11 mar 2026

Sobrenatural

 


 

Tengo algunas creencias personales desarrolladas a lo largo de años viendo películas de todo tipo. Una de ellas es que si una película de terror arranca con un profesor en un despacho decorado con calaveras, o una voz en off muy seria, explicando lo estudiado, lo cierto y lo mucho que entra dentro de lo posible lo que la película tiene a bien desarrollar, la historia que seguirá será un auténtico desmelene. Y Sobrenatural (Eugenio Martín, 1981) no es una excepción, con un inicio filosófico seguido de una entretenida historia "sobrenatural".

Julia (Cristina Galbó) recibe una noticia que le provoca sentimientos encontrados: su abusivo marido la había localizado y tenía intención de arrastrarla de vuelta a casa, pero ha tenido un accidente de coche en cuando iba hacia ella. Con la ayuda de su actual pareja, el doctor Víctor Valdés (Máximo Valverde), Julia decide dar cierre a su pasado limpiando la casa de su marido para cerrarla. Pero entonces extraños sucesos empiezan a tener lugar: Julia está siendo acosada por una presencia espectral. Con la ayuda de un parapsicólogo (Gerardo Mallá) y un sacerdote (Juan Jesús Valverde), Julia y Víctor lucharán contra el terrible espíritu.

En otro país, el director Eugenio Martín habría sido celebrado como un director de culto (cosa que es en el extranjero) gracias a auténticos clásicos como Pánico en el Transiberiano (1972)Una vela para el diablo (1973). Al menos podemos celebrarlo desde aquí comentando otra película suya, una de sus más conocidas. He de admitir que mi primer contacto con Sobrenatural fue a través del tema ¡Puedes aceptar que un muerto se comunique con un ser vivo! de Tocadiscos Humano y Los Super-asesinos, incluido en un disco editado con motivo de la Xª semana de cine fantástico y de terror de San Sebastián llamado Freak Sounds From Outer Space. La canción utiliza diálogos de la película a modo de samplers, despertando en mí mucha curiosidad por descubrir de dónde habían salido esos diálogos. La respuesta era Sobrenatural, una película que bebe de títulos como el gran clásico La leyenda de la Casa del Infierno (The Legend of Hell House, John Hough, 1973) y la entonces muy popular Terror en Amityville (The Amityville Horror, Stuart Rosenberg, 1979). Además, el planteamiento enlaza también con la fama y popularidad que habían adquirido entonces en España los temas paranormales, las ciencias ocultas y las religiones New Age. Se opta una perspectiva basada en la ciencia, dejando de lado la religión católica que era la clásica heroína en este tipo de películas. De esta forma, la película de Eugenio Martín se adelanta a otras como Poltergeist (Fenómenos extraños) (Poltergeist, Tobe Hooper, 1982)El ente (The Entity, Sidney J. Furie, 1982), que, aunque no fueron los primeros, popularizaron el equipo de científicos que se enfrenta a una amenaza sobrenatural.

Aunque debido al bajo presupuesto de la película los efectos especiales son algo limitados, si bien no les falta encanto creo yo, no te sacan de la película. También ayuda el ritmo de la película, una vez arranca no para, salpicando las escenas de ataques sobrenaturales con explicaciones científicas que intentan darle verosimilitud a la trama.  El reparto es también muy sólido, destacando Cristina Galbó, que podríamos considerar una Scream Queen patria con una filmografía que incluye: La sombra del asesino (L'assassino è costretto ad uccidere ancora Luigi Cozzi, 1975)¿Qué habéis hecho con Solange? (Cosa avete fatto a Solange?, Massimo Dallamano, 1972)La residencia (Narciso Ibáñez Serrador, 1969)No profanar el sueño de los muertos (Non si deve profanare il sonno dei morti, Jorge Grau, 1974).

Sobrenatural no reinventa el género, pero es un título sólido y entretenido, una pequeña joya dentro del fantaterror que no decepcionará a los fans.

 

6 mar 2026

Poppers

 


 

Tras la fantástica e irrepetible época salvaje y sin reglas que disfrutó el cine español tras la muerte del dictador Francisco Franco, en 1983 llegó la ley Miró que destruyó el fértil e imaginativo paisaje cinematográfico español. Lo sustituyó por otro más serio y aceptable, también más aburrido, predecible y falto de imaginación. Pero algunos títulos consiguieron colarse entre tanta "aceptabilidad" y "respetabilidad", siendo un ejemplo de ello la psicotrónica Poppers (José María Castellví, 1984).

Santos (Miguel Ortiz) acaba de salir de la cárcel cuando recibe una oferta de trabajo que parece algo peculiar. Cuando se presenta para ver de qué trata el trabajo, se encuentra ante un grupo de viejos ricos. Estos le ofrecen un millón de dólares en diamantes a cambio de convertirse en su presa de caza. Si sobrevive, se queda los diamantes, si le atrapan muere. Sin embargo, no todo es lo que parece y tras esta macabra oferta se esconde una sádica venganza. Santos recibirá solo la ayuda de Lola (Giannina Facio), una misteriosa mujer que se convertirá en su aliada.

José María Castellví era un prestigioso fotógrafo, este prestigio lo ayudó a poner en marcha el proyecto. Otro factor que contribuyó a poner en marcha esta delirante historia fue que se disfrazó de película de "la movida". Para los más jóvenes, la movida fue una nueva hornada de jóvenes artistas que recogían los avances punk y new wave de Europa y Estados Unidos, dándoles una impronta personal. Era una época en que España estaba desesperada por demostrar que era un país moderno que había dejado atrás el retraso de la Dictadura. Desde los medios centralistas, se rebautizó el movimiento como "la movida madrileña", como si solo fuera una cosa de la capital, promocionando aquellos ejemplares más aceptables dentro del movimiento, los que provenían de familias con dinero, apartando o ignorando al resto. Castellví era mayor que los integrantes de la movida, pero logró colar su proyecto gracias a su estética urbana y moderna. El film también abraza una estética gay, exagerada y punk, que incluye también ecos del cómic underground, que aquella época estaba experimentando una explosión de títulos y artistas, en particular de Anarcoma de Nazario.

Castellví creó una historia que es puro pulp, con personajes clásicos del cine negro a los que viste de cuero para moverse en una ciudad sin identificar, en un momento temporal sin identificar, aumentando la sensación de cómic en movimiento. La historia arranca como si fuera una nueva versión de El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), pero pronto avanza hacia una historia de sangrientas venganzas. En el centro, la historia de amor entre Santos y Lola, tan pulp como la trama que protagonizan. Teniendo en cuenta el estilo de la película, tal vez habría encajado mejor si fuera una historia de amor gay o si Lola fuera una travesti como Anarcoma. Pero, aunque parezca increíble viéndola, la película tenía ciertas aspiraciones comerciales de ahí que se optara por una historia de amor más convencional.

Pero el problema de Poppers cuando se estrenó, y la razón por la que se ha convertido en una obra de culto a reivindicar, es que se era demasiado extrema para el cine comercial convencional, pero era demasiado pop y celebraba demasiado el cine de género como para ser aceptada en el circuito del cine de autor. Pasados los años, la única película que dirigió Castellví, los otros proyectos que ideó resultaron demasiado caros para la época, ha quedado como una instantánea de una época y un lugar, una divertida película que sumerge al espectador en un mundo de fantasía en el que los héroes visten cuero negro.