8 oct 2026

Crazy Lips - Gore from Outer Space

 


 

Después de tantos años devorando películas, es un placer inmenso cuando te encuentras una película que te sorprende porque no tienes ni idea de lo que va suceder en la historia. Y además lo hace mezclando comedia y unas cotas de depravación increíbles en una película estrenada comercialmente. Más raro aún cuando su secuela mantiene el nivel de locura. Pero esto es lo que hace única Crazy Lips (Hakkyousuru kuchibiru, Hirohisa Sasaki, 2000).

Satomi Kurahashi (Hitomi Miwa) acude a la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) con la esperanza de que pueda demostrar la inocencia de su hermano Michio (Kazuma Suzuki) en unos asesinatos en serie. Pero la ayuda que ofrece Mamiya trae consigo un precio demasiado grande para lo que Satomi estaba dispuesta a pagar, y no hablamos de dinero. Este es el punto de partida de Crazy Lips, parece bastante normal, ¿no? Pero que no os engañen las apariencias.

Para entender cómo Crazy Lips se convirtió en el delirio en que se acabó convirtiendo, hemos de volver en el tiempo a finales de los 90 del siglo XX. The Ring (El círculo) (The Ring, Hideo Nakata, 1998) se acababa de estrenar con enorme éxito, convirtiéndose en el pistoletazo de salida de la oleada de lo que luego se conoció como J-Horror, que dominaría el género durante los primeros años del siglo XXI. Hiroshi Takahashi, guionista de The Ring y su secuela así como de otros títulos del género, tenía ganas de hacer algo completamente distinto de lo que estaba escribiendo entonces. El director Hirohisa Sasaki, que también había trabajado en el género cuando empezaba a desarrollarse en vídeo, también tenía ganas de hacer algo distinto a lo que dominaba las pantallas entonces. Ambos coincidieron en que querían algo que fuera terror, pero más sangriento y extremo de lo que se estrenaba entonces, sumándole generosas dosis de erotismo cruel y sádico al estilo del experto en el género Teruo Ishii, director de Inferno of Torture (Tokugawa irezumi-shi: Seme jigoku, 1969), acción al estilo Hong Kong y, por si fuera poco, comedia. 

 



Parece un cóctel imposible, pero Crazy Lips mezcla todos estos elementos con gran y peculiar éxito. El film arranca como si fuera una película de J-Horror relativamente normal. Y digo "relativamente", porque no tardan en asomar toques de comedia que indican que lo que vamos a ver dista mucho de ser "normal". A partir de entra en acción la médium, la película irá progresivamente siendo más absurda y perversa. Con la introducción de dos agentes del FBI, Lucy (Tomomi Kuribayashi) y Narimoto (Hiroshi Abe), la película entra en una espiral de demencia que abre la puerta al terror cósmico y hasta el musical. Entre medio, la película nos ofrece la escena de asalto sexual más depravada y cruel que he visto jamás, que iba precedida de la que hasta ese momento ya pensaba que era la escena de asalto sexual más depravada y cruel que había visto jamás. Pero es una escena que se hace soportable porque va seguida de una escena que me hizo reír a carcajadas.  Ésa es la virtud de esta película, te lleva de un extremo al otro en un viaje completamente impredecible.

El estilo de humor absurdo y las escenas más perversas serán difíciles de aceptar, en particular por los espectadores más sensibles. Pero creo que por la oportunidad de ver los 85 minutos más demenciales que veréis jamar vale la pena poner en riesgo vuestra cordura.

 

 

 


 

En Japón, Crazy Lips fue un sorprendente éxito que hizo que Hirohisa Sasaki y Hiroshi Takahashi unieran fuerzas de nuevo para crear una igualmente demencial secuela: Gore from Outer Space (Chi wo sû uchû, 2001). 

Satomi (Aimi Nakamura) acude a la policía para denunciar el secuestro de su hija. Cuando la policía se presenta en el apartamento, Kiyohiko (Sadao Abe) les dice que ellos no tienen hijos. Y la cosa se complica cuando, de repente, la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) hace de presencia y les dice que la hija sí existe. Satomi inicia así un viaje por el lado más demencial de la vida.

Después de haber tratado con fantasmas y el terror sobrenatural entonces de moda, Sasaki y Takahashi decidieron que la secuela iba a tratar sobre extraterrestres e invasiones alienígenas. Se inspiraron en leyendas urbanas y "hechos reales" acaecidos alrededor del mundo, inspirándose en particular en el libro Las profecías del Mothman de John A. Keel. A pesar de todo este "realismo", la película es tan rara como su predecesora. También me pareció más divertida, porque se hace un mayor énfasis en el humor. La comedia se enfatizó también porque se eliminaron los elementos más controvertidos de la primera, es decir las escenas de sexo cruel y perverso. La película también incluye algún toque de terror J-Horror que no estaría fuera de lugar en un título del género hecho en serio.

Pero que se suavizara la perversidad no hizo que se suavizara la locura. De nuevo, la película convierte lo que podría ser la típica historia de invasión alienígena en 85 minutos demenciales, que incluso dejarían perplejo a David Lynch. Este surrealismo cómico convierte lo tópico en sorprendente y permite también el regreso de personajes de la primera entrega. Algo a celebrar porque Tomomi Kuribayashi, como la agente Lucy, es una de las que más me hizo reír en la primera entrega y aquí no decepciona con su parodia de un típico agente del FBI americano.

De nuevo, aunque más suave en algunos aspectos que su predecesora, las rarezas y absurdidades de Gore from Outer Space hacen que no sea una película para todo el mundo. Pero si el cine extraño y peculiar es vuestra droga, una buena dosis de Gore from Outer Space es lo que os hace falta.

 

2 oct 2026

Mundo subterráneo (Underworld)

 


 

En octubre de 2014 escribí un artículo sobre los primeros trabajos de Clive Barker en el cine. Ahora creo que no fui del todo justo con Mundo subterráneo (Underworld, George Pavlou, 1985). Mi opinión sobre la película ha cambiado y ese artículo ya no me representa.

Debería aclarar que mi opinión se basaba en una copia de VHS de baja calidad, verla ahora en 4k también ha ayudado a apreciarla mejor. El argumento no ha cambiado: el criminal retirado Roy Bain (Larry Lamb) es sacado de su retiro por el gánster reciclado Hugo Motherskille (Steven Berkoff). La misión de Bain es localizar a la prostituta de lujo Nicole (Nicola Cowper), secuestrada del burdel en el que trabaja. Bain y Nicole fueron amantes en el pasado, así que él se lo toma como algo personal. Pronto descubre la implicación del doctor Savary (Denholm Elliott), un oscuro científico cuyos experimentos con drogas han provocado la existencia de una comunidad subterránea de mutantes.

Clive Barker creó el argumento y el primer borrador del guion. Las prisas de los productores para empezar el rodaje dejaron fuera a Barker del proyecto, que no fue mantenido en el equipo para escribir posteriores versiones. Entonces Barker era un desconocido sin poder de decisión. El guion se tuvo que ir reescribiendo sobre la marcha durante el rodaje por James Caplin y el director George Pavlou. Es por estas decisiones de los productores que provocaron que muchas de las ideas de Barker quedaran infradesarrolladas. Eso y la falta de dinero, era una historia demasiado ambiciosa para el presupuesto que tenían a su disposición. Como es de sobras conocido, Barker después reutilizaría algunas de esas ideas en su obra posterior.

Pero no todo es negativo. El film presenta una interesante mezcla de neo noir y ciencia ficción con algunos toques de fantasía. Se intentó un look inspirado por el cómic europeo y Suspiria (Dario Argento, 1977). De nuevo, las limitaciones de presupuesto y tiempo limitaron la efectividad de su look, si bien me recuerda el de otros irregulares intentos de ciencia ficción ambientados "cinco minutos en el futuro" como Obsession: A Taste for Fear (Pathos - Segreta inquietudine, Piccio Raffanini, 1987).

Aunque es una película irregular, resulta también interesante y curiosa.  A lo mejor con el tiempo he sabido apreciar más sus aciertos que fijarme en su fallos.

 

25 sept 2026

La saga de los Drácula

 


 

Ya hemos tratado con anterioridad las películas vampíricas de León Klimovsky La orgía nocturna de los vampiros (1973) y El extraño amor de los vampiros (1975). La saga de los Drácula (1973) es el film de vampiros que rodó entre estas dos y viendo las tres en conjunto forman una especie de trilogía, no narrativa sino de intenciones. Las películas que rodó Klimovsky para Paul Naschy en las que se incluían vampiros, como La noche de Walpurgis (1971), muestran la visión que tenía Naschy de los vampiros. Esta era una visión clásica, inspirada en la Universal y la literatura clásica. Pero las películas de vampiros que filmó el director sans Paul Naschy resultan mucho más iconoclastas y modernas. Se juega más con los mitos y tópicos de las historias de vampiros, un factor importante para explicar que hayan envejecido tan bien.

Las intenciones de jugar con los tópicos vampíricos queda claro ya solo con ver el argumento de La saga de los Drácula. Berta (Tina Sáinz) es una joven, embarazada de pocos meses, que viaja al hogar ancestral de su familia junto a su marido Hans (Tony Isbert). Una vez llegue allí, espera reunirse de nuevo con su abuelo el conde Drácula (Narciso Ibáñez Menta) y sus primas Irina (Cristina Suriani) y Xenia (María Kosty). Pero la llegada no resulta fácil, ya que en el pueblo por el que pasan aparecen mujeres asesinadas a las que les han chupado la sangre. Cuando Berta y Hans lleguen al castillo Drácula y conozcan a la nueva esposa del conde, Munia (Helga Liné), el horror no se detendrá. Berta verá impotente como su sueño se convierte en pesadilla.

El guion de Emilio Martínez Lázaro y Juan Tébar, firmado como Lazarus Kaplan, se inicia como lo que podría ser una clásica historia de terror gótico. Bosques oscuros, pueblerinos asustados por las supersticiones del lugar que se niegan a ir a ciertos lugares de noche, figuras encapuchadas acechando bellas víctimas... Todo elementos familiares. Pero, luego la película da un giro. Y si El extraño amor de los vampiros mostraba influencias de El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, Roman Polanski, 1967), aquí se ve cierta influencia de otro clásico de Roman Polanski: La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Así, a pesar de su inicio clásico, la película lleva al espectador por territorios inesperados, en algunos casos muy inesperados. Lo hace con ciertas dosis de humor negro y varias escenas memorables.

Uno de los temas de la película es la crítica a las clases privilegiadas. La familia Drácula se presenta como decadente y altiva. Narciso Ibáñez Menta está fantástico como Drácula, transmitiendo estas ideas de decadencia burguesa con un aspecto cercano al descrito por Bram Stoker al inicio de Drácula. Un aspecto que recuerda al de Christopher Lee en la pésima (para mí) El conde Drácula (Nachts, wenn Dracula erwacht, Jesús Franco, 1970). Comparando ambas interpretaciones queda claro que Ibáñez Menta puede que sea el segundo mejor Drácula del cine. Volviendo al tema de la película, esta película utiliza al vampiro como alegoría no de una enfermedad sexual, sino de las teorías nazis y franquistas, en particular la insistencia en la sangre pura, a pesar de que sea un concepto totalmente absurdo. Resulta algo natural teniendo en cuenta que esta película se produjo cuando el franquismo todavía se mantenía en el poder.

Además de un guion interesante con alguna sorpresa, el film se beneficia de un sólido reparto. Por supuesto, el ya mencionado Narciso Ibáñez Menta es el más destacado, así como Tina Sáinz hace una gran trabajo con la atormentada protagonista. El resto del reparto son rostro familiares en las producciones Profilmes, la Hammer española, y el fantaterror: la fabulosa Helga Liné, María Kosty, Betsabé Ruiz, Luis Ciges... Todos al servicio de un interesante film que se sirve de los tópicos para darles luego la vuelta. Un clásico para los amantes del fantaterror.

 

18 sept 2026

La disparatada parada de los monstruos (Freaked)

 

 


Creo que nos ha pasado a todos. Hay veces que nos cruzamos con películas que parece que quieren evitarnos. Como si el destino nos quisiera impedir que las viésemos. Esto me pasó con La disparatada parada de los monstruos (Freaked, Alex Winter, Tom Stern, 1993), que durante mucho tiempo parecía esquivarme. Supe de ella en las páginas de Fangoria, cuando la editó en España Ediciones Zinco y leía sobre películas que era demasiado joven para ver (lo que no me detuvo nunca ni le importó a los dependientes del videoclub). Pero no la vi en cines ni me la encontré en ningún videoclub. Luego se editó en DVD pero se agotó en nada. Tras tanto tiempo, me parecía que descargarla era hacer trampa, quería verla bien. Luego, la encontré en Prime pero solo estaba doblada no en versión original, de nuevo me negué a verla si no podía verla bien. Finalmente, 33 años después de que se estrenara, llegó a mis manos en una lujosa edición en 4k de 4 discos. La compré sin haber visto siquiera un trailer y no se me ocurrió hasta justo antes de ponerla en el reproductor "¿y si resulta que es una mierda?"

Ricky Coogan (Alex Winter), una vanidosa estrella de Hollywood, su mejor amigo Ernie (Michael Stoyanov) y Julie (Megan Ward), una activista, acaban convertidos en monstruos debido a los dementes experimentos de Elijah C. Skuggs (Randy Quaid). Junto al resto de monstruos víctimas de Skuggs, Ricky, Ernie y Julie intentarán escapar de las garras de Skruggs.

Desde que la película arrancó supe que estaba hecha para mí. Freaked es una comedia bizarra, delirante, surrealista y absurda que utiliza un tipo de humor que me encanta. Pensad Monty Python + los cómics EC + punk y el resultado será parecido al tipo de comedia que es Freaked. Esto también hace fácil de entender porqué la película se convirtió en una cinta de culto, incluso si no hubiera sufrido lo que sufrió durante su estreno. Alex Winter y Tom Stern empezaron vendiendo la idea de una película de terror cómica protagonizada por el grupo Butthole Surfers, aprovechando la fama que Winter había adquirido como coprotagonista de Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989). Obviamente, la idea no interesó a ningún estudio pero sí hacer una comedia con Winter como protagonista. Así que, con la ayuda del guionista Tim Burns, Winter y Stern convirtieron el guion en algo más cómico, en sintonía con la serie que entonces estaban realizando con gran éxito en la MTV The Idiot Box. Finalmente, la película entró en producción en Fox, cuyo jefe de estudio entonces, Joe Roth, estaba acostumbrado a dar luz verde a películas que no eran las típicas producciones de Hollywood como El almuerzo desnudo (Naked Lunch, David Cronenberg, 1991).

A pesar del complicado rodaje, debido a los complejos efectos de maquillaje utilizados para dar vida a los monstruos, todo parecía avanzar a buen ritmo. Los problemas para la película empezaron durante la posproducción, cuando se produjo un cambio de régimen en la Fox. La nueva directiva no sabía qué hacer con la película y decidieron enterrarla. Eso quería decir estrenarla en unos pocos cines para cumplir contrato y no gastar en publicidad. Freaked fue, obviamente, fracaso.

Pero, al igual que muchas de las películas de este blog, la película empezó a convertirse en un título de culto cuando se editó en video. No solo por su estilo de comedia, también por la cantidad de talento en el reparto, muchos amigos de Winter como un no acreditado Keanu Reeves como un hombre perro revolucionario. Y otro motivo por el que se convirtió en cinta de culto es por su diseño de producción, logrando un aspecto visual increíble y memorable.

Por supuesto, los más memorable de la película es el trabajo de maquillaje y efectos especiales. Para dar vida a las criaturas de Freaked se reunieron los talentos de las compañías de Screaming Mad George, Tony Gardner y Steve Johnson. Y, para darle un aspecto más único, los Chiodo Brothers le añadieron efectos de animación stop motion. Los animatrónicos, los maquillajes, la animación... La película es un auténtico festival para los sentidos en este aspecto, en especial comparada con lo que se hace hoy día. Aunque he de decir que mi freak favorito es, posiblemente, el más sencillo: Sock Head, al que da voz Bobcat Goldthwait, que como su nombre indica es una persona con una cabeza que es una marioneta de calcetín. Los ojos rastafaris con ametralladoras también son un punto álgido.

Con su estilo punk y Looney Tunes para mí fue un placer de principio a fin. Me hizo reír a carcajadas y me maravillaron los diseños de algunas de las criaturas que aparecen. Como ya he dicho, es de esas películas que parece que han hecho especialmente para que uno las disfrute. La recomiendo a todo el mundo que no la conozca o que el destino haya intentado que no vea.

 

12 sept 2026

Psycho Killer

 


 

Andrew Kevin Walker causó una gran impresión con el guion de Seven (Se7en, David Fincher, 1995). Seguido de los guiones de 8MM (Joel Schumacher, 1999) y Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999), Walker parecía un experto en guiones oscuros. Por eso, su regreso al género con el guion de Psycho Killer (Gavin Polone, 2026) generó mucha anticipación, lo que no siempre es bueno.

Tras ser testigo de como asesina a su marido, la patrullera Jane Archer (Georgina Campbell) empieza a perseguir a un brutal asesino en serie. Este psicópata ha dejado un reguero de víctimas a su paso, llenando las escenas de los crímenes de símbolos satánicos, creando pánico entre la población. Archer se obsesiona con atraparlo descubriendo su macabro plan.

En algunos aspectos, Psycho Killer parece una historia de hace treinta años actuliazada. La inclusión del pánico satánico y el investigador obsesionado en atrapar al asesino, que se enfrenta con autoridades incompetentes ya sean federales o policías, son clichés presentes en el género desde los 80. Sin embargo, Walker ya había utilizado en Seven la táctica de introducir clichés para dar una falsa sensación de seguridad al espectador, también como contraste a la oscuridad y morbosidad de la trama. La brutalidad y las escenas sangrientas, con toques de efectos visuales, son claramente modernas y son lo que aparta este título de otros de décadas pasadas.

Con una duración de 91 minutos, una rareza hoy día, la película no tiene nada de grasa. Se centra en contar su historia de forma eficiente. Por un lado, esto es uno de los puntos positivos de la película, no pierde el tiempo en meternos de cabeza en la historia, así como su mezcla de thriller y terror está muy conseguida. Por otro lado, esto también significa que uno de los aspectos más únicos de la trama no queda plenamente desarrollado, lo que provoca que no tenga el impacto que se buscaba en la conclusión.

Esto último hace que, aunque la película tenga varias cosas a su favor como una secuencia con un cameo del gran Malcolm McDowell, Psycho Killer acaba perdiendo fuerza en su final. El clímax no tiene la tensión que se buscaba y contiene momentos muy predecibles. Este flojo final hace que Psycho Killer acabe siendo un título más, que no se convertirá en un referente para el futuro sino relleno para los servicios de streaming.