28 ago 2026

School of the Holy Beast (Seijû gakuen)

 


 

Un género como la nunsploitation es habitual encontrarlo en países con una fuerte presencia católica, como Italia. Sin embargo, desde la lejana Japón llegó School of the Holy Beast (Seijû gakuen, Norifumi Suzuki, 1974). Película que mezcla una historia de venganza, de las que tan bien se les daba a los japoneses, con la nunsploitation más perversa.

Después de una última juerga por la ciudad, Maya Takigawa (Yumi Takigawa) entra en un convento para hacerse monja. No por una cuestión de fe, sino para investigar las extrañas circunstancias en que murió su madre. Una vez dentro, se encuentra que una institución dominada por un conjunto de hipócritas, crueles y, por si fuera poco, homicidas que se esconden tras una fachada de virtud y fe.

A primera vista, School of the Holy Beast se aparta del género, es más una historia de misterio y, luego, venganza. Pero las tramas y personajes secundarios, como la chica rebelde que se mete en el convento para evitar algo peor o la virtuosa monja que oculta que va más salida que el canto de una mesa sin olvidar los inevitables momentos sáficos, son los típicos del género y ofrece las elevadas dosis de erotismo que cabría esperar en un título como este.

Sin embargo, la película de Norifumi Suzuki es más política que otras películas del género. Contiene un feroz mensaje anticlerical que queda entrelazado con las escenas de erotismo BDSM. Suzuki ya había dado muestras de esta tendencia en su anterior película Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, 1973), pero aquí se convierte en el centro del film. Puede que parezca algo exagerado al ver la película hoy día, pero pensad que, en la época en que se rodó esta película, en España había monjas que llevaban décadas robando bebés, así que no parece tan descabellado como puede parecer a simple vista. Así, las escenas se van haciendo progresivamente más crueles, en especial cuando se ataca la superstición de las cazas de brujas.

Suzuki filma escenas de tortura y erotismo BDSM realmente bellas, pero intercala escenas cómicas para que el impacto de esta poesía del dolor no resulte excesivo. Ya he dicho, de todos modos, que detrás de estas escenas hay un contenido político. El director también utiliza en su lenguaje narrativo técnicas típicas de la vanguardia de la época, aunque estas técnicas se reservan  principalmente para las escenas fuera del convento. Como si se quisiera resaltar lo anticuado y reprimido del interior del convento de esta forma. Curiosamente, aunque en la película se ataca a la jerarquía religiosa, no es un film ateo. La espiritualidad tiene su papel dentro del film, protagonizando una de los momentos climáticos.

Personalmente creo que es un film interesante pero no sé si es para todo el mundo. Ofrece una experiencia inolvidable, eso lo garantizo.

 

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