20 ene 2026

The Tyrant's Heart or Boccaccio in Hungary (A zsarnok szíve, avagy Boccaccio Magyarországon)

 


 

La leyenda de Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, puede que sea solo eso. Estudios históricos contemporáneos han llegado a la conclusión de que los crímenes atribuidos a Báthory posiblemente fueran inventados como manera de apoderarse de las tierras que poseía la condesa y quitarle el poder a una mujer que se estaba haciendo demasiado poderosa. Por suerte, eso no significa que no podamos seguir disfrutando de esta leyenda a través de las múltiples películas que ha inspirado y seguirá inspirando. En este blog hemos comentado ya diversas de estas películas y la figura de la Condesa Sangrienta como en un artículo sobre diversas obras inspiradas por esta leyendaEl rojo en los labios (Les lèvres rouge/Daughters of Darkness, Harry Kümel, 1971)Thirst (Rod Hardy, 1979)El retorno de Walpurgis (Carlos Aured, 1974), El retorno del Hombre Lobo (Jacinto Molina, 1980)Verotika (Glenn Danzig, 2019). Hoy añadimos a la lista The Tyrant's Heart or Boccaccio in Hungary (A zsarnok szíve, avagy Boccaccio Magyarországon, Miklós Jancsó, 1981).

El príncipe Gáspár (László Gálffi) regresa a su Hungría natal, tras haber pasado gran parte de su vida en Italia. Regresa acompañado de su amigo Filippo (Ninetto Davoli) y una troupe de actores, que le arropan cuando llega al lugar en el que nació pero que es completamente extraño para él. Una vez allí, su tío Károly (József Madaras) le informa que su padre murió hace apenas un par de días antes despedazado por osos. El impacto del suceso ha dejado a su madre Katalin (Teresa Ann Savoy) encerrada en su propia mente. Entonces Gáspár descubre que su madre parece más joven que él y que cada noche mata a una joven por su enfermedad.

El film de Miklós Jancsó es una crítica de la ambición ciega del poder y los abusos cometidos para llegar a la cima. Continuamente los personajes están conspirando y entrando en contradicciones, asegurando unos hechos para luego desmentirlos y luego volver a afirmarlos. De modo que intentar llegar a la verdad es tarea casi imposible, enterrada bajo intrigas palaciegas cada vez más intrincadas. Esto refleja con el momento en el que vivimos en el que la verdad ya no es cuestión de hechos sino de creencia. Estas intrigas se van sumando hasta que llega un momento en que resulta absurdo y cómico de un modo macabro, a pesar de estar regado el relato con algunas gotas de erotismo. Particularmente inquietantes resultan algunos momentos en que los actores miran directamente a cámara.

 
La puesta en escena se basa en la artificialidad. Encadenando una serie de planos secuencia, las escenas se despliegan frente al espectador mientras la cámara se mueve continuamente de izquierda a derecha. Y cuando la cámara no se mueve, lo hacen los actores, en ocasiones sobre plataformas. Da la sensación de recrear lo que sería una obra teatral del siglo XV, si entonces hubiera sido posible moverse por el escenario para seguir la acción. Es un enfoque que enlaza la artificiosidad de la puesta en escena con el absurdo de las conspiraciones y la continua contradicción de sucesos.

La puesta en escena puede resultar demasiado para algunos espectadores: demasiado artificial, demasiado "artística", demasiado barroca...  Pero esto lo que hace que el film de Jancsó resulte interesante, siempre que se sea consciente de que no se va a ver un film narrado de forma convencional.

 

16 ene 2026

Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west)

 


 

La obra de William Shakespeare ha servido de base para infinidad de adaptaciones cinematográficas, tanto dramas como comedias. Pero la riqueza de sus obras teatrales también ha servido de base para películas de otros géneros, más inesperados, como la ciencia ficción, el musical o el terror. Ha medio camino entre las adaptaciones más clásicas y las más iconoclastas, nos encontramos Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west, Enzo G. Castellari, 1968), una versión de Hamlet en clave western a la italiana.

La adaptación se mantiene más fiel de lo esperado en una película como esta, una transición bastante natural ya que la venganza es un tema clásico del western. Johnny Hamilton (Andrea Giordana) tiene un extraño sueño en el que su padre le dice que ha sido asesinado. Este sueño provoca que Johnny regrese a su hogar, al que no volvía desde que partió a luchar en la Guerra Civil. Allí sus sospechas son confirmadas por su amigo Horace (Gilbert Roland), quien le informa que su padre fue asesinado por el criminal Santana (Manuel Serrano) y fue luego vengado por su tío Claude (Horst Frank). Johnny descubre entonces que Claude se ha casado con la madre de Johnny Gertry (Françoise Prévost). Perturbado por este giro de los acontecimientos, Johnny empieza a investigar la muerte de su padre, poniendo en marcha su personal venganza.

La idea de convertir Hamlet en un western fue de Sergio Corbucci, pero el director, entonces en un periodo especialmente fértil y productivo, estaba demasiado ocupado para ponerse al frente del proyecto y pasó a manos de Enzo G. Castellari. Castellari acababa de empezar su carrera como director, así que encaró el proyecto con mucha energía e inventiva visual. Lo primero que hizo fue inyectar más acción al guion, ya que era lo que dominaba, pero su mayor aportación fue la manera original e inventiva con que encaró la narración de la historia. Por ejemplo, en lugar de situar una escena en un típico cementerio en una colina como los que aparecen en centenares de películas, Castellari situó su cementerio dentro de una gran cueva, iluminadas las tumbas con velas. Este original cementerio encaja con muchos momentos de la película que parecen casi avant-garde, como la escena al inicio en que Johnny despierta del sueño y lo descubrimos en una playa rodeado de artistas de circo. Un momento casi surrealista que sirve de oportunidad para citar la obra de Shakespeare. La escena en el cementerio también incluye uno de los planos más célebres de la película, cuando la cámara da vueltas alrededor de Johnny mientras este reflexiona sobre la muerte de su padre y se lamenta por no haber estado allí. Para lograr este plano, el propio Castellari inventó un artilugio que le sirviera para darle vueltas a la cámara. El film está lleno de planos inventivos como este.

Otro de los aspectos interesantes del film es que sitúa a Johnny en el bando perdedor de la guerra. Esto sirve para acentuar su amargura y tristeza, ya que su padre es asesinado mientras él está luchando por una bandera y una causa en las que no cree. Esto se agrava cuando descubre que vuelve a un hogar corrupto y brutal, en el que todo mal se origina en la codicia y la avaricia, ya que la muerte del padre de Johnny se vincula con el robo de 300.000 dólares en oro. Estas aportaciones del guion le dan un toque político progresivo, habitual en el cine de la época en que muchos cineastas usaban el cine de género para introducir de forma sutil mensajes políticos. Si bien no creo que fuera idea de Castellari sino de los guionistas y estuviera ya en el concepto original de Corbucci, que también hizo algo parecido en películas suyas como la clásica El gran silencio (Il grande silenzio, Sergio Corbucci, 1968).

El tener Hamlet como base sirvió para convertir esta película en algo especial. Por eso resulta sorprendente que el distribuidor decidiera cambiar el título original Johnny Hamlet por Quella sporca storia nel west ("esa sucia historia del oeste"), que es una frase que se dice en la película pero como título no es muy distinto de los que aparecían al frente de las decenas de westerns que se estrenaban cada semana en Italia entonces. Tal vez por eso el film pasó desapercibido en el momento de su estreno. En Francia y Alemania se estrenó como si fuera una secuela más de Django (Sergio Corbucci, 1966) y en España su título es también bastante anodino. Solo en Estados y algún mercado minoritario se estrenó con su título original de Johnny Hamlet. Resulta extraño que no se quisiera explotar su inspiración, como resultado el film estuvo durante un tiempo perdido entre centenares de anodinos westerns.

Es una lástima que no fuera recibido como se merecía, porque, después del gran Keoma (1976), este seguramente sea el mejor western dirigido por Castellari. Un título más que notable en el género, recomendado sin reservas.

 

9 ene 2026

The Magic Blade (Tien ya ming yue dao)

 


 

Hay películas que transcienden los límites del género en el que fueron creadas, logrando ser mucho más que un título más en una larga lista de títulos. Aunque cuenta con un título en inglés bastante estúpido, The Magic Blade (Tien ya ming yue dao, Chor Yuen, 1976) es una de esas películas. A primera vista puede parecer un título más de wuxia, de cine de artes marciales, pero pronto se revela como una película mucho más interesante que una serie de escenas de acción.

Fu Hongxue (Ti Lung) es un gran espadachín que acude a medianoche a un duelo con Yan Nanfei (Lo Lieh). Nanfei ha pedido el duelo para determinar de una vez por todas quién es el mejor espadachín. Pero mientras están luchando son interrumpidos por unos asesinos a sueldo. Al parecer hay un misterioso guerrero que ambiciona ser el mejor luchador y dominar el mundo de las artes marciales, para ello planea robar una misteriosa arma secreta conocida como "el dardo del pavo real". Este misterioso guerrero es el que ha enviado a los asesinos a sueldo, en un intento de eliminar a sus competidores. Hongxue y Nanfei empiezan entonces su búsqueda de esta misteriosa arma mientras se enfrentan a diversos y coloridos asesinos que intentan detener su búsqueda.

El director Chor Yuen deja claro que esta no es una película más de artes marciales cuando aparece Fu Hongxue vestido no con el tradicional traje de época oriental, sino con un anacrónico poncho al estilo Clint Eastwood. Un guiño a las películas de Sergio Leone que son una de las diversas influencias que marcan la película. El arma de Fu Hongxue no es tampoco la típica espada, sino un arma con una hoja giratoria que parece salida de una película de James Bond. Chor Yuen mezcla géneros y guiños, pero la película no es un simple refrito, es realmente original. Exceptuando dos breves secuencias, The Magic Blade transcurre en una especie de noche eterna, lo que le da un toque onírico a la historia. Una atmósfera fantástica en el que tienen lugar gigantescas y mortales partidas de ajedrez jugadas con seres humanos, en la que se mueven personajes de pesadilla como Devil's Granny (Teresa Hsia Ping) que se dedica a vender platos cocinados con la carne de sus víctimas. Pero también hay lugar para la poesía y la tragedia.

The Magic Blade engancha desde el inicio, cuando el duelo entre Hongxue y Nanfei es interrumpido por un árbol que se mueve y del que sale un asesino. Un inicio ciertamente inesperado. Chor Yuen mantiene el equilibrio en ofrecer escenas de acción impresionantes y momentos de poética reflexión. Con un estilo sencillo que roza la abstracción, no hay un momento en el que no ocurra algo interesante, ya sea desde el punto de vista dramático o visual. De ahí que, obviamente, los fans del género no deberían perdérsela pero también aquellos que consideren que todas estas películas son iguales, ya que puede que se lleven una auténtica sorpresa.

Seáis fans o no, yo desde luego recomiendo esta pequeña maravilla que me dejó fascinado de principio a fin. Fantástica dirección, buenas interpretaciones, una fotografía que dota de gran belleza a las imágenes, editadas a la perfección, nada sobra ni falta. Una obra maestra.