que la torpe introducción de Gwen Stacy en la 3.

Dejando de lado por un momento las diferencias entre cómic y película, este film tiene serios problemas que no tienen nada que ver con la fidelidad al cómic, se trata de pura torpeza narrativa. Hay un momento, por ejemplo, al principio del film en que Peter Parker señala una máquina y el doctor Connors (Rhys Ifans) le dice: "Oh, sí, esa máquina que puede propagar una solución por el aire como un antídoto pero que si alguien lo usara para lanzar una toxina sería fatal". Vaya, me pregunto si esa máquina tendrá algún papel al final de la película.

Los que hayáis visto la genial Kiss Kiss, Bang Bang (Kiss Kiss Bang Bang, Shane Black, 2005) recordaréis un momento en el cual se hace un chiste sobre este tipo de narración torpe y obvia en el cual el narrador del film se disculpa ante el espectador. Y siete años más tarde aquí lo tenéis de nuevo pero hecho en serio. Lo cual no me molestaría tanto si la película no hubiese sido escrita por tres guionistas de prestigio: James Vanderbilt escribió Zodiac (David Fincher, 2007), Alvin Sargent escribió la mejor película que se ha hecho sobre Spiderman: Spider-Man 2 (Sam Raimi, 2004) y Steve Kloves fue el guionista de la saga Harry Potter así como de otras películas como Los fabulosos Baker Boys (The Fabulous Baker Boys, Steve Kloves, 1989). Que esta gente me venga con cosas como "qué es esa máquina" o caer en clichés ridículos como un moribundo soltando un discurso larguísimo me parece imperdonable.

Otra de las muestras de torpeza narrativa es como planean la segunda parte y van introduciendo elementos que tendrán su recompensa en la secuela (aunque parece ser que no han contratado a nadie como Duende Verde así que no se le ve bien la cara en ningún momento) pero en lugar de parecer algo natural parece más bien derivativo del estilo Marvel, especialmente la secuencia post-créditos. Tal vez el problema también sea que todo hacia lo que apunta hacia la secuela me daba muy, muy mala espina.

Antes he dicho que Spider-Man 2 de Raimi me parece la mejor película que se ha hecho sobre el lanzarredes. Parte de esta opinión se basa en la manera que trata los personajes, excepto la Mary Jane de Kirsten Dunst que no tiene personalidad y su única función parecer ser que Spiderman tenga alguien a quién rescatar, y especialmente la manera en que representa al villano Doctor Octopus (Alfred Molina), dándole una gravedad y profundidad que no tenía en el cómic. En The Amazing Spider-Man hacen justo lo contrario con Curt Connors. Lo interesante de las historias del Lagarto en el cómic es que se trataba no sólo de detenerlo sino también de salvarlo, de devolverlo a su familia curado. Y empezamos con que en la película Connors no tiene familia, con lo cual parte de la tragedia del personaje desaparece, así como tampoco queda bien justificado por qué se inyecta el suero. Básicamente, destrozan el personaje. Eso sin mencionar que convertir Spiderman en un enmascarado buscando venganza me parece un pecado.

Para acabar esta larga diatriba, para mí lo peor fue que cuando acabó la película me quedé simplemente pensando "ok, pues ya la he visto". Eso es lo peor. Simplemente "bien". Con una peli de Spiderman. Con uno de mis personajes favoritos. Cuando acabo de ver una peli de este estilo que me gusta me encuentro en un estado de euforia, de alegre diversión, con ganas de ver más y más películas del personaje. En cambio aparte de reírme de la peli y algún momento aislado, no experimenté ninguna de la exaltación que había experimentado con otras pelis del género. Demasiado "ya he estado aquí, ya lo he visto", un tono equivocado, ninguna personalidad y elecciones equivocadas. Y me fastidia porque se trata de Spiderman y realmente quería que esta película me gustara mucho y disfrutarla a fondo. Por cierto, al final copian la coda que añadía Raimi pero lo hacen de noche, así que es COMPLETAMENTE diferente.

6 jul. 2012

La estupidez hollywoodiense y la inmerecida suerte de John Carter


Antes que nada quiero aclarar que no tengo nada en contra del cine de entretenimiento de Hollywood. No tengo nada en contra de las películas, pero siempre me irrita la estupidez e ignorancia de la que hacen gala algunos estudios y algunos productores, cuando gente no creativa trabaja en algo muy creativo. Me refiero, por ejemplo, a lo que comenta Kevin Smith en este video, subtitulado para los que no sepan inglés (por cierto: es Jon, no John):



Es la estúpida manera en la que los estudios arruinan una película por motivos que no tienen nada que ver con el arte o la calidad de la película, ya sea tomando decisiones artísticas absurdas, una mala distribución o un mal llevado marketing. En el caso de John Carter (Andrew Stanton, 2012), como el estudio Disney consiguió que una película fantástica (que lo es) fuera un fracaso de taquilla inmerecido.

Pero empecemos por el principio, hace 100 años...

No me atrevería a decir que Edgar Rice Burroughs era un enorme talento literario, pero sí que tenía una imaginación desbordante y una habilidad asombrosa para mantener al lector entretenido. Creador, además del aventurero John Carter, de Tarzán, su creación más popular o más conocida por el gran público, sus novelas e historias de aventuras, ciencia ficción y fantasía han sido fuente de inspiración (cuando no directamente saqueadas) de prácticamente todas las películas de aventuras y fantasía estrenadas en el siglo XX y XXI. Desde la creación de Supermán, pasando por la trilogía galáctica original de George Lucas hasta llegar a la última epopeya de James Cameron, todas presentan elementos, personajes y argumentos que fueron creados o tratados por Burroughs en sus novelas.

Una princesa de Marte, la primera novela de la saga Barsoom que cuenta las aventuras de John Carter en Marte, apareció en 1912. Ya entonces se intentó hacer una versión en dibujos animados sin éxito. Durante décadas se intentó llevar al cine las aventuras de John Carter, pero la dificultad de crear las criaturas y personajes de forma convincente acabó siempre por hacer que el proyecto no llegara a nada. Un año antes de que se pusiera a trabajar en Iron Man (Jon Favreau, 2008), Favreau, un fan del trabajo de Burroughs, estuvo trabajando en una película de John Carter que al final quedó en nada en la Paramount. Antes que él, a finales de los 80 John McTiernan lo intentó en un film que habría estado protagonizado por Tom Cruise.

Cuando el proyecto quedó en nada en la Paramount, Disney se hizo cargo y empezó a trabajar para llevarlo a cabo. Andrew Stanton, fresco tras el éxito de la genial WALL-E. Batallón de limpieza (WALL-E, 2008), se puso al frente del proyecto ya que era un fan de John Carter desde que descubrió sus increíbles aventuras primero en la serie de cómics que Marvel publicó a mediados de los 70 y luego por las novelas de Burroughs. Para escribir el guion Stanton se alió con otro fan de Carter y compañero suyo, Mark Andrews. El toque final del guion correría a cargo de otro gran fan de Carter: el escritor ganador del premio Pulitzer Michael Chabon. Con tres talentosos fans de John Carter al guion, parecía que todo iría sobre ruedas, al menos artísticamente. Y entonces el estudio intervino.

El primer y significativo error de la Disney fue el cambio del título. El estudio no quería perder la audiencia masculina, ya que según ellos ningún hombre que se precie iría a ver una película con la palabra "princesa" en el título. Por tanto, se decidió cambiar el título de A Princess from Mars a John Carter of Mars (que curiosamente es el título de la última novela de la saga). Los de The Asylum, una compañía especializada en sacar copias baratas de los estrenos de los grandes estudios (utilizando títulos similares y pósters parecidos en la comercialización) no tardó en sacar su versión, después del cambio de título por parte de la Disney. ¿Adivináis cómo la titularon?


En marzo del 2011 se estrena en Estados Unidos Marte necesita madres (Mars Needs Moms, Simon Wells, 2011), producción de la Disney que resulta ser un fracaso de taquilla. No sé si fue el fracaso de esta cinta lo que hizo que se asustaran en el estudio por estrenar otra película con la palabra "Mars" en el título o otro torpe intento de llevar a la mayor cantidad posible de público lo que llevó al segundo y fatal cambio de título: John Carter of Mars era ahora simplemente John Carter.

John Carter es como titulas una película policial de los 70 pero no una space opera. Bueno, no, en los 70 se habría llamado simplemente Carter (y de hecho existe la genial Get Carter [Mike Hodges, 1971], titulada en España Asesino implacable). El caso es que las películas de fantasía y aventuras de ciencia ficción necesitan títulos evocadores y rimbombantes, incluso ridículos, como El imperio contraataca (Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980) o Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011). Pero lo peor de todo fue la incapacidad del estudio de generar interés por la película.

Es decir, yo sabía quién era John Carter y quería ver la película por eso, pero alguien que no supiera nada de John Carter y sólo lo conociera por el tráiler ¿por qué iba a querer ver la película? Tanto el tráiler como los pósters y la publicidad oficiales son increíblemente sosos y poco interesantes. Lo único que te transfieren los tráilers es la noción de que "esto ya lo he visto antes". Lo cual, en cierta forma, es cierto, ya que como he dicho antes prácticamente todas las películas de aventuras y ciencia ficción modernas han cogido elementos de las historias de Burroughs.

Esta torpeza a la hora de publicitar la película se veía contaminada además por el pufo de la desesperación. A medida que se rodaba la película y se entraba en la posproducción el presupuesto del film se disparó. Se disparó de manera que para que diese beneficios debía ser un éxito comparable al de grandes taquillazos como El caballero oscuro (The Dark Knight, Cristopher Nolan, 2008). El pánico del estudio hizo que se gastaran más dinero en publicidad inútil y que se generaran rumores de que la película iba a ser un gran fracaso. Rumores que no tenían nada que ver con la calidad de la película, pero afectaron a la percepción que se tenía de ella. Así, luego leí críticas sobre la película que daban la sensación de que se habían escrito antes de ver la película y daba la sensación de que describían la película tal y como pensaban que era en lugar de como era la película que, de hecho, vieron.

Sorpresa: después de meses de comentar que va a ser un gran fracaso, la película se estrena y es un fracaso económico. De hecho, al poco de estrenarse la Disney anuncia que ha perdido dinero con la película (gran manera de llevar gente al cine, amigos). Después de un corto recorrido la retira de los cines y al poco tiempo se empieza ya a comercializar en Blu-ray y DVD.

Todo esto me fastidia porque, mientras creo que el hecho de que una película triunfe o fracase en taquilla no significa nada en cuanto a la calidad intrínseca de la película, me encantaría ver más películas narrando las aventuras de John Carter en Marte (o Barsoom, como lo llaman los indígenas del lugar) con Stanton en la dirección y Stanton, Andrews y Chabon de nuevo escribiendo el guion y viendo lo mal que lo han llevado en Disney no creo que se de el caso. Y tampoco quiero esperar 30 años a ver una secuela, como pasó con Tron (Steven Lisberger, 1982). Además me fastidia también la visión cargada de prejuicios no sólo de los críticos "serios", también de comentaristas y blogueros antes incluso de que se estrenase.

John Carter me encantó. Me parece una fantástica película de aventuras espaciales, con interesantes subtextos y alegorías. Antes he mencionado Cowboys & Aliens, una película con la que John Carter tiene muchas cosas en común: fueron fracasos de taquilla desde mi punto de vista injustos, fueron atacadas por la crítica a la cual el árbol le tapó el bosque, comparten un regusto retro que les sienta muy bien y evitan caer en el camp de forma muy inteligente.

Cuando uno se enfrenta a una película como John Carter, la originalidad del argumento es lo de menos, lo importante es la originalidad a la hora de contar el argumento. Por ejemplo, me encantó y disfruté muchísimo con Los vengadores (The Avengers, Joss Whedon, 2012), pero no se me ocurriría decir que su argumento sea original, ni mucho menos. Es la forma en que se nos presentaba dicho argumento la que hizo que disfrutara el film, ya que tratamos con historias que son arquetípicas. John Carter no tiene un argumento original (por lo menos no después de 100 años de gente copiando la historia) pero el mundo y la manera de contarla sí lo es. O más bien la manera de meterte en la historia hace que la disfrutes como si lo fuera.

Resulta entretenida de principio a fin, equilibrando el desarrollo de los personajes con las secuencias de acción, de modo que las segundas avanzan la trama y nos muestran aspectos nuevos de los personajes y no se detiene la historia. El tono, además, está muy bien logrado, con la justa seriedad y toques de humor.

Pero es el mencionado toque retro el que hizo que definitivamente me hiciera fan del film. El sentido de la maravilla que planea por toda la película, con un diseño de producción que evoca no sólo las fantásticas ilustraciones que ilustraban las portadas de las novelas de Burroughs, también Flash Gordon y otros personajes pioneros de la fantasía. El toque retro se acaba de redondear con una fantástica banda sonora de Michael Giacchino. El estupendo reparto acaba de hacer creíble el fantástico mundo que Stanton nos presenta.

Es definitiva, una película fantástica que recomiendo a todo el mundo, una maravilla que se merecía un trato mejor y que espero ahora que ha pasado un tiempo lo reciba. Por eso escribo este comentario cuando ya ha pasado un tiempo desde su estreno en cines y se puede encontrar fácilmente en formato doméstico: espero que el nocivo ambiente que había en el momento que se estrenó se haya diluido, porque es una película que me encanta y me gustaría que más gente la descubra. Disfruté de cada segundo de John Carter y espero que a todos os pase lo mismo. Os dejo con el Fan Trailer que vende mejor la película que el original. Una película que puede que se llame John Carter pero para mí es Una princesa de Marte.

4 jul. 2012

Ellos viven. Nosotros dormimos.


En el clásico moderno de la ciencia ficción Están vivos (They Live, John Carpenter, 1988), Carpenter utilizó motivos del género presentes desde los años 50 para crear una película moderna que satirizaba la América de la Era Reagan. Por desgracia para nosotros, el film es tan relevante hoy día como en el momento en que se estrenó.

Los 80 se caracterizaron por la llegada de los yuppies, una nueva raza de economistas y brokers que alimentados una ambición sin límites no tenían problemas en apuñalar por la espalda a los compañeros para conseguir su objetivo final: obtener cuantas más riquezas y beneficios fuera posible. Las consecuencias de esa actitud las estamos viviendo todos ahora. Hace poco emitieron un documental en la televisón autonómica catalana que giraba en torno al timo de las acciones preferentes, una de las víctimas era una niña pequeña a la que el banco había dejado sin el dinero que había heredado de su abuela. Lamentablemente, el banquero HDP que le robó el dinero a la niña no era un extraterrestre malvado sino un tipo muy humano.

La avaricia desatada y maldad intrínseca de los yuppies fue tratada de diferentes maneras por el cine hacia finales de los 80. En comedias románticas como Armas de mujer (Working Girl, Mike Nichols, 1988), dramas del estilo de Wall Street (Oliver Stone, 1987) y thrillers como Ejecutivo ejecutor (A Shock to the System, Jan Egleson, 1990) (me centro ahora en películas del periodo, pero por supuesto no podemos olvidar American Psycho [Mary Harron, 2000]). Pero como suele ser habitual fue la ciencia ficción la que mejor supo poner el dedo en la llaga, con películas como Robocop (Paul Verhoeven, 1987) y la que nos ocupa hoy.

Carpenter estaba finalizando su periodo más fructífero y acababa de terminar la estupenda El príncipe de las tinieblas (Prince of Darkness, 1987) cuando empezó a trabajar en la adaptación del relato Eight O'clok in the Morning de Ray Nelson. Este cuento de Nelson cuenta como tras despertar de una sesión de hipnosis, George Nada puede ver a los Fascinadores, una raza alienígena que mantiene dominada la raza humana mediante mensajes subliminales e hipnosis. El relato fue originalmente escrito en 1963, muy adelantado a su tiempo, por desgracia el relato es muy breve y no llega a explotar y explorar la historia como se merece la intrigante premisa. El guion de Carpenter (escrito bajo el pseudónimo Frank Armitage) sí que desarrolla a fondo los elementos de la historia y añade además varios de cosecha propia.

Curioso póster francés de la película. La imagen es prácticamente la misma usada en el póster de Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, John Carpenter, 1976), añadiendo simplemente detrás la efigie extraterrestre. Fue en Francia donde Carpenter fue saludado como un nuevo autor gracias a Asalto, ya que en su país natal este director clásico fue considerado siempre un segundón. Algo así como el Woody Allen del cine fantástico.

La película se inicia no con un motivo de ciencia ficción, sino del western, cuando nuestro protagonista, un Hombre Sin Nombre encarnado por Roddy Piper que en los títulos de crédito es llamado simplemente Nada, llega a la ciudad en busca de trabajo. Acaba compartiendo trabajo y vivienda con los habitantes de un campamento de barracas. Todo sigue la misma desgraciada rutina de siempre hasta nuestro protagonista consigue unas gafas de sol muy especiales: le permiten ver el mundo tal y como realmente es. Y la realidad es que estamos dominados por una raza extraterrestre que nos mantiene a todos anestiados con la ayuda de unos cuantos corruptos humanos.

Siendo honestos, Están vivos no es perfecta. La escena de la pelea entre Piper y Keith David se hace muy larga y algo pesada, en algunos puntos falla el ritmo y los one-liners de Piper parecen algo fuera de sitio aunque no dejen de tener gracia, especialmente el ya clásico:

He venido a mascar chicle y patear culos. Y se me ha terminado el chicle.

Frase que aquellos que hayan visto la película doblada, junto con otras del estilo, no oyeron ya que en el pobre doblaje castellano fue sustituida por:

Encomendad vuestra alma al creador. He venido a aniquilaros. Porque ya estoy hasta las pelotas.

Dejando de lado destrozos del doblaje,  el resto está tan bien solucionado que los pequeños fallos de Carpenter no tienen demasiada importancia. Especialmente brillante resulta el inicio, donde poco a poco se van dando indicaciones y pistas, creando una atmósfera de opresiva paranoia muy adecuada a la historia. La construcción de esta atmósfera culmina con la genial escena en la cual Piper se pone las gafas por primera vez y hecha un primer vistazo a su alrededor. Dólares en los que se lee "este es tu Dios"; anuncios por todas partes donde se lee "consume", "obedece", "mira la TV" y, por supuesto, la repetición de estos mensajes a través de la televisión e incluso los semáforos.

Fantástico nuevo póster creado por Shepard Fairey para una proyección reciente de la película.

Entonces se entra en la dinámica de rebeldes contra extraterrestres, pero los toques de sátira continúan a lo largo del metraje hasta el final. Carpenter había utilizado la sátira política y social en la primera aventura de Snake Plissken y volvería a hacerlo en la segunda, pero es aquí donde creo que está más acertada. Además, la película también funciona en los aspectos de pura ciencia ficción, en los que domina un regusto clásico habitual en el cine de Carpenter, reciclando los motivos que reinaban en las películas que seguían el tema "están entre nosotros" tan populares en los 50.

Un clásico indispensable, especialmente en los tiempos que vivimos, que imagino todo el mundo conoce. A aquellos que no la conozcan, les recomiendo que vean esta película para disfrutar de un clásico que no sólo no ha envejecido, es que es más actual que nunca.