Este artículo se puede resumir en una frase: Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) es una obra maestra. Soy consciente que es una expresión que se usa demasiado hoy día, cuando las películas son obras maestras o pura basura sin término medio, pero es que Burning Paradise es una obra maestra. Espero poder explicarme de forma lo bastante articulada como para que quede claro el por qué de mi afirmación.
Durante la dinastía Qing, los monjes Shaolin son acusados de conspirar para acabar con el gobierno imperial Manchú. Como consecuencia, el ejército Qing se dedica a destruir los templos Shaolin y encarcelar o matar a los monjes. Burning Paradise arranca con Fong Sai-yuk (Willie Chi) y su maestro Chi-nun (Wu Xi-Qian) huyendo del ejército Qing. En su huida, conocen a Dou-Dou (Carman Lee), una ex prostituta que huye del burdel en el que estaba trabajando para ayudar a su familia. Tras matar al maestro Chi.nun, Fong Sai-yuk y Dou-Dou son hechos prisioneros y llevados al Templo del Lotus Rojo, una prisión infernal, un laberinto lleno de trampas, dirigido por Kung (Kam-Kong Wong). Kung es un monstruo sediento de sangre cuya maldad no conoce límites.
Burning Paradise fue la única incursión de Ringo Lam en la wuxia, fantasía asiática llena de guerreros y guerreras poseedores de increíbles habilidades de artes marciales. Pero no es un ejemplo típico de wuxia, ya que el guion crea una historia en la que también está presente el terror gótico, no solo por sus escenas con momentos terroríficos sino también por su ambientación. Se atrapa al espectador junto a los protagonistas en una cárcel excavada en la piedra claustrofóbica y laberíntica en la que incluso Kung parece ser incapaz de salir. La claustrofobia es mayor por el contraste con las primeras escenas situadas en un gran paraje desértico. Es también una película brutal y sangrienta, aunque la violencia está presentada de forma estilizada no por eso es menos impactante.
Esta sería la primera lectura de la película: una clásica historia del bien contra el mal, contada utilizando héroes folclóricos como Fong Sai-yuk, personaje, en parte histórico en parte mitológico, presente en infinidad de películas, cómics y novelas. Es también una nueva versión del film Burning of the Red Lotus Temple (Huo shao hong lian si, Shichuan Zhang, 1928), o al menos de una parte de esta monumental película que duraba 27 horas y fue presentada como un serial en las pantallas chinas. El proyecto le fue presentado a Tsui Hark cuando este estaba gozando de un gran éxito con la franquicia Erase una vez en China. Pero Hark estaba ocupado con otros proyectos y recomendó que se lo presentaran a Ringo Lam, ya que Hark sabía que Lam siempre había soñado con rodar una película wuxia.
Lam se lanzó de cabeza, dando forma a la película más infravalorada de su filmografía. Lam no se contentó con hacer una típica historia de buenos contra malos, sino algo que iba más allá. Y entramos así en la segunda lectura, Burning Paradise es una película alegórica. La cárcel (no imaginéis una cárcel típica con celdas y distintas secciones como las que vemos en el cine habitualmente) representa el infierno. Un infierno del que solo se puede salir siendo fiel a las enseñanzas de Buda. Es algo parecido a, por ejemplo, la monumental novela anónima china Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Mono, que utiliza el viaje de sus protagonistas y sus múltiples enfrentamientos con demonios y monstruos como una forma de presentar las enseñanzas budistas. Como ya he dicho, en Viaje al Oeste estas enseñanzas se ocultan tras diversas aventuras y enfrentamientos con monstruos de diversa índole (mis favoritos son las mujeres araña) y en el film de Lam se esconden tras las múltiples peleas y las actividades de pesadilla del malvado Kung.
Hay una tercera lectura, si bien sería más bien inconsciente ya que Lam aseguraba no estar interesado en realizar una película política. Pero no podemos olvidar que esta película se realizó cuando faltaban tres años para que el Reino Unido pasara el control de Hong Kong a China, lo que provocó grandes dosis de ansiedad en la población. Aunque fuera de modo inconsciente, es inevitable también darle este trasfondo a la película cuando ves a un grupo de personas que lucha contra un imperio dictatorial.
Estas distintas capas de lectura y significado tampoco pueden hacer que nos olvidemos de un detalle importante: Burning Paradise es entretenida de principio a fin. Alternando algún momento cómico con los más tensos y brutales, el film te coge desde el principio y te mantiene enganchado hasta el final. Las coreografías son pura poesía, aprovechando que al ser una película de fantasía las habilidades de los luchadores entran en el reino de lo sobrehumano.
Resulta incomprensible que esta película fuera un fracaso y que no sea más conocida hoy día. Tiene secuencias realmente inolvidables, como la decapitación que lleva a cabo Kung usando solo sus manos. Te tiene riendo un momento y al siguiente te deja la boca abierta cuando se descubre algo nuevo dentro de la cárcel. Como ya he dicho al principio, me parece una obra maestra y la recomiendo a todo el mundo.
La mayoría de las películas que explotaban la Bondmanía, en particular las europeas, cogían la ruta de la parodia. Sabiendo que no podían competir como iguales con las películas de James Bond y aprovechando que tenían una fórmula muy fácil de imitar, la parodia era la opción más económica. Pero algunos valientes decidían crear sus propias aventuras de espías "en serio", como la entretenida Un ángel con puños de hierro (Tie guan yin, Lo Wei, 1967).
La agente 009 Ai Si (Lily Ho) llega de Londres a Hong Kong para investigar (y si es posible vengar) la muerte de su colega A4 (Pei-Shan Chang). Lo hace en colaboración con la policía, que le crea una nueva identidad como Luo Na, la amante de Baldy (Shun Tien), un mafioso encarcelado que tenía contactos con una misteriosa organización criminal. 009 logra infiltrarse en la organización, pero entonces es cuando el peligro no hace más que intensificarse.
Como ya he dicho, esta película no es una parodia, si bien se inspira en las cuatro películas de la saga James Bond que se habían estrenado hasta el momento. Pero este enfoque la hace más divertida que si hubiera sido una parodia (muchas de las cuales eran muchas cosas menos graciosas). Parte de la diversión está en ver cómo reinterpretan los elementos típicos de un film 007 y, en algunos casos, se llevan al extremo. La más obvia diferencia es el cambio del género del protagonista, aquí una fantástica Lily Ho. El cine asiático era pionero en producir películas de acción con protagonistas femeninas, incluso en los relatos clásicos donde se encontraban guerreras errantes junto a los guerreros errantes. Es algo que en Occidente no sería plenamente aceptado hasta entrado el siglo XXI y aquí ya le da un toque distinto al film. También esta película es mucho más atrevida con los toques sexys, incluyendo algún desnudo que visto hoy día es bastante inocente pero que nunca aparecería en una película Bond. Y, siendo como es una película de Hong Kong, la acción y la violencia es mayor en cuanto a intensidad, si bien no es el punto fuerte de Lo Wei, cuyas escenas de acción más famosas fueron dirigidas por Bruce Lee no por él.
El perfecto ejemplo de la manera en que Un ángel con puños de hierro lleva al extremo escenas que podríamos encontrar en la franquicia Bond es la manera en que presenta una escena clásica dentro de la franquicia 007. Es ese momento en que el villano de turno descubre que alguien es un traidor y lo ejecuta ante sus secuaces, para mostrar lo implacable que es. Esta escena aparecía por primera vez en Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), donde vemos al jefe de SPECTRE electrocutar a un traidor. Aquí se repite la escena, con la fantástica villana líder de las Dark Angels, a la que da vida con mucho estilo Tina Chin-Fei, que antes de dar por terminada una reunión ejecuta a una traidora. Pero no simplemente electrocutándola, sino que hace que un aparato baje del techo y la decapite, dejando el cuerpo sin cabeza ensangrentado brevemente en la silla antes de que esta desaparezca por una trampilla en el suelo. Y por eso, aunque no es una parodia, Un ángel con puños de hierro ofrece grandes dosis de diversión.
A pesar de su limitado presupuesto y que las peleas no son precisamente las mejores que se pueden ver en una película de Hong Kong, esta es una película tremendamente entretenida. De hecho, diría que cuanto más familiarizado esté uno con la franquicia James Bond más divertida y entretenida se hace la película. Y si le añadimos el toque sixties y go-go, Un ángel con puños de hierro es una deliciosa manera de pasar un buen rato.
El gran éxito de Dioses contra demonios (Hung cheuk wong ji, Ngai Choi Lam, 1988) hizo que rápidamente se pusiera en marcha una secuela. Tal vez demasiado rápidamente, Saga of the Phoenix (A Xiu Luo, Ngai Choi Lam, Sze-Yu Lau, 1989) no funciona tan bien en su mezcla de géneros, pero no deja de tener sus puntos de interés.
Ashura (Gloria Yip) disfruta de su vida en la Tierra, intentando dejar atrás su faceta como la Virgen del Infierno, aunque haya demonios que intenten frustrar su felicidad. Por suerte, siempre andan cerca Peacock/Kôngquè (Yuen Biao) y Lucky Fruit/Kujaku (Hiroshi Abe) para luchar contra los demonios y protegerla. El maestro budista Jiku Ajari (Shintarô Katsu) cree que el riesgo de que las puertas del infierno se abran debido a la presencia de Ashura es demasiado grande y decide, junto a la gran abadesa (Yûko Natori), encerrar a Ashura para evitarlo. Ashura, Peacock y Lucky Fruit imploran al maestro buda que le de otra oportunidad a Ashura para disfrutar de la luz y evitar una existencia en la oscuridad. Ajari le ofrece una semana de gracia, momento en que la malvada Concubina del Infierno (Ngai Suet) intenta robar la esencia vital de Ashura para abrir las puertas del infierno y desencadenar el fin del mundo.
Saga of the Phoenix se puso en marcha bastante rápido, provocando algunos cambios que influyeron en que el resultado final no fuera tan bueno como el de la primera entrega. El primer cambio que llama la atención sí que fue positivo: Lucky Fruit está interpretado por Hiroshi Abe, un actor japonés que tenía bastante más carisma y estaba más implicado en la película que su predecesor Hiroshi Mikami. Lo cual es bastante afortunado, ya que Yuen Biao tiene un papel bastante reducido en el film, es posible que coincidiera con el rodaje de Espadas a través del tiempo (Gap tung kei hap aka The Iceman Cometh, Clarence Fok, 1989) que se estrenó el mismo año que Saga of the Phoenix, y aparece solo al inicio y en la parte final, uno de los factores que hizo que esta secuela no brillara como la primera entrega. Pero el principal cambio resulta en el tono del film. Se quiso ampliar la audiencia y hacerla más accesible al público juvenil, por eso se incluye una criatura amiga de Ashura pensada para atraer a ese público explotando el éxito de películas como Gremlins (Joe Dante, 1984). Y es aquí donde entra el segundo director Sze-Yu Lau.
La urgencia para estrenar la película, y esto es pura especulación, es posible que influyera en la decisión de que se añadiera otro director para repartirse el trabajo y terminar más rápido la producción. Así, además de Ngai Choi Lam, Sze-Yu Lau trabajó también como director. Esto le da una cualidad esquizofrénica a la película. Por un lado, tenemos las partes dirigidas por Ngai Choi Lam que encajan perfectamente con el estilo de la primera entrega, más trepidantes y oscuras. Por otro lado, las partes dirigidas por Sze-Yu Lau son más cómicas y ligeras, centradas en las travesuras de la criatura y las payasadas de Tan (Shek-Yin Lau), el recurso cómico de la película. Son estas secciones más cómicas e infantiles las que hacen que la película no funcione tan bien como la primera, dando a veces la sensación de estar viendo dos películas al mismo tiempo.
Dicho esto, Saga of the Phoenix puede que no esté tan lograda y no sea tan fantásticamente alocada como la primera entrega, pero eso no impide que sea un film entretenido, con sus momentos brillantes. Especialmente en las escenas de acción y en la batalla final en la Choi Lam puede desmelenarse como lo hizo en la primera. Y eso es lo que debía querer la mayoría ya que, como suele pasar en estos casos, querer ampliar el público hizo que esta entrega no recaudara tanto como la primera, si bien el personaje continuó en mangas y anime. Lo que nos queda hoy día es una película curiosa, con puntos de locura fantástica, pero que no llega a las cimas de la primera entrega.
El punto de partida de Demon of the Lute (Liu zhi qin mo, Tak-Cheung Tang, 1983) parece, a primera vista, el típico de otras películas dentro del género xianxia, la vertiente fantástica del wuxia: Feng Ling (Kara Ying Hung Wai) recibe la misión de detener al misterioso Demonio del laúd, que ha reaparecido para esparcir el caos en el mundo, su objetivo es convertirse en el artista supremo de las artes marciales. Para detener los poderes demoníacos de este villano, Feng Ling debe recuperar un arco y una flecha especiales con propiedades místicas. Para conseguir llevar a cabo su misión, Feng Ling recibirá la ayuda de varios personajes como un hábil ladrón (Phillip Chung-Fung Kwok) y el gran guerrero Yuan Fei (Siu-Ho Chin). Hasta aquí todo normal. Pero las apariencias engañan, ya que Demon of the Lute es una delirante explosión de fantasía realmente única. Sin embargo, entiendo que esta no es una película para todo el mundo y algunos puede que sientan rechazo por el nivel de energético desenfreno psicotrónico del film.
Aunque se basa en una novela pensada para el público adulto, se concibió esta película como una fantasía para niños. O que tuviera como público principal a los niños. De hecho, la película se abre con una dedicatoria a todos los niños. Dicho esto, la acción tiene el mismo nivel de intensidad (y violencia) que una película del género para adultos. Realmente, lo único que señala que era una película destinada a los niños es que el nivel de humor en ocasiones es, pues eso, algo más infantil y que no muere tanta gente como sería habitual en este tipo de película, y que muestra una fantasía mucho más desatada de lo habitual. Las coreografías de las escenas de acción, por otro lado, evidencian que no se tenía intención de alienar al espectador adulto, que puede disfrutar igualmente de esta alegre y demencial entrada en el género.
El film fue producido por el clásico estudio Shaw Brothers. El estudio, que durante años había dominado la taquilla de Hong Kong, se encontraba en un momento delicado. Sus películas ya no eran tan populares como lo habían sido durante la década de los 60 y los primeros años 70 del siglo XX, de modo que había entrado en un momento de experimentación para intentar ponerse en sintonía con los gustos modernos de la época. Este tipo de películas de fantasía y el wuxia clásico se veía como algo pasado de moda, por eso en Shaw Brothers hubo varios intentos de darle un aire fresco al género para que siguiera siendo relevante. Demon of the Lute es uno de los mejores resultados de esta experimentación, una película que coge un argumento clásico y lo reinventa, añadiendo referencias contemporáneas a una historia que transcurre en un pasado soñado, entre otras maniobras.
Como he dicho al inicio, soy consciente de que no es una película para todo el mundo. Yo me dejé llevar desde las primeras escenas, disfrutando de principio a fin con su gran despliegue de acción y de una fantasía cargada de alegría delirante y diversión a chorro. Para aquellos que no la conozcan, se puede interpretar como mi regalo al lector explorador que ha llegado hasta este oscuro rincón.
Id al minuto 18:55 para ver el tráiler (y, de paso, recomiendo el resto de películas que aparecen en el video).
La Shaw Brothers siempre estuvo atenta a las nuevas modas y géneros que llamaban la atención del público. Por eso no le pasó desapercibida la afición que tenían los jóvenes hongkoneses al tokusatsu proveniente de Japón, que entonces dominaba la televisión con Ultraman y Kamen Rider (en Occidente se haría más popular este tipo de serie a través de los Power Rangers). De este modo, la Shaw Brothers produjo la primera película de superhéroes de Hong Kong: Infra-man aka Manziter (Zhong guo chao ren aka The Super Inframan, Shan Hua, 1975).
La malvada Reina Glaciar (Terry Liu) surge de las profundidades de la Tierra al frente de su propio ejército de monstruos. Su intención de dominar el planeta y esclavizar a los humanos no pasa desapercibido, poniéndose en movimiento las fuerzas defensoras para detener su avance, pero las armas terrestres son inútiles frente a estos poderosos monstruos de la Edad de Hielo. El profesor Liu Ying-De (Wang Hsieh) lleva tiempo desarrollando un proyecto secreto para crear a un superhombre y, ante los avances de las criaturas de la reitero malvada (porque lo es mucho) Reina Glaciar, Lei Ma (Danny Lee) se ofrece voluntario para convertirse en Infra-man. Solo Infra-man puede enfrentarse a la Reina Glaciar y a sus diabólicas criaturas de la Edad de Hielo.
Estrenada antes de la revolución en los efectos especiales de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) y que Superman (Richard Donner, 1978) cambiara la manera de acercarse al cine de superhéroes, Infra-man sigue el modelo japonés, con las influencias más obvias de Ultraman y Kamen Rider de los que coge distintos elementos. Lo que marca la diferencia de sus contrapartidas japonesas es que las coreografías y la acción están mucho mejor diseñadas y ejecutadas. También, aunque a ojos actuales los trajes resultan algo crudos, destacan las imaginativas criaturas contra las que se enfrenta Infra-man. Todas las criaturas tienen su gracia, pero mi favorita es la Bruja Ojo (Dana). Aquí la tenéis lanzando rayos sobre una pobre víctima desamparada:
Pero todas las criaturas son realmente un festival:
La película fue una producción muy cara para la Shaw Brothers, lo que se nota en los fantásticos decorados creados para la ocasión y los efectos especiales. De nuevo, a ojos actuales los efectos pueden resultar algo risibles, pero se ha de ser consciente en que momento fue creada la película. Me doy cuenta de que muchos la verán con el ánimo de burlarse de ella, al estilo "ja, ja, qué cutre". Pero yo disfruto de Infra-man de forma honesta, no desde la distancia irónica, ya que es entretenida de forma constante, divertida y todo un deleite visual.
Resulta sorprendente, pero en su día esto no se apreció este clásico de culto en su país de origen. Unos meses antes de estrenarse Infra-man, dos niños se vieron envueltos en un accidente al intentar imitar las patadas y movimientos de Kamen Rider en la azotea de un edificio. Uno de los niños fue herido grave, pero el otro murió, lo que causó una fuerte reacción contra este tipo de serie. Por ello cuando Infra-man se estrenó muchos padres preocupados no permitieron a sus hijos que fueran a verla, mientras que otros padres no querían pagar para que sus hijos vieran en el cine lo que ya veían gratis por televisión (aunque no por mucho tiempo ya que las series fueron retiradas de la programación en respuesta a la polémica). En Hong Kong la película fue un gran fracaso teniendo en cuenta la inversión y ambición con que el estudio la había producido. Al rescate de Infra-man llegaron los Estados Unidos, donde la película fue un gran éxito, algo que pilló por sorpresa a la Shaw Brothers que entonces incluso se planteó realizar una secuela que nunca vio la luz. De Estados Unidos la película saltó al resto del mundo, lo que hizo que en poco tiempo Infra-man se convirtiera en una cinta de culto.
Como ya he dicho, muchos disfrutarán burlándose de la película, pero yo no puedo más que honestamente disfrutar y admirar este despliegue de acción, fantasía y, sobre todo, imaginación. Solo hay que dejarse llevar y abrir la mente.
La malvada bruja Raga (Siu-Fung Wong) trae consigo de las más profundas tinieblas a la Virgen Infernal Ashura (Gloria Yip) a nuestro mundo. El objetivo de Raga es abrir las puertas del infierno y facilitar así la llegada del Rey del Infierno. Solo dos monjes se interponen en su camino: Peacock/Kôngquè (Yuen Biao) y Lucky Fruit/Kujaku (Hiroshi Mikami). ¿Podrán cerrar las puertas del infierno a tiempo y salvar la Tierra? Para saberlo tenéis que ver la, en más de un sentido, fantástica Dioses contra demonios (Hung cheuk wong ji, Ngai Choi Lam, 1988).
El estreno de Zu, los guerreros de la montaña mágica (Suk saan: San suk saan gim hap, Tsui Hark, 1983) demostró que se podía hacer en Hong Kong un tipo de película de fantasía, influenciada por las producciones de Steven Spielberg y George Lucas, más elaborada y ambiciosa del que era habitual ver en las pantallas hongkonesas, pero sin perder su esencia propia. Dioses contra demonios sigue la estela del clásico de Tsui Hark, es una fantasía cargada de elaborados efectos especiales y de maquillaje, pero en el caso del film de Ngai Choi Lam nos encontramos con una aventura que mezcla géneros para ofrecerle al espectador una experiencia única.
Peacock King, como es conocida en países de habla inglesa, adapta un manga original de Makoto Ogino. Debido al origen japonés del manga, la película fue una coproducción entre Japón y Hong Kong. De este modo también fue menos problemático conseguir el elevado, para la época, presupuesto que hizo posible construir impresionantes decorados y dar vida con animación stop-motion a varios demonios, así como una memorable transformación por la que pasa Raga. Debido también a ser una coproducción, el film existe en dos versiones. En la japonesa, Hiroshi Mikami es Kujaku, el protagonista y Yuen Biao un nuevo personaje creado para la ocasión. En la hongkonesa es al revés, con Yuen Biao dando vida la monje protagonista del manga. En la versión japonesa también se añadieron unas escenas intrascendentes para darle más papel a Hiroshi Mikami. Una pérdida de tiempo, porque Mikami tiene cero carisma en el film y Biao se convierte en el protagonista sin esfuerzo, supongo que debido a la experiencia de intentar hacerse un hueco entre dos grandes como eran Jackie Chan y Sammo Hung.
Ngai Choi había tenido experiencia con efectos especiales y hablaba japonés, así que era una elección obvia como director. El director imprime una frenética energía al film, navegando entre los distintos géneros que dan vida a la historia con gran facilidad. Así, una escena cómica puede ser seguida de una en la que Raga practica algo de canibalismo seguida de una secuencia de acción para mayor lucimiento de Biao, entonces una gran estrella en Japón, al igual que Gloria Yip.
Muchas veces se dice lo de "ya no hacen películas como esta", pero en este caso es muy apropiado. Dioses contra demonios fue producto de un tiempo y lugar específicos, que le dieron el toque justo de locura ochentera. La mezcla de géneros también hace de este un film fantástico único, que no se parece a nada de lo que se producía en Occidente a pesar de mostrar la influencia de clásicos americanos de la época. Muy recomendada.
Charles Band, como Roger Corman, se convirtió en una figura de culto a través de su productora Empire, donde desarrollaron sus carreras talentos como el de Stuart Gordon y Brian Yuzna. Luego, durante la década de los 90 del siglo XX, siguió siendo un nombre relevante dentro de la serie B y el cine de culto con su productora Full Moon, fundada después de que Empire entrara en bancarrota. Pero si sus contribuciones son principalmente como productor y creador de conceptos, también ha sido de director de diversos títulos en su día destinados a llenar las estanterías de los videoclubes. Metalstorm (Metalstorm: The Destruction of Jared-Syn, 1983) es uno de sus títulos más populares (y quiero decir literalmente título) dentro de su carrera como director, si bien no es una de sus películas más brillantes.
Dogen (Jeffrey Byron) es un agente de la ley que atraviesa el desierto en busca del criminal Jared-Syn (Michael Preston). Jared-Syn se ha erigido en líder de los clanes nómadas, agitándolos para crear violencia y caos. Unos secuaces de Jared-Syn matan al padre de Dhyana (Kelly Preston), quien jura venganza y por ello se une a Dogen en su caza de Jared-Syn. Ambos se enfrentarán a diversos peligros para lograr llegar a su objetivo.
Metalstorm tenía todos los ingredientes para convertirse en una cinta de culto. Es un film que mezcla las tendencias populares en el cine de género a principios de los 80 del siglo XX: space opera al estilo La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977), la fantasía al estilo Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982) y la acción posapocalíptica al estilo Mad Max 2, el guerrero de la carretera (Mad Max 2, George Miller, 1981). Esta mezcla implica también que el film tiene un toque spaghetti western, presente en las películas mencionadas. Por si fuera poco, también se estrenó en 3D, formato que entonces estaba experimentando un revival con diversas terceras entregas que lo usaron.
Y, a pesar de todo, la suma de estos elementos no da como resultado un memorable film de culto, sino más bien una anodina película de acción que no deja impronta. Tiene un título memorable, un reparto notable y algún breve momento que queda bien en un tráiler o en un clip en Youtube. Pero Metalstorm tiene demasiados elementos derivativos y muy poca personalidad propia. Claro, es mejor que cualquiera de los remakes en imagen real de películas de animación que manufactura Disney, pero carece de ese toque personal, peculiar, que tienen las cintas de culto. Ese je ne sais quoi mágico que hace que una película genere un culto de fans a su alrededor. Por otro lado, tampoco posee atractivo mainstream ya que no tiene nada que no tengan ya las películas a las que copia.
En cierto modo, Metalstorm es la esencia de lo que era el cine de bajo presupuesto en sus inicios: grandes pósters y tramas épicas que nunca cumplían con sus promesas.
Mario Bava fue un maestro del cine. Un genio que no fue apreciado en su momento, cuyo talento se hace más obvio al ver cómo sus películas aumentan su valor a lo largo de los años. Una de las mayores muestras de su genialidad es Hércules en el centro de la Tierra (Ercole al centro della Terra, 1961), en la que el director convierte lo que podría haber sido un típico peplum de la época en una épica película de terror.
El malvado Lico (Christopher Lee) ha hecho un pacto con el señor del Hades para convertirse en rey y sumir el mundo en la oscuridad. Lico, además, mantiene presa de su magia negra a la princesa Deianira (Leonora Ruffo) para poder mantenerse en el poder. Pero la princesa Deianira está prometida a Hércules (Reg Park), que está dispuesto a viajar al mundo infernal del Hades con tal de salvar a Deianira. Hércules emprende su viaje acompañado de Teseo (George Ardison) y Telemaco (Franco Giacobini).
Introducir en el peplum elementos fantásticos y sobrenaturales era algo natural, aunque sea solo por los orígenes mitológicos de algunos de los personajes protagonistas de estas películas. Pero Bava fue un paso más allá al transformar la aventura de Hércules en una película de terror bastante oscura para la época, a pesar de adaptar los elementos mitológicos para que fueran aptos para todos los públicos. De hecho, en algunos países se acentuaba el elemento sobrenatural en el título, cambiándolo por Hércules contra los vampiros, aprovechando también la fama de Christopher Lee como Drácula, a pesar de que no se trata de vampiros las criaturas contra las que se enfrenta Hércules. El inicio del film es parecido a los inicios típicos que podemos ver en este tipo de películas, con la excepción de que Bava no pierde el tiempo en introducir escenas de acción en la historia. Pero, a medida que avanza la historia, una atmósfera surrealista y fantástica se va apoderando del film. El resultado es un increíble espectáculo que incluye planos pioneros, como el rostro de Lee reflejado en un charco de sangre luego imitado centenares de veces, y secuencias bellamente terroríficas como la que muestra a los muertos surgiendo de la tumba.
Y el mayor mérito es que Bava logró crear este espectáculo terrorífico con un presupuesto bajo. Para crear los templos y decorados contaba con cuatro columnas, una puerta y una pared, literalmente. Empleó diversos trucos para añadir dimensión a los decorados y multiplicar el número de columnas, trucos que también usó para la creación de los paisajes infernales.
Se puede decir que la historia es bastante sencilla y algunos puntos dramáticos no tienen mucho sentido. Pero, en el caso de esta película, son cosas que no tienen la más mínima importancia, debido a que Bava se centra sumergir al espectador en una fantasía inquietante, intoxicándolo con un delicioso festín visual. Es un clásico que no puede estar más recomendado, que para disfrutar al máximo se ha de hacer viendo el montaje italiano (85 minutos), no las versiones recortadas como la americana o la inglesa.
La productora Toei buscaba qué nuevas tendencias habría en el mercado cinematográfico, cuando un grupo de ejecutivos junto al director Kinji Fukasaku vieron en Estados Unidos La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977). Impresionados, decidieron rodar su propia space opera, que llegaría antes a las pantallas japonesas que el film de George Lucas: Los invasores del espacio (Uchu kara no messeji aka Message from Space, Kinji Fukasaku, 1978). Unos pocos años más tarde, Kadokawa había desarrollado un novedoso sistema de producción en Japón, utilizando su rama editorial como punto de partida para crear películas basadas en los libros y mangas que publicaban, así como publicar libros y mangas basados en sus éxitos de taquilla. Y fue así que Fukasaku se vio al frente de La leyenda de los ocho samuráis (Satomi hakken-den, 1983), una adaptación de Nansō Satomi Hakkenden, la misma épica literaria que había servido de base para Los invasores del espacio, solo que ahora dentro del género de la fantasía y que se suponía se basaba en la adaptación modernizada que iba a publicar Kadokawa (si bien se escribió al mismo tiempo que el guion de la película).
La princesa Shizu (Hiroko Yakushimaru) debe huir de su hogar cuando el castillo del clan Satomi es atacado por el ejército del malvado clan Hikita, liderado por la hechicera Tamazusa (Mari Natsuki) y su hijo/amante Gonnokami Motofuji (Yûki Meguro). Shizu, última superviviente, jura vengar la muerte de su familia y acabar con el clan Hikita. Pero para vencer al demoníaco clan, que domina los poderes de la oscuridad, Shizu necesitará la ayuda de ocho guerreros que poseen una joya que los identifica como uno de los "guerreros perro". El origen de cada uno y por qué son llamados "guerreros perro" es bastante complejo, todo se remonta a un siglo antes y resultará incomprensible si no veis la película. Ved la película.
El encargo que le hizo Kadokawa a Kinji Fukasaku era hacer algo del estilo de los blockbusters de la época provenientes del cine americano como las aventuras de Indiana Jones, Flash Gordon (Mike Hodges, 1980) y las fantasías de espada y brujería surgidas a partir del éxito de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982). Fukasaku empezó a darle cuerpo al encargo en apariencia, porque lo que hizo Fukasaku es una película más subversiva y atrevida que los modelos se supone que tenía que imitar. De ahí que, sin entrar en detalles, el final que parece creado pensando en el público occidental, incide también en ese dedo medio alegórico que Fukasaku gustaba dedicar a las autoridades.
Satomi hakken-den puede parecer a simple vista una habitual fantasía samurái, pero ofrece escenas que casi parecen ir en contra del propio género. Para empezar, los héroes no son samuráis nobles, sino un irregular grupo de personajes que son, en cierto modo, extraños en su entorno o que se ven obligados a marchar del mundo que conocen antes de descubrir su misión con la princesa Shizu. Pero, además, Fukasaku llena la película de escenas y momentos que no veríamos nunca en alguna de las películas producidas por Steven Spielberg, como una de mis escenas favoritas que es cuando la malvada Tamazusa se sumerge en una piscina de sangre para recuperar las fuerzas o el descubrimiento de un demonio-insecto contra el que deben luchar los protagonistas.
La novela épica original transcurría en el siglo XIV, si bien la película de Fukasaku parece transcurrir en algún momento del siglo XVII o XVIII, que el director llena de detalles anacrónicos, como un mural inspirado en El Beso de Gustav Klimt que adorna una pared y sirve como contrapunto a una de las tramas, así como la utilización de canciones rock que hoy día no podrían sonar más ochenteras. Pero todo sirve para reforzar este mundo de fantasía que creó el director, no es una típica épica histórica que busque el realismo.
Este el punto fuerte de la película, que rezuma fantasía y es constantemente entretenida. La trama que hoy día puede resultar ya muy familiar está desarrollada de forma tan imaginativa que es difícil no dejarse seducir y dejarse llevar por la aventura de otro mundo que nos propone Fukasaku. Para aquellos que solo conozcan a Fukasaku como el director de la clásica Battle Royale (Batoru rowaiaru, 2000), es un modo tremendo de empezar a explorar la rica filmografía de este director.
Creo que ninguno de los responsables de la creación de las películas que conforman la saga de Blood Island se habría imaginado nunca que, décadas después de ser estrenadas, aún se hablara de ellas y se siguieran viendo. Concebidas como una manera de hacerse un hueco en el circuito de cines independientes y autocines americanos, estas películas son una única mezcla de exotismo, sexo y gore. Coproducidas entre Estados Unidos y Las Filipinas, a pesar de contar con bajos presupuesto, el resultado final superaba muchas de las películas exploitation de presupuesto semejante que se producían en Estados Unidos.
Los productores Kane W. Lynn y Irwin Pizor estaban al frente de Hemisphere Pictures, una compañía que se especializaba en películas realizadas en Las Filipinas creada a principios de los 60 del siglo XX, ya que Lynn se había enamorado del lugar cuando pasó por allí cumpliendo el servicio militar. Estas películas, dirigidas por Gerardo "Gerry" de León y Eddie Romero, eran principalmente cintas bélicas de acción, que aprovechaban los escenarios naturales de la zona. Pero sus películas no acababan de funcionar en el mercado norteamericano. Sam Sherman, luego un conocido distribuidor, trabajaba entonces en el departamento de marketing de Hemisphere y aconsejó a Lynn y Pizor que se olvidaran de las películas bélicas, que el cine de terror era el género que tenía más fácil llamar la atención del público al que iban dirigidos y hacerse un hueco en la taquilla americana. Lynn recordó que habían producido una película unos años antes que habían vendido a la televisión. Siguiendo el consejo de Sherman, decidieron reestrenar la película en cines, cosechando un sorprendente éxito. Esta película era La isla del terror (Terror Is a Man, Gerardo de León, Eddie Romero, 1959).
William Fitzgerald (Richard Derr) es el único superviviente de un naufragio cuyo bote llega a la costa de una isla misteriosa, donde es rescatado por sus habitantes. Esta isla se ha convertido en la base de operaciones del doctor Charles Girard (Francis Lederer), donde lleva a cabo sus experimentos lejos de ojos curiosos. Junto al doctor Girard en la isla vive su esposa Frances (Greta Thyssen), que desea volver a la civilización y dejar atrás los experimentos de su marido. William siente curiosidad por los experimentos del doctor Girard, en particular cuando lo que parece un peligroso animal ha escapado y atacado a distintas personas. William también siente curiosidad por Frances, aunque de otro tipo. Pronto se descubre que lo que se ha escapado no es un simple animal, sino un mutante creado por el doctor Girard.
El argumento de Terror Is a Man es un obvio derivado del clásico de H. G. Wells La isla del doctor Moreau, que entonces solo se había adaptado una vez en la fantástica La isla de las almas perdidas (Island of Lost Souls, Erle C. Kenton, 1932). El presupuesto solo permitía una criatura y no toda una isla de monstruos, pero los temas habituales en las pelis de mad doctors están ahí. La película se centra al principio en construir una historia compleja alrededor de los personajes, algo más melodramática de lo que era habitual en las películas americanas. Este aspecto era en el que se centraba Eddie Romero, mientras que Gerry de León se centraba más en buscar la manera más interesante de filmar cada escena. La suma de los intereses de Romero y De León son los que hacen destacar estas películas, con un guion y una imagen muchos más cuidada y trabajada que el de otras películas de terror exploitation de la época. La película tiene un aspecto cercano al cine negro, jugando con las sombras para crear texturas y aprovechar al máximo el blanco y negro.
También sorprende la calidad de Terror Is a Man porque es algo que no te esperas en lo que era una típica película de autocine, que además empieza avisando que sonará una alarma para indicar cuándo han de cerrar los ojos los espectadores más impresionables en las escenas más fuertes. Que teniendo en cuenta que originalmente fue filmada en 1959, ya os podéis imaginar que no son demasiado fuertes para el público actual.
El film arranca con la imagen de un plano, señalando que la acción transcurre en la ficticia Isla de Sangre. Este será el elemento que unirá las películas que se producirán después del sorprendente éxito de Terror Is a Man.
Las novias del monstruo (Brides of Blood, Gerardo de León, Eddie Romero, 1968) fue la primera de las secuelas que se estrenó desarrollando el concepto de Blood Island. No es una secuela, exactamente, ya que no continua la historia de Terror Is a Man, pero se trata de otra historia de terror en la que la isla hará honor a su nombre.
El doctor Paul Henderson (Kent Taylor), acompañado de su esposa Carla (Beverly Powers acreditada como Beverly Hills), viaja a la Isla de Sangre para determinar si ha tenido algún efecto perjudicial en el lugar la radiación de las pruebas nucleares que se hicieron allí décadas antes. En el mismo barco viaja Jim Farrell (John Ashley), miembro del Cuerpo de Paz que viaja a la isla para enseñar a los indígenas a construir sistemas de irrigación, mejorar las cosechas y que la vida allí sea más productiva y algo más fácil. Al poco de llegar, Alma (Eva Darren) les informa con dolor que su pueblo ha retomado prácticas que se consideraban parte del pasado. El doctor Henderson, Carla y Jim descubren que estas prácticas consisten en escoger mediante sorteo que mujeres se ofrecerán como sacrificio a una monstruosa criatura que aparece por las noches. Por si eso fuera poco, la radiación ha provocado diversas mutaciones en la flora y la fauna. Y también aparece el misterioso Esteban Powers (Mario Montenegro), a quien los indígenas temen y que puede que sepa más de lo que parece a primera vista de lo que sucede en la isla.
De las cuatro películas que conforman la serie Blood Island, esta es la que más me gustó. Posiblemente por su argumento de puro pulp que incluye sacrificios de vírgenes a monstruos, criaturas mutantes, árboles asesinos y un memorable villano monstruoso. Por supuesto, el protagonista se enamora de la hija del jefe del pueblo y, por supuesto, será entonces elegida para el sacrificio poniendo a prueba el valor de nuestro protagonista. Elementos clásicos y familiares en el mejor sentido de la palabra, ofreciendo 97 minutos de puro entretenimiento, aderezados con escenas de terror e impresionantes efectos gore teniendo en cuenta la época y el presupuesto.
Esta película se puso en marcha debido al sorprendente éxito de Terror Is a Man y esta también se convirtió en un éxito, cimentando el potencial de la franquicia. En esta entrega se incorpora un elemento importante en las siguientes películas: el actor John Ashley, que había aparecido en algunas producciones de la AIP, entre las que destacan las beach movies que protagonizaron Annette Funicello y Frankie Avalon. Ashley era una especie de Ricky Nelson de Hacendado que se enamoró de Las Filipinas (y al parecer también de las filipinas) y se convirtió en protagonista de las siguientes entregas.
En Mad Doctor of Blood Island (Gerardo de León, Eddie Romero, 1969) John Ashley es el doctor Bill Foster, que llega a la Isla de Sangre para ofrecer sus servicios como médico a los indígenas. En el mismo barco en el que llega el doctor Foster también viajan Carlos López (Ronaldo Valdez), que quiere reencontrarse con su familia y pasado en la isla, y Sheila Willard (Angelique Pettyjohn), quien busca encontrar a su padre (Tony Edmunds) quien lleva años viviendo en la isla perdido en una bruma de alcohol, y es el interés romántico del doctor Foster. Al llegar a su destino, se encuentran que la población vive aterrada por la presencia de unas misteriosas criaturas de sangre verde que atacan a los habitantes de la isla sin piedad. ¿Es posible que el misterioso doctor Lorca (Ronald Remy) y sus experimentos tengan algo que ver? Claro que sí, la cuestión es si nuestros protagonistas sobrevivirán a la locura del doctor Lorca o se sumarán a su lista de víctimas.
Esta película tiene uno de los inicios más memorables no solo de la franquicia sino del cine exploitation de terror de la historia, ideado por los responsables de marketing de Hemisphere Pictures. Como las criaturas que aparecen en la película tienen la sangre verde, se les ocurrió repartir en los cines que proyectaban Mad Doctor of Blood Island unos sobres con "sangre verde" (colorante verde con azúcar) para que fuera bebido por los espectadores y evitar que estos se contaminaran y acabaran convertidos en criaturas monstruosas de sangre verde. Pero antes de beberlo, los espectadores debían recitar el juramento de la sangre verde. Para ello se añadió un prólogo a la película en la que unos adolescentes (el público objetivo para el que estaba pensada la película) escuchaban una voz en off que les recitaba el juramento, gracias a un rótulo los espectadores podían hacerlo también. Al parecer, muchos lo hacían, como parte de la diversión del film, poniéndose de pie en la sala y bebiendo la sangre verde tras recitar:
"Yo, una criatura viva de la entidad cósmica, estoy preparado para entrar en el reino de aquellos escogidos para que se les permita beber los fluidos de la Esmeralda Mística aquí ofrecidos. Me uno a la Orden de la Sangre Verde con una mente abierta y por los poderes de este líquido estoy preparado para ver las antinaturales criaturas de sangre verde sin miedo a ser contaminado."
Una vez todo el mundo estaba listo para ver las criaturas antinaturales de sangre verde, empezaba la película propiamente dicha. Y de forma igualmente memorable, con una mujer desnuda corriendo por la selva perseguida por ya os podéis imaginar qué (al parecer la muchacha no había bebido los fluidos de la Esmeralda Mística).
Hay una escena bastante desagradable, en la que los habitantes de la isla sacrifican cerdos y cabras para aplacar a los monstruos que los atacan, que siendo Las Filipinas a finales de los 60 se ve que se sacrificaron de verdad un par de cabras y de cerdos. Dejando de lado este momento, la película es otro divertimento en el que se acumulan las escenas gore y el terror clásico monstruoso. En esta entrega también se eleva el cociente melodramático, con un despliegue de complejas relaciones e historia pasada que obliga al espectador a prestar más atención a lo que sucede entre los personajes que los experimentos del doctor Lorca. A la mínima te puedes despistar y ya no sabes quién era el romance de quién o quién fue infiel con quién. Lo cual no le resta diversión a la película, todo lo contrario.
El argumento tiene algunos puntos de conexión con Terror Is a Man, pero eso no impide a esta entrega brillar con su propia luz verdosa. Seguramente es la más gore de todas, con personajes que acaban con sus entrañas esparcidas a sus pies, y de las más delirantes.
Cada entrega de esta saga había sido más exitosa que la anterior. Bestia de sangre (Beast of Blood,Eddie Romero, 1970) siguió la misma tónica, siendo la más taquillera de toda la saga. Es la única que se podría calificar de secuela, ya que arranca momentos después del final de Mad Doctor of Blood Island. Se descubre que una de las criaturas no estaba tan muerta como se pensaba y acaba con los supervivientes de la anterior entrega en el sangriento inicio. El único que se salva es el doctor Bill Foster, el personaje que interpretó John Ashley (que es el único actor de Mad Doctor of Blood Island que regresó para la nueva entrega).
El doctor Foster regresa a la Isla de Sangre para saldar las cuentas con el doctor Lorca (Eddie Garcia). A pesar de que no le hace gracia al buen doctor, al viaje se apunta la periodista Myra J. Russell (Celeste Yarnall) que investiga lo sucedido en la isla. Al poco, será secuestrada por los esbirros del doctor Lorca, cuyos nuevos experimentos han logrado mantener a la cabeza del monstruo de la anterior entrega separada de su cuerpo, con el que experimenta con distintas cabezas de diversa procedencia.
Como ya he mencionado, esta fue la entrega más taquillera de la saga. Posiblemente debido al cambio de tono, ya que el film es una película de delirantes aventuras en la jungla con toques de terror más que una pura película de terror. El cambio le favorece, centrándose más en la acción y evitando que se hiciera repetitiva (en especial cuando las ves todas seguidas poniendo en peligro tu cordura). Pero los momentos que destacan para mí no son tanto las escenas de acción como las escenas en las que discuten el doctor Lorca y la cabeza del monstruo, que se llama, lo creáis o no, Dom Ramón.
Este es un divertido y entretenido cierre a esta peculiar saga. Una serie de películas de terror delirantes, cargadas de litros de sangre y desnudos gratuitos, que hará las delicias de los amantes a la serie B y al cine de culto más loco.
Albert Pyun, después de dos películas dirigidas al público adulto como El planeta del placer (Vicious Lips, 1986) y El tesoro de San Lucas (Down Twisted, 1987), quiso cambiar de estilo y filmar una aventura para toda la familia. El resultado fue Alien from L.A. Una película que, teniendo en cuenta la senisibilidad de Pyun como cineasta y que fue producida por la Cannon, no es la típica película de aventuras para todos los públicos.
Wanda Saknussemm (Kathy Ireland) es una joven que nunca ha salido de su ciudad natal ni ha tenido ninguna gran aventura. Esto es hasta que recibe una carta que la informa de que su padre, el arqueólogo Arnold Saknussemm (Richard Haines), ha desaparecido mientras exploraba unas ruinas en Sudáfrica. Al llegar a su destino, Wanda cae por el mismo pozo sin fondo por el que cayó su padre y descubre que ha llegado a la mítica ciudad de Atlantis. Allí descubrirá a la aventurera que lleva dentro, explorando la extraña ciudad y su más extraña sociedad en busca de su padre.
Se puede intuir por el argumento y parte de la historia, que Pyun se inspiró en clásicos como Alicia en el país de las maravillas y El mago de Oz, más las diversas películas que han inspirado, para dar forma a las aventuras de Wanda en Atlantis. En su viaje por Atlantis, Wanda conoce a diversos personajes, algunos aliados, que la ayudan en su viaje, y otros enemigos, que quieren hacerla prisionera, como les sucede a Alicia y Dorothy. Tras darle cuerpo al argumento, Pyun siguió el consejo de los productores y hacer que un par de guionistas, Judith y Sandra Berg (bajo los pseudónimos Debra Ricci y Regina Davis), le dieran un "toque femenino" al personaje de Wanda. Pero la inherente sensibilidad de Serie B que caracterizó el cine de Pyun se mantuvo intacta. Algunos de estos toques más Pyun van desde que el interés romántico de Wanda no aparece hasta que han transcurrido tres cuartas partes de película y entonces solo brevemente porque Pyun no tuvo la idea hasta que estaban ya terminando el rodaje, hasta hacer que los actores secundarios interpretaran distintos personajes para maximizar el gasto de llevarlos a Sudáfrica.
Aunque la intención de Pyun era, como ya se ha mencionado, filmar una aventura para todos los públicos, es una película demasiado extraña para apelar al gran público. Pero los pases en televisión hicieron que fuera adquiriendo muchos fans, seducidos por su peculiar sentido del humor y original ambientación. Original, si bien muy ochentera: una amalgama de estética videoclip y Mad Max. Y no se puede negar que es muy entretenida y divertida, si conectas con su peculiar sentido del humor. He de advertir que a mí a ratos me recordó a la posterior Super Mario Bros. (Annabel Yankel, Rocky Morton, 1993). Y lo digo como una advertencia porque, para mí, es algo positivo.
Tras finalizar Alien from L.A., Pyun se ofreció a ayudar a los jefazos de la Cannon, Yoram Globus y Menahem Golan, completando una película que se había quedado sin acabar por problemas de presupuesto y "ejecución". Viaje al centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 1988) fue iniciada por Rusty Lemorande como una aventura infantil, pero Pyun aprovechó el material que tenía, los decorados y el reparto todavía disponible de Alien from L.A., para convertir esta película sin acabar en una especie de secuela de la suya.Aunque el resultado final es más una suma de escenas para llegar a los 80 minutos no muy coherente en su intento de mezclar distintas tramas y personajes que no se pensaron para mezclarse así.
Alien from L.A. es una entretenida cinta de Serie B. Pyun intentó realizar una clásica cinta de aventuras, pero su propia sensibilidad era demasiado "B" como para hacer algo mundano y típico. En otras palabras, es una aventura para los amantes de la Serie B y fans de los productos Cannon.
¿Qué le ha pasado a Zack Snyder? Hubo un tiempo en que el anuncio de una nueva película suya era motivo de alegría y excitación, pero desde hace un tiempo parece haber perdido aquella chispa que le hacía distinto. Poder terminar y presentar La liga de la justicia de Zack Snyder (Zack Snyder's Justice League, Zack Snyder, 2021) debería haber hecho que se sintiera reivindicado y renovar sus jugos creativos. Sin embargo, su siguiente película fue una tremenda decepción. Ejército de los muertos (Army of the Dead, 2021) era un título muy esperado, era el retorno de Snyder al género que le había dado fama he iniciado su carrera como director. Ejército de los muertos resultó ser una rutinaria cinta de zombis cuya segunda mitad era un plagio plano a plano de Aliens, el regreso (Aliens, James Cameron, 1986). Su intención de crear todo un universo a partir de tan pobre película parecía poco realista, la cancelación de las secuelas y series de animación relacionadas Ejército de los muertos por parte de Netflix tiene bastante sentido.
Pero todo el mundo tiene derecho a algún traspiés de vez en cuando. Los directores son humanos, alguna vez fallan y la cagan como el resto. A pesar de tener esto en cuenta, mis alarmas se encendieron cuando Snyder anunció su siguiente proyecto, un proyecto que originalmente presentó a Lucasfilms como una potencial entrega de la saga Star Wars y que fue rechazado. Rebel Moon era su título y Snyder anunció que la idea era mezclar Los siete magníficos (The Magnificent Seven, John Sturges, 1960) con el universo Star Wars. Y lo dijo como si fuera la idea más original del mundo. Y no es que ya hay un episodio de The Mandalorian que es exactamente eso (el cuarto de la primera temporada), es que ya existe una película que iba al origen de la obra de George Lucas y usaba Los siete samuráis (Shichinin no samurai, Akira Kurosawa, 1954) como base para su aventura espacial. Estoy hablando, obviamente, de la genial Los 7 magníficos del espacio (Battle Beyond the Stars, Jimmy T. Murakami, 1980).
Roger Corman puso en marcha esta película ante el gran éxito de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977). Para ser una producción de Roger Corman, el presupuesto era algo más alto de lo que normalmente establecía el veterano productor, de modo que los efectos especiales y visuales eran algo mejores de lo normal (tal vez por eso Corman reutilizó secuencias de Battle Beyond the Stars en varias películas que produjo más tarde). El guion de John Sayles y Anne Dyer es muy inteligente, en el sentido que no copió la película de George Lucas sino que copió la maniobra de George Lucas. Es decir, mezclar el cine de Akira Kurosawa y las películas de samuráis japonesas con el western y los seriales de ciencia ficción. El resultado es una película que concentra su historia en 100 minutos de pura aventura y diversión, con personajes imaginativos a los que dan vida un reparto carismático, que incluye grandes nombres del cine de culto como Sybil Danning y John Saxon. Es pura delicia.
El original de Akira Kurosawa Los siete samuráis tiene una duración de 207 minutos. Hasta ahora, era la versión más larga de esta historia. Esto es así ya que te cuenta la historia de cada samurái y cómo cada uno se va "enamorando" de la vida en el pueblo que han de defender de unos bandidos, de modo que cuando se enfrentan a los villanos lo hacen no solo por dinero, sino por honor y por lealtad hacia las personas con las que han convivido. Para contar exactamente la misma historia, con toques del film de John Sturges, Zack Snyder necesita seis horas y media, dividiendo la película en dos partes.
¿Por qué las dos partes de Rebel Moon son tan largas? No cuenta una historia compleja ni que abarque muchas décadas y personajes. Es la típica historia de rebeldes contra imperio malvado que hemos visto un millón de veces. Pero lo más preocupante es que cuenta la historia de un modo muy tópico, sin una pizca de originalidad. Los personajes son los mismos que ya hemos visto miles de veces. Da la impresión que hoy día se tiene la idea equivocada de que una historia épica es una historia larga. Si no dura más de dos horas no puede ser épica. Es una concepción equivocada porque, por ejemplo, El padrino parte II (The Godfather Part II, Francis Ford Coppola, 1974) no es una película épica porque dura 202 minutos, es una historia épica porque abarca dos tramas paralelas en distintas líneas temporales con muchos personajes lo que resulta en una película compleja y profunda.
Otro aspecto que hizo que me preocupara por el futuro de Snyder como cineasta es que es visualmente muy plana. En realidad, algo preocupado ya estaba cuando vi la impráctica manera en que había abordado su construcción del Universo DC cinematográfico, pero en el caso de estas películas me llamó la atención un diseño de producción muy poco imaginativo y tan derivativo como el guion. Le sumamos un estilo narrativo muy plano y repetitivo y el resultado es una película mediocre. El abuso de la cámara lenta resulta casi un chiste, cuando se utiliza incluso para mostrar como uno de los personajes llena la petaca de la que bebe de agua. Cuando se intenta hacer cada plano épico, ninguno acaba siéndolo.
La recepción poco entusiasta que ha recibido el proyecto de Snyder puede que haga que se cancele el desarrollo de las múltiples secuelas que había planeado el director. Sería algo positivo, el mundo no necesita una pálida copia del universo Star Wars, lo que necesita es algo un poco más original. Espero que el futuro de Snyder sea algo más interesante, era un director que me encantaba y ahora se ha convertido en una parodia de sí mismo. Ojalá la próxima película de Zack Snyder sea un espectáculo auténticamente emocionante y visualmente absorbente.
Una de las cualidades que más aprecio del cine de género de Hong Kong de los 80 y 90 del siglo XX es la habilidad de coger o copiar tramas o elementos del cine taquillero occidental, pasarlos por su mezcladora personal y convertir el resultado en una película original y distinta. El cristal mágico (Mo fei cui, Jing Wong, 1986) es el ejemplo perfecto: coge elementos de películas de Steven Spielberg que habían tenido mucho éxito en Hong Kong como E.T. El extraterrestre (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982), las dos primeras entregas de las aventuras de Indiana Jones y Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977), y los mezcla con la comedia y la acción propia del cine hongkonés. El resultado es una locura tremendamente entretenida que os dejará ojipláticos.
Andy Lo (Andy Lau) y su ayudante Snooker (Jing Wong) trabajan por libre colaborando con la policía cuando esta necesita ayuda "paralegal". Andy recibe una llamada de Shen (Phillip Ko), un amigo arqueólogo que le pide ayuda ya que está siendo perseguido debido a un gran descubrimiento que ha hecho. Andy, Snooker y Ban-Ban (Siu Ban-Ban), el sobrino de Andy, se dirigen a Grecia para ayudar a Shen. Una vez allí descubren que Shen está siendo perseguido por agentes del KGB, dirigidos por el malvado Karov (Richard Norton). Andy recibe la ayuda de los agentes de Interpol Cindy Morgan (Cynthia Rothrock) y Billy (Siu Chan Mok). Los tres no pueden evitar que los rusos secuestren a Shen, que ha escondido un extraño cristal en el equipaje de Ban-Ban. Cuando Ban-Ban lo abre de vuelta en Hong Kong, descubre que el cristal es una extraña criatura con poderes que le pide ayuda para que no se lo lleve el malvado Karov.
El cristal mágico es una película que busca entretener a toda la familia. Por lo menos, a toda la familia hongkonesa. De ahí que a ratos parezca una película infantil, a ratos una brutal película de acción y a ratos una comedia absurda. El tono de la película salta y cambia constantemente, mezclando la comedia y la acción sin descanso. Y el caso es que funciona, gracias al talento del reparto, que incluye a tres grandes del cine de acción como son Andy Lau, Cynthia Rothrock y Richard Norton. Wei-Wei Huang, que interpreta a la hermana de Andy/madre de Ban-Ban, tiene una fantástica escena de acción, que resulta sorprendente por lo inesperado, pero ejemplifica como esta película hace que funcionen los disparatados ingredientes que la forman. También hay momentos para el humor absurdo, como la escena en la que a un pesado, interpretado por Pak-Cheung Chan, el cristal lo castiga intercambiando sus manos por sus pies.
En otras palabras, esta película es una fiesta. Es divertida, trepidante y llena de impresionantes coreografías de acción. Una de esas películas que te alegran el día y que hacen que tus conocidos se preocupen por tu cordura. Por mi parte, muy recomendada.
Siempre es un placer cuando ves una película sin tener ni idea de lo que pasará a continuación. Y en este caso, ni siquiera los cineastas lo sabían ya que la iban haciendo sobre la marcha. Es parte del encanto de la locura total que es la fantástica Los invasores del abismo (I predatori di Atlantide aka The Riders of Atlantis, Ruggero Deodato, 1983).
Nos encontramos en el futuro: 1994. El mercenario y aventurero Mike Ross (Christopher Connelly) y su compañero Mohammed Washington (Tony King) se ven envueltos en una extraña aventura que arranca cuando se descubre una reliquia en el fondo del mar. Una ola destruye la plataforma marina en que se guardaba la reliquia, Mike y Mohammed recogen a los supervivientes, entre los que se encuentra la doctora Cathy Rollins (Gioia Scola) además de James (futuro director de cine Michele Soavi), el profesor Peter Saunders y el piloto Bill Cook interpretados, respectivamente, por los veteranos del cine de género George Hilton e Ivan Rassimov. El grupo se enfrentará a unos misteriosos atacantes procedentes de la mítica Atlantis, que buscan secuestrar a a la doctor Rollins por razones desconocidas.
La creación de esta película es casi tan rocambolesca como la historia que cuenta. Ruggero Deodato se encontraba en Canes cuando fue invitado por la entonces primera dama de Las Filipinas Imelda Marcos para visitar el estudio que había creado Marcos para impulsar la industria cinematográfica filipina. Deodato viajó a Las Filipinas y allí se encontró un estudio enorme, con diferentes departamentos de maquillaje, efectos especiales y especialistas preparándose para realizar cualquier escena peligrosa que fuese necesaria. Y todo sin usar, porque no se estaba filmando nada, además de algunas deficiencias en el estudio. En un principio declinó usar el estudio, pero tras discutirlo con Marcos, Deodato se lo volvió a pensar y empezó a pensar qué podía filmar allí para aprovechar las instalaciones y la jungla filipina. Así, Deodato, junto a los guionistas Tito Carpi y Vincenzo Mannino, diseñó una historia de acción bastante inspirada por Mad Max 2, el guerrero de la carretera (Mad Max 2, George Miller, 1981). Solo tenéis que ver el tráiler para ver hasta que punto la saga posapocalíptica creada por George Miller sirvió de punto de partida junto al clásico de John Carpenter Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, 1976). De vuelta a Italia, Deodato rodó algunas escenas más para que la película llegara a la hora y media.
Aunque los creadores tras las cámaras de Los invasores del abismo buscaban qué coger de los éxitos del momento para crear un producto que dejara satisfechos a distribuidores y espectadores, también se nota cierto gusto por el pulp y el cine de acción de folletín. Una impresión reforzada por el reparto lleno de rostros familiares dentro del cine de serie B y exploitation. Este gusto por la aventura de bolsilibro, la acción sin freno y los giros inesperados, sumado al carismático reparto, hacen de este título una joya del cine de serie B constantemente entretenida y llena de momentos tan fantásticos como delirantes.
Una de las razones por las que hubo tantas y tantas imitaciones/derivados/copias de la saga Star Wars y de las aventuras de Indiana Jones, además de porque fueron gigantescos éxitos de taquilla, es que la forma de operar de George Lucas parecía, a primera vista, bastante fácil de imitar ya que se trataba simplemente de explotar la nostalgia de su generación. Sin embargo, actualizar los seriales de aventuras del pasado de forma exitosa era mucho más complicado de llevar a cabo con éxito de lo que muchos productores y distribuidores se pensaban, en especial si no se contaba con el presupuesto y los recursos que Lucas y Steven Spielberg tenían a su disposición. También Lucas tuvo suerte en cuanto a poder llegar antes que los demás a las pantallas de cine, ya que no era el único director/productor por entonces que quería hacer una nueva versión de los seriales clásicos de aventuras o llevar al cine personajes como Flash Gordon. Uno de los mejores y más logrados productos de esta época post-Indiana Jones es Sky Pirates (Colin Eggleston, 1986).
Había dos tipos de películas que intentaban aprovechar la estela dejada por En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, Steven Spielberg, 1981). Un tipo copiaba directamente la película de Spielberg, el otro buceaba en las fuentes que inspiraron la película de Spielberg. Sky Pirates se encuentra en un punto medio. El productor John D. Lamond llevaba tiempo queriendo adaptar los seriales de aventuras que veía de pequeño y también era un gran admirador de la obra de Spielberg, así que su guion de Sky Pirates tiene alguna escena en la que se nota la "influencia" de En busca del arca perdida, mientras que el argumento pulp poco tiene que ver. Lo curioso es que si nos fijamos en varios giros en su argumento, veremos que el de la posterior Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, Steven Spielberg, 2008) es prácticamente idéntico. Y Lamond le envió una copia de su película a Spielberg en su día para que le hiciera algún comentario. Así que quién sabe donde acaban las mutuas influencias.
El aventurero protagonista de Sky Pirates es el teniente Harris (John Hargreaves), un piloto que al poco de acabar la Segunda Guerra Mundial recibe la misión de pilotar un avión para transportar una misteriosa carga, de la que se encargan su superior Savage (Max Phipps) y el reverendo Mitchell (Simon Chilvers). Cuando Harris intenta averiguar que lleva en su avión se le comunica que es secreto y se dedique a seguir las órdenes, lo que hace de forma reluctante. Durante el viaje, el avión atraviesa una extraña tormenta sobrenatural que les lleva a un lugar misterioso que se encuentra a kilómetros de la ruta que deberían seguir. Allí encuentran muchos barcos y aviones estrellados, entre los que se encuentra el buque desaparecido durante el experimento Filadelfia. Al regresar, Harris es culpado del fracaso de la misión y de la muerte de la tripulación y condenado a prisión. En ese momento, la hija del reverendo Mitchell, Melanie (Meredith Phillips), le pide ayuda para localizar a su padre que ha desaparecido. Harris escapa para demostrar su inocencia, cosa que cree que puede lograr rescatando al reverendo Mitchell, el cual estaba estudiando una tabla de origen extraterrestre que puede otorgar un gran poder y sabiduría al que la posea.
Sky Pirates apenas dura 90 minutos, pero logra encajar diversas escenas de acción y mucha aventura para su protagonista, así como todas las secuencias de efectos especiales que se pudieron permitir con su presupuesto y medios. Esto hace que, a pesar de la obvia influencia de Indiana Jones (en algunos países Sky Pirates se llamó Dakota Harris, como para hacerlo más evidente), logra desarrollar una personalidad propia con su historia de extraterrestres milenarios, ofreciendo continuo entretenimiento. El reparto no es que sea muy carismático, pero encarnan muy bien sus personajes y resultan creíbles como héroes de los años 40.
El guion no es que sea muy redondo y el villano no está apropiadamente desarrollado, pero su devoción por la aventura pulp es lo que hace esta película memorable y ha hecho que sobreviviera hasta la actualidad, donde puede ser juzgada de forma más apropiada. Es por eso que es una película que interesará a aquellas personas que disfrutaron con películas como The Phantom (El Hombre Enmascarado) (Simon Wincer, 1996) o The Shadow (La Sombra) (The Shadow, Russell Mulcahy, 1994).