Después de tantos años devorando películas, es un placer inmenso cuando te encuentras una película que te sorprende porque no tienes ni idea de lo que va suceder en la historia. Y además lo hace mezclando comedia y unas cotas de depravación increíbles en una película estrenada comercialmente. Más raro aún cuando su secuela mantiene el nivel de locura. Pero esto es lo que hace única Crazy Lips (Hakkyousuru kuchibiru, Hirohisa Sasaki, 2000).
Satomi Kurahashi (Hitomi Miwa) acude a la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) con la esperanza de que pueda demostrar la inocencia de su hermano Michio (Kazuma Suzuki) en unos asesinatos en serie. Pero la ayuda que ofrece Mamiya trae consigo un precio demasiado grande para lo que Satomi estaba dispuesta a pagar, y no hablamos de dinero. Este es el punto de partida de Crazy Lips, parece bastante normal, ¿no? Pero que no os engañen las apariencias.
Para entender cómo Crazy Lips se convirtió en el delirio en que se acabó convirtiendo, hemos de volver en el tiempo a finales de los 90 del siglo XX. The Ring (El círculo) (The Ring, Hideo Nakata, 1998) se acababa de estrenar con enorme éxito, convirtiéndose en el pistoletazo de salida de la oleada de lo que luego se conoció como J-Horror, que dominaría el género durante los primeros años del siglo XXI. Hiroshi Takahashi, guionista de The Ring y su secuela así como de otros títulos del género, tenía ganas de hacer algo completamente distinto de lo que estaba escribiendo entonces. El director Hirohisa Sasaki, que también había trabajado en el género cuando empezaba a desarrollarse en vídeo, también tenía ganas de hacer algo distinto a lo que dominaba las pantallas entonces. Ambos coincidieron en que querían algo que fuera terror, pero más sangriento y extremo de lo que se estrenaba entonces, sumándole generosas dosis de erotismo cruel y sádico al estilo del experto en el género Teruo Ishii, director de Inferno of Torture (Tokugawa irezumi-shi: Seme jigoku, 1969), acción al estilo Hong Kong y, por si fuera poco, comedia.
![]() |
Parece un cóctel imposible, pero Crazy Lips mezcla todos estos elementos con gran y peculiar éxito. El film arranca como si fuera una película de J-Horror relativamente normal. Y digo "relativamente", porque no tardan en asomar toques de comedia que indican que lo que vamos a ver dista mucho de ser "normal". A partir de entra en acción la médium, la película irá progresivamente siendo más absurda y perversa. Con la introducción de dos agentes del FBI, Lucy (Tomomi Kuribayashi) y Narimoto (Hiroshi Abe), la película entra en una espiral de demencia que abre la puerta al terror cósmico y hasta el musical. Entre medio, la película nos ofrece la escena de asalto sexual más depravada y cruel que he visto jamás, que iba precedida de la que hasta ese momento ya pensaba que era la escena de asalto sexual más depravada y cruel que había visto jamás. Pero es una escena que se hace soportable porque va seguida de una escena que me hizo reír a carcajadas. Ésa es la virtud de esta película, te lleva de un extremo al otro en un viaje completamente impredecible.
El estilo de humor absurdo y las escenas más perversas serán difíciles de aceptar, en particular por los espectadores más sensibles. Pero creo que por la oportunidad de ver los 85 minutos más demenciales que veréis jamar vale la pena poner en riesgo vuestra cordura.
En Japón, Crazy Lips fue un sorprendente éxito que hizo que Hirohisa Sasaki y Hiroshi Takahashi unieran fuerzas de nuevo para crear una igualmente demencial secuela: Gore from Outer Space (Chi wo sû uchû, 2001).
Satomi (Aimi Nakamura) acude a la policía para denunciar el secuestro de su hija. Cuando la policía se presenta en el apartamento, Kiyohiko (Sadao Abe) les dice que ellos no tienen hijos. Y la cosa se complica cuando, de repente, la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) hace de presencia y les dice que la hija sí existe. Satomi inicia así un viaje por el lado más demencial de la vida.
Después de haber tratado con fantasmas y el terror sobrenatural entonces de moda, Sasaki y Takahashi decidieron que la secuela iba a tratar sobre extraterrestres e invasiones alienígenas. Se inspiraron en leyendas urbanas y "hechos reales" acaecidos alrededor del mundo, inspirándose en particular en el libro Las profecías del Mothman de John A. Keel. A pesar de todo este "realismo", la película es tan rara como su predecesora. También me pareció más divertida, porque se hace un mayor énfasis en el humor. La comedia se enfatizó también porque se eliminaron los elementos más controvertidos de la primera, es decir las escenas de sexo cruel y perverso. La película también incluye algún toque de terror J-Horror que no estaría fuera de lugar en un título del género hecho en serio.
Pero que se suavizara la perversidad no hizo que se suavizara la locura. De nuevo, la película convierte lo que podría ser la típica historia de invasión alienígena en 85 minutos demenciales, que incluso dejarían perplejo a David Lynch. Este surrealismo cómico convierte lo tópico en sorprendente y permite también el regreso de personajes de la primera entrega. Algo a celebrar porque Tomomi Kuribayashi, como la agente Lucy, es una de las que más me hizo reír en la primera entrega y aquí no decepciona con su parodia de un típico agente del FBI americano.
De nuevo, aunque más suave en algunos aspectos que su predecesora, las rarezas y absurdidades de Gore from Outer Space hacen que no sea una película para todo el mundo. Pero si el cine extraño y peculiar es vuestra droga, una buena dosis de Gore from Outer Space es lo que os hace falta.





















