La década de los 90 del siglo XX fue un punto bajo para el giallo. Se producían pocos, estaban muy americanizados, la cualidad había bajado mucho así como los presupuestos. Pero eso no quiere decir que no se produjeran títulos interesantes y el éxito de películas americanas como Instinto básico (Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992) facilitó que se produjeran películas que de otro modo no habrían visto la la luz. Un ejemplo de esto es The Final Scoop (Bugie Rosse, Pierfrancesco Campanella, 1993).
Marco (Tomas Arana) es un periodista que, cuando se encuentra realizando un reportaje sobre el underground gay, tropieza con un asesinato. A riesgo de convertirse en el principal sospechoso de la policía y en el objetivo de un peligroso asesino, Marco continua investigando, obsesionado con encontrar al asesino. La investigación resulta tan inquietante para Marco como lo que está descubriendo sobre si mismo.
Pierfrancesco Campanella se inspiró en el caso real de un director de televisión asesinado en un ambiente gay. El éxito del hoy clásico Instinto básico de Paul Verhoeven ayudó a que encontrara financiación pero también le obligó a incluir algunas escenas eróticas, principalmente entre el protagonista Tomas Arana y Gioia Scola, que interpreta a la esposa del personaje Adria. Esto hace que Bugie rosse oscile entre la exploitation morbosa y la intención de representar con realismo el ambiente en que se mueven los personajes. Lo que hace que la película funcione es que este equilibrio se consigue, representando a unos personajes con sexualidad fluida en un época en que este concepto no existía, o se era hetero o se era gay y punto.
La película de Campanella muestra cierta influencia del clásico de William Friedkin A la caza (Cruising, 1980). La diferencia entre ambos radica en que mientras que en el film de Friedkin se muestra el viaje que inicia Al Pacino como un viaje hacia la oscuridad, es decir de forma negativa, el viaje del personaje que interpreta Tomas Arana se muestra de forma más positiva. De hecho, en el final original, que no fue filmado debido a la oposición de los productores que lo veían como demasiado fuerte, el personaje de Arana deja a su esposa e inicia una relación con uno de los hombres que conoce durante su investigación. Demasiado para la época, en el epílogo que sí se filmó Campanella logró transmitir su idea de forma algo más retorcida. A pesar de todo, la película no estuvo exenta de polémica en su momento, aunque hoy día cuesta de entender por qué.
Para la época en que fue concebido, Bugie rosse resulta un film moderno en la manera en que representa la sexualidad, a pesar de estar obligado a incluir algunos tópicos para apaciguar a los productores. Además, la historia de suspense funciona y es un título que destaca en una época en que no se produjeron muchos gialli que aportaran nada al género.

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