27 abr 2026

Murder in Blue Light (Omicidio a luci blu)

 


 

Murder in Blue Light (Omicidio a luci blu, Alfonso Brescia, 1992) es un giallo noventero; no el mejor momento del género pero, no obstante, se produjeron algunos títulos interesantes. Este film es un ejemplo, inspirado en películas americanas que habían triunfado en Italia, protagonizado por dos intérpretes entre populares y de culto como eran Florence Guérin y David Hess.

Starlet (Florence Guérin) es una popular modelo muy solicitada para promocionar marcas diversas. Por las noches, Starlet se transforma en Sherry, una prostituta que trata con clientes de gustos más que peculiares. Lo hace por una razón concreta personal, no por querer divertirse experimentando con la mala vida. Paralelamente, el subinspector Flanagan (David Hess) investiga los extraños y sangrientos asesinatos de un misterioso asesino, que tiene la costumbre de dejar una granada de juguete entre las piernas de sus víctimas.

En Italia, el clásico de Brian De Palma Doble cuerpo (Body Double, 1984) se estrenó como Omicidio a luci rosse. Con su mezcla de intriga y erotismo, es obvio que el film de De Palma se encontraba en la mente de los productores cuando pusieron en marcha el proyecto. Pero viendo la película, el film que más parece ser una influencia, si nos fijamos en el look de Sherry, la iluminación de algunas escenas y el tipo de prácticas sexuales que demandan los clientes es La pasión de China Blue (Crimes of Passion, Ken Russell, 1984). Esta influencia también está presente en que parece, por su descripción, una película con gran carga erótica, pero no es el caso. Por ejemplo, uno de los clientes pide que le golpeen el trasero como si fuera un niño que se ha portado mal y otro solo quiere ver a Sherry limpiando. Otra sorpresa del film es David Hess interpretando a un héroe, cuando era habitual verlo de villano.

Está claro que esta película fue concebida como un producto. Algo destinado a traer espectadores usando el éxito de otras películas. Además, su director era un habitual del cine exploitation comercial sin ninguna aspiración artística. A pesar de todo, el film funciona. Contiene suficiente detalles curiosos y secuencias interesantes como para contrarrestar su intención comercial y Brescia, que no era conocido por ello, también introduce florituras en la dirección. Murder in Blue Light resulta ser, contra todo pronóstico, un interesante título para los aficionados al género.


 


24 abr 2026

Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto)

 


 

De entre los excelentes (en su mayor parte) títulos que componen la filmografía de Dario Argento, Tenebre (1982) es uno de mis favoritos. Es tal vez por eso que me lo pasé tan bien con Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto, 1994), en la que el mercenario Bruno Mattei plagia sin vergüenza el film de Argento.

Giovanna Dei (Monica Carpanese) es una dibujante de cómics que se encuentra en el foco de la polémica cuando empiezan a tener lugar una serie de asesinatos  que imitan los que aparecen en su obra. Cuando el asesino le empieza a dejar morbosos presentes y a llamarla, queda claro que el misterioso asesino está obsesionado con ella. 

Mattei era un experto en apuntarse a cualquier género que fuese popular en el momento. Así que resulta algo sorprendente que no dirigiera un giallo hasta que el género estaba en su momento más bajo de popularidad. Posiblemente lo hiciera debido a la popularidad de los thrillers eróticos americanos en aquel momento, de hecho esta película se rodó al momento de terminar el rodaje de Dangerous Attraction (Attrazione pericolosa, Bruno Mattei, 1993) y por el título ya os podéis imaginar que tipo de película inspiró su producción.

Como hemos mencionado al principio, la película es un plagio de Tenebre. Pero es algo fácil de perdonar porque, primero, lo hace de manera tan desvergonzada que tiene su gracia, y, segundo, la película es entretenida de forma constante. No hay momento para el aburrimiento cuando incluso las escenas más "normales" están animadas con interpretaciones exageradas y exaltadas. Aunque, para ser justos, esto también puede que se deba al doblaje inglés. En todo caso, el nivel de diversión que ofrece la película es tan alto como bajo era el presupuesto. Como muestra, el inicio del film en una carrera de karts que, imagino, originalmente sería una carrera de coches. Pero la carrera de karts tiene una gracia surrealista que no tendría si la escena hubiese contado con una típica carrera de coches.

Mattei, hay que reconocerlo, tal vez hiciera imitaciones baratas de otras películas, pero no eran imitaciones ni pálidas ni aburridas. Madness es un perfecto ejemplo de su manera de hacer. Una película que, en manos de otro director, habría acabado siendo olvidada como una pobre copia de una obra maestra. Y lo que tenemos en cambio es una película que te mantiene enganchado para ver qué próxima escena delirante tendrá lugar.

17 abr 2026

La mansión de Cthulhu

 


 

Juan Piquer Simón fue uno de los últimos supervivientes de la gran época dorada del cine de género en España, aguantando cuando muchos se retiraron o se vieron obligados a dejar el fantaterror. Para cuando llegaron los 90 del siglo XX, Piquer Simón trabajaba con presupuestos muy bajos, pero no por ello cejó en su empeño de crear un cine fantástico y de aventuras reminiscente de los seriales matinales que tanto le influyeron. Un ejemplo de ello es La mansión de Cthulhu, una película lovecraftiana realizada con más ambición que medios.

Un grupo de ladrones toma como rehenes al mago Chandu (Frank Finlay), a su hija Lisa (Marcia Layton) y a su ayudante Félix (Frank Braña). Liderados por Hawk (Brad Fisher), los ladrones obligan a Chandu a llevarlos a su casa. Lo que no saben los ladrones es que Chandu ha estado experimentando con un extraño volumen llamado Cthulhu, lo que ha provocado que abra una puerta a horrores cósmicos que habitan más allá de nuestra realidad. Y estos horrores están a punto de liberarse.

Piquer Simón no adaptó ningún relato en particular de H. P. Lovecraft, sino que se inspira en el mundo del escritor de Providence, utilizando algunos de sus motivos narrativos, y le añade algunos toques de Edgar Allan Poe. Los diálogos, en especial en inglés, son bastante malos y no funcionan cuando intentan ser modernos o darle un toque criminal. Eso está a la par del reparto que, con excepción de los veteranos Frank Finlay, Frank Braña y Emilio Linder, ofrece interpretaciones terribles y exageradas. Lo que explica que sus filmografías sean más bien cortitas, pero también le añaden diversión a la película en los momentos flojos cuando no sucede nada sobrenatural. Por suerte, todo lo que atañe a Finlay y su historia funciona, manejando bien los elementos lovecraftianos y aprovechando unos excelentes maquillajes a pesar del poco dinero que tenían para efectos.

Piquer Simón durante el inicio de su carrera estaba pendiente de las modas, filmando películas que encajaban con lo que los espectadores podían estar buscando en un momento dado y, en ocasiones, adelantándose a las modas. Pero para cuando llegamos a esta película, su cine tenía un aire casi nostálgico, todavía bebía de los seriales y el pulp, en un momento en que ya se veían como algo pasado de moda. Pero es algo que yo aprecio en esta película ya que, como no sigue para nada las modas del momento en que fue realizada, resulta atemporal con el toque justo de nostalgia. Claro, hoy día la trama de unos delincuentes cuyas andanzas criminales se mezclan con una historia de terror nos resulta familiar y conocida, pero entonces todavía resultaba relativamente novedosa. Creo que una de las primeras veces que se utilizó, por lo menos que yo sepa, fue en el film Más allá del terror (Tomás Aznar, 1980), así que es posible que influyera en la película de Piquer Simón.

La mansión de Cthulhu no es la mejor película de Piquer Simón, no es la mejor adaptación que se ha hecho del trabajo de H. P. Lovecraft y tampoco estará en la lista de las mejores películas de terror de la historia de nadie. Pero es entretenida, las muertes son imaginativas, los efectos están bien resueltos y tiene momentos muy logrados. En otras palabras, es una sólida película de terror de serie B con la que pasar un buen rato.

 

10 abr 2026

La orgía nocturna de los vampiros

 


 

Un grupo de personas, recién contratadas para mantener y como servicio de un castillo, viaja en autobús hacia su destino. Cuando el chófer muere de un ataque al corazón, el grupo se ve obligado a hacer una parada no prevista en un solitario pueblo. Allí se encuentran con Luis (Jack Taylor), un comerciante que también ha parado en el pueblo, pero a nadie más. ¿Está el pueblo deshabitado? No es hasta la noche que los pueblerinos salen de su escondite para beber sangre, ya que este es un pueblo de vampiros.

La década de los 70 del siglo XX fue un momento de especial popularidad de los vampiros tanto en el cine, como en novelas, cómics y la televisión. Aunque entraba en plena decadencia, la Hammer había mantenido al vampiro gótico en forma, mientras que la serie de televisión creada por Dan Curtis Dark Shadows (1966-1971) había popularizado el vampiro moderno con Barnabas Collins (Jonathan Frid); películas como Drácula negro (Blacula, William Crain, 1972) y  El conde Yorga, vampiro (Count Yorga, Vampire, Bob Kelljan, 1970) habían trasladado al vampiro clásico a entornos modernos y urbanos. La orgía nocturna de los vampiros (León Klimovsky, 1973) hace algo parecido a lo que hacen estas películas, pero en un entorno rural aislado. Así, contiene elementos propios del terror gótico pero, al mismo tiempo, traslada los vampiros al presente actual (de entonces). El film también contiene trazas del cine de zombis moderno, recientemente transformado mediante el clásico La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), algo que el director León Klimovsky volvería a repetir con Último deseo (1976). Algunas de las escenas en las que atacan los vampiros tienen más en común con los ataques de zombis romerianos que con los ataques más clásicos de vampiros.

Klimovsky fue durante mucho tiempo no apreciado como se merecía. Director todoterreno, se consideraba a si mismo un simple artesano y tenía una actitud humilde parecida a la que tenía el director Mario Bava.  Pero viendo sus películas, está claro que Klimovsky era un director con una visión más artística de la que podría parecer a simple vista. Independientemente del guion, el director era un experto en crear atmósfera y crear interesantes soluciones visuales. Esta película no es una excepción, el director le otorga a este pueblo de vampiros una inquietante atmósfera, con esas calles vacías en las que acechan criaturas nocturnas en la sombra. El film también hace gala de un macabro humor negro, siguiendo un plano en el que a uno de los vampiros le cortan una pierna seguido de un plano de un asado que va a ser comido por humanos, sin saber de qué carne se trata. Estos toques macabros de humor surgen del guion de Gabriel Moreno Burgos y Antonio Fos, que también añaden un subtexto político a la película.

Eran los 70 y la Dictadura estaba agonizando, el subtexto político era casi inevitable. En este caso, la alegoría consiste en que la estructura del pueblo vampiro es una crítica del capitalismo. Hay un ente poderoso, en este caso la Señora, una reina vampira interpretada por Helga Liné, representante de los ricos y poderosos, que mantiene a sus subordinados hambrientos y sometidos completamente a su autoridad.  Es una lectura bastante obvia, teniendo en cuenta la época en que fue realizada la película, un momento muy politizado, pero no por ello sin mérito que pasó completamente desapercibida por la crítica de la época, que no vio ningún valor artístico en el film.

A pesar de cómo fue vista en el momento de su estreno, la película ha envejecido como el buen vino. Tiene un reparto muy efectivo, en el que encontramos nombres notables como Jack Taylor, Luis Ciges y la mencionada Helga Liné, pero lo más notable es que ni la historia ni la dirección de Klimovsky han perdido fuerza. Os sugiero aceptar la invitación a La orgía nocturna de los vampiros.

 

31 mar 2026

Tales from the Hood 3

 


 

Tales from the Hood (Rusty Cundieff, 1995) se ha convertido en un clásico de culto. Una excelente muestra de terror antológico cargada de sátira y crítica social. Tales from the Hood 2 (Rusty Cundieff, Darin Scott, 2018) no era tan redonda como la primera, pero no dejaba de ser una muestra entretenida del género. Por eso, con cierto optimismo, me puse a ver Tales from the Hood 3 (Rusty Cundieff, Darin Scott, 2020), ya que el equipo creativo era el mismo que el de las dos anteriores.

William (Tony Todd) lleva a la niña Brooklyn (Sage Arrindell) por un pasaje desolado con la promesa de reunir a la pequeña con su madre. Mientras avanzan por lo que parecen ruinas, con la amenaza de presencias extrañas, Brooklyn le cuenta una serie de historias a William para pasar el tiempo. La primera historia tiene que ver con un casero que utiliza turbios métodos para deshacerse de molestos vecinos y la consecuente venganza, la segunda sobre un demente racista conspiranoico que vive en un búnker, la tercera sobre una cantante que busca la fama y empieza a trabajar para una veterana cantante de ópera y la cuarta sobre un ladrón que sufre las consecuencias de sus actos.

Tales from the Hood 3 fue una tremenda decepción. Es una lástima, pero lo único que salvaría es la interpretación de Tony Todd. La cuarta historia es la única que funciona, pero principalmente por su humor negro a lo EC Comics no por que sea particularmente creativa. Las anteriores entregas también fueron realizadas con bajos presupuestos, pero aquí realmente se nota, tal vez por la falta de imaginación de la que hace gala la película. Las historias son derivativas, nada originales, muy previsibles y parecen contadas con poco interés. No se hace ningún esfuerzo por intentar adornar algo las típicas y tópicas tramas.

Creo que lo peor es que parece una película realizada simplemente para explotar un título conocido, no parece que los cineastas tengan el corazón puesto en crear un film entretenido. Más bien parece que trabajaron con el piloto automático puesto. Una gran decepción.