11 abr. 2019

Psycho (1998): Un experimento cinematográfico

 
En 1998, Gus Van Sant convenció a Universal para que le financiara con millones de dólares una película de arte conceptual. El resultado fue Psycho (Psicosis) (Psycho), una nueva versión plano a plano del clásico de Alfred Hitchcock, que fue recibida como poco más que una blasfemia cinematográfica cuando se estrenó. Pero creo que se trata de un interesante experimento algo incomprendido.

Sinceramente, cuando se estrenó originalmente la película de Van Sant, mi reacción fue la misma que la de la mayoría: me pareció innecesario y absurdo, un desperdicio de celuloide. Mi opinión se mantuvo firme hasta que empecé a estudiar en la universidad. Fue entonces que me familiaricé con la obra de Jorge Luis Borges y leí su relato Pierre Menard, autor del Quijote. Para los que no lo conozcan, este cuento es un estudio crítico ficticio que compara el Quijote escrito por un tal Pierre Menard y el de Cervantes. Los textos de ambos autores son exactamente iguales, claro, pero las distintas circunstancias e intenciones de cada autor son los que hacen que sean interpretados de forma distinta. El cuento de Borges es una reflexión sobre cómo cambia nuestra visión de una obra con el tiempo, cómo nuestra evolución vital hace que veamos de forma distinta una misma obra dependiendo del momento en que nos encontramos con ella.

Esto es lo que intentó Van Sant con su recreación de Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960). Por un lado, acercar a una audiencia joven un film que, al ser en blanco y negro, posiblemente no habían visto. Por otro lado, comprobar si era posible replicar una película de manera exacta. Y aquí radica, para mí, la parte interesante: Van Sant demostró que es imposible replicar exactamente una misma película. Tener a personajes contemporáneos decir diálogos de los años 60 resulta curiosamente anacrónico, las reacciones que nos parecen naturales en un contexto de film clásico, resultan extrañas en un film moderno. Los personajes resultan completamente distintos al ser interpretados por actores y actrices distintos. Pyscho 1998 es un film mucho más cómico, casi como una parodia del original.

Pero lo más interesante es que, siguiendo plano a plano el original, hubo cosas que se vieron obligados a cambiar, ya que no funcionaban al ser duplicadas. El caso más obvio es la escena de la ducha, según cuenta la editoria Amy E. Duddleston en el documental 78/52: La escena que cambió el cine (78/52, Alexandre O. Philippe, 2017): a pesar de haber seguido meticulosamente los storyboards, de haber estudiado con detalle el film de Hitchcock, les fue imposible repetir de manera exacta la escena de la ducha. No funcionaba de ninguna manera, por eso se introdujeron los insertos que representan lo que le pasa a Marion Crane (Anne Heche) por la cabeza mientras muere.

Tampoco me malinterpretéis: creo que Psycho 1998 es un experimento cinematográfico interesante, pero no creo que sea una PELÍCULA interesante. Es decir, no la veré de forma repetida como la original, ni la disfruto como film. El reparto de la versión 98 es muy bueno, con la excepción de Vince Vaughn que es terrible como Norman Bates, pero no es una película que se pueda ver y experimentar como una película normal. Se trata, como decía al principio, de un film conceptual, un ejercicio para invitar a la reflexión, y así se ha de ver.


4 comentarios:

Rafa dijo...

Tras leer tu entrada y retratar la como parodia, queda muy claro el esperpento que es. No funcionó y Van Sant ni se acerca a lo que comentas sobre Borges.

Un film que si no existiese no pasaría nada. Es así como veo yo las revisiones de películas. Por norma general el remake suele ser un film que si no existiera no ocurriría nada. Y este es un claro ejemplo.

Un saludo

Raúl Calvo dijo...

Como digo, creo que funciona en el sentido que demuestra que no es posible duplicar plano a plano una película, sobretodo cuando hay casi 40 años de por medio. Y también digo que no creo que funcione como película, pero el comentario lo genera igual.

En cuanto a los remakes en general, no estoy de acuerdo. Creo que hay muchos ejemplos de películas cuya nueva versión es superior, desde el remake de Primera plana que hizo Billy Wilder, pasando por el remake que hizo el propio Alfred Hitchcock de su película El hombre que sabía demasiado, hasta clásicos remakes como La cosa de John Carpenter, La mosca de David Cronenberg y La invasión de los ultracuerpos de Philip Kaufman. Si en música, literatura, teatro y arte se mantienen diálogos entre obras y diversas reinterpretaciones, no veo porque el cine tendría que ser distinto.

Un saludo.

Rafa dijo...

Hablas de films que son excepciones a la regla. No subestimo el remake como tal sino aquel que no aporta nada.

Si hiciésemos una lista de remakes, tendríamos una larga lista de decepciones frente a otra lista mucho menor.

Y podriamos hablar La cosa de Carpenter, genial sin duda. Pero, ¿era necesaria la precuela-remake del 2011?. Creo que estaremos de acuerdo en que no. Y es esa línea del remake insustancial la que critico.

Cuando Rosalía en los Goya se apropia de la canción de la canción Me quedo contigo, da un vuelco respecto a la versión original. Es eso lo que se le pide a un remake.

Cuando reconoces que reproduce plano a plano un film que es un de los clasicos, el film de Van Sant pasa a ser un "experimento fallido", a mi entender significa, y claro es una opinión mía, que es totalmente innecesario. Y no haría falta rodar de nuevo plano a plano un film como el resplandor para saber que es innecesario.

Sin embargo esto no hace que todo remake sea pobre, insulso, vacío o aburrido. Sólo hay que contemplar la nueva versión de It y compararla con la miniserie de los 90.

Y ya si entramos en el camino de la adaptación pasa algo en el mismo sentido. Sólo tenemos que ver It y La torre oscura para entender que hay films que recrean y aportan, y otros que no.

En el caso de Psycho el remake el proyecto es un error de principio a fin.

Me encanta tu blog y muchas veces no comparto tu opinión. Este es uno de esos casos.

Raúl Calvo dijo...

Bueno, creo que si hacemos una lista dentro de cualquier género, ya solo de films originales, también habría una mayoría de películas que no funcionan y son innecesarias frente a la minoría que son realmente buenas y a la aún menor cantidad de películas que son obras maestras. El hecho que una película aporte o no, depende de la calidad de la película (guión, dirección, interpretaciones), no que sea un remake o una secuela o lo que sea. Todo el mundo se lanza a hacer una película esperando que sea un éxito masivo, pero no siempre pasa. Es natural.

Reproducir una película plano a plano era algo que no se había hecho nunca y no se ha vuelto a intentar. Y lo que demuestra el film de Van Sant es que no es posible copiar plano a plano una película y que el resultado sea la misma película, lo cual no deja de ser fascinante. Resulta interesante desde un punto de vista, si quieres, intelectual, como una pieza de arte conceptual, NO como una película. Como película a mí no me gusta, y la he visto más de tres veces en toda mi vida por los comentarios que acompañaban como extras al film en la caja alemana Psycho Deluxe Collection que incluye todo lo relativo al film de Alfred Hitchcock. ¿Era necesario hacer una secuela de Psicosis? Pues no, pero alegro que la hicieran porque me encanta Psicosis II de Richard Franklin.

En realidad, ¿qué películas son necesarias? Creo que es una denominación que no me convence. Buenas o malas, me parece que todas son necesarias, porque incluso se aprende algo de basura como la precuela de La cosa, y usar sus fallos como advertencia. O todas son innecesarias, porque no necesito para vivir Lawrence de Arabia, pero es una obra maestra que me llena de gloria cuando la veo.

Al final es todo cuestión de gusto.

Gracias por leer el blog.

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