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8 may 2026

Massacre

 


 

Massacre (1989) es una película de Andrea Bianchi. Y ya está, qué más se necesita saber cuando es Andrea Bianchi el director. Oh, ¿necesitáis más? Bueno, aquí tenéis.

Durante el rodaje de una película de terror, el director Frank (Maurice Poli) decide celebrar una sesión de espiritismo para darle realismo a su película, algo perfectamente lógico. La médium Madam Yurich (Anna Maria Placido) no atrae a su benévolo espíritu guía sino a un espíritu malvado que responde al nombre de Jack, tal vez sea el espíritu de Jack, el destripador. Este espíritu posee a uno de los asistentes, lo que hace que se dedique a matar a los miembros del rodaje. El inspector Walter (Gino Concari), casualmente el amante de la actriz protagonista Jennifer (Patrizia Falcone), investiga los asesinatos, que coinciden con los asesinatos de otro maníaco que anda suelto por la ciudad.

Es posible que, si veis Massacre, algunas escenas os resulten familiares, ya que las escenas gore y algún momento erótico fueron reutilizadas para la película de Lucio Fulci A Cat in the Brain (Un gatto nel cervello, 1990). Fulci tenía acceso a las imágenes y pensó en reutilizarlas ya que Massacre formaba parte de una serie de películas de terror estrenadas directamente en vídeo, dos de ellas dirigidas por Fulci, unidas por el estandarte Lucio Fulci presents. La idea nació como algo parecido al Masters of Horror de Mick Garris, pensando utilizar directores con cierto peso dentro del género como Lamberto Bava, pero a medida que se fue reduciendo el presupuesto, el objetivo pasó a usar directores menos prestigiosos o que filmaban su primera película, excepto las dos dirigidas por Fulci y una dirigida por Umberto Lenzi. Esto explica el look televisivo de la película de Bianchi, cada película se rodó como si fuera el episodio de una serie.

Bianchi estaba acostumbrado a trabajar con presupuestos bajos, de modo que incluso con los limitados medios a su disposición consigue escenas y momentos logrados. Aunque no tan extravagante como sus películas más notables, Massacre ofrece la mezcla de momentos absurdos, brillantes e incompetentes que le dan a sus filmes ese toque peculiar y únicos que otros directores mediocres no saben otorgar a sus películas. Es decir, cuando utiliza una doble de cuerpo para una escena de sexo en la ducha, usa una actriz con el pelo distinto al de la actriz que dobla, lo cual te puede hacer gracia como muestra de simple incompetencia. Por otro lado, escenas como la de la sesión de espiritismo te hace pensar que Bianchi se lo está tomando todo a cachondeo. Y a esto se suma las escenas de asesinatos y acoso que funcionan en todos los niveles. No nos olvidemos tampoco de los momentos simplemente bizarros, que también encontramos en Massacre.

Lo peor que se puede decir de una película es que es aburrida, que no deja ninguna impronta en el espectador ya que solo despierta indiferencia. No sucede con Massacre, una película que puede que no esté a la altura de otras locuras del director, como su obra maestra La noche del terror (Le notti del terrore, Andrea Bianchi, 1981), pero que te mantiene entretenido, a ratos fascinado, de principio a fin.

 

15 mar 2024

Malabimba (Posesión de una adolescente) (Malabimba)


 
En un análisis que hace Stephen Thrower sobre la obra de Andrea Bianchi, incluido en la reciente edición en 4k de La noche del terror (Le notti del terrore, Andrea Bianchi, 1981), acaba llegando a la conclusión de que el director italiano no sea "un torpe" sino algo más cercano a un anarquista cinematográfico. Viendo más películas de este director, empiezo a entender lo que quería decir Thrower. La noche del terror es memorable, entre otras cosas, por tener a un actor adulto de talla baja en lugar de un niño porque su personaje tiene una trama incestuosa. No podían tener a un niño de verdad interpretando lo que hace el personaje y esa fue la mejor opción que tenían a mano, pero la cuestión no es ¿por qué utilizar un actor de talla baja en lugar de un niño?, la cuestión en realidad es ¿por qué incluir una trama incestuosa en una peli de zombis? Hay muchas películas de zombis sin incesto, pero no hay tantas que sean tan memorables como el clásico de Bianchi. Lo mismo se podría decir de Malabimba (Posesión de una adolescente) (Malabimba, 1979), que sobre el papel podría parecer otra copia de El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973), pero el director Andrea Bianchi conviertió en un festival de sordidez y perversión único.

Una noche, la familia Caroli decide mantener una sesión espiritista en su castillo. La sesión no sale cómo se esperaba, el cabeza de familia Andrea Caroli (Enzo Fisichella) quería contactar con su fallecida esposa pero quien responde es el vengativo espíritu de Lucrezia. Este espíritu posee a la joven Bimba, cuyo comportamiento se ve alterado progresivamente. La única que parece darse cuenta de que le sucede algo a la chica de 16 años es la hermana Sofia (Mariangela Giordano), una novicia a punto de convertirse en monja y que ejerce de enfermera del paralizado tío de Bimba Adolfo (Giuseppe Marroco). La familia solo reacciona cuando Bimba comete alguna acción pasada de rosca de forma pública, pero lo atribuyen a que está pasando por una nueva fase en su desarrollo y el doctor que la visita no le da importancia, así que será Sofia la única que intentará salvar el alma de Bimba.

Para diferenciar esta copia de El exorcista de las otras muchas que había en circulación, se decidió darle a la película un toque erótico. Nais, interpretada por Patrizia Webley, acumula el grueso de este tipo de escenas, en especial cuando intenta que su cuñado Andrea le preste atención mientras se conforma con las atenciones del notario Giorgio (Giancarlo Del Luca). La matriarca de la familia (Pupita Lea Scuderoni) está más preocupada por conservar el castillo que ha estado en su familia durante generaciones y anima a Andrea que se case con Nais y de este modo hacerse con el dinero que Adolfo, su hijo mayor, todavía conserva. El hecho de que Adolfo esté paralizado no parece importarle mucho a la hora de empujar a Andrea hacia Nais. Pero Bimba tampoco se queda corta protagonizando escenas eróticas, que resultan inquietantes si se tiene en cuenta que el personaje, no la actriz, tiene 16 años. Especialmente porque antes de ser poseída Bimba se comporta como una niña pequeña, aferrándose a sus peluches, como si su desarrollo hubiese quedado detenido. De hecho, en algún momento de la película se menciona que ha vivido toda la vida en el castillo sin contacto en el exterior, así que no es de extrañar que Bimba resulte tan casi más extraña sin poseer que poseída.

Una vez terminada la película parece que les pareció a los productores y al director que las escenas fuesen lo bastante fuertes y se decidió añadir insertos explícitos pornográficos a la película. Es bastante obvio que no se trata de los actores y actrices, lo que le añade más rareza al film.

En todo caso, el enfoque utilizado funcionó. A pesar de que hay un par de escenas que son copias obvias de escenas de El exorcista, desde luego Malabimba es un film que se queda grabado en la memoria por motivos propios. Tal concentración de perversidad en una sola película es difícil de olvidar, como los intentos de Bimba por excitar sexualmente a su padre, que luego parecen ser olvidados, o lo que le hace a su oso de peluche para que se adecúe más a sus nuevos apetitos. Es una película que trata sobre el deseo femenino, algo bastante sorprendente teniendo en cuenta la época en que fue realizada. Nais es un personaje que en otras películas sería castigado por su abierta naturaleza sexual y su exigencia a ser complacida, aquí no recibe ni castigo ni juicio de ningún tipo por parte de la película.

Esta actitud positiva hacia el deseo sexual femenino mezclado con la crítica de la burguesía le da algo de profundidad a una película que debe su reputación a su sordidez y enfebrecida perversidad. Aunque empezó como otro intento más de aprovechar el éxito de El exorcista, otra historia más de adolescente poseída, Bianchi convierte Malabimba en un fantástico ejercicio de delirio sexual difícil de olvidar.


16 jun 2023

Maniac Killer

 

Con un título como Maniac Killer (1987), que no es ni original ni interesante, no parece la película que lo acompaña vaya a tener alguna de esas cualidades. Pero cuando se sabe que su director fue Andrea Bianchi, director de clásicos de culto como son La noche del terror (Le notti del terrore, 1981) y Desnuda ante el asesino (Nude per l'assassino, 1975), la cosa ya cambia, ¿eh, pervertidillos?

En algún lugar de Francia, una secta secuestra y tortura prostitutas hasta que estas confiesan que están poseídas por Satanás momento en que son asesinadas. La policía no hace nada hasta que es secuestrada la condesa Silvano (Paulina Adrián) y su marido, el conde (Bo Svenson) amenaza con tomarse la justicia por su mano. La policía sospecha del doctor Roger Osborne (Chuck Connors), pero el conde tiene su ojo puesto en Gondrand (Robert Ginty) que ya ha intentando anteriormente que la condesa le acompañe para jugar al Twister sin tablero.

Así escrito parece que Maniac Killer tiene un argumento que se desarrolla hasta su conclusión. En realidad, la película es una serie de escenas inconexas que se van presentando al espectador, que ha de ir deduciendo lo que sucede. Y hay varias cosas que quedan sin explicar, como si estamos en un pueblo o en una ciudad de Francia, porque la cantidad de prostitutas que desaparecen y la cantidad de chulos que la habitan dispuestos a tomarse la justicia por su mano es desproporcionado para un pueblo de cualquier tamaño. Pero los comentarios que se hacen sobre el lugar y las personas que lo habitan parece indicar que es un pueblo pequeño y perdido. Lo cual hace que la policía quede como más incompetente al no hacer absolutamente nada hasta que desparece la condesa. Por supuesto, es difícil juzgar hasta que punto la policía es negligente porque el número de víctimas no queda nunca claro. Solo vemos tres contando la condesa pero se habla de muchas más; de las tres que vemos solo se habla de dos. Bianchi, además, parece que se esforzó en editar la película de manera que cualquier esperanza de desarrollo lógico fuera eliminada. Así, un grupo de pueblerinos habla de algo que sucede unos minutos después para el espectador. Personajes que aparecen ocultos para crear misterio alrededor de su identidad son identificados de forma inmediata sin ninguna revelación. Es decir, en un par de escenas se oculta la identidad del líder de la secta bajo una capucha y luego aparece sin la capucha pero sin que haya una revelación sorpresa ni nada. Simplemente pasa.

La torpeza y la ineptitud parece que son el centro de la película. Tanto por parte de los personajes como por parte del director y los guionistas. Lo único que se puede calificar de profesional y efectivo son las interpretaciones de Chuck Connors, Bo Svenson y Robert Ginty. Los tres eran profesionales acostumbrados a bregar en la serie B, así que su trabajo es impecable. Sus interpretaciones destacan aún más si las comparamos con las sobreactuaciones del resto del reparto, actuando como alienígenas que se hacen pasar por humanos.  Connors incluso mantiene la compostura cuando su personaje, un científico, parece estudiar atentamente datos que aparecen en la pantalla de un ordenador relacionados con su investigación, que es obvio que se trata de un salvapantallas que va mostrando las mismas ilustraciones una y otra vez.

Bianchi crea una película tan increíblemente anticinematográfica que parece una película experimental. Le pones Godard en los títulos de crédito y hoy día se estaría estudiando en las universidades. Maniac Killer es cine basura exploitation del máximo nivel.

17 nov 2015

La noche del terror (Le notti del terrore)

 
Hay películas malas que resultan aburridas o mediocres. Y hay películas tan malas que se convierten en toda una experiencia debido precisamente a su acumulación de errores, interpretaciones ineptas o cutrerío generalizado. Uno de los mejores ejemplos de este último caso es La noche del terror (Le notti del terrore, Andrea Bianchi, 1981).

La verdad es que no me acababa de decidir entre comentar esta película o La muerte tiene ojos (La sorella di Ursula, Enzo Milioni, 1978), pero al final me decidí por esta porque pensé que es más conocida y la gente entendería mejor lo que explico y porque no estoy seguro de querer que se sepa que conozco un film tan ultrasórdido como La muerte tiene ojos.

La noche del terror, más conocida por su título inglés Burial Ground: The Nights of Terror, fue dirigida por Andrea Bianchi, el mismo (ir)responsable de Desnuda ante el asesino (Nude per l'assassino, 1975). Pero mientras que se pueden encontrar algunos detalles que redimen lo que por otro lado es un festival de sordidez a la italiana como Desnuda ante el asesino, La noche del terror no hay por donde cogerla y la única manera de disfrutarla es como comedia involuntaria. Y, desde luego, nos ofrece muchos y diversos momentos de carcajada.

El argumento, por llamarlo de alguna manera, gira en torno a un grupo de amigos que van a visitar a un profesor (Raimondo Barbieri) amigo suyo, que me recuerda bastante al padre Abraham que cantaba con los pitufos. Lo que ellos no saben es que el profesor ha sido devorado por unos zombis de todo a 100 que ha despertado leyendo unos símbolos. Este grupo de amigos se enfrentará de forma bastante estúpida a unos zombis bastante listos.

Efectivamente, algo que podría haber dado gran resultado en una buena película aquí resulta desperdiciado: zombis inteligentes. Utilizan herramientas para matar e idean trampas, combinado con la típica actitud de zombi lento y estúpido. Pero nunca tan estúpidos como los vivos, que en ningún momento se les ocurre coger los coches en que han venido, que se encuentran en perfecto estado, para huir y salen corriendo de la casa aunque una de ellos tiene un tobillo lesionado.

Pero el elemento que más destaca en el film es Pietro Barzocchini que, usando el nombre Peter Bark, interpreta a Michael, el hijo pequeño de una de las parejas. Destaca porque Michael se supone que tiene unos doce años y Pietro tenía unos 26 años cuando lo interpretó. Con su pequeña estatura y un terrible doblaje se pretendía convencer al espectador de que Pietro era un niño pequeño. ¿Y por qué se hizo esto en lugar de buscar un niño actor? Pues porque después de un ataque zombi se produce una breve escena incestuosa entre Michael y Evelyn (Mariangela Giordano), su madre en la película. Es decir, prefirieron complicarse la vida para incluir una escena de incesto en su película de zombis en lugar de tener a un niño de verdad y eliminar el incesto. En fin, yo creo que fue una decisión acertada ya que la inquietante presencia de Michael proporciona grandes y bizarros momentos, en especial cuando lanza su inquietante mirada ojoshuever al espectador.

Creo que la mejor manera de ver La noche del terror es en grupo y con ganas de cachondearse de una película increíblemente cutre. Cutre por sus efectos, cutre por sus interpretaciones y cutre por su director. Diversión asegurada.


13 jun 2014

Desnuda ante el asesino (Nude per l'assassino)

Hay ocasiones en las que me planteo como reto personal coger una película completamente indefendible y, bueno, defenderla. Con algunas es fácil, con otras es más difícil. Desnuda ante el asesino (Nude per l'assassino, Andrea Bianchi, 1975) es de las difíciles, ya que fue dirigida por el mismo auteur responsable de La noche del terror (Le notti del terrore aka Burial Ground: The Nights of Terror, 1981).

La película se inicia con una ginecológica secuencia en la que un doctor (Filippo La Neve) se encuentra provocando un aborto en una modelo. Esta muere y el doctor llama a Carlo (Nino Castelnuovo), el cual ayuda al médico a dejar a la fallecida en su casa, para que la muerte parezca natural. Poco después, el doctor muere apuñalado por una misteriosa figura vestida de cuero negro y  que oculta su rostro con un casco de moto también negro. A partir de aquí, se sucederán los asesinatos en la agencia de Gissella y Maurizio Montani (Amanda [sin apellidos] y Franco Diogene, respecticamente). Agencia en la que trabaja Carlo como fotógrafo. En esta agencia también trabaja Magda Cortis (Edwige Fenech), la cual ayudará a Carlo a descubrir la identidad del asesino.

Desnuda ante el asesino es un giallo sórdido y sucio, que aprovecha cualquier oportunidad, cuanto más gratuita mejor, para mostrar a sus actrices desnudas. Además, el "héroe" de la película, el chulopiscinas Carlo, no solo ayuda a encubrir una muerte al principio del film, se aprovecha de mujeres para trotar con ellas y luego convertirlas en modelos y bordea el maltrato en diversas ocasiones. Una joya, vaya. Como contraste tenemos a la guapa Fenech, que interpreta un personaje bastante positivo en medio de toda esta misoginia.

A pesar de sus defectos, o tal vez gracias a ellos, este giallo acaba resultando bastante entretenido, aunque solo sea por la curiosidad de ver hasta que punto se va a sumergir en las cloacas. Con la ayuda de una estupenda banda sonora cortesía de Berto Pisano, Bianchi dirige de forma bastante energética las secuencias de los asesinatos, plato fuerte de la película junto al despliegue de carne fresca.

Por tanto, esta película es pura basura, sí, pero basura entretenida, así que no es un desperdicio total. Y después de verla, seguramente necesitaréis una ducha.