29 nov. 2013

Battle Royale vs. Los juegos del hambre

 
Antes de empezar me gustaría aclarar que no soy de esos desinformados que aseguran que Los juegos del hambre de Suzanne Collins es un plagio de Battle Royale de Koushun Takami. Habiendo leído ambas novelas y visto las películas que han originado, no veo ninguna base para esa afirmación. Por supuesto, ambas tienen cosas en común, igual que tienen en común cosas dos películas/novelas que pertenezcan al mismo género. Personalmente, puedo encontrar más puntos de contacto entre Los juegos del hambre y La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000, Paul Bartel, 1975) o Rollerball ¿Un futuro próximo? (Rollerball, Norman Jewison, 1975) que con Battle Royale. Cierto, en ambas los protagonistas son jóvenes, pero eso tampoco es algo que inventara Battle Royale, sino que ya lo encontramos, por ejemplo, en la novela La larga marcha de Stephen King, publicada originalmente en 1978. Además, teniendo en cuenta que Collins trabaja principalmente dentro de las novelas para jóvenes adultos, es bastante natural que hiciera que su protagonista fuera una adolescente.

En realidad, todas estas historias de futuros distópicos en los que se crean juegos mortales se podría decir que no son más que historias de gladiadores romanos ambientadas en el futuro. Así, una película peplum como The Arena (Steve Carver, 1974), una genial exploitation, guarda también ciertas semejanzas temáticas con los títulos mencionados antes. De hecho, Collins incluye en su trilogía diversas referencias al decadente Imperio Romano. Eso sin olvidar, claro, el gran e inspirador clásico El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), que también generaría versiones futuristas y distópicas como El imperio de la muerte (Turkey Shoot, Brian Trenchard Smith, 1981).

Por tanto, una vez aclarado que tildar Los juegos del hambre de plagio de Battle Royale demuestra cierto desconocimiento del género, ¿qué sentido tiene enfrentarlos? Bueno, la razón de este artículo es que ambos son grandes ejemplos modernos del género y he disfrutado enormemente con ambos.

Si leéis el artículo que dediqué a todo aquello Battle Royale, de la novela que lo originó todo a la película de Kinji Fukasaku que inspiró, pasando por el manga y las secuelas (este artículo); sabréis que soy muy muy fan de la historia creada por Takami. Por tanto, no esperéis que la trilogía Los juegos del hambre salga vencedora, pero tampoco como una total perdedora. La razón por la que prefiero la novela de Takami antes que la de Collins, y la película de Fukasaku antes que la de Gary Ross está más relacionada con mis gustos personales que con su calidad objetiva.
Battle Royale es épica, ultraviolenta, visceral, salvaje, adictiva. Battle Royale es punk, es como los Ramones a todo volumen. La primera novela de Los juegos del hambre es más aventura y acción, bien construida y muy absorbente. Los juegos del hambre es, siguiendo el símil musical, como el álbum blanco de los Beatles: sigue una línea pop más cuidada aunque tiene sus toques subversivos y roqueros.

Como veréis no he entrado en el mensaje y el subtexto, porque ambas novelas hacen un buen trabajo en transmitirlo sin que entorpezca la narrativa. También hay que mencionar que es complicado comparar una novela con una trilogía. De todos modos, aunque disfruté muchísimo con la lectura de En llamas y Sinsajo, me sigue gustando más la épica de Takami.

En cuanto a las películas, no hay discusión. He visto tropecientas veces la versión cinematográfica de Battle Royale (Batoru rowaiaru, 2000) y otras tropecientas el montaje del director, Los juegos del hambre (The Hunger Games, 2012) tiene poco que hacer, aunque el film de Ross me gusta, Battle Royale me apasiona. Dicho esto, está claro que Los juegos del hambre: En llamas (The Hunger Games: Catching Fire, Francis Lawrence, 2013) es mucho mejor que Battle Royale 2: Réquiem (Batoru rowaiaru II: Chinkonka, Kenta Fukasaku, Kinji Fukasaku, 2003).
Por tanto, para mí Battle Royale gana, pero Los juegos del hambre se queda muy cerca de empatar. Pero, para vosotros, ¿quién gana?





28 nov. 2013

Memoria/Las bestias no se miran al espejo

Memoria aka Las bestias no se miran al espejo (Francisco Macián, 1978) es una rareza de la que no había oído hablar nunca hasta que la descubrí en el blog No hija, no, donde hacen visibles esta y otras rarezas del cine español que de otro modo seguirían invisibles.

Memoria es una curiosa y extraña cinta de ciencia ficción con toques de cine experimental psicodélico. Se reflexiona sobre la naturaleza del ser humano y dónde se encuentra la esencia de nuestra personalidad; se hace una nada sutil apología de las drogas y se deja al espectador ojiplático gracias a diversas secuencias psicotrónicas y delirantes (de esas que siempre sirven de excusa para alegrar la vista del espectador con un poco de T&C).

Con un look que recuerda al de THX 1138 (George Lucas, 1971), el film está ambientado en el lejano tercer milenio. La ultrasofisticada y tecnificada (y por tanto fría) sociedad de entonces busca encontrar la manera de trasladar la memoria de los fallecidos a cuerpos enfermos de personas sin actividad cerebral, logrando así una pseudoinmortalidad (al menos eso es lo que me pareció entender). El profesor Ulop (Fernando Sancho), que es el encargado de esta investigación, descubre que la única manera de que el cuerpo recipiente y la memoria insertada puedan unirse satisfactoriamente es mediante el uso de una droga, la B2. Sin embargo, el uso de drogas psicotrópicas está prohibido por el consejo. Es entonces que Ulop decide seguir el experimento por su cuenta y las cosas se tuercen a partir de ahí.

Ver esta bizarra película me provocó las mismas sensaciones que tengo al leer cómics europeos de ciencia ficción de finales de los 60 y los años 70. La misma mezcla de reflexiones filosóficas, humor, erotismo, fantástica imaginería y delirio general. Como por ejemplo Aghardi de Enric Sió. Esta extraña mezcla de elementos en la película da a lugar a diálogos un poco absurdos ("me comporto como un científico, pero soy solo un ser humano"), diversa información sobre el cerebro, una trama clásica de ciencia ficción y experimentaciones visuales varias.

En otras palabras: mucha diversión. Este es el tipo de bizarrada que te alegra la vista y las neuronas con su desatada psicotronia. Es el tipo de film que te sumerge, el tipo de film que cuando se acaba tienes la sensación de haber tomado tu la B2, aunque la calidad de imagen no es muy buena.

Si tenéis curiosidad por verla, ya que no está editada en DVD ni se encuentra fácilmente de otra manera, os remito al blog que he mencionado al principio de este artículo.

27 nov. 2013

Hechizo letal (Cast a Deadly Spell)


Me encantan el cine negro, el pulp, la weird fiction y la obra de H. P. Lovecraft; Hechizo letal (Cast a Deadly Spell, Martin Campbell, 1991) tenía todos los números para encantarme, sin embargo desperdicia una buena idea con un guion malo.

Los Ángeles, 1948. La magia es usada por todo el mundo para hacerse la vida más fácil, excepto el detective Lovecraft (Fred Ward) que se niega a usarla. Amos Hackshaw (David Warner) le encarga a Lovecraft que encuentre un empleado suyo que se ha fugado con un libro de su propiedad: el Necronomicón. Lovecraft pronto descubrirá que recuperar el libro puede tener consecuencias apocalípticas, no solo para él sino para todo el mundo.

Esta película rodada directamente para la televisión por cable americana es el tipo de película que realmente me enfada. Me enfada porque desperdicia un buen director, un gran reparto (además de Ward y Warner tenemos a Julianne Moore y Clancy Brown) y una gran premisa por culpa de un torpe guion que corrió a cargo de Joseph Dougherty.

El problema del guion de Dougherty es que adopta un tono ridículo de comedia, además de reunir en su argumento todos los tópicos posibles de las historias de Lovecraft y del cine negro. Cierto, el director y los productores tal vez podrían haberse dado cuenta de que los toques de comedia sin gracia podrían quitarle entidad a la película, así que comparten también parte de la culpa.

La verdad es que no recordaba que fuera tan abiertamente cómica, y al verla otra vez tras años desde la primera vez me ha decepcionado bastante. No ha mejorado con el tiempo. Mientras la veía no dejaba de pensar en otra película que hacía algo parecido, mezclar el cine negro con el terror, de forma magnífica. Me refiero obviamente a El corazón del angel (Angel Heart, Alan Parker, 1987) que adaptaba una novela de William Hjorstberg, que recomiendo ya que es una fantástica novela y si solo conocéis la película realmente deberíais leerla.

Hechizo letal tiene un tono ligero que me aburrió rápidamente. Aguanté hasta el predecible final por si acaso mejoraba, pero no. Buenos efectos especiales sí tiene. Sin embargo, puede que me encuentre en minoría en lo respecta a esta película, ya que en 1994 hicieron una secuela, también directamente para televisión: El sello de Satán (Witch Hunt, Paul Schrader). Que la presencia de Schrader no os lleve a engaño: para este director/guionista se trató de un producto alimenticio. Dougherty volvió como guionista en un film tan malo como su predecesor, posiblemente incluso peor debido a su look televisivo plano y sin interés, a lo que hay que añadir unos ridículos efectos digitales que parecen hechos con un spectrum barato. La película se ve lastrada por un estilo cómico sin gracia, un director desinteresado y un reparto aburrido que espera cobrar el cheque y salir corriendo.

Es posible que a alguno de vosotros sí le haga gracia, así que las menciono para que el rato que pasé viéndolas no sea en vano (lástima que ya no pueda aprovechar la cinta de vídeo que desperdicié grabándolas).



26 nov. 2013

La maldición de Chucky (Curse of Chucky)


Chucky regresa de nuevo en una estupenda secuela que enfatiza el terror y el suspense, dejando de lado el tono abiertamente cómico de la última entrega. Eso no quiere decir que en La maldición de Chucky (Curse of Chucky, Don Mancini, 2013) no haya los habituales toques de humor negro marca de la casa, estos también están presentes sin que afecten al tono más oscuro del film.

Vi este film después de siete horas y media de Chucky matando gente. Me compré en su momento el pack en Blu-ray de toda la saga, incluida la sexta entrega, y he estado esperando la oportunidad de ver todas las películas seguidas, ver cómo funcionaban vistas una tras otra. Y he de decir que funcionan muy bien.

Mis opiniones no han variado desde que publicara mi artículo sobre esta serie (que podéis leer aquí): la primera es un clásico, la segunda es una secuela muy lograda, la tercera es algo aburrida, la cuarta una necesaria y lograda reinvención y la quinta llevaba la comedia demasiado lejos (pero os seré sincero: me hace reír). En la época en que escribí ese artículo se barajaba la posibilidad de hacer un remake o un reboot; cuando finalmente he visto la película he comprobado con alegría que Curse of Chucky es una secuela. Una muy buena secuela que está hecha pensando en los fans de la serie como John Waters o yo mismo (claro que yo soy un poco zorra en este sentido y soy seguidor de distintas franquicias, pero porque tengo amor de sobra para todas),  que le da coherencia a la historia desarrollada a lo largo de las cinco películas anteriores.

El productor David Kirschner y el guionista/director Don Mancini se han mantenido al frente de todas las películas de la saga, lo que le da a esta serie una coherencia y continuidad que no poseen muchas franquicias del género. Pero tampoco podemos olvidar a Brad Dourif, el actor que le ha dado voz y personalidad a Chucky desde la primera entrega de la serie. Igual que Robert Englund es el único nombre que viene a la cabeza al pensar en Freddy Krueger, Dourif ha logrado con su voz darle vida a Chucky y convertirlo en una estrella del género, a la altura de Freddy, Michael Myers o Jason Voorhees (que sigue siendo el nº 1 para mí).

La presencia constante de estos tres nombres ha logrado que cada tropiezo de la serie sea corregido magníficamente en siguientes entregas. Es decir, instrumental en el éxito de La novia de Chucky (Bride of Chucky, Ronny Yu, 1998) fue el fracaso de Muñeco diabólico 3 (Child's Play 3, Jack Bender, 1991), ya que les mostró a Mancini y a Kirschner que necesitaban reinventar la saga si querían mantener a Chucky vivo. Del mismo modo, llevar la comedia al extremo y convertir en protagonistas completos a los muñecos poseídos hizo que La semilla de Chucky (Seed of Chucky, Don Mancini, 2004) no acabara de funcionar como lo hizo La novia, lo cual les hizo ver a Mancini y Kirschner que ya habían explorado todo lo que se podía ese camino y había llegado la hora de volver a los orígenes.

He de decir que los rumores de remakes y reboots no me preocupaban en exceso al estar los responsables de la saga implicados en lo que habría sido su hipotética creación, pero me ha alegrado inmensamente ver que finalmente se decantaran por hacer una secuela pura y dura. Una secuela que en su primer tramo recupera el tono de suspense de las dos primeras entregas. Chucky funciona mejor cuando es un personaje secundario, acechando desde un discreto segundo plano. En este film hace precisamente eso, mantenerse en un segundo plano mientras va destrozando y asesinando la familia de la protagonista, Nica (Fiona Dourif). La tétrica casa en que tiene lugar la acción de la película contribuye a darle un tono más oscuro y gótico, algo que estaba ausente en filmes anteriores. El bajo presupuesto del film le permite, además, construir una película pensada para el disfrute de los fans (en este sentido, he de decir que me gustó especialmente la escena al final de los créditos).

No sé si fue el hecho de que Seed era completamente cómica o que tras siete horas y media tenía ya la cabeza ida, pero me encantó esta nueva secuela. Tal vez fue porque admiro el valor de sus realizadores al hacer un film pensado para los fans del terror y de esta saga, en lugar de intentar atraer a un nuevo público más joven que no haya oído hablar de la serie Chucky, porque habría sido lo más fácil de vender. El resultado es una película que tiene más posibilidades de gustar a quien no conozca la saga y le haga querer saber cómo el espíritu del asesino Charles Lee Ray acabó dentro de un muñeco Good Guy que simplemente hacer otro pulido remake pensado para adolescentes palomiteros.

Vamos, que me lo pasé pipa con esta peli y espero que todos la disfruten como yo.


25 nov. 2013

Mortal Zombie (Return of the Living Dead III)


Descubrí con sorpresa, mientras escribía el artículo La muerte del zombi, que no había hecho un post sobre esta película, cuando yo estaba convencido de que sí lo había hecho dentro del artículo sobre El regreso de los muertos vivientes (Return of the Living Dead, Dan O'Bannon, 1985). Pero era uno de los artículos que escribí al poco de empezar y no era tan obsesivamente completista como lo soy ahora. Sea como sea, os presento la infravalorada maravilla Mortal Zombie (Return of the Living Dead III, Brian Yuzna, 1993).

Aunque en teoría forme parte de la serie iniciada por O'Bannon, Mortal Zombie puede verse como un film completamente independiente. La única conexión que hay con la serie iniciada por O'Bannon es la utilización de la Trioxina como herramienta por los militares para crear muertos vivientes y usarlos como armas. Para mí, este film es parecido a Halloween III: El día de la bruja (Halloween III: Season of the Witch, Tommy Lee Wallace, 1982), en el sentido de que son lo suficientemente independientes para poder ser valorados por sus propios méritos sin tener que compararlos con las películas que iniciaron sus respectivas sagas. Por tanto, son películas que podéis disfrutar mucho sin haber visto las películas anteriores en la serie.

Mortal Zombie incluso se aleja de la mezcla de comedia y terror del film de O'Bannon para ofrecernos un film de terror oscuro y trágico. Todo arranca cuando Julie (Melinda Clarke) es infectada por la Trioxina por su novio Curt (J. Trevor Edmond) en la instalación militar en la que trabaja el padre de él, desesperado por la muerte de Julie en un accidente de moto. Mientras Julie empieza a experimentar el proceso de convertirse en una muerta viviente, la pareja huye de los militares.

Esta película se puede resumir como una versión macabra de Romeo y Julieta. La condenada pareja hace lo que puede para seguir adelante, pero Julie se va alejando cada vez más de su humanidad. La única manera de frenar el proceso es a través del dolor, lo que proporciona al film algunos de sus momentos más memorables. Cuando la pareja se adentra en el mundo subterráneo que existe debajo de la ciudad, el film adopta un tono decididamente gótico, mientras se va gestando lo que será un sangriento clímax. Una situación que no funcionaría si no estuviéramos plenamente implicados en lo que le sucede a la pareja, gracias a la dirección de Yuzna y, en especial, a la interpretación de Clarke.

Tal vez lo más sorprendente de esta película es que funciona. La mezcla de oscuro romanticismo (que no cursilería) con el terror y el gore es extrañamente efectiva. Pero su mayor mérito enlaza con lo que decía en mi último artículo: es una historia de zombis, de muertos vivientes, que es su propia historia, no un refrito de películas anteriores (lo cual resulta aún más sorprendente teniendo en cuenta que originalmente se concibió como la tercera entrega de una serie que nació como secuela alternativa de la clásica La noche de los muertos vivientes [Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968]).

Es posible que sea uno de esos títulos que a mí me encantan y al resto de la humanidad deja indiferente, pero aún así lo recomiendo encarecidamente. Ya sea con vuestra pareja o en soledad, espero que la disfrutéis como yo.


22 nov. 2013

La muerte del zombi


Llevo tiempo dándole vueltas al tema de este artículo, como ejemplifican los artículos que escribí hace un tiempo para Underbrain Mgz sobre el manga I am a hero y la versión cinematográfica de Guerra Mundial Z (que podéis leer aquí y aquí). Pero el impulso definitivo me lo ha dado el artículo que leí el lunes en Badass Digest sobre unas polémicas declaraciones de George A. Romero sobre la serie The Walking Dead (aquí) que resumían una entrevista hecha a Romero en The Big Issue (aquí).

Os resumiré los puntos principales de esta entrevista para los que no sepan inglés: Romero considera que los zombis están sobrexpuestos, rechazó dirigir un par de episodios de The Walking Dead ya que no es más que un culebrón con el ocasional zombi, no dirigirá otra película de zombis hasta que pasen de moda. 
Los comentarios que hizo sobre The Walking Dead son los que más revuelo han levantado (más sobre la serie luego) pero una de las respuestas que me ha llamado la atención a mí es el hecho de que Romero no consideraba a las criaturas que aparecen por "primera vez" en La noche de los muertos vivientes como zombis. Zombis eran las criaturas creadas a partir de ritos vudú haitianos, las criaturas que aparecen en los filmes de Romero y sus imitadores son más bien versiones romerianas de la versión americana del ghoul, una criatura procedente de la mitología árabe y que hicieron muy populares en Estados Unidos los cómics EC*, muy influyentes en la obra de Romero.

La ignorancia sobre los orígenes y la naturaleza real del zombi y la cantidad de películas anodinas y repetitivas que se están haciendo son síntomas para mí de la decadencia de un subgénero que era de mis favoritos. El éxito de productos insulsos como Guerra Mundial Z y aburridos como The Walking Dead son el ejemplo de la masificación y sobrexposición del zombi, que se ha traducido en una serie de productos sin garra, sin interés, inofensivos y aptos para todos.

Lo peor de The Walking Dead es que triunfa plagiando a Romero, sin aportar nada, aumentando su éxito cuanto más blanda se hace. Pero ¿qué quiero decir con que The Walking Dead copia las películas de Romero? Al fin y al cabo, Romero no inventó el género, ni las criaturas, ¿es que es el único con derecho a hacer cine de zombis? No, pero Romero sí inventó un estilo propio.

Las películas de muertos vivientes de Romero eran diferentes de todo lo que se había hecho antes en el sentido de que en sus filmes los zombis (utilizaré el término por comodidad, pero ya sabéis que no son exactamente zombis) son una molestia, una excusa para juntar un grupo de personas en una situación extrema y ver cómo lidian con el apocalipsis. A esto se le añadía siempre un subtexto o un comentario social satírico. The Walking Dead hace exactamente lo mismo que hizo Romero pero sin subtexto, ni comentario, ni personajes interesantes, ofreciendo solo aburrimiento.

Otro de los síntomas de la decadencia del cine zombi, y que personalmente me llena de tristeza porque como ya he dicho era de mis géneros favoritos, es que prácticamente todas las películas que se hacen en la actualidad de zombis son iguales. Claro, de vez en cuando se estrena alguna original como Deadgirl o Grace, pero son una dolorosa minoría. En su mayor parte consisten en repetir el mismo escenario apocalíptico (los muertos resucitan, un grupo se dedica a exterminarlos) una y otra vez, variando algunos pequeños detalles simplemente.

Y es algo que me llena de tristeza porque hasta el estreno de 28 días después... (que es una película de zombis aunque se traten en realidad de infectados) y el remake Amanecer de los muertos, era un género muy variado, aunque minoritario. Las películas de Lucio Fulci no tenían nada que ver con las de Romero; No profanar el sueño de los muertos no tenía nada que ver con La noche de los brujos; el tono de comedia de Children Shouldn't Play with Dead Things no tenía nada que ver con el Romeo y Julieta de ultratumba que es Mortal Zombie.

En fin, una riqueza que parece haber desaparecido completamente del género (y que con el anuncio de un nuevo remake [el segundo] de El día de los muertos no parece que vaya a mejorar).

Admito también que me siento un poco ridículo, como el tipo que se lamenta porque el grupo que le gustaba se ha vuelto comercial y todo el mundo lo escucha. Pero tampoco puedo evitar lamentarme al ver cómo algo que me gustaba es uniformizado, comercializado, higienizado y ridiculizado. Sé que debo estar exagerando, pero la verdad es que me parece que el género de zombis se está pudriendo a  ritmo acelerado. Solo espero que en el futuro pueda resucitar de nuevo.


*El estilo EC a la hora de representar el ghoul queda perfectamente representado en la historia Bocado funerario (Mournin' Mess), aparecido en Tales from the Crypt vol.1 nº 38 (octubre/noviembre de 1953), que podéis encontrar en Biblioteca Grandes del Cómic: Clásicos del Terror nº 4. Esta historia fue adaptada para la televisión en la serie Historias de la cripta, T3 Ep. 10.

21 nov. 2013

Leviathan: El demonio del abismo (Leviathan)


El anuncio del proyecto de James Cameron Abyss (The Abyss, 1989) parecía indicar que esta película sería un gran éxito a la altura de su anterior film, Aliens (El regreso) (Aliens, 1986), ya que llegaban noticias de que era una gran producción que incluiría nuevos y rompedores efectos especiales. Esto puso en marcha de forma casi inmediata distintas producciones que partían de lo que se sabía del argumento de Abyss e intentaron estrenarse a tiempo para aprovechar su éxito.

Sin embargo, como sucediera años después con la fiebre por las películas ambientadas en Marte de finales de los 90, la versión mutilada de Abyss que se estrenó en cines no funcionó en taquilla como se esperaba (como sucede con la mayoría de los filmes de Cameron, es muy superior el montaje del director a la versión estrenada en cines) y el resto de producciones de terror submarino estrenadas esperando aprovechar su éxito también se hundieron. Me refiero a las películas La grieta (The Rift, Juan Piquer Simón, 1990), Profundidad seis (DeepStar Six, Sean S. Cunningham, 1989) y el film que trataremos hoy: Leviathan: El demonio del abismo (Leviathan, George P. Cosmatos, 1989).

Como cuando se pusieron en marcha estos proyectos solo se tenía una noción muy vaga del argumento de Abyss, una plataforma petrolífera submarina que se encuentra con algo extraño en el fondo del mar, la mayoría pensaron que sería una especie de Aliens submarino, así que todas ellas adoptaron el mismo enfoque de película de terror.

La razón por la que comento Leviathan es que a pesar de surgir como intento de explotar el (hipotético) éxito de otro film; que su argumento es el mismo que ya hemos visto/leído un millón de veces desde que A. E. van Vogt publicara en 1939 el relato The Black Destroyer; que además coge ideas prestadas de Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982), Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) e incluso de la producción de Roger Corman Forbidden World (Allan Holzman, 1982); a pesar de todo esto, esta coproducción italoamericana es tremendamente disfrutable y muy entretenida.

El film se ambienta en los últimos tres días de la misión minera que la compañía Tri-Oceanic tiene en el fondo del océano atlántico. Todo el mundo está ansioso por irse, pero las cosas se complicarán cuando Sixpack (Daniel Stern) descubra los restos de un barco ruso, sin saber hasta que punto es peligroso el "tesoro" que se lleva con él. Steven Beck (Peter Weller), al mando de la operación, y el doctor Thompson (Richard Crenna) no tardan en descubrirlo. La cuestión ahora es saber si podrán sobrevivir hasta que llegue el equipo de evacuación.

Básicamente, esta película es como otra de esas en las que un grupo de astronautas se enfrenta a una criatura monstruosa que los elimina uno a uno, solo que en lugar de transcurrir en una nave/estación espacial en algún momento del futuro, está ambientada en el presente y bajo el mar. Lo sorprendente para mí es lo bien que funciona esta película, demostrando que se necesita mucha habilidad para coger una fórmula empleada miles de veces y utilizarla de forma efectiva.

Gran parte del mérito lo tiene el director George P. Cosmatos, uno de esos realizadores todoterreno que se especializó en el cine de acción. Cosmatos estaba acostumbrado a filmar acción, pero también maneja bastante bien el suspense, creando una estupenda atmósfera de tensión de forma muy efectiva. El guion también es destacable por la forma en que maneja elementos y situaciones de sobra conocidas; fue escrito por Jeb Stuart, conocido por haber escrito cintas de acción como La jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988), y David Webb Peoples, guionista también de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Sin Perdón (Unforgiven, Clint Eastwood, 1992) y Doce monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam, 1995). No es que Leviathan esté a la misma altura que ninguna de estas películas, pero prueba que fue escrita por gente que sabía lo que hacía: una glorificada serie B, así que idearon la mejor glorificada serie B posible.

El reparto encabezado por Peter Weller es realmente estupendo y le insufla vida al guión. Seguramente reconoceréis al cazafantasmas Ernie Hudson y a Amanda Pays y Meg Foster, por su presencia en otras memorables películas de género y series de televisión. De hecho, Weller ya había trabajado con Cosmatos en la fantástica De origen desconocido (Of Unknown Origin, 1983) y con Crenna en Rambo - Acorralado Parte II (Rambo: First Blood Part II, 1985), así que puede que eso explique el buen trabajo que hacen en el film.

Técnicamente el film está muy bien resuelto. El diseño de las criaturas y sus efectos corrieron a cargo del estudio de Stan Winston y el diseño de producción estuvo a cargo de Ron Cobb. La unión de estos talentos se traduce en momentos "criaturiles" realmente logrados e impresionantes. La banda sonora de Jerry Goldsmith acaba de darle el toque final.

Leviathan posiblemente no sea la película más original que os podéis encontrar, pero si lo que buscáis es pasar un rato entretenido con una sensacional película de monstruos, os la recomiendo.


20 nov. 2013

Para vuestro placer visual

Os presento un par de vídeos muy interesantes y muy diferentes. Primero, el corto de animación en stop-motion Operator que su director Sam Barnett ha compartido en la red. Después, una mesa redonda que analizaba el estado del terror literario en 1983 con Stephen King, Peter Straub, Dennis Etchison y Whitley Strieber, entre otros escritores. Disfrutad.



19 nov. 2013

Slugs, Muerte Viscosa

 
La unión del novelista Shaun Hutson y del cineasta Juan Piquer Simón tenía que pasar tarde o temprano. Estaban destinados a unirse, ya que las novelas del escritor inglés son el equivalente literario de las películas del director español. La novela que los unió fue Las babosas, que en el momento de publicarse en Londres en 1982 se convirtió en un gran éxito de ventas, un libro corto y muy visual que hacía la adaptación cinematográfica muy fácil. Así nació el clásico videoclubero Slugs, Muerte Viscosa (1988).

Como ya he dicho, la novela es bastante corta y muy visual, así que la adaptación que hicieron Simón, José Antonio Escrivá y Ron Gantman se mantiene bastante fiel a la obra de Hutson. El mayor cambio es trasladar la acción de Inglaterra a Estados Unidos y que el número de muertes en la película es menor (y lo sé porque la he leído, si disfruto con una peli sobre babosas asesinas, cómo no voy a disfrutar una novela sobre babosas asesinas), aunque las muertes más asquerosamente logradas de la novela se trasladan al film en toda su gloria, así que no se pierde nada importante. Por supuesto, la novela tenía la ventaja de no tener que preocuparse por un presupuesto ajustado, por tanto se pudo permitir ser bastante más espectacular que el film.

La película de Simón es un clásico film de monstruos mutantes al ataque. La contaminación ha provocado que unos animales muten, en este caso babosas; se producen diversas muertes, el protagonista se da cuenta de lo que pasa pero nadie le cree, en este caso el inspector de sanidad Mike Brady (Michael Garfield); las autoridades se niegan a cerrar la planta procesadora/fábrica/playa provocando más muertes, el protagonista se enfrenta a la amenaza. Nada que no hayamos visto antes, pero la gracia con que se ejecuta la película, la asquerosidad de las babosas y las sangrientas muertes hacen que Slugs sea tremendamente entretenida. A lo cual también ayuda que la película se mueve con un ritmo muy rápido, por lo que se acaba antes de volverse aburrida.
 
Eso no impide que uno no pueda evitar darse cuenta de los momentos absurdos y de algunos detalles del guion que no llevan a ninguna parte. Las relaciones entre los personajes son bastante simples, su caracterización muy superficial. Pero este tampoco es un detalle que tenga mucha importancia ya que las estrellas son las babosas.

Lo que voy a comentar ahora no tiene nada que ver con la eterna discusión de VO frente a doblaje, sino que tiene que ver con los aspectos técnicos del doblaje. El film fue rodado en Estados Unidos, por lo que hay mezcla de actores españoles y americanos. Esto provocó que tanto la pista inglesa como la castellana esté doblada. Sin embargo, al haber una mayoría de actores ingleses en los papeles principales originalmente se rodó en inglés, así que en esa pista la mayor parte de la película tiene un sonido más natural, haciendo que destaquen más los momentos de doblaje. La pista en castellano es toda doblada. Lo menciono porque tanto en la pista inglesa como en la castellana el doblaje es muy obvio, pero en la castellana más porque en ocasiones no casan bien los diálogos con los labios de los actores y en la mayoría de los casos los actores españoles no se doblan a sí mismos. Técnicamente hablando, la pista inglesa es mejor, ya que el sonido es más natural y no tan artificial como en la castellana. Artísticamente hablando, las interpretaciones no son particularmente diferentes (en ninguna de las dos son muy buenas, precisamente), aunque la versión castellana es un pelín más agresiva (lo que provoca momentos de involuntaria comicidad).

Slugs es una película de serie B gore y absurda. Simón fue el último director en seguir haciendo películas al estilo coproducción como se hacía en los 70: películas europeas que trataban de pasar por americanas. Si bien en los 80 se vio reducido a estrenar en España prácticamente solo en las estanterías de los videoclubes, sus películas de terror seguían siendo festivales deliciosos para los aficionados a este tipo de cine desprejuiciado.

Cuando compraron los derechos de Las babosas, también lo hicieron de la secuela que Hutson hacía poco que había publicado: Breeding Ground (que también he leído para mi eterna vergüenza). Sin embargo, después de Slugs Simón se puso con La grieta (The Rift, 1990) -otra película que no es ni normal-, así que la secuela quedó aparcada. Una lástima, pero siempre podéis disfrutar con este film que no tiene manías en supeditar la lógica a la diversión.



18 nov. 2013

Juez Dredd vs. Dredd


Enfrentar Juez Dredd (Judge Dredd, Danny Cannon, 1995) con Dredd (Pete Travis, 2012) es como enfrentar a un gato con una apisonadora: no hay muchas dudas sobre quién saldrá vencedor. Pero creo que puede servir para diferenciar una buena adaptación de cómic de una mala.

Antes que nada también me gustaría clarificar algo: una mala adaptación no significa necesariamente que la película resultante sea mala. Batman vuelve (Batman Returns, Tim Burton, 1992) ignora por completo la naturaleza y los orígenes de Catwoman y el Pingüino del cómic, así como crea su propio batuniverso sin tener muy en cuenta el cómic, pero a pesar de ello Batman vuelve es, creo yo, una buena película por méritos propios.

Ante una adaptación de cómic que no se basa en una novela gráfica o una miniserie, sino que traslada a la gran pantalla las aventuras de un personaje con una larga trayectoria, lo importante, para mí, es que se respete la esencia del personaje. Por ejemplo, si el personaje en el cómic lleva un traje verde claro pero en la película le ponen un traje verde oscuro o granate o lo que sea, pues me da igual. Que se respete la naturaleza psicológica del personaje, su manera de ver las situaciones y como se enfrenta a ellas, su filosofía de vida: eso para mí es lo importante.

Juez Dredd es una mala adaptación porque ignora por completo el personaje en que se basa. Puede que en la actualidad, para apaciguar a sus nuevos geek fans, Sylvester Stallone se llene la boca diciendo que él quería ser más fiel al cómic y no quitarse el casco, pero que el estudio insistía y demás cosas que, sinceramente, me suenan a caca de la vaca, como diría Sócrates. Pero lo cierto es que Stallone no iba a participar en un film donde no se le viera la cara. Al fin y al cabo, él era la estrella. El estudio ya había perdido a Arnold Schwarzenegger que también se había negado a salir en un film en el que no se le viera la cara, así que cedió fácilmente a las exigencias de Stallone.

Pero, ¿es realmente el problema que en el film de Cannon Dredd se quite el casco? No, si por lo menos hubieran mantenido la psicología del personaje. Para los que no lo sepan, el Juez Dredd en los cómics nunca se ha quitado el casco que cubre su cabeza. O más bien, nunca se le ha visto el rostro en los cómics, pero se sabe que lo tiene horriblemente desfigurado. Por supuesto, en el film, el rostro de Stallone es "perfecto". Pero, como ya he dicho, ese no es el problema real.

Juez Dredd nació en las páginas de la veterana revista británica de cómics de ciencia ficción 2000 A. D., creado por John Wagner y Carlos Ezquerra como una sátira de los policías expeditivos a lo Harry, el sucio. Las aventuras del Juez Dredd contienen grandes dosis de sátira, humor negro e ironía. El problema real al que me refería es que todo esto es completamente ignorado por la película, convirtiendo al Juez Dredd en el mismo tipo de personaje que satirizaba en los cómics: un poli duro que en realidad es un buen tío y para cuando termine la película se habrá convertido en un ser humano completo y redimido, una trama impuesta por el propio Stallone.

Como es típico de este tipo de producciones hollywoodienses, el guion pasó por muchas manos. Imagino que empezó realmente siendo más fiel al cómic pero poco a poco se fue convirtiendo en un producto más digerible para el gran público. Pero si uno está atento, puede vislumbrar aquí y allá detalles de lo que seguramente fue escrito en primeros borradores y nadie se dio cuenta de que no encajaba con lo que estaban haciendo en el momento de rodar.

Juez Dredd acaba siendo otra típica buddy movie americana, un género que agonizaba en los 90 y del cual el mismo Stallone protagonizó uno de los últimos títulos realmente entretenidos que se hicieron antes de entrar en decadencia (tanto Stallone como el género): Tango y Cash (Tango & Cash, Andrey Konchalovskiy, Albert Mangoli, 1989), en la cual al Juez Dredd lo acompaña un secundario "gracioso" (el "hilarante" Rob Schneider), ignorando completamente que se trata de un film supuestamente futurista.

Porque está claro que si Juez Dredd es una mala película no es porque sea una mala adaptación, sino por su guion lleno de tópicos, aburrido, predecible; que incluye, por supuesto, un final feliz en el que se "arregla" la sociedad y el mundo. Y lo peor para mí, el mayor pecado que comete esta película, es que desperdicia unos escenarios espectaculares, unos fantásticos efectos especiales y un diseño de producción magnífico gracias a su holgado presupuesto. Solo de pensar lo que habría hecho Paul Verhoeven al frente de esta película y parece aún peor.

¿Por qué Dredd es infinitamente mejor que Juez Dredd? Como adaptación es mejor porque respeta completamente el personaje en se basa el film y su universo. Hay que mencionar que Juez Dredd fue una producción americana, así que una de las primeras cosas que hizo, obviamente, fue americanizar al Juez Dredd. Pero Dredd, aunque cuenta con inversiones internacionales, es una producción británica artísticamente hablando, en la que los creadores del personaje se implicaron en tareas de supervisión, así que mantener el tono y el estilo que aparece en los cómics surge de forma natural.

También hay que señalar un detalle en el que no me fijé hasta que leí una crítica de Vern. Mientras que en Juez Dredd se sigue el típico argumento de "hay que salvar el mundo" tan habitual en las películas americanas de este tipo, lo genial de Dredd es que nos presenta un día más en la vida del Juez Dredd, un día normal para Dredd. 

Otro factor que hace que Dredd resulte superior es su actor protagonista. Karl Urban es un buen actor que además resulta ser todo un geek, y deja de lado cualquier ego para transformarse en Dredd. No solo por el hecho de que no se quite el casco, también por sus movimientos, su voz, su manera de actuar. Urban es Dredd.

Dredd, además de ser una muy buena adaptación del personaje, por fortuna resulta ser también una muy buena película. El guion de Alex Garland nos presenta una historia propia del universo en el que vive Dredd, que incluye la carga de sátira y humor negro que nos encontramos en el cómic. El director Pete Travis, a pesar de contar con un presupuesto ajustado, consigue dar vida al mundo distópico en el que viven los personajes.

Finalmente, lo mejor que se me ocurre decir sobre Dredd es que al escribir sobre ella me han entrado ganas de verla otra vez. Y creo que lo haré ahora.




15 nov. 2013

Feast (Atrapados) (Feast)


¿Quién dijo que nunca ha salido nada bueno de los reality shows? Claro, bajan el cociente intelectual del espectador y glorifican la estupidez y la estulticia de sus participantes, pero gracias a estos zoos audiovisuales existe la fantástica trilogía Feast.

Feast (Atrapados) (Feast, John Gulager, 2005) surge del programa Project Greenlight de Ben Affleck y Matt Damon, reality show cinematográfico que en su tercera temporada se fijó en el género de terror, contando con la colaboración de Wes Craven para ejercer las tareas de productor ejecutivo junto a Affleck y Damon. El guion de Marcus Dunstan y Patrick Melton fue el escogido para ser dirigido por alguno de los participantes. El ganador fue John Gulager y a lo largo del programa se siguió el proceso de producción del film, hasta su estreno.

Yo de todo esto no tenía ni idea hasta que vi los extras del Blu-ray, hasta entonces para mí Feast era una divertida película de monstruos en la que litros de sangre (y otros fluidos) llenaban la pantalla. Y sigue siendo así.

Una noche tranquila en un alejado bar de carretera en el desierto. De repente, un desconocido (Eric Dane) entra y cierra las puertas tras él. Asegura que le persiguen unos monstruos terribles, pero nadie le cree. Por lo menos hasta que sin previo aviso los monstruos atacan. Encerrados en el bar, los parroquianos intentarán sobrevivir el ataque de los monstruos.

El original guion era muy ambicioso, e incluso indicaba el origen de los monstruos, pero el bajo presupuesto obligó a recortarlo. Lo cual creo que fue en beneficio de la película, ya que funciona muy bien por su corta duración y su tremenda intensidad. Mezclando momentos de pura comedia con el terror y la acción. Su sencilla premisa permite enfocar las emociones y desarrollar una interesante galería de personajes.

El hecho de que no se explique nada sobre los monstruos, criaturas terribles que simplemente aparecen, contribuye a separar este film del resto de películas del mismo estilo. También forma parte de la intención del equipo creativo romper y destrozar todos los tópicos posibles.

Así, a pesar de que su argumento no es el más original que te puedas encontrar, el film resulta muy efectivo. En parte también porque se juega con la familiaridad del espectador con este tipo de películas y se intenta pillarlo desprevenido. También he de admitir que admiro los resultados conseguidos teniendo en cuenta el bajo presupuesto, llenando la pantalla con los efectos especiales prácticos de toda la vida, aportando personalidad a la película y dándole a todo el conjunto un agradable aire ochentero.

Fijaos en el tráiler, porque los primeros 30 segundos no tienen absolutamente nada que ver con Feast, otro detalle clásico de serie B que nos ofrece este film.




El éxito de Feast hizo que se pusieran en marcha de forma casi inmediata un par de secuelas. Secuelas que se rodaron al mismo tiempo y forman una larga película. Originalmente el plan era rodar una segunda parte continuando la historia de los protagonistas, esta sería seguida de una tercera parte que estaría ambientada en el presente y en el futuro. Sin embargo, el bajo presupuesto hizo que se tuviera que descartar esta idea. Finalmente lo que hicieron fue alargar el guion original de la segunda parte de modo que diese para dos películas. Así, Feast II: Sloppy Seconds (John Gulager, 2008) termina en el punto en que en el guion original se llegaba a la mitad de la segunda parte. Feast III: The Happy Finish (John Gulager, 2009) concluye lo que originalmente era el guion de la segunda parte añadiendo algunos conceptos de la tercera entrega no filmada (por eso las comento como una sola película). Ambas películas incluyen conceptos e ideas que no pudieron llevarse a cabo en la primera entrega por razones de presupuesto.

La decisión de partir en dos el guion de la segunda parte tuvo sus beneficios y sus problemas. El principal problema es que Feast II se hace larga, dura 100 minutos: la más larga de las tres, y el tono hace un mayor énfasis en la comedia. Irónicamente, esto hace que sea la menos divertida ya que muchos gags se repiten y hay escenas que se alargan demasiado perdiendo parte de su gracia. Para compensar, Feast III es muy intensa, solo dura 80 minutos contando cinco de títulos de crédito, mucho más divertida y efectiva, ya que recupera el tono más oscuro de la primera.

No se pudo continuar la historia de los dos personajes principales de la primera, así que se cogieron algunos secundarios y se añadió toda una nueva galería de personajes. Esto le da cierta variedad, aunque eso haga que los filmes pierdan algo de carisma. De todas maneras, una de las añadiduras es Chelsea Richards, así que no me quejo.

Las secuelas solo funcionan si se ven juntas, ver solo la dos o la tres puede resultar algo insatisfactorio. Por supuesto, creo que lo mejor es ver las tres seguidas como una gran película épica. Las versiones que vi eran las unrated americanas, y me han proporcionado horas de diversión. Teniendo en cuenta, eso sí, que se han de ver simplemente como unas pelis de monstruos llenas de chistes y litros de sangre, nada más. Algo para pasar un buen rato.

Advertencia: si no habéis visto la primera, es mejor que no veáis el tráiler de la secuela, ya que podría "spoilearos" Feast.

14 nov. 2013

Trampa mortal (Eaten Alive aka Death Trap)


Comentamos hoy otra película de Tobe Hooper: Trampa mortal (Eaten Alive aka Death Trap, 1977). ¿La razón? Me entraron ganas de revisitarla tras ver un trailer reel de sus películas hace poco. Trampa mortal es una curiosa mezcla de gótico sureño y grand guignol que posiblemente no acabe de cuajar entre aquellos que busquen una simple película de terror, pero no por ello no deja de tener sus méritos.

El film retrata una típica noche en el Starlight Motel, en la cual el dueño del lugar, Judd (Neville Brand), lleva a cabo su habitual rutina: recibir clientes, asesinarlos y echarlos a las fauces del cocodrilo que tiene como mascota, secuestrar y encerrar las clientas atractivas... Ya sabéis, lo típico.

Eaten Alive es grotesca y bizarra, con una banda sonora que aumenta la tensión y la inquietud, pero también destaca por su ironía y humor negro. La película se abre con un joven Robert Englund, que da vida al paleto Buck, con una inmortal línea de diálogo (que pongo en inglés por decoro): My name's Buck and I'm here to fuck. A partir de aquí, la película no hace más que mejorar.

Una de las razones por las que este film me gusta es su sórdida atmósfera de pura exploitation. El motel tiene un aspecto sucio, decadente y a punto de desplomarse que encaja perfectamente con la desequilibrada psique de Judd. Judd es un demente asesino que tiene la costumbre de hablar solo, otro veterano de guerra sonado, que no está muy lejos de la familia caníbal que Hooper retratara en su film más conocido. De hecho, también repite Kim Henkel como guionista, lo cual explica la semejanza entre la atmósfera de este film y La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974), además de contar ambos con el mismo director.

Uno podría preguntarse cómo es posible que alguien tan loco como Judd se las arregle para cometer sus crímenes sin que nadie lo detenga. La respuesta es sencilla: todo el mundo en este film parece algo demente. Los únicos personajes que parecen cuerdos son los femeninos, y no tardan en sufrir por ello. Es otra de las razones por las que disfruto este film, la locura que lo impregna de principio a fin, lo que contribuye también al soterrado humor negro del que hace gala.

El reparto de esta humilde joya es realmente destacable. Brand parece realmente un loco que, de algún modo, se ha colado en la película. Nombre conocidos dentro del género como William Finley y Robert Englund hacen un buen trabajo con sus inestables personajes. Los veteranos Mel Ferrer y Carolyn Jones le dan un toque de "clase". Finalmente, en el reparto femenino destaca, además de la sufrida Marilyn Burns (que sufre y grita como nadie), la aparición de las veteranas de la serie B y Roger Corman Roberta Collins y Crystin Sinclaire (ambas coincidieron también en esa joya que es La cárcel caliente [Caged Heat, Jonathan Demme, 1974]).

Trampa mortal son 90 minutos de contagiosa locura y atmósfera malsana. No es de las películas más conocidas de Hooper, pero se merece un poco más de aprecio y reconocimiento, en mi humilde opinión. No sé si "disfrutar" es la palabra adecuada hablando de esta película, pero espero que lo hagáis.

13 nov. 2013

La primera vez de Tobe Hooper


Muchos seguidores de Tobe Hooper daban por supuesto que La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974) fue su primera película. Pero lo cierto es que Hooper debutó en el largometraje con Eggshells (1969), una curiosa película que mezcla elementos fantásticos y cotidianos, enterrada durante décadas pero que ha sido restaurada recientemente.

Sabía de la existencia de este film por las veces que había consultado IMDB cada vez que había comentado una película de Hooper. Pero no la había visto hasta la semana pasada, cuando recibí la edición limitada de tres discos que Arrow ha editado de La matanza de Texas 2 (The Texas Chainsaw Massacre 2, 1986). Esta edición incluye, entre los muchos extras dedicados a La matanza de Texas 2 (incluidos todos los de la edición especial americana) y la obra de Hooper, se añade también el cortometraje The Heisters (1964) y Eggshells, que cuenta con su propio audiocomentario (esta edición incluye también un libro de 100 páginas).

La inclusión de este cortometraje y del film no es gratuita, porque predicen algunos de los detalles que convertirían La matanza de Texas en un clásico del cine, no solo del terror. The Heisters es un corto sin diálogos que mezcla referencias al ciclo Poe de Roger Corman con un sentido del humor propio de los Looney Tunes. No deja de ser una curiosidad divertida, pero Hooper incluye ya un canibalístico gag que nos revela el salvaje sentido del humor del que haría gala en La matanza de Texas 2. Pero es Eggshells la que resulta más interesante de ver conociendo La matanza de Texas, ya que nos muestra diversas conexiones entre ambos films, como las interpretaciones de Allen Danziger, Jerry en La matanza de Texas, y de Kim Henkel, que escribiría La matanza de Texas con Hooper.

Pero para mí lo más interesante es que demuestra que las interpretaciones alegóricas que yo y otros muchos hemos hecho de La matanza de Texas, no estaban del todo desencaminadas, ya que son temas que aparecen también aquí. No solo eso, Eggshells nos muestra un Hooper que mezcla técnicas del cinéma vérité con un estilo más experimental que no sigue una línea narrativa clásica; el estilo que haría de La matanza de Texas un film tan memorable y todavía efectivo.

Eggshells es también un film interesante por si mismo, no solo por como predice elementos más tarde presentes en una de las películas más importantes del terror. Ambientado en una casa que comparten una pareja y un artista/escritor (hippies todos ellos) con una tercera persona con la que no interactúan ya que parece vivir en un plano dimensional distinto, el film nos muestra el día a día de los habitantes de la casa intercalando extraños pasajes surrealistas.

Hooper comenta que esta película es un auténtico film hippie, en oposición a la versión más artificial que podríamos encontrar en películas como The Trip (Roger Corman, 1967). De hecho, los actores se nos muestran tal y como eran realmente, siguiendo un estilo documental. Por ejemplo, el film nos muestra al principio una auténtica protesta contra la guerra de Vietnam, así como la boda de dos de los personajes es la verdadera boda en que se casaron los actores.

Poco a poco, el film va perdiendo esta pátina de realidad y se va haciendo progresivamente más extraño y psicodélico (aunque desde el principio tiene algún toque surrealista). Hooper experimenta con la edición y la imagen, hasta que se abandona la realidad para concluir con una escena final completamente alegórica.

Teniendo en cuenta la bizarra naturaleza del film, su lectura política, los desnudos y el franco lenguaje, no es de extrañar que, en su momento, se viera solo en algún festival y cines de arte y ensayo, para luego desaparecer durante más de cuarenta años. Por suerte, ahora podéis disfrutarlo con una excelente calidad de imagen y audio. De momento, que yo sepa, solo en esta edición limitada de Arrow, pero imagino que no tardarán en hacerse otras ediciones del film por separado.




12 nov. 2013

Blue Jasmine

 
Ya podéis pasaros por Underbrain Mgz y leer la crítica que he escrito sobre la última de Woody Allen, Blue Jasmine (2013). La he escrito pensando en aquellos que no son seguidores de este director, porque es un film que tiene cosas interesantes. De nuevo, algo que puede ser polémico, la interpretación de Cate Blanchett se ha de disfrutar en VO, no tengo nada en contra de la actriz que la dobla pero es que el tour de force emocional de Blanchett es irreproducible.



11 nov. 2013

School Killer


El éxito de Scream: Vigila quién llama (Scream, Wes Craven, 1996) trajo consigo una segunda oleada de slashers, muy diferentes de las cintas del género ochenteras. Los slashers que se empiezan a producir a finales de los 90 hasta entrados los primeros años del nuevo siglo compartían todos unos rasgos parecidos: políticamente correctos, apenas sangre, nada de sexo (al mismo tiempo que aumentaban el tamaño de los pechos de las actrices mediante photoshop en los pósters de las películas), se consideraban a si mismos posmodernos y muy inteligentes en su uso de las referencias (repito: ellos lo consideraban). A esta época pertenecen títulos de memorable mediocridad como Sé lo que hicisteis el último verano (I Know What You Did Last Summer, Jim Gillespie, 1997) y Un San Valentín de muerte (Valentine, Jamie Blanks, 2001).

España también decidió apuntarse a esta moda con filmes como El arte de morir (Álvaro Fernández Armero, 2000) y Tuno negro (Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín, 2001). Películas que estaban a la misma altura que sus contrapartidas americanas: también eran muy malas.

A esta época pertenece School Killer (Carlos Gil, 2001), un film que no es que sea muy bueno precisamente, pero cuenta con la ventaja de tener entre sus intérpretes al legendario Paul Naschy.

El argumento es bastante sencillo: seis "adolescentes" deciden pasar la noche en un colegio mayor abandonado desde hace décadas después de que tuviera lugar una masacre en el recinto. De forma inmediata empiezan a suceder extraños fenómenos y pronto los excursionistas "adolescentes" empezarán a morir uno a uno.

No nos vamos a andar con rodeos: School Killer es una mala película. Pero al contrario de lo que sucede con películas infumables como las anteriormente mencionadas Tuno negro o Un San Valentín de muerte, School Killer posee ciertas cualidades que la redimen y hacen que resulte divertida de ver. También he de admitir que si la he visto más de una vez es porque todavía conservo la copia que hice cuando la emitieron por televisión (en La 2), ya que nunca sentí la necesidad de comprarla en DVD. Y, honestamente, hoy escribo sobre ella porque es de las primeras que vi cuando rebuscaba entre mis cintas de vídeo alguna peli para comentar y no recordaba nada sobre ella.

Pero, curiosamente, verla en vídeo es la manera ideal de verla porque esta película tiene un fuerte regusto a pelicutre ochentera, a esas imitaciones italianas de slashers americanos como Camping del terror (Camping del terrore aka Bodycount aka Criatura diabólica, Ruggero Deodato, 1986) que uno se podía encontrar en la estantería más polvorienta del videoclub. Un regusto que se potenciado por la sangre y algún desnudo ocasional, así como unos personajes tremendamente idiotas que se quedan en el colegio abandonado incluso mientras mueren en lugar de irse corriendo "porque el pueblo está muy lejos a pie".

Un aspecto cutre que imagino no era intencionado porque durante los primeros minutos del film los seis "adolescentes" se dedican a insertar de la forma más artificial posible títulos de películas americanas de terror (incluida la entonces reciente Scream 3 [Wes Craven, 2000]), y también se utilizan aparatos electrónicos muy modernos para la época. Además, el director se esforzó en darle un toque moderno, como recordar continuamente al espectador mediante flashes cosas e imágenes que acaban de aparecer en pantalla, como si estuviera haciendo la película pensando que los espectadores serían demasiado estúpidos para recordar algo que acaban de ver, afectando en muchas ocasiones al ritmo de la película y rompiendo cualquier atmósfera que hubiera conseguido crear.

A pesar de ello, debido al look, la fotografía y las interpretaciones, tenía la sensación de estar viendo una película que parecía rodada veinte años antes de cuando se estrenó originalmente. A lo cual también contribuía un Naschy en plena forma, cuyas escenas tienen ese toque de slasher ochentero antes mencionado.

Lo cierto es que el planteamiento y la manera de estructurar la historia era bastante original para este tipo de película, pero la torpe ejecución destruye cualquier acierto que pudiera tener el guion, igual que los pésimos/risibles diálogos. Sin embargo, es también la torpe ejecución lo que hace que sea un film, para mí, divertido de ver. Algo a lo que contribuyen las interpretaciones, algunas de las cuales resultan involuntariamente divertidas como la de Kwenya Carreira, que interpreta a Larry, un "adolescente" de visita desde Estados Unidos cuyo acento americano viene y va continuamente.

Tenéis muchas películas de terror buenas donde escoger, ya sean españolas o americanas, pero si os apetece ver una cutrada para echaros unas risas, School Killer puede proporcionaros un buen rato de cachondeo. Hasta el tráiler parece involuntariamente antiguo para la época.


8 nov. 2013

Doctor Sueño de Stephen King


El resplandor no es solo una de las mejores novelas que ha escrito Stephen King, con el tiempo se ha convertido por derecho propio en uno de los grandes clásicos de la literatura de terror. Hacer una secuela para superar este Everest del horror parece una locura o una estupidez, tal vez por eso la nueva novela de King Doctor Sueño no es una secuela, aunque arranca momentos después del final de El resplandor.

Doctor Sueño no trata otra historia de casa encantada, en este caso los monstruos que se cruzan en el camino de un adulto Danny Torrance son una especie de vampiros del alma que se alimentan de niños que "resplandecen". Su próxima víctima será la joven Abra Stone, una niña de 13 años con un gran "resplandor" que contacta con Danny gracias a este talento.

Lo que hace interesante esta novela es la manera en que muestra como la vida de Dan se ve afectada por lo que vivió en su niñez. Además explora los problemas de alcoholismo que el protagonista hereda de su padre (este y otros detalles de la novela pueden despistar o resultar confusos para aquellos que solo conocen la versión cinematográfica de El resplandor, al centrarse en hechos que la versión americana solo toca por encima y que en la versión europea desaparecen completamente). En ningún momento se intenta superar la novela anterior, se centra en contar su propia historia, lo cual creo que es lo más inteligente.

Algo que me sorprendió a primera vista de la novela es que no es muy larga. Teniendo en cuenta que se trata de Stephen King, casi esperaba otro tomo de 600 u 800 páginas como sus últimas novelas largas. Con "solo" 530 páginas (en la edición americana que he leído), King muestra mucha eficacia a la hora de contar su historia, especialmente si tenemos en cuenta que cubre más de 30 años, desde el final de la anterior hasta nuestro presente, y nos presenta también a toda una tribu de monstruos así como la vida de la joven Abra desde que nace hasta el presente.

Alcoholismo, repetir los errores de nuestros padres, superar traumas... La magia de King a la hora de dar vida a sus personajes sigue intacta. Las partes en las que se centra en contar la errática vida de Dan son tan interesantes como las páginas terroríficas. Terror que aquí adopta, como en otros trabajos de King en los que hay niños de por medio, una aire de escalofriante cuento de hadas moderno. Tal vez por ello esta novela y la de Joe Hill, hijo de King, NOS4A2 se hacen mutuas referencias (es algo puesto solo para los que hayan leído la novela de Hill y que pasará completamente desapercibido para los que no, así que no os preocupéis si no la conocéis -aunque la recomiendo-).

Por supuesto, no es una novela tan buena como El resplandor, pero Doctor Sueño resulta muy efectiva leída en el silencio de la noche y es tan adictiva como el mejor King.


7 nov. 2013

Madhouse


Da igual lo que hiciera, Vincent Price siempre estaba fantástico. Esa voz, esos gestos, esa mirada... Era un actor genial, que no obtuvo la valoración que se merecía en su momento ya que se dedicó a protagonizar películas de terror. Como también le sucedió al coprotagonista de esta película, el siempre estupendo Peter Cushing. Es una lástima que este film no esté a la altura del talento de su reparto.

Madhouse (Jim Clark, 1974) cuenta la historia de Peter Toombes (Price), un actor que ha hecho carrera gracias a encarnar al terrible Doctor Muerte en una larga serie de películas. Una noche de año nuevo, su prometida aparece asesinada y Toombes sufre un colapso nervioso, convencido de que el Doctor Muerte es real. Años más tarde, Herbert Flay (Cushing), un antiguo amigo de Toombes, lo convence para que vuelva a encarnar al Doctor Muerte en una serie de televisión. El regreso de Toombes se ve ensombrecido por una serie de misteriosos asesinatos. ¿Es Toombes el culpable? ¿Quién se esconde tras la máscara del Doctor Muerte?

Este film llegaba tras el éxito que Price había obtenido con Matar o no matar, este es el problema (Theatre of Blood, Douglas Hickox, 1973), en la que ya había interpretado a un actor con algún tornillo flojo. En Madhouse se hacen unos cuantos homenajes y hay diversas referencias tanto a la carrera de Price como de Cushing (solo faltaba Christopher Lee para tener la fiesta completa, ya que también hay cameos artificiales de Basil Rathbone y Boris Karloff), pero carece del tono de comedia negra lleno de gamberrismo pre-80s de Theatre of Blood o de la genial El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, Robert Fuest, 1971). En su lugar nos ofrece un misterio a lo Baby Jane que resulta medianamente entretenido pero resulta algo frustrante que con un reparto tan soberbio no se hiciera algo más interesante.

Tampoco quiero dar la idea de que es un film terrible o malo. Si eres aficionado a este tipo de terror ligeramente anticuado, es un film curioso con momentos que anticipan lo que en el futuro se conocería como slasher. Además, resulta divertido ir identificando los clips de películas clásicas de la AIP que en Madhouse representan las diversas películas protagonizadas por el Doctor Muerte. Si no conocéis este film de Price, es posible que os resulte divertido de ver.


6 nov. 2013

Alguien mueve los hilos (The Puppet Masters)


Tras décadas de plagios, imitaciones y copias, por fin Robert A. Heinlein recibía el crédito que se merecía en Alguien mueve los hilos (The Puppet Masters, Stuart Orme, 1994), adaptación de su novela Amos de títeres, obra seminal que inició su propio subgénero.

Publicada por primera vez en 1951, la trama de la novela enlazaba con los diversos miedos y paranoias que asolaban en aquel momento la sociedad americana: platillos volantes y espías rusos infiltrados (se juzgaba un importante caso en aquella época). De forma consciente o no, Heinlein inició un rico subgénero en el cual se representa la invasión extraterrestre como insidiosa y sutil, haciéndose con los humanos mediante infiltración en lugar de las bombásticas invasiones a lo Guerra de los mundos, que bebía del miedo a una invasión comunista. En 1990 se restauró la novela original, la cual había sufrido una fuerte censura en 1951 al considerarse algunos aspectos del libro demasiado polémicos y arriesgados (la edición restaurada es la que se publica actualmente en inglés).

Poco después de que apareciese la versión expandida sin censurar de la novela, se puso en marcha la adaptación cinematográfica. El resultado fue Alguien mueve los hilos, un film irregular pero que en su momento me gustó bastante cuando la vi por televisión (mi madre me avisó de que la emitían diciendo: "mira, dan una de esas de marcianos que te gustan"). Sin embargo, visto hoy día, me doy cuenta de algunas de sus carencias, aunque me sigue pareciendo muy entretenido. Parte de lo irregular de la película se le atribuyo a los guionistas, entre los que encontramos a la pareja Ted Elliott y Terry Rossio (guionistas de las películas de Piratas del caribe) y al señor David S. Goyer, que junto al director Orme se encargó del borrador final. La presencia de Goyer, con el cual he tenido mis más y mis menos con sus últimos trabajos (especialmente el que hizo en cierta película de un superhéroe volador), explica, desde mi punto de vista, la mezcla de momentos completamente estúpidos con hallazgos y momentos muy logrados.

Un aspecto de la película que es realmente fantástico es el del reparto, que incluye diversos nombres familiares para los aficionados al género como Keith David, Yaphet Kotto y Marshall Bell. Curiosamente, uno de los actores principales es Donald Sutherland, protagonista también de un clásico de la paranoia alienígena como La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Philip Kaufman, 1978), basada en una novela y película, surgida después de que apareciese Amos de títeres, de la cual se estrenaba una nueva versión por la misma época.

Creo que lo mejor y lo peor que se puede decir de esta película es que seguramente solo gustará a los que somos aficionados a este género. Tiene un ritmo muy rápido, aunque no lo suficientemente rápido como para que no te des cuenta de sus inconsistencias. Por ejemplo, la manera bastante arbitraria en que tratan a los infectados, en ocasiones los capturan vivos y en otras los matan. Otros aspectos del film son bastante acertados, como la manera en que retrata como la invasión/infección sigue adelante a pesar de los esfuerzos humanos.

De modo que mi conclusión final es que es un film regular, con buenos momentos y que, a pesar de sus fallos, resulta entretenido para el aficionado al género. Os dejo con el tráiler italiano del film, porque me hace mucha gracia el título que le pusieron: ¡El terror de la sexta luna!


5 nov. 2013

John muere al final (John Dies at the End)


Lo mío con John Dies at the End fue amor a la primera lectura. La fantástica novela de David Wong me sedujo inmediatamente gracias a su mezcla única de terror y comedia, explotando un tipo de comedia que casa perfectamente con mi bizarro sentido del humor. Cuando supe que se iba a hacer una película y que iba a estar dirigida por Don Coscarelli, no pude más que alegrarme y armarme de paciencia esperando ver si el resultado final sería genial o infumable.

El argumento de John muere al final (John Dies at the End, 2012) es difícil de resumir de forma más o menos coherente: Una droga llamada Salsa de Soja tiene la habilidad de expandir tu percepción de manera que eres capaz de ver el lado oculto de la realidad. David Wong (Chase Williamson) y su mejor amigo John (Rob Mayes) se verán expuestos a esta droga y descubrirán hasta que punto la realidad corre peligro de ser devorada por entes de un universo paralelo. O algo así. La verdad es que me he dejado unas cuantas cosas fuera, pero, más o menos, este es el punto de partida.

Si alguien podía hacer una película con la novela de Wong, este era Coscarelli. No tanto por su saga Phantasma (1, 2, 3, 4), sino por Bubba Ho-Tep (2002), film que tiene un sentido del humor parecido al de John Dies at the End. El resultado es un film tremendamente divertido y original, usando temas y argumentos que ya hemos visto/leído antes pero los trata de un modo fresco que los hace nuevos. Especialmente admiro la forma en que Coscarelli ha creado una épica contando con un presupuesto muy limitado. Es cierto que esto se traduce en algunos momentos con efectos por ordenador algo cutres, pero son mínimos ya que se usan más los efectos prácticos de toda la vida.

Cuando nos encontramos ante adaptaciones de novelas/cómics/juegos de mesa, remakes, reboots y demás, creo que se ha de juzgar la película por si misma, independientemente del material de origen. Sin embargo, no soy un cyborg llegado del futuro para matar a la madre del líder de la resistencia, así que, en ocasiones, no puedo "desver" o "desleer" lo que he visto y he leído. De forma inevitable, termino comparando la película con lo que ha llegado antes, especialmente si el material "originador" me encanta o lo adoro como a Eva Green.

Traducción: no puedo evitar comparar la película con la novela. Lo positivo de esto es que en este caso el resultado es positivo. En el audiocomentario incluido en el Blu-ray (de zona A), Coscarelli explica cómo enfocó condensar la novela, buscando aquellos momentos que mejor representan lo genial del libro. Creo que lo que hizo Coscarelli fue muy inteligente y práctico para crear un film coherente: fundir la primera y la tercera parte, conservando solo algunos detalles de la segunda. Esto, por desgracia, también significa sacrificar el desarrollo de algunos personajes. En el film, Roger North (Doug Jones) está un poco metido con calzador y la historia entre Amy (Fabianne Therese) y David desaparece casi por completo. Pero la adaptación está hecha con mucho respeto y amor, y se nota. De hecho, me hizo desear que Coscarelli también se encargase de la secuela This Book is Full of Spiders, que es una novela superior a John Dies at the End.

El film no es perfecto, pero no deja de ser una genial gozada de película. Por supuesto, esto depende mucho de vuestro sentido del humor y de lo fácilmente que podáis aceptar las rarezas de John Dies at the End. Personalmente, me hizo disfrutar enormemente y me dio ganas de leer otra vez el libro, de modo que la recomiendo a todo el mundo que no esté reseco y muerto por dentro.


4 nov. 2013

El otro Necronomicón

Tras años sin ir, hace poco volví al Mercat de Sant Antoni. Supongo que debe haber un lugar parecido en todas partes, un mercado de libros de segunda mano, coleccionismo de cómics, de sellos, de minerales, de películas (VHS, DVD y Blu-ray), discos de vinilo y compactos, pósters de películas, etc. Es especialmente conocido como el lugar al que ibas para cambiar cromos y encontrar el que te faltaba para completar tu colección, motivo este por el que mis padres me llevaron por primera vez cuando era niño. Más tarde, ya a partir de los 10 años, iba al Mercat en busca de tebeos y libros de terror.

Dejé de ir al cabo de un tiempo, todavía no sé bien por qué, pero al volver recientemente me quedé sorprendido por el hecho de que sigue más o menos igual, con la misma tendencia horaria (abre los domingos por la mañana y hacia las once ya está lleno de gente) y montones de niños cambiando cromos como yo hacía de pequeño. Sumergido en la nostalgia, me vinieron a la cabeza las diversas joyas que había encontrado a lo largo de los años en este increíble lugar, como una copia en VHS de Videodrome (David Cronenberg, 1983) y antiguos números de Creepy.

Creepy fue un magazine de cómics de terror que imitaba el modelo Warren. Además de las historias, había artículos y curiosidades. Originalmente lanzada en 1979, se cerró al cabo de unos años para volver a publicarse en 1990. Es esta segunda encarnación la que yo descubrí, la cual dejó de existir al cabo de solo 19 números. Correría el año 92 cuando me compré algunos tomos recopilatorios de la revista, que encontré en el Mercat. Creepy me encantaba y fue allí donde descubrí El otro Necronomicón de Antonio Segura (guion) y Brocal Remohí (ilustrador).

Desde que descubrí Creepy, buscaba con devoción cualquier número que pudiese encontrar de la revista, así como cualquier álbum que hubiese publicado Toutain. Fue así como descubrí con gran alegría un álbum que reunía todas las historias (que, desgraciadamente, no eran muchas) que habían aparecido de El otro Necronomicón.

Una muestra de los diversos Creepy, junto a algunos de los álbumes que publicó Toutain con el sello Creepy, que compré con devoción religiosa. Por suerte, mis padres no se dieron cuenta de que era demasiado joven para leer estas fabulosas monstruosidades y pude pervertir mi imaginación sin problemas.

La historia arranca cuando el artista Alberto Breccia se pone en contacto con Segura y Remohí para enseñarles el descubrimiento que ha hecho en una librería: un extraño volumen que, juzgando por el estilo con que está escrito, recopila trabajos desconocidos de H. P. Lovecraft. Segura y Remohí se ponen de inmediato a adaptar las historias en cómic, animados por el editor Josep Toutain. Sin embargo, a medida que van publicando las historias, Segura y Remohí se ven amenazados por unos misteriosos personajes, que parecen salidos de las páginas de El otro Necronomicón. ¿Es posible que lo que Lovecraft escribió no fuera simple ficción? ¿Podrán unos simples creadores de tebeos sobrevivir los horrores cósmicos que les acechan?

Como fan de Lovecraft y de los cómics de terror, El otro Necronomicón es una obra que está hecha a mi medida. Aún hoy día, cuando he vuelto a leer el álbum llevado por la nostalgia, me he descubierto atrapado por las historias y fascinado por ver cómo Segura y Remohí ponen en peligro su vida para dar a conocer los misterios que se ocultan en el misterioso libro descubierto por Breccia. Curiosamente, ahora me ha llamado la atención un momento que tiene su eco en el gran homenaje a Lovecraft En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1994) (la cual no había visto en el momento que leí por primera vez El otro Necronomicón).

En las historias se mezclan los temas lovecraftianos con otros clásicos del terror, leyendas y aportaciones originales de los autores. Es una lástima que la prematura defunción de Creepy impidiera un mayor desarrollo de la serie, ya que las historias que se publicaron te dejan con ganas de más. Segura le aporta a los guiones un tono respetuoso y, al mismo tiempo, ligeramente irreverente, por lo que no se trata de simples refritos de las tramas de terror cósmico de sobra conocidas por los aficionados. Por otro lado, las ilustraciones de Remohí poseen la misma fuerza en los aspectos realistas como en los terroríficos, dando vida de forma impactante a aquellas criaturas que los personajes de Lovecraft estaban demasiado aterrados para describir.

Si podéis encontrar este álbum en algún lugar como el Mercat que tenemos en Barcelona, compradlo sin pensarlo. Os llevaréis una pequeña joya a casa, aunque corréis el riesgo de poner en peligro vuestra cordura. Los horrores que contiene pueden escaparse fácilmente de su prisión de papel.