Entre el título y el póster, podría parecer que Último deseo (León Klimovsky, 1976) es otro más de los muchos títulos eróticos que se produjeron en España a mediados y finales de la década de los 70 del siglo XX. Tal vez si se hubiera estrenado con su título original, Planeta ciego, habría quedado más claro que esta película del siempre efectivo León Klimovsky es una curiosa mezcla de ciencia ficción y el mejor fantaterror español.
Un grupo de ricos y poderosos se reúne para celebrar una fiesta privada, tradicionalmente organizada por la señora Lily (María Perschy). Será un fin de semana en la que los invitados se dedicarán a dar rienda suelta a sus fantasías. Entre los invitados tenemos al profesor Fulton (Alberto de Mendoza), que tiene contactos con el gobierno y acceso a información secreta, y el hombre de negocios, antiguo soldado y contrabandista de droga, Borne, al que da vida la estrella del género Paul Naschy. Los invitados se dedicarán a poner en práctica sus fantasías en los cuerpos de Clara (Nadiuska), Berta (Teresa Gimpera), Marion (Julia Saly), Luna (Leona Devine) y Tania (Diana Polakov). Pero antes de que empiece la fiesta, tiene lugar un fuerte temblor y se va la electricidad. Intrigados por ver qué ha pasado mientras cenaban en el sótano, el profesor Fulton llega a la conclusión de ha caído una bomba nuclear. Los supervivientes que se encontraban fuera han quedado ciegos y buscan vengarse del grupo protagonista por crímenes que creen que ellos han cometido.
El guion que corrió a cargo de Gabriel Moreno Burgos, Joaquim Jordà y Vicente Aranda no oculta sus influencias. La más evidente es la clásica novela de John Wyndham El día de los trífidos, cuya primera adaptación cinematográfica se había estrenado en España como La semilla del espacio (The Day of the Triffids, Steve Sekely, Freddie Francis, 1962). Otra influencia también fue La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) y la saga de los Templarios de Amando de Ossorio, que había llegado ya a la última entrega dirigida por Ossorio un par de años antes del estreno de Último deseo. Klimovsky maneja estas influencias dirigiendo el guion con gran profesionalidad y algún toque artístico, manejando el numeroso reparto (que irá disminuyendo a medida que avance el film, claro) de manera que se dota al film de una sólida base dramática. Antes de que empiece la acción se nos presenta a los personajes, quiénes son y qué quieren, consiguiendo que resulte así más interesante la evolución psicológica de estos personajes enfrentados a una situación imposible.
El film está impregnado del pesimismo setentero habitual en esta década que se mezclaba con la incertidumbre política del momento en España. Aunque también podría ser por las influencias previamente mencionadas, sea como sea le dota a la película de seriedad e inesperada profundidad, que no era habitual en el género que se producía en España entonces. Por supuesto, transmitiendo estas ideas es fundamental el reparto, variado y diverso, de la película. Cada personaje queda perfectamente definido, algunos con su propio momento para brillar. Como brilla también la película en los momentos de acción cuando los ciegos atacan, manteniendo el suspense y la angustia, revelando que el peor monstruo es siempre el humano.
Último deseo no fue un gran éxito y durante mucho tiempo pasó bastante desapercibida, posiblemente porque la versión más conocida es la americana, recortada y reeditada para las salas de doble sesión. Es una lástima, porque si hubiera sido un éxito es posible que se hubieran hecho más producciones como esta y también habría contribuido a que se viera a Klimovsky como algo más que un mero artesano. Pero lo que queda es una fantástica película, una gran mezcla de ciencia ficción y fantaterror que hará las delicias de los fans.








