27 nov 2020

El gran lío (Nothing But Trouble)

 

Imaginad una mezcla de El sótano del miedo (The People Under the Stairs, Wes Craven, 1991) y el episodio de Historias de la cripta "Let the Punishment Fit the Crime" (T6-EP1) con unas gotas de La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974). El resultado puede que se parezca a El gran lío (Nothing But Trouble, Dan Aykroyd, 1991), una comedia de terror que fue un tremendo fracaso de taquilla en su día.

Chris Thorne (Chevy Chase) es un asesor financiero que busca ligar con la abogada Diane Lightson (Demi Moore), de modo que se ofrece a llevarla en coche hasta Atlantic City, viaje al que se suman los clientes de Thorne Fausto (Taylor Negron) y Renalda (Bertila Damas). Durante el trayecto cometen el error de saltarse una señal de stop en un pequeño pueblo alejado de todo. Caen así en las garras del juez Valkenheiser (Dan Aykroyd), que solo tiene una sentencia para todos los crímenes: muerte.

Viendo El gran lío es fácil entender porqué fue un fracaso en su día: es una película rara, rara, rara. Los protagonistas están atrapados en la enorme mansión de la familia del juez, llena de trampas, pasajes secretos y extraños mecanismos. La familia es una colección de locos psicópatas, con la excepción de uno de los miembros interpretado por John Candy. Dos bebés gigantes forman parte de la familia. Los incautos que acaban en manos del juez son ejecutados mediante una gigantesca máquina que los reduce a sangrientos huesos. Todo presentado con un peculiar tono de comedia negra pasada de vueltas con toques absurdos. Sí, es fácil entender que no funcionara demasiado bien con el gran público, pero creo que si el estudio no hubiera forzado que la película fuera reeditada para obtener la calificación PG-13, tal vez hubiera tenido mejor suerte con los fans del terror que la hubieran convertido en una cinta de culto. Además, no sabían bien cómo venderla, el tráiler es terrible y no muestra lo demencial que es el film.

Como comedia, Nothing But Trouble no provoca grandes carcajadas precisamente, aunque algunas escenas me hacen reír. Su mayor atractivo, para mí, es ver cómo evoluciona su demente historia. Ver qué nuevo elemento bizarro o qué nuevo problema se encontrarán los protagonistas. Es una película que transita por la delgada línea que separa la comedia del terror, un equilibrio difícil de conseguir y esta película no lo consigue al 100%. A pesar de todo, es lo bastante grotesca como para que se me haga interesante. Y por la misma razón no es una película para todo el mundo.

26 nov 2020

Atracción diabólica (Monkey Shines)

 

Así es cómo funciona mi cerebro: hace una semana me llegó la nueva edición limitada de Zombi (Dawn of the Dead, George A. Romero, 1978) que ha editado Second Sight. Además de los siete discos y la novelización de la película, esta edición incluye un libro con diversos artículos analizando el film, fotos, pósteres y una entrevista con George A. Romero. En la entrevista se menciona brevemente Atracción diabólica (Monkey Shines, 1988), que Romero dirigió basándose en una novela. Entonces pensé si estaría la novela en e-book, cuando acabé con el libro sobre Dawn of the Dead busqué Monkey Shines, la encontré en kindle y la compré por 3 euros. Mientras la leía pensé que hacía tiempo que no veía la película. Me puse a ver la película poco después y pensé que no había escrito un artículo sobre ella para el blog. Y aquí estamos.

El argumento, por si acaso hay alguien que no conoce esta película, es este: Allan Mann (Jason Beghe) queda cuadriplégico tras sufrir un accidente. En un intento de sacarlo de la depresión, el doctor Geoffrey Fisher (John Pankow) le regala a Allan una mona capuchina. No es un regalo completamente desinteresado, Geoffrey ha estado experimentando con la mona, inyectándole un suero para hacerla más inteligente, y quiere ver cómo actúa alejada del ambiente de laboratorio. Poco a poco, Allan empieza a notar la influencia emocional que tiene la mona sobre él y él sobre la mona. Hay una conexión emocional entre ambos que no tardará en volverse homicida.

Atracción diabólica es uno de los títulos más infravalorados dentro de la filmografía de George A. Romero. Producido durante uno de los breves periodos en que Romero trabajó dentro del sistema hollywoodiense, es una interesante mezcla de thriller y terror que cuenta con un gran reparto. Romero hace verosímil y efectiva un argumento que perfectamente podía ser carne de alguna serie B pasada de vueltas. Pero Romero nos mete en una historia cargada de suspense, adoptando un estilo más clásico que destaca con los títulos cargados de gore anteriores. De paso, el director introduce algunas reflexiones sobre la naturaleza humana, no muy alejada de la animal.

Como siempre, me sorprendió descubrir que dura casi dos horas, cuando el recuerdo que tenía es el de una película corta y directa. Algo habitual en las películas de Romero, que se hacen más cortas de lo que realmente son, seguramente porque era también editor en sus inicios y sabe exactamente qué es importante y qué sobra. De ahí que algunas de sus películas duren dos horas o las sobrepasen pero nunca se tiene la sensación de estar viendo una película larga.

Que esté situada entre la tercera entrega de su serie sobre muertos vivientes y una adaptación de Stephen King, probablemente ha contribuido a que el film pase desapercibido. Pero eso no quita que sea una película todavía efectiva y absorbente.

25 nov 2020

The Lure (Córki dancingu)

 

Pasa muy a menudo. Te levantas y te dices: "cómo me gustaría ver una peli musical polaca sobre sirenas asesinas". Por suerte, esa película existe y fue muy popular en festivales hace unos cinco años: The Lure (Córki dancingu, Agnieszka Smoczynska, 2015). ¿Qué tal aguanta el film alejado del hype que le dio tanto éxito en su día? Pues bastante bien.

La directora Agnieszka Smoczynska mezcla distintos mitos sobre las sirenas, desde las criaturas que llevaban a los marineros a su muerte hasta las trágicas figuras románticas de los cuentos de hadas. Una mezcla que enriquece esta historia sobre dos sirenas que, atraídas por un grupo ensañando en la orilla de la playa, decide unirse a un decadente acto de cabaret. Así se convierten en las Hijas del Baile a las que alude el título original. Pero las sirenas, Srebrna (Marta Mazurek) y Zlota (Michalina Olszanska), no quedarán intactas por su contacto con los humanos y la tragedia aguarda cerca.

Parte del éxito del film recae en la forma en que la directora presenta esta mezcla de géneros, sin caer en la parodia o el camp. Es un musical, así que la fantasía y la irrealidad son elementos esenciales, pero los sentimientos y, más importante, los apetitos de los personajes son reales. Y son los que traen consigo la tragedia. El contacto con los humanos provoca una inevitable contaminación y corrupción de las sirenas. Srebrna, que parece integrarse más fácilmente, será la que más sufra; mientras Zlota, que prefiere mantenerse más fiel a su naturaleza, tendrá las cosas más relativamente fáciles. Hay que señalar que la naturaleza de estas sirenas es asesina, se alimentan de corazones humanos, literalmente. Es esta cualidad como "devorahombres" la que les resulta más útil, ya que el mundo en el que se mueven no parece ser un mundo para los inocentes. Es un mundo en que incluso criaturas mágicas como estas pueden ser comercializadas y convertidas en otra moda más. Nadie parece sorprenderse en exceso ante la aparición de estas criaturas, por lo menos durante mucho tiempo. Se convierten en otro número más en el decadente cabaret en el que actúan.

The Lure es un musical que funciona a la perfección como tal. Equilibrando la comedia y el terror, las canciones se integran en la narración de manera que sirven para mostrarnos qué sienten los personajes, sin detener la acción. Aunque no tengo ni idea de polaco, algunas canciones se me hicieron pegadizas, así como los números musicales están muy bien ejecutados y concebidos.

Esta es una de esas ocasiones en las que el hype estaba justificado. The Lure se mantiene como un film original, en ocasiones sangriento y siempre entretenido, muy recomendable.

24 nov 2020

La lengua asesina

 

Cuando era adolescente y todavía existían videoclubes, tenía la costumbre de dar vueltas por el barrio buscando rarezas y pelis de terror que todavía no hubiese visto, especialmente películas con un toque lovecraftiano. En una de estas búsquedas, en una tienda que vendía también discos de segunda mano además de alquilar películas, le pregunté al dependiente si tenía "pelis con monstruos con tentáculos", porque imaginaba que si decía "pelis con un toque lovecraftiano" no sabría de lo que estaba hablando. El dependiente me dijo "si te gustan las pelis con tentáculos, esta te gustará" y me señaló La lengua asesina (Alberto Sciamma, 1996). No era exactamente lo que me esperaba, pero me pareció... interesante.

Candy (Melinda Clark) está esperando que su novio Johnny (Jason Durr) salga de la cárcel cuando, accidentalmente, un pedazo de un meteorito acaba en su boca. El meteorita la transforma, provocando que su lengua se transforme en una criatura asesina con conciencia propia. Además, el metereorito transforma sus perros en cuatro personajes estereotípicos gays. Candy inicia una lucha contra su lengua mientras la trama se va complicando con diversos personajes, como el sádico jefe carcelero (Robert Englund) que busca hacerle la vida imposible a Johnny.

La lengua asesina apareció en un momento interesante del cine español. Durante la década de los 80 del siglo XX, se produjo una desconexión entre el cine español y el público español. El origen se encuentra en el deseo de hacer cine serio y de calidad, alejado del cine de la década anterior. Desde el Ministerio de Cultura se marcaba el tipo de cine que se tenía que hacer, buscando el prestigio y la satisfacción intelectual. Esto se tradujo, generalizando mucho, en que la mayoría de las producciones eran o comedias sobre la vida de los progres en Madrid o dramas con la Guerra Civil de fondo. Todavía se hacía alguna película notable, pero la desconexión que he mencionado era evidente. Esta tendencia empezó a cambiar con la llegada de los 90 y el estreno de grandes éxitos como Belle Êpoque (Fernando Trueba, 1992) y Acción mutante (Álex de la Iglesia, 1993). El estreno de Acción mutante fue particularmente significativo, ya que se trataba de una violenta comedia de ciencia ficción nada habitual en el cine que se hacía en aquella época en España. El éxito del debut de De la Iglesia hizo que el cine de género volviera a estar permitido y abrió las puertas a producir películas del mismo estilo y una renovación del cine español que se bautizó, sin mucha imaginación, Nuevo Cine Español.

Es en este ambiente que aparece La lengua asesina, una película que mezcla comedia con ciencia ficción y body horror, muy extravagante y pasada de vueltas, que hubiera sido impensable unos pocos años antes. El film hace gala de una estética muy, muy noventera, con diversos guiños a la estética americana de los años 50, que ayuda a crear el mundo de tebeo en el que la delirante historia transcurre. Algunos elementos del film no han envejecido bien, como los mencionados estereotipos gays o la banda sonora de Fangoria (que admito es un grupo que nunca me gustó), además de que en algunos tramos parece que no sabe cómo seguir la historia. Pero, en su mayor parte, es un film que sigue siendo bastante divertido, con una trama que hace diversos homenajes a clásicos del fantaterror como la genial Brain Damage (Frank Henenlotter, 1988).

La película fue una coproducción británico-española. Eso se tradujo en un excelente reparto en el que nos encontramos a dos leyendas del terror como son Robert Englund y Doug Bradley, así como a un jovencísimo Jonathan Rhys Meyers como uno de los caniches transformado en humano. Por supuesto, el film está dominado por la fantástica Melinda Clarke, que no se puede decir que no haya tenido una carrera entretenida. Por tanto, la película se rodó en inglés y, por alguna razón que desconozco, las producciones o coproducciones españolas rodadas en inglés suelen tener un doblaje terrible. Pero, al tratarse de un guion traducido al inglés concebido en castellano, los diálogos tienen más gracia en castellano. O la tendrían si no fuera por el terrible doblaje. Personalmente, siempre opto por la versión original, por las interpretaciones de los actores principales.

Aquellos que no conozcan la película se encontrarán con un producto muy de su época, con un estilo exagerado de tebeo que puede hacer que la odiéis o, si tenéis la sensibilidad adecuada para este tipo de bizarradas, la disfrutéis con ganas.

23 nov 2020

La bestia del reino (Jabberwocky)

 

Tan irreverente, hilarante y escatológica como cuando se estrenó en 1977, La bestia del reino (Jabberwocky) fue el inicio de la carrera de Terry Gilliam como director en solitario, sin los Monty Python (más o menos). Un inicio que ya plantea muchos de los temas y fetiches que el director exploraría en futuros filmes.

Inspirado en el poema de Lewis Carroll, el film nos cuenta la historia de Dennis Cooper (Michael Palin), que llega al reino del rey Bruno el Cuestionable (Max Wall) en busca de fortuna. Su intención es encontrar un trabajo tranquilo que le permita ganar suficiente dinero para casarse con su amada Griselda (Annette Badland). La llegada de Cooper coincide con el asedio que sufre la ciudad por parte de un terrible monstruo, el Jabberwock, que no para de devorar ciudadanos. Cooper hace todo lo posible por no meterse en líos, por evitar cualquier conflicto o problema, pero, por supuesto, involuntariamente se ve metido en diversas peripecias que lo llevarán a enfrentarse con el Jabberwock.

Jabberwocky fue el primer proyecto en solitario de Terry Gilliam, aunque miembros de los Monty Python aparecen como actores, como el protagonista Michael Palin, y algunos gags todavía recuerdan al estilo de los Python. Sin embargo, el mediocre protagonista Dennis Cooper recuerda bastante a futuros héroes de Gilliam, como el Sam Lowry que Jonathan Pryce interpretó en Brazil (1985). La mediocridad y la mercantilización es uno de los principales temas de Jabberwocky, donde se nos presenta un mundo donde no hay sitio para los artistas, ya que su lugar lo ocupan mediocres sin imaginación interesados solo en obtener el máximo provecho económico. También se dispara contra la monarquía, el poder eclesiástico y los empresarios. Estos dos últimos estamentos, de hecho, no quieren que se mate al monstruo ya que esta situación de terror les beneficia.

El film funciona también a la perfección como una parodia del cine de fantasía y de monstruos. Demoliendo todos los tópicos posibles, con su demente princesa (Deborah Fallender) y sus caballeros tan estúpidos como violentos. Y siendo como es una sátira, una parodia, un film no muy interesado en el rigor histórico, resulta más auténtico y realista en su descripción de la Edad Media que muchos dramas serios ambientados en esta época.

Pero lo más importante a señalar de Jabberwocky es que es una comedia que hace reír de principio a fin, ya sea por sus momentos absurdos, sus bromas escatológicas, sus escenas gore o la estupidez de los personajes. Es un clásico que sigue siendo punk y actual.