¿Quién no recuerda la aparición de Olivia Newton-John al final de
Grease (Randal Kleiser, 1978)? Con esos pantalones negros que parecían pintados sobre su piel, la chaqueta de cuero negra, la mirada que decía "vamos a ensuciarnos". Y, por supuesto, se besan. Claro que se besan. Y los otros personajes también tienen sus dosis de hanky-panky. Y luego tenemos una de mis películas favoritas, la absoluta obra maestra
Rock 'n' Roll High School (Allan Arkush, 1978), en la cual los y las protagonistas tienen sólo dos preocupaciones: pillar cacho e ir al concierto de los Ramones. Es una actitud no muy diferente de la que tenía yo siendo un adolescente.
Y, según me dicen, es una actitud que sigo teniendo ahora. Pero resulta que ahora no es algo positivo.
El caso es que pensé que el conservadurismo y la mojigatería se debía a que era algo propio de la Disney. Dos estrenos recientes me han hecho reconsiderar esa postura, y ver que forman más bien de una corriente pudorosa y conservadora.
Una de ellas es otra producción Disney:
Alicia en el País de las Maravillas (
Alice in Wonderland, 2010) de Tim Burton. El problema con las películas de Tim Burton es que son tan buenas como lo sea el guionista que escribe el film en cuestión. Por ello, sus películas son visualmente y estéticamente consistentes, trabajando además con diseñadores de producción y artistas de gran talento como Rick Heinrichs, mientras que la calidad de sus películas en cuanto a narración y desarrollo de personajes es bastante irregular. Burton ha admitido que es un cineasta más bien superficial, interesado más en la imagen que el contenido.
En ocasiones, Burton tiene la suerte de encontrar guiones que se ajustan a sus gustos, como el guion que Scott Alexander y Larry Karaszewski escribieron sobre Ed Wood y que estuvo años dando vueltas por los estudios hasta que cayó en manos de Burton, o dar con guionistas de talento que le escriben las películas, como Jonathan Gems, que escribió
Mars Attacks! (1996) por encargo de Burton que quería hacer una película basándose en una clásica colección de cromos, o Caroline Thompson, que escribió
Eduardo Manostijeras (
Edward Scissorhands, 1990) después de que Burton se inventara el personaje.
Pero luego tenemos las películas en las cuales Burton se encuentra a la merced de un mal guion, como el del remake de
El planeta de los simios (
Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968) o el de
Alicia. El problema con el guion de
Alicia que escribió Linda Woolverton es que traiciona la obra de Lewis Carroll y la convierte en algo que no es. Linda Woolverton es una guionista que trabaja habitualmente con la Disney, de ahí tal vez surgen los elementos que destruyen
Alicia.
Si habéis leído
Alicia en el País de las Maravillas, sabréis que Lewis Carroll no escribió un cuento en el sentido tradicional, sino que
Alicia es una acumulación de anécdotas surrealistas y poéticas sin ningún orden en concreto que se van sumando mientras Alicia explora el extraño lugar al que ha llegado siguiendo un conejo. Es una anárquica celebración de lo extraño e ingenioso, diversión por pura diversión, sin ningún tipo de disculpa por ello ni enseñanza moral al final. Woolverton a la hora de crear una estructura que fuera filmable mezcló
Alicia en el País de las Maravillas y
A través del Espejo y lo que Alicia vio en él, del cual coge el poema
Jabberwocky.
Hasta aquí todo bien, ya que resulta lógico que para crear un sólida estructura narrativa se cogieran elementos de los dos libros. El problema llega cuando, para empezar, se copia la idea de
Hook (Steven Spielberg, 1991) de convertir Alicia en una adulta que ha olvidado completamente todo lo relacionado con la fantasía para sumergirla de nuevo en el mundo fantástico.
Supongo que lo hicieron ya que en
Hook funcionó
tan bien (esto, amig@s, es ironía).
Esta maniobra significa que tenemos una primera media hora en la cual se nos presentan una serie de personajes los cuales, predeciblemente, nos volveremos a encontrar al final con todo lo que Alicia ha aprendido de sus experiencias en el País de las Maravillas. Y he aquí el primer fallo: ya que si algo no contiene la
Alicia de Carroll son enseñanzas morales, ahí radica su atractivo. Pero lo peor es que la película se transforma en el directo opuesto ideológico de
Eduardo Manostijeras.
La película evoluciona, al poco de introducirnos en el País de las Maravillas, hacia la clásica historia de caballero contra el dragón, siendo aquí Alicia la encargada de matar al dragón y restablecer el orden, algo que el País de las Maravillas nunca tuvo. La Reina Blanca es bella, perfecta y pura, la Reina Roja es malvada, demente y cabezona. El objetivo es devolver el gobierno a la perfección y belleza que representa la Reina Blanca y apartar inmediatamente lo feo que representa la Reina Roja.
Es decir, se hace una correlación entre bello=bueno, feo=malo. Como decía, tras devolver el País de las Maravillas a la Reina Blanca y matar al dragón, Alicia vuelve siendo madura y habiendo aprendido una importante lección. Es decir, tras restablecer el orden y acabar con la diferencia se reincorpora a la sociedad.
Creo que lo que Lewis Carroll diría ante semejante despropósito es: ¡buuuu!
El otro despropósito es la recién estrena
Caperucita roja (
Red Ridding Hood, Catherine Hardwicke, 2011). Viniendo de la directora de
Crepúsculo (
Twilight,2008), uno ya sabe que tipo de producto esperar.
Crepúsculo es una descafeinada película destinada a las adolescentes que juega con la fantasía del vampiro de una manera segura e inofensiva.
Caperucita roja hace lo mismo plagiando descaradamente
En compañía de lobos (
The Company of Wolves, Neil Jordan, 1984). De hecho, le ofrecieron en primer lugar dirigir la película a Neil Jordan, que lo rechazó bastante cabreado. La verdad es que lo entiendo, ya que cuando vi las primeras fotos de
Caperucita roja pensé que estaban haciendo un remake de
En compañía de lobos.
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| Sarah Patterson en En compañía de lobos |
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| Amanda Seyfried en Caperucita roja |
El problema no es tanto el plagio, ya que esto pasa y seguirá pasando, sino que la actitud es diametralmente opuesta. Es decir, donde
En compañía de lobos es poética, misteriosa y erótica;
Caperucita roja es mundana, vulgar, mediocre.
En compañía de lobos utiliza la caperucita roja para explorar el descubrimiento de la propia sexualidad, tratando el soterrado tema sexual presente en el cuento de hadas original en el cual el lobo es una metáfora del sexo.
Caperucita roja utiliza la misma ambientación e idea pero creando un producto casto e inofensivo, donde lo importante es no apartarse de la senda marcada y, como en la
Alicia de Burton, el sexo y la diferencia son condenados.
¿Son estos casos aislados o nos enfrentamos a una ola de puritanismo semejante a la de los 90? La verdad es que no lo sé. Espero que se traten de casos aislados, pero viendo como muchos de los recientes productos (series, películas) dedicados a los adolescentes van en esta línea de cursilería y mojigatería, parece que los adolescentes actuales no se verán beneficiados con el desmadre y el descontrol del cual hacían galas las películas adolescentes de hace unos años, tanto las buenas como las malas. Incluso productos como
La chica de rosa (
Pretty in Pink, Howard Deutch, 1986) parecen arriesgados comparados con lo que tienen los adolescentes de ahora.