Después de tantos años devorando películas, es un placer inmenso cuando te encuentras una película que te sorprende porque no tienes ni idea de lo que va suceder en la historia. Y además lo hace mezclando comedia y unas cotas de depravación increíbles en una película estrenada comercialmente. Más raro aún cuando su secuela mantiene el nivel de locura. Pero esto es lo que hace única Crazy Lips (Hakkyousuru kuchibiru, Hirohisa Sasaki, 2000).
Satomi Kurahashi (Hitomi Miwa) acude a la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) con la esperanza de que pueda demostrar la inocencia de su hermano Michio (Kazuma Suzuki) en unos asesinatos en serie. Pero la ayuda que ofrece Mamiya trae consigo un precio demasiado grande para lo que Satomi estaba dispuesta a pagar, y no hablamos de dinero. Este es el punto de partida de Crazy Lips, parece bastante normal, ¿no? Pero que no os engañen las apariencias.
Para entender cómo Crazy Lips se convirtió en el delirio en que se acabó convirtiendo, hemos de volver en el tiempo a finales de los 90 del siglo XX. The Ring (El círculo) (The Ring, Hideo Nakata, 1998) se acababa de estrenar con enorme éxito, convirtiéndose en el pistoletazo de salida de la oleada de lo que luego se conoció como J-Horror, que dominaría el género durante los primeros años del siglo XXI. Hiroshi Takahashi, guionista de The Ring y su secuela así como de otros títulos del género, tenía ganas de hacer algo completamente distinto de lo que estaba escribiendo entonces. El director Hirohisa Sasaki, que también había trabajado en el género cuando empezaba a desarrollarse en vídeo, también tenía ganas de hacer algo distinto a lo que dominaba las pantallas entonces. Ambos coincidieron en que querían algo que fuera terror, pero más sangriento y extremo de lo que se estrenaba entonces, sumándole generosas dosis de erotismo cruel y sádico al estilo del experto en el género Teruo Ishii, director de Inferno of Torture (Tokugawa irezumi-shi: Seme jigoku, 1969), acción al estilo Hong Kong y, por si fuera poco, comedia.
Parece un cóctel imposible, pero Crazy Lips mezcla todos estos elementos con gran y peculiar éxito. El film arranca como si fuera una película de J-Horror relativamente normal. Y digo "relativamente", porque no tardan en asomar toques de comedia que indican que lo que vamos a ver dista mucho de ser "normal". A partir de entra en acción la médium, la película irá progresivamente siendo más absurda y perversa. Con la introducción de dos agentes del FBI, Lucy (Tomomi Kuribayashi) y Narimoto (Hiroshi Abe), la película entra en una espiral de demencia que abre la puerta al terror cósmico y hasta el musical. Entre medio, la película nos ofrece la escena de asalto sexual más depravada y cruel que he visto jamás, que iba precedida de la que hasta ese momento ya pensaba que era la escena de asalto sexual más depravada y cruel que había visto jamás. Pero es una escena que se hace soportable porque va seguida de una escena que me hizo reír a carcajadas. Ésa es la virtud de esta película, te lleva de un extremo al otro en un viaje completamente impredecible.
El estilo de humor absurdo y las escenas más perversas serán difíciles de aceptar, en particular por los espectadores más sensibles. Pero creo que por la oportunidad de ver los 85 minutos más demenciales que veréis jamar vale la pena poner en riesgo vuestra cordura.
En Japón, Crazy Lips fue un sorprendente éxito que hizo que Hirohisa Sasaki y Hiroshi Takahashi unieran fuerzas de nuevo para crear una igualmente demencial secuela: Gore from Outer Space (Chi wo sû uchû, 2001).
Satomi (Aimi Nakamura) acude a la policía para denunciar el secuestro de su hija. Cuando la policía se presenta en el apartamento, Kiyohiko (Sadao Abe) les dice que ellos no tienen hijos. Y la cosa se complica cuando, de repente, la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) hace de presencia y les dice que la hija sí existe. Satomi inicia así un viaje por el lado más demencial de la vida.
Después de haber tratado con fantasmas y el terror sobrenatural entonces de moda, Sasaki y Takahashi decidieron que la secuela iba a tratar sobre extraterrestres e invasiones alienígenas. Se inspiraron en leyendas urbanas y "hechos reales" acaecidos alrededor del mundo, inspirándose en particular en el libro Las profecías del Mothman de John A. Keel. A pesar de todo este "realismo", la película es tan rara como su predecesora. También me pareció más divertida, porque se hace un mayor énfasis en el humor. La comedia se enfatizó también porque se eliminaron los elementos más controvertidos de la primera, es decir las escenas de sexo cruel y perverso. La película también incluye algún toque de terror J-Horror que no estaría fuera de lugar en un título del género hecho en serio.
Pero que se suavizara la perversidad no hizo que se suavizara la locura. De nuevo, la película convierte lo que podría ser la típica historia de invasión alienígena en 85 minutos demenciales, que incluso dejarían perplejo a David Lynch. Este surrealismo cómico convierte lo tópico en sorprendente y permite también el regreso de personajes de la primera entrega. Algo a celebrar porque Tomomi Kuribayashi, como la agente Lucy, es una de las que más me hizo reír en la primera entrega y aquí no decepciona con su parodia de un típico agente del FBI americano.
De nuevo, aunque más suave en algunos aspectos que su predecesora, las rarezas y absurdidades de Gore from Outer Space hacen que no sea una película para todo el mundo. Pero si el cine extraño y peculiar es vuestra droga, una buena dosis de Gore from Outer Space es lo que os hace falta.
En octubre de 2014 escribí un artículo sobre los primeros trabajos de Clive Barker en el cine. Ahora creo que no fui del todo justo con Mundo subterráneo (Underworld, George Pavlou, 1985). Mi opinión sobre la película ha cambiado y ese artículo ya no me representa.
Debería aclarar que mi opinión se basaba en una copia de VHS de baja calidad, verla ahora en 4k también ha ayudado a apreciarla mejor. El argumento no ha cambiado: el criminal retirado Roy Bain (Larry Lamb) es sacado de su retiro por el gánster reciclado Hugo Motherskille (Steven Berkoff). La misión de Bain es localizar a la prostituta de lujo Nicole (Nicola Cowper), secuestrada del burdel en el que trabaja. Bain y Nicole fueron amantes en el pasado, así que él se lo toma como algo personal. Pronto descubre la implicación del doctor Savary (Denholm Elliott), un oscuro científico cuyos experimentos con drogas han provocado la existencia de una comunidad subterránea de mutantes.
Clive Barker creó el argumento y el primer borrador del guion. Las prisas de los productores para empezar el rodaje dejaron fuera a Barker del proyecto, que no fue mantenido en el equipo para escribir posteriores versiones. Entonces Barker era un desconocido sin poder de decisión. El guion se tuvo que ir reescribiendo sobre la marcha durante el rodaje por James Caplin y el director George Pavlou. Es por estas decisiones de los productores que provocaron que muchas de las ideas de Barker quedaran infradesarrolladas. Eso y la falta de dinero, era una historia demasiado ambiciosa para el presupuesto que tenían a su disposición. Como es de sobras conocido, Barker después reutilizaría algunas de esas ideas en su obra posterior.
Pero no todo es negativo. El film presenta una interesante mezcla de neo noir y ciencia ficción con algunos toques de fantasía. Se intentó un look inspirado por el cómic europeo y Suspiria (Dario Argento, 1977). De nuevo, las limitaciones de presupuesto y tiempo limitaron la efectividad de su look, si bien me recuerda el de otros irregulares intentos de ciencia ficción ambientados "cinco minutos en el futuro" como Obsession: A Taste for Fear (Pathos - Segreta inquietudine, Piccio Raffanini, 1987).
Aunque es una película irregular, resulta también interesante y curiosa. A lo mejor con el tiempo he sabido apreciar más sus aciertos que fijarme en su fallos.
Como fan de toda la vida de Expediente X, desde que empezaron a emitirse los primeros episodios por Telecinco, recibí con gran interés la noticia de que iba a editarse un nuevo montaje del director de Expediente X: Creer es la clave (The X Files: I Want to Believe, Chris Carter, 2008). El 14 de agosto, cuando ya estaba disponible en Disney +, me senté a disfrutar de esta nueva versión. Una nueva versión que resultó ser una tomadura de pelo.
Chris Carter ha comentado en muchas entrevistas recientes que esta nueva versión es mucho más aterradora y que incluye material que no pudo ser incluido en su momento por razones de censura; además que el estudio quería una película que fuera para mayores de 13 años. Pero esta nueva versión no incluye material nuevo, las escenas cortadas por censura ya aparecían en el montaje del director que se editó en DVD/Blu-ray en su día. Es la versión que en los títulos de crédito finales incluye fotografías del equipo y el reparto. Esta nueva lo que hace es eliminar escenas dramáticas y pequeños momentos personales, en particular todo lo que afecta a la trama de Scully (Gillian Anderson) y ajustar el montaje. Nada más.
Esta nueva versión hace más aparente la crítica que siempre se le hizo a esta película: que era poco más que un episodio largo de la serie. Eso sí, me hizo sentir nostalgia por ver la serie de nuevo. Con tantas nuevas series y películas casi te sientes culpable por recuperar series pasadas. Más cuando, hablando como fan, Expediente X llegó a su punto álgido creativo en la quinta temporada. A partir de aquí, todavía se producen grandes episodios pero empiezan a menguar, alternando entre simplemente buenos y los mediocres. Tampoco es que fuera un gran problema, incluso las temporadas sin David Duchovny tienen buenos episodios.
Volviendo a I Want to Believe - Vrach Frankenshteyn, este nuevo montaje no aporta nada nuevo al fan, la mejor versión es el primer montaje del director, pero puede que enganche a los que no conocen la serie y la vean como una película independiente de ella.
El blues es un estilo musical donde la maestría está, no tanto en los acordes, como en la habilidad para mezclar un número de acordes limitado. Hay películas que funcionan de la misma manera, su interés radica en cómo maneja un argumento conocido más que en el argumento en sí. Un perfecto ejemplo de ello es Pánico (Bakterion, Tonino Ricci, 1982).
Un accidente en un laboratorio ha convertido a un importante científico en un mutante sediento de sangre. Su ayudante, la doctora Jane Blake (Janet Agren), trata de encontrar un antídoto no solo para la condición mutante del doctor, también para la enfermedad contagiosa que lleva consigo. El capitán Kirk (David Warbeck), sin relación con el Enterprise, debe dar caza al mutante y detenerlo antes de que la ciudad sea arrasada a bombazos, ya que las autoridades creen es la mejor manera de lidiar con el asunto.
Bakterion se beneficia de un reparto que estaba habituado al cine de terror y serie B, prácticamente de culto. Los protagonistas, David Warbeck y Janet Agren, se encontraban en un momento álgido de sus carreras, justo antes de que los cambios en el mercado en Italia cambiara por completo y empezara la decadencia en todos los niveles contaminando también sus respectivas carreras. También en el reparto nos encontramos a José Lifante, nombre clave en el fantaterror español, que había aparecido ya en un puñado de clásicos del género. Todos ellos cumplen con sus respectivos papeles con su habitual eficacia, pretendiendo ser ingleses en esta Inglaterra creada en localizaciones españolas, algo peculiar ya que era más habitual ambientar este tipo de películas en Estados Unidos. O debería decir "Estados Unidos" más bien.
Pero, ¿de qué tipo de película estamos hablando? Bueno, supongo que no necesita mucha aclaración para el aficionado: un experimento con resultados mutantes/monstruosos se escapa de un laboratorio y debe ser detenido antes de que cause una catástrofe. Uno de los primeros y mejores ejemplos de este tipo de historia se trata del clásico El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955). Desde entonces, la trama se ha ido reciclando llegando casi hasta nuestro días, con notables ejemplos ochenteros como Mutant (John "Bud" Cardos, Mark Rosman, 1984). Hasta Chuck Norris protagonizó una de estas historias en Furia silenciosa (Silent Rage, Michael Miller, 1982). Bakterion adopta un tono y estilo que ya entonces eran "vieja escuela". Aunque hay algunos desnudos gratuitos y escenas sangrientas, entonces casi exigidos en la serie B de la época, el director Tonino Ricci le imprime un aire casi nostálgico a la película. Tiene más en común con títulos de los 50 y 60 del siglo XX que con títulos contemporáneos.
Esta manera de hacer a la vieja usanza es lo que hace la película atractiva para mí. Siempre me han gustado las monster movies de los 50/60, ya se trate de monstruos gigantes aplanando ciudades o experimentos científicos huyendo por las calles y dejando un rastro de urbanitas estropeados. Contribuye también al placer que obtengo de la película que los efectos especiales están muy bien hechos, teniendo en cuenta época y presupuesto, e incluso se le añade un toque trágico a la criatura.
En definitiva, disfrutaréis de Bakterion dependiendo de cuánto os gusten este tipo de películas de experimento a la fuga. Para mí, resulta una entretenida caza al mutante con un reparto de culto.
The Bloodstained Lawn (Il prato macchiato di rosso, Riccardo Ghione, 1973) es una película que solo podría haberse rodado en la década de los 70, en la franja previa al estreno de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977). Todavía había lugar para la ciencia ficción provocadora y la space opera no se había apoderado del género en su vertiente cinematográfica.
Un agente de la UNESCO (Nino Castelnuovo) descubre que unas botellas de vino en realidad contienen sangre. Mientras el agente investiga, seguimos a una serie de personajes que son atraídos a la mansión de Nina Genovese y su esposo el doctor Antonio Genovese (Marina Malfatti y Enzo Tarascio), con la ayuda del hermano de Nina Alfiero (Claudio Biava). Estas variopintas personas son llevadas a la mansión para ser convertidos en prisioneros sin que se den cuenta. Y cuando descubren la razón por la que han sido llevados allí, ya es demasiado tarde.
Il prato macchiato di rosso mezcla terror rural y ciencia ficción para crear una sátira que critica el capitalismo y se burla del fascismo. Durante los 70, había un gran número de cineastas, en especial en Europa, que usaban el cine para transmitir sus ideas políticas. Otros también lo hacían, pero lo hacían usando el género, logrando resultados más interesantes y que no caducaban tan rápido como las películas abiertamente políticas, que muchas veces se acababan convirtiendo en panfletos. Ejemplos de este uso del género son películas como Han cambiado de cara (...hanno cambiato faccia, Corrado Farina, 1971), Thirst (Rod Hardy, 1979) y Oro maldito (E se sei vivo spara, Giulio Questi, 1967). Las dos primeras, en particular, tienen bastante en común con el film de Riccardo Ghione, compartiendo el sentido del humor y un tono, digamos, juguetón que sirve para ridiculizar y, al mismo tiempo, homenajear tópicos del género.
Si bien contaba con un presupuesto limitado, Ghione construye un film satírico con un diseño de producción muy pop, un pop setentero pero que hace que sea una película visualmente más interesante que otras producciones más "serias". Es esta mezcla tan dispar de elementos, la mezcla de géneros, de tono, de diseño, los que contribuyeron a crear un film que, contra todo pronóstico ha sobrevivido. La película sobrevivió un estreno limitado y una distribución casi inexistente, sobrevivió la llegada del cine streaming con una cuidada edición física. Ha sobrevivido, en fin, porque a pesar de su envoltorio pop setentero su mensaje sigue siendo vigente y su crítica es tremendamente acertada.
En el comentario sobre Último deseo (León Klimovsky, 1976) menciono cómo de rara era esta incursión del fantaterror dentro de la ciencia ficción. Este es otro raro ejemplo, cuya pobre recepción en su día también ayuda a comprender porqué no se estrenaron más. Pero esa pobre recepción no es indicativa de su calidad, ya que El refugio del miedo (José Ulloa, 1974) es otra excelente muestra de la edad de oro del cine de género español.
Dos matrimonios, el formado por Bob (Craig Hill) y Margie (Teresa Gimpera) junto al hijo de ambos Chris (Pedro María Sánchez) y el formado por Arthur (Fernando Hilbeck) y Carol (Patty Shepard), viven en un refugio tras un holocausto nuclear. Cuando los conocemos, el grupo lleva ya un tiempo conviviendo. Entramos en su historia cuando la convivencia empieza a fracturarse, en particular después de la muerte de otro miembro por causas que no conocemos. La fractura se irá ensanchando hasta llegar a extremos mortales.
El director José Ulloa utiliza una premisa propia de la ciencia ficción, popular entonces cuando la Guerra Fría estaba bastante caliente, para añadirle elementos del thriller psicológico, el suspense y unas gotas de terror. Ulloa construye muy bien el suspense y la tensión, mientras los personajes van degenerando. Pero tan importante en una película como esta es el trabajo de los actores como el del director. Pasaremos la película con este grupo reducido de personajes, así que, para mantener el interés, es esencial que los actores nos metan en la historia. Por suerte, aquí el reparto cumple. No estamos ante grandes maestros de la interpretación, pero sí efectivos intérpretes que están a la altura cuando se les ofrece algo un poco más sustancial de lo que es habitual. En particular destacaría a Craig Hill y Patty Shepard. Hill fue el héroe de diversos spaghetti y paella westerns, así que al inicio del film parece que ese será su rol, por eso resulta más interesante ver cómo se desmorona esa fachada y se descubre un personaje hipócrita y cobarde. Shepard, que no necesita presentación para los aficionados al terror, el fantaterror y el giallo, aquí hace un trabajo excelente con un personaje que en otras circunstancias, si la película fuera americana o inglesa, seguramente habría muerto la primera, pero aquí muestra una interesante evolución siendo la única que se enfrenta a sus emociones por estar encerrada en el refugio y a la disciplina del personaje de Hill.
Estrenada en 1974, la película casi se puede interpretar como una alegoría del fin de la dictadura franquista. No de forma consciente, pero captando el ambiente que entonces se respiraba. Lo sea o no, la película funciona perfectamente como ejemplo de cine posapocalíptico, cuando parecía que la posibilidad de una guerra nuclear no era descabellada. Su principal virtud es el equilibrio entre géneros a medida que avanza la historia, con momentos notables como el paseo de Chris o la manera en que las cenas van degenerando desde el inicio del film, mostrando una convivencia cada vez más tensa. Un gran título para los aficionados al género.
Entre el título y el póster, podría parecer que Último deseo (León Klimovsky, 1976) es otro más de los muchos títulos eróticos que se produjeron en España a mediados y finales de la década de los 70 del siglo XX. Tal vez si se hubiera estrenado con su título original, Planeta ciego, habría quedado más claro que esta película del siempre efectivo León Klimovsky es una curiosa mezcla de ciencia ficción y el mejor fantaterror español.
Un grupo de ricos y poderosos se reúne para celebrar una fiesta privada, tradicionalmente organizada por la señora Lily (María Perschy). Será un fin de semana en la que los invitados se dedicarán a dar rienda suelta a sus fantasías. Entre los invitados tenemos al profesor Fulton (Alberto de Mendoza), que tiene contactos con el gobierno y acceso a información secreta, y el hombre de negocios, antiguo soldado y contrabandista de droga, Borne, al que da vida la estrella del género Paul Naschy. Los invitados se dedicarán a poner en práctica sus fantasías en los cuerpos de Clara (Nadiuska), Berta (Teresa Gimpera), Marion (Julia Saly), Luna (Leona Devine) y Tania (Diana Polakov). Pero antes de que empiece la fiesta, tiene lugar un fuerte temblor y se va la electricidad. Intrigados por ver qué ha pasado mientras cenaban en el sótano, el profesor Fulton llega a la conclusión de ha caído una bomba nuclear. Los supervivientes que se encontraban fuera han quedado ciegos y buscan vengarse del grupo protagonista por crímenes que creen que ellos han cometido.
El guion que corrió a cargo de Gabriel Moreno Burgos, Joaquim Jordà y Vicente Aranda no oculta sus influencias. La más evidente es la clásica novela de John Wyndham El día de los trífidos, cuya primera adaptación cinematográfica se había estrenado en España como La semilla del espacio (The Day of the Triffids, Steve Sekely, Freddie Francis, 1962). Otra influencia también fue La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) y la saga de los Templarios de Amando de Ossorio, que había llegado ya a la última entrega dirigida por Ossorio un par de años antes del estreno de Último deseo. Klimovsky maneja estas influencias dirigiendo el guion con gran profesionalidad y algún toque artístico, manejando el numeroso reparto (que irá disminuyendo a medida que avance el film, claro) de manera que se dota al film de una sólida base dramática. Antes de que empiece la acción se nos presenta a los personajes, quiénes son y qué quieren, consiguiendo que resulte así más interesante la evolución psicológica de estos personajes enfrentados a una situación imposible.
El film está impregnado del pesimismo setentero habitual en esta década que se mezclaba con la incertidumbre política del momento en España. Aunque también podría ser por las influencias previamente mencionadas, sea como sea le dota a la película de seriedad e inesperada profundidad, que no era habitual en el género que se producía en España entonces. Por supuesto, transmitiendo estas ideas es fundamental el reparto, variado y diverso, de la película. Cada personaje queda perfectamente definido, algunos con su propio momento para brillar. Como brilla también la película en los momentos de acción cuando los ciegos atacan, manteniendo el suspense y la angustia, revelando que el peor monstruo es siempre el humano.
Último deseo no fue un gran éxito y durante mucho tiempo pasó bastante desapercibida, posiblemente porque la versión más conocida es la americana, recortada y reeditada para las salas de doble sesión. Es una lástima, porque si hubiera sido un éxito es posible que se hubieran hecho más producciones como esta y también habría contribuido a que se viera a Klimovsky como algo más que un mero artesano. Pero lo que queda es una fantástica película, una gran mezcla de ciencia ficción y fantaterror que hará las delicias de los fans.
La Shaw Brothers siempre estuvo atenta a las nuevas modas y géneros que llamaban la atención del público. Por eso no le pasó desapercibida la afición que tenían los jóvenes hongkoneses al tokusatsu proveniente de Japón, que entonces dominaba la televisión con Ultraman y Kamen Rider (en Occidente se haría más popular este tipo de serie a través de los Power Rangers). De este modo, la Shaw Brothers produjo la primera película de superhéroes de Hong Kong: Infra-man aka Manziter (Zhong guo chao ren aka The Super Inframan, Shan Hua, 1975).
La malvada Reina Glaciar (Terry Liu) surge de las profundidades de la Tierra al frente de su propio ejército de monstruos. Su intención de dominar el planeta y esclavizar a los humanos no pasa desapercibido, poniéndose en movimiento las fuerzas defensoras para detener su avance, pero las armas terrestres son inútiles frente a estos poderosos monstruos de la Edad de Hielo. El profesor Liu Ying-De (Wang Hsieh) lleva tiempo desarrollando un proyecto secreto para crear a un superhombre y, ante los avances de las criaturas de la reitero malvada (porque lo es mucho) Reina Glaciar, Lei Ma (Danny Lee) se ofrece voluntario para convertirse en Infra-man. Solo Infra-man puede enfrentarse a la Reina Glaciar y a sus diabólicas criaturas de la Edad de Hielo.
Estrenada antes de la revolución en los efectos especiales de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) y que Superman (Richard Donner, 1978) cambiara la manera de acercarse al cine de superhéroes, Infra-man sigue el modelo japonés, con las influencias más obvias de Ultraman y Kamen Rider de los que coge distintos elementos. Lo que marca la diferencia de sus contrapartidas japonesas es que las coreografías y la acción están mucho mejor diseñadas y ejecutadas. También, aunque a ojos actuales los trajes resultan algo crudos, destacan las imaginativas criaturas contra las que se enfrenta Infra-man. Todas las criaturas tienen su gracia, pero mi favorita es la Bruja Ojo (Dana). Aquí la tenéis lanzando rayos sobre una pobre víctima desamparada:
Pero todas las criaturas son realmente un festival:
La película fue una producción muy cara para la Shaw Brothers, lo que se nota en los fantásticos decorados creados para la ocasión y los efectos especiales. De nuevo, a ojos actuales los efectos pueden resultar algo risibles, pero se ha de ser consciente en que momento fue creada la película. Me doy cuenta de que muchos la verán con el ánimo de burlarse de ella, al estilo "ja, ja, qué cutre". Pero yo disfruto de Infra-man de forma honesta, no desde la distancia irónica, ya que es entretenida de forma constante, divertida y todo un deleite visual.
Resulta sorprendente, pero en su día esto no se apreció este clásico de culto en su país de origen. Unos meses antes de estrenarse Infra-man, dos niños se vieron envueltos en un accidente al intentar imitar las patadas y movimientos de Kamen Rider en la azotea de un edificio. Uno de los niños fue herido grave, pero el otro murió, lo que causó una fuerte reacción contra este tipo de serie. Por ello cuando Infra-man se estrenó muchos padres preocupados no permitieron a sus hijos que fueran a verla, mientras que otros padres no querían pagar para que sus hijos vieran en el cine lo que ya veían gratis por televisión (aunque no por mucho tiempo ya que las series fueron retiradas de la programación en respuesta a la polémica). En Hong Kong la película fue un gran fracaso teniendo en cuenta la inversión y ambición con que el estudio la había producido. Al rescate de Infra-man llegaron los Estados Unidos, donde la película fue un gran éxito, algo que pilló por sorpresa a la Shaw Brothers que entonces incluso se planteó realizar una secuela que nunca vio la luz. De Estados Unidos la película saltó al resto del mundo, lo que hizo que en poco tiempo Infra-man se convirtiera en una cinta de culto.
Como ya he dicho, muchos disfrutarán burlándose de la película, pero yo no puedo más que honestamente disfrutar y admirar este despliegue de acción, fantasía y, sobre todo, imaginación. Solo hay que dejarse llevar y abrir la mente.
Hay pocos directores que puedan decir que terminaron su carrera en el cine por todo lo alto, pero Ngai Choi Lam desde luego es uno de ellos. Su última película como director fue The Cat (Lo mau, 1991), una locura que culminó de manera genial una carrera llena de títulos demenciales.
Como The Seventh Curse (Yuen Chun Hap yu Wai See Lee, Ngai Choi Lam, 1986), The Cat se basó en una novela de Kuang Ni. El autor utilizó el pseudónimo de Wisely para escribir toda una larga serie de novelas en las que un precedente de Mulder se dedica ha investigar casos extraños, muchas veces relacionados con extraterrestres o fenómenos paranormales. Wisely era también el nombre del protagonista de estas aventuras y en The Cat está interpretado por Waise Lee (en The Seventh Curse fue interpretado por Chow Yun Fat). En The Cat, Wisely investiga las extrañas actividades de un misterioso trío que resulta estar formado por una princesa (Gloria Yip), un hombre mayor llamado Errol (Siu-Ming Lau) y un gato que parece más inteligente y hábil de lo que seria un gato normal. Este trío de personajes son visitantes de otro planeta, que están aquí para parar la sangrienta invasión de una especie extraterrestre malvada.
Aunque resulta obvia la influencia de algunas de las situaciones de la película, en particular El terror no tiene forma (The Blob, Chuck Russell, 1988) y La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Philip Kaufman, 1978), el mayor mérito de The Cat es que resulta impredecible. Incluso teniendo en cuenta que el argumento es muy común, una clásica historia de invasión extraterrestre, el desarrollo no lo es, así como tampoco las bizarras secuencias en las que el director sumerge al espectador. Posiblemente la más memorable es una increíble pelea entre el gato espacial y un perro policía. Como, obviamente, los animales reales no podían llevar a cabo la pelea, que incluye llaves de artes marciales y saltos en el aire, se utilizaron una diversidad de técnicas para hacerla realidad, desde animales mecánicos a animación stop-motion. Los animales reales se utilizaron solo para primeros planos y reacciones, lo que hace que la pelea sea una delicia de ver, además de muy divertida (más sabiendo que no se maltrataron animales, lo que no habría sido extraño en aquella época). Pero mi secuencia favorita, además de la ojiplática secuencia final, es la que nos muestra como el alien malvado, una especie de hongo espacial carnívoro, se deshace de un grupo de policías. Es el tipo de secuencia que solo se podría ver una película de Ngai Choi Lam y en el cine extremo de Hong Kong de la época.
The Cat también contiene escenas de acción más habitual en el cine de Hong Kong, pero con un toque demencial, para que no desentone con el resto de la película. Es lo que acaba de redondear esta joya con la que Ngai Choi Lam se despidió del cine. En la película se ve de fondo la angustia por lo que sucedería en 1997, cuando Hong Kong regresa al control chino. Teniendo en cuenta que el gobierno chino no permite las películas con contenido sobrenatural, ¿es posible que Choi Lam emigrara de Hong Kong hacia Estados Unidos por esa razón? Lo desconozco, es pura especulación, pero lo que es seguro es que esta película es un fantástico broche de oro a una carrera que transitó por el lado más salvaje y loco del cine.
Desconozco la razón, pero estaba convencido de que ya había comentado Historia de Ricky (Riki-Oh aka Lik wong, Ngai Choi Lam, 1991) en este blog. Pero preparando una entrada para otra película de este director realicé una búsqueda entre las entradas del blog y descubrí, con no poca sorpresa, que esta obra cumbre del cine extremo no aparecía. Alguna vez me había pasado que escribía un artículo sobre una película sobre la que ya había escrito, sin embargo es la primera vez que me pasa lo contrario.
La razón por la que estaba convencido de que ya había escrito sobre Historia de Ricky es que es un título mítico, sobre todo entre los de mi generación. Cuando, entre finales de la década de los 90 y primeros 2000, empezaron a llegar títulos del cine asiático en vídeo y DVD, previamente imposibles de ver para el típico adolescente sin muchos medios, este fue uno de esos títulos cuya fama se propagó más rápido que una noticia falsa en Tik Tok. Algo solo comparable a las películas de John Woo.
Sobre el papel, Riky-Oh no parece nada del otro mundo. Nos encontramos en el futuro: el año 2001. Las prisiones son llevadas por empresas privadas, lo que ha hecho que acaben convertidas en centros de corrupción. Riky-Oh (Louis Fan) es encarcelado tras vengar la muerte de su prometida, al poco de llegar se enfrentará con las diferentes bandas que pueblan la cárcel y a un alcaide corrupto. Sí, el argumento parece el mismo de otros tantos dramas carcelarios, si bien con un toque futurístico. Pero esta adaptación de un manga creado por Masahiko Takajo y Saruwatari Tetsuya, es de todo menos típica. Llena de personajes grotescos y casi inhumanos, Riky-Oh deja una huella indeleble debido a la extrema y grotesca ultraviolencia con que Ngai Choi Lam ilustra las peleas que lleva a cabo el protagonista, con golpes imposibles capaces de reventar estómagos y personajes que utilizan su propio intestino para estrangular a un combatiente.
Ngai Choi Lam, tras unos inicios no muy destacables en Shaw Brothers, se reveló como un experto en el cine extremo y pasado de vueltas cuando empezó a trabajar en Golden Harvest. Riky-Oh es la película en la que su estilo llega a la cumbre. La mezcla de la violencia de tebeo con lo grotesco y el body horror llenan esta cinta de culto de momentos memorables, pero la habilidad de Choi Lam va más allá de simplemente acumular escenas bizarras. El director imprime a la historia un estilo energético y cinético que logra dar vida al mundo en que se mueve Riky-Oh, evitando resultar repetitivo o cansar al espectador con su oleada de sangre y puñetazos.
Historia de Ricky se ha mantenido como un film de culto no solo entre los de mi generación, sino que nuevas generaciones continuamente descubren esta obra maestra. Una gran manera de descubrir a un director cuya filmografía está llena de maravillas como esta.
Cada vez es más raro encontrarse con auténticas películas de culto. Películas que cumplen con la definición original de "película de culto". Enel caso de Sangre de héroes (The Salute of the Jugger, David Peoples, 1988), incluso hay personas que le rinden culto sin saberlo.
Nos encontramos en un futuro posapocalíptico. Menos los privilegiados que viven en ciudades subterráneas, la gente sobrevive en pequeños poblados, trabajando duro para poder comer y sobrevivir. La única distracción es El Juego. Un deporte que juegan los juggers, violento y brutal pero que se rige por un estricto código de honor. El equipo de Sallow (Rutger Hauer) llega al poblado en el que vive Kidda (Joan Chen). Kidda sueña con ser una campeona del Juego y llegar a vivir en una ciudad. Tras unirse al equipo, Kidda presionará para intentar el desafío de la Liga. Pero Sallow, en su día campeón de la Liga, no quiere regresar, debido a la manera en que fue expulsado. Pero la insistencia de Kidda da frutos y el humilde equipo se dirige a la ciudad para intentar lograr lo que ningún equipo ha logrado.
The Salute of the Jugger fue creación de David Peoples, el único esfuerzo como director de este prestigioso guionista. Concibió la idea a finales de la década de los 70 inspirado por el relato original Roller Ball Murder de William Harrison, que también inspiró el clásico Rollerball (Norman Jewison, 1975), y la clásica Rocky (John G. Avildsen, 1976). Pero la película no se puso en marcha hasta finales de los 80, cuando el género posapocalíptico estaba de moda. Y, tal vez, eso fue un problema.
El tremendo éxito de Mad Max 2, el guerrero de la carretera (Mad Max 2, George Miller, 1981) generó una gran cantidad de imitaciones. Algunas muy entretenidas, como 1990: Los guerreros del Bronx (1990: I guerrieri del Bronx, Enzo G. Castellari, 1982) o El exterminador de la carretera (Il giustiziere della strada, Giuliano Carnimeo, 1983), otras, la mayoría, simples imitaciones sin imaginación. Para cuando The Salute of the Jugger se estrenó, el género ya estaba bastante quemado. Por supuesto, el film de Peoples no trata de imitar la saga creada por George Miller, sino que se trata de un tipo de historia muy distinto, aunque su ambientación podría hacerlo pensar a primera vista. Esto provocó que aquellos ya cansados de estos futuros desérticos estuvieran ya cansados del tema y decidieran ignorar la película, pero también aquellos aficionados al género, esperando ver un tipo determinado de historia, quedaran decepcionados por el film. Puede que hubiera otras razones, pero el resultado no cambia: el film fue un fracaso de taquilla y prácticamente desapareció. El film reapareció en vídeo, medio en el que poco a poco fue adquiriendo devotos seguidores.
The Salute of the Jugger es una película de acción, pero no la típica película de acción. Es más bien como una película deportiva en la que los jugadores pueden acabar muertos. Los Juggers se mueven por un código de honor que hace que incluso los equipos contrarios compartan un sentimiento de hermandad, un respeto adquirido en este peculiar campo de batalla. Es la historia de un equipo con todo en contra que intenta lograr un hito aparentemente imposible. Pero, y aquí está la influencia de Rocky, no se trata tanto de ganar como de llegar a la meta con dignidad. Lo que sí es ganador es el reparto, empezando por Rutger Hauer, que está fantástico, y nombres que uno no esperaría ver en una película como esta como Joan Chen, Delroy Lindo y Vincent D'Onofrio. Para los fans del cine de género, también nos encontramos a Richard Norton y Hugh Keays-Byrne. Este reparto, sumado a la ambientación, hace que el espectador lo tenga fácil a la hora de sumergirse en este mundo.
Pero el elemento que más llama la atención, como es de esperar, es El Juego. Tanto que fans de la película empezaron a jugarlo en la vida real, con algunos cambios para que todos acabaran el partido con vida. Se inició en Australia, en un festival dedicado al cine posapocalíptico, pero rápidamente saltó a otras partes del mundo, como Alemania. Incluso hay una liga Jugger en España. Creo que es posible que muchos jugadores de la liga Jugger desconozcan la película que inspiró el juego (espero equivocarme), pero resulta fascinante como una película que en su día pasó completamente desapercibida haya acabado inspirando una disciplina deportiva.
Confieso que a mí no me gustan las películas deportivas, no me interesan y me aburren. Pero, claro, con su ambientación futurista, su reparto y sus escenas brutales, The Salute of the Jugger va más allá del género. Es una mezcla que realmente la hace única.
Charles Band, como Roger Corman, se convirtió en una figura de culto a través de su productora Empire, donde desarrollaron sus carreras talentos como el de Stuart Gordon y Brian Yuzna. Luego, durante la década de los 90 del siglo XX, siguió siendo un nombre relevante dentro de la serie B y el cine de culto con su productora Full Moon, fundada después de que Empire entrara en bancarrota. Pero si sus contribuciones son principalmente como productor y creador de conceptos, también ha sido de director de diversos títulos en su día destinados a llenar las estanterías de los videoclubes. Metalstorm (Metalstorm: The Destruction of Jared-Syn, 1983) es uno de sus títulos más populares (y quiero decir literalmente título) dentro de su carrera como director, si bien no es una de sus películas más brillantes.
Dogen (Jeffrey Byron) es un agente de la ley que atraviesa el desierto en busca del criminal Jared-Syn (Michael Preston). Jared-Syn se ha erigido en líder de los clanes nómadas, agitándolos para crear violencia y caos. Unos secuaces de Jared-Syn matan al padre de Dhyana (Kelly Preston), quien jura venganza y por ello se une a Dogen en su caza de Jared-Syn. Ambos se enfrentarán a diversos peligros para lograr llegar a su objetivo.
Metalstorm tenía todos los ingredientes para convertirse en una cinta de culto. Es un film que mezcla las tendencias populares en el cine de género a principios de los 80 del siglo XX: space opera al estilo La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977), la fantasía al estilo Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982) y la acción posapocalíptica al estilo Mad Max 2, el guerrero de la carretera (Mad Max 2, George Miller, 1981). Esta mezcla implica también que el film tiene un toque spaghetti western, presente en las películas mencionadas. Por si fuera poco, también se estrenó en 3D, formato que entonces estaba experimentando un revival con diversas terceras entregas que lo usaron.
Y, a pesar de todo, la suma de estos elementos no da como resultado un memorable film de culto, sino más bien una anodina película de acción que no deja impronta. Tiene un título memorable, un reparto notable y algún breve momento que queda bien en un tráiler o en un clip en Youtube. Pero Metalstorm tiene demasiados elementos derivativos y muy poca personalidad propia. Claro, es mejor que cualquiera de los remakes en imagen real de películas de animación que manufactura Disney, pero carece de ese toque personal, peculiar, que tienen las cintas de culto. Ese je ne sais quoi mágico que hace que una película genere un culto de fans a su alrededor. Por otro lado, tampoco posee atractivo mainstream ya que no tiene nada que no tengan ya las películas a las que copia.
En cierto modo, Metalstorm es la esencia de lo que era el cine de bajo presupuesto en sus inicios: grandes pósters y tramas épicas que nunca cumplían con sus promesas.
Tras un largo viaje, la nave espacial Cyrno aterriza en el planeta TEM 4, del cual recibieron una llamada de socorro. Pero cuando la capitana Akala (Jana Brejchová) contacta con los temeritas, estos niegan haber realizado dicha llamada. Sospechando que sucede algo extraño, la tripulación del Cyrno decide quedarse e investigar, realizando un terrible descubrimiento que les pondrá en peligro.
El estudio alemán DEFA estaba especializado en el cine de género, llenando las pantallas de comedias, musicales, westerns... si bien siempre siguiendo las directrices artísticas del partido comunista. Poco a poco, los cineastas de la Alemania del Este pudieron lograr aumentar el espacio que tenían para maniobrar, logrando incluso colar algún mensaje contra el régimen que había pasado desapercibido a los "controladores". DEFA realizó cuatro películas de ciencia ficción que, sobre el papel, estaban diseñadas como herramientas de propaganda del régimen. Pero lo cierto es que, aprovechando la coartada del género, estas películas eran más críticas con el régimen de lo que podría parecer a primera vista. La parte positiva de estas películas utópicas (la definición "ciencia ficción" se consideraba propia del sistema capitalista) es que mostraban una sociedad en la que no hay diferencias de raza o sexo, presentando repartos muy diversos, teniendo en cuenta la época, años antes de que la serie Star Trek emitiera su primer episodio. La idea era propagar la idea de que en los países comunistas no habría prejuicios raciales ni de sexo, cuando en la práctica, lamentablemente, la URSS y sus países satélite eran tan racistas, imperialistas y misóginos como los países capitalistas. En lo que se refiere a la película, en In the Dust of the Stars el protagonismo se divide equitativamente entre personajes masculinos y femeninos, con la novedad de presentar a una mujer como capitana. Algo que, hasta llegados a finales de los 90, fue algo inédito en el cine americano y europeo.
La trama presentada no era muy distinta de otras producidas en Estados Unidos o Europa: un grupo de valientes llega para desarmar la tiranía impuesta sobre una población débil. En teoría, una crítica del imperialismo yanqui, lo que permitió que la película pasara la censura del partido comunista. Pero lo cierto es que la película ataca todos los regímenes que coartan la libertad, lo que incluía el régimen de Alemania del Este. La película estaba producida por un grupo llamado Futurum, que dentro de la DEFA había producido diversos cortometrajes. Era un grupo formado por artistas diversos críticos con el régimen, lo que se ve reflejado en la película. De este modo, In the Dust of the Stars es una poderosa alegoría, con giros de guion inesperados para los que vivimos en el decadente mundo capitalista, que hace que trascienda los límites impuestos y la convierta en una película destacada dentro del género.
También es rara de cojones.
Las alegorías, su lugar dentro del género, lo innovador que es su guion... todo eso está muy bien. Pero la razón por la que la película me pareció fascinante y una pequeña maravilla es su delirante mezcla entre la seriedad del clásico de Kubrick y el glamour de Barbarella. Tiene un diseño de producción psicodélico ultra-setentero, especialmente llamativo en los villanos. Además, tuvieron la brillante idea de que el argumento diera lugar a momentos musicales futuristas, destinados a seducir a los protagonistas y dejar al espectador turulato.
La película de Gottfried Kolditz presenta elementos propios del cine exploitation con una sensibilidad artística propia del cine "serio", es parte puro entretenimiento y parte cine de autor. Lo más increíble es que esta mezcla funciona, logrando que la película sea profunda y superficial al mismo tiempo, sin un momento aburrido o plano. Es psicodelia futurista, para llevarte a otro mundo sin dejar el salón de casa.
Charles Band le disputó el título de rey de la serie B a Roger Corman durante gran parte de la década de los 80 y de los 90 del siglo XX. Primero a través de su productora Empire y, cuando esta entró en bancarrota, con su productora Full Moon. Band llenó las estanterías de los videoclubes con películas de bajo presupuesto pero con altas dosis de diversión. Respaldó la primera Re-Animator (Stuart Gordon, 1985), creó la saga Puppet Master (1/2) además de crear otras diversas sagas y títulos clásicos para los amantes de la serie B. Semilla negra (Seepeople, Peter Manoogian, 1992) es un perfecto ejemplo del típico producto "Band", una película de serie B llena de guiños y efectos especiales viscosos para atraer a los exploradores de los videoclubes.
Tom Baines (Sam Hennings) está siendo tratado en un hospital de diversas heridas. Rozando el histerismo, Tom cuenta desesperado su historia al agente especial Weems (Michael Gregory), con la esperanza de que impida que el mal que ha surgido en el pequeño pueblo de Comet Valley se extienda al resto del mundo.
Tanto en su estructura como en su trama, Semilla negra es una descarada copia de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956). Es bastante obvio, sobre todo cuando un histérico Tom empieza a narrar la historia de cómo volvió al pueblo de su infancia, en el que algunos habitantes parece que empiezan a cambiar de personalidad de la noche a la mañana. Pero es una copia hecha con gracia a la que se le añade un toque original: tres modelos de monstruos espaciales distintos en que se transforman algunos de estos "ladrones de cuerpos". Así, además del habitual desarrollo que vemos en películas de este estilo, tenemos también sangrientos ataques monstruosos que animan la película. El director Peter Manoogian había trabajado anteriormente con Band dirigiendo un segmento de El amo del calabozo (The Dungeonmaster aka Ragewar, 1984) y la entretenida y desmelenada Los aniquiladores (Eliminators, Peter Manoogian, 1986), de modo que sabía bastante bien el tipo de película que buscaba Band. Manoogian concentra en los ajustados 80 minutos que dura la película los momentos claves de este tipo de historias, sin olvidar la acción "monstruosa".
Obviamente, el aficionado al género ya sabe cómo avanzará la trama y tiene una idea muy clara de cómo será la escena final. Pero el mérito de la película es que, a pesar de todo, resulta entretenida. No es un clásico ni mucho menos, pero los aficionados al cine de serie B seguramente se divertirán con esta imitación, que a pesar de sus limitaciones es mejor que títulos como Invasión (The Invasion, Oliver Hirschbiegel, 2007). Si el tráiler os hace gracia, seguramente la película será de vuestro gusto.
Creo que ninguno de los responsables de la creación de las películas que conforman la saga de Blood Island se habría imaginado nunca que, décadas después de ser estrenadas, aún se hablara de ellas y se siguieran viendo. Concebidas como una manera de hacerse un hueco en el circuito de cines independientes y autocines americanos, estas películas son una única mezcla de exotismo, sexo y gore. Coproducidas entre Estados Unidos y Las Filipinas, a pesar de contar con bajos presupuesto, el resultado final superaba muchas de las películas exploitation de presupuesto semejante que se producían en Estados Unidos.
Los productores Kane W. Lynn y Irwin Pizor estaban al frente de Hemisphere Pictures, una compañía que se especializaba en películas realizadas en Las Filipinas creada a principios de los 60 del siglo XX, ya que Lynn se había enamorado del lugar cuando pasó por allí cumpliendo el servicio militar. Estas películas, dirigidas por Gerardo "Gerry" de León y Eddie Romero, eran principalmente cintas bélicas de acción, que aprovechaban los escenarios naturales de la zona. Pero sus películas no acababan de funcionar en el mercado norteamericano. Sam Sherman, luego un conocido distribuidor, trabajaba entonces en el departamento de marketing de Hemisphere y aconsejó a Lynn y Pizor que se olvidaran de las películas bélicas, que el cine de terror era el género que tenía más fácil llamar la atención del público al que iban dirigidos y hacerse un hueco en la taquilla americana. Lynn recordó que habían producido una película unos años antes que habían vendido a la televisión. Siguiendo el consejo de Sherman, decidieron reestrenar la película en cines, cosechando un sorprendente éxito. Esta película era La isla del terror (Terror Is a Man, Gerardo de León, Eddie Romero, 1959).
William Fitzgerald (Richard Derr) es el único superviviente de un naufragio cuyo bote llega a la costa de una isla misteriosa, donde es rescatado por sus habitantes. Esta isla se ha convertido en la base de operaciones del doctor Charles Girard (Francis Lederer), donde lleva a cabo sus experimentos lejos de ojos curiosos. Junto al doctor Girard en la isla vive su esposa Frances (Greta Thyssen), que desea volver a la civilización y dejar atrás los experimentos de su marido. William siente curiosidad por los experimentos del doctor Girard, en particular cuando lo que parece un peligroso animal ha escapado y atacado a distintas personas. William también siente curiosidad por Frances, aunque de otro tipo. Pronto se descubre que lo que se ha escapado no es un simple animal, sino un mutante creado por el doctor Girard.
El argumento de Terror Is a Man es un obvio derivado del clásico de H. G. Wells La isla del doctor Moreau, que entonces solo se había adaptado una vez en la fantástica La isla de las almas perdidas (Island of Lost Souls, Erle C. Kenton, 1932). El presupuesto solo permitía una criatura y no toda una isla de monstruos, pero los temas habituales en las pelis de mad doctors están ahí. La película se centra al principio en construir una historia compleja alrededor de los personajes, algo más melodramática de lo que era habitual en las películas americanas. Este aspecto era en el que se centraba Eddie Romero, mientras que Gerry de León se centraba más en buscar la manera más interesante de filmar cada escena. La suma de los intereses de Romero y De León son los que hacen destacar estas películas, con un guion y una imagen muchos más cuidada y trabajada que el de otras películas de terror exploitation de la época. La película tiene un aspecto cercano al cine negro, jugando con las sombras para crear texturas y aprovechar al máximo el blanco y negro.
También sorprende la calidad de Terror Is a Man porque es algo que no te esperas en lo que era una típica película de autocine, que además empieza avisando que sonará una alarma para indicar cuándo han de cerrar los ojos los espectadores más impresionables en las escenas más fuertes. Que teniendo en cuenta que originalmente fue filmada en 1959, ya os podéis imaginar que no son demasiado fuertes para el público actual.
El film arranca con la imagen de un plano, señalando que la acción transcurre en la ficticia Isla de Sangre. Este será el elemento que unirá las películas que se producirán después del sorprendente éxito de Terror Is a Man.
Las novias del monstruo (Brides of Blood, Gerardo de León, Eddie Romero, 1968) fue la primera de las secuelas que se estrenó desarrollando el concepto de Blood Island. No es una secuela, exactamente, ya que no continua la historia de Terror Is a Man, pero se trata de otra historia de terror en la que la isla hará honor a su nombre.
El doctor Paul Henderson (Kent Taylor), acompañado de su esposa Carla (Beverly Powers acreditada como Beverly Hills), viaja a la Isla de Sangre para determinar si ha tenido algún efecto perjudicial en el lugar la radiación de las pruebas nucleares que se hicieron allí décadas antes. En el mismo barco viaja Jim Farrell (John Ashley), miembro del Cuerpo de Paz que viaja a la isla para enseñar a los indígenas a construir sistemas de irrigación, mejorar las cosechas y que la vida allí sea más productiva y algo más fácil. Al poco de llegar, Alma (Eva Darren) les informa con dolor que su pueblo ha retomado prácticas que se consideraban parte del pasado. El doctor Henderson, Carla y Jim descubren que estas prácticas consisten en escoger mediante sorteo que mujeres se ofrecerán como sacrificio a una monstruosa criatura que aparece por las noches. Por si eso fuera poco, la radiación ha provocado diversas mutaciones en la flora y la fauna. Y también aparece el misterioso Esteban Powers (Mario Montenegro), a quien los indígenas temen y que puede que sepa más de lo que parece a primera vista de lo que sucede en la isla.
De las cuatro películas que conforman la serie Blood Island, esta es la que más me gustó. Posiblemente por su argumento de puro pulp que incluye sacrificios de vírgenes a monstruos, criaturas mutantes, árboles asesinos y un memorable villano monstruoso. Por supuesto, el protagonista se enamora de la hija del jefe del pueblo y, por supuesto, será entonces elegida para el sacrificio poniendo a prueba el valor de nuestro protagonista. Elementos clásicos y familiares en el mejor sentido de la palabra, ofreciendo 97 minutos de puro entretenimiento, aderezados con escenas de terror e impresionantes efectos gore teniendo en cuenta la época y el presupuesto.
Esta película se puso en marcha debido al sorprendente éxito de Terror Is a Man y esta también se convirtió en un éxito, cimentando el potencial de la franquicia. En esta entrega se incorpora un elemento importante en las siguientes películas: el actor John Ashley, que había aparecido en algunas producciones de la AIP, entre las que destacan las beach movies que protagonizaron Annette Funicello y Frankie Avalon. Ashley era una especie de Ricky Nelson de Hacendado que se enamoró de Las Filipinas (y al parecer también de las filipinas) y se convirtió en protagonista de las siguientes entregas.
En Mad Doctor of Blood Island (Gerardo de León, Eddie Romero, 1969) John Ashley es el doctor Bill Foster, que llega a la Isla de Sangre para ofrecer sus servicios como médico a los indígenas. En el mismo barco en el que llega el doctor Foster también viajan Carlos López (Ronaldo Valdez), que quiere reencontrarse con su familia y pasado en la isla, y Sheila Willard (Angelique Pettyjohn), quien busca encontrar a su padre (Tony Edmunds) quien lleva años viviendo en la isla perdido en una bruma de alcohol, y es el interés romántico del doctor Foster. Al llegar a su destino, se encuentran que la población vive aterrada por la presencia de unas misteriosas criaturas de sangre verde que atacan a los habitantes de la isla sin piedad. ¿Es posible que el misterioso doctor Lorca (Ronald Remy) y sus experimentos tengan algo que ver? Claro que sí, la cuestión es si nuestros protagonistas sobrevivirán a la locura del doctor Lorca o se sumarán a su lista de víctimas.
Esta película tiene uno de los inicios más memorables no solo de la franquicia sino del cine exploitation de terror de la historia, ideado por los responsables de marketing de Hemisphere Pictures. Como las criaturas que aparecen en la película tienen la sangre verde, se les ocurrió repartir en los cines que proyectaban Mad Doctor of Blood Island unos sobres con "sangre verde" (colorante verde con azúcar) para que fuera bebido por los espectadores y evitar que estos se contaminaran y acabaran convertidos en criaturas monstruosas de sangre verde. Pero antes de beberlo, los espectadores debían recitar el juramento de la sangre verde. Para ello se añadió un prólogo a la película en la que unos adolescentes (el público objetivo para el que estaba pensada la película) escuchaban una voz en off que les recitaba el juramento, gracias a un rótulo los espectadores podían hacerlo también. Al parecer, muchos lo hacían, como parte de la diversión del film, poniéndose de pie en la sala y bebiendo la sangre verde tras recitar:
"Yo, una criatura viva de la entidad cósmica, estoy preparado para entrar en el reino de aquellos escogidos para que se les permita beber los fluidos de la Esmeralda Mística aquí ofrecidos. Me uno a la Orden de la Sangre Verde con una mente abierta y por los poderes de este líquido estoy preparado para ver las antinaturales criaturas de sangre verde sin miedo a ser contaminado."
Una vez todo el mundo estaba listo para ver las criaturas antinaturales de sangre verde, empezaba la película propiamente dicha. Y de forma igualmente memorable, con una mujer desnuda corriendo por la selva perseguida por ya os podéis imaginar qué (al parecer la muchacha no había bebido los fluidos de la Esmeralda Mística).
Hay una escena bastante desagradable, en la que los habitantes de la isla sacrifican cerdos y cabras para aplacar a los monstruos que los atacan, que siendo Las Filipinas a finales de los 60 se ve que se sacrificaron de verdad un par de cabras y de cerdos. Dejando de lado este momento, la película es otro divertimento en el que se acumulan las escenas gore y el terror clásico monstruoso. En esta entrega también se eleva el cociente melodramático, con un despliegue de complejas relaciones e historia pasada que obliga al espectador a prestar más atención a lo que sucede entre los personajes que los experimentos del doctor Lorca. A la mínima te puedes despistar y ya no sabes quién era el romance de quién o quién fue infiel con quién. Lo cual no le resta diversión a la película, todo lo contrario.
El argumento tiene algunos puntos de conexión con Terror Is a Man, pero eso no impide a esta entrega brillar con su propia luz verdosa. Seguramente es la más gore de todas, con personajes que acaban con sus entrañas esparcidas a sus pies, y de las más delirantes.
Cada entrega de esta saga había sido más exitosa que la anterior. Bestia de sangre (Beast of Blood,Eddie Romero, 1970) siguió la misma tónica, siendo la más taquillera de toda la saga. Es la única que se podría calificar de secuela, ya que arranca momentos después del final de Mad Doctor of Blood Island. Se descubre que una de las criaturas no estaba tan muerta como se pensaba y acaba con los supervivientes de la anterior entrega en el sangriento inicio. El único que se salva es el doctor Bill Foster, el personaje que interpretó John Ashley (que es el único actor de Mad Doctor of Blood Island que regresó para la nueva entrega).
El doctor Foster regresa a la Isla de Sangre para saldar las cuentas con el doctor Lorca (Eddie Garcia). A pesar de que no le hace gracia al buen doctor, al viaje se apunta la periodista Myra J. Russell (Celeste Yarnall) que investiga lo sucedido en la isla. Al poco, será secuestrada por los esbirros del doctor Lorca, cuyos nuevos experimentos han logrado mantener a la cabeza del monstruo de la anterior entrega separada de su cuerpo, con el que experimenta con distintas cabezas de diversa procedencia.
Como ya he mencionado, esta fue la entrega más taquillera de la saga. Posiblemente debido al cambio de tono, ya que el film es una película de delirantes aventuras en la jungla con toques de terror más que una pura película de terror. El cambio le favorece, centrándose más en la acción y evitando que se hiciera repetitiva (en especial cuando las ves todas seguidas poniendo en peligro tu cordura). Pero los momentos que destacan para mí no son tanto las escenas de acción como las escenas en las que discuten el doctor Lorca y la cabeza del monstruo, que se llama, lo creáis o no, Dom Ramón.
Este es un divertido y entretenido cierre a esta peculiar saga. Una serie de películas de terror delirantes, cargadas de litros de sangre y desnudos gratuitos, que hará las delicias de los amantes a la serie B y al cine de culto más loco.
Es posible que este clásico no sea conocido entre los cinéfilos mainstream, pero para los aficionados al cine de monstruos gigantes, este es un título muy querido y respetado. Preparaos porque llega la madre de todos los monstruos en Gorgo (Eugène Lourié, 1961).
Joe Ryan (Bill Travers) y Sam Slade (William Sylvester) son dos cazatesoros que recalan en la costa de Irlanda para arreglar su barco. Durante su estancia, escuchan los rumores de la existencia de una criatura que ronda las profundidades de la zona. Intuyendo que pueden ganar mucho dinero, capturan a la criatura. Sean (Vincent Winter), un niño huérfano del lugar, les advierte que deben dejar a la criatura en paz o se arrepentirán. Pero Joe y Sam no le hacen caso, más interesados en cómo explotar a la criatura. Se ríen de los científicos que pretenden estudiarla y deciden venderla a un circo de Londres, donde es bautizada con el nombre de Gorgo. Pero lo que no sospechan es que Gorgo no es más que una cría y que su gigantesca madre está de camino y no muy contenta.
Eugène Lourié estaba bastante familiarizado con el género cuando se puso a dirigir Gorgo. Su primera película como director fue el clásico El monstruo de tiempos remotos (The Beast from 20,000 Fathoms, 1953) y desde entonces, casi todo su trabajo como director se mantuvo dentro de este género para el que demostró tener no poco talento. Tal vez es esa misma familiaridad con el género lo que acabó haciendo de esta una película tan especial, que se aparta de lo que era más típico entonces: protagonistas científicos, heroícos militares que se enfrentan al monstruo para abatirlo triunfalmente... Nada de esto aparece en Gorgo. Los protagonistas son dos personajes interesados solo en ganar dinero. Esta avaricia es la que acaba provocando una gran tragedia y que ambos se acaben replanteando su filosofía de vida, una lección poco habitual en la época en que se rodó la película, cuando entonces se relacionaba el éxito personal con el éxito material: tener el mejor coche, la mejor casa y el mejor todo.
Pero el aspecto por el que esta película destaca sobre el resto de títulos parecidos de la época es su contenido ecologista. Aquí el monstruo no es el enemigo a destruir sino el héroe. No se presenta como una criatura malvada sino como un animal que reacciona de forma natural a lo que sucede, un mensaje animalista insólito a principios de los años sesenta del siglo XX. En esto también se ha de agradecer el impacto que tuvo en Lourié lo que le dijo su hija de cuatro años, después de llevarla a ver su debut como director: "has sido malo, papá. Mataste a la simpática criatura". Un comentario que se le quedó grabado a Lourié, que no se esperaba que los niños empatizaran de esa manera con el monstruo. Esto se refleja en Gorgo en Sean, el niño protagonista que representa el centro moral de la historia.
Sin embargo, los aficionados a las películas de monstruos gigantes ven estas películas para disfrutar con algo de acción monstruosa. Y, desde luego, Gorgo no defrauda. El diseño de Gorgo y su madre van más allá del simple lagarto grande o el pseudodinosaurio. Es original, con características, como las orejas "aladas", que le dan personalidad propia y los distinguen de otras criaturas parecidas de la época. Los efectos especiales son muy notables, teniendo en cuenta el presupuesto y los medios que existían entonces. El trabajo de las maquetas es excelente, creando la ilusión de que caen objetos pesados cuando se destruyen los edificios. La integración de la acción monstruosa y los actores humanos está también muy bien lograda. El único plano que resulta poco convincente es una obvia pintura usada para establecer una localidad y solo aparece unos segundos en pantalla.
Aunque sus aventuras continuaron en una efímera serie de cómics, Gorgo no tuvo secuelas. Pero su impacto se notó dentro del género. En especial en la saga Godzilla, después del gran éxito que fue Gorgo en Japón. Y su legado continua, claro, como uno de los mejores títulos clásicos que se pueden encontrar dentro del género.