Como fan de toda la vida de Expediente X, desde que empezaron a emitirse los primeros episodios por Telecinco, recibí con gran interés la noticia de que iba a editarse un nuevo montaje del director de Expediente X: Creer es la clave (The X Files: I Want to Believe, Chris Carter, 2008). El 14 de agosto, cuando ya estaba disponible en Disney +, me senté a disfrutar de esta nueva versión. Una nueva versión que resultó ser una tomadura de pelo.
Chris Carter ha comentado en muchas entrevistas recientes que esta nueva versión es mucho más aterradora y que incluye material que no pudo ser incluido en su momento por razones de censura; además que el estudio quería una película que fuera para mayores de 13 años. Pero esta nueva versión no incluye material nuevo, las escenas cortadas por censura ya aparecían en el montaje del director que se editó en DVD/Blu-ray en su día. Es la versión que en los títulos de crédito finales incluye fotografías del equipo y el reparto. Esta nueva lo que hace es eliminar escenas dramáticas y pequeños momentos personales, en particular todo lo que afecta a la trama de Scully (Gillian Anderson) y ajustar el montaje. Nada más.
Esta nueva versión hace más aparente la crítica que siempre se le hizo a esta película: que era poco más que un episodio largo de la serie. Eso sí, me hizo sentir nostalgia por ver la serie de nuevo. Con tantas nuevas series y películas casi te sientes culpable por recuperar series pasadas. Más cuando, hablando como fan, Expediente X llegó a su punto álgido creativo en la quinta temporada. A partir de aquí, todavía se producen grandes episodios pero empiezan a menguar, alternando entre simplemente buenos y los mediocres. Tampoco es que fuera un gran problema, incluso las temporadas sin David Duchovny tienen buenos episodios.
Volviendo a I Want to Believe - Vrach Frankenshteyn, este nuevo montaje no aporta nada nuevo al fan, la mejor versión es el primer montaje del director, pero puede que enganche a los que no conocen la serie y la vean como una película independiente de ella.
Cuando una película como La monja homicida (Suor Omicidi, Giulio Berruti, 1979) tiene un título como La monja homicida, está destinada a sufrir debido a los prejuicios que un título como este conlleva. La cosa se agrava cuando los distintos pósteres que, en su día, la promocionaban intentaban venderla como si fuera una película erótica de monjas inquietas, subgénero entonces muy de moda. Algunos que no la conozcan asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y no la tendrán en cuenta como una película seria. Otros, asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y se decepcionarán al ver que no es así. Y, entre ambos grupos, espero que estén aquellos que sepan apreciar esta película híbrida y peculiar.
La hermana Gertrude (Anita Ekberg) intenta cumplir con sus funciones tras haber superado un cáncer. Pero está convencida de que sigue enferma y la frustración al no ser creída va provocando que empiece a cometer actos de crueldad que van subiendo en gravedad. También es adicta a la morfina y tiene deseos reprimidos que busca experimentar. A su lado solo está la hermana Mathieu (Paola Morra), que la apoya por amor. Cuando los pacientes empiezan a aparecer asesinados, ¿significa que la espiral de locura en la que se ha sumergido la hermana Gertrude no tiene fondo?
Es típico que muchas películas exploitation de la época asegurasen estar basadas en hechos reales, pero era mentira, una manera de para atraer a más espectadores. Sin embargo, en esto también La monja homicida es peculiar, ya que realmente se inspira en una historia real. El productor Enzo Gallo supo del caso sucedido en Bélgica a mediados de febrero de 1978, en el que una monja adicta a la morfina fue detenida tras haber dado muerte a varios pacientes mayores. Con el título y la idea base de una monja asesina, le presentó el proyecto al director Giulio Berruti. La esperanza de Gallo era producir una película puramente exploitation, llena de erotismo como otras películas ambientadas en conventos estrenadas durante la década de los 70. Eso explica la presencia de Paola Morra, modelo de Playboy que había aparecido en Interior de un convento (Interno di un convento, 1978) del polémico maestro del erotismo Walerian Borowczyk. Sin embargo, el director Berruti tenía otras ideas.
Berruti estaba fascinado por la historia de una mujer reprimida que se sumerge en un espiral de locura, mezclado con ciertos mensajes anticlericales. Anita Ekberg se convierte así en el centro de una película que está más cerca del giallo, con brutales escenas de asesinatos, que de películas como Cartas de amor a una monja portuguesa (Die Liebesbriefe einer portugiesischen Nonne, Jess Franco, 1977). Esto es lo que hace a la película interesante, más allá del par de escenas en las que Morra se desnuda para contentar al productor, el retrato de una mujer cuya cordura se va fragmentando. Una mujer que comete una crueldad y luego se arrepiente incapaz de entender qué la ha llevado a actuar de esa forma. Poco a poco, la película parece contagiarse y empiezan a aparecer escenas delirantes cuando adopta el punto de vista de la hermana Gertrude.
Otros aspectos que ayudan a darle personalidad propia al film fueron derivados del bajo presupuesto. El director supo cubrir efectivamente mediante primeros planos, movimientos de cámara y el montaje que no siempre contaba con los actores necesarios para rodar cierta escena, lo que demuestra su habilidad como director y editor. Originalmente, Berruti tuvo la idea de llenar el hospicio con rostros veteranos del cine italiano para interpretar a los pacientes. Pero el ajustado presupuesto lo impidió, de modo que se llena de actores desconocidos con rostros interesantes y más memorables, lo que hace el ambiente diferente del típico ambiente de película. El reparto es bastante ecléctico, entre amigos del director como Lou Castel, muy comprometido con la causa comunista, con otros escogidos por su popularidad como la mencionada Paola Morra o Joe Dallesandro.
La monja homicida también tuvo su dosis de locura en la realidad. Cuando se estrenó, después de comprobar su éxito, los productores tuvieron la infausta idea de añadir a los pósteres como promoción la frase: "De los archivos secretos del Vaticano". Esto dio la excusa para que la Iglesia, que no estaba muy contenta con la película, intercediera para que fuera prohibida y retirada de las pantallas de cine italianas.
Como decía al principio, con un título como La monja homicida se crean ciertas expectativas que pueden afectar a cómo se ve la película. Pero si se dejan éstas de lado y se sumerge en la historia con la mente abierta, La monja homicida es un título peculiar y diferente con algunas sorpresas que la hacen memorable. Y si decidís darle una oportunidad, os recomiendo hacerlo en la versión italiana.
Si tenéis ganas de una nueva película de John Carpenter, pero sabéis que nunca llegará, podéis disfrutar con John Carpenter's Cathedral. Es una novela gráfica creada por el maestro, escrita por Carpenter, Sandy King y Sean Sobczak; ilustrada por Federico De Luca, Luis Guaragna y Sian Mandrake.
Frente a una vieja iglesia abandonada aparece el cadáver horriblemente mutilado de un policía. Se trata del padre de la teniente Christine Marks que. junto a los inspectores Paul Hernández y Steve Mayfield, decide investigar la iglesia abandonada con la esperanza de encontrar al asesino. A medida que se adentran más y más en la iglesia descubren un mundo subterráneo de pesadilla.
En la introducción del cómic, Carpenter explica que se le ocurrió la idea en un sueño, así que la historia tiene una lógica onírica. La lógica y la racionalidad se van desmontando a medida que los protagonistas van avanzando, encontrándose extrañas criaturas y personajes. Es algo que nos remite a clásicos de Carpenter como El príncipe de las tinieblas (Prince of Darkness, 1987) y En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1994). La narrativa que utiliza la lógica onírica también me hizo pensar en los maestros italianos del terror como Mario Bava, Dario Argento y Lucio Fulci, así como películas del estilo de El engendro del diablo (La Chiesa, Michele Soavi, 1989). También hay algunos toques de mitología clásica, para acabar de darle sabor.
Es una historia de terror, sumerge a los personajes en una pesadilla sin fin, a la que los artistas De Luca, Guaragna y Mandrake le dan cuerpo para que la atmósfera atrape al espectador. Se nota el esfuerzo para darle movimiento a las páginas, logrando que la acción sea fluida. No se abusa de la doble página, para darle mayor impacto cuando aparece, cosa que aprecio ya que me parece que en la actualidad, en el cómic americano, se abusa de la doble página.
Para darle mayor impacto a la lectura, Carpenter ha editado un disco, Cathedral, que sirve como banda sonora del cómic. Ciertamente, la lectura del cómic con la música de fondo ensalza la experiencia, de modo que solo es necesaria nuestra imaginación para completar la película. Yo me esperé a leer el cómic a que se editase el disco y la espera valió la pena.
Cathedral va recomendado no solo a los fans de Carpenter, sino también a los amantes del cómic de terror.
Regresan Hélène Catet y Bruno Forzani con su reinterpretación y reutilización de la estética giallo, en un contexto completamente distinto al que estas películas de misterio de origen italiano fueron creadas. Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort, 2025) es fiel al estilo de la pareja de directores, pero le da un toque de frescura añadiendo a la fórmula otros tributos y homenajes de distintos géneros.
John D. (Fabio Testi) es un veterano espía que se encuentra viviendo retirado en la Costa Azul. Allí se empieza a obsesionar con otra clienta del hotel donde está, que le provoca recuerdos de cuando era un joven agente (Yannick Renier) tras la pista de la peligrosa criminal Serpentik. Un día, esta clienta desaparece. ¿Tendrá que ver esta desaparición con el pasado de John D.?
En esta ocasión Catet y Forzani preparan al espectador un potente cóctel que es un homenaje al cine de espías de los 60, en su vertiente más psicodélica. Además, se hacen referencias al cómic y a las fotonovelas junto a los habituales guiños al giallo. La influencia más obvia es un título que se encuentra en esa misma encrucijada de cine de espías de los 60, cómic y giallo, el clásico de Mario Bava Diabolik (1968) que adaptaba el cómic homónimo. Y no es el único Bava al que se hace referencia.
Por cierto, para los más jóvenes: las fotonovelas eran cómics que, en lugar de dibujos, se utilizaban fotografías. Si estaban basadas en películas, se usaban fotos de la película que fuera.
El film, en el fondo, cuenta una historia bastante sencilla, pero que invita al espectador a pelar sus capas narrativas en distintos visionados. Esta sencillez permite recargar visualmente la película para ofrecer otra potente experiencia sensorial para el espectador. También se añaden otros temas más cinematográficos, o metacinematográficos, alrededor del cine de espías de la época, celebrando su estética y al mismo exponiendo su misoginia, por ejemplo. Pero el aspecto que más me llamó la atención es la recreación en la obsesión por los personajes enmascarados, no solo en el giallo pero también en las películas como Diabolik y los imitadores que le siguieron.
A pesar de tratar un tema serio, el homenaje que los directores hacen al cine de espías de los 60 en su vertiente más psicodélica convierten Reflejo en un diamante muerto en un gran divertimento, si te gusta este tipo de estética, que incluye escenas bastante violentas. En definitiva, si habéis visto otras películas de este dúo ya sabéis qué os espera, los que no los conozcan disfrutarán de una experiencia única en el cine actual.
El título no engaña, Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, Norifumi Suzuki, 1973) ofrece generosas dosis de furia y de sexo. Bueno, más que sexo, lo que encontramos es erotismo grotesco, además de litros de sangre. Pero, a pesar de las apariencias, esta es una película que con el tiempo ha sido reevaluada por su contenido feminista, si bien este no era intencionado.
Cuando era niña, Ochô Inoshika (Reiko Ike) fue testigo de como su padre fue asesinado. Antes de morir, el padre dejó unas pistas para identificar a los asesinos, unas cartas con unas figuras que representan a cada uno de los responsables, lo que ha llevado a Ochô a convertirse en una experta jugadora, además de una carterista muy habilidosa. Su destino se cruza con el de Shunosuke (Masataka Naruse), un anarquista que busca también vengar la muerte de su padre. Para completar el triángulo, Christina (Christina Lindberg) es una espía que llega a Japón como una famosa bailarina, utilizando su misión para reunirse con su amante Shunosuke. Los tres se ven envueltos en sangrientas venganzas que unirán sus destinos contra los asesinos responsables de tanta desgracia.
Basada en un manga de Tarô Bonten, la película de Norifumi Suzuki sigue una línea de títulos japoneses que estaban llevando al límite lo que se podía mostrar en las pantallas de cine en cuanto a sexo y violencia, con la esperanza de apartar a los japoneses de las pantallas de televisión, una táctica similar a lo que se hizo en Italia. Sex & Fury le sirve al director para construir secuencias memorables de acción, explotar los encantos de las dos actrices protagonistas y, a pesar del bajo presupuesto y el tiempo limitado, crear momentos estéticos cargados de sangriento romanticismo. El acierto de unir dos actrices icónicas como Reiko Ike y Christina Lindberg fue todo un acierto, ya que ambas aportan una energía distinta y personal que ensalza sus escenas. La interpretación de Lindberg tal vez no sea la mejor, pero se ha de tener que en cuenta que estaba interpretando un papel en dos lenguas que no eran la suya: inglés y japonés, lo cual no debió ser nada fácil. Ike domina la película, no hay duda, protagonizando una de las escenas más memorables: la atacan en la bañera con la esperanza de que se sienta vulnerable, pero ella logra matarlos a todos desnuda y armada con una espada que roba a uno de sus atacantes.
Esta escena es también emblemática de la extraña mezcla de exploitation y feminismo del film. A pesar de no desperdiciar ninguna excusa del guion que ofrezca la posibilidad de desnudar a las actrices, las muestra también enfrentadas a un mundo masculino sin piedad. Un mundo que busca abusar de ellas y que se arrodillen ante el poder, pero ellas se alzan en un despliegue de fuerza, tenacidad y, bueno, furia.
Sex & Fury fue concebida como un producto sensacionalista que atrajera espectadores en busca de emociones baratas. Pero el director, los guionistas y el reparto convirtieron el film en un título memorable, lleno de momentos bizarros y hermosos, sórdidos y románticos. Una mezcla imposible que, a pesar de todo, funciona.
El éxito de Sex & Fury puso en marcha una secuela de forma casi instantánea: Female Yakuza Tale: Inquisition and Torture (Yasagure anego den: Sôkatsu rinchi, Teruo Ishii, 1973). Adaptando de nuevo un manga de Tarô Bonten, en esta ocasión Ochô Inoshika se enfrenta al clan yakuza Ogi, que utiliza a prostitutas para que transporten drogas escondidas en sus vaginas. Para esta secuela, el director Teruo Ishii creó un film bien distinto del que lo precedió.
El film arranca con una secuencia de títulos de crédito que busca recrear el impacto de la escena más memorable de Sex & Fury. Pero, a partir de aquí, el film cambia en tono y estilo. Female Yakuza Tale hace un mayor énfasis en la comedia, llegando al punto de introducir a Yoshimi (Makoto Aikawa), un personaje que es una sátira de la prisionera Escorpión que hizo famosa Meiko Kaji. El tono más cómico enlaza con una actitud más anárquica por parte del director. Mientras que en la primera la recreación histórica estaba bastante cuidada teniendo en cuenta los medios, aquí nos encontramos personajes que parecen vestidos de manera contemporánea a cuando se rodó el film. Otra muestra de la actitud iconoclasta del director es la inclusión de momentos que parecen más cercanos al cine experimental y artístico mezclados con perversión habitual en este género japonés. Eso sí, en el film también hay grandes dosis del erotismo grotesco en el que estaba especializado el director.
La historia no es tan interesante como la de la primera entrega, pero se las arreglan para estirarla lo máximo posible. Sumado al tono más cómico esto hace que, para mí, esta entrega no sea tan redonda como la primera. Sin embargo, sin compararla con la película de Norifumi Suzuki, resulta una película entretenida y divertida, si os gusta la comedia mezclada con toques grotescos, sangre y una deliciosa sordidez.
Nota: si no se indica lo contrario, las opiniones sobre estas películas se basan en las versiones originales sin cortes ni alteraciones estrenadas en Hong Kong, no las versiones recortadas y americanizadas distribuidas en Occidente por New Line y Miramax.
Dentro del cine de acción, en especial del cine de acción procedente de Hong Kong, hay pocas sagas tan icónicas y celebradas como la de Police Story, protagonizada por Jackie Chan. Estas películas capturan al irrompible Chan en su mejor momento, dispuesto a jugarse la vida para nuestro entretenimiento a lo largo de cuatro excelentes entregas.
Irónicamente, Armas invencibles (Police Story) (Ging chaat goo si aka Police Story, Jackie Chan, Chen Chi-Hwa 1985) tiene su origen en una mala experiencia para Chan. El actor intentó, de nuevo, entrar en el mercado americano con El protector (The Protector, James Glickenhaus, 1985), que para él resultó una experiencia frustrante. Hoy día tiene estatus de film de culto, pero Chan quedó decepcionado por no poder controlar las escenas de acción, el añadido de los toques sórdidos como los desnudos gratuitos y, en general, era una película que se apartaba de la imagen que quería proyectar en el cine. Ni siquiera el montaje que él hizo para el mercado asiático le fue satisfactorio. Viendo las cosas en retrospectiva, resulta obvio que la gente de Golden Harvest se equivocó al elegir a alguien como James Glickenhaus para poner al frente de una película de Jackie Chan. Glickenhaus era especialista en crear cintas de acción con generosas dosis de clásica exploitation, al fin y al cabo estamos hablando del director de El Exterminador (The Exterminator, 1980), pero no era el adecuado para poner al frente del tipo de película más "para todos los públicos" que entonces protagonizaba Chan.
En todo caso, el mal sabor de boca que le había dejado The Protector se lo quiso quitar Chan con una película hecha a su medida. Un thriller de acción policial contemporáneo, alejado de las cintas de kung fu clásicas que le habían hecho famoso, en la que Chan interpretaría por primera vez al inspector Chan Ka Kui. En esta ocasión enfrentado a un astuto criminal ayudado por la corrupción del sistema. Esta película también introduciría a Maggie Cheung como May, la sufrida novia de Ka Kui (resulta increíble que no le deje después de todos los líos en que la mete) y a Bill Tung como el superior de Ka Kui Bui Wong.
La película nos ofrece escenas icónicas nada más empezar, como la destrucción de las cabañas en la colina al inicio del film y la consiguiente persecución. Un inicio con momentos copiados, por ejemplo, por Sylvester Stallone al presentar su personaje en Tango y Cash (Tango & Cash, Andrei Konchalovsky, 1989)(Stallone es un fan declarado de Jackie Chan e incluso intentó que interpretara al villano en Demolition Man [Marco Bambrilla, 1993]) y también por Michael Bay en la batalla final de Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, Michael Bay, 2003). Por supuesto, la pelea en el centro comercial es una de las secuencias clásicas dentro de la filmografía de Chan, si bien creo que el final tal y como aparece editado en la versión estrenada en Japón funciona mejor.
Pero la acción ya se supone que será de primer nivel teniendo en cuenta a los responsables. Lo que hizo único a Chan era la manera en la que mezclaba la acción con la comedia, introduciendo también momentos acrobáticos en las escenas de riesgo. Era el sello de Chan y en esta es una de las películas en las que la comedia mejor funciona, ya que no se pierde demasiado en la traducción. Por ejemplo, la secuencia en la que Ka Kui responde diversos teléfonos a la vez, enredándose con los cables, un pequeño homenaje a la comedia de Buster Keaton que tanto gusta a Chan. También tenemos los toques de comedia de enredo clásicos, escenas en las que juega un papel más importante Maggie Cheung. Son momentos en los que Chan se convertía en el único héroe de acción que aceptaba que su personaje recibiera un tartazo en la cara, algo que los frágiles egos de los actuales héroes de acción no permitirían que les sucediera a sus personajes.
Teniendo en cuenta la mezcla de comedia y acción, la evolución de Ka Kui, desesperado y a la huida tras ser acusado de un asesinato que no ha cometido y ser perseguido por sus compañeros, podría ser algo chocante. Es el momento en el que asoma el lado oscuro de Ka Kui, llevado al límite tras haber soportado demasiado por parte del villano. De todos modos, el giro funciona, ya que era no era extraño en el cine de acción de Hong Kong y tiene sentido dentro del mundo creado por la película.
En todo caso, es un gran clásico dentro del género. Si no conoces la obra de Jackie Chan o estás pensando con qué película introducir a alguien en su filmografía, este es un gran punto de entrada.
El éxito de Police Story hizo inevitable Superpolicía en apuros (Ging chaat goo si juk jaap aka Police Story 2, Chen Chi-Hwa, Jackie Chan, 1988). Lo sorprendente, ya que no era habitual en el cine de Hong Kong, es que es una secuela clásica. Arranca con un breve resumen de lo sucedido en la anterior entrega y parte de la película gira en torno a la venganza de los villanos de la primera entrega. Y otro toque curioso, tras ver el resumen de las escenas espectaculares de Police Story, la secuela arranca con los jefes de Ka Kui echándole la bronca por el coste económico de sus acciones, lo que lleva a que esté durante un breve tiempo degradado. Además, se introduce una nueva amenaza: un grupo de chantajistas que se dedica a plantar bombas para conseguir sus objetivos.
La película desarrolla estas dos tramas de forma paralela. La que tiene que ver con la venganza sirve para introducir escenas de acción, como la ya clásica pelea en el parque de juegos infantil. De este modo, no se pierde el interés durante las escenas que afectan a la trama de los chantajistas, que son secciones que se centran más en el trabajo policial para detener a los culpables. Hace honor así a su título original, ya que en la anterior hay más bien poco trabajo policial clásico. También tiene un mayor protagonismo Maggie Cheung, ya que la relación entre su personaje y el de Jackie Chan se pone en peligro debido a la interferencia de los distintos villanos.
Las distintas tramas y elaboradas escenas de acción hacen que esta sea la película más larga de la saga. Nada menos que dos horas, algo que entonces no era nada habitual. Pero las secuencias de acción y algunos momentos cómicos memorables contribuyen a que la película se pase volando.
Supercop (Ging chat goo si 3: Chiu kup ging chat aka Police Story 3: Supercop, Stanley Tong, 1992) resultó ser el primer paso en la entrada del mercado americano que en otro tiempo buscaba Jackie Chan, lo irónico es que sin pretenderlo. Pero quién más aprovechó el éxito de Police Story 3 fue Michelle Yeoh, que tendría más fácil la entrada en el mercado americano al convertirse en chica Bond.
Pero las innovaciones que lanzaron esta película y a sus protagonistas al mercado internacional provienen de su director Stanley Tong. Tong insistió en filmar con sonido directo, en lugar de doblarse todo luego como era costumbre entonces en Hong Kong; en introducir efectos especiales en las escenas de acción para hacerlas más espectaculares; y en sacar la historia de Hong Kong para darle un toque internacional a lo James Bond. Esto se tradujo en filmar, además de en Hong Kong, en China y en Malasia. Además de darle un toque internacional, la decisión de salir de Hong Kong venía motivada también porque cada vez era más difícil rodar escenas de acción allí, tanto por la popularidad de Jackie Chan como por las cada vez mayores restricciones a los rodajes que implementaba el gobierno.
En esta ocasión Ka Kui (Chan) debe trabajar junto a su equivalente chino la inspectora Jessica Yang (Yeoh) para atrapar a un señor de la droga. La historia es bastante básica, pero es el punto de partida para escenas de acción espectaculares que se ven beneficiadas por la química entre Chan y Yeoh. Supercop es una buddy movie, como Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987) o Límite: 48 horas(48 Hrs., Walter Hill, 1982), un cambio respecto a las anteriores entregas que le sienta muy bien a la franquicia. Esta nueva dinámica favorece tanto las escenas cómicas como las de acción. Estas últimas son el punto fuerte del film. No por nada es la película en la que Michelle Yeoh casi muere mientras rodaban una de las persecuciones.
Esta tercera entrega coge lo mejor de las dos anteriores y lo multiplica por dos. No es de extrañar que se acabara convirtiendo en la carta de presentación mainstream en Occidente de Chan y Yeoh, cuando se estrenó simplemente como Supercop. Junto a la primera, representa lo mejor de la saga.
Impacto inminente (Ging chaat goo si 4: Gaan dan yam mo aka Police Story 4: First Strike, Stanley Tong, 1996) llegó en un momento interesante en la carrera de Jackie Chan. Por fin, había penetrado en el mercado americano gracias al éxito de Duro de matar (Honfgan Qu (Hung fan kui) aka Rumble in the Bronx, Stanley Tong, 1995). A partir de entonces, las películas de Chan adquieren un carácter internacional, utilizando el inglés como lengua principal en algunos casos, y sus personajes en las versiones traducidas se empiezan todos a llamar Jackie o Jackie Chan. De modo que esta cuarta entrega, en la que Ka Kui va tras unas armas nucleares robadas, es una aventura a los James Bond en la que el personaje de Chan va viajando alrededor del mundo.
Por supuesto, la tercera entrega ya empezaba a marcar un destino más internacional para el personaje, pero aquí ya actúa como si fuera un espía en lugar del simple policía de anteriores entregas. Lo único que queda de las anteriores películas es una pequeña aparición por parte de Bill Wong como superior de Ka Kui, Maggie Cheung no regresó ya que entre esta y las anteriores entregas se había convertido en una estrella gracias a Wong Kar-Wai y era demasiado cara para lo que la necesitaban. Esto hizo que el guion tuviera que reescribirse y quedase algo desequilibrado.
Como ya he mencionado, esta cuarta entrega es más una aventura de acción a lo James Bond con Chan protagonizando escenas trepidantes, aunque con menos toques de comedia. Se hecha de menos un compañero/a que acompañe a Chan en su aventura, aunque en la sección en Australia finalmente tendrá alguien con quien compartir la acción.
First Strike está bastante alejada de las anteriores, lo que sumado a que se refieran al personaje en los diálogos en inglés como Jackie, hizo que muchos desconocieran que fuera la cuarta entrega de las aventuras de Ka Kui. Más adelante, Chan realizó un par de reboots: New Police Story (Xin jing cha gu shi - San ging chaat goo si, Benny Chan, 2004) y Acción policial (Jing cha gu shi 2013 aka Police Story 2013, Sheng Ding, 2013) cuando su carrera se centró en China, apoyando las acciones del gobierno, lo que provocó que el público de Hong Kong le diera la espalda. Son películas que no siguen la continuidad original en las que Jackie Chan ya no interpreta a Ka Kui y no aportan mucho a la saga. Esta cuarta entrega fue el final de la saga original. Un final peculiar pero no por ello menos entretenido.
Llevo siguiendo la carrera de Neil Marshall desde los tiempos de Dog Soldiers (2002), así que cuando supe que preparaba un homenaje al giallo mi curiosidad se disparó. El giallo es uno de mis géneros favoritos y verlo tratado por un director que siempre me ha gustado me parecía una fórmula ganadora. Me alegra no haberme equivocado con Seducción (Compulsion, Neil Marshall, 2024).
Situada en la isla de Malta, la acción arranca cuando la inspectora Claudia Cavara (Giulia Gorietti) y el inspector Dennes Crawford (Harvey Dean) investigan un brutal asesinato llevado a cabo por una misteriosa figura vestida de negro. Al mismo tiempo, Evie (Anna-Maria Sieklucka) llega a la isla de vacaciones. Allí conoce a Diana (Charlotte Kirk) y a su novio Reese (Zach Gowan). Muy pronto, Diana empieza a interesarse en Evie, si bien Evie no sospecha que los motivos de la pareja no son casuales. Mientras, los asesinatos continúan, acercándose cada vez más a Evie.
En las raíces del clásico thriller erótico de los 90 y en las del clásico slasher de los 80 nos encontramos el giallo. Así que es natural que en este cóctel preparado por Marshall nos encontremos elementos de los tres, lo que incluye giros de guion entre absurdos y esperados, escenas sangrientas y una diversidad de escenas eróticas. En este sentido, Seducción cumple, ofreciendo todo esto al estilo de otros gialli contemporáneos como Tulpa: Perdizioni mortali (2012). Además, para los amantes del género se incluye un cameo de Cinzia Monreale. El film de Marshall, sin embargo, sufre del mismo problema que otros contemporáneos con intenciones semejantes, como por ejemplo La daga en el corazón (Un couteau dans le coeur, Yann Gonzalez, 2018): las limitaciones del presupuesto hacen que no tenga el mismo look glamouroso de los giallo de los años 70, es mucho más artificial, demasiado digital. Además el nivel de las interpretaciones está bastante desequilibrado, las dos protagonistas hacen un buen trabajo pero algunos secundarios se pasan de rosca. La verdad, esto último también sucedía en algunos títulos clásicos del género.
Es cierto que, para los amantes del género, algunos de los giros son algo predecibles, pero no le resta diversión. No hay que ver esta película como algo "serio" al estilo de El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991), sino más bien algo entretenido y un poco absurdo con el que pasar un rato divertido. Reconozco que, para los que no sean amantes de estos géneros y acepten lo que los hace tan divertidos, puede que sea difícil de ver el atractivo. A mí la película me dio lo que esperaba, una revisión moderna de unos géneros clásicos que me encantan.
La mayoría de las películas que explotaban la Bondmanía, en particular las europeas, cogían la ruta de la parodia. Sabiendo que no podían competir como iguales con las películas de James Bond y aprovechando que tenían una fórmula muy fácil de imitar, la parodia era la opción más económica. Pero algunos valientes decidían crear sus propias aventuras de espías "en serio", como la entretenida Un ángel con puños de hierro (Tie guan yin, Lo Wei, 1967).
La agente 009 Ai Si (Lily Ho) llega de Londres a Hong Kong para investigar (y si es posible vengar) la muerte de su colega A4 (Pei-Shan Chang). Lo hace en colaboración con la policía, que le crea una nueva identidad como Luo Na, la amante de Baldy (Shun Tien), un mafioso encarcelado que tenía contactos con una misteriosa organización criminal. 009 logra infiltrarse en la organización, pero entonces es cuando el peligro no hace más que intensificarse.
Como ya he dicho, esta película no es una parodia, si bien se inspira en las cuatro películas de la saga James Bond que se habían estrenado hasta el momento. Pero este enfoque la hace más divertida que si hubiera sido una parodia (muchas de las cuales eran muchas cosas menos graciosas). Parte de la diversión está en ver cómo reinterpretan los elementos típicos de un film 007 y, en algunos casos, se llevan al extremo. La más obvia diferencia es el cambio del género del protagonista, aquí una fantástica Lily Ho. El cine asiático era pionero en producir películas de acción con protagonistas femeninas, incluso en los relatos clásicos donde se encontraban guerreras errantes junto a los guerreros errantes. Es algo que en Occidente no sería plenamente aceptado hasta entrado el siglo XXI y aquí ya le da un toque distinto al film. También esta película es mucho más atrevida con los toques sexys, incluyendo algún desnudo que visto hoy día es bastante inocente pero que nunca aparecería en una película Bond. Y, siendo como es una película de Hong Kong, la acción y la violencia es mayor en cuanto a intensidad, si bien no es el punto fuerte de Lo Wei, cuyas escenas de acción más famosas fueron dirigidas por Bruce Lee no por él.
El perfecto ejemplo de la manera en que Un ángel con puños de hierro lleva al extremo escenas que podríamos encontrar en la franquicia Bond es la manera en que presenta una escena clásica dentro de la franquicia 007. Es ese momento en que el villano de turno descubre que alguien es un traidor y lo ejecuta ante sus secuaces, para mostrar lo implacable que es. Esta escena aparecía por primera vez en Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), donde vemos al jefe de SPECTRE electrocutar a un traidor. Aquí se repite la escena, con la fantástica villana líder de las Dark Angels, a la que da vida con mucho estilo Tina Chin-Fei, que antes de dar por terminada una reunión ejecuta a una traidora. Pero no simplemente electrocutándola, sino que hace que un aparato baje del techo y la decapite, dejando el cuerpo sin cabeza ensangrentado brevemente en la silla antes de que esta desaparezca por una trampilla en el suelo. Y por eso, aunque no es una parodia, Un ángel con puños de hierro ofrece grandes dosis de diversión.
A pesar de su limitado presupuesto y que las peleas no son precisamente las mejores que se pueden ver en una película de Hong Kong, esta es una película tremendamente entretenida. De hecho, diría que cuanto más familiarizado esté uno con la franquicia James Bond más divertida y entretenida se hace la película. Y si le añadimos el toque sixties y go-go, Un ángel con puños de hierro es una deliciosa manera de pasar un buen rato.
La llegada a las pantallas de los cines alrededor del mundo de las aventuras de James Bond dio luz a la "Bondmanía". Esta tuvo también un alcance mundial, trayendo consigo que se produjeran las inevitables imitaciones y parodias, como sucedería unos años más tarde con la saga estelar creada por George Lucas. Muchas de estas películas acabarían cayendo en el olvido, pero también se produjeron algunos títulos notables, como Black Tight Killers (Ore ni sawaru to abunaize, Yasuharu Hasebe, 1966), un film que acabó creando su propio culto.
Daisuke Hondo (Akira Kobayashi) es un fotógrafo de guerra que ha regresado brevemente a Tokyo, antes de salir de nuevo a informar sobre alguna otra guerra. Decide llevar a cenar a Yoriko Sawanouchi (Chieko Matsubara), una azafata que ha conocido en el vuelo hacia Tokyo. Esa misma noche, Yoriko es secuestrada por unos criminales y Daisuke corre a rescatarla. Será una noche llena de peligros y acción, en el centro la localización de un tesoro que varios persiguen. En esta noche peligrosa, Daisuke se cruzará con unas asesinas vestidas de negro al estilo go-go y que utilizan armas como discos de vinilo y peligrosos chicles.
Sobre el papel, Black Tight Killers parece una simple película de acción, como muchas que se produjeron entonces. Lo que hizo que se convirtiera en una película de culto fue el estilo con el que filmó la historia el director Yasuharu Hasebe, que convirtió el film en un delirio pop. Pop en el vestuario, pop en la fotografía y pop en el diseño. Llama la atención sobre todo el uso del color, muy extremo para la época, parecido al estilo utilizado más tarde por Hajime Satô en Goke, Body Snatcher from Hell (Kyuketsuki Gokemidoro, 1968). Por ejemplo, en las escenas de persecuciones en coche, se utilizan retroproyecciones, algo habitual entonces, para fingir que los coches van por carreteras a toda velocidad. Sin embargo, aquí estas retropoyecciones cambian de color sin ninguna razón aparente. Parece que, ya que se notaba el truco, el director decidió hacerlo visualmente interesante ya que no creíble.
Esta es la doctrina que domina la película: hacer cada escena lo más interesante visualmente posible, elevando así la historia. Y, claro, no podemos olvidar al grupo de go-gos asesinas que une la fascinación entonces por el reciente fenómeno de las chicas go-go, con la moda de los asesinos peculiares presentes en las películas del agente 007.
El argumento tiene más en común con El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) que con el argumento de una aventura Bond, pero se nota la influencia en la ejecución: los toques de humor, la acción, un reparto femenino atractivo... Pero Black Tight Killers tiene una gran personalidad propia. Más que una simple imitación, es una artefacto pop cinematográfico que muestra lo mejor de esta tendencia cinematográfica de los 60 del siglo XX.
No tengo ningún interés en las listas de películas. No creo que exista una mejor o peor película en tal o cual género, es algo demasiado subjetivo y siempre cambiante porque se están haciendo películas continuamente. Es por eso que siempre soy algo escéptico cuando se refieren a una película como la mejor en su género. Sin embargo, cuando oí que se describía a Mermaid Legend (Ningyo densetsu, Toshiharu Ikeda, 1984) en esos términos me llamó la atención, ya que desconocía completamente esta película. Y, tras haberla visto, no sé si es la mejor película de venganza que se ha hecho, pero, desde luego, está entre las mejores.
Keisuke (Jun Itô) y Migiwa Saeki (Mari Shirato) son un joven matrimonio que vive en un pueblo pesquero. Él es pescador y ella se dedica a la pesca submarina a pleno pulmón. Una noche, Keisuke es testigo de un asesinato. Lo intenta denunciar pero lo único que consigue es que se convierta él en el objetivo de los asesinos. Matan a Keisuke pero no logran eliminar a Migiwa que sobrevive al ataque, por lo que deciden colgarle el muerto. Obligada a huir, ya que la policía la cree responsable del asesinato de Keisuke, Migiwa dará rienda suelta a su furia en una sangrienta venganza.
Sobre el papel, Mermaid Legend no parece muy distinta de otras películas de argumento vengativo similar. Pero, como sucede a menudo, la clave está en la ejecución y los elementos únicos que el director le añadió al film. La película mezcla realismo dramático con misticismo y momentos poéticos, que resultan más llamativos junto a las escenas sangrientas. La estructura que se nos presenta es una primera mitad que es un thriller dramático en el que se desenvuelve la trama, rodada de un modo naturalista. La segunda mitad aprieta el acelerador en todos los aspectos, con grandes dosis de violencia a los que se añade un toque de misticismo. En este aspecto también contribuye la banda sonora de Toshiyuki Honda, que le da una capa onírica y lírica al film. Es una estructura que resultará familiar a los que hayan visto Audition (Ôdishon, Takashi Miike, 1999), un clásico moderno sobre el que Mermaid Legend parece haber influido. Otra película sobre la que me hizo pensar el film de Toshiharu Ikeda es el clásico de violación & venganza Ángel de venganza (Ms.45, Abel Ferrara, 1981). Principalmente por la forma en que muestra la espiral de locura por la que se desliza la protagonista, jugando con las simpatías del espectador. Aunque en el caso de Mermaid Legend, Migiwa cuenta con el apoyo de las fuerzas de la Naturaleza.
Es su aspecto místico lo que más me llamó la atención de la película, en especial por el contraste con el realismo y el naturalismo del inicio del film. Al principio de la película, hay una escena en la que Migiwa y Keisuke hablan sobre lo que harían si el otro muriera y él dice: "tú no morirás, puede que mueras pero no morirás nunca". Un diálogo que parece simplemente romántico, pero que adquiere otro significado cuando vemos a Migiwa sobrevivir de manera repetida situaciones de las que otros no saldrían con vida. Parece que Migiwa se transforma en pura furia, lo que le permite comunicarse con fuerzas elementales.La manera en que el director maneja estos elementos hace evidente porque se le ofreció dirigir Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, 1991), ya que ambas ofrecen una mezcla parecida de realismo y momentos místicos/sobrenaturales.
Mermaid Legend no era conocida fuera de Japón, donde se había convertido en una auténtica película de culto, pero gracias a distintas ediciones en Blu-ray ha sido ya reconocida en Occidente como el título único que es. Un film que ofrece mucho más de lo que parece a primera vista.
La venganza ha sido un argumento que ha dado origen a multitud de clásicos dentro del western, tanto en el americano como en el italiano. Aquí tenemos uno de los ejemplos más notables, De hombre a hombre (Da uomo a uomo, Giulio Petroni, 1967). Es un clásico, una de las muchas películas que inspiró el Kill Bill (2003) de Quentin Tarantino y que cuenta con una gran banda sonora de Ennio Morricone, que no ha perdido un ápice de fuerza ni su crueldad ha quedado suavizada por el tiempo.
El pequeño Bill (Walter Giulangeli) es testigo de cómo un grupo de forajidos asesina a su padre, seguido de la violación y ejecución de su madre y de su hermana. Los forajidos queman la casa, pero Bill sobrevive. Quince años más tarde, Bill (John Phillip Law), ya adulto, se ha convertido en un experto tirador, después de años preparándose para vengarse de los salvajes que acabaron con su familia. Paralelamente, Ryan (Lee Van Cleef) sale de la cárcel tras cumplir su condena. Ryan sale con una sola idea: vengarse de los hombres que le traicionaron y provocaron que acabara en prisión. Quiere el destino que los hombres de los que se quieren vengar Bill y Ryan sean los mismos, lo que provoque que ambos se enfrenten para poder ser los primeros en acabar con los criminales. Pero estos no tienen intención de ser presa de ninguno de los dos. Es una situación que, ya os podréis imaginar, provoca que se sucedan muchas, muchas muertes hasta el enfrentamiento final.
De hombre a hombre, cuyo título americano es mucho más evocador y acertado: Death Rides a Horse, fue dirigida por Giulio Petroni. Un director que se tomaba muy en serio su trabajo y no encaró el proyecto como una simple película de acción para ganar unas cuantas liras. Es por eso que, visualmente, la película está muy cuidada, con planos interesantes y unas secuencias de acción muy bien diseñadas. Pero lo que le da el toque épico a esta película es el guion de Luciano Vincenzoni. Vincenzoni fue guionista de Sergio Leone, para el que escribió La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966). Lo que explica que las tres tengan estructuras similares, similares formas de enfocar la narrativa y contengan referencias a los westerns clásicos americanos.
Cada enfrentamiento con cada uno de los forajidos es diverso y más o menos complejo dependiendo del personaje. Por ejemplo, el primero lleva al clásico duelo a tiros, mientras que con el segundo, al que da vida el veterano del cine de género Luigi Pistilli, se ha convertido con el tiempo en un político. Así que se introduce unos toques de sátira política y humor negro en esta sección. Estos cambios, sumado a los enfrentamientos entre los personajes de Lee Van Cleef y John Phillip Law hacen que las casi dos horas de duración se pasen bastante rápido. Y aún es ligera si pensamos en las tres horas de El bueno, el feo y el malo (tres horas de obra maestra, soberbias, pero tres horas).
Cuando se llega a la parte final, el conocedor del género reconocerá inmediatamente hacia dónde se dirige el film, lo que puede provocar dos reacciones: o placer anticipado por imaginar lo que va a pasar, o perderá interés si ya no está enganchado a la historia. Espero que a la mayoría le suceda lo primero, que es lo que me pasó a mí. Law y Van Cleef se doblan a sí mismos en el audio inglés, haciendo fácil disfrutar con el enfrentamiento entre ambos, en particular con la habilidad casi sobrenatural del personaje de Van Cleef para eliminar enemigos. Así que cuando se entra en el tramo final para mí fue la guinda del pastel.
El film es sorprendentemente violento y cruel para la época en la que se rodó, lo que se podría decir que lo ha mantenido actual. Un motivo más que ha contribuido a convertir este título en un clásico del género.
La gran Meiko Kaji dejó tal impronta en el personaje de la Prisionera Escorpión, que se hace imposible ver a otra actriz encarnando el papel. Y no fue porque no lo intentaran, con distintos reboots y hasta una serie de televisión. Pero ninguno de los proyectos realizados después de las cuatro películas protagonizadas por Kaji tuvo el impacto de la saga original. Sin embargo, tal vez porque contaba con Fumio Kônami que fue el guionista de la saga original, Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, Toshiharu Ikeda, 1991) resulta una interesante y entretenida adición a la franquicia.
Una joven asesina a sueldo, Nami Matsushima (Natsuki Okamoto), recibe el encargo de infiltrarse en una prisión para matar a Nami Matsukawa, la prisionera escorpión, tras décadas encerrada en una mazmorra. Pero una vez allí, la asesina descubre que las cosas no son como parecen, es traicionada y abandonada. Tras sufrir distintas torturas e intentos de asesinato, una nueva prisionera Escorpión se alzará para llevar a cabo una sangrienta venganza.
Es lo que esta franquicia necesitaba, el director de Tokyo Snuff (Shiryô no wana, 1988) dándole su particular visión al guion de Fumio Kônami. Toshiharu Ikeda encaja con el material a la perfección, mezclando momentos brutales y sangrientos con otros espirituales y casi poéticos. También expone sin tapujos el mensaje revolucionario, feminista y contra el patriarcado del film. Cuando una de las escenas nos presenta a la protagonista crucificada con la bandera de Japón de fondo, te das cuenta de que hay algo más que simple exploitation, sin mencionar a los políticos que quieren matar a la prisionera Escorpión por el temor de que sea un ejemplo las mujeres. Y si hubiera sido solo una cinta exploitation violenta y sangrienta bien hecha, también habría tenido su mérito, pero es mucho más profunda de lo que parece a primera vista. Esto hace que su visionado resulte en una experiencia más rica.
La película hace algo que hoy es bastante habitual y entonces era inédito, es una secuela de la saga protagonizada por Meiko Kaji y al mismo tiempo un reboot que empieza de nuevo. Para ello, la Escorpión original le pasa el testimonio de la venganza a la nueva Escorpión, que también ha sido forjada en el fuego de la venganza. Natsuki Okamoto no tiene el carisma de Meiko Kaji, su mirada asesina no tenía rival, pero hace un buen trabajo encarnando a esta nueva Escorpión que se deshace de sus enemigos con brutal efectividad.
Vista hoy día, el mensaje revolucionario de la película es más necesario que nunca viendo el panorama que nos rodea. Además, ofrece todos los elementos del cine exploitation que un fan podría desear, una buena adición si después de ver la saga protagonizada por Kaji os quedan ganas de más.
Cuando escribí mi artículo sobre las "herederas" de Nikita, dura de matar (Nikita, Luc Besson, 1990), la verdad es que desconocía la existencia de XX: Beautiful Hunter (Utsukushiki Hantaa, Masaru Konuma, 1994) o también la habría incluido. Aunque es un film con personalidad propia que lleva la historia como solo un cineasta japonés podría hacer.
Shino (Makiko Kuno) es una despiadada asesina que trabaja bajo las órdenes de una secta cristiana. En su última misión deja a un superviviente, el reportero Itô (Johnny Ôkura). Shino recibe órdenes de acabar con él, pero empieza una relación con él que le empieza a despertar emociones humanas. A la secta esto no le hace gracia, así que decide acabar con ambos. Ahora Shino debe acabar con los mismos que la entrenaron desde niña para matar.
XX era una linea de películas estrenadas directamente en vídeo de la Toei, películas de acción protagonizadas por mujeres en las que se aumentaba el contenido erótico. Esto explica que en este film se incluya una larga escena de tortura a la protagonista, una escena de erotismo BDSM, que era, por otro lado, algo en lo que se había especializado su director. Dejando de lado esta escena, la película nos presenta una historia a primera vista familiar pero llena de detalles sorprendentes. Para empezar, la secta cristiana de asesinos, guerreros de Dios, que son los villanos que han lavado el cerebro a la protagonista desde niña para convertirla en una infalible asesina. Poco se explica de esta secta en la película, aparte de su fanatismo religioso, sobre si sus motivaciones son políticas o económicas. Tampoco es que importe mucho. Lo interesante de la historia es el viaje de Shino de fría asesina a mujer con emociones.
Como un robot que aprende lo que es ser humano, la transformación de Shino le da peso emocional a la historia, para que no sea una cinta de acción más. La historia de amor entre Shino e Itô no es que sea muy romántica, pero sí atípica, divertida y justifica las acciones de la protagonista. El romance también es importante ya que se maneja de una forma inesperada para el espectador occidental.
Beautiful Hunter no está a la altura de películas como The Villainess (Ak-Nyeo, Byung-gil Yung, 2017), pero tiene suficiente acción, erotismo y momentos bizarros para mantener al espectador de mente abierta entretenido. Aviso: el tráiler oficial no contiene ninguna escena que aparezca en la película.
El dibujante de manga Kazuhiro Kiuchi decidió dar el salto como director adaptando su propio manga. Las producciones realizadas directamente para el mercado del vídeo estaban más abiertas a la experimentación. Así, un director novel, que provenía de un entorno no cinematográfico, podía debutar con cierta facilidad a principios de los 90 del siglo XX. El resultado fue Carlos (Karurosu, 1991), un atípico film yakuza.
Carlos (Naoto Takenaka) debe huir de Brasil tras una sangrienta guerra de bandas. Una vez en Japón, empieza a abrirse camino en el mundo criminal. Una de las razones por las que debió huir de su país de origen es su explosivo carácter que le llevó a matar a ocho policías; este carácter provoca también que acabe matando a un par de yakuzas que le deben dinero. Este crimen podrá en marcha una serie de eventos que harán que, de nuevo, Carlos se vea en el centro de una guerra de bandas.
Para cuando llegamos a la década de los 90, el género del cine yakuza, como el de los gánsteres occidentales, estaba muy establecido y cargado de tópicos. Kiuchi era muy consciente de esto, así que eso le llevó a adoptar una perspectiva distinta de la habitual, centrada en los criminales que no eran yakuzas y se movían en el exterior de los círculos de los clanes criminales. Lo hace con un personaje que es visto como un extranjero a pesar de su ascendencia japonesa, ya que Brasil tiene una de las mayores poblaciones de origen japonés del mundo. Así, entre tiroteo y tiroteo, también se tocan temas sociales, como el racismo. Es el racismo de los yakuza el que hace que subestimen a Carlos y no sean conscientes de lo mortal y peligrosamente eficiente que es. Al mismo tiempo, no olvida sus raíces en el manga y presenta un mundo realista pero que tiene poco que ver con la realidad.
Carlos es un film atípico también en la forma en que presenta la violencia, centrándose mucho en las consecuencias de los tiroteos y distintas masacres que se cometen a lo largo del film. Esto entronca con la "desglamurización" de los yakuza y su mundo, en un momento en que el mundo tradicional de estos criminales se encontraba con una nueva generación a la que poco le importaban las tradiciones.
De este modo, esta es una película que resultará atractiva para los que conozcan el género y quieran ver un enfoque distinto del habitual, como para los que no lo conozcan y la disfruten simplemente como un thriller de acción diferente al resto.
Cuando pensamos en películas en las que un psicópata persigue a sus víctimas en coche, tendemos a situarlas en grandes parajes desérticos y carreteras vacías. Ya que, desde el estreno de El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971), la mayoría seguía la polvorienta estela dejada por el clásico de Steven Spielberg. Pero desde Japón nos llegó una entrada en este subgénero que transcurre en una ciudad, Stranger (Yoru no sutorenjā kyōfu, Shunichi Nagasaki, 1991) presenta su historia en un inédito entorno urbano.
Tras pasar un tiempo en la cárcel como cómplice de un desfalco, Kiriko Kawamura (Yūko Natori) trabaja como taxista para pagar sus deudas. Kiriko hace el turno de noche, por elección propia, donde se cruza con todo tipo de extraños personajes, pero el más extraño es el misterioso acosador que la sigue por las noches en un Land Rover negro. Está claro que este extraño quiere matarla, pero ¿podrá sobrevivir Kiriko la noche y descubrir quién es el acosador?
Realizada para el entonces potente mercado japonés del directo a vídeo, el director Shunichi Nagasaki aprovechó el novedoso formato para romper con las normas más habituales del género. La película se inspira obviamente en el clásico de Spielberg, como todas las que lo siguieron, pero también coge elementos de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). No porque su protagonista sea una psicópata, que no lo es, sino por la manera en que mezcla elementos dramáticos con los del cine de género. Lo que diferencia el film de Nagasaki es que es un drama que se centra sobre cómo Kiriko enfrenta su nueva vida y vive con las consecuencias de su pasado, intentando entender cómo ha terminado así. Y lo hace mientras es acosada por un psicópata, que en un principio ella piensa que está relacionado con su pasado.
Para que esta mezcla funcione se necesita a un actor/actriz potente que mantenga el interés del espectador. Yūko Natori es ese tipo de actriz, ofreciendo una gran interpretación, creando un personaje complejo y dañado. El director Nagasaki se encarga del suspense, creando tensas secuencias a pesar del bajo presupuesto, habitual en este tipo de producciones menores.
Stranger supera las expectativas de lo que uno se espera de una producción de bajo presupuesto pensada para ser estrenada directamente en vídeo. Ofrece un drama complejo y un tenso thriller en un único e inolvidable viaje por las noches de Tokyo.
Resulta algo irónico que las películas italianas de género siguieran intentando pasar por americanas, cuando el acceso de películas extranjeras en ese mercado se estaba cerrando. No solo el americano, entrando en los 90 del siglo XX, exportar películas se iba haciendo más complicado cuando solo unos años antes fluían con mucha más libertad gracias a las coproducciones. Es una lástima, ya que estos cambios trajeron consigo que una película de terror como Witch Story (Pesadilla) (Streghe (Witch Story), Alessandro Capone, 1989) quedara relegada a las estanterías de los videoclubes de barrio, a la espera de encontrar el público adecuado, bajo una diversidad de títulos. En Estados Unidos se llegó a promocionar como si fuera la secuela de Superstición (Superstition, James W. Roberson, 1982), título con el que no tenía ninguna relación. Repito, una lástima porque Witch Story es una entretenida cinta de terror ideal para los fans del género.
Ed (Gary Kerr) y Maria Hayes (Elise Hirby) son hermanos que han perdido a sus padres en un accidente. Tras la desgracia, reciben en herencia una casa en un pequeño pueblo en el sur de Florida. Junto a un grupo de amigos, deciden visitarla, una manera distinta de pasar las vacaciones. Una vez allí son recibidos por su prima Susan (Amy Adams), que parece saber algunas cosas sobre la casa que le hacen actuar de forma extraña. Pronto, sucesos paranormales empiezan a ocurrir, afectando a los habitantes de la casa, que no son conscientes de ser víctimas de la venganza de una bruja ejecutada allí hace cincuenta años.
Muchas películas de género italianas de la época intentaban aprovechar el éxito de películas americanas, imitándolas o copiando escenas, para vender entradas. Sin embargo, lo que hace interesante esta película es que no estamos ante un cínico director intentando aprovechar éxitos ajenos, Alessandro Capone es un auténtico fan del cine de terror que se encontraba entonces dirigiendo su primera película. De modo que, como era habitual en directores primerizos de género, llena la película de homenajes a los directores que admiraba. Hay referencias a John Carpenter, a Wes Craven, a Lucio Fulci y, en especial, a Mario Bava. De hecho, la secuencia que abre la película parece un cruce entre el inicio de La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960) de Bava y El Más Allá (...E tu vivrai nel terrore! L'aldilà aka The Beyond, 1981) de Fulci.
Aunque a veces la mezcla de tramas y referencias puede hacer que el argumento se pierda un poco. Por ejemplo se insinúa que el accidente en el que mueren los padres de Ed y Maria puede que no sea un accidente y esté relacionado con lo que sucede, pero luego no se alude más a esta posibilidad. Es parte casa encantada, es parte posesiones diabólicas, es parte venganza sobrenatural... Un cóctel que tal vez mezcla demasiados elementos. Pero también tiene su parte positiva, dándole a la película una personalidad propia con escenas memorables (como esa aparición por sorpresa con sierra mecánica en mano).
Con la excepción de Ian Bannen, veterano actor de carácter, el reparto lo componen jóvenes que, la mayoría, seguía estudiando. Pero no hacen un mal trabajo, cumplen con su cometido y poco más pero no son tan malos que te sacan de la película. Además, las auténticas estrellas son los efectos especiales y de maquillaje para dar vida a la venganza de ultratumba. Y tal vez porque era su primera película como director, tras un tiempo viendo como sus guiones no eran rodados a su gusto, Capone dirige de forma dinámica la acción. Esto se nota principalmente cuando empieza el festival de muertes.
Witch Story tiene el atractivo añadido hoy día de haberse convertido en una cápsula temporal. Es muy ochentera, lo que le añade atractivo a la presentación de las escenas terroríficas. En definitiva, no es un gran clásico ni mucho menos, pero es una entretenida y sólida película de terror que es posible que se acabe viendo más veces que alguna obra maestra. No quiere nada más que entretenerte a base de sustos y muertes creativas y lo consigue.
El blues es un estilo musical donde la maestría está, no tanto en los acordes, como en la habilidad para mezclar un número de acordes limitado. Hay películas que funcionan de la misma manera, su interés radica en cómo maneja un argumento conocido más que en el argumento en sí. Un perfecto ejemplo de ello es Pánico (Bakterion, Tonino Ricci, 1982).
Un accidente en un laboratorio ha convertido a un importante científico en un mutante sediento de sangre. Su ayudante, la doctora Jane Blake (Janet Agren), trata de encontrar un antídoto no solo para la condición mutante del doctor, también para la enfermedad contagiosa que lleva consigo. El capitán Kirk (David Warbeck), sin relación con el Enterprise, debe dar caza al mutante y detenerlo antes de que la ciudad sea arrasada a bombazos, ya que las autoridades creen es la mejor manera de lidiar con el asunto.
Bakterion se beneficia de un reparto que estaba habituado al cine de terror y serie B, prácticamente de culto. Los protagonistas, David Warbeck y Janet Agren, se encontraban en un momento álgido de sus carreras, justo antes de que los cambios en el mercado en Italia cambiara por completo y empezara la decadencia en todos los niveles contaminando también sus respectivas carreras. También en el reparto nos encontramos a José Lifante, nombre clave en el fantaterror español, que había aparecido ya en un puñado de clásicos del género. Todos ellos cumplen con sus respectivos papeles con su habitual eficacia, pretendiendo ser ingleses en esta Inglaterra creada en localizaciones españolas, algo peculiar ya que era más habitual ambientar este tipo de películas en Estados Unidos. O debería decir "Estados Unidos" más bien.
Pero, ¿de qué tipo de película estamos hablando? Bueno, supongo que no necesita mucha aclaración para el aficionado: un experimento con resultados mutantes/monstruosos se escapa de un laboratorio y debe ser detenido antes de que cause una catástrofe. Uno de los primeros y mejores ejemplos de este tipo de historia se trata del clásico El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955). Desde entonces, la trama se ha ido reciclando llegando casi hasta nuestro días, con notables ejemplos ochenteros como Mutant (John "Bud" Cardos, Mark Rosman, 1984). Hasta Chuck Norris protagonizó una de estas historias en Furia silenciosa (Silent Rage, Michael Miller, 1982). Bakterion adopta un tono y estilo que ya entonces eran "vieja escuela". Aunque hay algunos desnudos gratuitos y escenas sangrientas, entonces casi exigidos en la serie B de la época, el director Tonino Ricci le imprime un aire casi nostálgico a la película. Tiene más en común con títulos de los 50 y 60 del siglo XX que con títulos contemporáneos.
Esta manera de hacer a la vieja usanza es lo que hace la película atractiva para mí. Siempre me han gustado las monster movies de los 50/60, ya se trate de monstruos gigantes aplanando ciudades o experimentos científicos huyendo por las calles y dejando un rastro de urbanitas estropeados. Contribuye también al placer que obtengo de la película que los efectos especiales están muy bien hechos, teniendo en cuenta época y presupuesto, e incluso se le añade un toque trágico a la criatura.
En definitiva, disfrutaréis de Bakterion dependiendo de cuánto os gusten este tipo de películas de experimento a la fuga. Para mí, resulta una entretenida caza al mutante con un reparto de culto.
Massacre (1989) es una película de Andrea Bianchi. Y ya está, qué más se necesita saber cuando es Andrea Bianchi el director. Oh, ¿necesitáis más? Bueno, aquí tenéis.
Durante el rodaje de una película de terror, el director Frank (Maurice Poli) decide celebrar una sesión de espiritismo para darle realismo a su película, algo perfectamente lógico. La médium Madam Yurich (Anna Maria Placido) no atrae a su benévolo espíritu guía sino a un espíritu malvado que responde al nombre de Jack, tal vez sea el espíritu de Jack, el destripador. Este espíritu posee a uno de los asistentes, lo que hace que se dedique a matar a los miembros del rodaje. El inspector Walter (Gino Concari), casualmente el amante de la actriz protagonista Jennifer (Patrizia Falcone), investiga los asesinatos, que coinciden con los asesinatos de otro maníaco que anda suelto por la ciudad.
Es posible que, si veis Massacre, algunas escenas os resulten familiares, ya que las escenas gore y algún momento erótico fueron reutilizadas para la película de Lucio Fulci A Cat in the Brain (Un gatto nel cervello, 1990). Fulci tenía acceso a las imágenes y pensó en reutilizarlas ya que Massacre formaba parte de una serie de películas de terror estrenadas directamente en vídeo, dos de ellas dirigidas por Fulci, unidas por el estandarte Lucio Fulci presents. La idea nació como algo parecido al Masters of Horror de Mick Garris, pensando utilizar directores con cierto peso dentro del género como Lamberto Bava, pero a medida que se fue reduciendo el presupuesto, el objetivo pasó a usar directores menos prestigiosos o que filmaban su primera película, excepto las dos dirigidas por Fulci y una dirigida por Umberto Lenzi. Esto explica el look televisivo de la película de Bianchi, cada película se rodó como si fuera el episodio de una serie.
Bianchi estaba acostumbrado a trabajar con presupuestos bajos, de modo que incluso con los limitados medios a su disposición consigue escenas y momentos logrados. Aunque no tan extravagante como sus películas más notables, Massacre ofrece la mezcla de momentos absurdos, brillantes e incompetentes que le dan a sus filmes ese toque peculiar y únicos que otros directores mediocres no saben otorgar a sus películas. Es decir, cuando utiliza una doble de cuerpo para una escena de sexo en la ducha, usa una actriz con el pelo distinto al de la actriz que dobla, lo cual te puede hacer gracia como muestra de simple incompetencia. Por otro lado, escenas como la de la sesión de espiritismo te hace pensar que Bianchi se lo está tomando todo a cachondeo. Y a esto se suma las escenas de asesinatos y acoso que funcionan en todos los niveles. No nos olvidemos tampoco de los momentos simplemente bizarros, que también encontramos en Massacre.
Lo peor que se puede decir de una película es que es aburrida, que no deja ninguna impronta en el espectador ya que solo despierta indiferencia. No sucede con Massacre, una película que puede que no esté a la altura de otras locuras del director, como su obra maestra La noche del terror (Le notti del terrore, Andrea Bianchi, 1981), pero que te mantiene entretenido, a ratos fascinado, de principio a fin.