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12 sept 2026

Psycho Killer

 


 

Andrew Kevin Walker causó una gran impresión con el guion de Seven (Se7en, David Fincher, 1995). Seguido de los guiones de 8MM (Joel Schumacher, 1999) y Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999), Walker parecía un experto en guiones oscuros. Por eso, su regreso al género con el guion de Psycho Killer (Gavin Polone, 2026) generó mucha anticipación, lo que no siempre es bueno.

Tras ser testigo de como asesina a su marido, la patrullera Jane Archer (Georgina Campbell) empieza a perseguir a un brutal asesino en serie. Este psicópata ha dejado un reguero de víctimas a su paso, llenando las escenas de los crímenes de símbolos satánicos, creando pánico entre la población. Archer se obsesiona con atraparlo descubriendo su macabro plan.

En algunos aspectos, Psycho Killer parece una historia de hace treinta años actuliazada. La inclusión del pánico satánico y el investigador obsesionado en atrapar al asesino, que se enfrenta con autoridades incompetentes ya sean federales o policías, son clichés presentes en el género desde los 80. Sin embargo, Walker ya había utilizado en Seven la táctica de introducir clichés para dar una falsa sensación de seguridad al espectador, también como contraste a la oscuridad y morbosidad de la trama. La brutalidad y las escenas sangrientas, con toques de efectos visuales, son claramente modernas y son lo que aparta este título de otros de décadas pasadas.

Con una duración de 91 minutos, una rareza hoy día, la película no tiene nada de grasa. Se centra en contar su historia de forma eficiente. Por un lado, esto es uno de los puntos positivos de la película, no pierde el tiempo en meternos de cabeza en la historia, así como su mezcla de thriller y terror está muy conseguida. Por otro lado, esto también significa que uno de los aspectos más únicos de la trama no queda plenamente desarrollado, lo que provoca que no tenga el impacto que se buscaba en la conclusión.

Esto último hace que, aunque la película tenga varias cosas a su favor como una secuencia con un cameo del gran Malcolm McDowell, Psycho Killer acaba perdiendo fuerza en su final. El clímax no tiene la tensión que se buscaba y contiene momentos muy predecibles. Este flojo final hace que Psycho Killer acabe siendo un título más, que no se convertirá en un referente para el futuro sino relleno para los servicios de streaming.

 

4 sept 2026

Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei)

 


 

A veces pasa que ves una película que te encanta y te quedan ganas de ver más películas del mismo director. Así, disfruté tanto con Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) que me quedaron ganas de recuperar otro clásico de Ringo Lam. En este caso Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei, Ringo Lam, 1992).

Gao Fei (Chow Yun-Fat) quiere ayudar a su amigo y compañero Sam Sei (Anthony Wong), que debe dinero a Kau (Victor Hon), un poderoso usurero con contactos mafiosos. Gao acaba enfrentándose a Kau y sus secuaces, lo que hace que deba planear huir del país. Necesitado de dinero para la huida, acepta la idea de Sam de trabajar junto a la banda de Judge (Simon Yam) en un golpe. Cuando llega el momento, Gao es traicionado y dejado por muerto. Judge y su banda creen que se han salido con la suya, pero no cuentan con la sangrienta venganza que Gao planea.

Parece increíble que títulos clásicos del género considerados hoy día obras maestras, como Hard Boiled (Hervidero) (Hard Boiled aka Lashou shentan, John Woo, 1992) y Full Contact, pasaran bastante desapercibidas cuando se estrenaron en su país de origen. A pesar de esta fría recepción inicial, es innegable que Full Contact representa la epítome del cine de acción al estilo Hong Kong, el llamado heroic bloodshed. Lleva al máximo lo que se podía hacer con el género. Ringo Lam incluso realiza un primitivo intento del bullet time que luego popularizaría Matrix (The Matrix, Lana y Lilly Wachowski, 1999). Lam convierte una típica historia de venganzas criminales en un delirante festival de acción, sumergiendo al espectador en el torbellino provocado por el enfrentamiento entre Gao y Judge.

Este clásico de culto tiene un reparto de lujo. Chow Yun-Fat estaba en su momento álgido, llenando de carisma y fuerza la pantalla, dando vida a un personaje obsesionado con vengarse no solo por él sino también por otras víctimas inocentes. Al otro lado, Simon Yam como Judge crea un villano realmente memorable, cuyos trucos de magia se vuelven rápidamente mortales. Pero la mejor interpretación posiblemente sea la de Anthony Wong como Sam, un personaje que evoluciona y cambia, siendo el más complejo de la película. A título personal, tampoco puedo evitar mencionar a Bonnie Fu como la villana Lau Ngang, cuyo apodo es traducido en ocasiones como Virgen y en ocasiones como Guarra, que tiene una de las mejores risas de villana de la historia.

Se ha de mencionar que uno de los aspectos más interesantes de la sangrienta Full Contact tiene su origen en el actor Simon Yam y no en el director. Fue Yam que, considerando el vestuario exagerado y los trucos de magia, tuvo la idea de hacer que su personaje estuviera enamorado del héroe interpretado por Chow Yun-Fat. Era la única manera que se le ocurrió de justificar la obsesión de Judge de acabar con Gao. Fue un golpe de genio, ya que le da un toque único que hace explícito el homoerotismo que encontramos dentro del cine de acción, en particular de los 80, e incluso en cómics como la obsesión mutua del Joker y Batman.

Violenta y sangrienta, Full Contact es un clásico que sigue pareciendo moderno. Llevó el género todo lo lejos que se podía llevar, siendo el resultado un delirante festín para los sentidos. Una película indispensable.

 

17 ago 2026

The X Files: I Want to Believe - Vrach Frankenshteyn

 


 

Como fan de toda la vida de Expediente X, desde que empezaron a emitirse los primeros episodios por Telecinco, recibí con gran interés la noticia de que iba a editarse un nuevo montaje del director de Expediente X: Creer es la clave (The X Files: I Want to Believe, Chris Carter, 2008). El 14 de agosto, cuando ya estaba disponible en Disney +, me senté a disfrutar de esta nueva versión. Una nueva versión que resultó ser una tomadura de pelo.

Chris Carter ha comentado en muchas entrevistas recientes que esta nueva versión es mucho más aterradora y que incluye material que no pudo ser incluido en su momento por razones de censura; además que el estudio quería una película que fuera para mayores de 13 años.  Pero esta nueva versión no incluye material nuevo, las escenas cortadas por censura ya aparecían en el montaje del director que se editó en DVD/Blu-ray en su día. Es la versión que en los títulos de crédito finales incluye fotografías del equipo y el reparto. Esta nueva lo que hace es eliminar escenas dramáticas y pequeños momentos personales, en particular todo lo que afecta a la trama de Scully (Gillian Anderson) y ajustar el montaje. Nada más.

Esta nueva versión hace más aparente la crítica que siempre se le hizo a esta película: que era poco más que un episodio largo de la serie. Eso sí, me hizo sentir nostalgia por ver la serie de nuevo. Con tantas nuevas series y películas casi te sientes culpable por recuperar series pasadas. Más cuando, hablando como fan, Expediente X llegó a su punto álgido creativo en la quinta temporada. A partir de aquí, todavía se producen grandes episodios pero empiezan a menguar, alternando entre simplemente buenos y los mediocres. Tampoco es que fuera un gran problema, incluso las temporadas sin David Duchovny tienen buenos episodios.

Volviendo a I Want to Believe - Vrach Frankenshteyn, este nuevo montaje no aporta nada nuevo al fan, la mejor versión es el primer montaje del director, pero puede que enganche a los que no conocen la serie y la vean como una película independiente de ella.


7 ago 2026

Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort)

 


 

Regresan Hélène Catet y Bruno Forzani con su reinterpretación y reutilización de la estética giallo, en un contexto completamente distinto al que estas películas de misterio de origen italiano fueron creadas. Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort, 2025) es fiel al estilo de la pareja de directores, pero le da un toque de frescura añadiendo a la fórmula otros tributos y homenajes de distintos géneros.

John D. (Fabio Testi) es un veterano espía que se encuentra viviendo retirado en la Costa Azul. Allí se empieza a obsesionar con otra clienta del hotel donde está, que le provoca recuerdos de cuando era un joven agente (Yannick Renier) tras la pista de la peligrosa criminal Serpentik. Un día, esta clienta desaparece. ¿Tendrá que ver esta desaparición con el pasado de John D.?

En esta ocasión Catet y Forzani preparan al espectador un potente cóctel que es un homenaje al cine de espías de los 60, en su vertiente más psicodélica. Además, se hacen referencias al cómic y a las fotonovelas junto a los habituales guiños al giallo. La influencia más obvia es un título que se encuentra en esa misma encrucijada de cine de espías de los 60, cómic y giallo, el clásico de Mario Bava Diabolik (1968) que adaptaba el cómic homónimo. Y no es el único Bava al que se hace referencia.

Por cierto, para los más jóvenes: las fotonovelas eran cómics que, en lugar de dibujos, se utilizaban fotografías. Si estaban basadas en películas, se usaban fotos de la película que fuera. 

El film, en el fondo, cuenta una historia bastante sencilla, pero que invita al espectador a pelar sus capas narrativas en distintos visionados. Esta sencillez permite recargar visualmente la película para ofrecer otra potente experiencia sensorial para el espectador. También se añaden otros temas más cinematográficos, o metacinematográficos, alrededor del cine de espías de la época, celebrando su estética y al mismo exponiendo su misoginia, por ejemplo. Pero el aspecto que más me llamó la atención es la recreación en la obsesión por los personajes enmascarados, no solo en el giallo pero también en las películas como Diabolik y los imitadores que le siguieron.

A pesar de tratar un tema serio, el homenaje que los directores hacen al cine de espías de los 60 en su vertiente más psicodélica convierten Reflejo en un diamante muerto en un gran divertimento, si te gusta este tipo de estética, que incluye escenas bastante violentas. En definitiva, si habéis visto otras películas de este dúo ya sabéis qué os espera, los que no los conozcan disfrutarán de una experiencia única en el cine actual.

 

31 jul 2026

Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô)

 


 

El título no engaña, Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, Norifumi Suzuki, 1973) ofrece generosas dosis de furia y  de sexo. Bueno, más que sexo, lo que encontramos es erotismo grotesco, además de litros de sangre. Pero, a pesar de las apariencias, esta es una película que con el tiempo ha sido reevaluada por su contenido feminista, si bien este no era intencionado.

Cuando era niña, Ochô Inoshika (Reiko Ike) fue testigo de como su padre fue asesinado. Antes de morir, el padre dejó unas pistas para identificar a los asesinos, unas cartas con unas figuras que representan a cada uno de los responsables, lo que ha llevado a Ochô a convertirse en una experta jugadora, además de una carterista muy habilidosa. Su destino se cruza con el de Shunosuke (Masataka Naruse), un anarquista que busca también vengar la muerte de su padre. Para completar el triángulo, Christina (Christina Lindberg) es una espía que llega a Japón como una famosa bailarina, utilizando su misión para reunirse con su amante Shunosuke. Los tres se ven envueltos en sangrientas venganzas que unirán sus destinos contra los asesinos responsables de tanta desgracia.

Basada en un manga de Tarô Bonten, la película de Norifumi Suzuki sigue una línea de títulos japoneses que estaban llevando al límite lo que se podía mostrar en las pantallas de cine en cuanto a sexo y violencia,  con la esperanza de apartar a los japoneses de las pantallas de televisión, una táctica similar a lo que se hizo en Italia. Sex & Fury le sirve al director para construir secuencias memorables de acción, explotar los encantos de las dos actrices protagonistas y, a pesar del bajo presupuesto y el tiempo limitado, crear momentos estéticos cargados de sangriento romanticismo. El acierto de unir dos actrices icónicas como Reiko Ike y Christina Lindberg fue todo un acierto, ya que ambas aportan una energía distinta y personal que ensalza sus escenas. La interpretación de Lindberg tal vez no sea la mejor, pero se ha de tener que en cuenta que estaba interpretando un papel en dos lenguas que no eran la suya: inglés y japonés, lo cual no debió ser nada fácil. Ike domina la película, no hay duda, protagonizando una de las escenas más memorables: la atacan en la bañera con la esperanza de que se sienta vulnerable, pero ella logra matarlos a todos desnuda y armada con una espada que roba a uno de sus atacantes.

Esta escena es también emblemática de la extraña mezcla de exploitation y feminismo del film. A pesar de no desperdiciar ninguna excusa del guion que ofrezca la posibilidad de desnudar a las actrices, las muestra también enfrentadas a un mundo masculino sin piedad. Un mundo que busca abusar de ellas y que se arrodillen ante el poder, pero ellas se alzan en un despliegue de fuerza, tenacidad y, bueno, furia.

Sex & Fury fue concebida como un producto sensacionalista que atrajera espectadores en busca de emociones baratas. Pero el director, los guionistas y el reparto convirtieron el film en un título memorable, lleno de momentos bizarros y hermosos, sórdidos y románticos. Una mezcla imposible que, a pesar de todo, funciona.

 


 

El éxito de Sex & Fury puso en marcha una secuela de forma casi instantánea: Female Yakuza Tale: Inquisition and Torture (Yasagure anego den: Sôkatsu rinchi, Teruo Ishii, 1973). Adaptando de nuevo un manga de Tarô Bonten, en esta ocasión Ochô Inoshika se enfrenta al clan yakuza Ogi, que utiliza a prostitutas para que transporten drogas escondidas en sus vaginas. Para esta secuela, el director Teruo Ishii creó un film bien distinto del que lo precedió.

El film arranca con una secuencia de títulos de crédito que busca recrear el impacto de la escena más memorable de Sex & Fury. Pero, a partir de aquí, el film cambia en tono y estilo. Female Yakuza Tale hace un mayor énfasis en la comedia, llegando al punto de introducir a Yoshimi (Makoto Aikawa), un personaje que es una sátira de la prisionera Escorpión que hizo famosa Meiko Kaji. El tono más cómico enlaza con una actitud más anárquica por parte del director. Mientras que en la primera la recreación histórica estaba bastante cuidada teniendo en cuenta los medios, aquí nos encontramos personajes que parecen vestidos de manera contemporánea a cuando se rodó el film. Otra muestra de la actitud iconoclasta del director es la inclusión de momentos que parecen más cercanos al cine experimental y artístico mezclados con perversión habitual en este género japonés. Eso sí, en el film también hay grandes dosis del erotismo grotesco en el que estaba especializado el director.

La historia no es tan interesante como la de la primera entrega, pero se las arreglan para estirarla lo máximo posible. Sumado al tono más cómico esto hace que, para mí, esta entrega no sea tan redonda como la primera. Sin embargo, sin compararla con la película de Norifumi Suzuki, resulta una película entretenida y divertida, si os gusta la comedia mezclada con toques grotescos, sangre y una deliciosa sordidez. 

17 jul 2026

Seducción (Compulsion)

 


 

Llevo siguiendo la carrera de Neil Marshall desde los tiempos de Dog Soldiers (2002), así que cuando supe que preparaba un homenaje al giallo mi curiosidad se disparó. El giallo es uno de mis géneros favoritos y verlo tratado por un director que siempre me ha gustado me parecía una fórmula ganadora. Me alegra no haberme equivocado con Seducción (Compulsion, Neil Marshall, 2024).

Situada en la isla de Malta, la acción arranca cuando la inspectora Claudia Cavara (Giulia Gorietti) y el inspector Dennes Crawford (Harvey Dean) investigan un brutal asesinato llevado a cabo por una misteriosa figura vestida de negro. Al mismo tiempo, Evie (Anna-Maria Sieklucka) llega a la isla de vacaciones. Allí conoce a Diana (Charlotte Kirk) y a su novio Reese (Zach Gowan). Muy pronto, Diana empieza a interesarse en Evie, si bien Evie no sospecha que los motivos de la pareja no son casuales. Mientras, los asesinatos continúan, acercándose cada vez más a Evie.

 En las raíces del clásico thriller erótico de los 90 y en las del clásico slasher de los 80 nos encontramos el giallo. Así que es natural que en este cóctel preparado por Marshall nos encontremos elementos de los tres, lo que incluye giros de guion entre absurdos y esperados, escenas sangrientas y una diversidad de escenas eróticas. En este sentido, Seducción cumple, ofreciendo todo esto al estilo de otros gialli contemporáneos como Tulpa: Perdizioni mortali (2012). Además, para los amantes del género se incluye un cameo de Cinzia Monreale. El film de Marshall, sin embargo, sufre del mismo problema que otros contemporáneos con intenciones semejantes, como por ejemplo La daga en el corazón (Un couteau dans le coeur, Yann Gonzalez, 2018): las limitaciones del presupuesto hacen que no tenga el mismo look glamouroso de los giallo de los años 70, es mucho más artificial, demasiado digital. Además el nivel de las interpretaciones está bastante desequilibrado, las dos protagonistas hacen un buen trabajo pero algunos secundarios se pasan de rosca. La verdad, esto último también sucedía en algunos títulos clásicos del género.

Es cierto que, para los amantes del género, algunos de los giros son algo predecibles, pero no le resta diversión. No hay que ver esta película como algo "serio" al estilo de El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991), sino más bien algo entretenido y un poco absurdo con el que pasar un rato divertido. Reconozco que, para los que no sean amantes de estos géneros y acepten lo que los hace tan divertidos, puede que sea difícil de ver el atractivo. A mí la película me dio lo que esperaba, una revisión moderna de unos géneros clásicos que me encantan.

 

10 jul 2026

Un ángel con puños de hierro (Tie guan yin)

 


 

La mayoría de las películas que explotaban la Bondmanía, en particular las europeas, cogían la ruta de la parodia. Sabiendo que no podían competir como iguales con las películas de James Bond y aprovechando que tenían una fórmula muy fácil de imitar, la parodia era la opción más económica. Pero algunos valientes decidían crear sus propias aventuras de espías "en serio", como la entretenida Un ángel con puños de hierro (Tie guan yin, Lo Wei, 1967).

La agente 009 Ai Si (Lily Ho) llega de Londres a Hong Kong para investigar (y si es posible vengar) la muerte de su colega A4 (Pei-Shan Chang). Lo hace en colaboración con la policía, que le crea una nueva identidad como Luo Na, la amante de Baldy (Shun Tien), un mafioso encarcelado que tenía contactos con una misteriosa organización criminal. 009 logra infiltrarse en la organización, pero entonces es cuando el peligro no hace más que intensificarse.

Como ya he dicho, esta película no es una parodia, si bien se inspira en las cuatro películas de la saga James Bond que se habían estrenado hasta el momento. Pero este enfoque la hace más divertida que si hubiera sido una parodia (muchas de las cuales eran muchas cosas menos graciosas). Parte de la diversión está en ver cómo reinterpretan los elementos típicos de un film 007 y, en algunos casos, se llevan al extremo. La más obvia diferencia es el cambio del género del protagonista, aquí una fantástica Lily Ho. El cine asiático era pionero en producir películas de acción con protagonistas femeninas, incluso en los relatos clásicos donde se encontraban guerreras errantes junto a los guerreros errantes. Es algo que en Occidente no sería plenamente aceptado hasta entrado el siglo XXI y aquí ya le da un toque distinto al film. También esta película es mucho más atrevida con los toques sexys, incluyendo algún desnudo que visto hoy día es bastante inocente pero que nunca aparecería en una película Bond. Y, siendo como es una película de Hong Kong, la acción y la violencia es mayor en cuanto a intensidad, si bien no es el punto fuerte de Lo Wei, cuyas escenas de acción más famosas fueron dirigidas por Bruce Lee no por él.

El perfecto ejemplo de la manera en que Un ángel con puños de hierro lleva al extremo escenas que podríamos encontrar en la franquicia Bond es la manera en que presenta una escena clásica dentro de la franquicia 007. Es ese momento en que el villano de turno descubre que alguien es un traidor y lo ejecuta ante sus secuaces, para mostrar lo implacable que es. Esta escena aparecía por primera vez en Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), donde vemos al jefe de SPECTRE electrocutar a un traidor. Aquí se repite la escena, con la fantástica villana líder de las Dark Angels, a la que da vida con mucho estilo Tina Chin-Fei, que antes de dar por terminada una reunión ejecuta a una traidora. Pero no simplemente electrocutándola, sino que hace que un aparato baje del techo y la decapite, dejando el cuerpo sin cabeza ensangrentado brevemente en la silla antes de que esta desaparezca por una trampilla en el suelo. Y por eso, aunque no es una parodia, Un ángel con puños de hierro ofrece grandes dosis de diversión.

A pesar de su limitado presupuesto y que las peleas no son precisamente las mejores que se pueden ver en una película de Hong Kong, esta es una película tremendamente entretenida. De hecho, diría que cuanto más familiarizado esté uno con la franquicia James Bond más divertida y entretenida se hace la película. Y si le añadimos el toque sixties y go-go, Un ángel con puños de hierro es una deliciosa manera de pasar un buen rato.

 

3 jul 2026

Black Tight Killers (Ore ni sawaru to abunaize)

 


 

La llegada a las pantallas de los cines alrededor del mundo de las aventuras de James Bond dio luz a la "Bondmanía". Esta tuvo también un alcance mundial, trayendo consigo que se produjeran las inevitables imitaciones y parodias, como sucedería unos años más tarde con la saga estelar creada por George Lucas. Muchas de estas películas acabarían cayendo en el olvido, pero también se produjeron algunos títulos notables, como Black Tight Killers (Ore ni sawaru to abunaize, Yasuharu Hasebe, 1966), un film que acabó creando su propio culto.

Daisuke Hondo (Akira Kobayashi) es un fotógrafo de guerra que ha regresado brevemente a Tokyo, antes de salir de nuevo a informar sobre alguna otra guerra. Decide llevar a cenar a Yoriko Sawanouchi (Chieko Matsubara), una azafata que ha conocido en el vuelo hacia Tokyo. Esa misma noche, Yoriko es secuestrada por unos criminales y Daisuke corre a rescatarla. Será una noche llena de peligros y acción, en el centro la localización de un tesoro que varios persiguen. En esta noche peligrosa, Daisuke se cruzará con unas asesinas vestidas de negro al estilo go-go y que utilizan armas como discos de vinilo y peligrosos chicles.

Sobre el papel, Black Tight Killers parece una simple película de acción, como muchas que se produjeron entonces. Lo que hizo que se convirtiera en una película de culto fue el estilo con el que filmó la historia el director Yasuharu Hasebe, que convirtió el film en un delirio pop. Pop en el vestuario, pop en la fotografía y pop en el diseño. Llama la atención sobre todo el uso del color, muy extremo para la época, parecido al estilo utilizado más tarde por Hajime Satô en Goke, Body Snatcher from Hell (Kyuketsuki Gokemidoro, 1968). Por ejemplo, en las escenas de persecuciones en coche, se utilizan retroproyecciones, algo habitual entonces, para fingir que los coches van por carreteras a toda velocidad. Sin embargo, aquí estas retropoyecciones cambian de color sin ninguna razón aparente. Parece que, ya que se notaba el truco, el director decidió hacerlo visualmente interesante ya que no creíble.

Esta es la doctrina que domina la película: hacer cada escena lo más interesante visualmente posible, elevando así la historia. Y, claro, no podemos olvidar al grupo de go-gos asesinas que une la fascinación entonces por el reciente fenómeno de las chicas go-go, con la moda de los asesinos peculiares presentes en las películas del agente 007.

El argumento tiene más en común con El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) que con el argumento de una aventura Bond, pero se nota la influencia en la ejecución: los toques de humor, la acción, un reparto femenino atractivo... Pero Black Tight Killers tiene una gran personalidad propia. Más que una simple imitación, es una artefacto pop cinematográfico que muestra lo mejor de esta tendencia cinematográfica de los 60 del siglo XX.

26 jun 2026

Mermaid Legend (Ningyo densetsu)

 


 

No tengo ningún interés en las listas de películas. No creo que exista una mejor o peor película en tal o cual género, es algo demasiado subjetivo y siempre cambiante porque se están haciendo películas continuamente. Es por eso que siempre soy algo escéptico cuando se refieren a una película como la mejor en su género. Sin embargo, cuando oí que se describía a Mermaid Legend (Ningyo densetsu, Toshiharu Ikeda, 1984) en esos términos me llamó la atención, ya que desconocía completamente esta película. Y, tras haberla visto, no sé si es la mejor película de venganza que se ha hecho, pero, desde luego, está entre las mejores.

Keisuke (Jun Itô) y Migiwa Saeki (Mari Shirato) son un joven matrimonio que vive en un pueblo pesquero. Él es pescador y ella se dedica a la pesca submarina a pleno pulmón.  Una noche, Keisuke es testigo de un asesinato. Lo intenta denunciar pero lo único que consigue es que se convierta él en el objetivo de los asesinos. Matan a Keisuke pero no logran eliminar a Migiwa que sobrevive al ataque, por lo que deciden colgarle el muerto. Obligada a huir, ya que la policía la cree responsable del asesinato de Keisuke, Migiwa dará rienda suelta a su furia en una sangrienta venganza.

 


 

Sobre el papel, Mermaid Legend no parece muy distinta de otras películas de argumento vengativo similar. Pero, como sucede a menudo, la clave está en la ejecución y los elementos únicos que el director le añadió al film. La película mezcla realismo dramático con misticismo y momentos poéticos, que resultan más llamativos junto a las escenas sangrientas. La estructura que se nos presenta es una primera mitad que es un thriller dramático en el que se desenvuelve la trama, rodada de un modo naturalista. La segunda mitad aprieta el acelerador en todos los aspectos, con grandes dosis de violencia a los que se añade un toque de misticismo. En este aspecto también contribuye la banda sonora de Toshiyuki Honda, que le da una capa onírica y lírica al film. Es una estructura que resultará familiar a los que hayan visto Audition (Ôdishon, Takashi Miike, 1999), un clásico moderno sobre el que Mermaid Legend parece haber influido. Otra película sobre la que me hizo pensar el film de Toshiharu Ikeda es el clásico de violación & venganza Ángel de venganza (Ms.45, Abel Ferrara, 1981). Principalmente por la forma en que muestra la espiral de locura por la que se desliza la protagonista, jugando con las simpatías del espectador. Aunque en el caso de Mermaid Legend, Migiwa cuenta con el apoyo de las fuerzas de la Naturaleza.

Es su aspecto místico lo que más me llamó la atención de la película, en especial por el contraste con el realismo y el naturalismo del inicio del film. Al principio de la película, hay una escena en la que Migiwa y Keisuke hablan sobre lo que harían si el otro muriera y él dice: "tú no morirás, puede que mueras pero no morirás nunca". Un diálogo que parece simplemente romántico, pero que adquiere otro significado cuando vemos a Migiwa sobrevivir de manera repetida situaciones de las que otros no saldrían con vida. Parece que Migiwa se transforma en pura furia, lo que le permite comunicarse con fuerzas elementales. La manera en que el director maneja estos elementos hace evidente porque se le ofreció dirigir Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, 1991), ya que ambas ofrecen una mezcla parecida de realismo y momentos místicos/sobrenaturales.

Mermaid Legend no era conocida fuera de Japón, donde se había convertido en una auténtica película de culto, pero gracias a distintas ediciones en Blu-ray ha sido ya reconocida en Occidente como el título único que es. Un film que ofrece mucho más de lo que parece a primera vista.

 

12 jun 2026

Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku)

 


 

La gran Meiko Kaji dejó tal impronta en el personaje de la Prisionera Escorpión, que se hace imposible ver a otra actriz encarnando el papel. Y no fue porque no lo intentaran, con distintos reboots y hasta una serie de televisión. Pero ninguno de los proyectos realizados después de las cuatro películas protagonizadas por Kaji tuvo el impacto de la saga original. Sin embargo, tal vez porque contaba con Fumio Kônami que fue el guionista de la saga original, Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, Toshiharu Ikeda, 1991) resulta una interesante y entretenida adición a la franquicia.

Una joven asesina a sueldo, Nami Matsushima (Natsuki Okamoto), recibe el encargo de infiltrarse en una prisión para matar a Nami Matsukawa, la prisionera escorpión, tras décadas encerrada en una mazmorra. Pero una vez allí, la asesina descubre que las cosas no son como parecen, es traicionada y abandonada. Tras sufrir distintas torturas e intentos de asesinato, una nueva prisionera Escorpión se alzará para llevar a cabo una sangrienta venganza.

Es lo que esta franquicia necesitaba, el director de Tokyo Snuff (Shiryô no wana, 1988) dándole su particular visión al guion de Fumio Kônami. Toshiharu Ikeda encaja con el material a la perfección, mezclando momentos brutales y sangrientos con otros espirituales y casi poéticos. También expone sin tapujos el mensaje revolucionario, feminista y contra el patriarcado del film. Cuando una de las escenas nos presenta a la protagonista crucificada con la bandera de Japón de fondo, te das cuenta de que hay algo más que simple exploitation, sin mencionar a los políticos que quieren matar a la prisionera Escorpión por el temor de que sea un ejemplo las mujeres. Y si hubiera sido solo una cinta exploitation violenta y sangrienta bien hecha, también habría tenido su mérito, pero es mucho más profunda de lo que parece a primera vista. Esto hace que su visionado resulte en una experiencia más rica.

La película hace algo que hoy es bastante habitual y entonces era inédito, es una secuela de la saga protagonizada por Meiko Kaji y al mismo tiempo un reboot que empieza de nuevo. Para ello, la Escorpión original le pasa el testimonio de la venganza a la nueva Escorpión, que también ha sido forjada en el fuego de la venganza. Natsuki Okamoto no tiene el carisma de Meiko Kaji, su mirada asesina no tenía rival, pero hace un buen trabajo encarnando a esta nueva Escorpión que se deshace de sus enemigos con brutal efectividad.

Vista hoy día, el mensaje revolucionario de la película es más necesario que nunca viendo el panorama que nos rodea. Además, ofrece todos los elementos del cine exploitation que un fan podría desear, una buena adición si después de ver la saga protagonizada por Kaji os quedan ganas de más.

 

5 jun 2026

XX: Beautiful Hunter (Utsukushiki Hantaa)

 


 

Cuando escribí mi artículo sobre las "herederas" de Nikita, dura de matar (Nikita, Luc Besson, 1990), la verdad es que desconocía la existencia de XX: Beautiful Hunter (Utsukushiki Hantaa, Masaru Konuma, 1994) o también la habría incluido. Aunque es un film con personalidad propia que lleva la historia como solo un cineasta japonés podría hacer.

Shino (Makiko Kuno) es una despiadada asesina que trabaja bajo las órdenes de una secta cristiana. En su última misión deja a un superviviente, el reportero Itô (Johnny Ôkura). Shino recibe órdenes de acabar con él, pero empieza una relación con él que le empieza a despertar emociones humanas. A la secta esto no le hace gracia, así que decide acabar con ambos. Ahora Shino debe acabar con los mismos que la entrenaron desde niña para matar.

XX era una linea de películas estrenadas directamente en vídeo de la Toei, películas de acción protagonizadas por mujeres en las que se aumentaba el contenido erótico. Esto explica que en este film se incluya una larga escena de tortura a la protagonista, una escena de erotismo BDSM, que era, por otro lado, algo en lo que se había especializado su director. Dejando de lado esta escena, la película nos presenta una historia a primera vista familiar pero llena de detalles sorprendentes. Para empezar, la secta cristiana de asesinos, guerreros de Dios, que son los villanos que han lavado el cerebro a la protagonista desde niña para convertirla en una infalible asesina. Poco se explica de esta secta en la película, aparte de su fanatismo religioso, sobre si sus motivaciones son políticas o económicas. Tampoco es que importe mucho. Lo interesante de la historia es el viaje de Shino de fría asesina a mujer con emociones.

Como un robot que aprende lo que es ser humano, la transformación de Shino le da peso emocional a la historia, para que no sea una cinta de acción más. La historia de amor entre Shino e Itô no es que sea muy romántica, pero sí atípica, divertida y justifica las acciones de la protagonista. El romance también es importante ya que se maneja de una forma inesperada para el espectador occidental.

Beautiful Hunter no está a la altura de películas como The Villainess (Ak-Nyeo, Byung-gil Yung, 2017), pero tiene suficiente acción, erotismo y momentos bizarros para mantener al espectador de mente abierta entretenido. Aviso: el tráiler oficial no contiene ninguna escena que aparezca en la película.

 

29 may 2026

Carlos (Karurosu)

 


 

El dibujante de manga Kazuhiro Kiuchi decidió dar el salto como director adaptando su propio manga. Las producciones realizadas directamente para el mercado del vídeo estaban más abiertas a la experimentación. Así, un director novel, que provenía de un entorno no cinematográfico, podía debutar con cierta facilidad a principios de los 90 del siglo XX. El resultado fue Carlos (Karurosu, 1991), un atípico film yakuza.

Carlos (Naoto Takenaka) debe huir de Brasil tras una sangrienta guerra de bandas. Una vez en Japón, empieza a abrirse camino en el mundo criminal. Una de las razones por las que debió huir de su país de origen es su explosivo carácter que le llevó a matar a ocho policías; este carácter provoca también que acabe matando a un par de yakuzas que le deben dinero. Este crimen podrá en marcha una serie de eventos que harán que, de nuevo, Carlos se vea en el centro de una guerra de bandas.

Para cuando llegamos a la década de los 90, el género del cine yakuza, como el de los gánsteres occidentales, estaba muy establecido y cargado de tópicos. Kiuchi era muy consciente de esto, así que eso le llevó a adoptar una perspectiva distinta de la habitual, centrada en los criminales que no eran yakuzas y se movían en el exterior de los círculos de los clanes criminales. Lo hace con un personaje que es visto como un extranjero a pesar de su ascendencia japonesa, ya que Brasil tiene una de las mayores poblaciones de origen japonés del mundo. Así, entre tiroteo y tiroteo, también se tocan temas sociales, como el racismo. Es el racismo de los yakuza el que hace que subestimen a Carlos y no sean conscientes de lo mortal y peligrosamente eficiente que es. Al mismo tiempo, no olvida sus raíces en el manga y presenta un mundo realista pero que tiene poco que ver con la realidad.

Carlos es un film atípico también en la forma en que presenta la violencia, centrándose mucho en las consecuencias de los tiroteos y distintas masacres que se cometen a lo largo del film. Esto entronca con la "desglamurización" de los yakuza y su mundo, en un momento en que el mundo tradicional de estos criminales se encontraba con una nueva generación a la que poco le importaban las tradiciones.

De este modo, esta es una película que resultará atractiva para los que conozcan el género y quieran ver un enfoque distinto del habitual, como para los que no lo conozcan y la disfruten simplemente como un thriller de acción diferente al resto.

 

22 may 2026

Stranger (Yoru no sutorenjā kyōfu)

 

 
 
Cuando pensamos en películas en las que un psicópata persigue a sus víctimas en coche, tendemos a situarlas en grandes parajes desérticos y carreteras vacías. Ya que, desde el estreno de El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971), la mayoría seguía la polvorienta estela dejada por el clásico de Steven Spielberg. Pero desde Japón nos llegó una entrada en este subgénero que transcurre en una ciudad, Stranger (Yoru no sutorenjā kyōfu, Shunichi Nagasaki, 1991) presenta su historia en un inédito entorno urbano.

Tras pasar un tiempo en la cárcel como cómplice de un desfalco, Kiriko Kawamura (Yūko Natori) trabaja como taxista para pagar sus deudas. Kiriko hace el turno de noche, por elección propia, donde se cruza con todo tipo de extraños personajes, pero el más extraño es el misterioso acosador que la sigue por las noches en un Land Rover negro. Está claro que este extraño quiere matarla, pero ¿podrá sobrevivir Kiriko la noche y descubrir quién es el acosador?

Realizada para el entonces potente mercado japonés del directo a vídeo, el director Shunichi Nagasaki aprovechó el novedoso formato para romper con las normas más habituales del género. La película se inspira obviamente en el clásico de Spielberg, como todas las que lo siguieron, pero también coge elementos de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976).  No porque su protagonista sea una psicópata, que no lo es, sino por la manera en que mezcla elementos dramáticos con los del cine de género. Lo que diferencia el film de Nagasaki es que es un drama que se centra sobre cómo Kiriko enfrenta su nueva vida y vive con las consecuencias de su pasado, intentando entender cómo ha terminado así. Y lo hace mientras es acosada por un psicópata, que en un principio ella piensa que está relacionado con su pasado.

Para que esta mezcla funcione se necesita a un actor/actriz potente que mantenga el interés del espectador. Yūko Natori es ese tipo de actriz, ofreciendo una gran interpretación, creando un personaje complejo y dañado. El director Nagasaki se encarga del suspense, creando tensas secuencias a pesar del bajo presupuesto, habitual en este tipo de producciones menores.

Stranger supera las expectativas de lo que uno se espera de una producción de bajo presupuesto pensada para ser estrenada directamente en vídeo. Ofrece un drama complejo y un tenso thriller en un único e inolvidable viaje por las noches de Tokyo.

 

6 mar 2026

Poppers

 


 

Tras la fantástica e irrepetible época salvaje y sin reglas que disfrutó el cine español tras la muerte del dictador Francisco Franco, en 1983 llegó la ley Miró que destruyó el fértil e imaginativo paisaje cinematográfico español. Lo sustituyó por otro más serio y aceptable, también más aburrido, predecible y falto de imaginación. Pero algunos títulos consiguieron colarse entre tanta "aceptabilidad" y "respetabilidad", siendo un ejemplo de ello la psicotrónica Poppers (José María Castellví, 1984).

Santos (Miguel Ortiz) acaba de salir de la cárcel cuando recibe una oferta de trabajo que parece algo peculiar. Cuando se presenta para ver de qué trata el trabajo, se encuentra ante un grupo de viejos ricos. Estos le ofrecen un millón de dólares en diamantes a cambio de convertirse en su presa de caza. Si sobrevive, se queda los diamantes, si le atrapan muere. Sin embargo, no todo es lo que parece y tras esta macabra oferta se esconde una sádica venganza. Santos recibirá solo la ayuda de Lola (Giannina Facio), una misteriosa mujer que se convertirá en su aliada.

José María Castellví era un prestigioso fotógrafo, este prestigio lo ayudó a poner en marcha el proyecto. Otro factor que contribuyó a poner en marcha esta delirante historia fue que se disfrazó de película de "la movida". Para los más jóvenes, la movida fue una nueva hornada de jóvenes artistas que recogían los avances punk y new wave de Europa y Estados Unidos, dándoles una impronta personal. Era una época en que España estaba desesperada por demostrar que era un país moderno que había dejado atrás el retraso de la Dictadura. Desde los medios centralistas, se rebautizó el movimiento como "la movida madrileña", como si solo fuera una cosa de la capital, promocionando aquellos ejemplares más aceptables dentro del movimiento, los que provenían de familias con dinero, apartando o ignorando al resto. Castellví era mayor que los integrantes de la movida, pero logró colar su proyecto gracias a su estética urbana y moderna. El film también abraza una estética gay, exagerada y punk, que incluye también ecos del cómic underground, que aquella época estaba experimentando una explosión de títulos y artistas, en particular de Anarcoma de Nazario.

Castellví creó una historia que es puro pulp, con personajes clásicos del cine negro a los que viste de cuero para moverse en una ciudad sin identificar, en un momento temporal sin identificar, aumentando la sensación de cómic en movimiento. La historia arranca como si fuera una nueva versión de El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), pero pronto avanza hacia una historia de sangrientas venganzas. En el centro, la historia de amor entre Santos y Lola, tan pulp como la trama que protagonizan. Teniendo en cuenta el estilo de la película, tal vez habría encajado mejor si fuera una historia de amor gay o si Lola fuera una travesti como Anarcoma. Pero, aunque parezca increíble viéndola, la película tenía ciertas aspiraciones comerciales de ahí que se optara por una historia de amor más convencional.

Pero el problema de Poppers cuando se estrenó, y la razón por la que se ha convertido en una obra de culto a reivindicar, es que se era demasiado extrema para el cine comercial convencional, pero era demasiado pop y celebraba demasiado el cine de género como para ser aceptada en el circuito del cine de autor. Pasados los años, la única película que dirigió Castellví, los otros proyectos que ideó resultaron demasiado caros para la época, ha quedado como una instantánea de una época y un lugar, una divertida película que sumerge al espectador en un mundo de fantasía en el que los héroes visten cuero negro.

 

25 feb 2026

El refugio del miedo




En el comentario sobre Último deseo (León Klimovsky, 1976) menciono cómo de rara era esta incursión del fantaterror dentro de la ciencia ficción. Este es otro raro ejemplo, cuya pobre recepción en su día también ayuda a comprender porqué no se estrenaron más. Pero esa pobre recepción no es indicativa de su calidad, ya que El refugio del miedo (José Ulloa, 1974) es otra excelente muestra de la edad de oro del cine de género español.

Dos matrimonios, el formado por Bob (Craig Hill) y Margie (Teresa Gimpera) junto al hijo de ambos Chris (Pedro María Sánchez) y el formado por Arthur (Fernando Hilbeck) y Carol (Patty Shepard), viven en un refugio tras un holocausto nuclear. Cuando los conocemos, el grupo lleva ya un tiempo conviviendo. Entramos en su historia cuando la convivencia empieza a fracturarse, en particular después de la muerte de otro miembro por causas que no conocemos. La fractura se irá ensanchando hasta llegar a extremos mortales.

El director José Ulloa utiliza una premisa propia de la ciencia ficción, popular entonces cuando la Guerra Fría estaba bastante caliente, para añadirle elementos del thriller psicológico, el suspense y unas gotas de terror. Ulloa construye muy bien el suspense y la tensión, mientras los personajes van degenerando. Pero tan importante en una película como esta es el trabajo de los actores como el del director. Pasaremos la película con este grupo reducido de personajes, así que, para mantener el interés, es esencial que los actores nos metan en la historia. Por suerte, aquí el reparto cumple. No estamos ante grandes maestros de la interpretación, pero sí efectivos intérpretes que están a la altura cuando se les ofrece algo un poco más sustancial de lo que es habitual. En particular destacaría a Craig Hill y Patty Shepard. Hill fue el héroe de diversos spaghetti y paella westerns, así que al inicio del film parece que ese será su rol, por eso resulta más interesante ver cómo se desmorona esa fachada y se descubre un personaje hipócrita y cobarde. Shepard, que no necesita presentación para los aficionados al terror, el fantaterror y el giallo, aquí hace un trabajo excelente con un personaje que en otras circunstancias, si la película fuera americana o inglesa, seguramente habría muerto la primera, pero aquí muestra una interesante evolución siendo la única que se enfrenta a sus emociones por estar encerrada en el refugio y a la disciplina del personaje de Hill.

Estrenada en 1974, la película casi se puede interpretar como una alegoría del fin de la dictadura franquista.  No de forma consciente, pero captando el ambiente que entonces se respiraba. Lo sea o no, la película funciona perfectamente como ejemplo de cine posapocalíptico, cuando parecía que la posibilidad de una guerra nuclear no era descabellada. Su principal virtud es el equilibrio entre géneros a medida que avanza la historia, con momentos notables como el paseo de Chris o la manera en que las cenas van degenerando desde el inicio del film, mostrando una convivencia cada vez más tensa. Un gran título para los aficionados al género.

 

30 dic 2025

Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Ai Nu)

 


 

Conocida internacionalmente como Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Ai Nu, Yuen Chor, 1972), sería comprensible pensar que esta película es una cinta erótica por su título. Pero nada más lejos de la realidad, este clásico de culto narra la historia de Ai Nu (Lily Ho), una joven secuestrada por un grupo de maleantes que se dedica a conseguir chicas para el burdel que regenta Chun Yi (Betty Pei Ti). Ai Nu hace todo lo posible por escapar pero es torturada para que se someta a las normas del burdel, pero ella no se rinde y aprende artes marciales para vengarse de todos aquellos culpables de su sufrimiento.

Ya he dicho que, a pesar del ligeramente lujurioso título, este no es un film erótico. Pero en el momento de su estreno a inicios de los 70 del siglo XX fue un título polémico ya que, gracias a un relajamiento de la censura, era más explícita en ese sentido que películas anteriores hongkonesas, si bien todavía no tan explícitas como películas europeas de la misma época. Lo más polémico en el Hong Kong de entonces es que en este film se mostraba por primera vez una relación lésbica, la que mantienen Ai Nu y Chun Yi.

Sin embargo, si solo fuera por eso, el film no habría llegado hasta nuestros días ni adquirido la admiración que ha ido acumulando a lo largo de los años. El centro del film es la venganza de Ai Nu, una venganza que lleva a cabo de forma ingeniosa, eludiendo las fuerzas del orden que sospechan que ella es la culpable de los recientes asesinatos que están teniendo lugar en la zona. En las escenas que tratan esta investigación el director aprovecha para introducir toques de crítica a los ricos corruptos y satirizar a las personas en lugares de poder.

Y si esto no fuera bastante, al tratarse de una producción de Shaw Brothers, el film contiene fantásticas escenas de acción, violentas y dinámicas como era la marca de la casa. Ni Lily Ho ni Betty Pei Ti eran artistas marciales, pero eso no impide que las escenas que protagonizan sean emocionantes y entretenidas, en especial el sangriento clímax.

Intimate Confessions of a Chinese Courtesan mezcla elementos de diversos géneros para crear una historia de venganza entretenida y absorbente de principio a fin. La novedad de tener a personajes femeninos como protagonistas de esta historia hizo que llamara la atención en su momento, más allá de la novedad la película se mantienen vigente por la calidad de las interpretaciones, la acción y la fuerza de estos personajes femeninos.

 

5 dic 2025

City on Fire (Lung foo fung wan)

 


 

"Realismo" no es un adjetivo que te venga a la cabeza al pensar en el cine de acción ni los thrillers producidos en Hong Kong, especialmente durante la década de los 70 y los 80 del siglo XX. Pero eso era a lo que aspiraba Ringo Lam cuando puso en marcha City on Fire (Lung foo fung wan, 1987). Un thriller que entonces era otra producción de bajo presupuesto que se ha convertido en un clásico del género.

El uno de mayo de 1985 en Hong Kong, siete hombres entraron a robar en The Time Watch Company. La policía sabía del plan para el atraco, pero la incompetencia por su parte durante la operación de vigilancia desembocó en el mayor tiroteo que hasta entonces había tenido lugar en Hong Kong. Unos días más tarde, la policía detuvo a los atracadores y Ringo Lam asistió al juicio con curiosidad por ver a los responsables de tan notorio crimen. En lugar de encontrarse villanos "de película", genios criminales musculosos y de aspecto peligroso, lo que vio fue un grupo de personas de aspecto anodino, alejado de los clichés cinematográficos. Eso fue lo que le inspiró para crear City on Fire, una historia más cruda y cercana a la realidad que las acrobáticas películas de acción a lo Jackie Chan o los operísticos tiroteos al estilo John Woo (que en realidad no sería el John Woo que conocemos y amamos hasta el estreno de Un mañana mejor [Ying hung boon sik aka A Better Tomorrow, 1986]), siguiendo el ejemplo de Contra el imperio de la droga (The French Connection, William Friedkin, 1971).

City on Fire está protagonizada por Chow Yun-Fat, que da vida a Ko Chow, un policía que se logra infiltrar en la banda de atracadores de la que forma parte Fu (Danny Lee). Ko está atormentado por una misión semejante que llevó a cabo en el pasado y no acabó bien. Su trabajo también está afectando a su relación con Hung (Carrie Ng), que no sabe de la doble vida de Ko. A pesar de ser consciente de que se trata de un criminal, Ko no puede evitar desarrollar amistad con Fu, lo que hará que sea peor cuando todo estalle durante un atraco que sale mal.

Aunque esta película se suele incluir con otros títulos de la época centrados en la acción y el llamado heroic bloodshed o Gun Fu, lo cierto es que esta película está más cerca del cine negro o el thriller policial con toques de tragedia. La devolución de Hong Kong a China flotaba en el ambiente, dotando al film de mucha inquietud y angustia por el futuro. Los protagonistas se encuentran en situaciones desesperadas y buscan labrarse un futuro mejor, lo que hace aún más potente la tragedia que flota en el ambiente. Es casi un alivio cuando finalmente todo estalla y todos se enfrentan a su destino. Y es lo que sigue haciendo que el film sea efectivo y funcione, a pesar de las películas del mismo estilo que hemos visto desde entonces a ahora.

Supongo también que debería mencionar que esta película es famosa por ser la película que Quentin Tarantino copió cuando hizo Reservoir Dogs (1992). Tarantino cogió giros argumentales, planos y situaciones dramáticas de la película de Lam y los incorporó a su film debut.  No es exactamente plagio, Tarantino lo metió todo en su batidora particular, pero es cierto que tuve la idea de hacer este artículo cuando Tarantino acusó a la autora de Los juegos del hambre de plagiar Battle Royale (Batoru rowaiaru, Kinji Fukasaku, 2000). Me sorprendió por dos motivos: uno, que es una visión muy superficial y que analizando ambas en profundidad son bastante distintas las películas y los libros, y dos porque Tarantino no ha realizado ni una sola película que no contenga dentro argumentos y personajes de otras películas. Que alguien como él no sepa ver que no hay plagio resulta al menos algo irónico.

Volviendo al clásico de Ringo Lam, City on Fire es un título que se ha convertido en clásico más allá de ser una de las muchas películas que han "inspirado" a Tarantino. Es un gran título dentro del cine criminal con escenas cargadas de tensión y una gran interpretación por parte de Chow Yun-Fat.

 

21 nov 2025

La presa (Southern Comfort)

 


 

Un equipo de la Guardia Nacional, durante lo que se suponía era un ejercicio rutinario en los pantanos de Louisiana, es perseguido y cazado por un grupo de habitantes locales que interpreta su presencia como una intrusión. Perdidos, sin munición, los soldados de fin de semana se ven inmersos en una lucha por la supervivencia más real de la que nunca se imaginaron vivir. Con este argumento, el director Walter Hill convierte La presa (Southern Comfort, 1981) en una mezcla única de acción, thriller y terror de supervivencia.

Walter Hill podía verse como un experto en "cine macho", ya que trata con cierto romanticismo arquetipos varoniles del cine de acción y aventura, pero también por su fijación por el heroísmo testosterónico en películas como Danko: Calor rojo (Red Heat, 1988). Sin embargo, muchas veces también se dedicaba a desmontar a los héroes varoniles que poblaban sus películas. Un ejemplo de esto lo encontramos en La presa, donde sus protagonistas se ven envueltos en una pesadilla no en lejanas selvas sino en su propio país. Es casi inevitable verlo como una alegoría de la guerra de Vietnam, que quedaba relativamente cerca en el tiempo en el momento de escribir y filmar la película, más cuando Hill puebla Southern Comfort con personajes que son reminiscentes de los arquetipos del cine bélico. Unos personajes interpretados por un potente reparto en el que destacan Keith Carradine y Powers Boothe, como protagonistas, mientras que Fred Ward tiene un papel memorable como alguien que se toma demasiado en serio lo que se supone son simples maniobras. En el lado de los villanos, tenemos a Brion James y Sonny Landham, habituales en el cine de acción y de género de los 80, así como eran también regulares de Walter Hill.

En el reparto también tiene un papel destacado, si bien breve, Peter Coyote. Coyote no quedó contento con el film, ya que consideraba que glorificaba la violencia con el uso de la cámara lenta, por influencia de Sam Peckinpah. Desde mi punto de vista, la cámara lenta sirve para enfatizar lo terrible de la situación en que se han visto envueltos los soldados de la Guardia Nacional. Un horror que se acentúa cuando la presión psicológica de estar siendo eliminados uno a uno provoca que algunos de los personajes vayan desconectándose de la realidad. Así, aunque hay un énfasis en la acción, Hill crea uno de los ejemplos más destacados del terror de supervivencia, explorando más profundamente algunos de los temas de Defensa (Deliverance, John Boorman, 1972).

Hill no se prodigó en el terror, aparte de algunos episodios televisivos. Su único otro título que puede ser considerado de terror se le quitó de las manos y Hill se desentendió de lo que conocimos como Supernova (El fin del universo) (Supernova, Thomas Lee, 2000). Es una lástima porque la mezcla de acción y terror, así como el cariño de Hill por el cómic y el pulp, le da a La presa un toque personal distintivo que hace de este un recomendable clásico.

 

17 oct 2025

Susurros en la oscuridad (Whispers in the Dark)

 


 

En el inagotable pozo del thriller erótico noventero nos encontramos Susurros en la oscuridad (Whispers in the Dark, Christopher Crowe, 1992). Annabella Sciorra es la doctora Ann Hecker, una psicóloga que se siente cada vez más atraída y fascinada por las actividades de interior que le cuenta Eve, una de sus pacientes a la que da vida Deborah Kara Unger, cada vez más retorcidas y más cerca del sado. Las confidencias de su paciente le hacen evidente a Ann lo estancada que está su vida, por lo menos hasta que conoce a Doug, interpretado por Jamey Sheridan, un hombre atractivo que hace que Ann vuelva a sentirse viva. Pero todo se complica cuando Ann descubre que Doug es el mismo amante perverso sobre el que le ha hablado Eve. Es entonces que la doctora se ve envuelta en una trama mortífera.

Esta es la única entrada del director Christopher Crowe en el género, sin contar su trabajo como guionista en Pasión obsesiva (Fear, James Foley, 1996) que era una especie de versión adolescente de Atracción fatal (Fatal Atraction, Adrian Lyne, 1987), pero es una contribución de notable interés. La idea de la que parte el argumento es interesante, la progresiva fascinación de la psicóloga por las experiencias eróticas de la paciente y convertirse sin saberlo en la amante de la pareja de esa misma paciente resulta atractiva por el morbo con el que se puede jugar y el dilema ético de la psicóloga. El reparto está bien escogido, completado por John Leguizamo, como otro paciente que puede ser un posible sospechoso, Anthony LaPaglia, como un policía que siente gran desprecio por la psicología, y Alan Alda como el mentor de Ann. Y la trama de intriga ofrece suficientes giros como para mantener el interés.

Sin embargo, el trabajo de Crowe como director solo sirve para cumplir el cupo. Es funcional sin elevar nunca el material con el que está trabajando. Es la razón por la que este thriller cumple con su función de resultar entretenido pero nunca se convirtió en un clásico memorable del género, hoy día solo se interesarán en Susurros en la oscuridad aquellos que de forma activa busquen títulos del género que tengan un pulido acabado hollywoodiense y quieran darse un descanso de Shannon Tweed.

 

10 oct 2025

La locura de los Joker

 


 

Ahora que ha pasado el tiempo y se pueden ver las cosas con algo más de perspectiva, me gustaría detenerme un momento a analizar las distintas reacciones a Joker (Todd Phillips, 2019) y Joker: Folie à Deux (Todd Phillips, 2024). La extremada disparidad de críticas que ambas recibieron me pareció fascinante, especialmente la quema en la hoguera de la secuela. Huelga decir, destripada general de ambas películas, si no se han visto es mejor no leerlo. Y a lo mejor si se han visto también.

Supongo que debería empezar diciendo que no me gustó Joker. Animado por el talento detrás y delante de las cámaras que había dado forma a la película fui a verla con grandes expectativas, pero la decepción fue muy grande. Lo que vi, para mí, no era más que un refrito de El rey de la comedia (The King of Comedy, Martin Scorsese, 1982) y Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Además, el origen que presenta del Joker (o lo que entonces se creía que era un origen cinematográfico del Joker) era bastante mediocre y tópico. El Joker es un personaje anárquico y demente, que no tiene un origen fijo como otros personajes de cómic tienen. Personalmente, el origen que creía más interesante fue el creado por Alan Moore en el clásico La broma asesina, tal vez por eso la pedestre historia que presentaba Phillips me pareció demasiado normal y tópica para hacerle justicia al personaje. Eso sin mencionar que parecía una de esas películas en la que los responsables parecen avergonzados de estar haciendo un película basada en un personaje de cómic.

A mí no me dijo nada, pero la película desde luego conectó con la audiencia, que la convirtió en un gran éxito y declaró a Joaquin Phoenix como el mejor Joker cinematográfico de la historia. Esta recepción me pareció excesiva, pero quién soy yo para juzgar lo que gusta a los demás cuando me lo paso bien viendo una película sobre un feto diabólico asesino. En todo caso, cuando se anunció la inevitable secuela nacida a partir de los miles de millones que Joker recaudó en cines, la noticia me dejó indiferente. El anuncio de que Lady Gaga iba a interpretar el papel de Harley Quinn y que la película iba a ser un musical sí que me despertó algo de curiosidad, pero tampoco un gran interés en verla. Pero para el resto del mundo, la expectativa de una secuela pareció realmente excitante. El hype era desmesurado, Folie à Deux copaba la portada de todas las revistas de cine y todo el mundo esperaba que fuera poco menos que una obra maestra. Y entonces se estrenó.

El odio y el rechazo hacia la secuela fue tan pasado de vueltas como el éxito de la primera. Si antes Joaquin Phoenix era el mejor Joker de la historia, ahora había pasado a ser el peor, aunque la interpretación era más o menos la misma. Esta visceral reacción me sorprendió y me hizo tener ganas de ver la película en el cine, pero otras películas se interpusieron que me interesaban mucho más y no la vi hasta que se estrenó en streaming.

Al contrario que Joker, posiblemente porque no me gustó, esta película sí que me pareció interesante y me gustó bastante. Pero lo que más, me pareció fascinante cómo Todd Phillips dedicaba 138 minutos de película a abroncar a los fans por haberles gustado Joker por las razones equivocadas, que no la habían entendido y que estaban equivocados. Al contrario que otros directores, Phillips buscó enfrentarse y arengar a la audiencia, representada en la película por la Lee Quinzel de Lady Gaga.  Claro, entre el estreno de la primera y la segunda, el Joker se había convertido en un héroe, especialmente entre el público más de derechas, y, según el director, había malinterpretado completamente sus intenciones. Y viendo el arco de Lee Quinzel en la secuela, había interpretado bastante bien cuál iba a ser la reacción del público.

Esta cuasi suicida y prepotente actitud del director no pasó desapercibida, incluso aunque fuera de forma inconsciente, y la audiencia respondió de forma acorde. Esto era algo que no había visto nunca, al menos de esta forma. Claro que ha habido muchos casos de directores que se dejan llevar por su ego y se convierten en su peor enemigo, pero no había visto nunca un director que creara una película con el expreso deseo de trolear al público. Pero, de nuevo posiblemente porque no me gustó la primera, esto me permitió al menos disfrutar con esta película que, para darle el gran toque final, ni siquiera trataba del "verdadero" Joker enemigo de Batman, este aparece al llegar al clímax de Folie à Deux, una peineta final del director a la audiencia. Las cuatro horas y 18 minutos que habían visto al final resultan que ni siquiera eran sobre el auténtico Joker sino sobre un desgraciado que lo inspiró. Es por esto que Folie à Deux posiblemente sea la películas más punk que se ha estrenado en décadas. Y eso creo que merece algo de respeto.

 Oh, antes de acabar, para que conste, este es el mejor y más auténtico Joker que he visto fuera de los cómics: