De entre los excelentes (en su mayor parte) títulos que componen la filmografía de Dario Argento, Tenebre (1982) es uno de mis favoritos. Es tal vez por eso que me lo pasé tan bien con Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto, 1994), en la que el mercenario Bruno Mattei plagia sin vergüenza el film de Argento.
Giovanna Dei (Monica Carpanese) es una dibujante de cómics que se encuentra en el foco de la polémica cuando empiezan a tener lugar una serie de asesinatos que imitan los que aparecen en su obra. Cuando el asesino le empieza a dejar morbosos presentes y a llamarla, queda claro que el misterioso asesino está obsesionado con ella.
Mattei era un experto en apuntarse a cualquier género que fuese popular en el momento. Así que resulta algo sorprendente que no dirigiera un giallo hasta que el género estaba en su momento más bajo de popularidad. Posiblemente lo hiciera debido a la popularidad de los thrillers eróticos americanos en aquel momento, de hecho esta película se rodó al momento de terminar el rodaje de Dangerous Attraction (Attrazione pericolosa, Bruno Mattei, 1993) y por el título ya os podéis imaginar que tipo de película inspiró su producción.
Como hemos mencionado al principio, la película es un plagio de Tenebre. Pero es algo fácil de perdonar porque, primero, lo hace de manera tan desvergonzada que tiene su gracia, y, segundo, la película es entretenida de forma constante. No hay momento para el aburrimiento cuando incluso las escenas más "normales" están animadas con interpretaciones exageradas y exaltadas. Aunque, para ser justos, esto también puede que se deba al doblaje inglés. En todo caso, el nivel de diversión que ofrece la película es tan alto como bajo era el presupuesto. Como muestra, el inicio del film en una carrera de karts que, imagino, originalmente sería una carrera de coches. Pero la carrera de karts tiene una gracia surrealista que no tendría si la escena hubiese contado con una típica carrera de coches.
Mattei, hay que reconocerlo, tal vez hiciera imitaciones baratas de otras películas, pero no eran imitaciones ni pálidas ni aburridas. Madness es un perfecto ejemplo de su manera de hacer. Una película que, en manos de otro director, habría acabado siendo olvidada como una pobre copia de una obra maestra. Y lo que tenemos en cambio es una película que te mantiene enganchado para ver qué próxima escena delirante tendrá lugar.

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