A veces pasa que ves una película que te encanta y te quedan ganas de ver más películas del mismo director. Así, disfruté tanto con Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) que me quedaron ganas de recuperar otro clásico de Ringo Lam. En este caso Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei, Ringo Lam, 1992).
Gao Fei (Chow Yun-Fat) quiere ayudar a su amigo y compañero Sam Sei (Anthony Wong), que debe dinero a Kau (Victor Hon), un poderoso usurero con contactos mafiosos. Gao acaba enfrentándose a Kau y sus secuaces, lo que hace que deba planear huir del país. Necesitado de dinero para la huida, acepta la idea de Sam de trabajar junto a la banda de Judge (Simon Yam) en un golpe. Cuando llega el momento, Gao es traicionado y dejado por muerto. Judge y su banda creen que se han salido con la suya, pero no cuentan con la sangrienta venganza que Gao planea.
Parece increíble que títulos clásicos del género considerados hoy día obras maestras, como Hard Boiled (Hervidero) (Hard Boiled aka Lashou shentan, John Woo, 1992) y Full Contact, pasaran bastante desapercibidas cuando se estrenaron en su país de origen. A pesar de esta fría recepción inicial, es innegable que Full Contact representa la epítome del cine de acción al estilo Hong Kong, el llamado heroic bloodshed. Lleva al máximo lo que se podía hacer con el género. Ringo Lam incluso realiza un primitivo intento del bullet time que luego popularizaría Matrix (The Matrix, Lana y Lilly Wachowski, 1999). Lam convierte una típica historia de venganzas criminales en un delirante festival de acción, sumergiendo al espectador en el torbellino provocado por el enfrentamiento entre Gao y Judge.
Este clásico de culto tiene un reparto de lujo. Chow Yun-Fat estaba en su momento álgido, llenando de carisma y fuerza la pantalla, dando vida a un personaje obsesionado con vengarse no solo por él sino también por otras víctimas inocentes. Al otro lado, Simon Yam como Judge crea un villano realmente memorable, cuyos trucos de magia se vuelven rápidamente mortales. Pero la mejor interpretación posiblemente sea la de Anthony Wong como Sam, un personaje que evoluciona y cambia, siendo el más complejo de la película. A título personal, tampoco puedo evitar mencionar a Bonnie Fu como la villana Lau Ngang, cuyo apodo es traducido en ocasiones como Virgen y en ocasiones como Guarra, que tiene una de las mejores risas de villana de la historia.
Se ha de mencionar que uno de los aspectos más interesantes de la sangrienta Full Contact tiene su origen en el actor Simon Yam y no en el director. Fue Yam que, considerando el vestuario exagerado y los trucos de magia, tuvo la idea de hacer que su personaje estuviera enamorado del héroe interpretado por Chow Yun-Fat. Era la única manera que se le ocurrió de justificar la obsesión de Judge de acabar con Gao. Fue un golpe de genio, ya que le da un toque único que hace explícito el homoerotismo que encontramos dentro del cine de acción, en particular de los 80, e incluso en cómics como la obsesión mutua del Joker y Batman.
Violenta y sangrienta, Full Contact es un clásico que sigue pareciendo moderno. Llevó el género todo lo lejos que se podía llevar, siendo el resultado un delirante festín para los sentidos. Una película indispensable.
Este artículo se puede resumir en una frase: Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) es una obra maestra. Soy consciente que es una expresión que se usa demasiado hoy día, cuando las películas son obras maestras o pura basura sin término medio, pero es que Burning Paradise es una obra maestra. Espero poder explicarme de forma lo bastante articulada como para que quede claro el por qué de mi afirmación.
Durante la dinastía Qing, los monjes Shaolin son acusados de conspirar para acabar con el gobierno imperial Manchú. Como consecuencia, el ejército Qing se dedica a destruir los templos Shaolin y encarcelar o matar a los monjes. Burning Paradise arranca con Fong Sai-yuk (Willie Chi) y su maestro Chi-nun (Wu Xi-Qian) huyendo del ejército Qing. En su huida, conocen a Dou-Dou (Carman Lee), una ex prostituta que huye del burdel en el que estaba trabajando para ayudar a su familia. Tras matar al maestro Chi.nun, Fong Sai-yuk y Dou-Dou son hechos prisioneros y llevados al Templo del Lotus Rojo, una prisión infernal, un laberinto lleno de trampas, dirigido por Kung (Kam-Kong Wong). Kung es un monstruo sediento de sangre cuya maldad no conoce límites.
Burning Paradise fue la única incursión de Ringo Lam en la wuxia, fantasía asiática llena de guerreros y guerreras poseedores de increíbles habilidades de artes marciales. Pero no es un ejemplo típico de wuxia, ya que el guion crea una historia en la que también está presente el terror gótico, no solo por sus escenas con momentos terroríficos sino también por su ambientación. Se atrapa al espectador junto a los protagonistas en una cárcel excavada en la piedra claustrofóbica y laberíntica en la que incluso Kung parece ser incapaz de salir. La claustrofobia es mayor por el contraste con las primeras escenas situadas en un gran paraje desértico. Es también una película brutal y sangrienta, aunque la violencia está presentada de forma estilizada no por eso es menos impactante.
Esta sería la primera lectura de la película: una clásica historia del bien contra el mal, contada utilizando héroes folclóricos como Fong Sai-yuk, personaje, en parte histórico en parte mitológico, presente en infinidad de películas, cómics y novelas. Es también una nueva versión del film Burning of the Red Lotus Temple (Huo shao hong lian si, Shichuan Zhang, 1928), o al menos de una parte de esta monumental película que duraba 27 horas y fue presentada como un serial en las pantallas chinas. El proyecto le fue presentado a Tsui Hark cuando este estaba gozando de un gran éxito con la franquicia Erase una vez en China. Pero Hark estaba ocupado con otros proyectos y recomendó que se lo presentaran a Ringo Lam, ya que Hark sabía que Lam siempre había soñado con rodar una película wuxia.
Lam se lanzó de cabeza, dando forma a la película más infravalorada de su filmografía. Lam no se contentó con hacer una típica historia de buenos contra malos, sino algo que iba más allá. Y entramos así en la segunda lectura, Burning Paradise es una película alegórica. La cárcel (no imaginéis una cárcel típica con celdas y distintas secciones como las que vemos en el cine habitualmente) representa el infierno. Un infierno del que solo se puede salir siendo fiel a las enseñanzas de Buda. Es algo parecido a, por ejemplo, la monumental novela anónima china Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Mono, que utiliza el viaje de sus protagonistas y sus múltiples enfrentamientos con demonios y monstruos como una forma de presentar las enseñanzas budistas. Como ya he dicho, en Viaje al Oeste estas enseñanzas se ocultan tras diversas aventuras y enfrentamientos con monstruos de diversa índole (mis favoritos son las mujeres araña) y en el film de Lam se esconden tras las múltiples peleas y las actividades de pesadilla del malvado Kung.
Hay una tercera lectura, si bien sería más bien inconsciente ya que Lam aseguraba no estar interesado en realizar una película política. Pero no podemos olvidar que esta película se realizó cuando faltaban tres años para que el Reino Unido pasara el control de Hong Kong a China, lo que provocó grandes dosis de ansiedad en la población. Aunque fuera de modo inconsciente, es inevitable también darle este trasfondo a la película cuando ves a un grupo de personas que lucha contra un imperio dictatorial.
Estas distintas capas de lectura y significado tampoco pueden hacer que nos olvidemos de un detalle importante: Burning Paradise es entretenida de principio a fin. Alternando algún momento cómico con los más tensos y brutales, el film te coge desde el principio y te mantiene enganchado hasta el final. Las coreografías son pura poesía, aprovechando que al ser una película de fantasía las habilidades de los luchadores entran en el reino de lo sobrehumano.
Resulta incomprensible que esta película fuera un fracaso y que no sea más conocida hoy día. Tiene secuencias realmente inolvidables, como la decapitación que lleva a cabo Kung usando solo sus manos. Te tiene riendo un momento y al siguiente te deja la boca abierta cuando se descubre algo nuevo dentro de la cárcel. Como ya he dicho al principio, me parece una obra maestra y la recomiendo a todo el mundo.
Regresan Hélène Catet y Bruno Forzani con su reinterpretación y reutilización de la estética giallo, en un contexto completamente distinto al que estas películas de misterio de origen italiano fueron creadas. Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort, 2025) es fiel al estilo de la pareja de directores, pero le da un toque de frescura añadiendo a la fórmula otros tributos y homenajes de distintos géneros.
John D. (Fabio Testi) es un veterano espía que se encuentra viviendo retirado en la Costa Azul. Allí se empieza a obsesionar con otra clienta del hotel donde está, que le provoca recuerdos de cuando era un joven agente (Yannick Renier) tras la pista de la peligrosa criminal Serpentik. Un día, esta clienta desaparece. ¿Tendrá que ver esta desaparición con el pasado de John D.?
En esta ocasión Catet y Forzani preparan al espectador un potente cóctel que es un homenaje al cine de espías de los 60, en su vertiente más psicodélica. Además, se hacen referencias al cómic y a las fotonovelas junto a los habituales guiños al giallo. La influencia más obvia es un título que se encuentra en esa misma encrucijada de cine de espías de los 60, cómic y giallo, el clásico de Mario Bava Diabolik (1968) que adaptaba el cómic homónimo. Y no es el único Bava al que se hace referencia.
Por cierto, para los más jóvenes: las fotonovelas eran cómics que, en lugar de dibujos, se utilizaban fotografías. Si estaban basadas en películas, se usaban fotos de la película que fuera.
El film, en el fondo, cuenta una historia bastante sencilla, pero que invita al espectador a pelar sus capas narrativas en distintos visionados. Esta sencillez permite recargar visualmente la película para ofrecer otra potente experiencia sensorial para el espectador. También se añaden otros temas más cinematográficos, o metacinematográficos, alrededor del cine de espías de la época, celebrando su estética y al mismo exponiendo su misoginia, por ejemplo. Pero el aspecto que más me llamó la atención es la recreación en la obsesión por los personajes enmascarados, no solo en el giallo pero también en las películas como Diabolik y los imitadores que le siguieron.
A pesar de tratar un tema serio, el homenaje que los directores hacen al cine de espías de los 60 en su vertiente más psicodélica convierten Reflejo en un diamante muerto en un gran divertimento, si te gusta este tipo de estética, que incluye escenas bastante violentas. En definitiva, si habéis visto otras películas de este dúo ya sabéis qué os espera, los que no los conozcan disfrutarán de una experiencia única en el cine actual.
El título no engaña, Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, Norifumi Suzuki, 1973) ofrece generosas dosis de furia y de sexo. Bueno, más que sexo, lo que encontramos es erotismo grotesco, además de litros de sangre. Pero, a pesar de las apariencias, esta es una película que con el tiempo ha sido reevaluada por su contenido feminista, si bien este no era intencionado.
Cuando era niña, Ochô Inoshika (Reiko Ike) fue testigo de como su padre fue asesinado. Antes de morir, el padre dejó unas pistas para identificar a los asesinos, unas cartas con unas figuras que representan a cada uno de los responsables, lo que ha llevado a Ochô a convertirse en una experta jugadora, además de una carterista muy habilidosa. Su destino se cruza con el de Shunosuke (Masataka Naruse), un anarquista que busca también vengar la muerte de su padre. Para completar el triángulo, Christina (Christina Lindberg) es una espía que llega a Japón como una famosa bailarina, utilizando su misión para reunirse con su amante Shunosuke. Los tres se ven envueltos en sangrientas venganzas que unirán sus destinos contra los asesinos responsables de tanta desgracia.
Basada en un manga de Tarô Bonten, la película de Norifumi Suzuki sigue una línea de títulos japoneses que estaban llevando al límite lo que se podía mostrar en las pantallas de cine en cuanto a sexo y violencia, con la esperanza de apartar a los japoneses de las pantallas de televisión, una táctica similar a lo que se hizo en Italia. Sex & Fury le sirve al director para construir secuencias memorables de acción, explotar los encantos de las dos actrices protagonistas y, a pesar del bajo presupuesto y el tiempo limitado, crear momentos estéticos cargados de sangriento romanticismo. El acierto de unir dos actrices icónicas como Reiko Ike y Christina Lindberg fue todo un acierto, ya que ambas aportan una energía distinta y personal que ensalza sus escenas. La interpretación de Lindberg tal vez no sea la mejor, pero se ha de tener que en cuenta que estaba interpretando un papel en dos lenguas que no eran la suya: inglés y japonés, lo cual no debió ser nada fácil. Ike domina la película, no hay duda, protagonizando una de las escenas más memorables: la atacan en la bañera con la esperanza de que se sienta vulnerable, pero ella logra matarlos a todos desnuda y armada con una espada que roba a uno de sus atacantes.
Esta escena es también emblemática de la extraña mezcla de exploitation y feminismo del film. A pesar de no desperdiciar ninguna excusa del guion que ofrezca la posibilidad de desnudar a las actrices, las muestra también enfrentadas a un mundo masculino sin piedad. Un mundo que busca abusar de ellas y que se arrodillen ante el poder, pero ellas se alzan en un despliegue de fuerza, tenacidad y, bueno, furia.
Sex & Fury fue concebida como un producto sensacionalista que atrajera espectadores en busca de emociones baratas. Pero el director, los guionistas y el reparto convirtieron el film en un título memorable, lleno de momentos bizarros y hermosos, sórdidos y románticos. Una mezcla imposible que, a pesar de todo, funciona.
El éxito de Sex & Fury puso en marcha una secuela de forma casi instantánea: Female Yakuza Tale: Inquisition and Torture (Yasagure anego den: Sôkatsu rinchi, Teruo Ishii, 1973). Adaptando de nuevo un manga de Tarô Bonten, en esta ocasión Ochô Inoshika se enfrenta al clan yakuza Ogi, que utiliza a prostitutas para que transporten drogas escondidas en sus vaginas. Para esta secuela, el director Teruo Ishii creó un film bien distinto del que lo precedió.
El film arranca con una secuencia de títulos de crédito que busca recrear el impacto de la escena más memorable de Sex & Fury. Pero, a partir de aquí, el film cambia en tono y estilo. Female Yakuza Tale hace un mayor énfasis en la comedia, llegando al punto de introducir a Yoshimi (Makoto Aikawa), un personaje que es una sátira de la prisionera Escorpión que hizo famosa Meiko Kaji. El tono más cómico enlaza con una actitud más anárquica por parte del director. Mientras que en la primera la recreación histórica estaba bastante cuidada teniendo en cuenta los medios, aquí nos encontramos personajes que parecen vestidos de manera contemporánea a cuando se rodó el film. Otra muestra de la actitud iconoclasta del director es la inclusión de momentos que parecen más cercanos al cine experimental y artístico mezclados con perversión habitual en este género japonés. Eso sí, en el film también hay grandes dosis del erotismo grotesco en el que estaba especializado el director.
La historia no es tan interesante como la de la primera entrega, pero se las arreglan para estirarla lo máximo posible. Sumado al tono más cómico esto hace que, para mí, esta entrega no sea tan redonda como la primera. Sin embargo, sin compararla con la película de Norifumi Suzuki, resulta una película entretenida y divertida, si os gusta la comedia mezclada con toques grotescos, sangre y una deliciosa sordidez.
Nota: si no se indica lo contrario, las opiniones sobre estas películas se basan en las versiones originales sin cortes ni alteraciones estrenadas en Hong Kong, no las versiones recortadas y americanizadas distribuidas en Occidente por New Line y Miramax.
Dentro del cine de acción, en especial del cine de acción procedente de Hong Kong, hay pocas sagas tan icónicas y celebradas como la de Police Story, protagonizada por Jackie Chan. Estas películas capturan al irrompible Chan en su mejor momento, dispuesto a jugarse la vida para nuestro entretenimiento a lo largo de cuatro excelentes entregas.
Irónicamente, Armas invencibles (Police Story) (Ging chaat goo si aka Police Story, Jackie Chan, Chen Chi-Hwa 1985) tiene su origen en una mala experiencia para Chan. El actor intentó, de nuevo, entrar en el mercado americano con El protector (The Protector, James Glickenhaus, 1985), que para él resultó una experiencia frustrante. Hoy día tiene estatus de film de culto, pero Chan quedó decepcionado por no poder controlar las escenas de acción, el añadido de los toques sórdidos como los desnudos gratuitos y, en general, era una película que se apartaba de la imagen que quería proyectar en el cine. Ni siquiera el montaje que él hizo para el mercado asiático le fue satisfactorio. Viendo las cosas en retrospectiva, resulta obvio que la gente de Golden Harvest se equivocó al elegir a alguien como James Glickenhaus para poner al frente de una película de Jackie Chan. Glickenhaus era especialista en crear cintas de acción con generosas dosis de clásica exploitation, al fin y al cabo estamos hablando del director de El Exterminador (The Exterminator, 1980), pero no era el adecuado para poner al frente del tipo de película más "para todos los públicos" que entonces protagonizaba Chan.
En todo caso, el mal sabor de boca que le había dejado The Protector se lo quiso quitar Chan con una película hecha a su medida. Un thriller de acción policial contemporáneo, alejado de las cintas de kung fu clásicas que le habían hecho famoso, en la que Chan interpretaría por primera vez al inspector Chan Ka Kui. En esta ocasión enfrentado a un astuto criminal ayudado por la corrupción del sistema. Esta película también introduciría a Maggie Cheung como May, la sufrida novia de Ka Kui (resulta increíble que no le deje después de todos los líos en que la mete) y a Bill Tung como el superior de Ka Kui Bui Wong.
La película nos ofrece escenas icónicas nada más empezar, como la destrucción de las cabañas en la colina al inicio del film y la consiguiente persecución. Un inicio con momentos copiados, por ejemplo, por Sylvester Stallone al presentar su personaje en Tango y Cash (Tango & Cash, Andrei Konchalovsky, 1989)(Stallone es un fan declarado de Jackie Chan e incluso intentó que interpretara al villano en Demolition Man [Marco Bambrilla, 1993]) y también por Michael Bay en la batalla final de Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, Michael Bay, 2003). Por supuesto, la pelea en el centro comercial es una de las secuencias clásicas dentro de la filmografía de Chan, si bien creo que el final tal y como aparece editado en la versión estrenada en Japón funciona mejor.
Pero la acción ya se supone que será de primer nivel teniendo en cuenta a los responsables. Lo que hizo único a Chan era la manera en la que mezclaba la acción con la comedia, introduciendo también momentos acrobáticos en las escenas de riesgo. Era el sello de Chan y en esta es una de las películas en las que la comedia mejor funciona, ya que no se pierde demasiado en la traducción. Por ejemplo, la secuencia en la que Ka Kui responde diversos teléfonos a la vez, enredándose con los cables, un pequeño homenaje a la comedia de Buster Keaton que tanto gusta a Chan. También tenemos los toques de comedia de enredo clásicos, escenas en las que juega un papel más importante Maggie Cheung. Son momentos en los que Chan se convertía en el único héroe de acción que aceptaba que su personaje recibiera un tartazo en la cara, algo que los frágiles egos de los actuales héroes de acción no permitirían que les sucediera a sus personajes.
Teniendo en cuenta la mezcla de comedia y acción, la evolución de Ka Kui, desesperado y a la huida tras ser acusado de un asesinato que no ha cometido y ser perseguido por sus compañeros, podría ser algo chocante. Es el momento en el que asoma el lado oscuro de Ka Kui, llevado al límite tras haber soportado demasiado por parte del villano. De todos modos, el giro funciona, ya que era no era extraño en el cine de acción de Hong Kong y tiene sentido dentro del mundo creado por la película.
En todo caso, es un gran clásico dentro del género. Si no conoces la obra de Jackie Chan o estás pensando con qué película introducir a alguien en su filmografía, este es un gran punto de entrada.
El éxito de Police Story hizo inevitable Superpolicía en apuros (Ging chaat goo si juk jaap aka Police Story 2, Chen Chi-Hwa, Jackie Chan, 1988). Lo sorprendente, ya que no era habitual en el cine de Hong Kong, es que es una secuela clásica. Arranca con un breve resumen de lo sucedido en la anterior entrega y parte de la película gira en torno a la venganza de los villanos de la primera entrega. Y otro toque curioso, tras ver el resumen de las escenas espectaculares de Police Story, la secuela arranca con los jefes de Ka Kui echándole la bronca por el coste económico de sus acciones, lo que lleva a que esté durante un breve tiempo degradado. Además, se introduce una nueva amenaza: un grupo de chantajistas que se dedica a plantar bombas para conseguir sus objetivos.
La película desarrolla estas dos tramas de forma paralela. La que tiene que ver con la venganza sirve para introducir escenas de acción, como la ya clásica pelea en el parque de juegos infantil. De este modo, no se pierde el interés durante las escenas que afectan a la trama de los chantajistas, que son secciones que se centran más en el trabajo policial para detener a los culpables. Hace honor así a su título original, ya que en la anterior hay más bien poco trabajo policial clásico. También tiene un mayor protagonismo Maggie Cheung, ya que la relación entre su personaje y el de Jackie Chan se pone en peligro debido a la interferencia de los distintos villanos.
Las distintas tramas y elaboradas escenas de acción hacen que esta sea la película más larga de la saga. Nada menos que dos horas, algo que entonces no era nada habitual. Pero las secuencias de acción y algunos momentos cómicos memorables contribuyen a que la película se pase volando.
Supercop (Ging chat goo si 3: Chiu kup ging chat aka Police Story 3: Supercop, Stanley Tong, 1992) resultó ser el primer paso en la entrada del mercado americano que en otro tiempo buscaba Jackie Chan, lo irónico es que sin pretenderlo. Pero quién más aprovechó el éxito de Police Story 3 fue Michelle Yeoh, que tendría más fácil la entrada en el mercado americano al convertirse en chica Bond.
Pero las innovaciones que lanzaron esta película y a sus protagonistas al mercado internacional provienen de su director Stanley Tong. Tong insistió en filmar con sonido directo, en lugar de doblarse todo luego como era costumbre entonces en Hong Kong; en introducir efectos especiales en las escenas de acción para hacerlas más espectaculares; y en sacar la historia de Hong Kong para darle un toque internacional a lo James Bond. Esto se tradujo en filmar, además de en Hong Kong, en China y en Malasia. Además de darle un toque internacional, la decisión de salir de Hong Kong venía motivada también porque cada vez era más difícil rodar escenas de acción allí, tanto por la popularidad de Jackie Chan como por las cada vez mayores restricciones a los rodajes que implementaba el gobierno.
En esta ocasión Ka Kui (Chan) debe trabajar junto a su equivalente chino la inspectora Jessica Yang (Yeoh) para atrapar a un señor de la droga. La historia es bastante básica, pero es el punto de partida para escenas de acción espectaculares que se ven beneficiadas por la química entre Chan y Yeoh. Supercop es una buddy movie, como Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987) o Límite: 48 horas(48 Hrs., Walter Hill, 1982), un cambio respecto a las anteriores entregas que le sienta muy bien a la franquicia. Esta nueva dinámica favorece tanto las escenas cómicas como las de acción. Estas últimas son el punto fuerte del film. No por nada es la película en la que Michelle Yeoh casi muere mientras rodaban una de las persecuciones.
Esta tercera entrega coge lo mejor de las dos anteriores y lo multiplica por dos. No es de extrañar que se acabara convirtiendo en la carta de presentación mainstream en Occidente de Chan y Yeoh, cuando se estrenó simplemente como Supercop. Junto a la primera, representa lo mejor de la saga.
Impacto inminente (Ging chaat goo si 4: Gaan dan yam mo aka Police Story 4: First Strike, Stanley Tong, 1996) llegó en un momento interesante en la carrera de Jackie Chan. Por fin, había penetrado en el mercado americano gracias al éxito de Duro de matar (Honfgan Qu (Hung fan kui) aka Rumble in the Bronx, Stanley Tong, 1995). A partir de entonces, las películas de Chan adquieren un carácter internacional, utilizando el inglés como lengua principal en algunos casos, y sus personajes en las versiones traducidas se empiezan todos a llamar Jackie o Jackie Chan. De modo que esta cuarta entrega, en la que Ka Kui va tras unas armas nucleares robadas, es una aventura a los James Bond en la que el personaje de Chan va viajando alrededor del mundo.
Por supuesto, la tercera entrega ya empezaba a marcar un destino más internacional para el personaje, pero aquí ya actúa como si fuera un espía en lugar del simple policía de anteriores entregas. Lo único que queda de las anteriores películas es una pequeña aparición por parte de Bill Wong como superior de Ka Kui, Maggie Cheung no regresó ya que entre esta y las anteriores entregas se había convertido en una estrella gracias a Wong Kar-Wai y era demasiado cara para lo que la necesitaban. Esto hizo que el guion tuviera que reescribirse y quedase algo desequilibrado.
Como ya he mencionado, esta cuarta entrega es más una aventura de acción a lo James Bond con Chan protagonizando escenas trepidantes, aunque con menos toques de comedia. Se hecha de menos un compañero/a que acompañe a Chan en su aventura, aunque en la sección en Australia finalmente tendrá alguien con quien compartir la acción.
First Strike está bastante alejada de las anteriores, lo que sumado a que se refieran al personaje en los diálogos en inglés como Jackie, hizo que muchos desconocieran que fuera la cuarta entrega de las aventuras de Ka Kui. Más adelante, Chan realizó un par de reboots: New Police Story (Xin jing cha gu shi - San ging chaat goo si, Benny Chan, 2004) y Acción policial (Jing cha gu shi 2013 aka Police Story 2013, Sheng Ding, 2013) cuando su carrera se centró en China, apoyando las acciones del gobierno, lo que provocó que el público de Hong Kong le diera la espalda. Son películas que no siguen la continuidad original en las que Jackie Chan ya no interpreta a Ka Kui y no aportan mucho a la saga. Esta cuarta entrega fue el final de la saga original. Un final peculiar pero no por ello menos entretenido.
La mayoría de las películas que explotaban la Bondmanía, en particular las europeas, cogían la ruta de la parodia. Sabiendo que no podían competir como iguales con las películas de James Bond y aprovechando que tenían una fórmula muy fácil de imitar, la parodia era la opción más económica. Pero algunos valientes decidían crear sus propias aventuras de espías "en serio", como la entretenida Un ángel con puños de hierro (Tie guan yin, Lo Wei, 1967).
La agente 009 Ai Si (Lily Ho) llega de Londres a Hong Kong para investigar (y si es posible vengar) la muerte de su colega A4 (Pei-Shan Chang). Lo hace en colaboración con la policía, que le crea una nueva identidad como Luo Na, la amante de Baldy (Shun Tien), un mafioso encarcelado que tenía contactos con una misteriosa organización criminal. 009 logra infiltrarse en la organización, pero entonces es cuando el peligro no hace más que intensificarse.
Como ya he dicho, esta película no es una parodia, si bien se inspira en las cuatro películas de la saga James Bond que se habían estrenado hasta el momento. Pero este enfoque la hace más divertida que si hubiera sido una parodia (muchas de las cuales eran muchas cosas menos graciosas). Parte de la diversión está en ver cómo reinterpretan los elementos típicos de un film 007 y, en algunos casos, se llevan al extremo. La más obvia diferencia es el cambio del género del protagonista, aquí una fantástica Lily Ho. El cine asiático era pionero en producir películas de acción con protagonistas femeninas, incluso en los relatos clásicos donde se encontraban guerreras errantes junto a los guerreros errantes. Es algo que en Occidente no sería plenamente aceptado hasta entrado el siglo XXI y aquí ya le da un toque distinto al film. También esta película es mucho más atrevida con los toques sexys, incluyendo algún desnudo que visto hoy día es bastante inocente pero que nunca aparecería en una película Bond. Y, siendo como es una película de Hong Kong, la acción y la violencia es mayor en cuanto a intensidad, si bien no es el punto fuerte de Lo Wei, cuyas escenas de acción más famosas fueron dirigidas por Bruce Lee no por él.
El perfecto ejemplo de la manera en que Un ángel con puños de hierro lleva al extremo escenas que podríamos encontrar en la franquicia Bond es la manera en que presenta una escena clásica dentro de la franquicia 007. Es ese momento en que el villano de turno descubre que alguien es un traidor y lo ejecuta ante sus secuaces, para mostrar lo implacable que es. Esta escena aparecía por primera vez en Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), donde vemos al jefe de SPECTRE electrocutar a un traidor. Aquí se repite la escena, con la fantástica villana líder de las Dark Angels, a la que da vida con mucho estilo Tina Chin-Fei, que antes de dar por terminada una reunión ejecuta a una traidora. Pero no simplemente electrocutándola, sino que hace que un aparato baje del techo y la decapite, dejando el cuerpo sin cabeza ensangrentado brevemente en la silla antes de que esta desaparezca por una trampilla en el suelo. Y por eso, aunque no es una parodia, Un ángel con puños de hierro ofrece grandes dosis de diversión.
A pesar de su limitado presupuesto y que las peleas no son precisamente las mejores que se pueden ver en una película de Hong Kong, esta es una película tremendamente entretenida. De hecho, diría que cuanto más familiarizado esté uno con la franquicia James Bond más divertida y entretenida se hace la película. Y si le añadimos el toque sixties y go-go, Un ángel con puños de hierro es una deliciosa manera de pasar un buen rato.
La llegada a las pantallas de los cines alrededor del mundo de las aventuras de James Bond dio luz a la "Bondmanía". Esta tuvo también un alcance mundial, trayendo consigo que se produjeran las inevitables imitaciones y parodias, como sucedería unos años más tarde con la saga estelar creada por George Lucas. Muchas de estas películas acabarían cayendo en el olvido, pero también se produjeron algunos títulos notables, como Black Tight Killers (Ore ni sawaru to abunaize, Yasuharu Hasebe, 1966), un film que acabó creando su propio culto.
Daisuke Hondo (Akira Kobayashi) es un fotógrafo de guerra que ha regresado brevemente a Tokyo, antes de salir de nuevo a informar sobre alguna otra guerra. Decide llevar a cenar a Yoriko Sawanouchi (Chieko Matsubara), una azafata que ha conocido en el vuelo hacia Tokyo. Esa misma noche, Yoriko es secuestrada por unos criminales y Daisuke corre a rescatarla. Será una noche llena de peligros y acción, en el centro la localización de un tesoro que varios persiguen. En esta noche peligrosa, Daisuke se cruzará con unas asesinas vestidas de negro al estilo go-go y que utilizan armas como discos de vinilo y peligrosos chicles.
Sobre el papel, Black Tight Killers parece una simple película de acción, como muchas que se produjeron entonces. Lo que hizo que se convirtiera en una película de culto fue el estilo con el que filmó la historia el director Yasuharu Hasebe, que convirtió el film en un delirio pop. Pop en el vestuario, pop en la fotografía y pop en el diseño. Llama la atención sobre todo el uso del color, muy extremo para la época, parecido al estilo utilizado más tarde por Hajime Satô en Goke, Body Snatcher from Hell (Kyuketsuki Gokemidoro, 1968). Por ejemplo, en las escenas de persecuciones en coche, se utilizan retroproyecciones, algo habitual entonces, para fingir que los coches van por carreteras a toda velocidad. Sin embargo, aquí estas retropoyecciones cambian de color sin ninguna razón aparente. Parece que, ya que se notaba el truco, el director decidió hacerlo visualmente interesante ya que no creíble.
Esta es la doctrina que domina la película: hacer cada escena lo más interesante visualmente posible, elevando así la historia. Y, claro, no podemos olvidar al grupo de go-gos asesinas que une la fascinación entonces por el reciente fenómeno de las chicas go-go, con la moda de los asesinos peculiares presentes en las películas del agente 007.
El argumento tiene más en común con El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) que con el argumento de una aventura Bond, pero se nota la influencia en la ejecución: los toques de humor, la acción, un reparto femenino atractivo... Pero Black Tight Killers tiene una gran personalidad propia. Más que una simple imitación, es una artefacto pop cinematográfico que muestra lo mejor de esta tendencia cinematográfica de los 60 del siglo XX.
La gran Meiko Kaji dejó tal impronta en el personaje de la Prisionera Escorpión, que se hace imposible ver a otra actriz encarnando el papel. Y no fue porque no lo intentaran, con distintos reboots y hasta una serie de televisión. Pero ninguno de los proyectos realizados después de las cuatro películas protagonizadas por Kaji tuvo el impacto de la saga original. Sin embargo, tal vez porque contaba con Fumio Kônami que fue el guionista de la saga original, Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, Toshiharu Ikeda, 1991) resulta una interesante y entretenida adición a la franquicia.
Una joven asesina a sueldo, Nami Matsushima (Natsuki Okamoto), recibe el encargo de infiltrarse en una prisión para matar a Nami Matsukawa, la prisionera escorpión, tras décadas encerrada en una mazmorra. Pero una vez allí, la asesina descubre que las cosas no son como parecen, es traicionada y abandonada. Tras sufrir distintas torturas e intentos de asesinato, una nueva prisionera Escorpión se alzará para llevar a cabo una sangrienta venganza.
Es lo que esta franquicia necesitaba, el director de Tokyo Snuff (Shiryô no wana, 1988) dándole su particular visión al guion de Fumio Kônami. Toshiharu Ikeda encaja con el material a la perfección, mezclando momentos brutales y sangrientos con otros espirituales y casi poéticos. También expone sin tapujos el mensaje revolucionario, feminista y contra el patriarcado del film. Cuando una de las escenas nos presenta a la protagonista crucificada con la bandera de Japón de fondo, te das cuenta de que hay algo más que simple exploitation, sin mencionar a los políticos que quieren matar a la prisionera Escorpión por el temor de que sea un ejemplo las mujeres. Y si hubiera sido solo una cinta exploitation violenta y sangrienta bien hecha, también habría tenido su mérito, pero es mucho más profunda de lo que parece a primera vista. Esto hace que su visionado resulte en una experiencia más rica.
La película hace algo que hoy es bastante habitual y entonces era inédito, es una secuela de la saga protagonizada por Meiko Kaji y al mismo tiempo un reboot que empieza de nuevo. Para ello, la Escorpión original le pasa el testimonio de la venganza a la nueva Escorpión, que también ha sido forjada en el fuego de la venganza. Natsuki Okamoto no tiene el carisma de Meiko Kaji, su mirada asesina no tenía rival, pero hace un buen trabajo encarnando a esta nueva Escorpión que se deshace de sus enemigos con brutal efectividad.
Vista hoy día, el mensaje revolucionario de la película es más necesario que nunca viendo el panorama que nos rodea. Además, ofrece todos los elementos del cine exploitation que un fan podría desear, una buena adición si después de ver la saga protagonizada por Kaji os quedan ganas de más.
Cuando escribí mi artículo sobre las "herederas" de Nikita, dura de matar (Nikita, Luc Besson, 1990), la verdad es que desconocía la existencia de XX: Beautiful Hunter (Utsukushiki Hantaa, Masaru Konuma, 1994) o también la habría incluido. Aunque es un film con personalidad propia que lleva la historia como solo un cineasta japonés podría hacer.
Shino (Makiko Kuno) es una despiadada asesina que trabaja bajo las órdenes de una secta cristiana. En su última misión deja a un superviviente, el reportero Itô (Johnny Ôkura). Shino recibe órdenes de acabar con él, pero empieza una relación con él que le empieza a despertar emociones humanas. A la secta esto no le hace gracia, así que decide acabar con ambos. Ahora Shino debe acabar con los mismos que la entrenaron desde niña para matar.
XX era una linea de películas estrenadas directamente en vídeo de la Toei, películas de acción protagonizadas por mujeres en las que se aumentaba el contenido erótico. Esto explica que en este film se incluya una larga escena de tortura a la protagonista, una escena de erotismo BDSM, que era, por otro lado, algo en lo que se había especializado su director. Dejando de lado esta escena, la película nos presenta una historia a primera vista familiar pero llena de detalles sorprendentes. Para empezar, la secta cristiana de asesinos, guerreros de Dios, que son los villanos que han lavado el cerebro a la protagonista desde niña para convertirla en una infalible asesina. Poco se explica de esta secta en la película, aparte de su fanatismo religioso, sobre si sus motivaciones son políticas o económicas. Tampoco es que importe mucho. Lo interesante de la historia es el viaje de Shino de fría asesina a mujer con emociones.
Como un robot que aprende lo que es ser humano, la transformación de Shino le da peso emocional a la historia, para que no sea una cinta de acción más. La historia de amor entre Shino e Itô no es que sea muy romántica, pero sí atípica, divertida y justifica las acciones de la protagonista. El romance también es importante ya que se maneja de una forma inesperada para el espectador occidental.
Beautiful Hunter no está a la altura de películas como The Villainess (Ak-Nyeo, Byung-gil Yung, 2017), pero tiene suficiente acción, erotismo y momentos bizarros para mantener al espectador de mente abierta entretenido. Aviso: el tráiler oficial no contiene ninguna escena que aparezca en la película.
El dibujante de manga Kazuhiro Kiuchi decidió dar el salto como director adaptando su propio manga. Las producciones realizadas directamente para el mercado del vídeo estaban más abiertas a la experimentación. Así, un director novel, que provenía de un entorno no cinematográfico, podía debutar con cierta facilidad a principios de los 90 del siglo XX. El resultado fue Carlos (Karurosu, 1991), un atípico film yakuza.
Carlos (Naoto Takenaka) debe huir de Brasil tras una sangrienta guerra de bandas. Una vez en Japón, empieza a abrirse camino en el mundo criminal. Una de las razones por las que debió huir de su país de origen es su explosivo carácter que le llevó a matar a ocho policías; este carácter provoca también que acabe matando a un par de yakuzas que le deben dinero. Este crimen podrá en marcha una serie de eventos que harán que, de nuevo, Carlos se vea en el centro de una guerra de bandas.
Para cuando llegamos a la década de los 90, el género del cine yakuza, como el de los gánsteres occidentales, estaba muy establecido y cargado de tópicos. Kiuchi era muy consciente de esto, así que eso le llevó a adoptar una perspectiva distinta de la habitual, centrada en los criminales que no eran yakuzas y se movían en el exterior de los círculos de los clanes criminales. Lo hace con un personaje que es visto como un extranjero a pesar de su ascendencia japonesa, ya que Brasil tiene una de las mayores poblaciones de origen japonés del mundo. Así, entre tiroteo y tiroteo, también se tocan temas sociales, como el racismo. Es el racismo de los yakuza el que hace que subestimen a Carlos y no sean conscientes de lo mortal y peligrosamente eficiente que es. Al mismo tiempo, no olvida sus raíces en el manga y presenta un mundo realista pero que tiene poco que ver con la realidad.
Carlos es un film atípico también en la forma en que presenta la violencia, centrándose mucho en las consecuencias de los tiroteos y distintas masacres que se cometen a lo largo del film. Esto entronca con la "desglamurización" de los yakuza y su mundo, en un momento en que el mundo tradicional de estos criminales se encontraba con una nueva generación a la que poco le importaban las tradiciones.
De este modo, esta es una película que resultará atractiva para los que conozcan el género y quieran ver un enfoque distinto del habitual, como para los que no lo conozcan y la disfruten simplemente como un thriller de acción diferente al resto.
Tras la fantástica e irrepetible época salvaje y sin reglas que disfrutó el cine español tras la muerte del dictador Francisco Franco, en 1983 llegó la ley Miró que destruyó el fértil e imaginativo paisaje cinematográfico español. Lo sustituyó por otro más serio y aceptable, también más aburrido, predecible y falto de imaginación. Pero algunos títulos consiguieron colarse entre tanta "aceptabilidad" y "respetabilidad", siendo un ejemplo de ello la psicotrónica Poppers (José María Castellví, 1984).
Santos (Miguel Ortiz) acaba de salir de la cárcel cuando recibe una oferta de trabajo que parece algo peculiar. Cuando se presenta para ver de qué trata el trabajo, se encuentra ante un grupo de viejos ricos. Estos le ofrecen un millón de dólares en diamantes a cambio de convertirse en su presa de caza. Si sobrevive, se queda los diamantes, si le atrapan muere. Sin embargo, no todo es lo que parece y tras esta macabra oferta se esconde una sádica venganza. Santos recibirá solo la ayuda de Lola (Giannina Facio), una misteriosa mujer que se convertirá en su aliada.
José María Castellví era un prestigioso fotógrafo, este prestigio lo ayudó a poner en marcha el proyecto. Otro factor que contribuyó a poner en marcha esta delirante historia fue que se disfrazó de película de "la movida". Para los más jóvenes, la movida fue una nueva hornada de jóvenes artistas que recogían los avances punk y new wave de Europa y Estados Unidos, dándoles una impronta personal. Era una época en que España estaba desesperada por demostrar que era un país moderno que había dejado atrás el retraso de la Dictadura. Desde los medios centralistas, se rebautizó el movimiento como "la movida madrileña", como si solo fuera una cosa de la capital, promocionando aquellos ejemplares más aceptables dentro del movimiento, los que provenían de familias con dinero, apartando o ignorando al resto. Castellví era mayor que los integrantes de la movida, pero logró colar su proyecto gracias a su estética urbana y moderna. El film también abraza una estética gay, exagerada y punk, que incluye también ecos del cómic underground, que aquella época estaba experimentando una explosión de títulos y artistas, en particular de Anarcoma de Nazario.
Castellví creó una historia que es puro pulp, con personajes clásicos del cine negro a los que viste de cuero para moverse en una ciudad sin identificar, en un momento temporal sin identificar, aumentando la sensación de cómic en movimiento. La historia arranca como si fuera una nueva versión de El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), pero pronto avanza hacia una historia de sangrientas venganzas. En el centro, la historia de amor entre Santos y Lola, tan pulp como la trama que protagonizan. Teniendo en cuenta el estilo de la película, tal vez habría encajado mejor si fuera una historia de amor gay o si Lola fuera una travesti como Anarcoma. Pero, aunque parezca increíble viéndola, la película tenía ciertas aspiraciones comerciales de ahí que se optara por una historia de amor más convencional.
Pero el problema de Poppers cuando se estrenó, y la razón por la que se ha convertido en una obra de culto a reivindicar, es que se era demasiado extrema para el cine comercial convencional, pero era demasiado pop y celebraba demasiado el cine de género como para ser aceptada en el circuito del cine de autor. Pasados los años, la única película que dirigió Castellví, los otros proyectos que ideó resultaron demasiado caros para la época, ha quedado como una instantánea de una época y un lugar, una divertida película que sumerge al espectador en un mundo de fantasía en el que los héroes visten cuero negro.
El gran éxito de Dioses contra demonios (Hung cheuk wong ji, Ngai Choi Lam, 1988) hizo que rápidamente se pusiera en marcha una secuela. Tal vez demasiado rápidamente, Saga of the Phoenix (A Xiu Luo, Ngai Choi Lam, Sze-Yu Lau, 1989) no funciona tan bien en su mezcla de géneros, pero no deja de tener sus puntos de interés.
Ashura (Gloria Yip) disfruta de su vida en la Tierra, intentando dejar atrás su faceta como la Virgen del Infierno, aunque haya demonios que intenten frustrar su felicidad. Por suerte, siempre andan cerca Peacock/Kôngquè (Yuen Biao) y Lucky Fruit/Kujaku (Hiroshi Abe) para luchar contra los demonios y protegerla. El maestro budista Jiku Ajari (Shintarô Katsu) cree que el riesgo de que las puertas del infierno se abran debido a la presencia de Ashura es demasiado grande y decide, junto a la gran abadesa (Yûko Natori), encerrar a Ashura para evitarlo. Ashura, Peacock y Lucky Fruit imploran al maestro buda que le de otra oportunidad a Ashura para disfrutar de la luz y evitar una existencia en la oscuridad. Ajari le ofrece una semana de gracia, momento en que la malvada Concubina del Infierno (Ngai Suet) intenta robar la esencia vital de Ashura para abrir las puertas del infierno y desencadenar el fin del mundo.
Saga of the Phoenix se puso en marcha bastante rápido, provocando algunos cambios que influyeron en que el resultado final no fuera tan bueno como el de la primera entrega. El primer cambio que llama la atención sí que fue positivo: Lucky Fruit está interpretado por Hiroshi Abe, un actor japonés que tenía bastante más carisma y estaba más implicado en la película que su predecesor Hiroshi Mikami. Lo cual es bastante afortunado, ya que Yuen Biao tiene un papel bastante reducido en el film, es posible que coincidiera con el rodaje de Espadas a través del tiempo (Gap tung kei hap aka The Iceman Cometh, Clarence Fok, 1989) que se estrenó el mismo año que Saga of the Phoenix, y aparece solo al inicio y en la parte final, uno de los factores que hizo que esta secuela no brillara como la primera entrega. Pero el principal cambio resulta en el tono del film. Se quiso ampliar la audiencia y hacerla más accesible al público juvenil, por eso se incluye una criatura amiga de Ashura pensada para atraer a ese público explotando el éxito de películas como Gremlins (Joe Dante, 1984). Y es aquí donde entra el segundo director Sze-Yu Lau.
La urgencia para estrenar la película, y esto es pura especulación, es posible que influyera en la decisión de que se añadiera otro director para repartirse el trabajo y terminar más rápido la producción. Así, además de Ngai Choi Lam, Sze-Yu Lau trabajó también como director. Esto le da una cualidad esquizofrénica a la película. Por un lado, tenemos las partes dirigidas por Ngai Choi Lam que encajan perfectamente con el estilo de la primera entrega, más trepidantes y oscuras. Por otro lado, las partes dirigidas por Sze-Yu Lau son más cómicas y ligeras, centradas en las travesuras de la criatura y las payasadas de Tan (Shek-Yin Lau), el recurso cómico de la película. Son estas secciones más cómicas e infantiles las que hacen que la película no funcione tan bien como la primera, dando a veces la sensación de estar viendo dos películas al mismo tiempo.
Dicho esto, Saga of the Phoenix puede que no esté tan lograda y no sea tan fantásticamente alocada como la primera entrega, pero eso no impide que sea un film entretenido, con sus momentos brillantes. Especialmente en las escenas de acción y en la batalla final en la Choi Lam puede desmelenarse como lo hizo en la primera. Y eso es lo que debía querer la mayoría ya que, como suele pasar en estos casos, querer ampliar el público hizo que esta entrega no recaudara tanto como la primera, si bien el personaje continuó en mangas y anime. Lo que nos queda hoy día es una película curiosa, con puntos de locura fantástica, pero que no llega a las cimas de la primera entrega.
La obra de William Shakespeare ha servido de base para infinidad de adaptaciones cinematográficas, tanto dramas como comedias. Pero la riqueza de sus obras teatrales también ha servido de base para películas de otros géneros, más inesperados, como la ciencia ficción, el musical o el terror. Ha medio camino entre las adaptaciones más clásicas y las más iconoclastas, nos encontramos Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west, Enzo G. Castellari, 1968), una versión de Hamlet en clave western a la italiana.
La adaptación se mantiene más fiel de lo esperado en una película como esta, una transición bastante natural ya que la venganza es un tema clásico del western. Johnny Hamilton (Andrea Giordana) tiene un extraño sueño en el que su padre le dice que ha sido asesinado. Este sueño provoca que Johnny regrese a su hogar, al que no volvía desde que partió a luchar en la Guerra Civil. Allí sus sospechas son confirmadas por su amigo Horace (Gilbert Roland), quien le informa que su padre fue asesinado por el criminal Santana (Manuel Serrano) y fue luego vengado por su tío Claude (Horst Frank). Johnny descubre entonces que Claude se ha casado con la madre de Johnny Gertry (Françoise Prévost). Perturbado por este giro de los acontecimientos, Johnny empieza a investigar la muerte de su padre, poniendo en marcha su personal venganza.
La idea de convertir Hamlet en un western fue de Sergio Corbucci, pero el director, entonces en un periodo especialmente fértil y productivo, estaba demasiado ocupado para ponerse al frente del proyecto y pasó a manos de Enzo G. Castellari. Castellari acababa de empezar su carrera como director, así que encaró el proyecto con mucha energía e inventiva visual. Lo primero que hizo fue inyectar más acción al guion, ya que era lo que dominaba, pero su mayor aportación fue la manera original e inventiva con que encaró la narración de la historia. Por ejemplo, en lugar de situar una escena en un típico cementerio en una colina como los que aparecen en centenares de películas, Castellari situó su cementerio dentro de una gran cueva, iluminadas las tumbas con velas. Este original cementerio encaja con muchos momentos de la película que parecen casi avant-garde, como la escena al inicio en que Johnny despierta del sueño y lo descubrimos en una playa rodeado de artistas de circo. Un momento casi surrealista que sirve de oportunidad para citar la obra de Shakespeare. La escena en el cementerio también incluye uno de los planos más célebres de la película, cuando la cámara da vueltas alrededor de Johnny mientras este reflexiona sobre la muerte de su padre y se lamenta por no haber estado allí. Para lograr este plano, el propio Castellari inventó un artilugio que le sirviera para darle vueltas a la cámara. El film está lleno de planos inventivos como este.
Otro de los aspectos interesantes del film es que sitúa a Johnny en el bando perdedor de la guerra. Esto sirve para acentuar su amargura y tristeza, ya que su padre es asesinado mientras él está luchando por una bandera y una causa en las que no cree. Esto se agrava cuando descubre que vuelve a un hogar corrupto y brutal, en el que todo mal se origina en la codicia y la avaricia, ya que la muerte del padre de Johnny se vincula con el robo de 300.000 dólares en oro. Estas aportaciones del guion le dan un toque político progresivo, habitual en el cine de la época en que muchos cineastas usaban el cine de género para introducir de forma sutil mensajes políticos. Si bien no creo que fuera idea de Castellari sino de los guionistas y estuviera ya en el concepto original de Corbucci, que también hizo algo parecido en películas suyas como la clásica El gran silencio (Il grande silenzio, Sergio Corbucci, 1968).
El tener Hamlet como base sirvió para convertir esta película en algo especial. Por eso resulta sorprendente que el distribuidor decidiera cambiar el título original Johnny Hamlet por Quella sporca storia nel west ("esa sucia historia del oeste"), que es una frase que se dice en la película pero como título no es muy distinto de los que aparecían al frente de las decenas de westerns que se estrenaban cada semana en Italia entonces. Tal vez por eso el film pasó desapercibido en el momento de su estreno. En Francia y Alemania se estrenó como si fuera una secuela más de Django (Sergio Corbucci, 1966) y en España su título es también bastante anodino. Solo en Estados y algún mercado minoritario se estrenó con su título original de Johnny Hamlet. Resulta extraño que no se quisiera explotar su inspiración, como resultado el film estuvo durante un tiempo perdido entre centenares de anodinos westerns.
Es una lástima que no fuera recibido como se merecía, porque, después del gran Keoma (1976), este seguramente sea el mejor western dirigido por Castellari. Un título más que notable en el género, recomendado sin reservas.
Hay películas que transcienden los límites del género en el que fueron creadas, logrando ser mucho más que un título más en una larga lista de títulos. Aunque cuenta con un título en inglés bastante estúpido, The Magic Blade (Tien ya ming yue dao, Chor Yuen, 1976) es una de esas películas. A primera vista puede parecer un título más de wuxia, de cine de artes marciales, pero pronto se revela como una película mucho más interesante que una serie de escenas de acción.
Fu Hongxue (Ti Lung) es un gran espadachín que acude a medianoche a un duelo con Yan Nanfei (Lo Lieh). Nanfei ha pedido el duelo para determinar de una vez por todas quién es el mejor espadachín. Pero mientras están luchando son interrumpidos por unos asesinos a sueldo. Al parecer hay un misterioso guerrero que ambiciona ser el mejor luchador y dominar el mundo de las artes marciales, para ello planea robar una misteriosa arma secreta conocida como "el dardo del pavo real". Este misterioso guerrero es el que ha enviado a los asesinos a sueldo, en un intento de eliminar a sus competidores. Hongxue y Nanfei empiezan entonces su búsqueda de esta misteriosa arma mientras se enfrentan a diversos y coloridos asesinos que intentan detener su búsqueda.
El director Chor Yuen deja claro que esta no es una película más de artes marciales cuando aparece Fu Hongxue vestido no con el tradicional traje de época oriental, sino con un anacrónico poncho al estilo Clint Eastwood. Un guiño a las películas de Sergio Leone que son una de las diversas influencias que marcan la película. El arma de Fu Hongxue no es tampoco la típica espada, sino un arma con una hoja giratoria que parece salida de una película de James Bond. Chor Yuen mezcla géneros y guiños, pero la película no es un simple refrito, es realmente original. Exceptuando dos breves secuencias, The Magic Blade transcurre en una especie de noche eterna, lo que le da un toque onírico a la historia. Una atmósfera fantástica en el que tienen lugar gigantescas y mortales partidas de ajedrez jugadas con seres humanos, en la que se mueven personajes de pesadilla como Devil's Granny (Teresa Hsia Ping) que se dedica a vender platos cocinados con la carne de sus víctimas. Pero también hay lugar para la poesía y la tragedia.
The Magic Blade engancha desde el inicio, cuando el duelo entre Hongxue y Nanfei es interrumpido por un árbol que se mueve y del que sale un asesino. Un inicio ciertamente inesperado. Chor Yuen mantiene el equilibrio en ofrecer escenas de acción impresionantes y momentos de poética reflexión. Con un estilo sencillo que roza la abstracción, no hay un momento en el que no ocurra algo interesante, ya sea desde el punto de vista dramático o visual. De ahí que, obviamente, los fans del género no deberían perdérsela pero también aquellos que consideren que todas estas películas son iguales, ya que puede que se lleven una auténtica sorpresa.
Seáis fans o no, yo desde luego recomiendo esta pequeña maravilla que me dejó fascinado de principio a fin. Fantástica dirección, buenas interpretaciones, una fotografía que dota de gran belleza a las imágenes, editadas a la perfección, nada sobra ni falta. Una obra maestra.
Conocida internacionalmente como Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Ai Nu, Yuen Chor, 1972), sería comprensible pensar que esta película es una cinta erótica por su título. Pero nada más lejos de la realidad, este clásico de culto narra la historia de Ai Nu (Lily Ho), una joven secuestrada por un grupo de maleantes que se dedica a conseguir chicas para el burdel que regenta Chun Yi (Betty Pei Ti). Ai Nu hace todo lo posible por escapar pero es torturada para que se someta a las normas del burdel, pero ella no se rinde y aprende artes marciales para vengarse de todos aquellos culpables de su sufrimiento.
Ya he dicho que, a pesar del ligeramente lujurioso título, este no es un film erótico. Pero en el momento de su estreno a inicios de los 70 del siglo XX fue un título polémico ya que, gracias a un relajamiento de la censura, era más explícita en ese sentido que películas anteriores hongkonesas, si bien todavía no tan explícitas como películas europeas de la misma época. Lo más polémico en el Hong Kong de entonces es que en este film se mostraba por primera vez una relación lésbica, la que mantienen Ai Nu y Chun Yi.
Sin embargo, si solo fuera por eso, el film no habría llegado hasta nuestros días ni adquirido la admiración que ha ido acumulando a lo largo de los años. El centro del film es la venganza de Ai Nu, una venganza que lleva a cabo de forma ingeniosa, eludiendo las fuerzas del orden que sospechan que ella es la culpable de los recientes asesinatos que están teniendo lugar en la zona. En las escenas que tratan esta investigación el director aprovecha para introducir toques de crítica a los ricos corruptos y satirizar a las personas en lugares de poder.
Y si esto no fuera bastante, al tratarse de una producción de Shaw Brothers, el film contiene fantásticas escenas de acción, violentas y dinámicas como era la marca de la casa. Ni Lily Ho ni Betty Pei Ti eran artistas marciales, pero eso no impide que las escenas que protagonizan sean emocionantes y entretenidas, en especial el sangriento clímax.
Intimate Confessions of a Chinese Courtesan mezcla elementos de diversos géneros para crear una historia de venganza entretenida y absorbente de principio a fin. La novedad de tener a personajes femeninos como protagonistas de esta historia hizo que llamara la atención en su momento, más allá de la novedad la película se mantienen vigente por la calidad de las interpretaciones, la acción y la fuerza de estos personajes femeninos.
El punto de partida de Demon of the Lute (Liu zhi qin mo, Tak-Cheung Tang, 1983) parece, a primera vista, el típico de otras películas dentro del género xianxia, la vertiente fantástica del wuxia: Feng Ling (Kara Ying Hung Wai) recibe la misión de detener al misterioso Demonio del laúd, que ha reaparecido para esparcir el caos en el mundo, su objetivo es convertirse en el artista supremo de las artes marciales. Para detener los poderes demoníacos de este villano, Feng Ling debe recuperar un arco y una flecha especiales con propiedades místicas. Para conseguir llevar a cabo su misión, Feng Ling recibirá la ayuda de varios personajes como un hábil ladrón (Phillip Chung-Fung Kwok) y el gran guerrero Yuan Fei (Siu-Ho Chin). Hasta aquí todo normal. Pero las apariencias engañan, ya que Demon of the Lute es una delirante explosión de fantasía realmente única. Sin embargo, entiendo que esta no es una película para todo el mundo y algunos puede que sientan rechazo por el nivel de energético desenfreno psicotrónico del film.
Aunque se basa en una novela pensada para el público adulto, se concibió esta película como una fantasía para niños. O que tuviera como público principal a los niños. De hecho, la película se abre con una dedicatoria a todos los niños. Dicho esto, la acción tiene el mismo nivel de intensidad (y violencia) que una película del género para adultos. Realmente, lo único que señala que era una película destinada a los niños es que el nivel de humor en ocasiones es, pues eso, algo más infantil y que no muere tanta gente como sería habitual en este tipo de película, y que muestra una fantasía mucho más desatada de lo habitual. Las coreografías de las escenas de acción, por otro lado, evidencian que no se tenía intención de alienar al espectador adulto, que puede disfrutar igualmente de esta alegre y demencial entrada en el género.
El film fue producido por el clásico estudio Shaw Brothers. El estudio, que durante años había dominado la taquilla de Hong Kong, se encontraba en un momento delicado. Sus películas ya no eran tan populares como lo habían sido durante la década de los 60 y los primeros años 70 del siglo XX, de modo que había entrado en un momento de experimentación para intentar ponerse en sintonía con los gustos modernos de la época. Este tipo de películas de fantasía y el wuxia clásico se veía como algo pasado de moda, por eso en Shaw Brothers hubo varios intentos de darle un aire fresco al género para que siguiera siendo relevante. Demon of the Lute es uno de los mejores resultados de esta experimentación, una película que coge un argumento clásico y lo reinventa, añadiendo referencias contemporáneas a una historia que transcurre en un pasado soñado, entre otras maniobras.
Como he dicho al inicio, soy consciente de que no es una película para todo el mundo. Yo me dejé llevar desde las primeras escenas, disfrutando de principio a fin con su gran despliegue de acción y de una fantasía cargada de alegría delirante y diversión a chorro. Para aquellos que no la conozcan, se puede interpretar como mi regalo al lector explorador que ha llegado hasta este oscuro rincón.
Id al minuto 18:55 para ver el tráiler (y, de paso, recomiendo el resto de películas que aparecen en el video).
La Shaw Brothers siempre estuvo atenta a las nuevas modas y géneros que llamaban la atención del público. Por eso no le pasó desapercibida la afición que tenían los jóvenes hongkoneses al tokusatsu proveniente de Japón, que entonces dominaba la televisión con Ultraman y Kamen Rider (en Occidente se haría más popular este tipo de serie a través de los Power Rangers). De este modo, la Shaw Brothers produjo la primera película de superhéroes de Hong Kong: Infra-man aka Manziter (Zhong guo chao ren aka The Super Inframan, Shan Hua, 1975).
La malvada Reina Glaciar (Terry Liu) surge de las profundidades de la Tierra al frente de su propio ejército de monstruos. Su intención de dominar el planeta y esclavizar a los humanos no pasa desapercibido, poniéndose en movimiento las fuerzas defensoras para detener su avance, pero las armas terrestres son inútiles frente a estos poderosos monstruos de la Edad de Hielo. El profesor Liu Ying-De (Wang Hsieh) lleva tiempo desarrollando un proyecto secreto para crear a un superhombre y, ante los avances de las criaturas de la reitero malvada (porque lo es mucho) Reina Glaciar, Lei Ma (Danny Lee) se ofrece voluntario para convertirse en Infra-man. Solo Infra-man puede enfrentarse a la Reina Glaciar y a sus diabólicas criaturas de la Edad de Hielo.
Estrenada antes de la revolución en los efectos especiales de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) y que Superman (Richard Donner, 1978) cambiara la manera de acercarse al cine de superhéroes, Infra-man sigue el modelo japonés, con las influencias más obvias de Ultraman y Kamen Rider de los que coge distintos elementos. Lo que marca la diferencia de sus contrapartidas japonesas es que las coreografías y la acción están mucho mejor diseñadas y ejecutadas. También, aunque a ojos actuales los trajes resultan algo crudos, destacan las imaginativas criaturas contra las que se enfrenta Infra-man. Todas las criaturas tienen su gracia, pero mi favorita es la Bruja Ojo (Dana). Aquí la tenéis lanzando rayos sobre una pobre víctima desamparada:
Pero todas las criaturas son realmente un festival:
La película fue una producción muy cara para la Shaw Brothers, lo que se nota en los fantásticos decorados creados para la ocasión y los efectos especiales. De nuevo, a ojos actuales los efectos pueden resultar algo risibles, pero se ha de ser consciente en que momento fue creada la película. Me doy cuenta de que muchos la verán con el ánimo de burlarse de ella, al estilo "ja, ja, qué cutre". Pero yo disfruto de Infra-man de forma honesta, no desde la distancia irónica, ya que es entretenida de forma constante, divertida y todo un deleite visual.
Resulta sorprendente, pero en su día esto no se apreció este clásico de culto en su país de origen. Unos meses antes de estrenarse Infra-man, dos niños se vieron envueltos en un accidente al intentar imitar las patadas y movimientos de Kamen Rider en la azotea de un edificio. Uno de los niños fue herido grave, pero el otro murió, lo que causó una fuerte reacción contra este tipo de serie. Por ello cuando Infra-man se estrenó muchos padres preocupados no permitieron a sus hijos que fueran a verla, mientras que otros padres no querían pagar para que sus hijos vieran en el cine lo que ya veían gratis por televisión (aunque no por mucho tiempo ya que las series fueron retiradas de la programación en respuesta a la polémica). En Hong Kong la película fue un gran fracaso teniendo en cuenta la inversión y ambición con que el estudio la había producido. Al rescate de Infra-man llegaron los Estados Unidos, donde la película fue un gran éxito, algo que pilló por sorpresa a la Shaw Brothers que entonces incluso se planteó realizar una secuela que nunca vio la luz. De Estados Unidos la película saltó al resto del mundo, lo que hizo que en poco tiempo Infra-man se convirtiera en una cinta de culto.
Como ya he dicho, muchos disfrutarán burlándose de la película, pero yo no puedo más que honestamente disfrutar y admirar este despliegue de acción, fantasía y, sobre todo, imaginación. Solo hay que dejarse llevar y abrir la mente.