Después de tantos años devorando películas, es un placer inmenso cuando te encuentras una película que te sorprende porque no tienes ni idea de lo que va suceder en la historia. Y además lo hace mezclando comedia y unas cotas de depravación increíbles en una película estrenada comercialmente. Más raro aún cuando su secuela mantiene el nivel de locura. Pero esto es lo que hace única Crazy Lips (Hakkyousuru kuchibiru, Hirohisa Sasaki, 2000).
Satomi Kurahashi (Hitomi Miwa) acude a la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) con la esperanza de que pueda demostrar la inocencia de su hermano Michio (Kazuma Suzuki) en unos asesinatos en serie. Pero la ayuda que ofrece Mamiya trae consigo un precio demasiado grande para lo que Satomi estaba dispuesta a pagar, y no hablamos de dinero. Este es el punto de partida de Crazy Lips, parece bastante normal, ¿no? Pero que no os engañen las apariencias.
Para entender cómo Crazy Lips se convirtió en el delirio en que se acabó convirtiendo, hemos de volver en el tiempo a finales de los 90 del siglo XX. The Ring (El círculo) (The Ring, Hideo Nakata, 1998) se acababa de estrenar con enorme éxito, convirtiéndose en el pistoletazo de salida de la oleada de lo que luego se conoció como J-Horror, que dominaría el género durante los primeros años del siglo XXI. Hiroshi Takahashi, guionista de The Ring y su secuela así como de otros títulos del género, tenía ganas de hacer algo completamente distinto de lo que estaba escribiendo entonces. El director Hirohisa Sasaki, que también había trabajado en el género cuando empezaba a desarrollarse en vídeo, también tenía ganas de hacer algo distinto a lo que dominaba las pantallas entonces. Ambos coincidieron en que querían algo que fuera terror, pero más sangriento y extremo de lo que se estrenaba entonces, sumándole generosas dosis de erotismo cruel y sádico al estilo del experto en el género Teruo Ishii, director de Inferno of Torture (Tokugawa irezumi-shi: Seme jigoku, 1969), acción al estilo Hong Kong y, por si fuera poco, comedia.
Parece un cóctel imposible, pero Crazy Lips mezcla todos estos elementos con gran y peculiar éxito. El film arranca como si fuera una película de J-Horror relativamente normal. Y digo "relativamente", porque no tardan en asomar toques de comedia que indican que lo que vamos a ver dista mucho de ser "normal". A partir de entra en acción la médium, la película irá progresivamente siendo más absurda y perversa. Con la introducción de dos agentes del FBI, Lucy (Tomomi Kuribayashi) y Narimoto (Hiroshi Abe), la película entra en una espiral de demencia que abre la puerta al terror cósmico y hasta el musical. Entre medio, la película nos ofrece la escena de asalto sexual más depravada y cruel que he visto jamás, que iba precedida de la que hasta ese momento ya pensaba que era la escena de asalto sexual más depravada y cruel que había visto jamás. Pero es una escena que se hace soportable porque va seguida de una escena que me hizo reír a carcajadas. Ésa es la virtud de esta película, te lleva de un extremo al otro en un viaje completamente impredecible.
El estilo de humor absurdo y las escenas más perversas serán difíciles de aceptar, en particular por los espectadores más sensibles. Pero creo que por la oportunidad de ver los 85 minutos más demenciales que veréis jamar vale la pena poner en riesgo vuestra cordura.
En Japón, Crazy Lips fue un sorprendente éxito que hizo que Hirohisa Sasaki y Hiroshi Takahashi unieran fuerzas de nuevo para crear una igualmente demencial secuela: Gore from Outer Space (Chi wo sû uchû, 2001).
Satomi (Aimi Nakamura) acude a la policía para denunciar el secuestro de su hija. Cuando la policía se presenta en el apartamento, Kiyohiko (Sadao Abe) les dice que ellos no tienen hijos. Y la cosa se complica cuando, de repente, la médium Etsuko Mamiya (Yoshiko Yura) hace de presencia y les dice que la hija sí existe. Satomi inicia así un viaje por el lado más demencial de la vida.
Después de haber tratado con fantasmas y el terror sobrenatural entonces de moda, Sasaki y Takahashi decidieron que la secuela iba a tratar sobre extraterrestres e invasiones alienígenas. Se inspiraron en leyendas urbanas y "hechos reales" acaecidos alrededor del mundo, inspirándose en particular en el libro Las profecías del Mothman de John A. Keel. A pesar de todo este "realismo", la película es tan rara como su predecesora. También me pareció más divertida, porque se hace un mayor énfasis en el humor. La comedia se enfatizó también porque se eliminaron los elementos más controvertidos de la primera, es decir las escenas de sexo cruel y perverso. La película también incluye algún toque de terror J-Horror que no estaría fuera de lugar en un título del género hecho en serio.
Pero que se suavizara la perversidad no hizo que se suavizara la locura. De nuevo, la película convierte lo que podría ser la típica historia de invasión alienígena en 85 minutos demenciales, que incluso dejarían perplejo a David Lynch. Este surrealismo cómico convierte lo tópico en sorprendente y permite también el regreso de personajes de la primera entrega. Algo a celebrar porque Tomomi Kuribayashi, como la agente Lucy, es una de las que más me hizo reír en la primera entrega y aquí no decepciona con su parodia de un típico agente del FBI americano.
De nuevo, aunque más suave en algunos aspectos que su predecesora, las rarezas y absurdidades de Gore from Outer Space hacen que no sea una película para todo el mundo. Pero si el cine extraño y peculiar es vuestra droga, una buena dosis de Gore from Outer Space es lo que os hace falta.
En octubre de 2014 escribí un artículo sobre los primeros trabajos de Clive Barker en el cine. Ahora creo que no fui del todo justo con Mundo subterráneo (Underworld, George Pavlou, 1985). Mi opinión sobre la película ha cambiado y ese artículo ya no me representa.
Debería aclarar que mi opinión se basaba en una copia de VHS de baja calidad, verla ahora en 4k también ha ayudado a apreciarla mejor. El argumento no ha cambiado: el criminal retirado Roy Bain (Larry Lamb) es sacado de su retiro por el gánster reciclado Hugo Motherskille (Steven Berkoff). La misión de Bain es localizar a la prostituta de lujo Nicole (Nicola Cowper), secuestrada del burdel en el que trabaja. Bain y Nicole fueron amantes en el pasado, así que él se lo toma como algo personal. Pronto descubre la implicación del doctor Savary (Denholm Elliott), un oscuro científico cuyos experimentos con drogas han provocado la existencia de una comunidad subterránea de mutantes.
Clive Barker creó el argumento y el primer borrador del guion. Las prisas de los productores para empezar el rodaje dejaron fuera a Barker del proyecto, que no fue mantenido en el equipo para escribir posteriores versiones. Entonces Barker era un desconocido sin poder de decisión. El guion se tuvo que ir reescribiendo sobre la marcha durante el rodaje por James Caplin y el director George Pavlou. Es por estas decisiones de los productores que provocaron que muchas de las ideas de Barker quedaran infradesarrolladas. Eso y la falta de dinero, era una historia demasiado ambiciosa para el presupuesto que tenían a su disposición. Como es de sobras conocido, Barker después reutilizaría algunas de esas ideas en su obra posterior.
Pero no todo es negativo. El film presenta una interesante mezcla de neo noir y ciencia ficción con algunos toques de fantasía. Se intentó un look inspirado por el cómic europeo y Suspiria (Dario Argento, 1977). De nuevo, las limitaciones de presupuesto y tiempo limitaron la efectividad de su look, si bien me recuerda el de otros irregulares intentos de ciencia ficción ambientados "cinco minutos en el futuro" como Obsession: A Taste for Fear (Pathos - Segreta inquietudine, Piccio Raffanini, 1987).
Aunque es una película irregular, resulta también interesante y curiosa. A lo mejor con el tiempo he sabido apreciar más sus aciertos que fijarme en su fallos.
Ya hemos tratado con anterioridad las películas vampíricas de León Klimovsky La orgía nocturna de los vampiros (1973) y El extraño amor de los vampiros (1975). La saga de los Drácula (1973) es el film de vampiros que rodó entre estas dos y viendo las tres en conjunto forman una especie de trilogía, no narrativa sino de intenciones. Las películas que rodó Klimovsky para Paul Naschy en las que se incluían vampiros, como La noche de Walpurgis (1971), muestran la visión que tenía Naschy de los vampiros. Esta era una visión clásica, inspirada en la Universal y la literatura clásica. Pero las películas de vampiros que filmó el director sans Paul Naschy resultan mucho más iconoclastas y modernas. Se juega más con los mitos y tópicos de las historias de vampiros, un factor importante para explicar que hayan envejecido tan bien.
Las intenciones de jugar con los tópicos vampíricos queda claro ya solo con ver el argumento de La saga de los Drácula. Berta (Tina Sáinz) es una joven, embarazada de pocos meses, que viaja al hogar ancestral de su familia junto a su marido Hans (Tony Isbert). Una vez llegue allí, espera reunirse de nuevo con su abuelo el conde Drácula (Narciso Ibáñez Menta) y sus primas Irina (Cristina Suriani) y Xenia (María Kosty). Pero la llegada no resulta fácil, ya que en el pueblo por el que pasan aparecen mujeres asesinadas a las que les han chupado la sangre. Cuando Berta y Hans lleguen al castillo Drácula y conozcan a la nueva esposa del conde, Munia (Helga Liné), el horror no se detendrá. Berta verá impotente como su sueño se convierte en pesadilla.
El guion de Emilio Martínez Lázaro y Juan Tébar, firmado como Lazarus Kaplan, se inicia como lo que podría ser una clásica historia de terror gótico. Bosques oscuros, pueblerinos asustados por las supersticiones del lugar que se niegan a ir a ciertos lugares de noche, figuras encapuchadas acechando bellas víctimas... Todo elementos familiares. Pero, luego la película da un giro. Y si El extraño amor de los vampiros mostraba influencias de El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, Roman Polanski, 1967), aquí se ve cierta influencia de otro clásico de Roman Polanski: La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Así, a pesar de su inicio clásico, la película lleva al espectador por territorios inesperados, en algunos casos muy inesperados. Lo hace con ciertas dosis de humor negro y varias escenas memorables.
Uno de los temas de la película es la crítica a las clases privilegiadas. La familia Drácula se presenta como decadente y altiva. Narciso Ibáñez Menta está fantástico como Drácula, transmitiendo estas ideas de decadencia burguesa con un aspecto cercano al descrito por Bram Stoker al inicio de Drácula. Un aspecto que recuerda al de Christopher Lee en la pésima (para mí) El conde Drácula (Nachts, wenn Dracula erwacht, Jesús Franco, 1970). Comparando ambas interpretaciones queda claro que Ibáñez Menta puede que sea el segundo mejor Drácula del cine. Volviendo al tema de la película, esta película utiliza al vampiro como alegoría no de una enfermedad sexual, sino de las teorías nazis y franquistas, en particular la insistencia en la sangre pura, a pesar de que sea un concepto totalmente absurdo. Resulta algo natural teniendo en cuenta que esta película se produjo cuando el franquismo todavía se mantenía en el poder.
Además de un guion interesante con alguna sorpresa, el film se beneficia de un sólido reparto. Por supuesto, el ya mencionado Narciso Ibáñez Menta es el más destacado, así como Tina Sáinz hace una gran trabajo con la atormentada protagonista. El resto del reparto son rostro familiares en las producciones Profilmes, la Hammer española, y el fantaterror: la fabulosa Helga Liné, María Kosty, Betsabé Ruiz, Luis Ciges... Todos al servicio de un interesante film que se sirve de los tópicos para darles luego la vuelta. Un clásico para los amantes del fantaterror.
Creo que nos ha pasado a todos. Hay veces que nos cruzamos con películas que parece que quieren evitarnos. Como si el destino nos quisiera impedir que las viésemos. Esto me pasó con La disparatada parada de los monstruos (Freaked, Alex Winter, Tom Stern, 1993), que durante mucho tiempo parecía esquivarme. Supe de ella en las páginas de Fangoria, cuando la editó en España Ediciones Zinco y leía sobre películas que era demasiado joven para ver (lo que no me detuvo nunca ni le importó a los dependientes del videoclub). Pero no la vi en cines ni me la encontré en ningún videoclub. Luego se editó en DVD pero se agotó en nada. Tras tanto tiempo, me parecía que descargarla era hacer trampa, quería verla bien. Luego, la encontré en Prime pero solo estaba doblada no en versión original, de nuevo me negué a verla si no podía verla bien. Finalmente, 33 años después de que se estrenara, llegó a mis manos en una lujosa edición en 4k de 4 discos. La compré sin haber visto siquiera un trailer y no se me ocurrió hasta justo antes de ponerla en el reproductor "¿y si resulta que es una mierda?"
Ricky Coogan (Alex Winter), una vanidosa estrella de Hollywood, su mejor amigo Ernie (Michael Stoyanov) y Julie (Megan Ward), una activista, acaban convertidos en monstruos debido a los dementes experimentos de Elijah C. Skuggs (Randy Quaid). Junto al resto de monstruos víctimas de Skuggs, Ricky, Ernie y Julie intentarán escapar de las garras de Skruggs.
Desde que la película arrancó supe que estaba hecha para mí. Freaked es una comedia bizarra, delirante, surrealista y absurda que utiliza un tipo de humor que me encanta. Pensad Monty Python + los cómics EC + punk y el resultado será parecido al tipo de comedia que es Freaked. Esto también hace fácil de entender porqué la película se convirtió en una cinta de culto, incluso si no hubiera sufrido lo que sufrió durante su estreno. Alex Winter y Tom Stern empezaron vendiendo la idea de una película de terror cómica protagonizada por el grupo Butthole Surfers, aprovechando la fama que Winter había adquirido como coprotagonista de Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989). Obviamente, la idea no interesó a ningún estudio pero sí hacer una comedia con Winter como protagonista. Así que, con la ayuda del guionista Tim Burns, Winter y Stern convirtieron el guion en algo más cómico, en sintonía con la serie que entonces estaban realizando con gran éxito en la MTV The Idiot Box. Finalmente, la película entró en producción en Fox, cuyo jefe de estudio entonces, Joe Roth, estaba acostumbrado a dar luz verde a películas que no eran las típicas producciones de Hollywood comoEl almuerzo desnudo (Naked Lunch, David Cronenberg, 1991).
A pesar del complicado rodaje, debido a los complejos efectos de maquillaje utilizados para dar vida a los monstruos, todo parecía avanzar a buen ritmo. Los problemas para la película empezaron durante la posproducción, cuando se produjo un cambio de régimen en la Fox. La nueva directiva no sabía qué hacer con la película y decidieron enterrarla. Eso quería decir estrenarla en unos pocos cines para cumplir contrato y no gastar en publicidad. Freaked fue, obviamente, fracaso.
Pero, al igual que muchas de las películas de este blog, la película empezó a convertirse en un título de culto cuando se editó en video. No solo por su estilo de comedia, también por la cantidad de talento en el reparto, muchos amigos de Winter como un no acreditado Keanu Reeves como un hombre perro revolucionario. Y otro motivo por el que se convirtió en cinta de culto es por su diseño de producción, logrando un aspecto visual increíble y memorable.
Por supuesto, los más memorable de la película es el trabajo de maquillaje y efectos especiales. Para dar vida a las criaturas de Freaked se reunieron los talentos de las compañías de Screaming Mad George, Tony Gardner y Steve Johnson. Y, para darle un aspecto más único, los Chiodo Brothers le añadieron efectos de animación stop motion. Los animatrónicos, los maquillajes, la animación... La película es un auténtico festival para los sentidos en este aspecto, en especial comparada con lo que se hace hoy día. Aunque he de decir que mi freak favorito es, posiblemente, el más sencillo: Sock Head, al que da voz Bobcat Goldthwait, que como su nombre indica es una persona con una cabeza que es una marioneta de calcetín. Los ojos rastafaris con ametralladoras también son un punto álgido.
Con su estilo punk y Looney Tunes para mí fue un placer de principio a fin. Me hizo reír a carcajadas y me maravillaron los diseños de algunas de las criaturas que aparecen. Como ya he dicho, es de esas películas que parece que han hecho especialmente para que uno las disfrute. La recomiendo a todo el mundo que no la conozca o que el destino haya intentado que no vea.
Andrew Kevin Walker causó una gran impresión con el guion de Seven (Se7en, David Fincher, 1995). Seguido de los guiones de 8MM (Joel Schumacher, 1999) y Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999), Walker parecía un experto en guiones oscuros. Por eso, su regreso al género con el guion de Psycho Killer (Gavin Polone, 2026) generó mucha anticipación, lo que no siempre es bueno.
Tras ser testigo de como asesina a su marido, la patrullera Jane Archer (Georgina Campbell) empieza a perseguir a un brutal asesino en serie. Este psicópata ha dejado un reguero de víctimas a su paso, llenando las escenas de los crímenes de símbolos satánicos, creando pánico entre la población. Archer se obsesiona con atraparlo descubriendo su macabro plan.
En algunos aspectos, Psycho Killer parece una historia de hace treinta años actuliazada. La inclusión del pánico satánico y el investigador obsesionado en atrapar al asesino, que se enfrenta con autoridades incompetentes ya sean federales o policías, son clichés presentes en el género desde los 80. Sin embargo, Walker ya había utilizado en Seven la táctica de introducir clichés para dar una falsa sensación de seguridad al espectador, también como contraste a la oscuridad y morbosidad de la trama. La brutalidad y las escenas sangrientas, con toques de efectos visuales, son claramente modernas y son lo que aparta este título de otros de décadas pasadas.
Con una duración de 91 minutos, una rareza hoy día, la película no tiene nada de grasa. Se centra en contar su historia de forma eficiente. Por un lado, esto es uno de los puntos positivos de la película, no pierde el tiempo en meternos de cabeza en la historia, así como su mezcla de thriller y terror está muy conseguida. Por otro lado, esto también significa que uno de los aspectos más únicos de la trama no queda plenamente desarrollado, lo que provoca que no tenga el impacto que se buscaba en la conclusión.
Esto último hace que, aunque la película tenga varias cosas a su favor como una secuencia con un cameo del gran Malcolm McDowell, Psycho Killer acaba perdiendo fuerza en su final. El clímax no tiene la tensión que se buscaba y contiene momentos muy predecibles. Este flojo final hace que Psycho Killer acabe siendo un título más, que no se convertirá en un referente para el futuro sino relleno para los servicios de streaming.
A veces pasa que ves una película que te encanta y te quedan ganas de ver más películas del mismo director. Así, disfruté tanto con Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) que me quedaron ganas de recuperar otro clásico de Ringo Lam. En este caso Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei, Ringo Lam, 1992).
Gao Fei (Chow Yun-Fat) quiere ayudar a su amigo y compañero Sam Sei (Anthony Wong), que debe dinero a Kau (Victor Hon), un poderoso usurero con contactos mafiosos. Gao acaba enfrentándose a Kau y sus secuaces, lo que hace que deba planear huir del país. Necesitado de dinero para la huida, acepta la idea de Sam de trabajar junto a la banda de Judge (Simon Yam) en un golpe. Cuando llega el momento, Gao es traicionado y dejado por muerto. Judge y su banda creen que se han salido con la suya, pero no cuentan con la sangrienta venganza que Gao planea.
Parece increíble que títulos clásicos del género considerados hoy día obras maestras, como Hard Boiled (Hervidero) (Hard Boiled aka Lashou shentan, John Woo, 1992) y Full Contact, pasaran bastante desapercibidas cuando se estrenaron en su país de origen. A pesar de esta fría recepción inicial, es innegable que Full Contact representa la epítome del cine de acción al estilo Hong Kong, el llamado heroic bloodshed. Lleva al máximo lo que se podía hacer con el género. Ringo Lam incluso realiza un primitivo intento del bullet time que luego popularizaría Matrix (The Matrix, Lana y Lilly Wachowski, 1999). Lam convierte una típica historia de venganzas criminales en un delirante festival de acción, sumergiendo al espectador en el torbellino provocado por el enfrentamiento entre Gao y Judge.
Este clásico de culto tiene un reparto de lujo. Chow Yun-Fat estaba en su momento álgido, llenando de carisma y fuerza la pantalla, dando vida a un personaje obsesionado con vengarse no solo por él sino también por otras víctimas inocentes. Al otro lado, Simon Yam como Judge crea un villano realmente memorable, cuyos trucos de magia se vuelven rápidamente mortales. Pero la mejor interpretación posiblemente sea la de Anthony Wong como Sam, un personaje que evoluciona y cambia, siendo el más complejo de la película. A título personal, tampoco puedo evitar mencionar a Bonnie Fu como la villana Lau Ngang, cuyo apodo es traducido en ocasiones como Virgen y en ocasiones como Guarra, que tiene una de las mejores risas de villana de la historia.
Se ha de mencionar que uno de los aspectos más interesantes de la sangrienta Full Contact tiene su origen en el actor Simon Yam y no en el director. Fue Yam que, considerando el vestuario exagerado y los trucos de magia, tuvo la idea de hacer que su personaje estuviera enamorado del héroe interpretado por Chow Yun-Fat. Era la única manera que se le ocurrió de justificar la obsesión de Judge de acabar con Gao. Fue un golpe de genio, ya que le da un toque único que hace explícito el homoerotismo que encontramos dentro del cine de acción, en particular de los 80, e incluso en cómics como la obsesión mutua del Joker y Batman.
Violenta y sangrienta, Full Contact es un clásico que sigue pareciendo moderno. Llevó el género todo lo lejos que se podía llevar, siendo el resultado un delirante festín para los sentidos. Una película indispensable.
Un género como la nunsploitation es habitual encontrarlo en países con una fuerte presencia católica, como Italia. Sin embargo, desde la lejana Japón llegó School of the Holy Beast (Seijû gakuen, Norifumi Suzuki, 1974). Película que mezcla una historia de venganza, de las que tan bien se les daba a los japoneses, con la nunsploitation más perversa.
Después de una última juerga por la ciudad, Maya Takigawa (Yumi Takigawa) entra en un convento para hacerse monja. No por una cuestión de fe, sino para investigar las extrañas circunstancias en que murió su madre. Una vez dentro, se encuentra que una institución dominada por un conjunto de hipócritas, crueles y, por si fuera poco, homicidas que se esconden tras una fachada de virtud y fe.
A primera vista, School of the Holy Beast se aparta del género, es más una historia de misterio y, luego, venganza. Pero las tramas y personajes secundarios, como la chica rebelde que se mete en el convento para evitar algo peor o la virtuosa monja que oculta que va más salida que el canto de una mesa sin olvidar los inevitables momentos sáficos, son los típicos del género y ofrece las elevadas dosis de erotismo que cabría esperar en un título como este.
Sin embargo, la película de Norifumi Suzuki es más política que otras películas del género. Contiene un feroz mensaje anticlerical que queda entrelazado con las escenas de erotismo BDSM. Suzuki ya había dado muestras de esta tendencia en su anterior película Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, 1973), pero aquí se convierte en el centro del film. Puede que parezca algo exagerado al ver la película hoy día, pero pensad que, en la época en que se rodó esta película, en España había monjas que llevaban décadas robando bebés, así que no parece tan descabellado como puede parecer a simple vista. Así, las escenas se van haciendo progresivamente más crueles, en especial cuando se ataca la superstición de las cazas de brujas.
Suzuki filma escenas de tortura y erotismo BDSM realmente bellas, pero intercala escenas cómicas para que el impacto de esta poesía del dolor no resulte excesivo. Ya he dicho, de todos modos, que detrás de estas escenas hay un contenido político. El director también utiliza en su lenguaje narrativo técnicas típicas de la vanguardia de la época, aunque estas técnicas se reservan principalmente para las escenas fuera del convento. Como si se quisiera resaltar lo anticuado y reprimido del interior del convento de esta forma. Curiosamente, aunque en la película se ataca a la jerarquía religiosa, no es un film ateo. La espiritualidad tiene su papel dentro del film, protagonizando una de los momentos climáticos.
Personalmente creo que es un film interesante pero no sé si es para todo el mundo. Ofrece una experiencia inolvidable, eso lo garantizo.
Este artículo se puede resumir en una frase: Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) es una obra maestra. Soy consciente que es una expresión que se usa demasiado hoy día, cuando las películas son obras maestras o pura basura sin término medio, pero es que Burning Paradise es una obra maestra. Espero poder explicarme de forma lo bastante articulada como para que quede claro el por qué de mi afirmación.
Durante la dinastía Qing, los monjes Shaolin son acusados de conspirar para acabar con el gobierno imperial Manchú. Como consecuencia, el ejército Qing se dedica a destruir los templos Shaolin y encarcelar o matar a los monjes. Burning Paradise arranca con Fong Sai-yuk (Willie Chi) y su maestro Chi-nun (Wu Xi-Qian) huyendo del ejército Qing. En su huida, conocen a Dou-Dou (Carman Lee), una ex prostituta que huye del burdel en el que estaba trabajando para ayudar a su familia. Tras matar al maestro Chi.nun, Fong Sai-yuk y Dou-Dou son hechos prisioneros y llevados al Templo del Lotus Rojo, una prisión infernal, un laberinto lleno de trampas, dirigido por Kung (Kam-Kong Wong). Kung es un monstruo sediento de sangre cuya maldad no conoce límites.
Burning Paradise fue la única incursión de Ringo Lam en la wuxia, fantasía asiática llena de guerreros y guerreras poseedores de increíbles habilidades de artes marciales. Pero no es un ejemplo típico de wuxia, ya que el guion crea una historia en la que también está presente el terror gótico, no solo por sus escenas con momentos terroríficos sino también por su ambientación. Se atrapa al espectador junto a los protagonistas en una cárcel excavada en la piedra claustrofóbica y laberíntica en la que incluso Kung parece ser incapaz de salir. La claustrofobia es mayor por el contraste con las primeras escenas situadas en un gran paraje desértico. Es también una película brutal y sangrienta, aunque la violencia está presentada de forma estilizada no por eso es menos impactante.
Esta sería la primera lectura de la película: una clásica historia del bien contra el mal, contada utilizando héroes folclóricos como Fong Sai-yuk, personaje, en parte histórico en parte mitológico, presente en infinidad de películas, cómics y novelas. Es también una nueva versión del film Burning of the Red Lotus Temple (Huo shao hong lian si, Shichuan Zhang, 1928), o al menos de una parte de esta monumental película que duraba 27 horas y fue presentada como un serial en las pantallas chinas. El proyecto le fue presentado a Tsui Hark cuando este estaba gozando de un gran éxito con la franquicia Erase una vez en China. Pero Hark estaba ocupado con otros proyectos y recomendó que se lo presentaran a Ringo Lam, ya que Hark sabía que Lam siempre había soñado con rodar una película wuxia.
Lam se lanzó de cabeza, dando forma a la película más infravalorada de su filmografía. Lam no se contentó con hacer una típica historia de buenos contra malos, sino algo que iba más allá. Y entramos así en la segunda lectura, Burning Paradise es una película alegórica. La cárcel (no imaginéis una cárcel típica con celdas y distintas secciones como las que vemos en el cine habitualmente) representa el infierno. Un infierno del que solo se puede salir siendo fiel a las enseñanzas de Buda. Es algo parecido a, por ejemplo, la monumental novela anónima china Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Mono, que utiliza el viaje de sus protagonistas y sus múltiples enfrentamientos con demonios y monstruos como una forma de presentar las enseñanzas budistas. Como ya he dicho, en Viaje al Oeste estas enseñanzas se ocultan tras diversas aventuras y enfrentamientos con monstruos de diversa índole (mis favoritos son las mujeres araña) y en el film de Lam se esconden tras las múltiples peleas y las actividades de pesadilla del malvado Kung.
Hay una tercera lectura, si bien sería más bien inconsciente ya que Lam aseguraba no estar interesado en realizar una película política. Pero no podemos olvidar que esta película se realizó cuando faltaban tres años para que el Reino Unido pasara el control de Hong Kong a China, lo que provocó grandes dosis de ansiedad en la población. Aunque fuera de modo inconsciente, es inevitable también darle este trasfondo a la película cuando ves a un grupo de personas que lucha contra un imperio dictatorial.
Estas distintas capas de lectura y significado tampoco pueden hacer que nos olvidemos de un detalle importante: Burning Paradise es entretenida de principio a fin. Alternando algún momento cómico con los más tensos y brutales, el film te coge desde el principio y te mantiene enganchado hasta el final. Las coreografías son pura poesía, aprovechando que al ser una película de fantasía las habilidades de los luchadores entran en el reino de lo sobrehumano.
Resulta incomprensible que esta película fuera un fracaso y que no sea más conocida hoy día. Tiene secuencias realmente inolvidables, como la decapitación que lleva a cabo Kung usando solo sus manos. Te tiene riendo un momento y al siguiente te deja la boca abierta cuando se descubre algo nuevo dentro de la cárcel. Como ya he dicho al principio, me parece una obra maestra y la recomiendo a todo el mundo.
Como fan de toda la vida de Expediente X, desde que empezaron a emitirse los primeros episodios por Telecinco, recibí con gran interés la noticia de que iba a editarse un nuevo montaje del director de Expediente X: Creer es la clave (The X Files: I Want to Believe, Chris Carter, 2008). El 14 de agosto, cuando ya estaba disponible en Disney +, me senté a disfrutar de esta nueva versión. Una nueva versión que resultó ser una tomadura de pelo.
Chris Carter ha comentado en muchas entrevistas recientes que esta nueva versión es mucho más aterradora y que incluye material que no pudo ser incluido en su momento por razones de censura; además que el estudio quería una película que fuera para mayores de 13 años. Pero esta nueva versión no incluye material nuevo, las escenas cortadas por censura ya aparecían en el montaje del director que se editó en DVD/Blu-ray en su día. Es la versión que en los títulos de crédito finales incluye fotografías del equipo y el reparto. Esta nueva lo que hace es eliminar escenas dramáticas y pequeños momentos personales, en particular todo lo que afecta a la trama de Scully (Gillian Anderson) y ajustar el montaje. Nada más.
Esta nueva versión hace más aparente la crítica que siempre se le hizo a esta película: que era poco más que un episodio largo de la serie. Eso sí, me hizo sentir nostalgia por ver la serie de nuevo. Con tantas nuevas series y películas casi te sientes culpable por recuperar series pasadas. Más cuando, hablando como fan, Expediente X llegó a su punto álgido creativo en la quinta temporada. A partir de aquí, todavía se producen grandes episodios pero empiezan a menguar, alternando entre simplemente buenos y los mediocres. Tampoco es que fuera un gran problema, incluso las temporadas sin David Duchovny tienen buenos episodios.
Volviendo a I Want to Believe - Vrach Frankenshteyn, este nuevo montaje no aporta nada nuevo al fan, la mejor versión es el primer montaje del director, pero puede que enganche a los que no conocen la serie y la vean como una película independiente de ella.
Cuando una película como La monja homicida (Suor Omicidi, Giulio Berruti, 1979) tiene un título como La monja homicida, está destinada a sufrir debido a los prejuicios que un título como este conlleva. La cosa se agrava cuando los distintos pósteres que, en su día, la promocionaban intentaban venderla como si fuera una película erótica de monjas inquietas, subgénero entonces muy de moda. Algunos que no la conozcan asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y no la tendrán en cuenta como una película seria. Otros, asumirán que es una película basura llena de gratuitas escenas de sexo y violencia y se decepcionarán al ver que no es así. Y, entre ambos grupos, espero que estén aquellos que sepan apreciar esta película híbrida y peculiar.
La hermana Gertrude (Anita Ekberg) intenta cumplir con sus funciones tras haber superado un cáncer. Pero está convencida de que sigue enferma y la frustración al no ser creída va provocando que empiece a cometer actos de crueldad que van subiendo en gravedad. También es adicta a la morfina y tiene deseos reprimidos que busca experimentar. A su lado solo está la hermana Mathieu (Paola Morra), que la apoya por amor. Cuando los pacientes empiezan a aparecer asesinados, ¿significa que la espiral de locura en la que se ha sumergido la hermana Gertrude no tiene fondo?
Es típico que muchas películas exploitation de la época asegurasen estar basadas en hechos reales, pero era mentira, una manera de para atraer a más espectadores. Sin embargo, en esto también La monja homicida es peculiar, ya que realmente se inspira en una historia real. El productor Enzo Gallo supo del caso sucedido en Bélgica a mediados de febrero de 1978, en el que una monja adicta a la morfina fue detenida tras haber dado muerte a varios pacientes mayores. Con el título y la idea base de una monja asesina, le presentó el proyecto al director Giulio Berruti. La esperanza de Gallo era producir una película puramente exploitation, llena de erotismo como otras películas ambientadas en conventos estrenadas durante la década de los 70. Eso explica la presencia de Paola Morra, modelo de Playboy que había aparecido en Interior de un convento (Interno di un convento, 1978) del polémico maestro del erotismo Walerian Borowczyk. Sin embargo, el director Berruti tenía otras ideas.
Berruti estaba fascinado por la historia de una mujer reprimida que se sumerge en un espiral de locura, mezclado con ciertos mensajes anticlericales. Anita Ekberg se convierte así en el centro de una película que está más cerca del giallo, con brutales escenas de asesinatos, que de películas como Cartas de amor a una monja portuguesa (Die Liebesbriefe einer portugiesischen Nonne, Jess Franco, 1977). Esto es lo que hace a la película interesante, más allá del par de escenas en las que Morra se desnuda para contentar al productor, el retrato de una mujer cuya cordura se va fragmentando. Una mujer que comete una crueldad y luego se arrepiente incapaz de entender qué la ha llevado a actuar de esa forma. Poco a poco, la película parece contagiarse y empiezan a aparecer escenas delirantes cuando adopta el punto de vista de la hermana Gertrude.
Otros aspectos que ayudan a darle personalidad propia al film fueron derivados del bajo presupuesto. El director supo cubrir efectivamente mediante primeros planos, movimientos de cámara y el montaje que no siempre contaba con los actores necesarios para rodar cierta escena, lo que demuestra su habilidad como director y editor. Originalmente, Berruti tuvo la idea de llenar el hospicio con rostros veteranos del cine italiano para interpretar a los pacientes. Pero el ajustado presupuesto lo impidió, de modo que se llena de actores desconocidos con rostros interesantes y más memorables, lo que hace el ambiente diferente del típico ambiente de película. El reparto es bastante ecléctico, entre amigos del director como Lou Castel, muy comprometido con la causa comunista, con otros escogidos por su popularidad como la mencionada Paola Morra o Joe Dallesandro.
La monja homicida también tuvo su dosis de locura en la realidad. Cuando se estrenó, después de comprobar su éxito, los productores tuvieron la infausta idea de añadir a los pósteres como promoción la frase: "De los archivos secretos del Vaticano". Esto dio la excusa para que la Iglesia, que no estaba muy contenta con la película, intercediera para que fuera prohibida y retirada de las pantallas de cine italianas.
Como decía al principio, con un título como La monja homicida se crean ciertas expectativas que pueden afectar a cómo se ve la película. Pero si se dejan éstas de lado y se sumerge en la historia con la mente abierta, La monja homicida es un título peculiar y diferente con algunas sorpresas que la hacen memorable. Y si decidís darle una oportunidad, os recomiendo hacerlo en la versión italiana.
Si tenéis ganas de una nueva película de John Carpenter, pero sabéis que nunca llegará, podéis disfrutar con John Carpenter's Cathedral. Es una novela gráfica creada por el maestro, escrita por Carpenter, Sandy King y Sean Sobczak; ilustrada por Federico De Luca, Luis Guaragna y Sian Mandrake.
Frente a una vieja iglesia abandonada aparece el cadáver horriblemente mutilado de un policía. Se trata del padre de la teniente Christine Marks que. junto a los inspectores Paul Hernández y Steve Mayfield, decide investigar la iglesia abandonada con la esperanza de encontrar al asesino. A medida que se adentran más y más en la iglesia descubren un mundo subterráneo de pesadilla.
En la introducción del cómic, Carpenter explica que se le ocurrió la idea en un sueño, así que la historia tiene una lógica onírica. La lógica y la racionalidad se van desmontando a medida que los protagonistas van avanzando, encontrándose extrañas criaturas y personajes. Es algo que nos remite a clásicos de Carpenter como El príncipe de las tinieblas (Prince of Darkness, 1987) y En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1994). La narrativa que utiliza la lógica onírica también me hizo pensar en los maestros italianos del terror como Mario Bava, Dario Argento y Lucio Fulci, así como películas del estilo de El engendro del diablo (La Chiesa, Michele Soavi, 1989). También hay algunos toques de mitología clásica, para acabar de darle sabor.
Es una historia de terror, sumerge a los personajes en una pesadilla sin fin, a la que los artistas De Luca, Guaragna y Mandrake le dan cuerpo para que la atmósfera atrape al espectador. Se nota el esfuerzo para darle movimiento a las páginas, logrando que la acción sea fluida. No se abusa de la doble página, para darle mayor impacto cuando aparece, cosa que aprecio ya que me parece que en la actualidad, en el cómic americano, se abusa de la doble página.
Para darle mayor impacto a la lectura, Carpenter ha editado un disco, Cathedral, que sirve como banda sonora del cómic. Ciertamente, la lectura del cómic con la música de fondo ensalza la experiencia, de modo que solo es necesaria nuestra imaginación para completar la película. Yo me esperé a leer el cómic a que se editase el disco y la espera valió la pena.
Cathedral va recomendado no solo a los fans de Carpenter, sino también a los amantes del cómic de terror.
Regresan Hélène Catet y Bruno Forzani con su reinterpretación y reutilización de la estética giallo, en un contexto completamente distinto al que estas películas de misterio de origen italiano fueron creadas. Reflejo en un diamante muerto (Reflet dans un diamant mort, 2025) es fiel al estilo de la pareja de directores, pero le da un toque de frescura añadiendo a la fórmula otros tributos y homenajes de distintos géneros.
John D. (Fabio Testi) es un veterano espía que se encuentra viviendo retirado en la Costa Azul. Allí se empieza a obsesionar con otra clienta del hotel donde está, que le provoca recuerdos de cuando era un joven agente (Yannick Renier) tras la pista de la peligrosa criminal Serpentik. Un día, esta clienta desaparece. ¿Tendrá que ver esta desaparición con el pasado de John D.?
En esta ocasión Catet y Forzani preparan al espectador un potente cóctel que es un homenaje al cine de espías de los 60, en su vertiente más psicodélica. Además, se hacen referencias al cómic y a las fotonovelas junto a los habituales guiños al giallo. La influencia más obvia es un título que se encuentra en esa misma encrucijada de cine de espías de los 60, cómic y giallo, el clásico de Mario Bava Diabolik (1968) que adaptaba el cómic homónimo. Y no es el único Bava al que se hace referencia.
Por cierto, para los más jóvenes: las fotonovelas eran cómics que, en lugar de dibujos, se utilizaban fotografías. Si estaban basadas en películas, se usaban fotos de la película que fuera.
El film, en el fondo, cuenta una historia bastante sencilla, pero que invita al espectador a pelar sus capas narrativas en distintos visionados. Esta sencillez permite recargar visualmente la película para ofrecer otra potente experiencia sensorial para el espectador. También se añaden otros temas más cinematográficos, o metacinematográficos, alrededor del cine de espías de la época, celebrando su estética y al mismo exponiendo su misoginia, por ejemplo. Pero el aspecto que más me llamó la atención es la recreación en la obsesión por los personajes enmascarados, no solo en el giallo pero también en las películas como Diabolik y los imitadores que le siguieron.
A pesar de tratar un tema serio, el homenaje que los directores hacen al cine de espías de los 60 en su vertiente más psicodélica convierten Reflejo en un diamante muerto en un gran divertimento, si te gusta este tipo de estética, que incluye escenas bastante violentas. En definitiva, si habéis visto otras películas de este dúo ya sabéis qué os espera, los que no los conozcan disfrutarán de una experiencia única en el cine actual.
El título no engaña, Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, Norifumi Suzuki, 1973) ofrece generosas dosis de furia y de sexo. Bueno, más que sexo, lo que encontramos es erotismo grotesco, además de litros de sangre. Pero, a pesar de las apariencias, esta es una película que con el tiempo ha sido reevaluada por su contenido feminista, si bien este no era intencionado.
Cuando era niña, Ochô Inoshika (Reiko Ike) fue testigo de como su padre fue asesinado. Antes de morir, el padre dejó unas pistas para identificar a los asesinos, unas cartas con unas figuras que representan a cada uno de los responsables, lo que ha llevado a Ochô a convertirse en una experta jugadora, además de una carterista muy habilidosa. Su destino se cruza con el de Shunosuke (Masataka Naruse), un anarquista que busca también vengar la muerte de su padre. Para completar el triángulo, Christina (Christina Lindberg) es una espía que llega a Japón como una famosa bailarina, utilizando su misión para reunirse con su amante Shunosuke. Los tres se ven envueltos en sangrientas venganzas que unirán sus destinos contra los asesinos responsables de tanta desgracia.
Basada en un manga de Tarô Bonten, la película de Norifumi Suzuki sigue una línea de títulos japoneses que estaban llevando al límite lo que se podía mostrar en las pantallas de cine en cuanto a sexo y violencia, con la esperanza de apartar a los japoneses de las pantallas de televisión, una táctica similar a lo que se hizo en Italia. Sex & Fury le sirve al director para construir secuencias memorables de acción, explotar los encantos de las dos actrices protagonistas y, a pesar del bajo presupuesto y el tiempo limitado, crear momentos estéticos cargados de sangriento romanticismo. El acierto de unir dos actrices icónicas como Reiko Ike y Christina Lindberg fue todo un acierto, ya que ambas aportan una energía distinta y personal que ensalza sus escenas. La interpretación de Lindberg tal vez no sea la mejor, pero se ha de tener que en cuenta que estaba interpretando un papel en dos lenguas que no eran la suya: inglés y japonés, lo cual no debió ser nada fácil. Ike domina la película, no hay duda, protagonizando una de las escenas más memorables: la atacan en la bañera con la esperanza de que se sienta vulnerable, pero ella logra matarlos a todos desnuda y armada con una espada que roba a uno de sus atacantes.
Esta escena es también emblemática de la extraña mezcla de exploitation y feminismo del film. A pesar de no desperdiciar ninguna excusa del guion que ofrezca la posibilidad de desnudar a las actrices, las muestra también enfrentadas a un mundo masculino sin piedad. Un mundo que busca abusar de ellas y que se arrodillen ante el poder, pero ellas se alzan en un despliegue de fuerza, tenacidad y, bueno, furia.
Sex & Fury fue concebida como un producto sensacionalista que atrajera espectadores en busca de emociones baratas. Pero el director, los guionistas y el reparto convirtieron el film en un título memorable, lleno de momentos bizarros y hermosos, sórdidos y románticos. Una mezcla imposible que, a pesar de todo, funciona.
El éxito de Sex & Fury puso en marcha una secuela de forma casi instantánea: Female Yakuza Tale: Inquisition and Torture (Yasagure anego den: Sôkatsu rinchi, Teruo Ishii, 1973). Adaptando de nuevo un manga de Tarô Bonten, en esta ocasión Ochô Inoshika se enfrenta al clan yakuza Ogi, que utiliza a prostitutas para que transporten drogas escondidas en sus vaginas. Para esta secuela, el director Teruo Ishii creó un film bien distinto del que lo precedió.
El film arranca con una secuencia de títulos de crédito que busca recrear el impacto de la escena más memorable de Sex & Fury. Pero, a partir de aquí, el film cambia en tono y estilo. Female Yakuza Tale hace un mayor énfasis en la comedia, llegando al punto de introducir a Yoshimi (Makoto Aikawa), un personaje que es una sátira de la prisionera Escorpión que hizo famosa Meiko Kaji. El tono más cómico enlaza con una actitud más anárquica por parte del director. Mientras que en la primera la recreación histórica estaba bastante cuidada teniendo en cuenta los medios, aquí nos encontramos personajes que parecen vestidos de manera contemporánea a cuando se rodó el film. Otra muestra de la actitud iconoclasta del director es la inclusión de momentos que parecen más cercanos al cine experimental y artístico mezclados con perversión habitual en este género japonés. Eso sí, en el film también hay grandes dosis del erotismo grotesco en el que estaba especializado el director.
La historia no es tan interesante como la de la primera entrega, pero se las arreglan para estirarla lo máximo posible. Sumado al tono más cómico esto hace que, para mí, esta entrega no sea tan redonda como la primera. Sin embargo, sin compararla con la película de Norifumi Suzuki, resulta una película entretenida y divertida, si os gusta la comedia mezclada con toques grotescos, sangre y una deliciosa sordidez.
Nota: si no se indica lo contrario, las opiniones sobre estas películas se basan en las versiones originales sin cortes ni alteraciones estrenadas en Hong Kong, no las versiones recortadas y americanizadas distribuidas en Occidente por New Line y Miramax.
Dentro del cine de acción, en especial del cine de acción procedente de Hong Kong, hay pocas sagas tan icónicas y celebradas como la de Police Story, protagonizada por Jackie Chan. Estas películas capturan al irrompible Chan en su mejor momento, dispuesto a jugarse la vida para nuestro entretenimiento a lo largo de cuatro excelentes entregas.
Irónicamente, Armas invencibles (Police Story) (Ging chaat goo si aka Police Story, Jackie Chan, Chen Chi-Hwa 1985) tiene su origen en una mala experiencia para Chan. El actor intentó, de nuevo, entrar en el mercado americano con El protector (The Protector, James Glickenhaus, 1985), que para él resultó una experiencia frustrante. Hoy día tiene estatus de film de culto, pero Chan quedó decepcionado por no poder controlar las escenas de acción, el añadido de los toques sórdidos como los desnudos gratuitos y, en general, era una película que se apartaba de la imagen que quería proyectar en el cine. Ni siquiera el montaje que él hizo para el mercado asiático le fue satisfactorio. Viendo las cosas en retrospectiva, resulta obvio que la gente de Golden Harvest se equivocó al elegir a alguien como James Glickenhaus para poner al frente de una película de Jackie Chan. Glickenhaus era especialista en crear cintas de acción con generosas dosis de clásica exploitation, al fin y al cabo estamos hablando del director de El Exterminador (The Exterminator, 1980), pero no era el adecuado para poner al frente del tipo de película más "para todos los públicos" que entonces protagonizaba Chan.
En todo caso, el mal sabor de boca que le había dejado The Protector se lo quiso quitar Chan con una película hecha a su medida. Un thriller de acción policial contemporáneo, alejado de las cintas de kung fu clásicas que le habían hecho famoso, en la que Chan interpretaría por primera vez al inspector Chan Ka Kui. En esta ocasión enfrentado a un astuto criminal ayudado por la corrupción del sistema. Esta película también introduciría a Maggie Cheung como May, la sufrida novia de Ka Kui (resulta increíble que no le deje después de todos los líos en que la mete) y a Bill Tung como el superior de Ka Kui Bui Wong.
La película nos ofrece escenas icónicas nada más empezar, como la destrucción de las cabañas en la colina al inicio del film y la consiguiente persecución. Un inicio con momentos copiados, por ejemplo, por Sylvester Stallone al presentar su personaje en Tango y Cash (Tango & Cash, Andrei Konchalovsky, 1989)(Stallone es un fan declarado de Jackie Chan e incluso intentó que interpretara al villano en Demolition Man [Marco Bambrilla, 1993]) y también por Michael Bay en la batalla final de Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, Michael Bay, 2003). Por supuesto, la pelea en el centro comercial es una de las secuencias clásicas dentro de la filmografía de Chan, si bien creo que el final tal y como aparece editado en la versión estrenada en Japón funciona mejor.
Pero la acción ya se supone que será de primer nivel teniendo en cuenta a los responsables. Lo que hizo único a Chan era la manera en la que mezclaba la acción con la comedia, introduciendo también momentos acrobáticos en las escenas de riesgo. Era el sello de Chan y en esta es una de las películas en las que la comedia mejor funciona, ya que no se pierde demasiado en la traducción. Por ejemplo, la secuencia en la que Ka Kui responde diversos teléfonos a la vez, enredándose con los cables, un pequeño homenaje a la comedia de Buster Keaton que tanto gusta a Chan. También tenemos los toques de comedia de enredo clásicos, escenas en las que juega un papel más importante Maggie Cheung. Son momentos en los que Chan se convertía en el único héroe de acción que aceptaba que su personaje recibiera un tartazo en la cara, algo que los frágiles egos de los actuales héroes de acción no permitirían que les sucediera a sus personajes.
Teniendo en cuenta la mezcla de comedia y acción, la evolución de Ka Kui, desesperado y a la huida tras ser acusado de un asesinato que no ha cometido y ser perseguido por sus compañeros, podría ser algo chocante. Es el momento en el que asoma el lado oscuro de Ka Kui, llevado al límite tras haber soportado demasiado por parte del villano. De todos modos, el giro funciona, ya que era no era extraño en el cine de acción de Hong Kong y tiene sentido dentro del mundo creado por la película.
En todo caso, es un gran clásico dentro del género. Si no conoces la obra de Jackie Chan o estás pensando con qué película introducir a alguien en su filmografía, este es un gran punto de entrada.
El éxito de Police Story hizo inevitable Superpolicía en apuros (Ging chaat goo si juk jaap aka Police Story 2, Chen Chi-Hwa, Jackie Chan, 1988). Lo sorprendente, ya que no era habitual en el cine de Hong Kong, es que es una secuela clásica. Arranca con un breve resumen de lo sucedido en la anterior entrega y parte de la película gira en torno a la venganza de los villanos de la primera entrega. Y otro toque curioso, tras ver el resumen de las escenas espectaculares de Police Story, la secuela arranca con los jefes de Ka Kui echándole la bronca por el coste económico de sus acciones, lo que lleva a que esté durante un breve tiempo degradado. Además, se introduce una nueva amenaza: un grupo de chantajistas que se dedica a plantar bombas para conseguir sus objetivos.
La película desarrolla estas dos tramas de forma paralela. La que tiene que ver con la venganza sirve para introducir escenas de acción, como la ya clásica pelea en el parque de juegos infantil. De este modo, no se pierde el interés durante las escenas que afectan a la trama de los chantajistas, que son secciones que se centran más en el trabajo policial para detener a los culpables. Hace honor así a su título original, ya que en la anterior hay más bien poco trabajo policial clásico. También tiene un mayor protagonismo Maggie Cheung, ya que la relación entre su personaje y el de Jackie Chan se pone en peligro debido a la interferencia de los distintos villanos.
Las distintas tramas y elaboradas escenas de acción hacen que esta sea la película más larga de la saga. Nada menos que dos horas, algo que entonces no era nada habitual. Pero las secuencias de acción y algunos momentos cómicos memorables contribuyen a que la película se pase volando.
Supercop (Ging chat goo si 3: Chiu kup ging chat aka Police Story 3: Supercop, Stanley Tong, 1992) resultó ser el primer paso en la entrada del mercado americano que en otro tiempo buscaba Jackie Chan, lo irónico es que sin pretenderlo. Pero quién más aprovechó el éxito de Police Story 3 fue Michelle Yeoh, que tendría más fácil la entrada en el mercado americano al convertirse en chica Bond.
Pero las innovaciones que lanzaron esta película y a sus protagonistas al mercado internacional provienen de su director Stanley Tong. Tong insistió en filmar con sonido directo, en lugar de doblarse todo luego como era costumbre entonces en Hong Kong; en introducir efectos especiales en las escenas de acción para hacerlas más espectaculares; y en sacar la historia de Hong Kong para darle un toque internacional a lo James Bond. Esto se tradujo en filmar, además de en Hong Kong, en China y en Malasia. Además de darle un toque internacional, la decisión de salir de Hong Kong venía motivada también porque cada vez era más difícil rodar escenas de acción allí, tanto por la popularidad de Jackie Chan como por las cada vez mayores restricciones a los rodajes que implementaba el gobierno.
En esta ocasión Ka Kui (Chan) debe trabajar junto a su equivalente chino la inspectora Jessica Yang (Yeoh) para atrapar a un señor de la droga. La historia es bastante básica, pero es el punto de partida para escenas de acción espectaculares que se ven beneficiadas por la química entre Chan y Yeoh. Supercop es una buddy movie, como Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987) o Límite: 48 horas(48 Hrs., Walter Hill, 1982), un cambio respecto a las anteriores entregas que le sienta muy bien a la franquicia. Esta nueva dinámica favorece tanto las escenas cómicas como las de acción. Estas últimas son el punto fuerte del film. No por nada es la película en la que Michelle Yeoh casi muere mientras rodaban una de las persecuciones.
Esta tercera entrega coge lo mejor de las dos anteriores y lo multiplica por dos. No es de extrañar que se acabara convirtiendo en la carta de presentación mainstream en Occidente de Chan y Yeoh, cuando se estrenó simplemente como Supercop. Junto a la primera, representa lo mejor de la saga.
Impacto inminente (Ging chaat goo si 4: Gaan dan yam mo aka Police Story 4: First Strike, Stanley Tong, 1996) llegó en un momento interesante en la carrera de Jackie Chan. Por fin, había penetrado en el mercado americano gracias al éxito de Duro de matar (Honfgan Qu (Hung fan kui) aka Rumble in the Bronx, Stanley Tong, 1995). A partir de entonces, las películas de Chan adquieren un carácter internacional, utilizando el inglés como lengua principal en algunos casos, y sus personajes en las versiones traducidas se empiezan todos a llamar Jackie o Jackie Chan. De modo que esta cuarta entrega, en la que Ka Kui va tras unas armas nucleares robadas, es una aventura a los James Bond en la que el personaje de Chan va viajando alrededor del mundo.
Por supuesto, la tercera entrega ya empezaba a marcar un destino más internacional para el personaje, pero aquí ya actúa como si fuera un espía en lugar del simple policía de anteriores entregas. Lo único que queda de las anteriores películas es una pequeña aparición por parte de Bill Wong como superior de Ka Kui, Maggie Cheung no regresó ya que entre esta y las anteriores entregas se había convertido en una estrella gracias a Wong Kar-Wai y era demasiado cara para lo que la necesitaban. Esto hizo que el guion tuviera que reescribirse y quedase algo desequilibrado.
Como ya he mencionado, esta cuarta entrega es más una aventura de acción a lo James Bond con Chan protagonizando escenas trepidantes, aunque con menos toques de comedia. Se hecha de menos un compañero/a que acompañe a Chan en su aventura, aunque en la sección en Australia finalmente tendrá alguien con quien compartir la acción.
First Strike está bastante alejada de las anteriores, lo que sumado a que se refieran al personaje en los diálogos en inglés como Jackie, hizo que muchos desconocieran que fuera la cuarta entrega de las aventuras de Ka Kui. Más adelante, Chan realizó un par de reboots: New Police Story (Xin jing cha gu shi - San ging chaat goo si, Benny Chan, 2004) y Acción policial (Jing cha gu shi 2013 aka Police Story 2013, Sheng Ding, 2013) cuando su carrera se centró en China, apoyando las acciones del gobierno, lo que provocó que el público de Hong Kong le diera la espalda. Son películas que no siguen la continuidad original en las que Jackie Chan ya no interpreta a Ka Kui y no aportan mucho a la saga. Esta cuarta entrega fue el final de la saga original. Un final peculiar pero no por ello menos entretenido.
Llevo siguiendo la carrera de Neil Marshall desde los tiempos de Dog Soldiers (2002), así que cuando supe que preparaba un homenaje al giallo mi curiosidad se disparó. El giallo es uno de mis géneros favoritos y verlo tratado por un director que siempre me ha gustado me parecía una fórmula ganadora. Me alegra no haberme equivocado con Seducción (Compulsion, Neil Marshall, 2024).
Situada en la isla de Malta, la acción arranca cuando la inspectora Claudia Cavara (Giulia Gorietti) y el inspector Dennes Crawford (Harvey Dean) investigan un brutal asesinato llevado a cabo por una misteriosa figura vestida de negro. Al mismo tiempo, Evie (Anna-Maria Sieklucka) llega a la isla de vacaciones. Allí conoce a Diana (Charlotte Kirk) y a su novio Reese (Zach Gowan). Muy pronto, Diana empieza a interesarse en Evie, si bien Evie no sospecha que los motivos de la pareja no son casuales. Mientras, los asesinatos continúan, acercándose cada vez más a Evie.
En las raíces del clásico thriller erótico de los 90 y en las del clásico slasher de los 80 nos encontramos el giallo. Así que es natural que en este cóctel preparado por Marshall nos encontremos elementos de los tres, lo que incluye giros de guion entre absurdos y esperados, escenas sangrientas y una diversidad de escenas eróticas. En este sentido, Seducción cumple, ofreciendo todo esto al estilo de otros gialli contemporáneos como Tulpa: Perdizioni mortali (2012). Además, para los amantes del género se incluye un cameo de Cinzia Monreale. El film de Marshall, sin embargo, sufre del mismo problema que otros contemporáneos con intenciones semejantes, como por ejemplo La daga en el corazón (Un couteau dans le coeur, Yann Gonzalez, 2018): las limitaciones del presupuesto hacen que no tenga el mismo look glamouroso de los giallo de los años 70, es mucho más artificial, demasiado digital. Además el nivel de las interpretaciones está bastante desequilibrado, las dos protagonistas hacen un buen trabajo pero algunos secundarios se pasan de rosca. La verdad, esto último también sucedía en algunos títulos clásicos del género.
Es cierto que, para los amantes del género, algunos de los giros son algo predecibles, pero no le resta diversión. No hay que ver esta película como algo "serio" al estilo de El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991), sino más bien algo entretenido y un poco absurdo con el que pasar un rato divertido. Reconozco que, para los que no sean amantes de estos géneros y acepten lo que los hace tan divertidos, puede que sea difícil de ver el atractivo. A mí la película me dio lo que esperaba, una revisión moderna de unos géneros clásicos que me encantan.
La mayoría de las películas que explotaban la Bondmanía, en particular las europeas, cogían la ruta de la parodia. Sabiendo que no podían competir como iguales con las películas de James Bond y aprovechando que tenían una fórmula muy fácil de imitar, la parodia era la opción más económica. Pero algunos valientes decidían crear sus propias aventuras de espías "en serio", como la entretenida Un ángel con puños de hierro (Tie guan yin, Lo Wei, 1967).
La agente 009 Ai Si (Lily Ho) llega de Londres a Hong Kong para investigar (y si es posible vengar) la muerte de su colega A4 (Pei-Shan Chang). Lo hace en colaboración con la policía, que le crea una nueva identidad como Luo Na, la amante de Baldy (Shun Tien), un mafioso encarcelado que tenía contactos con una misteriosa organización criminal. 009 logra infiltrarse en la organización, pero entonces es cuando el peligro no hace más que intensificarse.
Como ya he dicho, esta película no es una parodia, si bien se inspira en las cuatro películas de la saga James Bond que se habían estrenado hasta el momento. Pero este enfoque la hace más divertida que si hubiera sido una parodia (muchas de las cuales eran muchas cosas menos graciosas). Parte de la diversión está en ver cómo reinterpretan los elementos típicos de un film 007 y, en algunos casos, se llevan al extremo. La más obvia diferencia es el cambio del género del protagonista, aquí una fantástica Lily Ho. El cine asiático era pionero en producir películas de acción con protagonistas femeninas, incluso en los relatos clásicos donde se encontraban guerreras errantes junto a los guerreros errantes. Es algo que en Occidente no sería plenamente aceptado hasta entrado el siglo XXI y aquí ya le da un toque distinto al film. También esta película es mucho más atrevida con los toques sexys, incluyendo algún desnudo que visto hoy día es bastante inocente pero que nunca aparecería en una película Bond. Y, siendo como es una película de Hong Kong, la acción y la violencia es mayor en cuanto a intensidad, si bien no es el punto fuerte de Lo Wei, cuyas escenas de acción más famosas fueron dirigidas por Bruce Lee no por él.
El perfecto ejemplo de la manera en que Un ángel con puños de hierro lleva al extremo escenas que podríamos encontrar en la franquicia Bond es la manera en que presenta una escena clásica dentro de la franquicia 007. Es ese momento en que el villano de turno descubre que alguien es un traidor y lo ejecuta ante sus secuaces, para mostrar lo implacable que es. Esta escena aparecía por primera vez en Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), donde vemos al jefe de SPECTRE electrocutar a un traidor. Aquí se repite la escena, con la fantástica villana líder de las Dark Angels, a la que da vida con mucho estilo Tina Chin-Fei, que antes de dar por terminada una reunión ejecuta a una traidora. Pero no simplemente electrocutándola, sino que hace que un aparato baje del techo y la decapite, dejando el cuerpo sin cabeza ensangrentado brevemente en la silla antes de que esta desaparezca por una trampilla en el suelo. Y por eso, aunque no es una parodia, Un ángel con puños de hierro ofrece grandes dosis de diversión.
A pesar de su limitado presupuesto y que las peleas no son precisamente las mejores que se pueden ver en una película de Hong Kong, esta es una película tremendamente entretenida. De hecho, diría que cuanto más familiarizado esté uno con la franquicia James Bond más divertida y entretenida se hace la película. Y si le añadimos el toque sixties y go-go, Un ángel con puños de hierro es una deliciosa manera de pasar un buen rato.