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14 ago 2026

La monja homicida (Suor Omicidi)

 


 

Cuando una película como La monja homicida (Suor Omicidi, Giulio Berruti, 1979) tiene un título como La monja homicida, está destinada a sufrir debido a los prejuicios que un título como este conlleva. La cosa se agrava cuando los distintos pósteres que, en su día, la promocionaban intentaban venderla como si fuera una película erótica de monjas inquietas, subgénero entonces muy de moda. Algunos que no la conozcan asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y no la tendrán en cuenta como una película seria. Otros, asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y se decepcionarán al ver que no es así. Y, entre ambos grupos, espero que estén aquellos que sepan apreciar esta película híbrida y peculiar.

La hermana Gertrude (Anita Ekberg) intenta cumplir con sus funciones tras haber superado un cáncer. Pero está convencida de que sigue enferma y la frustración al no ser creída va provocando que empiece a cometer actos de crueldad que van subiendo en gravedad. También es adicta a la morfina y tiene deseos reprimidos que busca experimentar. A su lado solo está la hermana Mathieu (Paola Morra), que la apoya por amor. Cuando los pacientes empiezan a aparecer asesinados, ¿significa que la espiral de locura en la que se ha sumergido la hermana Gertrude no tiene fondo?

Es típico que muchas películas exploitation de la época asegurasen estar basadas en hechos reales, pero era mentira, una manera de para atraer a más espectadores. Sin embargo, en esto también La monja homicida es peculiar, ya que realmente se inspira en una historia real. El productor Enzo Gallo supo del caso sucedido en Bélgica a mediados de febrero de 1978, en el que una monja adicta a la morfina fue detenida tras haber dado muerte a varios pacientes mayores. Con el título y la idea base de una monja asesina, le presentó el proyecto al director Giulio Berruti. La esperanza de Gallo era producir una película puramente exploitation, llena de erotismo como otras películas ambientadas en conventos estrenadas durante la década de los 70. Eso explica la presencia de Paola Morra, modelo de Playboy que había aparecido en Interior de un convento (Interno di un convento, 1978) del polémico maestro del erotismo Walerian Borowczyk. Sin embargo, el director Berruti tenía otras ideas.

Berruti estaba fascinado por la historia de una mujer reprimida que se sumerge en un espiral de locura, mezclado con ciertos mensajes anticlericales. Anita Ekberg se convierte así en el centro de una película que está más cerca del giallo,  con brutales escenas de asesinatos, que de películas como Cartas de amor a una monja portuguesa (Die Liebesbriefe einer portugiesischen Nonne, Jess Franco, 1977). Esto es lo que hace a la película interesante, más allá del par de escenas en las que Morra se desnuda para contentar al productor, el retrato de una mujer cuya cordura se va fragmentando. Una mujer que comete una crueldad y luego se arrepiente incapaz de entender qué la ha llevado a actuar de esa forma. Poco a poco, la película parece contagiarse y empiezan a aparecer escenas delirantes cuando adopta el punto de vista de la hermana Gertrude.

Otros aspectos que ayudan a darle personalidad propia al film fueron derivados del bajo presupuesto. El director supo cubrir efectivamente mediante primeros planos, movimientos de cámara y el montaje que no siempre contaba con los actores necesarios para rodar cierta escena, lo que demuestra su habilidad como director y editor. Originalmente, Berruti tuvo la idea de llenar el hospicio con rostros veteranos del cine italiano para interpretar a los pacientes. Pero el ajustado presupuesto lo impidió, de modo que se llena de actores desconocidos con rostros interesantes y más memorables, lo que hace el ambiente diferente del típico ambiente de película. El reparto es bastante ecléctico, entre amigos del director como Lou Castel, muy comprometido con la causa comunista, con otros escogidos por su popularidad como la mencionada Paola Morra o Joe Dallesandro.

La monja homicida también tuvo su dosis de locura en la realidad. Cuando se estrenó, después de comprobar su éxito, los productores tuvieron la infausta idea de añadir a los pósteres como promoción la frase: "De los archivos secretos del Vaticano". Esto dio la excusa para que la Iglesia, que no estaba muy contenta con la película, intercediera para que fuera prohibida y retirada de las pantallas de cine italianas. 

Como decía al principio, con un título como La monja homicida se crean ciertas expectativas que pueden afectar a cómo se ve la película. Pero si se dejan éstas de lado y se sumerge en la historia con la mente abierta, La monja homicida es un título peculiar y diferente con algunas sorpresas que la hacen memorable. Y si decidís darle una oportunidad, os recomiendo hacerlo en la versión italiana.

 

7 ago 2026

Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort)

 


 

Regresan Hélène Catet y Bruno Forzani con su reinterpretación y reutilización de la estética giallo, en un contexto completamente distinto al que estas películas de misterio de origen italiano fueron creadas. Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort, 2025) es fiel al estilo de la pareja de directores, pero le da un toque de frescura añadiendo a la fórmula otros tributos y homenajes de distintos géneros.

John D. (Fabio Testi) es un veterano espía que se encuentra viviendo retirado en la Costa Azul. Allí se empieza a obsesionar con otra clienta del hotel donde está, que le provoca recuerdos de cuando era un joven agente (Yannick Renier) tras la pista de la peligrosa criminal Serpentik. Un día, esta clienta desaparece. ¿Tendrá que ver esta desaparición con el pasado de John D.?

En esta ocasión Catet y Forzani preparan al espectador un potente cóctel que es un homenaje al cine de espías de los 60, en su vertiente más psicodélica. Además, se hacen referencias al cómic y a las fotonovelas junto a los habituales guiños al giallo. La influencia más obvia es un título que se encuentra en esa misma encrucijada de cine de espías de los 60, cómic y giallo, el clásico de Mario Bava Diabolik (1968) que adaptaba el cómic homónimo. Y no es el único Bava al que se hace referencia.

Por cierto, para los más jóvenes: las fotonovelas eran cómics que, en lugar de dibujos, se utilizaban fotografías. Si estaban basadas en películas, se usaban fotos de la película que fuera. 

El film, en el fondo, cuenta una historia bastante sencilla, pero que invita al espectador a pelar sus capas narrativas en distintos visionados. Esta sencillez permite recargar visualmente la película para ofrecer otra potente experiencia sensorial para el espectador. También se añaden otros temas más cinematográficos, o metacinematográficos, alrededor del cine de espías de la época, celebrando su estética y al mismo exponiendo su misoginia, por ejemplo. Pero el aspecto que más me llamó la atención es la recreación en la obsesión por los personajes enmascarados, no solo en el giallo pero también en las películas como Diabolik y los imitadores que le siguieron.

A pesar de tratar un tema serio, el homenaje que los directores hacen al cine de espías de los 60 en su vertiente más psicodélica convierten Reflejo en un diamante muerto en un gran divertimento, si te gusta este tipo de estética, que incluye escenas bastante violentas. En definitiva, si habéis visto otras películas de este dúo ya sabéis qué os espera, los que no los conozcan disfrutarán de una experiencia única en el cine actual.

 

17 jul 2026

Seducción (Compulsion)

 


 

Llevo siguiendo la carrera de Neil Marshall desde los tiempos de Dog Soldiers (2002), así que cuando supe que preparaba un homenaje al giallo mi curiosidad se disparó. El giallo es uno de mis géneros favoritos y verlo tratado por un director que siempre me ha gustado me parecía una fórmula ganadora. Me alegra no haberme equivocado con Seducción (Compulsion, Neil Marshall, 2024).

Situada en la isla de Malta, la acción arranca cuando la inspectora Claudia Cavara (Giulia Gorietti) y el inspector Dennes Crawford (Harvey Dean) investigan un brutal asesinato llevado a cabo por una misteriosa figura vestida de negro. Al mismo tiempo, Evie (Anna-Maria Sieklucka) llega a la isla de vacaciones. Allí conoce a Diana (Charlotte Kirk) y a su novio Reese (Zach Gowan). Muy pronto, Diana empieza a interesarse en Evie, si bien Evie no sospecha que los motivos de la pareja no son casuales. Mientras, los asesinatos continúan, acercándose cada vez más a Evie.

 En las raíces del clásico thriller erótico de los 90 y en las del clásico slasher de los 80 nos encontramos el giallo. Así que es natural que en este cóctel preparado por Marshall nos encontremos elementos de los tres, lo que incluye giros de guion entre absurdos y esperados, escenas sangrientas y una diversidad de escenas eróticas. En este sentido, Seducción cumple, ofreciendo todo esto al estilo de otros gialli contemporáneos como Tulpa: Perdizioni mortali (2012). Además, para los amantes del género se incluye un cameo de Cinzia Monreale. El film de Marshall, sin embargo, sufre del mismo problema que otros contemporáneos con intenciones semejantes, como por ejemplo La daga en el corazón (Un couteau dans le coeur, Yann Gonzalez, 2018): las limitaciones del presupuesto hacen que no tenga el mismo look glamouroso de los giallo de los años 70, es mucho más artificial, demasiado digital. Además el nivel de las interpretaciones está bastante desequilibrado, las dos protagonistas hacen un buen trabajo pero algunos secundarios se pasan de rosca. La verdad, esto último también sucedía en algunos títulos clásicos del género.

Es cierto que, para los amantes del género, algunos de los giros son algo predecibles, pero no le resta diversión. No hay que ver esta película como algo "serio" al estilo de El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991), sino más bien algo entretenido y un poco absurdo con el que pasar un rato divertido. Reconozco que, para los que no sean amantes de estos géneros y acepten lo que los hace tan divertidos, puede que sea difícil de ver el atractivo. A mí la película me dio lo que esperaba, una revisión moderna de unos géneros clásicos que me encantan.

 

8 may 2026

Massacre

 


 

Massacre (1989) es una película de Andrea Bianchi. Y ya está, qué más se necesita saber cuando es Andrea Bianchi el director. Oh, ¿necesitáis más? Bueno, aquí tenéis.

Durante el rodaje de una película de terror, el director Frank (Maurice Poli) decide celebrar una sesión de espiritismo para darle realismo a su película, algo perfectamente lógico. La médium Madam Yurich (Anna Maria Placido) no atrae a su benévolo espíritu guía sino a un espíritu malvado que responde al nombre de Jack, tal vez sea el espíritu de Jack, el destripador. Este espíritu posee a uno de los asistentes, lo que hace que se dedique a matar a los miembros del rodaje. El inspector Walter (Gino Concari), casualmente el amante de la actriz protagonista Jennifer (Patrizia Falcone), investiga los asesinatos, que coinciden con los asesinatos de otro maníaco que anda suelto por la ciudad.

Es posible que, si veis Massacre, algunas escenas os resulten familiares, ya que las escenas gore y algún momento erótico fueron reutilizadas para la película de Lucio Fulci A Cat in the Brain (Un gatto nel cervello, 1990). Fulci tenía acceso a las imágenes y pensó en reutilizarlas ya que Massacre formaba parte de una serie de películas de terror estrenadas directamente en vídeo, dos de ellas dirigidas por Fulci, unidas por el estandarte Lucio Fulci presents. La idea nació como algo parecido al Masters of Horror de Mick Garris, pensando utilizar directores con cierto peso dentro del género como Lamberto Bava, pero a medida que se fue reduciendo el presupuesto, el objetivo pasó a usar directores menos prestigiosos o que filmaban su primera película, excepto las dos dirigidas por Fulci y una dirigida por Umberto Lenzi. Esto explica el look televisivo de la película de Bianchi, cada película se rodó como si fuera el episodio de una serie.

Bianchi estaba acostumbrado a trabajar con presupuestos bajos, de modo que incluso con los limitados medios a su disposición consigue escenas y momentos logrados. Aunque no tan extravagante como sus películas más notables, Massacre ofrece la mezcla de momentos absurdos, brillantes e incompetentes que le dan a sus filmes ese toque peculiar y únicos que otros directores mediocres no saben otorgar a sus películas. Es decir, cuando utiliza una doble de cuerpo para una escena de sexo en la ducha, usa una actriz con el pelo distinto al de la actriz que dobla, lo cual te puede hacer gracia como muestra de simple incompetencia. Por otro lado, escenas como la de la sesión de espiritismo te hace pensar que Bianchi se lo está tomando todo a cachondeo. Y a esto se suma las escenas de asesinatos y acoso que funcionan en todos los niveles. No nos olvidemos tampoco de los momentos simplemente bizarros, que también encontramos en Massacre.

Lo peor que se puede decir de una película es que es aburrida, que no deja ninguna impronta en el espectador ya que solo despierta indiferencia. No sucede con Massacre, una película que puede que no esté a la altura de otras locuras del director, como su obra maestra La noche del terror (Le notti del terrore, Andrea Bianchi, 1981), pero que te mantiene entretenido, a ratos fascinado, de principio a fin.

 

4 may 2026

Bugie rosse

 


 

La década de los 90 del siglo XX fue un punto bajo para el giallo. Se producían pocos, estaban muy americanizados, la cualidad había bajado mucho así como los presupuestos. Pero eso no quiere decir que no se produjeran títulos interesantes y el éxito de películas americanas como Instinto básico (Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992) facilitó que se produjeran películas que de otro modo no habrían visto la la luz. Un ejemplo de esto es The Final Scoop (Bugie Rosse, Pierfrancesco Campanella, 1993).

Marco (Tomas Arana) es un periodista que, cuando se encuentra realizando un reportaje sobre el underground gay, tropieza con un asesinato. A riesgo de convertirse en el principal sospechoso de la policía y en el objetivo de un peligroso asesino, Marco continua investigando, obsesionado con encontrar al asesino. La investigación resulta tan inquietante para Marco como lo que está descubriendo sobre si mismo.

Pierfrancesco Campanella se inspiró en el caso real de un director de televisión asesinado en un ambiente gay. El éxito del hoy clásico Instinto básico de Paul Verhoeven ayudó a que encontrara financiación pero también le obligó a incluir algunas escenas eróticas, principalmente entre el protagonista Tomas Arana y Gioia Scola, que interpreta a la esposa del personaje Adria. Esto hace que Bugie rosse oscile entre la exploitation morbosa y la intención de representar con realismo el ambiente en que se mueven los personajes. Lo que hace que la película funcione es que este equilibrio se consigue, representando a unos personajes con sexualidad fluida en un época en que este concepto no existía, o se era hetero o se era gay y punto.

La película de Campanella muestra cierta influencia del clásico de William Friedkin A la caza (Cruising, 1980). La diferencia entre ambos radica en que mientras que en el film de Friedkin se muestra el viaje que inicia Al Pacino como un viaje hacia la oscuridad, es decir de forma negativa, el viaje del personaje que interpreta Tomas Arana se muestra de forma más positiva. De hecho, en el final original, que no fue filmado debido a la oposición de los productores que lo veían como demasiado fuerte, el personaje de Arana deja a su esposa e inicia una relación con uno de los hombres que conoce durante su investigación. Demasiado para la época, en el epílogo que sí se filmó Campanella logró transmitir su idea de forma algo más retorcida. A pesar de todo, la película no estuvo exenta de polémica en su momento, aunque hoy día cuesta de entender por qué.

Para la época en que fue concebido, Bugie rosse resulta un film moderno en la manera en que representa la sexualidad, a pesar de estar obligado a incluir algunos tópicos para apaciguar a los productores. Además, la historia de suspense funciona y es un título que destaca en una época en que no se produjeron muchos gialli que aportaran nada al género.

 

27 abr 2026

Murder in Blue Light (Omicidio a luci blu)

 


 

Murder in Blue Light (Omicidio a luci blu, Alfonso Brescia, 1992) es un giallo noventero; no el mejor momento del género pero, no obstante, se produjeron algunos títulos interesantes. Este film es un ejemplo, inspirado en películas americanas que habían triunfado en Italia, protagonizado por dos intérpretes entre populares y de culto como eran Florence Guérin y David Hess.

Starlet (Florence Guérin) es una popular modelo muy solicitada para promocionar marcas diversas. Por las noches, Starlet se transforma en Sherry, una prostituta que trata con clientes de gustos más que peculiares. Lo hace por una razón concreta personal, no por querer divertirse experimentando con la mala vida. Paralelamente, el subinspector Flanagan (David Hess) investiga los extraños y sangrientos asesinatos de un misterioso asesino, que tiene la costumbre de dejar una granada de juguete entre las piernas de sus víctimas.

En Italia, el clásico de Brian De Palma Doble cuerpo (Body Double, 1984) se estrenó como Omicidio a luci rosse. Con su mezcla de intriga y erotismo, es obvio que el film de De Palma se encontraba en la mente de los productores cuando pusieron en marcha el proyecto. Pero viendo la película, el film que más parece ser una influencia, si nos fijamos en el look de Sherry, la iluminación de algunas escenas y el tipo de prácticas sexuales que demandan los clientes es La pasión de China Blue (Crimes of Passion, Ken Russell, 1984). Esta influencia también está presente en que parece, por su descripción, una película con gran carga erótica, pero no es el caso. Por ejemplo, uno de los clientes pide que le golpeen el trasero como si fuera un niño que se ha portado mal y otro solo quiere ver a Sherry limpiando. Otra sorpresa del film es David Hess interpretando a un héroe, cuando era habitual verlo de villano.

Está claro que esta película fue concebida como un producto. Algo destinado a traer espectadores usando el éxito de otras películas. Además, su director era un habitual del cine exploitation comercial sin ninguna aspiración artística. A pesar de todo, el film funciona. Contiene suficiente detalles curiosos y secuencias interesantes como para contrarrestar su intención comercial y Brescia, que no era conocido por ello, también introduce florituras en la dirección. Murder in Blue Light resulta ser, contra todo pronóstico, un interesante título para los aficionados al género.


 


24 abr 2026

Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto)

 


 

De entre los excelentes (en su mayor parte) títulos que componen la filmografía de Dario Argento, Tenebre (1982) es uno de mis favoritos. Es tal vez por eso que me lo pasé tan bien con Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto, 1994), en la que el mercenario Bruno Mattei plagia sin vergüenza el film de Argento.

Giovanna Dei (Monica Carpanese) es una dibujante de cómics que se encuentra en el foco de la polémica cuando empiezan a tener lugar una serie de asesinatos  que imitan los que aparecen en su obra. Cuando el asesino le empieza a dejar morbosos presentes y a llamarla, queda claro que el misterioso asesino está obsesionado con ella. 

Mattei era un experto en apuntarse a cualquier género que fuese popular en el momento. Así que resulta algo sorprendente que no dirigiera un giallo hasta que el género estaba en su momento más bajo de popularidad. Posiblemente lo hiciera debido a la popularidad de los thrillers eróticos americanos en aquel momento, de hecho esta película se rodó al momento de terminar el rodaje de Dangerous Attraction (Attrazione pericolosa, Bruno Mattei, 1993) y por el título ya os podéis imaginar que tipo de película inspiró su producción.

Como hemos mencionado al principio, la película es un plagio de Tenebre. Pero es algo fácil de perdonar porque, primero, lo hace de manera tan desvergonzada que tiene su gracia, y, segundo, la película es entretenida de forma constante. No hay momento para el aburrimiento cuando incluso las escenas más "normales" están animadas con interpretaciones exageradas y exaltadas. Aunque, para ser justos, esto también puede que se deba al doblaje inglés. En todo caso, el nivel de diversión que ofrece la película es tan alto como bajo era el presupuesto. Como muestra, el inicio del film en una carrera de karts que, imagino, originalmente sería una carrera de coches. Pero la carrera de karts tiene una gracia surrealista que no tendría si la escena hubiese contado con una típica carrera de coches.

Mattei, hay que reconocerlo, tal vez hiciera imitaciones baratas de otras películas, pero no eran imitaciones ni pálidas ni aburridas. Madness es un perfecto ejemplo de su manera de hacer. Una película que, en manos de otro director, habría acabado siendo olvidada como una pobre copia de una obra maestra. Y lo que tenemos en cambio es una película que te mantiene enganchado para ver qué próxima escena delirante tendrá lugar.

26 sept 2025

La mansión de la niebla

 


 

La mansión de la niebla (Francisco Lara Polop, 1972) es café para los muy cafeteros. Una superviviente de la edad dorada del fantaterror español que mezcla distintos géneros para satisfacer a los aficionados a las historias con un toque gótico.

Elsa (Analía Gadé) es una empresaria que espera cerrar un importante negocio, acompañada de los Tremont (Yelena Samarina y Eduardo Fajardo), se dirige a reunirse con su marido Ernest (Alberto Dalbés). Porter (Franco Fantasia) está de viaje por la carretera y recoge a Laura (Lisa Leonardi), una atractiva autoestopista. Laura rechaza los avances de Porter y decide seguir viaje con el motorista Fred (Andrés Resino), que circula por la misma carretera. Todos estos personajes se pierden cuando la noche trae consigo una espesa niebla, de algún modo todos acaban llegando a una mansión en la que la misteriosa Martha Clinton (Ida Galli) les hace de anfitriona. Como os podéis imaginar, la noche estará llena de misteriosos sucesos y asesinatos.

La mansión de la niebla, conocida internacionalmente como Murder Mansion, es una coproducción italo-española que se produjo cuando el giallo italiano arrancaba con fuerza. Entonces, claro, no se era consciente de eso, solo que las películas de suspense producidas en Italia estaban cosechando mucho éxito internacionalmente. Por eso, la dirección de Francisco Lara Polop, un todoterreno del cine exploitation, y el guion de Luis G. de Blain y Antonio Troiso mezcla distintos elementos populares entonces. Es parte giallo, parte suspense clásico y parte terror gótico de ambientación contemporánea. Este cóctel tiene cosas positivas y negativas. Los aficionados disfrutarán con los elementos clásicos del suspense gótico, pero si están muy familiarizados con el género reconocerán enseguida las claves para desentrañar el misterio en el centro de la historia. Dicho esto, hay suficientes escenas y momentos propios del género como para mantener entretenido al fan: paseos por catacumbas, secretos familiares, cementerios sumergidos en la niebla y una dama en camisón explorando pasajes secretos iluminándose con una vela. También hay algo que para mí la hace interesante que es que mientras el espectador sabrá qué ha sucedido, para los personajes la historia permanecerá siendo un misterio.

Desde luego, este título no es ningún clásico, pero sirve para satisfacer el mono si ya se han visto los grandes títulos y uno se siente con ánimo de explorar los rincones más oscuros de la intersección entre el terror gótico y el giallo.

 

18 jul 2025

La muerte acecha en la pantalla



 

Leyendo críticos anglosajones que escriben sobre el giallo, te puedes encontrar una noción bastante extendida según la cual solo se consideran auténticos gialli las producciones italianas. Es una opinión que siempre me ha parecido tremendamente absurda, principalmente porque los géneros y los estilos no tienen nacionalidad. Tienen lugar de origen, pero no nacionalidad. Es como decir que las películas del oeste de Sergio Leone no son auténticos westerns porque no son americanos. Otro argumento en contra es que gran parte de los gialli fueron coproducciones entre diversos países, para asegurar así una distribución internacional. Muchas de estas coproducciones eran entre España e Italia, países cercanos y que en aquel momento pasaban por momentos sociales parecidos. Lo que nos lleva al ejemplo que para mí hace más obvia que la idea de que solo se puede considerar un auténtico giallo una película enteramente italiana: los que fueron dirigidos por Luciano Ercoli. Ercoli estaba casado con Nieves Navarro, una actriz española que entonces usaba el nombre Susan Scott al aparecer en producciones internacionales. Debido a su matrimonio con Navarro, Ercoli estableció su pequeña productora en España, para luego trabajar en Italia, Inglaterra o donde fuera necesario. ¿Eran sus películas italianas o españolas? Realmente no importa, eran de Luciano Ercoli, eso es lo que importa. En su carrera como director dirigió tres gialli, siendo su díptico La muerte camina con tacón alto (La morte cammina con i tacchi alti, 1971) y La muerte acaricia a medianoche (La morte accarezza a mezzanotte, 1972) grandes títulos dentro del género.

La muerte camina con tacón alto fue la segunda película que dirigió Luciano Ercoli, tras debutar en el largo con Días de angustia (Le foto proibite di una signora per bene, 1970). Las dos son gialli pero concebidas antes de que la fiebre por el género explotara tras el estreno de El pájaro de las plumas de cristal (L'uccello dalle piume di cristallo, Dario Argento, 1970). El éxito del clásico de Argento transformó completamente el género, como si lo hubiera inventado para un nuevo público, lo que provocó que surgieran muchos imitadores. La muerte camina con tacón alto, sin embargo, no es una pálida imitación. Todo lo contrario, tiene una personalidad propia moviéndose dentro del género con un estilo clásico e innovador a un tiempo.

Nicole Rochard (Nieves Navarro) trabaja como bailarina de striptease en París y su padre es un notorio ladrón que ha robado una fortuna en diamantes. Un misterioso encapuchado va tras esta fortuna y, tras haber asesinado a Rochard, acosa a Nicole para que confiese dónde se ocultan los diamantes. Nicole pide ayuda a su amante Michel Aumont (Simón Andreu), pero, tras una discusión, queda claro que Michel no será de mucha ayuda. Desesperada, Nicole decide irse a Londres con el doctor Robert Matthews (Frank Wolff), un hombre atrapado en un matrimonio infeliz que se ha enamorado de Nicole. Pero el peligro sigue a Nicole por más lejos que se vaya.

El film de Ercoli presenta una trama propia del género policíaco, pero estructurado de forma peculiar. El asesinato central sucede a mitad de película, momento en que entra en escena el inspector Baxter (Carlo Gentili). Este es un personaje clásico, un poco al estilo de los investigadores peculiares que muy pronto se harían famosos en televisión como Colombo o Kojak. Esto hace que La muerte camina con tacón alto sea un título de transición entre el thriller habitual que seguía las directrices del estilo americano, francés y alemán, y el giallo de estilo puramente italiano. Con una dirección elegante sin demasiadas florituras, pero sin dejar de lado las innovaciones visuales de la época.

Ercoli ofrece un film de corte clásico, con secuencias que anuncian los excesos que estaban por llegar. Esto hace que algunos que busquen algo al estilo "argentiano" puede que se queden algo desorientados ante una película que sigue más el estilo de las novelas de intriga de la época. Pero hay mucho que apreciar en esta película aunque no tenga un bodycount al estilo de otros títulos de la época.

 

 


 

Tras el éxito de La muerte camina con tacón alto, no tardó en llegar La muerte acaricia a medianoche. Ercoli trajo de vuelta en el reparto, además de a Navarro/Susan Scott y a Simón Andreu como protagonistas, a Carlo Gentili, interpretando a otro inspector, a Claudie Lange y al experto en personajes pervertidos Luciano Rossi.

La película muestra la influencia de los cambios en el género con unas escenas más violentas y sangrientas, pero resulta refrescante que Ercoli no renuncia a construir un giallo siguiendo su propio estilo, sin caer en la simple imitación. Y lo hace con un argumento que presenta un desafío interesante para los cineastas, mostrar al asesino al inicio y mantener el suspense intacto. La modelo Valentina (Navarro) se deja convencer por su amigo periodista Gio Baldi (Andreu) para protagonizar un reportaje en el que probará una nueva droga, con la promesa de que ni su nombre ni su rostro aparecerá en el artículo. Mientras se encuentra bajo los efectos de la droga, Valentina es testigo de un asesinato en el edificio de enfrente. Por supuesto nadie la cree y, además, nadie se la toma en serio porque Gio la engañó y tanto su rostro como su nombre se utilizan en el artículo. Cuando el asesino empieza a seguirla, Valentina tendrá que desentrañar el misterio tras el asesinato antes de que el asesino la calle para siempre.

Navarro impregna a su personaje de una gran energía y personalidad, ayudada por Ercoli, su marido, que al igual que en la anterior película no le hace un plano malo. Andreu encarna a la perfección a este periodista sórdido y encantador, un tipo de personaje que le iba muy bien al actor. Navarro y Andreu tienen una gran química juntos, lo que hacen de este un giallo tan divertido como cargado de suspense. Y violento, como ya he dicho, con momentos en que Ercoli cubre la pantalla de sangre, literalmente.

La muerte acaricia a medianoche tiene un ritmo más rápido y ligero que el de Camina con tacón alto, pero su historia es también bastante intrincada. La manera en que se desarrolla hace que este sea un film más entretenido que el anterior, con un Ercoli que parece cada vez más en dominio de la cámara. De los dos, este es, para mi gusto, el título superior. Coge los elementos más atractivos del género y los sirve de manera única y personal, lo que es de agradecer sobre todo si has visto muchas películas de este estilo.

  

 


 

Luciano Ercoli solo dirigió dos películas con el título La muerte... pero eso no impidió que otros aprovecharan el tirón de estas películas para aumentar el atractivo comercial de sus producciones. Como ejemplo aquí tenemos La muerte desciende ligera (La morte scende leggera, Leopoldo Savona, 1972).

Giorgio Darica (Stelio Candela) llega a casa, tras un largo viaje, y se encuentra a su esposa asesinada. Temeroso de que la policía lo crea culpable, huye y pide ayuda al magistrado Magrini (Fernando Cerulli) para que le cree una coartada. Darica no puede decir a la policía dónde se encontraba, ya que no era una actividad legal, y podría exponer al magistrado y otros hombres poderosos. La solución la proporciona otro implicado en la conspiración, el abogado Savara (Tom Felleghy), que sabe de un hotel vacío en el que puede refugiarse Darica hasta que se solucione el asesinato de su esposa. Allí Darica se instala con su amante Liz (Patrizia Viotti). Pero al poco de instalarse extraños sucesos tienen lugar que hacen que Darica se cuestione su cordura.

Aquellos que conozcan el sketch de los Monty Python "Confundir a un gato" entenderán lo que quiero decir cuando explico que me sentí como el gato protagonista de ese sketch viendo esta La muerte desciende ligera. Lo cual es algo positivo para mí, después de tanto tiempo viendo películas de este estilo siempre es agradable descubrir que todavía hay sitio para la sorpresa. Y no es que esta película tenga un argumento particularmente original, todo lo contrario, es fácil de suponer por dónde avanzará la trama, pero es su ejecución lo que sorprende.

El proyecto tiene todo el aspecto de que se puso en marcha porque los cineastas tenían acceso a un hotel vacío durante unas semanas y aprovecharon la oportunidad para rodar la película. Esto le da una cualidad improvisada al guion, de nuevo algo que podría ser negativo en este caso es algo positivo. La historia arranca como un giallo típico, el inocente que huye para no ser acusado de asesinato, luego parece ser un thriller paranoico que tan del gusto era en los 70 del siglo XX. Finalmente se convierte en un híbrido de gótico y policial, con toques curiosos como escuchar en ocasiones lo que piensan los personajes. Así, el film supera sus limitaciones y se las arregla incluso para colar algo de crítica política en su rocambolesca historia. Por supuesto, aquellos que no soporten que una película carezca de lógica o que necesitan que las películas que ven tengan sentido, seguramente no disfrutarán con este film. Pero si sois más como yo, que creéis que en ocasiones la lógica está sobrevalorada, y os gusta el cine de género setentero, dadle una oportunidad al film de Savona.

 

 

 


 

Pasos de danza sobre el filo de una navaja (Passi di danza su una lama di rasoio, Maurizio Pradeux, 1973) tampoco tiene absolutamente nada que ver con las películas de Luciano Ercoli aquí comentadas, pero creo que es una manera divertida de acabar este artículo con otra película sin Ercoli pero con Susan Scott. Da, además, una idea del éxito de estas películas el hecho de que en países de habla inglesa Pasos de danza sobre el filo de una navaja se estrenó como Death Carries a Cane, traducido: La muerte lleva bastón, en un intento de atraer al espectador despistado y hacerle pensar que era otra película de la serie. La maniobra tenía sentido ya que una de las protagonistas del film de Maurizio Pradeux es Navarro alias Susan Scott, y también aparece Simón Andreu en un rol secundario. La reunión de veteranos de Ercoli se completa con Luciano Rossi en uno de sus habituales roles como personaje sórdido y sospechoso . Así, aunque no tiene nada que ver el díptico de La muerte... de Ercoli pensé que sería divertido añadirla como bonus track.

Mientras espera que llegue su novio Alberto (Robert Hoffman), Kitty mira por un telescopio a monedas el paisaje urbano, siendo testigo de un brutal asesinato. Cuando va a la policía, el inspector Merughi (Jorge Martín con el nombre George Martin) no se acaba de creer su testimonio, pero luego descubre que el crimen puede que esté relacionado con otros asesinatos que investiga. El inspector empieza a sospechar de Alberto, así que este debe demostrar su inocencia con su propia investigación, mientras los cadáveres se empiezan a acumular a su alrededor.

El contraste entre el film de Maurizio Pradeux y los de Ercoli es bastante pronunciado. Mientras Ercoli rodó sus guiones con estilo, clase y personalidad propia, Pradeux se regocija en los elementos más explotables del giallo: crímenes sangrientos y generosas dosis de erotismo. Un enfoque que hace que el film de Pradeux funcione a otro nivel del de los de Ercoli o de otros grandes del género como Dario Argento, Mario Bava o Lucio Fulci. El desarrollo de la trama pasa a segundo plano mientras se acumulan las escenas de suspense salpicadas de desnudos gratuitos, lo que trabajado con savoir faire hace que el film sea constantemente entretenido. La resolución es satisfactoriamente absurda, de modo que aunque se sigue la fórmula sin mucha imaginación el resultado es muy notable.

 

27 jun 2025

Fatal Frames - Fotogrammi mortali

 


 

Me gustaría invitaros a un club muy selecto. Selecto en el sentido de que es muy, muy reducido pero aceptamos a cualquiera. El único requisito es saber apreciar los extraños placeres que ofrece Fatal Frames - Fotogrammi mortali (Al Festa, 1996). Un peculiar giallo realizado por un colaborador de Bruno Mattei y Claudio Fragasso, para que os vayáis haciendo a la idea de que no se trata de una obra maestra en el mismo sentido que una película de Dario Argento puede ser una obra maestra. Es única de manera única.

Alex Ritt (Rick Gianasi) es un director de videoclips que decide aceptar un trabajo en Italia para superar la depresión que arrastra desde que su novia fuera asesinada en su apartamento. Al llegar a Roma conoce a la estrella pop con la que va a trabajar, Stefania Stella (Stefania Stella) una diva italiana que aspira a entrar en el mercado americano. El rodaje arranca, pero al poco Alex es testigo de un asesinato, lo único que queda de la víctima es una cinta de video dejada por el asesino. Pronto, las cintas y los asesinatos se multiplican, lo que hace que Alex sienta que el asesino juega con él, mientras el inspector Bonelli (David Warbeck), al frente del caso, sospecha que Alex oculta demasiados secretos.

 Sobre el papel, Fatal Frames puede parecer el un giallo típico, pero ya el año en que se estrenó indica que de típico tenía poco. Para mediados de los 90 del siglo XX, la industria del cine de género en Italia había implosionado, los pocos supervivientes se habían pasado a la televisión o al mercado del directo a video. La excepción, claro, era Dario Argento, aunque también los recursos que había tenido a su disposición en el pasado ya no estaban disponibles y trabajaba con presupuestos más ajustados. Por eso Fatal Frames se planteó como un evento, un homenaje al giallo del pasado. De ahí que gran parte de su reparto estuviera constituido por estrellas internacionales del género haciendo cameos: Linnea Quigley, Alida Valli, Angus Scrimm, Donald Pleasence y David Warbeck hacen acto de presencia (Warbeck con un papel más extenso comparado con los cameos del resto), que incluía también nombres ya más conocidos dentro del cine italiano como Ciccio Ingrasia. Pero tanto cameo hincha la historia con personajes que aparecen sin consecuencia para la trama principal. Angus Scrimm tiene una única escena en la que hace un breve monólogo al estilo Hombre Alto, mientras que Donald Pleasence aparece en tres escenas interpretando a un experto criminalista, pero que tampoco aporta nada a la trama. Esto tiene su origen en que el film se empezó a rodar en 1993, se canceló debido a falta de fondos para luego reanudarse un par de años después cuando Pleasence ya había fallecido. Por eso mismo, el policía que interpreta Warbeck cubre el hueco de los personajes que no podían volver, lo que crea distintas inconsistencias pero le dan un toque extraño e innecesariamente complicado que forma parte del encanto del film.

Aparte del reparto de estrellas, los protagonistas del film son actores entonces desconocidos y que hoy día lo siguen siendo. Actores como Rick Gianasi y Leo Daniel, que junto a otros miembros del reparto hacen evidente que el pelo largo estaba de moda entonces: todos lo llevan de la misma manera. Pero el nombre más destacado es el de Stefania Stella, productora también del film y esposa del director. Es exagerada y exuberante como una típica diva pop italiana, resulta inexpresiva y exagerada al mismo tiempo, en ocasiones en la misma escena. Este peculiar estilo de interpretar es más obvio en una escena, que me hizo reír y me convenció de que esta era una película única, en la que a la actriz se filmó en otro momento y otro set que al resto de actores, utilizando una doble en los planos generales. Se nota mucho porque se utiliza el mismo fondo en el primer plano de Stella, mientras que las escenas transcurren en lugares distintos. Al Festa se encargó de componer también la banda sonora y las canciones de Stella, una especie de italo-dance noventero, un poco al estilo Locomia, que podríais escuchar en los chiringuitos de playa de la época. Stella es el personaje más destacado de la película, aunque solo sea por ser la cantante más egocéntrica de la historia: toda su casa esta decorada con fotos suyas promocionales, las sábanas también tienen su cara impresa e incluso en la escena de sexo con el protagonista, en el dormitorio se emiten videoclips suyos para que pueda contemplarse mientras lo hace.

Fatal Frames es uno de los títulos del género en los que es más fácil adivinar quién es el asesino y sus motivos, más que nada porque en las escenas en las que se supone que habla con la policía Festa no se molesta en disfrazar demasiado la voz del culpable. A pesar de ello, no deja de entretener. Festa rueda la película como si fuera uno de sus videoclips, sin diferencia entre las escenas oníricas y las "reales". El director nos presenta un mundo exagerado y falso, en el que nadie reacciona o habla como lo hacen los seres humanos. La cumbre es cuando llega uno de los momentos más absurdos de la historia del género: un excitado inspector Bonelli descubre que, debido a un error del asesino, lo podrán identificar por... ¡su sombra! Este momento absurdo nos hace entender porque todos los personajes no estrellas de serie B llevan el mismo peinado.

Al Festa nos regaló un homenaje al giallo que parece un sueño febril. Los momentos absurdos y demenciales se van acumulando hasta la conclusión. Puede que sepas quién es el asesino al poco de empezar, pero el director atrapa con mayores misterios: qué nuevo absurdo sucederá en pantalla, quién hará acto de presencia para desaparecer luego, qué sentido tiene la historia... Al Festa empezó en el cine de la mano de Bruno Mattei y Claudio Fragasso, este film hace obvio que aprendió de los maestros del cine trash italiano cómo hacer que una película sea entretenida sin necesidad de lógica o sentido común.

 

11 abr 2025

Tráfico de menores (Enigma rosso)

 


 

En el artículo sobre la trilogía Bajo el vestido, nada explico que el giallo no es un género dado a secuelas y continuaciones. Lo que encontramos son trilogías temáticas, como la trilogía animal de Dario Argento, que lo único que comparten es que se nombra un animal en el título, sin otro punto en común. El director Massimo Dallamano construyó también lo que tenía que ser una trilogía personal, con el tema en común de "adolescentes en peligro". Dallamano falleció antes de poder completar el que iba a ser el tercer título, Alberto Negrin acabó siendo el director de Tráfico de menores (Enigma rosso, 1978).

El cadáver de la joven Angela Russo aparece envuelto en plástico en la orilla de un rio. El inspector Gianni Di Salvo (Fabio Testi) se encarga de la investigación, centrándose en las amigas de Angela Virginia (Silvia Aguilar), Paola (Caroline Ohrner) y Franca (Taida Urruzola). Las cuatro formaban un grupo que era conocido en el colegio como "las inseparables". A medida que Di Salvo investiga se hace evidente que las muchachas estaban envueltas en algo turbio, algo que está provocando muchas muertes alrededor del caso y que ellas estén amenazadas por alguien que se identifica como Némesis.

El productor Leo Pescarolo estaba interesado en resucitar el éxito de ¿Qué habéis hecho con Solange? (Cosa avete fatto a Solange?, Massimo Dallamano, 1972) con una película que fuera una secuela o un remake, por ello acudió a Dallamano para involucrarlo en el proyecto. Dallamano ya había dirigido Corrupción de menores (La polizia chiede aiuto, 1974), en principio no estaba entusiasmado por volver a tratar otra vez el mismo tema. El director se encontraba entonces enfermo de cáncer de pulmón, lo que tal vez explica su desilusión con el cine y su poco interés en volver al mismo tema otra vez. El productor Pescarolo, cínicamente, le pidió al guionista Franco Ferrini que siguiera trabajando en el guion, ya que se imaginaba que Dallamano no acabaría el proyecto debido a su delicada salud. Pescarolo, tras la muerte de Dallamano, eligió como director a Alberto Negrin, un director que se ha centrado casi exclusivamente en la televisión, eso sí dirigiendo grandes miniseries y telefilmes de prestigio. Negrin estaba interesado en hacer algo para el cine y le atraía la idea de hacer un giallo incluyendo algún toque social. Por otro lado, cabe mencionar que la película se rodó en España, así que nos encontramos diversos rostros familiares para los aficionados al fantaterror en el reparto como Helga Liné, Jack Taylor y Silvia Aguilar.

No sabremos nunca cómo habría sido la versión de Dallamano de Tráfico de menores, pero en la versión que finalmente se estrenó se pueden reconocer elementos argumentales tanto de Solange como de Corrupción de menores. El grupo de amigas que esconde un secreto y otros detalles que revelarían demasiado de la trama provienen de Solange, mientras que el policía protagonista y el tono y estilo más oscuro y sórdido provienen de Corrupción de menores. Por supuesto, se repiten las escenas de duchas en vestuarios que aparecen tanto en Solange como en Corrupción de menores. Pero a la dirección de Negrin la falta la energía de Dallamano, lo que hace que visualmente no esté tan conseguida como las dos películas precedentes. Otro problema fue que la falta de presupuesto hiciera que el rodaje se tuviera que interrumpir y finalizar luego rápidamente, dejando algunos detalles de la trama sin explicar debido a que no se pudieron rodar las escenas necesarias para hacerlo.

Pero a pesar de sus defectos, Tráfico de menores es un giallo por lo menos entretenido. No se puede comparar con los grandes clásicos del género, claro, pero no deja de tener mérito. Sus 85 minutos de duración se pasan bastante rápido y su conclusión es bastante memorable, a pesar de los cabos sueltos mencionados. No es un film para el espectador casual, pero sí que resultará efectivo para los fans del género que necesiten su dosis de giallo. 


28 mar 2025

Trilogía giallo: Bajo el vestido, nada

 


 

Las secuelas y franquicias dentro del giallo son bastante raras, prácticamente inexistentes. Posiblemente debido a que no es un género que de para continuaciones, con la excepción de trilogías temáticas como la de "adolescentes en peligro" formada por ¿Qué habéis hecho con Solange? (Cosa avete fatto a Solange?, Massimo Dallamano, 1972), Corrupción de menores (La polizia chiede aiuto, Massimo Dallamano, 1974) y Tráfico de menores (Enigma rosso, Alberto Negrin, 1978). Dario Argento quiso que El jugador (Il cartaio, 2003) fuera una continuación de las aventuras de la inspectora introducida en El arte de matar (La sindrome di Stendhal, Dario Argento, 1995), pero cuando Asia Argento no participó en El jugador se desechó la idea. Por eso resulta una rareza la trilogía de películas en las que se centra este artículo, películas que comparten título y temática, todas ellas se centran en el lado oscuro de la vida las modelos.

Bajo el vestido, nada (Sotto il vestito niente, Carlo Vanzina, 1985) arrancó como un proyecto del productor Achille Manzotti. La idea de Manzotti era realizar una película basada en la novela de Marco Parma (pseudónimo de Paolo Pietroni) Sotto il vestito niente, que había tenido un polémico éxito por el retrato que hacía del mundo de la moda en la Italia de los 80 del siglo XX. Nadie quedaba bien en el libro que utilizaba la muerte de una modelo como punto de partida para su acoso y derribo del ambiente en que se movían diseñadores y modelos. El provocador título tenía un doble sentido, el erótico y una despectiva y misógina manera de referirse a las modelos, insinuando que son poco más que trozos de carne. Manzotti le llevó el proyecto inicialmente a Michelangelo Antonioni, que lo rechazó si bien indica que Manzotti no quería una película barata de serie B. El proyecto llegó entonces a Enrico y Carlo Vanzina, una pareja de hermanos que cosechaban grandes éxitos en la taquilla italiana produciendo películas comerciales muy populares. Los hermanos Vanzina se habían especializado en las comedias, pero hacía poco se habían estrenado en el cine de suspense con Mystére (Carlo Vanzina, 1983), una película protagonizada por Carole Bouquet que mezcla el giallo, el thriller tradicional y el cine de espías de forma efectiva y entretenida.

Con la colaboración del guionista Franco Ferrini, colaborador de Dario Argento, los hermanos Vanzina crean una historia que conserva el título de la novela de Manzotti y poco más, inspirándose en un caso real sucedido en Milán y en los recursos del giallo clásico, que estaba ya desapareciendo de las taquillas italianas. Además, los guionistas le añadieron un pequeño toque fantástico a la historia. En la película, Bob Crane (Tom Schanley) es un ranger que trabaja en Wyoming cuya hermana gemela, Jessica (Nicola Perring), trabaja como modelo. Bob tiene una visión en la que ve a alguien que intenta asesinar a Jessica, lo que hace que no tarde nada en coger un avión y plantarse en Milán para asegurarse de que su hermana se encuentra bien. Pero, cuando llega al hotel en que se hospeda Jessica, descubre que ésta ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Como buen protagonista de un giallo, Bob empieza su propia investigación en la que se interesa el comisario Danesi (Donald Pleasence) cuando los cadáveres empiezan a acumularse. Bob también establece una relación con Barbara (Renée Simonsen), una modelo que le ayuda a introducirse en el mundo de la moda de Milán.

El único detalle realmente extraño de la película es que Bob recibe la visión desde el punto de vista del asesino, un detalle que junto al ambiente en que se centra el film recuerda a  Ojos (Eyes of Laura Mars, Irvin Kershner, 1978), una película que podríamos clasificar de giallo a la americana, así como la banda sonora de Pino Donaggio nos hará pensar en Doble cuerpo (Body Double, Brian De Palma, 1984). Pero se ha de reconocer que, a pesar de estos detalles más o menos familiares y que tener modelos como protagonistas ha sido la base de multitud de gialli empezando con Seis mujeres para el asesino (6 donne per l'assassino, Mario Bava, 1964), Carlo Vanzina logra crear un film que funciona a la perfección. Todo lo que el fan le pide al género está ahí, incluidos los asesinatos vistosos (si bien no demasiado, ya habían quedado atrás los excesos de los 70 sustituidos por otros excesos de los 80), y secuencias cargadas de suspense. Una de estas secuencias tiene lugar en un desfile que organizó Moschino. Temiendo que la película sería una adaptación fiel de la novela, las casas de los diseñadores se negaron a colaborar con el film, el único que lo hizo fue Moschino. Fue una jugada inteligente, la película fue un tremendo éxito de taquilla que le hizo un montón de publicidad gratuita al diseñador. Otro detalle único del film para la época y el momento del género, es que en la banda sonora, además de la música de Donaggio, también incluye diversos éxitos ochenteros populares entonces, algo que ahora es habitual pero entonces no lo era en el cine de género italiano.

Como ya hemos mencionado, Bajo el vestido, nada no es tan cruel y violenta como los títulos que se estrenaron durante los 70, pero teniendo en cuenta los títulos estrenados durante los 80, dejando de lado los de Dario Argento que iba a su bola, es un título que destaca dentro del periodo. Los giros argumentales están bien pensados y mantiene la intriga hasta el final. Una pequeña delicia.

 


 

Bajo el vestido, nada fue un tremendo éxito de taquilla, así que el productor Achille Manzotti le pidió a los Vanzina una secuela, pero los hermanos no estaban interesados. Manzotti entonces buscó otro director que le diera un toque único al film como había hecho Carlo Vanzina, decidiéndose por un director con un fuerte sentido visual desarrollado en la publicidad. Así nació Demasiado bellas para morir (Sotto il vestito niente II, Dario Piana, 1988), una secuela temática cuya trama también tiene su punto de partida en un aspecto sórdido del mundo de la moda. Una secuela en Italia, en el resto del mundo se estrenó como un film independiente.

Sylvia (Gioia Scola) es una joven modelo que acude, sin sospechar nada, a una fiesta que da Alex Conti (Giovanni Tamberi), el propietario de la agencia para la que trabaja. Lo que ella no sabe es que Alex le ha prometido a un sórdido empresario que podrá hacer con ella lo que quiera. Por ese motivo Sylvia es violada mientras sus supuestas compañeras la traicionan y la mantienen sujeta para el pervertido. Tras marchar corriendo, Sylvia desaparece y su cuerpo sin vida es descubierto al día siguiente. Entonces, cada una de las personas que participaron en la fiesta es asesinada por una misteriosa figura enmascarada, mientras trabajan en el rodaje de un videoclip. Estos asesinatos coinciden con la llegada de Melanie (Florence Guérin), una nueva modelo. ¿Puede que esté implicada? Es algo que tendrá que averiguar el inspector Brandam (François Marthouret).

Demasiado bellas para morir es un curioso híbrido de giallo y slasher, haciendo evidente la influencia de un género sobre el otro. El asesino/a/e ataca usando un vistoso y aparatoso cuchillo de múltiples hojas, que se supone es utilizado en el videoclip de estética Mad Max que se rueda dentro de la ficción, y lleva una máscara que representa el rostro anónimo de una modelo. Dario Piana se centra en crear una película muy estilizada, con un fuerte sentido estético. Lo que antes se denominaba negativamente "estética de videoclip" y que es algo que hoy día se dice de forma positiva, ya que es lo que le otorga personalidad al film. Además, hizo como la primera entrega y llenó la banda sonora de canciones de la época de bandas populares entonces como Frankie Goes To Hollywood, TOTO y Huey Lewis and the News. Aunque no son las mejores canciones de estas bandas, precisamente. Por otro lado, la fuerte estilización ochentera y la banda sonora me hizo pensar en Obsession: A Taste for Fear (Pathos - Segreta inquietudine, Piccio Raffanini, 1987), tal vez también porque en ambas aparece la actriz Gioia Scola.

La suma del festival visual, tanto por el diseño como por el reparto, y la hibridación de géneros hace de esta una película que no fallará en complacer a los fanáticos del género. Un placer que hará que uno no se fije en los fallos de la película, como que no tiene un protagonista claro al que seguir y que las escenas con la policía son bastante sosas y rutinarias. Esta secuela es un ejemplo de que a veces, que algo sea todo superficie y nada de sustancia no tiene que ser algo malo necesariamente.

 


 

Y llegamos a la conclusión de esta trilogía con Bajo el vestido, nada: El último desfile (Sotto il vestito niente - L'ultima sfilata, Carlo Vanzina, 2011). Estrenada 26 años después de que se estrenara la primera entrega.

Alexandra Larsson (Alexandra Burman) es una famosa modelo que trabaja exclusivamente para el diseñador Federico Marinoni (Richard E. Grant). Tras un exitoso desfile, Alexandra muere atropellada por un conductor que se da a la fuga y el inspector Vincenzo Malerba (Francesco Montanari) sospecha que ha sido asesinada, conectando su muerte con un antiguo caso que también afectó a una modelo que trabajaba para la casa Marinoni. Mientras, Federico, con el cuerpo de Alexandra todavía caliente, manda a su asistente Heidi (Claudine Wilde) que le busque una sustituta para su modelo estrella rápidamente. La escogida es Brigitta Olsen (Vanessa Hessler), una recién llegada que verá cómo su sueño se transforma en pesadilla cuando empieza a descubrir el lado oscuro de la moda. Además, es posible que se convierta en la nueva víctima del misterioso asesino que acecha la casa Marinoni.

Gran parte del equipo que creó la primera Bajo el vestido, nada regresó en esta tardía secuela. Los hermanos Vanzina regresaron como productores y guionistas junto a Franco Ferrini y Carlo Vanzina repitió como director. Sin embargo, el cine italiano ya no era el mismo que cuando los Vanzina dominaban la taquilla italiana. Trabajando con un presupuesto más ajustado, Carlo Vanzina dirige un giallo con una aspecto muy influenciado por las películas y series americanas contemporáneas. Hay más énfasis en las pruebas forenses, lo que significa que a última hora llega un informe forense que da la pista definitiva sobre el caso como sucede en infinitos ejemplos de películas y series de TV, y no hay toques fantásticos o delirantes como había en el género en los 70 y primeros 80. Eso no significa que sea una mala película, todo lo contrario. Simplemente que es un efectivo thriller en el que están ausentes los elementos propios del giallo que lo hacen un género especial.

En su favor, en su film ágil que dura poco más de hora y media. El reparto cumple bien su función y la dirección de Vanzina es efectiva a la hora de mantener el suspense, si bien no es muy difícil adivinar quién es la persona culpable de los asesinatos. En esta tercera entrega encontramos también guiños al origen literario de la primera entrega y la banda sonora de Pino Donaggio retoma en clave techno el tema principal de la banda sonora de la primera entrega, a su vez una especie de reinterpretación del tema Telescope de la banda sonora de Doble cuerpo que escribió el propio Donaggio.

Bajo el vestido, nada: El último desfile es un film que, posiblemente, no de al aficionado al giallo lo que busca en un título del género, pero es también el más accesible y "normal" de los tres sin dejar de ser entretenido.

22 nov 2024

El futuro ya no es lo que era: Pathos - Segreta inquietudine

 


 

Hace diez años, en este mismo blog, escribí una reseña de Obsession: A Taste for Fear (Pathos - Segreta inquietudine, Piccio Raffanini, 1987). La reseña leída hoy día me parece bastante mala, así como entonces tenía una opinión bastante pobre de esta película. Pero mi opinión se basaba en haber visto Pathos en una terrible copia en VHS, el audio era malo pero la imagen era peor: no solo era un máster que oscurecía bastante la imagen, estaba recortada para adaptarla a las antiguas televisiones cuadradas. Ahora, gracias a Vinegar Syndrome, he podido ver esta película lo más cerca posible de cómo se estrenó en cines ya que el este sello la ha incluido en su pack Forgotten Gialli vol. 7.

El argumento de Obsession: A Taste for Fear recuerda bastante al de Ojos (Eyes of Laura Mars, Irvin Kershner, 1978): Diane (Virginia Hay) es una famosa fotógrafa especializada en obras polémicas con un fuerte componente erótico. Cuando desaparece Teagan (Teagan Clive), una de las modelos con las que ha trabajado, Diane descubre que se ha convertido en la obsesión de un asesino que se dedica a asesinar a las personas de su entorno y enviarle vídeos de los crímenes. ¿Podrá descubrir quién es el asesino antes de que ella se convierta en su última víctima?

El argumento es bastante estándar, pero lo que no es estándar es su ambientación, ya que la película transcurre en una ciudad sin especificar en algún momento del futuro. Por supuesto, vista hoy día no resulta futurista, sino más bien como una versión desmadrada de la imagen que se tiene de los años 80 del siglo XX. Pero eso no le quita interés a la película, todo lo contrario. Ahora se puede apreciar los esfuerzos de Piccio Raffanini en darle una estética única al film. Raffanini fue un pionero en Italia en la dirección de videoclips y aplica lo aprendido en su experiencia en cada plano. También se cuida mucho la banda sonora, con canciones que sorprende consiguieran los derechos para utilizar.

Ver esta película cómo se había hecho en el pasado era como no verla. Aquello que la hace peculiar e interesante no se podía apreciar. Sigue siendo una película con problemas, hubo tensión entre el director y el estudio que quería hacer algo más convencional. Y ya he mencionado que el guion no es nada del otro mundo. Pero el mundo que presenta es fascinante y consigue de este modo mantener el interés.

Durante mucho tiempo Pathos estuvo desaparecida. No fue un éxito de taquilla ni cuenta con grandes estrellas en papeles destacados. Era bastante extraña para la época en que se realizó, por eso hoy día resulta interesante. El reparto es también hoy día bastante interesante, aparte de Virginia Hay, nos encontramos nombres con atractivo para el espectador aficionado al cine de culto como Gioia Scola.

Esta es una película divisiva. Es decir, hay gente que la apreciará y otros que la odiarán, pero por lo menos serán opiniones basadas en la película vista como se merece. El tráiler parece de otra película porque no cuenta nada de lo que trata realmente Obsession.


29 mar 2024

Play Motel

 
 
¿Buscando algo sórdido? ¿Buscando algo perverso? ¿Buscando algo que te dé ganas de darte una ducha después de verlo? He aquí Play Motel (Mario Gariazzo, 1979), una película que solo se puede ver de noche.

Roberto (Ray Lovelock) y Patrizia (Anna Maria Rizzoli) son un matrimonio que decide experimentar yendo a pasar unas horas a un "hotel para parejas". Cuando están regresando descubren que alguien ha colocado el cadáver de una mujer en el maletero de su coche. Implicados de esta manera, Roberto y Patrizia serán reclutados por el comisario De Sanctis (Anthony Steffen) para investigar una trama de chantajes y asesinatos que tienen el Play Motel como origen.

Play Motel se estrenó en las pantallas italianas cuando el giallo había perdido popularidad entre los espectadores debido al gran número de títulos estrenados durante los 70, la excepción eran las películas de Dario Argento que continuaban siendo éxitos de taquilla. Para atraer a más espectadores, películas como Play Motel mezclaban el giallo con otros géneros. En este caso, se le añadieron unas gotas de poliziotteschi (thrillers policiales a la italiana) y bastante erotismo. Por si eso fuera poco, se hizo otra versión a la que se le añadieron insertos pornográficos. Estos insertos fueron realizados a instancia de los productores sin que el director ni el reparto supiera nada. Mario Gariazzo se mostró muy ofendido cuando lo descubrió (se entiende más sabiendo que Gariazzo había dirigido principalmente melodramas para toda la familia) y también se lo tomaron mal la pareja protagonista, Ray Lovelock y Anna Maria Rizzoli, especialmente Rizzoli ya que podía afectar muy negativamente a su reputación como actriz si daba la impresión que había participado voluntariamente en una película porno.

Esta costumbre de la doble versión con insertos porno era bastante común en la época. Pero mientras se puede entender, hasta cierto punto, que se añadieran en una película como Malabimba (Posesión de una adolescente) (Malabimba, Andrea Bianchi, 1979), que era una película principalmente erótica, en Play Motel están fuera de sitio, aunque haya más escenas sexys de lo que era habitual en el género. Pero, por el argumento solo, lo cierto es que Play Motel es bastante clásico. La idea de la policía reclutando a un matrimonio para investigar de incógnito los crímenes que tienen origen en un motel es bastante absurda, lo que le da un toque juguetón a lo Agatha Christie que contrasta bastante con las escenas sórdidas que tienen lugar dentro del motel. A lo que se le ha de añadir los toques perversos que uno solo puede encontrar en el giallo, como la escena en que una víctima de chantaje llama a su abogado buscando ayuda, caso que el abogado comenta sin problemas con la mujer con la que comparte la cama que resulta ser la esposa de la víctima. Por suerte, la edición en Blu-ray incluye los insertos porno aparte como una curiosidad y no insertados en la película, porque podían romper el ritmo de este giallo que se mueve bastante rápido a pesar de su retorcida trama.

Play Motel no es, de ningún modo, un clásico a descubrir. Pero para el fan que disfruta con la fórmula del género, el film de Gariazzo resulta bastante entretenido, gracias también a unas buenas interpretaciones y a una pegadiza banda sonora.

16 ene 2024

Murder Obsession (Follia omicida)

 

Esta fue la última película que dirigió Riccardo Freda, que fue uno de los pioneros en introducir de nuevo el cine fantástico en la cinematografía italiana tras la dictadura de Mussolini. Freda decidió mezclar los motivos por los que su obra era más conocida con los motivos más populares entonces en las salas de cine para desarrollar su retorcida historia. Murder Obsession (Follia omicida) (1981) se convirtió así en el testamento cinematográfico del director.

Michael (Stefano Patrizi) es un actor que sufre una crisis durante un rodaje, provocado por su traumático pasado. Es por esto que decide pasar un fin de semana, acompañado de su novia Debora (Silvia Dionisio), en la villa que tiene su madre (Anita Strindberg) en el campo. Al fin de semana campestre se unirán unos cuantos amigos del rodaje en lo que podrían ser unos días divertidos si no fuera porque empiezan a morir uno a uno de forma horrible. ¿Está Michael asesinando a sus amigos debido a su trauma de infancia o está ocurriendo algo más siniestro?

Murder Obsession pasó desapercibida durante su estreno a principio de los 80 del siglo XX, y hasta tiempos recientes no ha empezado a ser apreciada. El problema es que es una película que no es fácil de categorizar, mezclando elementos del giallo, las muertes gore que el slasher americano estaba popularizando y el terror gótico que el director más disfrutaba desarrollando. Esta mezcla que resultó problemática para aquellos que querían categorizar la película yo la veo como una virtud. Es lo que hace que la trama mantenga el interés y sorprenda continuamente, introduciendo incluso elementos sobrenaturales a medida que la historia avanza.

Es una mezcla posible también porque su argumento contiene elementos en los que se entrecruzan los mencionados subgéneros del terror y el suspense. Traumas del pasado que se introducen en el presente, asesinatos brutales y sangrientos, erotismo perverso, soterrado incesto, una mansión que esconde muchos secretos... Freda le saca el máximo provecho a los 97 minutos que dura la película. De este modo, aunque el espectador acostumbrado a este tipo de películas ya espera que aquel más señalado como culpable no suela serlo, no deja de tener sus momentos brillantes y chocantes. Los impactantes asesinatos con hacha y sierra mecánica son memorables, pero también otros momentos (alguno protagonizado por la actriz de culto Laura Gemser) que no puedo desarrollar aquí para no destripar el film, pero que enlazan con el perverso gusto que Freda ya había mostrado en títulos como El horrible secreto del doctor Hitchcock (L'orribile segreto del Dr. Hichcock, Riccardo Freda, 1962).

Este es un film peculiar que no es para todo el mundo, está claro. La mezcla de géneros así como la introducción de toques sobrenaturales puede que sea demasiado para algunos. Pero se ha de admirar la actitud de Freda de "voy a hacer lo que me salga de los privados", creando así una experiencia distinta y única.

21 jun 2023

Deep Murder


 

¿Alguna vez os habéis preguntado qué pasaría si los personajes típicos de una película porno se viesen envueltos en una trama propia de una película de terror? Si es así, Deep Murder (Nick Corirossi, 2018) es la película para vosotros.

Las cosas avanzan con normalidad en casa de los Dangler. Babs Dangler (Katie Aselton) y su cuñado Doug Dangler (Jerry O'Connell) estás inmersos en una maratón sexual, mientras el marido y hermano de ambos, respectivamente, Richard Dangler (Christopher McDonald) está ocupado con sus negocios a través del teléfono. Hugh Dangler (Quinn Beswick) está preocupado porque sigue siendo virgen y su mejor amigo Jace Bigman (Chris Redd) le intenta convencer que se apunte a un trío con la canguro (Jessica Parker Kennedy). Es entonces que llega a la casa de los Dangler la doctora Bunny Van Clit (Stephanie Drake) para anunciar que se han perdido la evacuación por la llegada de un huracán y que todos deberán permanecer encerrados en la mansión. Esto coincide con que se descubre el cuerpo sin vida de Doug. La llegada del detective Cross (Josh Margolin) no parece que sea de mucha ayuda debido a su extremada incompetencia. Mientras los cadáveres se empiezan a acumular, los ocupantes de la casa intentarán descubrir quién es el asesino antes de convertirse en una de las víctimas.

Esta comedia absurda parte de un concepto interesante. Parodiar los clichés de los misterios a lo Agatha Christie, del giallo y del slasher pero, en lugar de hacerlo utilizando como base los personajes típicos de este tipo de películas, hacerlo utilizando los personajes típicos de una película porno. Esto provoca que los personajes empiecen a ir más allá del cliché y poco a poco romper el molde que los constriñe. El reparto es fundamental en este aspecto y se ha de reconocer que el de Deep Murder hace un buen trabajo. Los actores mantienen la realidad de los personajes para transmitir mejor el absurdo de la comedia, sin exagerar la parodia, dándoles entidad a personajes cliché que se supone no tienen personalidad más allá de su habilidad para convertir cualquier situación en un encuentro sexual.

Pero por muy bueno que sea el reparto, reconozco que la película es algo irregular. En ocasiones repite demasiado un mismo chiste y se puede hacer algo larga. Dicho esto, también he de admitir que tiene momentos muy divertidos. El personaje de la canguro en particular fue la que me hizo reír más con dos momentos en concreto. El primero es cuando empieza a cuestionarse su papel en la vida y se dice: "últimamente he empezado a preguntarme las grandes incógnitas de la vida, como ¿sueñan los osos?". El otro es cuando, tras varios asesinatos y peripecias se dice a si misma: "empiezo a sospechar que en esta casa no hay niños que cuidar, ni siquiera hay una guardería". El otro personaje que también me hizo reír bastante fue la doctora Van Clit y su peculiar manera de concebir la ciencia.

Las partes positivas pesan más que las negativas, así que aunque me pareció irregular también me divirtió. De modo que no es que la recomiende, pero la presento como una comedia interesante.