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22 may 2026

Stranger (Yoru no sutorenjā kyōfu)

 

 
 
Cuando pensamos en películas en las que un psicópata persigue a sus víctimas en coche, tendemos a situarlas en grandes parajes desérticos y carreteras vacías. Ya que, desde el estreno de El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971), la mayoría seguía la polvorienta estela dejada por el clásico de Steven Spielberg. Pero desde Japón nos llegó una entrada en este subgénero que transcurre en una ciudad, Stranger (Yoru no sutorenjā kyōfu, Shunichi Nagasaki, 1991) presenta su historia en un inédito entorno urbano.

Tras pasar un tiempo en la cárcel como cómplice de un desfalco, Kiriko Kawamura (Yūko Natori) trabaja como taxista para pagar sus deudas. Kiriko hace el turno de noche, por elección propia, donde se cruza con todo tipo de extraños personajes, pero el más extraño es el misterioso acosador que la sigue por las noches en un Land Rover negro. Está claro que este extraño quiere matarla, pero ¿podrá sobrevivir Kiriko la noche y descubrir quién es el acosador?

Realizada para el entonces potente mercado japonés del directo a vídeo, el director Shunichi Nagasaki aprovechó el novedoso formato para romper con las normas más habituales del género. La película se inspira obviamente en el clásico de Spielberg, como todas las que lo siguieron, pero también coge elementos de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976).  No porque su protagonista sea una psicópata, que no lo es, sino por la manera en que mezcla elementos dramáticos con los del cine de género. Lo que diferencia el film de Nagasaki es que es un drama que se centra sobre cómo Kiriko enfrenta su nueva vida y vive con las consecuencias de su pasado, intentando entender cómo ha terminado así. Y lo hace mientras es acosada por un psicópata, que en un principio ella piensa que está relacionado con su pasado.

Para que esta mezcla funcione se necesita a un actor/actriz potente que mantenga el interés del espectador. Yūko Natori es ese tipo de actriz, ofreciendo una gran interpretación, creando un personaje complejo y dañado. El director Nagasaki se encarga del suspense, creando tensas secuencias a pesar del bajo presupuesto, habitual en este tipo de producciones menores.

Stranger supera las expectativas de lo que uno se espera de una producción de bajo presupuesto pensada para ser estrenada directamente en vídeo. Ofrece un drama complejo y un tenso thriller en un único e inolvidable viaje por las noches de Tokyo.

 

25 feb 2026

El refugio del miedo




En el comentario sobre Último deseo (León Klimovsky, 1976) menciono cómo de rara era esta incursión del fantaterror dentro de la ciencia ficción. Este es otro raro ejemplo, cuya pobre recepción en su día también ayuda a comprender porqué no se estrenaron más. Pero esa pobre recepción no es indicativa de su calidad, ya que El refugio del miedo (José Ulloa, 1974) es otra excelente muestra de la edad de oro del cine de género español.

Dos matrimonios, el formado por Bob (Craig Hill) y Margie (Teresa Gimpera) junto al hijo de ambos Chris (Pedro María Sánchez) y el formado por Arthur (Fernando Hilbeck) y Carol (Patty Shepard), viven en un refugio tras un holocausto nuclear. Cuando los conocemos, el grupo lleva ya un tiempo conviviendo. Entramos en su historia cuando la convivencia empieza a fracturarse, en particular después de la muerte de otro miembro por causas que no conocemos. La fractura se irá ensanchando hasta llegar a extremos mortales.

El director José Ulloa utiliza una premisa propia de la ciencia ficción, popular entonces cuando la Guerra Fría estaba bastante caliente, para añadirle elementos del thriller psicológico, el suspense y unas gotas de terror. Ulloa construye muy bien el suspense y la tensión, mientras los personajes van degenerando. Pero tan importante en una película como esta es el trabajo de los actores como el del director. Pasaremos la película con este grupo reducido de personajes, así que, para mantener el interés, es esencial que los actores nos metan en la historia. Por suerte, aquí el reparto cumple. No estamos ante grandes maestros de la interpretación, pero sí efectivos intérpretes que están a la altura cuando se les ofrece algo un poco más sustancial de lo que es habitual. En particular destacaría a Craig Hill y Patty Shepard. Hill fue el héroe de diversos spaghetti y paella westerns, así que al inicio del film parece que ese será su rol, por eso resulta más interesante ver cómo se desmorona esa fachada y se descubre un personaje hipócrita y cobarde. Shepard, que no necesita presentación para los aficionados al terror, el fantaterror y el giallo, aquí hace un trabajo excelente con un personaje que en otras circunstancias, si la película fuera americana o inglesa, seguramente habría muerto la primera, pero aquí muestra una interesante evolución siendo la única que se enfrenta a sus emociones por estar encerrada en el refugio y a la disciplina del personaje de Hill.

Estrenada en 1974, la película casi se puede interpretar como una alegoría del fin de la dictadura franquista.  No de forma consciente, pero captando el ambiente que entonces se respiraba. Lo sea o no, la película funciona perfectamente como ejemplo de cine posapocalíptico, cuando parecía que la posibilidad de una guerra nuclear no era descabellada. Su principal virtud es el equilibrio entre géneros a medida que avanza la historia, con momentos notables como el paseo de Chris o la manera en que las cenas van degenerando desde el inicio del film, mostrando una convivencia cada vez más tensa. Un gran título para los aficionados al género.

 

24 oct 2025

The Island (Sang sei sin)

 


 

El argumento de The Island (Sang sei sin, Po-Chih Leong, 1985) no parece, a primera vista, muy distinto de los slashers americanos de la época: el profesor/tutor Cheung (John Sham) acompaña a un grupo de estudiantes durante una excursión a una de las islas de Hong Kong que se supone deshabitada, pero una vez allí descubren a una familia formada por tres hermanos que no están demasiado cuerdos. Lo que pasa a continuación no os sorprenderá: entre los urbanitas y los tres hermanos se desata una sangrienta batalla por la supervivencia. Sí, es una trama bastante parecida a la de otros slashers de la época como Escóndete y tiembla (American Gothic, John Hough, 1987) o Pánico antes del amanecer (Just Before Dawn, Jeff Lieberman, 1981). Pero esta incursión del cine de Hong Kong en el terror de supervivencia ofrece mucho más de lo que parece a primera vista.

El terror de supervivencia empezó a andar con el estreno de Defensa (Deliverance, John Boorman, 1972) y se desarrolló al máximo durante la década de los 70 en Estados Unidos con clásicos como Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, Wes Craven, 1977) y La presa (Southern Comfort, Walter Hill, 1981). Con la llegada de la explosión slasher, se crearon híbridos como El terror final (The Final Terror, Andrew Davis, 1983). Pero más o menos todas tienen la misma estructura y comparten temáticas: un grupo de civilizados urbanitas se adentra en un paraje natural, allí se convierten en víctimas de un grupo de personas que ha abandonado las formas civilizadas y vive según su propio código y normas. Esto trae consigo que los urbanitas inevitablemente se hayan de asalvajar para sobrevivir. Y mientras algunos de estos temas se mantienen en The Island, aquí la raíz del conflicto es que uno de los hermanos quiere que una de las estudiantes excursionistas se case con él para mantener el nombre familiar. Ella se niega, claro, y arranca así el conflicto que degenera en una sangrienta batalla. La estructura del film también es distinta de sus contrapartidas americanas, así como la mezcla de géneros. El inicio mezcla suspense y comedia, hasta que el conflicto se exacerba y se convierte en una frenética película de terror.

Como he mencionado, hay una temática común entre esta película y las entradas americanas en el género. Al inicio del film, vemos al personaje que interpreta John Sham, el señor Cheung, que se siente horrorizado viendo como un pez devora a otro en una pecera. Se presenta así como un personaje pacífico, con un punto infantil. De hecho, la razón por la que va a la isla es porque la visitó de niño y quiere revivir su pasado. Sin embargo, en un arco parecido al personaje de Dustin Hoffman en Perros de paja (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971), la naturaleza bondadosa del señor Cheung se ve radicalmente alterada. Se hace más efectivo este arco por el hecho de que John Sham normalmente interpretaba personajes cómicos y algo cobardes, así que su transformación resulta más inesperada. Le vemos intentar, de manera respetuosa y civilizada, que haya una desescalada, pero enfrentado a la locura homicida de los hermanos no le quedará más remedio que recurrir a los mismos métodos para proteger a sus estudiantes.

Por lo mencionado, The Island es una estupenda película de terror que se puede disfrutar tal cual. Pero hay más bajo la superficie. Hay algunas cosas que no vi debido a mi desconocimiento de la idiosincrasia de Hong Kong y supe luego gracias a los extras que acompañaban la edición en Blu-ray. Por ejemplo, la isla está deshabitada por leyes que aplicaba entonces el gobierno de Hong Kong, responsables de que muchos pueblos situados en la cadena de islas quedaran casi vacíos y esto es algo que el film critica. Así como el conflicto entre los tres hermanos y los estudiantes puede verse como un enfrentamiento entre el Hong Kong tradicional y el moderno, algo parecido a lo que sucede en La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974). También supe que un mismo tutor se mantiene con un mismo grupo de estudiantes durante toda la época del instituto, así que es normal que el señor Cheung se llevara a los estudiantes de viaje mientras estos esperan saber el resultado del equivalente allí de la selectividad.

Estos son detalles que enriquecen el film, pero se puede disfrutar sin verlo todo a la primera, como me pasó a mí. The Island no deja de ser una fantástica entrada dentro del género de terror de supervivencia y, si os gusta el género, es tremendamente satisfactoria como tal.

 

17 oct 2025

Susurros en la oscuridad (Whispers in the Dark)

 


 

En el inagotable pozo del thriller erótico noventero nos encontramos Susurros en la oscuridad (Whispers in the Dark, Christopher Crowe, 1992). Annabella Sciorra es la doctora Ann Hecker, una psicóloga que se siente cada vez más atraída y fascinada por las actividades de interior que le cuenta Eve, una de sus pacientes a la que da vida Deborah Kara Unger, cada vez más retorcidas y más cerca del sado. Las confidencias de su paciente le hacen evidente a Ann lo estancada que está su vida, por lo menos hasta que conoce a Doug, interpretado por Jamey Sheridan, un hombre atractivo que hace que Ann vuelva a sentirse viva. Pero todo se complica cuando Ann descubre que Doug es el mismo amante perverso sobre el que le ha hablado Eve. Es entonces que la doctora se ve envuelta en una trama mortífera.

Esta es la única entrada del director Christopher Crowe en el género, sin contar su trabajo como guionista en Pasión obsesiva (Fear, James Foley, 1996) que era una especie de versión adolescente de Atracción fatal (Fatal Atraction, Adrian Lyne, 1987), pero es una contribución de notable interés. La idea de la que parte el argumento es interesante, la progresiva fascinación de la psicóloga por las experiencias eróticas de la paciente y convertirse sin saberlo en la amante de la pareja de esa misma paciente resulta atractiva por el morbo con el que se puede jugar y el dilema ético de la psicóloga. El reparto está bien escogido, completado por John Leguizamo, como otro paciente que puede ser un posible sospechoso, Anthony LaPaglia, como un policía que siente gran desprecio por la psicología, y Alan Alda como el mentor de Ann. Y la trama de intriga ofrece suficientes giros como para mantener el interés.

Sin embargo, el trabajo de Crowe como director solo sirve para cumplir el cupo. Es funcional sin elevar nunca el material con el que está trabajando. Es la razón por la que este thriller cumple con su función de resultar entretenido pero nunca se convirtió en un clásico memorable del género, hoy día solo se interesarán en Susurros en la oscuridad aquellos que de forma activa busquen títulos del género que tengan un pulido acabado hollywoodiense y quieran darse un descanso de Shannon Tweed.

 

3 oct 2025

El abogado del diablo (Guilty as Sin)

 


 

El abogado del diablo (Guilty as Sin, Sidney Lumet, 1993) no es un gran clásico olvidado que debe ser reivindicado ni es una película de culto que merece ser más conocida. Para mí, es un perfecto ejemplo de un tipo en particular de película que se sigue produciendo hoy día: la película que cuenta con un guion de género que es dirigido por un director de prestigio que busca "elevarlo" con irregulares resultados.

Jennifer Haines (Rebecca De Mornay) es una exitosa abogada que gana casos que parecen imposibles de ganar. Sus habilidades se ponen a prueba cuando David Edgar Greenhill (Don Johnson) llega para contratarla. Greenhill está acusado de matar a su esposa y lleva un tiempo observando el trabajo de la abogada, convencido de que es la más adecuada para defenderlo. Al principio Jennifer lo rechaza, pero luego decide aceptar el desafío. Pronto se arrepiente, no solo descubre que Greenhill es un asesino que está involucrándose en su vida de manera malsana, sino que también se da cuenta de que ella puede ser su siguiente víctima.

El abogado del diablo fue producida a principios de los años 90 del siglo XX, la década del thriller con psicópata. De hecho, Rebecca De Mornay acababa de tener un gran éxito con La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, Curtis Hanson, 1992). No era el caso de Sidney Lumet, un prestigioso director de cine, uno de los nombres destacados del cine americano, al que la década de los 90 no estaba tratando demasiado bien, ya que venía de pegarse un batacazo con Una extraña entre nosotros (A Stranger Among Us, 1992). La posibilidad de tener un éxito dirigiendo una entrada en el género de moda debía ser muy jugosa. Y aquí entra en escena el guionista, Larry Cohen.

Larry Cohen se había labrado una gran reputación como maestro del cine de género, dirigiendo importantes éxitos como Estoy vivo (It's Alive, 1974) y  La serpiente voladora (Q, 1982). También se había labrado una buena reputación como guionista, desarrollando sus historias a partir de un potente concepto inicial. Un ejemplo ideal de su estilo sería Última llamada (Phone Booth, Joel Schumacher, 2003): nos presenta una idea sencilla, un hombre atrapado por un francotirador en una cabina, que sirve para sostener una entretenida cinta de suspense. La idea central de El abogado del diablo (¿no habría sido más adecuado La abogada del diablo?) es simple, un abogado descubre que su cliente no es solo culpable sino que busca convertirlo en su próxima victima, y da pie para construir una historia llena de suspense y giros de guion. En cierto modo, el guion nos presenta un personaje clásico de la literatura negra y criminal como es el gigoló asesino o cazador de herencias, habitual desde Un beso antes de morir (A Kiss Before Dying, Gerd Oswald, 1955) (curiosamente, se estrenó un remake de esta película un par de años antes de la película de Lumet), actualizado para el presente.

Cohen tenía un estilo que mezclaba el tono serio con el humor negro, trabajando los géneros con no poca ironía. Por desgracia, el humor negro y la ironía no eran los fuertes de Lumet, que filma de manera clásica y genérica una historia que pedía a gritos alguien que supiera explotar las posibilidades sórdidas y sensacionalistas de la historia. Paul Verhoeven o Joel Schumacher habrían hecho maravillas con este guion. Por desgracia, la película de Lumet acaba siendo un olvidable thriller debido a la reticencia del director a hacer nada que pudiera ser considerado de mal gusto. Tampoco ayuda que Don Johnson fuera demasiado mayor para interpretar el papel del asesino de mujeres ricas, que se supone es un gigoló seductor de mujeres maduras.

En otras palabras, cuando un director serio busca trabajar en un género para "elevarlo" por encima del mal gusto y el exceso, el resultado es un film mediocre sin sustancia.

 

26 sept 2025

La mansión de la niebla

 


 

La mansión de la niebla (Francisco Lara Polop, 1972) es café para los muy cafeteros. Una superviviente de la edad dorada del fantaterror español que mezcla distintos géneros para satisfacer a los aficionados a las historias con un toque gótico.

Elsa (Analía Gadé) es una empresaria que espera cerrar un importante negocio, acompañada de los Tremont (Yelena Samarina y Eduardo Fajardo), se dirige a reunirse con su marido Ernest (Alberto Dalbés). Porter (Franco Fantasia) está de viaje por la carretera y recoge a Laura (Lisa Leonardi), una atractiva autoestopista. Laura rechaza los avances de Porter y decide seguir viaje con el motorista Fred (Andrés Resino), que circula por la misma carretera. Todos estos personajes se pierden cuando la noche trae consigo una espesa niebla, de algún modo todos acaban llegando a una mansión en la que la misteriosa Martha Clinton (Ida Galli) les hace de anfitriona. Como os podéis imaginar, la noche estará llena de misteriosos sucesos y asesinatos.

La mansión de la niebla, conocida internacionalmente como Murder Mansion, es una coproducción italo-española que se produjo cuando el giallo italiano arrancaba con fuerza. Entonces, claro, no se era consciente de eso, solo que las películas de suspense producidas en Italia estaban cosechando mucho éxito internacionalmente. Por eso, la dirección de Francisco Lara Polop, un todoterreno del cine exploitation, y el guion de Luis G. de Blain y Antonio Troiso mezcla distintos elementos populares entonces. Es parte giallo, parte suspense clásico y parte terror gótico de ambientación contemporánea. Este cóctel tiene cosas positivas y negativas. Los aficionados disfrutarán con los elementos clásicos del suspense gótico, pero si están muy familiarizados con el género reconocerán enseguida las claves para desentrañar el misterio en el centro de la historia. Dicho esto, hay suficientes escenas y momentos propios del género como para mantener entretenido al fan: paseos por catacumbas, secretos familiares, cementerios sumergidos en la niebla y una dama en camisón explorando pasajes secretos iluminándose con una vela. También hay algo que para mí la hace interesante que es que mientras el espectador sabrá qué ha sucedido, para los personajes la historia permanecerá siendo un misterio.

Desde luego, este título no es ningún clásico, pero sirve para satisfacer el mono si ya se han visto los grandes títulos y uno se siente con ánimo de explorar los rincones más oscuros de la intersección entre el terror gótico y el giallo.

 

15 ago 2025

Desolation Angels

 


 

¿Qué les pasa a los australianos con los coches? ¿Qué obsesión les lleva a meter persecuciones y amenazas vehiculares en sus películas de género? Casi resulta extraño que en Picnic en Hanging Rock (Picnic at Hanging Rock, Peter Weir, 1975) no haya por lo menos una persecución. Un ejemplo de esta obsesión es Desolation Angels (Christopher Fitchett, 1982).

Jilly (Kim Trengove), Joanne (Kerry Mack) y Liz (Marie O'Loughlin) son tres amigas que deciden celebrar que han acabado los exámenes pasando un fin de semana de relax en la casa en la playa que tienen los padres de una de ellas. Pamela Wilkinson (Karen West) forma parte de una trama que busca enriquecerse con cheques falsos y desfalcos, pero ella quiere dejar la banda e irse por su cuenta. Normalmente, las tres amigas y Pamela no deberían cruzar sus destinos, pero sucede cuando tres psicópatas se encaprichan de ellas y empiezan a acosarlas.

La primera parte del film se centra en presentar a las futuras víctimas. Por un lado, las protagonistas adolescentes y las preocupaciones habituales de esa edad. Por otro lado, Pamela y su plan para quedarse ella con todo el dinero que ha conseguido con su cómplice. Ambas historias se mantienen separadas durante gran parte de la película. La acción arranca cuando las amigas se lanzan a la carretera y se cruzan con lo que parece un vehículo fúnebre negro, matrícula HEX777. Los conductores del vehículo intentan llamar la atención de las chicas, que los ignoran, pero el vehículo parece encontrarlas allá donde van. Esto es así porque ellas no se han dado cuenta de que se trata de dos vehículos, el otro con matrícula END666. Esta sección parece influenciada por El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971), creando tensión con las persecuciones y la creciente obsesión de los psicópatas. Luego, la acción se traslada a la localidad de la playa y se dejan de lado las persecuciones, aún así los psicópatas hacen notar su presencia haciendo sonar los motores de sus vehículos en la noche. Es en esta parte que finalmente se cruzan las historias de las tres amigas con Pamela, en lo que se convierte en una lucha por la supervivencia con la tranquila localidad veraniega como fondo.

Desolation Angels mezcla elementos de suspense y terror, con toques de slasher, para construir una historia sencilla pero cargada de tensión. Karen West fue una modelo de Penthouse, lo que parece inspiró algunos momentos de desnudos gratuitos, el único elemento que chirría un poco en el conjunto. El reparto hace un trabajo correcto, nada especial pero no te sacan de la película. Tiene algunos momentos algo lentos, pero se compensa con los momentos de acción y las bien construidas secuencias de suspense. Además tiene algunos toque peculiares que hacen que no sea una simple imitación de las películas que llegaban de Estados Unidos. Por supuesto, como ya he comentado, el elemento más australiano es cómo hace que los coches se conviertan en una arma más de los psicópatas. El póster no parece tener ninguna relación con la película, una mala manera de vender una entretenida mezcla de thriller y terror como es Desolation Angels.

 

1 ago 2025

El vigilante nocturno (Nattevagten)

 


 

La década de mediados de los 90 del siglo XX fue una época muy interesante para el aficionado al cine de género. Primero, nuevos directores como Álex de la Iglesia y Quentin Tarantino, entre otros muchos, estaban renovando el panorama con una nueva energía irreverente y gamberra. Segundo, el cine de otros países empezaba a ser más accesible. Principalmente el cine de asiático, con sellos como Manga Films haciendo accesibles películas imposibles de ver antes, pero también de otros lugares tan exóticos como... Dinamarca.

El cine danés en nuestro país era bastante desconocido. Lars von Trier seguramente era el único ejemplo de director danés que era conocido entonces en nuestro país,  Nicolas Winding Refn no debutaría en el largo hasta 1996. Aunque El vigilante nocturno (Nattevagten, Ole Bornedal, 1994) no llegó a España, aproximadamente, hasta que se estrenó la nueva versión americana La sombra de la noche (Nightwatch, Ole Bornedal, 1997), por lo menos en salas comerciales, el hecho si quiera de que se estrenara indicaba que la película era de una gran calidad, a pesar del bajo presupuesto, y que debía haber cosechado un gran éxito internacionalmente para que se considerase distribuirla en nuestro país. Y su fama estaba justificada.

El vigilante nocturno a que alude el título es Martin (Nicolaj Coster-Waldau), un estudiante de derecho que decide coger un trabajo como vigilante nocturno en un instituto forense pensando que será una manera fácil de ganar dinero. Pronto se da cuenta que quedarse toda la noche sentado en una morgue no es el dinero fácil que imaginaba, el ambiente mortuorio empieza a afectarle.  Peor aún, un asesino en serie anda suelto en la ciudad, acumulando víctimas, y Martin se verá atrapado en la red de este psicópata.

Vi El vigilante nocturno y La sombra de la noche muy cerca la una de la otra, cuando era un joven adolescente. Y, en ese momento, me gustó más la versión americana, que discuto más abajo, que la original. Pero al reencontrarme de nuevo con la película como adulto, gracias a un pack en Blu-ray con la original y su secuela, El vigilante nocturno me ha gustado mucho más. Más allá de la calidad técnica, los movimientos de cámara, la banda sonora, ahora he visto elementos en la película que no supe apreciar en su momento. Martin y Jens (Kim Bodnia), los dos protagonistas, se desafían el uno al otro en un juego que tendrá graves consecuencias, como que es la razón por la que el asesino se fija en Martin. Este juego nace del miedo de ambos por entrar en la edad adulta, de convertirse en dos acomodados en una vida gris sin emoción. Esto se enlaza también con otro miedo: el miedo a la muerte. Un miedo que empieza a hacerse cada vez más presente debido al trabajo de Martin y que es la base de los momentos más atmosféricos e inquietantes del film.

Estos elementos enriquecen una historia de suspense, precedente de las truculentas series nórdicas y la fiebre del noir nórdico que tanto éxito han cosechado en nuestro país, que sigue funcionando hoy día. En esta época se pone de moda usar la expresión "thriller psicológico" para referirse al cine de terror, debido a los prejuicios contra el género. Esta es una de las pocas veces que he visto justificado el uso de esta expresión, ya que El vigilante nocturno no es una película de terror, pero desde luego utiliza elementos del cine de terror para añadirle sabor al suspense y la trama de asesino en serie propia del thriller.

Uniendo la riqueza visual y la riqueza textual, se entiende que el film se haya convertido en un clásico del género. Se mantiene tan fresca y efectiva ahora como hace 30 años.

 

 


 

Como ya he mencionado, cuando en su día se estrenó La sombra de la noche me gustó más que la original. Tiene un reparto que, entonces, resultaba más atractivo con Ewan McGregor, Patricia Arquette, Josh Brolin y Nick Nolte. Pero ahora me resulta obvio que los motivos por los que me gustó más son los mismos por los que ahora es una película bastante olvidada.

Producida por los Weinstein, la película sufrió la misma manía intervencionista que otras producciones de los merecidamente denostados hermanos. Temerosos de que el ritmo no funcionara con el público americano y algunos temas se consideraban demasiado morbosos, Harvey Weinstein reeditó la película eliminando prácticamente todo aquello que no tuviera que ver directamente con la trama de suspense. El resultado es un efectista thriller al estilo americano, pero que carece de aquello que hace que la original sea especial. Es solo un thriller que cuenta una historia muy conocida dentro del género, el inocente acusado injustamente que debe demostrar su inocencia y salvar la vida.

Sin embargo, hay algunas secuencias que siguen funcionando debido a la manera en que el director reinterpreta las escenas que ya había rodado previamente.  No es una mala película, pero tampoco es una gran película. Entiendo que a mi yo joven le gustara, pero no tiene lo que hace que la original se mantenga actual, aquello que va más allá del thriller.


 


 

Casi treinta años del estreno de El vigilante nocturno, Ole Bordenal regresó a este mundo con la secuela El vigilante nocturno. Demonios heredados (Nattevagten - Dæmoner går i arv, 2023). En esta ocasión la protagonista es Emma (Fanny Leander Bordenal), la hija de Martin, que intenta averiguar la raíz de que su padre sea un hombre acosado por demonios interiores y que su madre se suicidara. Entonces descubre que su padre trabajó de joven como vigilante nocturno y coge el mismo trabajo para ponerse en el espacio mental de Martin. Los problemas arrancan cuando descubre que sobrevivió al ataque de un asesino psicópata. Cuando decide encarar al asesino, encerrado en una institución psiquiátrica, buscando hacer que su padre supere el trauma, provoca que el asesino salga de su estupor y ponga en marcha una terrible venganza.

Uno de los avances del siglo XXI más positivos es que se trata de forma más abierta y natural la salud mental. Ir a terapia ya no se ve como un estigma, sino como algo positivo. Enfrentarse al trauma exponiéndolo y discutiendo los motivos de su existencia es algo más sano que simplemente enterrarlo todo en un sótano mental donde se puede pudrir y provocar más daño. Este cambio de mentalidad ha resultado muy productivo en el cine de terror, especialmente en las secuelas nostálgicas, en las que un personaje decide hacer frente al trauma que marcó su vida y luchar contra el terror de nuevo. Una tendencia popular ahora que trata también de forma efectiva el film de Bornedal. Martin parece que ha sido incapaz de ir más allá de aquella noche fatídica, ni tampoco sus amigos, algo que comparte con el asesino. Si en la primera película Martin y Jens temían lo que entrar en la edad adulta traía consigo, ahora el temor es verse en la madurez con un fuerte lastre psicológico.

Paralelamente, la trama que afecta a Emma ya no es los miedos de la edad adulta, sino entender el pasado para no repetirlo en el futuro. Teme que el suicidio de su madre la lleve a ella al mismo destino, así que decide desentrañar los misterios del pasado de su familia. Una perspectiva más propia de la mentalidad actual. De este modo, aunque hay muchos guiños y referencias al film original, esta secuela se crea su propia personalidad.

De nuevo, los aspectos propios del thriller y el suspense están muy bien tratados. La idea del asesino orquestando los asesinatos enviando a acólitos dementes es un gran hallazgo, evitando repetir una trama ya explorada. Es lo que hace de esta una digna y entretenida secuela, si bien solo el tiempo dirá si se acaba convirtiendo en un clásico como la primera.

 

18 jul 2025

La muerte acecha en la pantalla



 

Leyendo críticos anglosajones que escriben sobre el giallo, te puedes encontrar una noción bastante extendida según la cual solo se consideran auténticos gialli las producciones italianas. Es una opinión que siempre me ha parecido tremendamente absurda, principalmente porque los géneros y los estilos no tienen nacionalidad. Tienen lugar de origen, pero no nacionalidad. Es como decir que las películas del oeste de Sergio Leone no son auténticos westerns porque no son americanos. Otro argumento en contra es que gran parte de los gialli fueron coproducciones entre diversos países, para asegurar así una distribución internacional. Muchas de estas coproducciones eran entre España e Italia, países cercanos y que en aquel momento pasaban por momentos sociales parecidos. Lo que nos lleva al ejemplo que para mí hace más obvia que la idea de que solo se puede considerar un auténtico giallo una película enteramente italiana: los que fueron dirigidos por Luciano Ercoli. Ercoli estaba casado con Nieves Navarro, una actriz española que entonces usaba el nombre Susan Scott al aparecer en producciones internacionales. Debido a su matrimonio con Navarro, Ercoli estableció su pequeña productora en España, para luego trabajar en Italia, Inglaterra o donde fuera necesario. ¿Eran sus películas italianas o españolas? Realmente no importa, eran de Luciano Ercoli, eso es lo que importa. En su carrera como director dirigió tres gialli, siendo su díptico La muerte camina con tacón alto (La morte cammina con i tacchi alti, 1971) y La muerte acaricia a medianoche (La morte accarezza a mezzanotte, 1972) grandes títulos dentro del género.

La muerte camina con tacón alto fue la segunda película que dirigió Luciano Ercoli, tras debutar en el largo con Días de angustia (Le foto proibite di una signora per bene, 1970). Las dos son gialli pero concebidas antes de que la fiebre por el género explotara tras el estreno de El pájaro de las plumas de cristal (L'uccello dalle piume di cristallo, Dario Argento, 1970). El éxito del clásico de Argento transformó completamente el género, como si lo hubiera inventado para un nuevo público, lo que provocó que surgieran muchos imitadores. La muerte camina con tacón alto, sin embargo, no es una pálida imitación. Todo lo contrario, tiene una personalidad propia moviéndose dentro del género con un estilo clásico e innovador a un tiempo.

Nicole Rochard (Nieves Navarro) trabaja como bailarina de striptease en París y su padre es un notorio ladrón que ha robado una fortuna en diamantes. Un misterioso encapuchado va tras esta fortuna y, tras haber asesinado a Rochard, acosa a Nicole para que confiese dónde se ocultan los diamantes. Nicole pide ayuda a su amante Michel Aumont (Simón Andreu), pero, tras una discusión, queda claro que Michel no será de mucha ayuda. Desesperada, Nicole decide irse a Londres con el doctor Robert Matthews (Frank Wolff), un hombre atrapado en un matrimonio infeliz que se ha enamorado de Nicole. Pero el peligro sigue a Nicole por más lejos que se vaya.

El film de Ercoli presenta una trama propia del género policíaco, pero estructurado de forma peculiar. El asesinato central sucede a mitad de película, momento en que entra en escena el inspector Baxter (Carlo Gentili). Este es un personaje clásico, un poco al estilo de los investigadores peculiares que muy pronto se harían famosos en televisión como Colombo o Kojak. Esto hace que La muerte camina con tacón alto sea un título de transición entre el thriller habitual que seguía las directrices del estilo americano, francés y alemán, y el giallo de estilo puramente italiano. Con una dirección elegante sin demasiadas florituras, pero sin dejar de lado las innovaciones visuales de la época.

Ercoli ofrece un film de corte clásico, con secuencias que anuncian los excesos que estaban por llegar. Esto hace que algunos que busquen algo al estilo "argentiano" puede que se queden algo desorientados ante una película que sigue más el estilo de las novelas de intriga de la época. Pero hay mucho que apreciar en esta película aunque no tenga un bodycount al estilo de otros títulos de la época.

 

 


 

Tras el éxito de La muerte camina con tacón alto, no tardó en llegar La muerte acaricia a medianoche. Ercoli trajo de vuelta en el reparto, además de a Navarro/Susan Scott y a Simón Andreu como protagonistas, a Carlo Gentili, interpretando a otro inspector, a Claudie Lange y al experto en personajes pervertidos Luciano Rossi.

La película muestra la influencia de los cambios en el género con unas escenas más violentas y sangrientas, pero resulta refrescante que Ercoli no renuncia a construir un giallo siguiendo su propio estilo, sin caer en la simple imitación. Y lo hace con un argumento que presenta un desafío interesante para los cineastas, mostrar al asesino al inicio y mantener el suspense intacto. La modelo Valentina (Navarro) se deja convencer por su amigo periodista Gio Baldi (Andreu) para protagonizar un reportaje en el que probará una nueva droga, con la promesa de que ni su nombre ni su rostro aparecerá en el artículo. Mientras se encuentra bajo los efectos de la droga, Valentina es testigo de un asesinato en el edificio de enfrente. Por supuesto nadie la cree y, además, nadie se la toma en serio porque Gio la engañó y tanto su rostro como su nombre se utilizan en el artículo. Cuando el asesino empieza a seguirla, Valentina tendrá que desentrañar el misterio tras el asesinato antes de que el asesino la calle para siempre.

Navarro impregna a su personaje de una gran energía y personalidad, ayudada por Ercoli, su marido, que al igual que en la anterior película no le hace un plano malo. Andreu encarna a la perfección a este periodista sórdido y encantador, un tipo de personaje que le iba muy bien al actor. Navarro y Andreu tienen una gran química juntos, lo que hacen de este un giallo tan divertido como cargado de suspense. Y violento, como ya he dicho, con momentos en que Ercoli cubre la pantalla de sangre, literalmente.

La muerte acaricia a medianoche tiene un ritmo más rápido y ligero que el de Camina con tacón alto, pero su historia es también bastante intrincada. La manera en que se desarrolla hace que este sea un film más entretenido que el anterior, con un Ercoli que parece cada vez más en dominio de la cámara. De los dos, este es, para mi gusto, el título superior. Coge los elementos más atractivos del género y los sirve de manera única y personal, lo que es de agradecer sobre todo si has visto muchas películas de este estilo.

  

 


 

Luciano Ercoli solo dirigió dos películas con el título La muerte... pero eso no impidió que otros aprovecharan el tirón de estas películas para aumentar el atractivo comercial de sus producciones. Como ejemplo aquí tenemos La muerte desciende ligera (La morte scende leggera, Leopoldo Savona, 1972).

Giorgio Darica (Stelio Candela) llega a casa, tras un largo viaje, y se encuentra a su esposa asesinada. Temeroso de que la policía lo crea culpable, huye y pide ayuda al magistrado Magrini (Fernando Cerulli) para que le cree una coartada. Darica no puede decir a la policía dónde se encontraba, ya que no era una actividad legal, y podría exponer al magistrado y otros hombres poderosos. La solución la proporciona otro implicado en la conspiración, el abogado Savara (Tom Felleghy), que sabe de un hotel vacío en el que puede refugiarse Darica hasta que se solucione el asesinato de su esposa. Allí Darica se instala con su amante Liz (Patrizia Viotti). Pero al poco de instalarse extraños sucesos tienen lugar que hacen que Darica se cuestione su cordura.

Aquellos que conozcan el sketch de los Monty Python "Confundir a un gato" entenderán lo que quiero decir cuando explico que me sentí como el gato protagonista de ese sketch viendo esta La muerte desciende ligera. Lo cual es algo positivo para mí, después de tanto tiempo viendo películas de este estilo siempre es agradable descubrir que todavía hay sitio para la sorpresa. Y no es que esta película tenga un argumento particularmente original, todo lo contrario, es fácil de suponer por dónde avanzará la trama, pero es su ejecución lo que sorprende.

El proyecto tiene todo el aspecto de que se puso en marcha porque los cineastas tenían acceso a un hotel vacío durante unas semanas y aprovecharon la oportunidad para rodar la película. Esto le da una cualidad improvisada al guion, de nuevo algo que podría ser negativo en este caso es algo positivo. La historia arranca como un giallo típico, el inocente que huye para no ser acusado de asesinato, luego parece ser un thriller paranoico que tan del gusto era en los 70 del siglo XX. Finalmente se convierte en un híbrido de gótico y policial, con toques curiosos como escuchar en ocasiones lo que piensan los personajes. Así, el film supera sus limitaciones y se las arregla incluso para colar algo de crítica política en su rocambolesca historia. Por supuesto, aquellos que no soporten que una película carezca de lógica o que necesitan que las películas que ven tengan sentido, seguramente no disfrutarán con este film. Pero si sois más como yo, que creéis que en ocasiones la lógica está sobrevalorada, y os gusta el cine de género setentero, dadle una oportunidad al film de Savona.

 

 

 


 

Pasos de danza sobre el filo de una navaja (Passi di danza su una lama di rasoio, Maurizio Pradeux, 1973) tampoco tiene absolutamente nada que ver con las películas de Luciano Ercoli aquí comentadas, pero creo que es una manera divertida de acabar este artículo con otra película sin Ercoli pero con Susan Scott. Da, además, una idea del éxito de estas películas el hecho de que en países de habla inglesa Pasos de danza sobre el filo de una navaja se estrenó como Death Carries a Cane, traducido: La muerte lleva bastón, en un intento de atraer al espectador despistado y hacerle pensar que era otra película de la serie. La maniobra tenía sentido ya que una de las protagonistas del film de Maurizio Pradeux es Navarro alias Susan Scott, y también aparece Simón Andreu en un rol secundario. La reunión de veteranos de Ercoli se completa con Luciano Rossi en uno de sus habituales roles como personaje sórdido y sospechoso . Así, aunque no tiene nada que ver el díptico de La muerte... de Ercoli pensé que sería divertido añadirla como bonus track.

Mientras espera que llegue su novio Alberto (Robert Hoffman), Kitty mira por un telescopio a monedas el paisaje urbano, siendo testigo de un brutal asesinato. Cuando va a la policía, el inspector Merughi (Jorge Martín con el nombre George Martin) no se acaba de creer su testimonio, pero luego descubre que el crimen puede que esté relacionado con otros asesinatos que investiga. El inspector empieza a sospechar de Alberto, así que este debe demostrar su inocencia con su propia investigación, mientras los cadáveres se empiezan a acumular a su alrededor.

El contraste entre el film de Maurizio Pradeux y los de Ercoli es bastante pronunciado. Mientras Ercoli rodó sus guiones con estilo, clase y personalidad propia, Pradeux se regocija en los elementos más explotables del giallo: crímenes sangrientos y generosas dosis de erotismo. Un enfoque que hace que el film de Pradeux funcione a otro nivel del de los de Ercoli o de otros grandes del género como Dario Argento, Mario Bava o Lucio Fulci. El desarrollo de la trama pasa a segundo plano mientras se acumulan las escenas de suspense salpicadas de desnudos gratuitos, lo que trabajado con savoir faire hace que el film sea constantemente entretenido. La resolución es satisfactoriamente absurda, de modo que aunque se sigue la fórmula sin mucha imaginación el resultado es muy notable.

 

28 mar 2025

Trilogía giallo: Bajo el vestido, nada

 


 

Las secuelas y franquicias dentro del giallo son bastante raras, prácticamente inexistentes. Posiblemente debido a que no es un género que de para continuaciones, con la excepción de trilogías temáticas como la de "adolescentes en peligro" formada por ¿Qué habéis hecho con Solange? (Cosa avete fatto a Solange?, Massimo Dallamano, 1972), Corrupción de menores (La polizia chiede aiuto, Massimo Dallamano, 1974) y Tráfico de menores (Enigma rosso, Alberto Negrin, 1978). Dario Argento quiso que El jugador (Il cartaio, 2003) fuera una continuación de las aventuras de la inspectora introducida en El arte de matar (La sindrome di Stendhal, Dario Argento, 1995), pero cuando Asia Argento no participó en El jugador se desechó la idea. Por eso resulta una rareza la trilogía de películas en las que se centra este artículo, películas que comparten título y temática, todas ellas se centran en el lado oscuro de la vida las modelos.

Bajo el vestido, nada (Sotto il vestito niente, Carlo Vanzina, 1985) arrancó como un proyecto del productor Achille Manzotti. La idea de Manzotti era realizar una película basada en la novela de Marco Parma (pseudónimo de Paolo Pietroni) Sotto il vestito niente, que había tenido un polémico éxito por el retrato que hacía del mundo de la moda en la Italia de los 80 del siglo XX. Nadie quedaba bien en el libro que utilizaba la muerte de una modelo como punto de partida para su acoso y derribo del ambiente en que se movían diseñadores y modelos. El provocador título tenía un doble sentido, el erótico y una despectiva y misógina manera de referirse a las modelos, insinuando que son poco más que trozos de carne. Manzotti le llevó el proyecto inicialmente a Michelangelo Antonioni, que lo rechazó si bien indica que Manzotti no quería una película barata de serie B. El proyecto llegó entonces a Enrico y Carlo Vanzina, una pareja de hermanos que cosechaban grandes éxitos en la taquilla italiana produciendo películas comerciales muy populares. Los hermanos Vanzina se habían especializado en las comedias, pero hacía poco se habían estrenado en el cine de suspense con Mystére (Carlo Vanzina, 1983), una película protagonizada por Carole Bouquet que mezcla el giallo, el thriller tradicional y el cine de espías de forma efectiva y entretenida.

Con la colaboración del guionista Franco Ferrini, colaborador de Dario Argento, los hermanos Vanzina crean una historia que conserva el título de la novela de Manzotti y poco más, inspirándose en un caso real sucedido en Milán y en los recursos del giallo clásico, que estaba ya desapareciendo de las taquillas italianas. Además, los guionistas le añadieron un pequeño toque fantástico a la historia. En la película, Bob Crane (Tom Schanley) es un ranger que trabaja en Wyoming cuya hermana gemela, Jessica (Nicola Perring), trabaja como modelo. Bob tiene una visión en la que ve a alguien que intenta asesinar a Jessica, lo que hace que no tarde nada en coger un avión y plantarse en Milán para asegurarse de que su hermana se encuentra bien. Pero, cuando llega al hotel en que se hospeda Jessica, descubre que ésta ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Como buen protagonista de un giallo, Bob empieza su propia investigación en la que se interesa el comisario Danesi (Donald Pleasence) cuando los cadáveres empiezan a acumularse. Bob también establece una relación con Barbara (Renée Simonsen), una modelo que le ayuda a introducirse en el mundo de la moda de Milán.

El único detalle realmente extraño de la película es que Bob recibe la visión desde el punto de vista del asesino, un detalle que junto al ambiente en que se centra el film recuerda a  Ojos (Eyes of Laura Mars, Irvin Kershner, 1978), una película que podríamos clasificar de giallo a la americana, así como la banda sonora de Pino Donaggio nos hará pensar en Doble cuerpo (Body Double, Brian De Palma, 1984). Pero se ha de reconocer que, a pesar de estos detalles más o menos familiares y que tener modelos como protagonistas ha sido la base de multitud de gialli empezando con Seis mujeres para el asesino (6 donne per l'assassino, Mario Bava, 1964), Carlo Vanzina logra crear un film que funciona a la perfección. Todo lo que el fan le pide al género está ahí, incluidos los asesinatos vistosos (si bien no demasiado, ya habían quedado atrás los excesos de los 70 sustituidos por otros excesos de los 80), y secuencias cargadas de suspense. Una de estas secuencias tiene lugar en un desfile que organizó Moschino. Temiendo que la película sería una adaptación fiel de la novela, las casas de los diseñadores se negaron a colaborar con el film, el único que lo hizo fue Moschino. Fue una jugada inteligente, la película fue un tremendo éxito de taquilla que le hizo un montón de publicidad gratuita al diseñador. Otro detalle único del film para la época y el momento del género, es que en la banda sonora, además de la música de Donaggio, también incluye diversos éxitos ochenteros populares entonces, algo que ahora es habitual pero entonces no lo era en el cine de género italiano.

Como ya hemos mencionado, Bajo el vestido, nada no es tan cruel y violenta como los títulos que se estrenaron durante los 70, pero teniendo en cuenta los títulos estrenados durante los 80, dejando de lado los de Dario Argento que iba a su bola, es un título que destaca dentro del periodo. Los giros argumentales están bien pensados y mantiene la intriga hasta el final. Una pequeña delicia.

 


 

Bajo el vestido, nada fue un tremendo éxito de taquilla, así que el productor Achille Manzotti le pidió a los Vanzina una secuela, pero los hermanos no estaban interesados. Manzotti entonces buscó otro director que le diera un toque único al film como había hecho Carlo Vanzina, decidiéndose por un director con un fuerte sentido visual desarrollado en la publicidad. Así nació Demasiado bellas para morir (Sotto il vestito niente II, Dario Piana, 1988), una secuela temática cuya trama también tiene su punto de partida en un aspecto sórdido del mundo de la moda. Una secuela en Italia, en el resto del mundo se estrenó como un film independiente.

Sylvia (Gioia Scola) es una joven modelo que acude, sin sospechar nada, a una fiesta que da Alex Conti (Giovanni Tamberi), el propietario de la agencia para la que trabaja. Lo que ella no sabe es que Alex le ha prometido a un sórdido empresario que podrá hacer con ella lo que quiera. Por ese motivo Sylvia es violada mientras sus supuestas compañeras la traicionan y la mantienen sujeta para el pervertido. Tras marchar corriendo, Sylvia desaparece y su cuerpo sin vida es descubierto al día siguiente. Entonces, cada una de las personas que participaron en la fiesta es asesinada por una misteriosa figura enmascarada, mientras trabajan en el rodaje de un videoclip. Estos asesinatos coinciden con la llegada de Melanie (Florence Guérin), una nueva modelo. ¿Puede que esté implicada? Es algo que tendrá que averiguar el inspector Brandam (François Marthouret).

Demasiado bellas para morir es un curioso híbrido de giallo y slasher, haciendo evidente la influencia de un género sobre el otro. El asesino/a/e ataca usando un vistoso y aparatoso cuchillo de múltiples hojas, que se supone es utilizado en el videoclip de estética Mad Max que se rueda dentro de la ficción, y lleva una máscara que representa el rostro anónimo de una modelo. Dario Piana se centra en crear una película muy estilizada, con un fuerte sentido estético. Lo que antes se denominaba negativamente "estética de videoclip" y que es algo que hoy día se dice de forma positiva, ya que es lo que le otorga personalidad al film. Además, hizo como la primera entrega y llenó la banda sonora de canciones de la época de bandas populares entonces como Frankie Goes To Hollywood, TOTO y Huey Lewis and the News. Aunque no son las mejores canciones de estas bandas, precisamente. Por otro lado, la fuerte estilización ochentera y la banda sonora me hizo pensar en Obsession: A Taste for Fear (Pathos - Segreta inquietudine, Piccio Raffanini, 1987), tal vez también porque en ambas aparece la actriz Gioia Scola.

La suma del festival visual, tanto por el diseño como por el reparto, y la hibridación de géneros hace de esta una película que no fallará en complacer a los fanáticos del género. Un placer que hará que uno no se fije en los fallos de la película, como que no tiene un protagonista claro al que seguir y que las escenas con la policía son bastante sosas y rutinarias. Esta secuela es un ejemplo de que a veces, que algo sea todo superficie y nada de sustancia no tiene que ser algo malo necesariamente.

 


 

Y llegamos a la conclusión de esta trilogía con Bajo el vestido, nada: El último desfile (Sotto il vestito niente - L'ultima sfilata, Carlo Vanzina, 2011). Estrenada 26 años después de que se estrenara la primera entrega.

Alexandra Larsson (Alexandra Burman) es una famosa modelo que trabaja exclusivamente para el diseñador Federico Marinoni (Richard E. Grant). Tras un exitoso desfile, Alexandra muere atropellada por un conductor que se da a la fuga y el inspector Vincenzo Malerba (Francesco Montanari) sospecha que ha sido asesinada, conectando su muerte con un antiguo caso que también afectó a una modelo que trabajaba para la casa Marinoni. Mientras, Federico, con el cuerpo de Alexandra todavía caliente, manda a su asistente Heidi (Claudine Wilde) que le busque una sustituta para su modelo estrella rápidamente. La escogida es Brigitta Olsen (Vanessa Hessler), una recién llegada que verá cómo su sueño se transforma en pesadilla cuando empieza a descubrir el lado oscuro de la moda. Además, es posible que se convierta en la nueva víctima del misterioso asesino que acecha la casa Marinoni.

Gran parte del equipo que creó la primera Bajo el vestido, nada regresó en esta tardía secuela. Los hermanos Vanzina regresaron como productores y guionistas junto a Franco Ferrini y Carlo Vanzina repitió como director. Sin embargo, el cine italiano ya no era el mismo que cuando los Vanzina dominaban la taquilla italiana. Trabajando con un presupuesto más ajustado, Carlo Vanzina dirige un giallo con una aspecto muy influenciado por las películas y series americanas contemporáneas. Hay más énfasis en las pruebas forenses, lo que significa que a última hora llega un informe forense que da la pista definitiva sobre el caso como sucede en infinitos ejemplos de películas y series de TV, y no hay toques fantásticos o delirantes como había en el género en los 70 y primeros 80. Eso no significa que sea una mala película, todo lo contrario. Simplemente que es un efectivo thriller en el que están ausentes los elementos propios del giallo que lo hacen un género especial.

En su favor, en su film ágil que dura poco más de hora y media. El reparto cumple bien su función y la dirección de Vanzina es efectiva a la hora de mantener el suspense, si bien no es muy difícil adivinar quién es la persona culpable de los asesinatos. En esta tercera entrega encontramos también guiños al origen literario de la primera entrega y la banda sonora de Pino Donaggio retoma en clave techno el tema principal de la banda sonora de la primera entrega, a su vez una especie de reinterpretación del tema Telescope de la banda sonora de Doble cuerpo que escribió el propio Donaggio.

Bajo el vestido, nada: El último desfile es un film que, posiblemente, no de al aficionado al giallo lo que busca en un título del género, pero es también el más accesible y "normal" de los tres sin dejar de ser entretenido.

21 feb 2025

El rostro de la muerte (Alice, Sweet Alice)

 


 

Seguramente os habréis encontrado El rostro de la muerte (Alice, Sweet Alice aka Communion aka Holy Terror, Alfred Sole, 1976) en incontables ediciones chungas en DVD e infinidad más de copias por Internet. El estudio que originalmente la financió se olvidó de ponerle el copyright, así que se puede encontrar editada de diversas formas, todas ellas de pésima calidad. Maltratada de un modo que es difícil ver la calidad y fantástica destreza cinematográfica con que fue realizada, así como su importante lugar dentro del cine de terror. Por suerte, una reciente edición en 4k y Blu-ray por fin hace justicia a esta pequeña obra maestra.

El año es 1961 y nos encontramos en una pequeña comunidad donde la iglesia tiene un papel importante. La joven Karen Spages (Brooke Shields) se prepara para celebrar su primera comunión, pero es asesinada durante la ceremonia. La policía y parte de la familia sospecha que la culpable es su hermana Alice (Paula E. Sheppard), que es una niña conflictiva y de mal carácter. Se repiten los ataques y asesinatos, de modo que Alice es puesta bajo custodia. Su madre Catherine (Linda Miller) y su padre Dominic (Niles McMaster), que llevan un tiempo separados, se reúnen con el objetivo de demostrar la inocencia de su hija.

Una de las primeras cosas que llaman la atención de esta película es que parece una prestigiosa producción de Hollywood, a pesar de ser una producción independiente que contaba con un presupuesto muy bajo. Ya el simple hecho de tratarse de una producción de época habla de la ambición de los cineastas, además de que ha ayudado a que la película se haya mantenido actual. Es también una de las películas americanas que más parecen notar la influencia del giallo italiano, si bien sea, como comentó el director Alfred Sole, a través de la influencia de Alfred Hitchcock y Amenaza en la sombra (Don't Look Now, Nicolas Roeg, 1973). Por supuesto, el principal comentario que se hace sobre ella es que es un notable proto-slasher.

Estrenada entre Navidades negras (Black Christmas, Bob Clark, 1974) y La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978), su papel dentro de la evolución del género es obvio cuando se ve al asesino enmascarado atacando con viciosa brutalidad cuchillo en mano. Por ello se reestrenó en los 80 en plena fiebre slasher y aprovechando también la popularidad de Brooke Shields entonces. Pero está claro que las intenciones de Sole van más allá de construir una efectiva película de suspense y terror (que lo consigue, lo cual tiene ya mucho mérito) sino que en el guion que escribió el director y Rosemary Ritvo le añade a la trama principal un diverso subtexto, en el que encontramos temas como la influencia de la iglesia. El tema principal parece ser el abuso. Alice se perdió muchas cosas porque sus padres se divorciaron cuando ella tenía la edad de su hermana Karen, cosas que ahora recibe Karen. Alice tiene doce años, aún es una niña, pero muchos de los adultos a su alrededor reaccionan hacia ella como si fuera ya una mujer. Míster Alphonso, el casero, interpretado por Alphonso DeNoble que parece que se haya escapado de una película de John Waters, tiene una relación odio/desprecio con Alice, parece que ambos disfrutan haciéndose la puñeta, hasta que hay un momento en que él intenta violarla. Cuando a Alice la están sometiendo a la prueba del polígrafo para ver si ha matado o no a su hermana, el técnico hace un casual comentario con otro policía sobre los pechos de Alice bastante sórdido y perturbador teniendo en cuenta que es referencia a una niña de doce años (aunque la actriz que la interpretaba tenía 19 años entonces). Teniendo en cuenta el panorama, parece comprensible que para Alice la llegada del periodo sea algo traumático, algo que la coloca más cerca de la colección de pervertidos que parecen estar atraídos por ella.

Sumada la calidad cinematográfica, la excelente edición y los movimientos de cámara, y la calidad dramática, cuesta creer que no fuera un gran éxito de taquilla, a pesar de que incluso tuvo buenas críticas algo difícil en este tipo de películas. Pero Sole tuvo bastante mala suerte. La película iba a ser adquirida por Columbia, pero uno de los abogados propietarios de los derechos pidió demasiado dinero, estropeando las posibilidades de que fuera estrenada a lo largo del país. El estudio que finalmente la adquirió decidió cambiar el título original, Communion, por el de Alice, Sweet Alice, título que a Sole no le gustaba nada. Más tarde recibió un título peor, Holy Terror, cuando volvió a reestrenarse para aprovechar la popularidad de Shields, creando un tráiler en el que parece que ella es la protagonista cuando solo aparece al inicio del film. Con sus siguientes dos películas como director, La isla virgen (Tanya's Island, 1980) y Desmadre en las aulas (Pandemonium, 1982), no tuvo mejor suerte, por eso se decidió pasar a ser diseñador de producción, lugar en el que tuvo una larga y provechosa carrera. Pero es una lástima que Alice, Sweet Alice no fuera el éxito que se merecía ser, tal vez habríamos tenido más películas como esta maravilla que puede que ahora sea apreciada como se merece.

 

8 oct 2024

Strange Darling





Libre de spoilers, se acaba de publicar mi crítica de Strange Darling (JT Mollner, 2024) en Underbrain Mgz. Leedla clicando en:


Recomendada hasta por Stephen King, esta es una mezcla de terror y thriller impactante y efectiva que dará muchas alegrías a los aficionados. No digo más por no estropearle la película a nadie.


16 nov 2023

El horrible secreto del doctor Hitchcock (L'orribile segreto del Dr. Hichcock)

 

Nada como meterse de lleno dentro de un buen terror gótico, lleno de noches tempestuosas, pasajes secretos, soterradas perversiones sexuales y algún muerto o dos que regresan de la tumba. El horrible secreto del doctor Hitchcock (L'orribile segreto del Dr. Hichcock, Riccardo Freda, 1962) es una gran entrada dentro del género que se beneficia con contar con la reina del terror gótico Barbara Steele en un papel protagonista.

Londres, 1897. El reputado cirujano Bernard Hichcock (Robert Flemyng) ha obtenido gran prestigio gracias a su habilidad con el bisturí y su invención de un efectivo suero anestésico que hace posibles arriesgadas operaciones. El doctor Hichcock también utiliza el suero para llevar a cabo juegos sexuales necrófilos con su esposa Margaretha (Maria Teresa Vianello). Pero durante uno de estos juegos, sin querer, el doctor le provoca una sobredosis a su esposa y esta muere. Traumatizado por el suceso, el doctor abandona Londres. Doce años después regresa, aparentemente recuperado y acompañado de su nueva esposa, Cynthia (Barbara Steele). Desde el momento de llegar, Cynthia tiene la sensación de encontrarse bajo la sombra de la esposa fallecida del doctor y no tardará en tener la impresión de que su fantasma la acosa. Paralelamente, el doctor Hichcock empieza a sucumbir de nuevo a sus tendencias necrófilas con las pacientes fallecidas.

La trama necrófila es lo que dio infame notoriedad a esta película desde el momento en que se estrenó. Pero se ha mantenido como un clásico del género gracias a su enfebrecida manera de narrar la historia y cómo utiliza los diferentes elementos propios del género gótico. El guionista Ernesto Gastaldi empezó a escribir una historia más clásica, pero cuando los productores le pidieron algo más inquietante y macabro, Gastaldi decidió introducir la necrofilia, tan aparente como era posible en la época en que se rodó. Riccardo Freda obtuvo la dirección del film cuando se apostó con los productores que podía rodar la película en solo catorce días (o diez días, depende de la entrevista). Para ganar la apuesta y cumplir el contrato, Freda le imprimió un ritmo frenético al rodaje. También concentró el rodaje en una sola localización, una gran villa en la que se creó la mansión londinense del doctor Hichcock y también la morgue y las salas de operaciones en las que trabaja. Finalmente, para asegurarse de que terminaba el rodaje a tiempo, decidió no rodar alrededor de doce páginas del guion original de Ernesto Gastaldi. En estas páginas se encontraban las explicaciones y motivaciones de los personajes, lo que en algunos casos es positivo, porque lo deja a la imaginación del espectador, en otros negativo, porque algún personaje desaparece sin que se resuelva el por qué de su presencia.

Las condiciones de rodaje sirvieron para imprimirle al film un aire frenético (dura 87 minutos), cargando la pantalla de elementos macabros y perversos. La utilización de una única localidad para rodar toda la película le da un aire claustrofóbico, incluso en las escenas en el hospital, así como puede resultar desorientadora (de una manera positiva) ya que continuamente parecen surgir nuevas habitaciones y lugares desconocidos en la mansión.

El uso del nombre Hichcock no es gratuito. Originalmente la película se tituló Raptus, ya que en el cine de entonces se puso de moda la utilización de términos clínicos como títulos tras el éxito de Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960). Gastaldi también llenó el film de referencias a otras películas del maestro, siendo Rebeca (Rebecca, Alfred Hitchcock, 1940) la película que tuvo una mayor influencia en la trama y el estilo de El horrible secreto del doctor Hitchcock. Por supuesto, cuando vieron que se había utilizado el nombre Hichcock, los productores decidieron usarlo en el título y el poster para obtener una mayor popularidad, cambiando la manera en que se escribe ligeramente para evitar denuncias. Otra gran influencia en el film fue Edgar Allan Poe a través de las adaptaciones que estaba realizando entonces Roger Corman. Hacía poco que se había estrenado en Italia con gran éxito El péndulo de la muerte (The Pit and the Pendulum, Roger Corman, 1961), que precisamente contaba con Barbara Steele entre las protagonistas, así que se intenta imitar su modelo.

Riccardo Freda cogió todos estos elementos del guion y los sacudió y presentó a su peculiar manera. De esta forma se convirtió lo que podría haber sido un simple pastiche, en una celebración del terror gótico que sigue entreteniendo y fascinando hoy día. En su día fue considerado poco más que basura sin interés, pero el tiempo ha demostrado que es uno de los títulos más memorables dentro del terror gótico.

8 sept 2023

Secreto sangriento (Doppelganger)

 

La idea de un doble malvado, un gemelo que encarna lo peor de nuestra naturaleza, está presente en la mitología y en el arte casi desde el inicio de los tiempos. Es una potente alegoría, que se encuentra, por ejemplo, en la base del desdoblamiento del doctor Jekyll y míster Hyde. En la mitología alemana este doble se conoce como "doppelgänger" y verlo significa que la muerte está próxima. El director Avi Nesher se inspiró en todos estos mitos en Secreto sangriento (Doppelganger, 1993).

Patrick Highsmith (George Newbern) es un guionista sin trabajo que decide alquilar una habitación en su casa para ganar algo de dinero. Así se presenta en su casa Holly Gooding (Drew Barrymore), una atractiva mujer que Patrick está encantado de tener de inquilina. Entonces, Holly empieza a actuar de forma extraña, con súbitos cambios de humor y personalidad. Cuando empieza a morir gente, Patrick debe decidir si ayudar a Holly a luchar contra la doble que asegura que la persigue, o creer a los que le dicen que Holly sufre de doble personalidad.

En su día, Doppelganger llamó la atención cuando se estrenó en Sitges, más que nada porque no era habitual tener a una estrella como Drew Barrymore de protagonista en una película de terror como esta. Recuerdo que un tiempo más tarde la vi cuando se pasó por televisión, sin que me dejara una fuerte impresión, pero sin llegar a olvidarla del todo. Tuve la idea de recuperarla cuando vi que su director fue Avi Nesher, director de dos películas que me gustan bastante como son She (1982) y Treinta minutos para morir (Timebomb, 1991). Vista hoy día se entiende que no sea recordada como un clásico del género o una película de culto. Dicho esto, la película también tiene detalles curiosos y un buen final que la redime de los momentos más mediocres.

El problema de Doppelganger es que el director y guionista Nesher no parece tener claro que tipo de historia quiere contar. Arranca con Holly, pero luego el protagonista pasa a ser Patrick, uno de esos personajes que se supone son divertidos y encantadores pero no acaban de ser ni una cosa ni la otra. A partir de aquí, el film se desarrolla como un thriller, no muy original, sobre un hombre que sospecha que su inquilina tiene doble personalidad y puede resultar muy peligrosa. El guion separa las dos personalidades al estilo de muchas películas sobre Jekyll y Hyde, presentando a la otra Holly como mucho más desinhibida sexualmente y dada a seguir sus impulsos más oscuros sin remordimientos. Pero Nesher también decide jugar la carta de que la doble sea real, para mantener el interés del espectador. El resultado es que ambas posibilidades se van desarrollando, siendo el objetivo del director una mezcla de las dos. Esto puede que la perjudicara, ya que los espectadores que esperaban ver un thriller al estilo de Atracción fatal (Fatal Attraction, Adrian Lyne, 1987) o Mujer blanca soltera busca... (Single White Female, Barbet Schroeder, 1992) se quedarían decepcionados o desconcertados ante los elementos más fantásticos del film.

Esto hace que el desarrollo de la película sea algo confuso, pero también hace que el final sea muy entretenido, con momentos algo ridículos que funcionan a favor de la película. Esto hace que Doppelganger quede como una curiosidad. No es lo bastante buena para que sea un título a reivindicar dentro del género, pero no deja de ser entretenida y puedes pasar un buen rato con ella.