4 may 2026

Bugie rosse

 


 

La década de los 90 del siglo XX fue un punto bajo para el giallo. Se producían pocos, estaban muy americanizados, la cualidad había bajado mucho así como los presupuestos. Pero eso no quiere decir que no se produjeran títulos interesantes y el éxito de películas americanas como Instinto básico (Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992) facilitó que se produjeran películas que de otro modo no habrían visto la la luz. Un ejemplo de esto es The Final Scoop (Bugie Rosse, Pierfrancesco Campanella, 1993).

Marco (Tomas Arana) es un periodista que, cuando se encuentra realizando un reportaje sobre el underground gay, tropieza con un asesinato. A riesgo de convertirse en el principal sospechoso de la policía y en el objetivo de un peligroso asesino, Marco continua investigando, obsesionado con encontrar al asesino. La investigación resulta tan inquietante para Marco como lo que está descubriendo sobre si mismo.

Pierfrancesco Campanella se inspiró en el caso real de un director de televisión asesinado en un ambiente gay. El éxito del hoy clásico Instinto básico de Paul Verhoeven ayudó a que encontrara financiación pero también le obligó a incluir algunas escenas eróticas, principalmente entre el protagonista Tomas Arana y Gioia Scola, que interpreta a la esposa del personaje Adria. Esto hace que Bugie rosse oscile entre la exploitation morbosa y la intención de representar con realismo el ambiente en que se mueven los personajes. Lo que hace que la película funcione es que este equilibrio se consigue, representando a unos personajes con sexualidad fluida en un época en que este concepto no existía, o se era hetero o se era gay y punto.

La película de Campanella muestra cierta influencia del clásico de William Friedkin A la caza (Cruising, 1980). La diferencia entre ambos radica en que mientras que en el film de Friedkin se muestra el viaje que inicia Al Pacino como un viaje hacia la oscuridad, es decir de forma negativa, el viaje del personaje que interpreta Tomas Arana se muestra de forma más positiva. De hecho, en el final original, que no fue filmado debido a la oposición de los productores que lo veían como demasiado fuerte, el personaje de Arana deja a su esposa e inicia una relación con uno de los hombres que conoce durante su investigación. Demasiado para la época, en el epílogo que sí se filmó Campanella logró transmitir su idea de forma algo más retorcida. A pesar de todo, la película no estuvo exenta de polémica en su momento, aunque hoy día cuesta de entender por qué.

Para la época en que fue concebido, Bugie rosse resulta un film moderno en la manera en que representa la sexualidad, a pesar de estar obligado a incluir algunos tópicos para apaciguar a los productores. Además, la historia de suspense funciona y es un título que destaca en una época en que no se produjeron muchos gialli que aportaran nada al género.

 

1 may 2026

The Bloodstained Lawn (Il prato macchiato di rosso)

 


 

The Bloodstained Lawn (Il prato macchiato di rosso, Riccardo Ghione, 1973) es una película que solo podría haberse rodado en la década de los 70, en la franja previa al estreno de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977). Todavía había lugar para la ciencia ficción provocadora y la space opera no se había apoderado del género en su vertiente cinematográfica.

Un agente de la UNESCO (Nino Castelnuovo) descubre que unas botellas de vino en realidad contienen sangre. Mientras el agente investiga, seguimos a una serie de personajes que son atraídos a la mansión de Nina Genovese y su esposo el doctor Antonio Genovese (Marina Malfatti y Enzo Tarascio), con la ayuda del hermano de Nina Alfiero (Claudio Biava). Estas variopintas personas son llevadas a la mansión para ser convertidos en prisioneros sin que se den cuenta. Y cuando descubren la razón por la que han sido llevados allí, ya es demasiado tarde.

Il prato macchiato di rosso mezcla terror rural y ciencia ficción para crear una sátira que critica el capitalismo y se burla del fascismo. Durante los 70, había un gran número de cineastas, en especial en Europa, que usaban el cine para transmitir sus ideas políticas. Otros también lo hacían, pero lo hacían usando el género, logrando resultados más interesantes y que no caducaban tan rápido como las películas abiertamente políticas, que muchas veces se acababan convirtiendo en panfletos. Ejemplos de este uso del género son películas como Han cambiado de cara (...hanno cambiato faccia, Corrado Farina, 1971)Thirst (Rod Hardy, 1979)Oro maldito (E se sei vivo spara, Giulio Questi, 1967). Las dos primeras, en particular, tienen bastante en común con el film de Riccardo Ghione, compartiendo el sentido del humor y un tono, digamos, juguetón que sirve para ridiculizar y, al mismo tiempo, homenajear tópicos del género.

Si bien contaba con un presupuesto limitado, Ghione construye un film satírico con un diseño de producción muy pop, un pop setentero pero que hace que sea una película visualmente más interesante que otras producciones más "serias". Es esta mezcla tan dispar de elementos, la mezcla de géneros, de tono, de diseño, los que contribuyeron a crear un film que, contra todo pronóstico ha sobrevivido. La película sobrevivió un estreno limitado y una distribución casi inexistente, sobrevivió la llegada del cine streaming con una cuidada edición física. Ha sobrevivido, en fin, porque a pesar de su envoltorio pop setentero su mensaje sigue siendo vigente y su crítica es tremendamente acertada.

 

27 abr 2026

Murder in Blue Light (Omicidio a luci blu)

 


 

Murder in Blue Light (Omicidio a luci blu, Alfonso Brescia, 1992) es un giallo noventero; no el mejor momento del género pero, no obstante, se produjeron algunos títulos interesantes. Este film es un ejemplo, inspirado en películas americanas que habían triunfado en Italia, protagonizado por dos intérpretes entre populares y de culto como eran Florence Guérin y David Hess.

Starlet (Florence Guérin) es una popular modelo muy solicitada para promocionar marcas diversas. Por las noches, Starlet se transforma en Sherry, una prostituta que trata con clientes de gustos más que peculiares. Lo hace por una razón concreta personal, no por querer divertirse experimentando con la mala vida. Paralelamente, el subinspector Flanagan (David Hess) investiga los extraños y sangrientos asesinatos de un misterioso asesino, que tiene la costumbre de dejar una granada de juguete entre las piernas de sus víctimas.

En Italia, el clásico de Brian De Palma Doble cuerpo (Body Double, 1984) se estrenó como Omicidio a luci rosse. Con su mezcla de intriga y erotismo, es obvio que el film de De Palma se encontraba en la mente de los productores cuando pusieron en marcha el proyecto. Pero viendo la película, el film que más parece ser una influencia, si nos fijamos en el look de Sherry, la iluminación de algunas escenas y el tipo de prácticas sexuales que demandan los clientes es La pasión de China Blue (Crimes of Passion, Ken Russell, 1984). Esta influencia también está presente en que parece, por su descripción, una película con gran carga erótica, pero no es el caso. Por ejemplo, uno de los clientes pide que le golpeen el trasero como si fuera un niño que se ha portado mal y otro solo quiere ver a Sherry limpiando. Otra sorpresa del film es David Hess interpretando a un héroe, cuando era habitual verlo de villano.

Está claro que esta película fue concebida como un producto. Algo destinado a traer espectadores usando el éxito de otras películas. Además, su director era un habitual del cine exploitation comercial sin ninguna aspiración artística. A pesar de todo, el film funciona. Contiene suficiente detalles curiosos y secuencias interesantes como para contrarrestar su intención comercial y Brescia, que no era conocido por ello, también introduce florituras en la dirección. Murder in Blue Light resulta ser, contra todo pronóstico, un interesante título para los aficionados al género.


 


24 abr 2026

Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto)

 


 

De entre los excelentes (en su mayor parte) títulos que componen la filmografía de Dario Argento, Tenebre (1982) es uno de mis favoritos. Es tal vez por eso que me lo pasé tan bien con Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto, 1994), en la que el mercenario Bruno Mattei plagia sin vergüenza el film de Argento.

Giovanna Dei (Monica Carpanese) es una dibujante de cómics que se encuentra en el foco de la polémica cuando empiezan a tener lugar una serie de asesinatos  que imitan los que aparecen en su obra. Cuando el asesino le empieza a dejar morbosos presentes y a llamarla, queda claro que el misterioso asesino está obsesionado con ella. 

Mattei era un experto en apuntarse a cualquier género que fuese popular en el momento. Así que resulta algo sorprendente que no dirigiera un giallo hasta que el género estaba en su momento más bajo de popularidad. Posiblemente lo hiciera debido a la popularidad de los thrillers eróticos americanos en aquel momento, de hecho esta película se rodó al momento de terminar el rodaje de Dangerous Attraction (Attrazione pericolosa, Bruno Mattei, 1993) y por el título ya os podéis imaginar que tipo de película inspiró su producción.

Como hemos mencionado al principio, la película es un plagio de Tenebre. Pero es algo fácil de perdonar porque, primero, lo hace de manera tan desvergonzada que tiene su gracia, y, segundo, la película es entretenida de forma constante. No hay momento para el aburrimiento cuando incluso las escenas más "normales" están animadas con interpretaciones exageradas y exaltadas. Aunque, para ser justos, esto también puede que se deba al doblaje inglés. En todo caso, el nivel de diversión que ofrece la película es tan alto como bajo era el presupuesto. Como muestra, el inicio del film en una carrera de karts que, imagino, originalmente sería una carrera de coches. Pero la carrera de karts tiene una gracia surrealista que no tendría si la escena hubiese contado con una típica carrera de coches.

Mattei, hay que reconocerlo, tal vez hiciera imitaciones baratas de otras películas, pero no eran imitaciones ni pálidas ni aburridas. Madness es un perfecto ejemplo de su manera de hacer. Una película que, en manos de otro director, habría acabado siendo olvidada como una pobre copia de una obra maestra. Y lo que tenemos en cambio es una película que te mantiene enganchado para ver qué próxima escena delirante tendrá lugar.

17 abr 2026

La mansión de Cthulhu

 


 

Juan Piquer Simón fue uno de los últimos supervivientes de la gran época dorada del cine de género en España, aguantando cuando muchos se retiraron o se vieron obligados a dejar el fantaterror. Para cuando llegaron los 90 del siglo XX, Piquer Simón trabajaba con presupuestos muy bajos, pero no por ello cejó en su empeño de crear un cine fantástico y de aventuras reminiscente de los seriales matinales que tanto le influyeron. Un ejemplo de ello es La mansión de Cthulhu, una película lovecraftiana realizada con más ambición que medios.

Un grupo de ladrones toma como rehenes al mago Chandu (Frank Finlay), a su hija Lisa (Marcia Layton) y a su ayudante Félix (Frank Braña). Liderados por Hawk (Brad Fisher), los ladrones obligan a Chandu a llevarlos a su casa. Lo que no saben los ladrones es que Chandu ha estado experimentando con un extraño volumen llamado Cthulhu, lo que ha provocado que abra una puerta a horrores cósmicos que habitan más allá de nuestra realidad. Y estos horrores están a punto de liberarse.

Piquer Simón no adaptó ningún relato en particular de H. P. Lovecraft, sino que se inspira en el mundo del escritor de Providence, utilizando algunos de sus motivos narrativos, y le añade algunos toques de Edgar Allan Poe. Los diálogos, en especial en inglés, son bastante malos y no funcionan cuando intentan ser modernos o darle un toque criminal. Eso está a la par del reparto que, con excepción de los veteranos Frank Finlay, Frank Braña y Emilio Linder, ofrece interpretaciones terribles y exageradas. Lo que explica que sus filmografías sean más bien cortitas, pero también le añaden diversión a la película en los momentos flojos cuando no sucede nada sobrenatural. Por suerte, todo lo que atañe a Finlay y su historia funciona, manejando bien los elementos lovecraftianos y aprovechando unos excelentes maquillajes a pesar del poco dinero que tenían para efectos.

Piquer Simón durante el inicio de su carrera estaba pendiente de las modas, filmando películas que encajaban con lo que los espectadores podían estar buscando en un momento dado y, en ocasiones, adelantándose a las modas. Pero para cuando llegamos a esta película, su cine tenía un aire casi nostálgico, todavía bebía de los seriales y el pulp, en un momento en que ya se veían como algo pasado de moda. Pero es algo que yo aprecio en esta película ya que, como no sigue para nada las modas del momento en que fue realizada, resulta atemporal con el toque justo de nostalgia. Claro, hoy día la trama de unos delincuentes cuyas andanzas criminales se mezclan con una historia de terror nos resulta familiar y conocida, pero entonces todavía resultaba relativamente novedosa. Creo que una de las primeras veces que se utilizó, por lo menos que yo sepa, fue en el film Más allá del terror (Tomás Aznar, 1980), así que es posible que influyera en la película de Piquer Simón.

La mansión de Cthulhu no es la mejor película de Piquer Simón, no es la mejor adaptación que se ha hecho del trabajo de H. P. Lovecraft y tampoco estará en la lista de las mejores películas de terror de la historia de nadie. Pero es entretenida, las muertes son imaginativas, los efectos están bien resueltos y tiene momentos muy logrados. En otras palabras, es una sólida película de terror de serie B con la que pasar un buen rato.