Después de tantos años devorando películas, es un placer inmenso cuando te encuentras una película que te sorprende porque no tienes ni idea de lo que va suceder en la historia. Y además lo hace mezclando comedia y unas cotas de depravación increíbles en una película estrenada comercialmente. Más raro aún cuando su secuela mantiene el nivel de locura. Pero esto es lo que hace única Crazy Lips (Hakkyousuru kuchibiru, Hirohisa Sasaki, 2000).
Satomi Kurahashi (Hitomi Miwa) acude a la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) con la esperanza de que pueda demostrar la inocencia de su hermano Michio (Kazuma Suzuki) en unos asesinatos en serie. Pero la ayuda que ofrece Mamiya trae consigo un precio demasiado grande para lo que Satomi estaba dispuesta a pagar, y no hablamos de dinero. Este es el punto de partida de Crazy Lips, parece bastante normal, ¿no? Pero que no os engañen las apariencias.
Para entender cómo Crazy Lips se convirtió en el delirio en que se acabó convirtiendo, hemos de volver en el tiempo a finales de los 90 del siglo XX. The Ring (El círculo) (The Ring, Hideo Nakata, 1998) se acababa de estrenar con enorme éxito, convirtiéndose en el pistoletazo de salida de la oleada de lo que luego se conoció como J-Horror, que dominaría el género durante los primeros años del siglo XXI. Hiroshi Takahashi, guionista de The Ring y su secuela así como de otros títulos del género, tenía ganas de hacer algo completamente distinto de lo que estaba escribiendo entonces. El director Hirohisa Sasaki, que también había trabajado en el género cuando empezaba a desarrollarse en vídeo, también tenía ganas de hacer algo distinto a lo que dominaba las pantallas entonces. Ambos coincidieron en que querían algo que fuera terror, pero más sangriento y extremo de lo que se estrenaba entonces, sumándole generosas dosis de erotismo cruel y sádico al estilo del experto en el género Teruo Ishii, director de Inferno of Torture (Tokugawa irezumi-shi: Seme jigoku, 1969), acción al estilo Hong Kong y, por si fuera poco, comedia.
Parece un cóctel imposible, pero Crazy Lips mezcla todos estos elementos con gran y peculiar éxito. El film arranca como si fuera una película de J-Horror relativamente normal. Y digo "relativamente", porque no tardan en asomar toques de comedia que indican que lo que vamos a ver dista mucho de ser "normal". A partir de entra en acción la médium, la película irá progresivamente siendo más absurda y perversa. Con la introducción de dos agentes del FBI, Lucy (Tomomi Kuribayashi) y Narimoto (Hiroshi Abe), la película entra en una espiral de demencia que abre la puerta al terror cósmico y hasta el musical. Entre medio, la película nos ofrece la escena de asalto sexual más depravada y cruel que he visto jamás, que iba precedida de la que hasta ese momento ya pensaba que era la escena de asalto sexual más depravada y cruel que había visto jamás. Pero es una escena que se hace soportable porque va seguida de una escena que me hizo reír a carcajadas. Ésa es la virtud de esta película, te lleva de un extremo al otro en un viaje completamente impredecible.
El estilo de humor absurdo y las escenas más perversas serán difíciles de aceptar, en particular por los espectadores más sensibles. Pero creo que por la oportunidad de ver los 85 minutos más demenciales que veréis jamar vale la pena poner en riesgo vuestra cordura.
En Japón, Crazy Lips fue un sorprendente éxito que hizo que Hirohisa Sasaki y Hiroshi Takahashi unieran fuerzas de nuevo para crear una igualmente demencial secuela: Gore from Outer Space (Chi wo sû uchû, 2001).
Satomi (Aimi Nakamura) acude a la policía para denunciar el secuestro de su hija. Cuando la policía se presenta en el apartamento, Kiyohiko (Sadao Abe) les dice que ellos no tienen hijos. Y la cosa se complica cuando, de repente, la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) hace de presencia y les dice que la hija sí existe. Satomi inicia así un viaje por el lado más demencial de la vida.
Después de haber tratado con fantasmas y el terror sobrenatural entonces de moda, Sasaki y Takahashi decidieron que la secuela iba a tratar sobre extraterrestres e invasiones alienígenas. Se inspiraron en leyendas urbanas y "hechos reales" acaecidos alrededor del mundo, inspirándose en particular en el libro Las profecías del Mothman de John A. Keel. A pesar de todo este "realismo", la película es tan rara como su predecesora. También me pareció más divertida, porque se hace un mayor énfasis en el humor. La comedia se enfatizó también porque se eliminaron los elementos más controvertidos de la primera, es decir las escenas de sexo cruel y perverso. La película también incluye algún toque de terror J-Horror que no estaría fuera de lugar en un título del género hecho en serio.
Pero que se suavizara la perversidad no hizo que se suavizara la locura. De nuevo, la película convierte lo que podría ser la típica historia de invasión alienígena en 85 minutos demenciales, que incluso dejarían perplejo a David Lynch. Este surrealismo cómico convierte lo tópico en sorprendente y permite también el regreso de personajes de la primera entrega. Algo a celebrar porque Tomomi Kuribayashi, como la agente Lucy, es una de las que más me hizo reír en la primera entrega y aquí no decepciona con su parodia de un típico agente del FBI americano.
De nuevo, aunque más suave en algunos aspectos que su predecesora, las rarezas y absurdidades de Gore from Outer Space hacen que no sea una película para todo el mundo. Pero si el cine extraño y peculiar es vuestra droga, una buena dosis de Gore from Outer Space es lo que os hace falta.
Ya hemos tratado con anterioridad las películas vampíricas de León Klimovsky La orgía nocturna de los vampiros (1973) y El extraño amor de los vampiros (1975). La saga de los Drácula (1973) es el film de vampiros que rodó entre estas dos y viendo las tres en conjunto forman una especie de trilogía, no narrativa sino de intenciones. Las películas que rodó Klimovsky para Paul Naschy en las que se incluían vampiros, como La noche de Walpurgis (1971), muestran la visión que tenía Naschy de los vampiros. Esta era una visión clásica, inspirada en la Universal y la literatura clásica. Pero las películas de vampiros que filmó el director sans Paul Naschy resultan mucho más iconoclastas y modernas. Se juega más con los mitos y tópicos de las historias de vampiros, un factor importante para explicar que hayan envejecido tan bien.
Las intenciones de jugar con los tópicos vampíricos queda claro ya solo con ver el argumento de La saga de los Drácula. Berta (Tina Sáinz) es una joven, embarazada de pocos meses, que viaja al hogar ancestral de su familia junto a su marido Hans (Tony Isbert). Una vez llegue allí, espera reunirse de nuevo con su abuelo el conde Drácula (Narciso Ibáñez Menta) y sus primas Irina (Cristina Suriani) y Xenia (María Kosty). Pero la llegada no resulta fácil, ya que en el pueblo por el que pasan aparecen mujeres asesinadas a las que les han chupado la sangre. Cuando Berta y Hans lleguen al castillo Drácula y conozcan a la nueva esposa del conde, Munia (Helga Liné), el horror no se detendrá. Berta verá impotente como su sueño se convierte en pesadilla.
El guion de Emilio Martínez Lázaro y Juan Tébar, firmado como Lazarus Kaplan, se inicia como lo que podría ser una clásica historia de terror gótico. Bosques oscuros, pueblerinos asustados por las supersticiones del lugar que se niegan a ir a ciertos lugares de noche, figuras encapuchadas acechando bellas víctimas... Todo elementos familiares. Pero, luego la película da un giro. Y si El extraño amor de los vampiros mostraba influencias de El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, Roman Polanski, 1967), aquí se ve cierta influencia de otro clásico de Roman Polanski: La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Así, a pesar de su inicio clásico, la película lleva al espectador por territorios inesperados, en algunos casos muy inesperados. Lo hace con ciertas dosis de humor negro y varias escenas memorables.
Uno de los temas de la película es la crítica a las clases privilegiadas. La familia Drácula se presenta como decadente y altiva. Narciso Ibáñez Menta está fantástico como Drácula, transmitiendo estas ideas de decadencia burguesa con un aspecto cercano al descrito por Bram Stoker al inicio de Drácula. Un aspecto que recuerda al de Christopher Lee en la pésima (para mí) El conde Drácula (Nachts, wenn Dracula erwacht, Jesús Franco, 1970). Comparando ambas interpretaciones queda claro que Ibáñez Menta puede que sea el segundo mejor Drácula del cine. Volviendo al tema de la película, esta película utiliza al vampiro como alegoría no de una enfermedad sexual, sino de las teorías nazis y franquistas, en particular la insistencia en la sangre pura, a pesar de que sea un concepto totalmente absurdo. Resulta algo natural teniendo en cuenta que esta película se produjo cuando el franquismo todavía se mantenía en el poder.
Además de un guion interesante con alguna sorpresa, el film se beneficia de un sólido reparto. Por supuesto, el ya mencionado Narciso Ibáñez Menta es el más destacado, así como Tina Sáinz hace una gran trabajo con la atormentada protagonista. El resto del reparto son rostro familiares en las producciones Profilmes, la Hammer española, y el fantaterror: la fabulosa Helga Liné, María Kosty, Betsabé Ruiz, Luis Ciges... Todos al servicio de un interesante film que se sirve de los tópicos para darles luego la vuelta. Un clásico para los amantes del fantaterror.
Creo que nos ha pasado a todos. Hay veces que nos cruzamos con películas que parece que quieren evitarnos. Como si el destino nos quisiera impedir que las viésemos. Esto me pasó con La disparatada parada de los monstruos (Freaked, Alex Winter, Tom Stern, 1993), que durante mucho tiempo parecía esquivarme. Supe de ella en las páginas de Fangoria, cuando la editó en España Ediciones Zinco y leía sobre películas que era demasiado joven para ver (lo que no me detuvo nunca ni le importó a los dependientes del videoclub). Pero no la vi en cines ni me la encontré en ningún videoclub. Luego se editó en DVD pero se agotó en nada. Tras tanto tiempo, me parecía que descargarla era hacer trampa, quería verla bien. Luego, la encontré en Prime pero solo estaba doblada no en versión original, de nuevo me negué a verla si no podía verla bien. Finalmente, 33 años después de que se estrenara, llegó a mis manos en una lujosa edición en 4k de 4 discos. La compré sin haber visto siquiera un trailer y no se me ocurrió hasta justo antes de ponerla en el reproductor "¿y si resulta que es una mierda?"
Ricky Coogan (Alex Winter), una vanidosa estrella de Hollywood, su mejor amigo Ernie (Michael Stoyanov) y Julie (Megan Ward), una activista, acaban convertidos en monstruos debido a los dementes experimentos de Elijah C. Skuggs (Randy Quaid). Junto al resto de monstruos víctimas de Skuggs, Ricky, Ernie y Julie intentarán escapar de las garras de Skruggs.
Desde que la película arrancó supe que estaba hecha para mí. Freaked es una comedia bizarra, delirante, surrealista y absurda que utiliza un tipo de humor que me encanta. Pensad Monty Python + los cómics EC + punk y el resultado será parecido al tipo de comedia que es Freaked. Esto también hace fácil de entender porqué la película se convirtió en una cinta de culto, incluso si no hubiera sufrido lo que sufrió durante su estreno. Alex Winter y Tom Stern empezaron vendiendo la idea de una película de terror cómica protagonizada por el grupo Butthole Surfers, aprovechando la fama que Winter había adquirido como coprotagonista de Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989). Obviamente, la idea no interesó a ningún estudio pero sí hacer una comedia con Winter como protagonista. Así que, con la ayuda del guionista Tim Burns, Winter y Stern convirtieron el guion en algo más cómico, en sintonía con la serie que entonces estaban realizando con gran éxito en la MTV The Idiot Box. Finalmente, la película entró en producción en Fox, cuyo jefe de estudio entonces, Joe Roth, estaba acostumbrado a dar luz verde a películas que no eran las típicas producciones de Hollywood comoEl almuerzo desnudo (Naked Lunch, David Cronenberg, 1991).
A pesar del complicado rodaje, debido a los complejos efectos de maquillaje utilizados para dar vida a los monstruos, todo parecía avanzar a buen ritmo. Los problemas para la película empezaron durante la posproducción, cuando se produjo un cambio de régimen en la Fox. La nueva directiva no sabía qué hacer con la película y decidieron enterrarla. Eso quería decir estrenarla en unos pocos cines para cumplir contrato y no gastar en publicidad. Freaked fue, obviamente, fracaso.
Pero, al igual que muchas de las películas de este blog, la película empezó a convertirse en un título de culto cuando se editó en video. No solo por su estilo de comedia, también por la cantidad de talento en el reparto, muchos amigos de Winter como un no acreditado Keanu Reeves como un hombre perro revolucionario. Y otro motivo por el que se convirtió en cinta de culto es por su diseño de producción, logrando un aspecto visual increíble y memorable.
Por supuesto, los más memorable de la película es el trabajo de maquillaje y efectos especiales. Para dar vida a las criaturas de Freaked se reunieron los talentos de las compañías de Screaming Mad George, Tony Gardner y Steve Johnson. Y, para darle un aspecto más único, los Chiodo Brothers le añadieron efectos de animación stop motion. Los animatrónicos, los maquillajes, la animación... La película es un auténtico festival para los sentidos en este aspecto, en especial comparada con lo que se hace hoy día. Aunque he de decir que mi freak favorito es, posiblemente, el más sencillo: Sock Head, al que da voz Bobcat Goldthwait, que como su nombre indica es una persona con una cabeza que es una marioneta de calcetín. Los ojos rastafaris con ametralladoras también son un punto álgido.
Con su estilo punk y Looney Tunes para mí fue un placer de principio a fin. Me hizo reír a carcajadas y me maravillaron los diseños de algunas de las criaturas que aparecen. Como ya he dicho, es de esas películas que parece que han hecho especialmente para que uno las disfrute. La recomiendo a todo el mundo que no la conozca o que el destino haya intentado que no vea.
A veces pasa que ves una película que te encanta y te quedan ganas de ver más películas del mismo director. Así, disfruté tanto con Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) que me quedaron ganas de recuperar otro clásico de Ringo Lam. En este caso Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei, Ringo Lam, 1992).
Gao Fei (Chow Yun-Fat) quiere ayudar a su amigo y compañero Sam Sei (Anthony Wong), que debe dinero a Kau (Victor Hon), un poderoso usurero con contactos mafiosos. Gao acaba enfrentándose a Kau y sus secuaces, lo que hace que deba planear huir del país. Necesitado de dinero para la huida, acepta la idea de Sam de trabajar junto a la banda de Judge (Simon Yam) en un golpe. Cuando llega el momento, Gao es traicionado y dejado por muerto. Judge y su banda creen que se han salido con la suya, pero no cuentan con la sangrienta venganza que Gao planea.
Parece increíble que títulos clásicos del género considerados hoy día obras maestras, como Hard Boiled (Hervidero) (Hard Boiled aka Lashou shentan, John Woo, 1992) y Full Contact, pasaran bastante desapercibidas cuando se estrenaron en su país de origen. A pesar de esta fría recepción inicial, es innegable que Full Contact representa la epítome del cine de acción al estilo Hong Kong, el llamado heroic bloodshed. Lleva al máximo lo que se podía hacer con el género. Ringo Lam incluso realiza un primitivo intento del bullet time que luego popularizaría Matrix (The Matrix, Lana y Lilly Wachowski, 1999). Lam convierte una típica historia de venganzas criminales en un delirante festival de acción, sumergiendo al espectador en el torbellino provocado por el enfrentamiento entre Gao y Judge.
Este clásico de culto tiene un reparto de lujo. Chow Yun-Fat estaba en su momento álgido, llenando de carisma y fuerza la pantalla, dando vida a un personaje obsesionado con vengarse no solo por él sino también por otras víctimas inocentes. Al otro lado, Simon Yam como Judge crea un villano realmente memorable, cuyos trucos de magia se vuelven rápidamente mortales. Pero la mejor interpretación posiblemente sea la de Anthony Wong como Sam, un personaje que evoluciona y cambia, siendo el más complejo de la película. A título personal, tampoco puedo evitar mencionar a Bonnie Fu como la villana Lau Ngang, cuyo apodo es traducido en ocasiones como Virgen y en ocasiones como Guarra, que tiene una de las mejores risas de villana de la historia.
Se ha de mencionar que uno de los aspectos más interesantes de la sangrienta Full Contact tiene su origen en el actor Simon Yam y no en el director. Fue Yam que, considerando el vestuario exagerado y los trucos de magia, tuvo la idea de hacer que su personaje estuviera enamorado del héroe interpretado por Chow Yun-Fat. Era la única manera que se le ocurrió de justificar la obsesión de Judge de acabar con Gao. Fue un golpe de genio, ya que le da un toque único que hace explícito el homoerotismo que encontramos dentro del cine de acción, en particular de los 80, e incluso en cómics como la obsesión mutua del Joker y Batman.
Violenta y sangrienta, Full Contact es un clásico que sigue pareciendo moderno. Llevó el género todo lo lejos que se podía llevar, siendo el resultado un delirante festín para los sentidos. Una película indispensable.
Un género como la nunsploitation es habitual encontrarlo en países con una fuerte presencia católica, como Italia. Sin embargo, desde la lejana Japón llegó School of the Holy Beast (Seijû gakuen, Norifumi Suzuki, 1974). Película que mezcla una historia de venganza, de las que tan bien se les daba a los japoneses, con la nunsploitation más perversa.
Después de una última juerga por la ciudad, Maya Takigawa (Yumi Takigawa) entra en un convento para hacerse monja. No por una cuestión de fe, sino para investigar las extrañas circunstancias en que murió su madre. Una vez dentro, se encuentra que una institución dominada por un conjunto de hipócritas, crueles y, por si fuera poco, homicidas que se esconden tras una fachada de virtud y fe.
A primera vista, School of the Holy Beast se aparta del género, es más una historia de misterio y, luego, venganza. Pero las tramas y personajes secundarios, como la chica rebelde que se mete en el convento para evitar algo peor o la virtuosa monja que oculta que va más salida que el canto de una mesa sin olvidar los inevitables momentos sáficos, son los típicos del género y ofrece las elevadas dosis de erotismo que cabría esperar en un título como este.
Sin embargo, la película de Norifumi Suzuki es más política que otras películas del género. Contiene un feroz mensaje anticlerical que queda entrelazado con las escenas de erotismo BDSM. Suzuki ya había dado muestras de esta tendencia en su anterior película Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, 1973), pero aquí se convierte en el centro del film. Puede que parezca algo exagerado al ver la película hoy día, pero pensad que, en la época en que se rodó esta película, en España había monjas que llevaban décadas robando bebés, así que no parece tan descabellado como puede parecer a simple vista. Así, las escenas se van haciendo progresivamente más crueles, en especial cuando se ataca la superstición de las cazas de brujas.
Suzuki filma escenas de tortura y erotismo BDSM realmente bellas, pero intercala escenas cómicas para que el impacto de esta poesía del dolor no resulte excesivo. Ya he dicho, de todos modos, que detrás de estas escenas hay un contenido político. El director también utiliza en su lenguaje narrativo técnicas típicas de la vanguardia de la época, aunque estas técnicas se reservan principalmente para las escenas fuera del convento. Como si se quisiera resaltar lo anticuado y reprimido del interior del convento de esta forma. Curiosamente, aunque en la película se ataca a la jerarquía religiosa, no es un film ateo. La espiritualidad tiene su papel dentro del film, protagonizando una de los momentos climáticos.
Personalmente creo que es un film interesante pero no sé si es para todo el mundo. Ofrece una experiencia inolvidable, eso lo garantizo.
Este artículo se puede resumir en una frase: Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) es una obra maestra. Soy consciente que es una expresión que se usa demasiado hoy día, cuando las películas son obras maestras o pura basura sin término medio, pero es que Burning Paradise es una obra maestra. Espero poder explicarme de forma lo bastante articulada como para que quede claro el por qué de mi afirmación.
Durante la dinastía Qing, los monjes Shaolin son acusados de conspirar para acabar con el gobierno imperial Manchú. Como consecuencia, el ejército Qing se dedica a destruir los templos Shaolin y encarcelar o matar a los monjes. Burning Paradise arranca con Fong Sai-yuk (Willie Chi) y su maestro Chi-nun (Wu Xi-Qian) huyendo del ejército Qing. En su huida, conocen a Dou-Dou (Carman Lee), una ex prostituta que huye del burdel en el que estaba trabajando para ayudar a su familia. Tras matar al maestro Chi.nun, Fong Sai-yuk y Dou-Dou son hechos prisioneros y llevados al Templo del Lotus Rojo, una prisión infernal, un laberinto lleno de trampas, dirigido por Kung (Kam-Kong Wong). Kung es un monstruo sediento de sangre cuya maldad no conoce límites.
Burning Paradise fue la única incursión de Ringo Lam en la wuxia, fantasía asiática llena de guerreros y guerreras poseedores de increíbles habilidades de artes marciales. Pero no es un ejemplo típico de wuxia, ya que el guion crea una historia en la que también está presente el terror gótico, no solo por sus escenas con momentos terroríficos sino también por su ambientación. Se atrapa al espectador junto a los protagonistas en una cárcel excavada en la piedra claustrofóbica y laberíntica en la que incluso Kung parece ser incapaz de salir. La claustrofobia es mayor por el contraste con las primeras escenas situadas en un gran paraje desértico. Es también una película brutal y sangrienta, aunque la violencia está presentada de forma estilizada no por eso es menos impactante.
Esta sería la primera lectura de la película: una clásica historia del bien contra el mal, contada utilizando héroes folclóricos como Fong Sai-yuk, personaje, en parte histórico en parte mitológico, presente en infinidad de películas, cómics y novelas. Es también una nueva versión del film Burning of the Red Lotus Temple (Huo shao hong lian si, Shichuan Zhang, 1928), o al menos de una parte de esta monumental película que duraba 27 horas y fue presentada como un serial en las pantallas chinas. El proyecto le fue presentado a Tsui Hark cuando este estaba gozando de un gran éxito con la franquicia Erase una vez en China. Pero Hark estaba ocupado con otros proyectos y recomendó que se lo presentaran a Ringo Lam, ya que Hark sabía que Lam siempre había soñado con rodar una película wuxia.
Lam se lanzó de cabeza, dando forma a la película más infravalorada de su filmografía. Lam no se contentó con hacer una típica historia de buenos contra malos, sino algo que iba más allá. Y entramos así en la segunda lectura, Burning Paradise es una película alegórica. La cárcel (no imaginéis una cárcel típica con celdas y distintas secciones como las que vemos en el cine habitualmente) representa el infierno. Un infierno del que solo se puede salir siendo fiel a las enseñanzas de Buda. Es algo parecido a, por ejemplo, la monumental novela anónima china Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Mono, que utiliza el viaje de sus protagonistas y sus múltiples enfrentamientos con demonios y monstruos como una forma de presentar las enseñanzas budistas. Como ya he dicho, en Viaje al Oeste estas enseñanzas se ocultan tras diversas aventuras y enfrentamientos con monstruos de diversa índole (mis favoritos son las mujeres araña) y en el film de Lam se esconden tras las múltiples peleas y las actividades de pesadilla del malvado Kung.
Hay una tercera lectura, si bien sería más bien inconsciente ya que Lam aseguraba no estar interesado en realizar una película política. Pero no podemos olvidar que esta película se realizó cuando faltaban tres años para que el Reino Unido pasara el control de Hong Kong a China, lo que provocó grandes dosis de ansiedad en la población. Aunque fuera de modo inconsciente, es inevitable también darle este trasfondo a la película cuando ves a un grupo de personas que lucha contra un imperio dictatorial.
Estas distintas capas de lectura y significado tampoco pueden hacer que nos olvidemos de un detalle importante: Burning Paradise es entretenida de principio a fin. Alternando algún momento cómico con los más tensos y brutales, el film te coge desde el principio y te mantiene enganchado hasta el final. Las coreografías son pura poesía, aprovechando que al ser una película de fantasía las habilidades de los luchadores entran en el reino de lo sobrehumano.
Resulta incomprensible que esta película fuera un fracaso y que no sea más conocida hoy día. Tiene secuencias realmente inolvidables, como la decapitación que lleva a cabo Kung usando solo sus manos. Te tiene riendo un momento y al siguiente te deja la boca abierta cuando se descubre algo nuevo dentro de la cárcel. Como ya he dicho al principio, me parece una obra maestra y la recomiendo a todo el mundo.
Cuando una película como La monja homicida (Suor Omicidi, Giulio Berruti, 1979) tiene un título como La monja homicida, está destinada a sufrir debido a los prejuicios que un título como este conlleva. La cosa se agrava cuando los distintos pósteres que, en su día, la promocionaban intentaban venderla como si fuera una película erótica de monjas inquietas, subgénero entonces muy de moda. Algunos que no la conozcan asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y no la tendrán en cuenta como una película seria. Otros, asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y se decepcionarán al ver que no es así. Y, entre ambos grupos, espero que estén aquellos que sepan apreciar esta película híbrida y peculiar.
La hermana Gertrude (Anita Ekberg) intenta cumplir con sus funciones tras haber superado un cáncer. Pero está convencida de que sigue enferma y la frustración al no ser creída va provocando que empiece a cometer actos de crueldad que van subiendo en gravedad. También es adicta a la morfina y tiene deseos reprimidos que busca experimentar. A su lado solo está la hermana Mathieu (Paola Morra), que la apoya por amor. Cuando los pacientes empiezan a aparecer asesinados, ¿significa que la espiral de locura en la que se ha sumergido la hermana Gertrude no tiene fondo?
Es típico que muchas películas exploitation de la época asegurasen estar basadas en hechos reales, pero era mentira, una manera de para atraer a más espectadores. Sin embargo, en esto también La monja homicida es peculiar, ya que realmente se inspira en una historia real. El productor Enzo Gallo supo del caso sucedido en Bélgica a mediados de febrero de 1978, en el que una monja adicta a la morfina fue detenida tras haber dado muerte a varios pacientes mayores. Con el título y la idea base de una monja asesina, le presentó el proyecto al director Giulio Berruti. La esperanza de Gallo era producir una película puramente exploitation, llena de erotismo como otras películas ambientadas en conventos estrenadas durante la década de los 70. Eso explica la presencia de Paola Morra, modelo de Playboy que había aparecido en Interior de un convento (Interno di un convento, 1978) del polémico maestro del erotismo Walerian Borowczyk. Sin embargo, el director Berruti tenía otras ideas.
Berruti estaba fascinado por la historia de una mujer reprimida que se sumerge en un espiral de locura, mezclado con ciertos mensajes anticlericales. Anita Ekberg se convierte así en el centro de una película que está más cerca del giallo, con brutales escenas de asesinatos, que de películas como Cartas de amor a una monja portuguesa (Die Liebesbriefe einer portugiesischen Nonne, Jess Franco, 1977). Esto es lo que hace a la película interesante, más allá del par de escenas en las que Morra se desnuda para contentar al productor, el retrato de una mujer cuya cordura se va fragmentando. Una mujer que comete una crueldad y luego se arrepiente incapaz de entender qué la ha llevado a actuar de esa forma. Poco a poco, la película parece contagiarse y empiezan a aparecer escenas delirantes cuando adopta el punto de vista de la hermana Gertrude.
Otros aspectos que ayudan a darle personalidad propia al film fueron derivados del bajo presupuesto. El director supo cubrir efectivamente mediante primeros planos, movimientos de cámara y el montaje que no siempre contaba con los actores necesarios para rodar cierta escena, lo que demuestra su habilidad como director y editor. Originalmente, Berruti tuvo la idea de llenar el hospicio con rostros veteranos del cine italiano para interpretar a los pacientes. Pero el ajustado presupuesto lo impidió, de modo que se llena de actores desconocidos con rostros interesantes y más memorables, lo que hace el ambiente diferente del típico ambiente de película. El reparto es bastante ecléctico, entre amigos del director como Lou Castel, muy comprometido con la causa comunista, con otros escogidos por su popularidad como la mencionada Paola Morra o Joe Dallesandro.
La monja homicida también tuvo su dosis de locura en la realidad. Cuando se estrenó, después de comprobar su éxito, los productores tuvieron la infausta idea de añadir a los pósteres como promoción la frase: "De los archivos secretos del Vaticano". Esto dio la excusa para que la Iglesia, que no estaba muy contenta con la película, intercediera para que fuera prohibida y retirada de las pantallas de cine italianas.
Como decía al principio, con un título como La monja homicida se crean ciertas expectativas que pueden afectar a cómo se ve la película. Pero si se dejan éstas de lado y se sumerge en la historia con la mente abierta, La monja homicida es un título peculiar y diferente con algunas sorpresas que la hacen memorable. Y si decidís darle una oportunidad, os recomiendo hacerlo en la versión italiana.
El título no engaña, Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, Norifumi Suzuki, 1973) ofrece generosas dosis de furia y de sexo. Bueno, más que sexo, lo que encontramos es erotismo grotesco, además de litros de sangre. Pero, a pesar de las apariencias, esta es una película que con el tiempo ha sido reevaluada por su contenido feminista, si bien este no era intencionado.
Cuando era niña, Ochô Inoshika (Reiko Ike) fue testigo de como su padre fue asesinado. Antes de morir, el padre dejó unas pistas para identificar a los asesinos, unas cartas con unas figuras que representan a cada uno de los responsables, lo que ha llevado a Ochô a convertirse en una experta jugadora, además de una carterista muy habilidosa. Su destino se cruza con el de Shunosuke (Masataka Naruse), un anarquista que busca también vengar la muerte de su padre. Para completar el triángulo, Christina (Christina Lindberg) es una espía que llega a Japón como una famosa bailarina, utilizando su misión para reunirse con su amante Shunosuke. Los tres se ven envueltos en sangrientas venganzas que unirán sus destinos contra los asesinos responsables de tanta desgracia.
Basada en un manga de Tarô Bonten, la película de Norifumi Suzuki sigue una línea de títulos japoneses que estaban llevando al límite lo que se podía mostrar en las pantallas de cine en cuanto a sexo y violencia, con la esperanza de apartar a los japoneses de las pantallas de televisión, una táctica similar a lo que se hizo en Italia. Sex & Fury le sirve al director para construir secuencias memorables de acción, explotar los encantos de las dos actrices protagonistas y, a pesar del bajo presupuesto y el tiempo limitado, crear momentos estéticos cargados de sangriento romanticismo. El acierto de unir dos actrices icónicas como Reiko Ike y Christina Lindberg fue todo un acierto, ya que ambas aportan una energía distinta y personal que ensalza sus escenas. La interpretación de Lindberg tal vez no sea la mejor, pero se ha de tener que en cuenta que estaba interpretando un papel en dos lenguas que no eran la suya: inglés y japonés, lo cual no debió ser nada fácil. Ike domina la película, no hay duda, protagonizando una de las escenas más memorables: la atacan en la bañera con la esperanza de que se sienta vulnerable, pero ella logra matarlos a todos desnuda y armada con una espada que roba a uno de sus atacantes.
Esta escena es también emblemática de la extraña mezcla de exploitation y feminismo del film. A pesar de no desperdiciar ninguna excusa del guion que ofrezca la posibilidad de desnudar a las actrices, las muestra también enfrentadas a un mundo masculino sin piedad. Un mundo que busca abusar de ellas y que se arrodillen ante el poder, pero ellas se alzan en un despliegue de fuerza, tenacidad y, bueno, furia.
Sex & Fury fue concebida como un producto sensacionalista que atrajera espectadores en busca de emociones baratas. Pero el director, los guionistas y el reparto convirtieron el film en un título memorable, lleno de momentos bizarros y hermosos, sórdidos y románticos. Una mezcla imposible que, a pesar de todo, funciona.
El éxito de Sex & Fury puso en marcha una secuela de forma casi instantánea: Female Yakuza Tale: Inquisition and Torture (Yasagure anego den: Sôkatsu rinchi, Teruo Ishii, 1973). Adaptando de nuevo un manga de Tarô Bonten, en esta ocasión Ochô Inoshika se enfrenta al clan yakuza Ogi, que utiliza a prostitutas para que transporten drogas escondidas en sus vaginas. Para esta secuela, el director Teruo Ishii creó un film bien distinto del que lo precedió.
El film arranca con una secuencia de títulos de crédito que busca recrear el impacto de la escena más memorable de Sex & Fury. Pero, a partir de aquí, el film cambia en tono y estilo. Female Yakuza Tale hace un mayor énfasis en la comedia, llegando al punto de introducir a Yoshimi (Makoto Aikawa), un personaje que es una sátira de la prisionera Escorpión que hizo famosa Meiko Kaji. El tono más cómico enlaza con una actitud más anárquica por parte del director. Mientras que en la primera la recreación histórica estaba bastante cuidada teniendo en cuenta los medios, aquí nos encontramos personajes que parecen vestidos de manera contemporánea a cuando se rodó el film. Otra muestra de la actitud iconoclasta del director es la inclusión de momentos que parecen más cercanos al cine experimental y artístico mezclados con perversión habitual en este género japonés. Eso sí, en el film también hay grandes dosis del erotismo grotesco en el que estaba especializado el director.
La historia no es tan interesante como la de la primera entrega, pero se las arreglan para estirarla lo máximo posible. Sumado al tono más cómico esto hace que, para mí, esta entrega no sea tan redonda como la primera. Sin embargo, sin compararla con la película de Norifumi Suzuki, resulta una película entretenida y divertida, si os gusta la comedia mezclada con toques grotescos, sangre y una deliciosa sordidez.
Nota: si no se indica lo contrario, las opiniones sobre estas películas se basan en las versiones originales sin cortes ni alteraciones estrenadas en Hong Kong, no las versiones recortadas y americanizadas distribuidas en Occidente por New Line y Miramax.
Dentro del cine de acción, en especial del cine de acción procedente de Hong Kong, hay pocas sagas tan icónicas y celebradas como la de Police Story, protagonizada por Jackie Chan. Estas películas capturan al irrompible Chan en su mejor momento, dispuesto a jugarse la vida para nuestro entretenimiento a lo largo de cuatro excelentes entregas.
Irónicamente, Armas invencibles (Police Story) (Ging chaat goo si aka Police Story, Jackie Chan, Chen Chi-Hwa 1985) tiene su origen en una mala experiencia para Chan. El actor intentó, de nuevo, entrar en el mercado americano con El protector (The Protector, James Glickenhaus, 1985), que para él resultó una experiencia frustrante. Hoy día tiene estatus de film de culto, pero Chan quedó decepcionado por no poder controlar las escenas de acción, el añadido de los toques sórdidos como los desnudos gratuitos y, en general, era una película que se apartaba de la imagen que quería proyectar en el cine. Ni siquiera el montaje que él hizo para el mercado asiático le fue satisfactorio. Viendo las cosas en retrospectiva, resulta obvio que la gente de Golden Harvest se equivocó al elegir a alguien como James Glickenhaus para poner al frente de una película de Jackie Chan. Glickenhaus era especialista en crear cintas de acción con generosas dosis de clásica exploitation, al fin y al cabo estamos hablando del director de El Exterminador (The Exterminator, 1980), pero no era el adecuado para poner al frente del tipo de película más "para todos los públicos" que entonces protagonizaba Chan.
En todo caso, el mal sabor de boca que le había dejado The Protector se lo quiso quitar Chan con una película hecha a su medida. Un thriller de acción policial contemporáneo, alejado de las cintas de kung fu clásicas que le habían hecho famoso, en la que Chan interpretaría por primera vez al inspector Chan Ka Kui. En esta ocasión enfrentado a un astuto criminal ayudado por la corrupción del sistema. Esta película también introduciría a Maggie Cheung como May, la sufrida novia de Ka Kui (resulta increíble que no le deje después de todos los líos en que la mete) y a Bill Tung como el superior de Ka Kui Bui Wong.
La película nos ofrece escenas icónicas nada más empezar, como la destrucción de las cabañas en la colina al inicio del film y la consiguiente persecución. Un inicio con momentos copiados, por ejemplo, por Sylvester Stallone al presentar su personaje en Tango y Cash (Tango & Cash, Andrei Konchalovsky, 1989)(Stallone es un fan declarado de Jackie Chan e incluso intentó que interpretara al villano en Demolition Man [Marco Bambrilla, 1993]) y también por Michael Bay en la batalla final de Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, Michael Bay, 2003). Por supuesto, la pelea en el centro comercial es una de las secuencias clásicas dentro de la filmografía de Chan, si bien creo que el final tal y como aparece editado en la versión estrenada en Japón funciona mejor.
Pero la acción ya se supone que será de primer nivel teniendo en cuenta a los responsables. Lo que hizo único a Chan era la manera en la que mezclaba la acción con la comedia, introduciendo también momentos acrobáticos en las escenas de riesgo. Era el sello de Chan y en esta es una de las películas en las que la comedia mejor funciona, ya que no se pierde demasiado en la traducción. Por ejemplo, la secuencia en la que Ka Kui responde diversos teléfonos a la vez, enredándose con los cables, un pequeño homenaje a la comedia de Buster Keaton que tanto gusta a Chan. También tenemos los toques de comedia de enredo clásicos, escenas en las que juega un papel más importante Maggie Cheung. Son momentos en los que Chan se convertía en el único héroe de acción que aceptaba que su personaje recibiera un tartazo en la cara, algo que los frágiles egos de los actuales héroes de acción no permitirían que les sucediera a sus personajes.
Teniendo en cuenta la mezcla de comedia y acción, la evolución de Ka Kui, desesperado y a la huida tras ser acusado de un asesinato que no ha cometido y ser perseguido por sus compañeros, podría ser algo chocante. Es el momento en el que asoma el lado oscuro de Ka Kui, llevado al límite tras haber soportado demasiado por parte del villano. De todos modos, el giro funciona, ya que era no era extraño en el cine de acción de Hong Kong y tiene sentido dentro del mundo creado por la película.
En todo caso, es un gran clásico dentro del género. Si no conoces la obra de Jackie Chan o estás pensando con qué película introducir a alguien en su filmografía, este es un gran punto de entrada.
El éxito de Police Story hizo inevitable Superpolicía en apuros (Ging chaat goo si juk jaap aka Police Story 2, Chen Chi-Hwa, Jackie Chan, 1988). Lo sorprendente, ya que no era habitual en el cine de Hong Kong, es que es una secuela clásica. Arranca con un breve resumen de lo sucedido en la anterior entrega y parte de la película gira en torno a la venganza de los villanos de la primera entrega. Y otro toque curioso, tras ver el resumen de las escenas espectaculares de Police Story, la secuela arranca con los jefes de Ka Kui echándole la bronca por el coste económico de sus acciones, lo que lleva a que esté durante un breve tiempo degradado. Además, se introduce una nueva amenaza: un grupo de chantajistas que se dedica a plantar bombas para conseguir sus objetivos.
La película desarrolla estas dos tramas de forma paralela. La que tiene que ver con la venganza sirve para introducir escenas de acción, como la ya clásica pelea en el parque de juegos infantil. De este modo, no se pierde el interés durante las escenas que afectan a la trama de los chantajistas, que son secciones que se centran más en el trabajo policial para detener a los culpables. Hace honor así a su título original, ya que en la anterior hay más bien poco trabajo policial clásico. También tiene un mayor protagonismo Maggie Cheung, ya que la relación entre su personaje y el de Jackie Chan se pone en peligro debido a la interferencia de los distintos villanos.
Las distintas tramas y elaboradas escenas de acción hacen que esta sea la película más larga de la saga. Nada menos que dos horas, algo que entonces no era nada habitual. Pero las secuencias de acción y algunos momentos cómicos memorables contribuyen a que la película se pase volando.
Supercop (Ging chat goo si 3: Chiu kup ging chat aka Police Story 3: Supercop, Stanley Tong, 1992) resultó ser el primer paso en la entrada del mercado americano que en otro tiempo buscaba Jackie Chan, lo irónico es que sin pretenderlo. Pero quién más aprovechó el éxito de Police Story 3 fue Michelle Yeoh, que tendría más fácil la entrada en el mercado americano al convertirse en chica Bond.
Pero las innovaciones que lanzaron esta película y a sus protagonistas al mercado internacional provienen de su director Stanley Tong. Tong insistió en filmar con sonido directo, en lugar de doblarse todo luego como era costumbre entonces en Hong Kong; en introducir efectos especiales en las escenas de acción para hacerlas más espectaculares; y en sacar la historia de Hong Kong para darle un toque internacional a lo James Bond. Esto se tradujo en filmar, además de en Hong Kong, en China y en Malasia. Además de darle un toque internacional, la decisión de salir de Hong Kong venía motivada también porque cada vez era más difícil rodar escenas de acción allí, tanto por la popularidad de Jackie Chan como por las cada vez mayores restricciones a los rodajes que implementaba el gobierno.
En esta ocasión Ka Kui (Chan) debe trabajar junto a su equivalente chino la inspectora Jessica Yang (Yeoh) para atrapar a un señor de la droga. La historia es bastante básica, pero es el punto de partida para escenas de acción espectaculares que se ven beneficiadas por la química entre Chan y Yeoh. Supercop es una buddy movie, como Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987) o Límite: 48 horas(48 Hrs., Walter Hill, 1982), un cambio respecto a las anteriores entregas que le sienta muy bien a la franquicia. Esta nueva dinámica favorece tanto las escenas cómicas como las de acción. Estas últimas son el punto fuerte del film. No por nada es la película en la que Michelle Yeoh casi muere mientras rodaban una de las persecuciones.
Esta tercera entrega coge lo mejor de las dos anteriores y lo multiplica por dos. No es de extrañar que se acabara convirtiendo en la carta de presentación mainstream en Occidente de Chan y Yeoh, cuando se estrenó simplemente como Supercop. Junto a la primera, representa lo mejor de la saga.
Impacto inminente (Ging chaat goo si 4: Gaan dan yam mo aka Police Story 4: First Strike, Stanley Tong, 1996) llegó en un momento interesante en la carrera de Jackie Chan. Por fin, había penetrado en el mercado americano gracias al éxito de Duro de matar (Honfgan Qu (Hung fan kui) aka Rumble in the Bronx, Stanley Tong, 1995). A partir de entonces, las películas de Chan adquieren un carácter internacional, utilizando el inglés como lengua principal en algunos casos, y sus personajes en las versiones traducidas se empiezan todos a llamar Jackie o Jackie Chan. De modo que esta cuarta entrega, en la que Ka Kui va tras unas armas nucleares robadas, es una aventura a los James Bond en la que el personaje de Chan va viajando alrededor del mundo.
Por supuesto, la tercera entrega ya empezaba a marcar un destino más internacional para el personaje, pero aquí ya actúa como si fuera un espía en lugar del simple policía de anteriores entregas. Lo único que queda de las anteriores películas es una pequeña aparición por parte de Bill Wong como superior de Ka Kui, Maggie Cheung no regresó ya que entre esta y las anteriores entregas se había convertido en una estrella gracias a Wong Kar-Wai y era demasiado cara para lo que la necesitaban. Esto hizo que el guion tuviera que reescribirse y quedase algo desequilibrado.
Como ya he mencionado, esta cuarta entrega es más una aventura de acción a lo James Bond con Chan protagonizando escenas trepidantes, aunque con menos toques de comedia. Se hecha de menos un compañero/a que acompañe a Chan en su aventura, aunque en la sección en Australia finalmente tendrá alguien con quien compartir la acción.
First Strike está bastante alejada de las anteriores, lo que sumado a que se refieran al personaje en los diálogos en inglés como Jackie, hizo que muchos desconocieran que fuera la cuarta entrega de las aventuras de Ka Kui. Más adelante, Chan realizó un par de reboots: New Police Story (Xin jing cha gu shi - San ging chaat goo si, Benny Chan, 2004) y Acción policial (Jing cha gu shi 2013 aka Police Story 2013, Sheng Ding, 2013) cuando su carrera se centró en China, apoyando las acciones del gobierno, lo que provocó que el público de Hong Kong le diera la espalda. Son películas que no siguen la continuidad original en las que Jackie Chan ya no interpreta a Ka Kui y no aportan mucho a la saga. Esta cuarta entrega fue el final de la saga original. Un final peculiar pero no por ello menos entretenido.
La llegada a las pantallas de los cines alrededor del mundo de las aventuras de James Bond dio luz a la "Bondmanía". Esta tuvo también un alcance mundial, trayendo consigo que se produjeran las inevitables imitaciones y parodias, como sucedería unos años más tarde con la saga estelar creada por George Lucas. Muchas de estas películas acabarían cayendo en el olvido, pero también se produjeron algunos títulos notables, como Black Tight Killers (Ore ni sawaru to abunaize, Yasuharu Hasebe, 1966), un film que acabó creando su propio culto.
Daisuke Hondo (Akira Kobayashi) es un fotógrafo de guerra que ha regresado brevemente a Tokyo, antes de salir de nuevo a informar sobre alguna otra guerra. Decide llevar a cenar a Yoriko Sawanouchi (Chieko Matsubara), una azafata que ha conocido en el vuelo hacia Tokyo. Esa misma noche, Yoriko es secuestrada por unos criminales y Daisuke corre a rescatarla. Será una noche llena de peligros y acción, en el centro la localización de un tesoro que varios persiguen. En esta noche peligrosa, Daisuke se cruzará con unas asesinas vestidas de negro al estilo go-go y que utilizan armas como discos de vinilo y peligrosos chicles.
Sobre el papel, Black Tight Killers parece una simple película de acción, como muchas que se produjeron entonces. Lo que hizo que se convirtiera en una película de culto fue el estilo con el que filmó la historia el director Yasuharu Hasebe, que convirtió el film en un delirio pop. Pop en el vestuario, pop en la fotografía y pop en el diseño. Llama la atención sobre todo el uso del color, muy extremo para la época, parecido al estilo utilizado más tarde por Hajime Satô en Goke, Body Snatcher from Hell (Kyuketsuki Gokemidoro, 1968). Por ejemplo, en las escenas de persecuciones en coche, se utilizan retroproyecciones, algo habitual entonces, para fingir que los coches van por carreteras a toda velocidad. Sin embargo, aquí estas retropoyecciones cambian de color sin ninguna razón aparente. Parece que, ya que se notaba el truco, el director decidió hacerlo visualmente interesante ya que no creíble.
Esta es la doctrina que domina la película: hacer cada escena lo más interesante visualmente posible, elevando así la historia. Y, claro, no podemos olvidar al grupo de go-gos asesinas que une la fascinación entonces por el reciente fenómeno de las chicas go-go, con la moda de los asesinos peculiares presentes en las películas del agente 007.
El argumento tiene más en común con El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) que con el argumento de una aventura Bond, pero se nota la influencia en la ejecución: los toques de humor, la acción, un reparto femenino atractivo... Pero Black Tight Killers tiene una gran personalidad propia. Más que una simple imitación, es una artefacto pop cinematográfico que muestra lo mejor de esta tendencia cinematográfica de los 60 del siglo XX.
No tengo ningún interés en las listas de películas. No creo que exista una mejor o peor película en tal o cual género, es algo demasiado subjetivo y siempre cambiante porque se están haciendo películas continuamente. Es por eso que siempre soy algo escéptico cuando se refieren a una película como la mejor en su género. Sin embargo, cuando oí que se describía a Mermaid Legend (Ningyo densetsu, Toshiharu Ikeda, 1984) en esos términos me llamó la atención, ya que desconocía completamente esta película. Y, tras haberla visto, no sé si es la mejor película de venganza que se ha hecho, pero, desde luego, está entre las mejores.
Keisuke (Jun Itô) y Migiwa Saeki (Mari Shirato) son un joven matrimonio que vive en un pueblo pesquero. Él es pescador y ella se dedica a la pesca submarina a pleno pulmón. Una noche, Keisuke es testigo de un asesinato. Lo intenta denunciar pero lo único que consigue es que se convierta él en el objetivo de los asesinos. Matan a Keisuke pero no logran eliminar a Migiwa que sobrevive al ataque, por lo que deciden colgarle el muerto. Obligada a huir, ya que la policía la cree responsable del asesinato de Keisuke, Migiwa dará rienda suelta a su furia en una sangrienta venganza.
Sobre el papel, Mermaid Legend no parece muy distinta de otras películas de argumento vengativo similar. Pero, como sucede a menudo, la clave está en la ejecución y los elementos únicos que el director le añadió al film. La película mezcla realismo dramático con misticismo y momentos poéticos, que resultan más llamativos junto a las escenas sangrientas. La estructura que se nos presenta es una primera mitad que es un thriller dramático en el que se desenvuelve la trama, rodada de un modo naturalista. La segunda mitad aprieta el acelerador en todos los aspectos, con grandes dosis de violencia a los que se añade un toque de misticismo. En este aspecto también contribuye la banda sonora de Toshiyuki Honda, que le da una capa onírica y lírica al film. Es una estructura que resultará familiar a los que hayan visto Audition (Ôdishon, Takashi Miike, 1999), un clásico moderno sobre el que Mermaid Legend parece haber influido. Otra película sobre la que me hizo pensar el film de Toshiharu Ikeda es el clásico de violación & venganza Ángel de venganza (Ms.45, Abel Ferrara, 1981). Principalmente por la forma en que muestra la espiral de locura por la que se desliza la protagonista, jugando con las simpatías del espectador. Aunque en el caso de Mermaid Legend, Migiwa cuenta con el apoyo de las fuerzas de la Naturaleza.
Es su aspecto místico lo que más me llamó la atención de la película, en especial por el contraste con el realismo y el naturalismo del inicio del film. Al principio de la película, hay una escena en la que Migiwa y Keisuke hablan sobre lo que harían si el otro muriera y él dice: "tú no morirás, puede que mueras pero no morirás nunca". Un diálogo que parece simplemente romántico, pero que adquiere otro significado cuando vemos a Migiwa sobrevivir de manera repetida situaciones de las que otros no saldrían con vida. Parece que Migiwa se transforma en pura furia, lo que le permite comunicarse con fuerzas elementales.La manera en que el director maneja estos elementos hace evidente porque se le ofreció dirigir Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, 1991), ya que ambas ofrecen una mezcla parecida de realismo y momentos místicos/sobrenaturales.
Mermaid Legend no era conocida fuera de Japón, donde se había convertido en una auténtica película de culto, pero gracias a distintas ediciones en Blu-ray ha sido ya reconocida en Occidente como el título único que es. Un film que ofrece mucho más de lo que parece a primera vista.
La gran Meiko Kaji dejó tal impronta en el personaje de la Prisionera Escorpión, que se hace imposible ver a otra actriz encarnando el papel. Y no fue porque no lo intentaran, con distintos reboots y hasta una serie de televisión. Pero ninguno de los proyectos realizados después de las cuatro películas protagonizadas por Kaji tuvo el impacto de la saga original. Sin embargo, tal vez porque contaba con Fumio Kônami que fue el guionista de la saga original, Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, Toshiharu Ikeda, 1991) resulta una interesante y entretenida adición a la franquicia.
Una joven asesina a sueldo, Nami Matsushima (Natsuki Okamoto), recibe el encargo de infiltrarse en una prisión para matar a Nami Matsukawa, la prisionera escorpión, tras décadas encerrada en una mazmorra. Pero una vez allí, la asesina descubre que las cosas no son como parecen, es traicionada y abandonada. Tras sufrir distintas torturas e intentos de asesinato, una nueva prisionera Escorpión se alzará para llevar a cabo una sangrienta venganza.
Es lo que esta franquicia necesitaba, el director de Tokyo Snuff (Shiryô no wana, 1988) dándole su particular visión al guion de Fumio Kônami. Toshiharu Ikeda encaja con el material a la perfección, mezclando momentos brutales y sangrientos con otros espirituales y casi poéticos. También expone sin tapujos el mensaje revolucionario, feminista y contra el patriarcado del film. Cuando una de las escenas nos presenta a la protagonista crucificada con la bandera de Japón de fondo, te das cuenta de que hay algo más que simple exploitation, sin mencionar a los políticos que quieren matar a la prisionera Escorpión por el temor de que sea un ejemplo las mujeres. Y si hubiera sido solo una cinta exploitation violenta y sangrienta bien hecha, también habría tenido su mérito, pero es mucho más profunda de lo que parece a primera vista. Esto hace que su visionado resulte en una experiencia más rica.
La película hace algo que hoy es bastante habitual y entonces era inédito, es una secuela de la saga protagonizada por Meiko Kaji y al mismo tiempo un reboot que empieza de nuevo. Para ello, la Escorpión original le pasa el testimonio de la venganza a la nueva Escorpión, que también ha sido forjada en el fuego de la venganza. Natsuki Okamoto no tiene el carisma de Meiko Kaji, su mirada asesina no tenía rival, pero hace un buen trabajo encarnando a esta nueva Escorpión que se deshace de sus enemigos con brutal efectividad.
Vista hoy día, el mensaje revolucionario de la película es más necesario que nunca viendo el panorama que nos rodea. Además, ofrece todos los elementos del cine exploitation que un fan podría desear, una buena adición si después de ver la saga protagonizada por Kaji os quedan ganas de más.
Resulta algo irónico que las películas italianas de género siguieran intentando pasar por americanas, cuando el acceso de películas extranjeras en ese mercado se estaba cerrando. No solo el americano, entrando en los 90 del siglo XX, exportar películas se iba haciendo más complicado cuando solo unos años antes fluían con mucha más libertad gracias a las coproducciones. Es una lástima, ya que estos cambios trajeron consigo que una película de terror como Witch Story (Pesadilla) (Streghe (Witch Story), Alessandro Capone, 1989) quedara relegada a las estanterías de los videoclubes de barrio, a la espera de encontrar el público adecuado, bajo una diversidad de títulos. En Estados Unidos se llegó a promocionar como si fuera la secuela de Superstición (Superstition, James W. Roberson, 1982), título con el que no tenía ninguna relación. Repito, una lástima porque Witch Story es una entretenida cinta de terror ideal para los fans del género.
Ed (Gary Kerr) y Maria Hayes (Elise Hirby) son hermanos que han perdido a sus padres en un accidente. Tras la desgracia, reciben en herencia una casa en un pequeño pueblo en el sur de Florida. Junto a un grupo de amigos, deciden visitarla, una manera distinta de pasar las vacaciones. Una vez allí son recibidos por su prima Susan (Amy Adams), que parece saber algunas cosas sobre la casa que le hacen actuar de forma extraña. Pronto, sucesos paranormales empiezan a ocurrir, afectando a los habitantes de la casa, que no son conscientes de ser víctimas de la venganza de una bruja ejecutada allí hace cincuenta años.
Muchas películas de género italianas de la época intentaban aprovechar el éxito de películas americanas, imitándolas o copiando escenas, para vender entradas. Sin embargo, lo que hace interesante esta película es que no estamos ante un cínico director intentando aprovechar éxitos ajenos, Alessandro Capone es un auténtico fan del cine de terror que se encontraba entonces dirigiendo su primera película. De modo que, como era habitual en directores primerizos de género, llena la película de homenajes a los directores que admiraba. Hay referencias a John Carpenter, a Wes Craven, a Lucio Fulci y, en especial, a Mario Bava. De hecho, la secuencia que abre la película parece un cruce entre el inicio de La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960) de Bava y El Más Allá (...E tu vivrai nel terrore! L'aldilà aka The Beyond, 1981) de Fulci.
Aunque a veces la mezcla de tramas y referencias puede hacer que el argumento se pierda un poco. Por ejemplo se insinúa que el accidente en el que mueren los padres de Ed y Maria puede que no sea un accidente y esté relacionado con lo que sucede, pero luego no se alude más a esta posibilidad. Es parte casa encantada, es parte posesiones diabólicas, es parte venganza sobrenatural... Un cóctel que tal vez mezcla demasiados elementos. Pero también tiene su parte positiva, dándole a la película una personalidad propia con escenas memorables (como esa aparición por sorpresa con sierra mecánica en mano).
Con la excepción de Ian Bannen, veterano actor de carácter, el reparto lo componen jóvenes que, la mayoría, seguía estudiando. Pero no hacen un mal trabajo, cumplen con su cometido y poco más pero no son tan malos que te sacan de la película. Además, las auténticas estrellas son los efectos especiales y de maquillaje para dar vida a la venganza de ultratumba. Y tal vez porque era su primera película como director, tras un tiempo viendo como sus guiones no eran rodados a su gusto, Capone dirige de forma dinámica la acción. Esto se nota principalmente cuando empieza el festival de muertes.
Witch Story tiene el atractivo añadido hoy día de haberse convertido en una cápsula temporal. Es muy ochentera, lo que le añade atractivo a la presentación de las escenas terroríficas. En definitiva, no es un gran clásico ni mucho menos, pero es una entretenida y sólida película de terror que es posible que se acabe viendo más veces que alguna obra maestra. No quiere nada más que entretenerte a base de sustos y muertes creativas y lo consigue.
El blues es un estilo musical donde la maestría está, no tanto en los acordes, como en la habilidad para mezclar un número de acordes limitado. Hay películas que funcionan de la misma manera, su interés radica en cómo maneja un argumento conocido más que en el argumento en sí. Un perfecto ejemplo de ello es Pánico (Bakterion, Tonino Ricci, 1982).
Un accidente en un laboratorio ha convertido a un importante científico en un mutante sediento de sangre. Su ayudante, la doctora Jane Blake (Janet Agren), trata de encontrar un antídoto no solo para la condición mutante del doctor, también para la enfermedad contagiosa que lleva consigo. El capitán Kirk (David Warbeck), sin relación con el Enterprise, debe dar caza al mutante y detenerlo antes de que la ciudad sea arrasada a bombazos, ya que las autoridades creen es la mejor manera de lidiar con el asunto.
Bakterion se beneficia de un reparto que estaba habituado al cine de terror y serie B, prácticamente de culto. Los protagonistas, David Warbeck y Janet Agren, se encontraban en un momento álgido de sus carreras, justo antes de que los cambios en el mercado en Italia cambiara por completo y empezara la decadencia en todos los niveles contaminando también sus respectivas carreras. También en el reparto nos encontramos a José Lifante, nombre clave en el fantaterror español, que había aparecido ya en un puñado de clásicos del género. Todos ellos cumplen con sus respectivos papeles con su habitual eficacia, pretendiendo ser ingleses en esta Inglaterra creada en localizaciones españolas, algo peculiar ya que era más habitual ambientar este tipo de películas en Estados Unidos. O debería decir "Estados Unidos" más bien.
Pero, ¿de qué tipo de película estamos hablando? Bueno, supongo que no necesita mucha aclaración para el aficionado: un experimento con resultados mutantes/monstruosos se escapa de un laboratorio y debe ser detenido antes de que cause una catástrofe. Uno de los primeros y mejores ejemplos de este tipo de historia se trata del clásico El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955). Desde entonces, la trama se ha ido reciclando llegando casi hasta nuestro días, con notables ejemplos ochenteros como Mutant (John "Bud" Cardos, Mark Rosman, 1984). Hasta Chuck Norris protagonizó una de estas historias en Furia silenciosa (Silent Rage, Michael Miller, 1982). Bakterion adopta un tono y estilo que ya entonces eran "vieja escuela". Aunque hay algunos desnudos gratuitos y escenas sangrientas, entonces casi exigidos en la serie B de la época, el director Tonino Ricci le imprime un aire casi nostálgico a la película. Tiene más en común con títulos de los 50 y 60 del siglo XX que con títulos contemporáneos.
Esta manera de hacer a la vieja usanza es lo que hace la película atractiva para mí. Siempre me han gustado las monster movies de los 50/60, ya se trate de monstruos gigantes aplanando ciudades o experimentos científicos huyendo por las calles y dejando un rastro de urbanitas estropeados. Contribuye también al placer que obtengo de la película que los efectos especiales están muy bien hechos, teniendo en cuenta época y presupuesto, e incluso se le añade un toque trágico a la criatura.
En definitiva, disfrutaréis de Bakterion dependiendo de cuánto os gusten este tipo de películas de experimento a la fuga. Para mí, resulta una entretenida caza al mutante con un reparto de culto.
De entre los excelentes (en su mayor parte) títulos que componen la filmografía de Dario Argento, Tenebre (1982) es uno de mis favoritos. Es tal vez por eso que me lo pasé tan bien con Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto, 1994), en la que el mercenario Bruno Mattei plagia sin vergüenza el film de Argento.
Giovanna Dei (Monica Carpanese) es una dibujante de cómics que se encuentra en el foco de la polémica cuando empiezan a tener lugar una serie de asesinatos que imitan los que aparecen en su obra. Cuando el asesino le empieza a dejar morbosos presentes y a llamarla, queda claro que el misterioso asesino está obsesionado con ella.
Mattei era un experto en apuntarse a cualquier género que fuese popular en el momento. Así que resulta algo sorprendente que no dirigiera un giallo hasta que el género estaba en su momento más bajo de popularidad. Posiblemente lo hiciera debido a la popularidad de los thrillers eróticos americanos en aquel momento, de hecho esta película se rodó al momento de terminar el rodaje de Dangerous Attraction (Attrazione pericolosa, Bruno Mattei, 1993) y por el título ya os podéis imaginar que tipo de película inspiró su producción.
Como hemos mencionado al principio, la película es un plagio de Tenebre. Pero es algo fácil de perdonar porque, primero, lo hace de manera tan desvergonzada que tiene su gracia, y, segundo, la película es entretenida de forma constante. No hay momento para el aburrimiento cuando incluso las escenas más "normales" están animadas con interpretaciones exageradas y exaltadas. Aunque, para ser justos, esto también puede que se deba al doblaje inglés. En todo caso, el nivel de diversión que ofrece la película es tan alto como bajo era el presupuesto. Como muestra, el inicio del film en una carrera de karts que, imagino, originalmente sería una carrera de coches. Pero la carrera de karts tiene una gracia surrealista que no tendría si la escena hubiese contado con una típica carrera de coches.
Mattei, hay que reconocerlo, tal vez hiciera imitaciones baratas de otras películas, pero no eran imitaciones ni pálidas ni aburridas. Madness es un perfecto ejemplo de su manera de hacer. Una película que, en manos de otro director, habría acabado siendo olvidada como una pobre copia de una obra maestra. Y lo que tenemos en cambio es una película que te mantiene enganchado para ver qué próxima escena delirante tendrá lugar.