10 abr 2026

La orgía nocturna de los vampiros

 


 

Un grupo de personas, recién contratadas para mantener y como servicio de un castillo, viaja en autobús hacia su destino. Cuando el chófer muere de un ataque al corazón, el grupo se ve obligado a hacer una parada no prevista en un solitario pueblo. Allí se encuentran con Luis (Jack Taylor), un comerciante que también ha parado en el pueblo, pero a nadie más. ¿Está el pueblo deshabitado? No es hasta la noche que los pueblerinos salen de su escondite para beber sangre, ya que este es un pueblo de vampiros.

La década de los 70 del siglo XX fue un momento de especial popularidad de los vampiros tanto en el cine, como en novelas, cómics y la televisión. Aunque entraba en plena decadencia, la Hammer había mantenido al vampiro gótico en forma, mientras que la serie de televisión creada por Dan Curtis Dark Shadows (1966-1971) había popularizado el vampiro moderno con Barnabas Collins (Jonathan Frid); películas como Drácula negro (Blacula, William Crain, 1972) y  El conde Yorga, vampiro (Count Yorga, Vampire, Bob Kelljan, 1970) habían trasladado al vampiro clásico a entornos modernos y urbanos. La orgía nocturna de los vampiros (León Klimovsky, 1973) hace algo parecido a lo que hacen estas películas, pero en un entorno rural aislado. Así, contiene elementos propios del terror gótico pero, al mismo tiempo, traslada los vampiros al presente actual (de entonces). El film también contiene trazas del cine de zombis moderno, recientemente transformado mediante el clásico La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), algo que el director León Klimovsky volvería a repetir con Último deseo (1976). Algunas de las escenas en las que atacan los vampiros tienen más en común con los ataques de zombis romerianos que con los ataques más clásicos de vampiros.

Klimovsky fue durante mucho tiempo no apreciado como se merecía. Director todoterreno, se consideraba a si mismo un simple artesano y tenía una actitud humilde parecida a la que tenía el director Mario Bava.  Pero viendo sus películas, está claro que Klimovsky era un director con una visión más artística de la que podría parecer a simple vista. Independientemente del guion, el director era un experto en crear atmósfera y crear interesantes soluciones visuales. Esta película no es una excepción, el director le otorga a este pueblo de vampiros una inquietante atmósfera, con esas calles vacías en las que acechan criaturas nocturnas en la sombra. El film también hace gala de un macabro humor negro, siguiendo un plano en el que a uno de los vampiros le cortan una pierna seguido de un plano de un asado que va a ser comido por humanos, sin saber de qué carne se trata. Estos toques macabros de humor surgen del guion de Gabriel Moreno Burgos y Antonio Fos, que también añaden un subtexto político a la película.

Eran los 70 y la Dictadura estaba agonizando, el subtexto político era casi inevitable. En este caso, la alegoría consiste en que la estructura del pueblo vampiro es una crítica del capitalismo. Hay un ente poderoso, en este caso la Señora, una reina vampira interpretada por Helga Liné, representante de los ricos y poderosos, que mantiene a sus subordinados hambrientos y sometidos completamente a su autoridad.  Es una lectura bastante obvia, teniendo en cuenta la época en que fue realizada la película, un momento muy politizado, pero no por ello sin mérito que pasó completamente desapercibida por la crítica de la época, que no vio ningún valor artístico en el film.

A pesar de cómo fue vista en el momento de su estreno, la película ha envejecido como el buen vino. Tiene un reparto muy efectivo, en el que encontramos nombres notables como Jack Taylor, Luis Ciges y la mencionada Helga Liné, pero lo más notable es que ni la historia ni la dirección de Klimovsky han perdido fuerza. Os sugiero aceptar la invitación a La orgía nocturna de los vampiros.

 

31 mar 2026

Tales from the Hood 3

 


 

Tales from the Hood (Rusty Cundieff, 1995) se ha convertido en un clásico de culto. Una excelente muestra de terror antológico cargada de sátira y crítica social. Tales from the Hood 2 (Rusty Cundieff, Darin Scott, 2018) no era tan redonda como la primera, pero no dejaba de ser una muestra entretenida del género. Por eso, con cierto optimismo, me puse a ver Tales from the Hood 3 (Rusty Cundieff, Darin Scott, 2020), ya que el equipo creativo era el mismo que el de las dos anteriores.

William (Tony Todd) lleva a la niña Brooklyn (Sage Arrindell) por un pasaje desolado con la promesa de reunir a la pequeña con su madre. Mientras avanzan por lo que parecen ruinas, con la amenaza de presencias extrañas, Brooklyn le cuenta una serie de historias a William para pasar el tiempo. La primera historia tiene que ver con un casero que utiliza turbios métodos para deshacerse de molestos vecinos y la consecuente venganza, la segunda sobre un demente racista conspiranoico que vive en un búnker, la tercera sobre una cantante que busca la fama y empieza a trabajar para una veterana cantante de ópera y la cuarta sobre un ladrón que sufre las consecuencias de sus actos.

Tales from the Hood 3 fue una tremenda decepción. Es una lástima, pero lo único que salvaría es la interpretación de Tony Todd. La cuarta historia es la única que funciona, pero principalmente por su humor negro a lo EC Comics no por que sea particularmente creativa. Las anteriores entregas también fueron realizadas con bajos presupuestos, pero aquí realmente se nota, tal vez por la falta de imaginación de la que hace gala la película. Las historias son derivativas, nada originales, muy previsibles y parecen contadas con poco interés. No se hace ningún esfuerzo por intentar adornar algo las típicas y tópicas tramas.

Creo que lo peor es que parece una película realizada simplemente para explotar un título conocido, no parece que los cineastas tengan el corazón puesto en crear un film entretenido. Más bien parece que trabajaron con el piloto automático puesto. Una gran decepción.

 

25 mar 2026

The Birthday

 


 

A principios de los 2000, oí hablar de una película que había causado sensación en Sitges: The Birthday (Eugenio Mira, 2004). Quise ir a verla al cine, pero por motivos que ahora no recuerdo no pudo ser. Luego, la película desapareció. Reaparecía con alguna edición en DVD de baja calidad, para luego volver al limbo. Esta distribución desastrosa hizo que la película fuera adquiriendo un aura de film de culto y que, hasta veinte años después, no pudiera por fin verla. La espera ha valido la pena.

Baltimore, 1987. Norman Forrester (Corey Feldman) es invitado por su novia Alison (Erica Prior) a la fiesta de cumpleaños de su padre, el magnate Ron Fulton (Jack Taylor). Pero desde el principio las cosas no van bien para Norman, cuya relación con Alison parece cada vez más frágil. Y todo empeora más cuando Norman descubre que algo inquietante y terrible está sucediendo que puede afectar el destino de la humanidad.

Parece que las cosas pasan por un motivo y al final ha sido una suerte que no viera la película hasta que ha sido el momento adecuado,  ya que ahora está disponible en su versión íntegra (la versión estrenada en cines duraba 97 minutos ya que la distribuidora le pidió a Mira que recortase veinte minutos). Una versión íntegra disponible en 4k, nada menos. Esto ha sido posible ya que la película ha sido "rescatada" y sus derechos de distribución adquiridos por una compañía interesada en darle el trato que se merece a The Birthday. Una auténtica joya que ha de ser vista y celebrada.

Pero para entender porqué esta película ha resonado tanto conmigo debería explicar algo sobre mí. Soy una persona muy tímida, me cuesta hablar con gente que no conozco, lo que significa que he tenido que hablar en público en distintas ocasiones, lo que ya era una experiencia terrible, y muchas veces me han invitado a fiestas en las que no conocía a nadie, aparte de la persona que me había invitado. Esto me causaba una gran angustia ya que va contra mi naturaleza simplemente acercarme a alguien y socializar. A veces me quedaba en un rincón observando la gente interactuar como si observara extraños rituales extraterrestres. A veces lo puedo disimular con comentarios graciosos, pero es algo agotador y es más habitual que me acabe pareciendo a Peter Sellers en El guateque (The Party, Blake Edwards, 1968).

Es por esto que el inicio del film, una especie de comedia de costumbres con toques lynchnianos, me sentí completamente identificado con las tribulaciones de Norman, intentando encajar en un ambiente en el que no encaja para nada, deambulando perdido en una fiesta en la que no conoce a nadie y es visto como un intruso. La introducción de la trama de terror cósmico es lo que le faltaba para convertirse a mis ojos en una obra maestra, ya que soy un gran fan del género, pero para mí ya era angustiante cuando es solo un pobre desgraciado en una fiesta pija.

La acción transcurre en tiempo real, lo experimentamos todo a la vez que el protagonista sin elipsis ni saltos temporales. Una gran coreografía con las cámaras y que se concentre la acción en una sola localización, el hotel Fulton que pertenece al personaje que encarna el actor de culto Jack Taylor, lo hace posible. Sumado al gran diseño de sonido, esto convierte The Birthday en un gran triunfo dentro del género y hace aún más incomprensible que permaneciese en la oscuridad durante veinte años.

Son unos veinte años que parece que no han pasado para la película. La ansiedad y la angustia del presente demencial que vivimos encajan perfectamente con la trama del film, lo que lo hace más relevante ahora que cuando se estrenó. Esta cualidad atemporal hace que resalte más su calidad, ya que casi te olvidas de que fue rodada hace veinte años y parece un estreno reciente. Que en cierto modo lo es. En todo caso, una muy recomendada película de terror.

 

17 mar 2026

Solos en la oscuridad (Alone in the Dark)

 


 

El género de terror, especialmente durante la década de los 80 del siglo XX, era considerado una puerta de entrada de fácil acceso para nuevos directores buscando la manera de entrar en el show business. Y así era porque, además del gran número de estudios independientes que había, era relativamente fácil rodar una película de terror con un presupuesto bajo y encontrar quien la distribuyera, a pesar de no contar con un grandes medios o estrellas de renombre en el reparto. Esto quería decir también que muchos directores que no sentían ningún aprecio o interés por el género rodaban películas muy formulaicas llenas de clichés y tópicos, debido al desconocimiento de los directores del género y productores buscando hacer dinero fácil. Por suerte, este no era el caso siempre y, de vez en cuando, un director de talento se introducía en el género desde el desconocimiento pero con ganas de hacerle justicia. Así fue con Solos en la oscuridad (Alone in the Dark, Jack Sholder, 1982).

El doctor Dan Potter (Dwight Schultz) empieza a trabajar en una experimental clínica de salud mental dirigida por el doctor Leo Bain (Donald Pleasance). El doctor Potter entra sustituyendo al doctor Harry Merton (Larry Pine), que se ha ido a trabajar a otra clínica. Sin embargo, Frank Hawkes (Jack Palance), Byron Sutcliff (Martin Landau), Ronald Ester (Erland van Lidht) y Skaggs (Phillip Clark), cuatro pacientes considerados muy peligrosos y violentos, se han autoconvencido de que el doctor Potter ha asesinado al doctor Merton. Cuando un apagón sumerge a la ciudad en el caos, los cuatro escapan y deciden vengar el inexistente asesinato del doctor Merton sometiendo al doctor Potter y a su familia a un violento asedio en su casa.

Jack Sholder trabajaba en New Line Cinema editando tráileres cuando Robert Shaye, fundador y entonces presidente de la compañía, le pidió que escribiera una película de terror para el debut de Sholder como director, basándose en su trabajo en diversos cortometrajes. Esto sucedía en plena fiebre slasher, momento en que todo el mundo quería apuntarse al carro del terror.  Aun y así fue difícil encontrar financiación para la película, ya en un principio el guion de Sholder era más caro y complejo de lo que se podía permitir una pequeña compañía independiente. Obviamente, el proyecto se puso en marcha y la película se rodó, después de que Sholder rescribiera el guion para adecuarlo a los medios a disposición de New Line. Y a pesar del bajo presupuesto, consiguieron reunir un interesante reparto, repartiendo sabiamente los días en los que trabajaba cada estrella.

Sholder no era particularmente aficionado al terror, pero en este caso sirvió para introducir elementos interesantes. El principal es la comedia negra, sin llegar a la parodia, que adorna algunas secuencias y diálogos. La comedia está distribuida de manera que no afecta las escenas de suspense, igual que los toques de comentario social en el fondo del guion. La mejor idea que tuvo Sholder es que, en lugar de seguir la estructura habitual del slasher, convierte la película en una historia de asedio al estilo Perros de paja (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971).  Esto lo diferenció del resto de películas que se estrenaba entonces del género, aunque la publicidad de la película la presentaba como un slasher más, a pesar de la ausencia de adolescentes masacrados por enmascarados. Aunque, casualmente, en esta película hay una escena en que uno de los psicópatas de pone una máscara de hockey cuando al mismo tiempo que se rodaba esa escena también se rodaba Viernes 13, 3ª parte (Friday the 13th Part III, Steve Miner, 1982), estrenadas con cuatro meses de diferencia. Otro detalle interesante es que el pueblo en que transcurre la acción es Springwood; cuando Sholder se puso al frente de Pesadilla en Elm Street 2: la venganza de Freddy (A Nightmare on Elm Street 2: Freddy's Revenge, 1985), decidió convertir el pueblo donde sucede en Springwood, como guiño a su película. Esto luego se incorporó a la mitología de la saga.

Solos en la oscuridad ha envejecido muy bien, sobre todo debido a los toques que la diferenciaban de otras películas de la época.  Las escenas de suspense siguen funcionando y el gran reparto ayuda a que la historia no pierda interés. No es la película más famosa que dirigió Sholder, pero es de las más interesantes.

 

11 mar 2026

Sobrenatural

 


 

Tengo algunas creencias personales desarrolladas a lo largo de años viendo películas de todo tipo. Una de ellas es que si una película de terror arranca con un profesor en un despacho decorado con calaveras, o una voz en off muy seria, explicando lo estudiado, lo cierto y lo mucho que entra dentro de lo posible lo que la película tiene a bien desarrollar, la historia que seguirá será un auténtico desmelene. Y Sobrenatural (Eugenio Martín, 1981) no es una excepción, con un inicio filosófico seguido de una entretenida historia "sobrenatural".

Julia (Cristina Galbó) recibe una noticia que le provoca sentimientos encontrados: su abusivo marido la había localizado y tenía intención de arrastrarla de vuelta a casa, pero ha tenido un accidente de coche en cuando iba hacia ella. Con la ayuda de su actual pareja, el doctor Víctor Valdés (Máximo Valverde), Julia decide dar cierre a su pasado limpiando la casa de su marido para cerrarla. Pero entonces extraños sucesos empiezan a tener lugar: Julia está siendo acosada por una presencia espectral. Con la ayuda de un parapsicólogo (Gerardo Mallá) y un sacerdote (Juan Jesús Valverde), Julia y Víctor lucharán contra el terrible espíritu.

En otro país, el director Eugenio Martín habría sido celebrado como un director de culto (cosa que es en el extranjero) gracias a auténticos clásicos como Pánico en el Transiberiano (1972)Una vela para el diablo (1973). Al menos podemos celebrarlo desde aquí comentando otra película suya, una de sus más conocidas. He de admitir que mi primer contacto con Sobrenatural fue a través del tema ¡Puedes aceptar que un muerto se comunique con un ser vivo! de Tocadiscos Humano y Los Super-asesinos, incluido en un disco editado con motivo de la Xª semana de cine fantástico y de terror de San Sebastián llamado Freak Sounds From Outer Space. La canción utiliza diálogos de la película a modo de samplers, despertando en mí mucha curiosidad por descubrir de dónde habían salido esos diálogos. La respuesta era Sobrenatural, una película que bebe de títulos como el gran clásico La leyenda de la Casa del Infierno (The Legend of Hell House, John Hough, 1973) y la entonces muy popular Terror en Amityville (The Amityville Horror, Stuart Rosenberg, 1979). Además, el planteamiento enlaza también con la fama y popularidad que habían adquirido entonces en España los temas paranormales, las ciencias ocultas y las religiones New Age. Se opta una perspectiva basada en la ciencia, dejando de lado la religión católica que era la clásica heroína en este tipo de películas. De esta forma, la película de Eugenio Martín se adelanta a otras como Poltergeist (Fenómenos extraños) (Poltergeist, Tobe Hooper, 1982)El ente (The Entity, Sidney J. Furie, 1982), que, aunque no fueron los primeros, popularizaron el equipo de científicos que se enfrenta a una amenaza sobrenatural.

Aunque debido al bajo presupuesto de la película los efectos especiales son algo limitados, si bien no les falta encanto creo yo, no te sacan de la película. También ayuda el ritmo de la película, una vez arranca no para, salpicando las escenas de ataques sobrenaturales con explicaciones científicas que intentan darle verosimilitud a la trama.  El reparto es también muy sólido, destacando Cristina Galbó, que podríamos considerar una Scream Queen patria con una filmografía que incluye: La sombra del asesino (L'assassino è costretto ad uccidere ancora Luigi Cozzi, 1975)¿Qué habéis hecho con Solange? (Cosa avete fatto a Solange?, Massimo Dallamano, 1972)La residencia (Narciso Ibáñez Serrador, 1969)No profanar el sueño de los muertos (Non si deve profanare il sonno dei morti, Jorge Grau, 1974).

Sobrenatural no reinventa el género, pero es un título sólido y entretenido, una pequeña joya dentro del fantaterror que no decepcionará a los fans.