¿Cuántas trilogías slasher noruegas conocéis? Yo sólo la formada por las tres entregas de Cold Prey, tal vez porque es la única que existe. Y es una lástima que no haya más producción noruega de terror, ya que esta es una trilogía muy sólida que capaz de proporcionar grandes dosis de terrorífico placer a los fans del género.
Cold Prey (Fritt vilt, Roar Uthaug, 2006) es el punto de partida. Jannicke (Ingrid Bolsø Berdal), Eirik (Tomas Alf Larsen), Morten Tobias (Eolf Kristian Larsen), Ingunn (Viktoria Winge) y Mikal (Endre Martin Midstigen) son un grupo de amigos que parten hacia las montañas para practicar snowboard. Eirik los lleva a un lugar algo apartado para evitar a los turistas y disfrutar de una experiencia más auténtica. Cuando Tobias sufre una mala caída y se rompe una pierna, sin embargo, encontrarse tan apartados resulta un gran problema. El grupo decide refugiarse en un hotel de montaña que parece abandonado desde mediados de los 70. Deciden pasar la noche allí y partir en busca de ayuda a la mañana siguiente. Pero alguien muy peligroso y muy demente, el Montañero (Rune Melby) ha establecido su residencia en ese hotel, alguien que decide dar caza uno a uno al grupo de amigos.
Cold Prey llegó en un momento no malo, pero si poco imaginativo dentro del cine de terror. La producción americana dominaba el género, se había producido el relevo entre la explosión de J-Horror y el mal llamado torture porn. El found footage todavía coleaba con producciones cada vez menos interesantes y la fiebre de los remakes de clásicos estaba subiendo. Y aquí llegó esta producción noruega que era un clásico slasher. No una reinvención ni una irónica explotación de los clichés del género, sino un slasher puro en el que un grupo de amigos son asesinados por un misterioso enmascarado; llamado en los títulos de crédito con un nombre que se puede traducir como el Hombre de la Montaña, aunque yo prefiero llamarlo el Montañero, que suena más slasher.
Noruega no era un país conocido por su cine de terror, la única producción contemporánea se había estrenado poco antes que Cold Prey: Bosque tenebroso (Villmark, Pål Øie, 2003). Fue, de hecho, el éxito de Bosque tenebroso el que puso en marcha la idea de producir un slasher a los productores. Esto coincidió con facilidades en la financiación por parte del gobierno noruego para producir películas que fueran más aceptadas entre los noruegos, abriendo la puerta al cine de género. Esta era también una manera de producir películas que pudieran tener vida fuera del país. Y así fue con el film de Roar Uthaug, que tiene un atractivo muy universal. Los increíbles paisajes noruegos son la mayor indicación de su procedencia, la historia y los personajes resultan muy universales, incluso ambientar la historia en un paisaje nevado ya se había dado en algunos slashers americanos como Shredder (Greg Uson, 2003) o The Chill Factor aka Demon Possessed (Christopher Webster, 1993) (ya sé que esta no es un ejemplo puro del género, pero contiene trazas de slasher).
La simple eficacia de la trama mezclado con la gran habilidad del director para crear escenas de suspense, aumentando la tensión a medida que avanza el film, son los principales responsables del gran resultado final. Un film cuya falta de pretensiones y claro objetivo hacen fácil disfrutarlo de principio a fin. Tampoco podemos olvidar a la final girl, Jannicke es una gran adición al panteón de heroínas slasher que seguramente sería más popular sino fuera que, al ser noruega, no ha tenido la mismo exposición que sus contrapartidas americanas.
La sólida ejecución y su universalidad hicieron de esta película un gran éxito, como es obvio por este artículo, las secuelas no tardarían en llegar.
Cold Prey II (Fritt Vilt II, Mats Stenberg, 2008) se puso en marcha de forma bastante rápida. La acción arranca al poco de acabar la primera película. Jennicke es llevada a un hospital para recuperarse de sus heridas, mientras la policía investiga para determinar la veracidad de su historia. El hospital al que llevan a nuestra heroína está a punto de ser cerrado, solo hay el personal mínimo y un par de pacientes, de modo que la llegada de la policía y la nueva paciente causa gran impacto. Este impacto se hace más grande cuando la policía llega con los cadáveres de los amigos de Jannicke y su asesino. Durante la noche, el cadáver del Montañero (Robert Follin) vuelve a la vida y empieza una nueva matanza.
Como queda claro por la sinopsis, para justificar el regreso del Montañero se añade un elemento sobrenatural a la película, expandiendo la mitología del personaje a medida que la trama se va desarrollando. Esto le añade más colorido a esta secuela, que es de esas pocas secuelas que está a la altura de la original y en algunos momentos la supera. Los fans del género habréis notado rápidamente la correlación entre esta secuela y su precedente y La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978) y ¡Sanguinario! (Halloween II, Rick Rosenthal, 1981). Empezar a partir del final de la anterior y la ambientación en un hospital hace inevitable pensar en ello, pero esta secuela también se inspira en cómo Aliens: El regreso (Aliens, James Cameron, 1986) continuó a partir de Alien - El octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979). Esta secuela aumenta la acción y tiene un mayor número de víctimas, así como Jannicke se "ripleyza".
El director Mats Stenberg hace un gran trabajo con la acción y las escenas de asesinatos más elaboradas, creando una secuela que es más trepidante y emocionante que la anterior. Para mí es semejante a como conectan Hellraiser, los que traen el infierno (Hellraiser, Clive Barker, 1987) y Hellbound: Hellraiser II (Tony Randel 1988), la primera una historia de terror íntima pero muy efectiva, la segunda una película que le da un toque épico a la historia sin perder la esencia.
Esta excelente segunda entrega fue otro gran éxito, ¿podrían los cineastas mantener el nivel en la tercera entrega?
Para Cold Prey III (Fritt vilt III, Mikkel Brænne Sandemose, 2010) los productores decidieron coger la ruta de la precuela. Se expande algo de lo que ya conocemos en las dos entregas anteriores, para darle una nueva interpretación, y luego pasar a finales de los 80. Entonces se nos presenta el clásico grupo de amigos que decide hacer un viaje improvisado para acampar en un lago. Allí, el Montañero (Endre Hellestveit) los matará uno a uno, en una historia que llena huecos en la historia de este asesino brutal.
Cuando compré originalmente estas películas en DVD en su día, lo hice en un pack que incluía también la película El placer de la caza (Rovdyr, Patrik Syversen, 2008), otra producción noruega que hacía homenaje al cine de terror salvaje inspirado en Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, Wes Craven, 1977), pero ambientado en un bosque. Esta tercera entrega de Cold Prey tiene bastante en común con la película de Patrik Syversen. En la precuela se abandonan los parajes nevados para trasladar la acción a un espeso bosque, con el Montañero acechando a los protagonistas al estilo de El terror final (The Final Terror, Andrew Davis, 1983) o Pánico antes del amanecer (Just Before Dawn, Jeff Lieberman, 1981).
Este cambio de escenario va acompañado de un cambio de tono. Esta película es más violenta y oscura, partiendo del hecho de que al empezar ya sabemos que los personajes están condenados. Es una precuela y la existencia del Montañero es un secreto al inicio de la primera película. Esto hace que la trilogía no se haga aburrida, ya que cada una ofrece una experiencia distinta, pero también hace que esta precuela sea la más floja de las tres. La más floja comparada con las dos anteriores, sigue siendo un brutal ejemplo de sólido slasher moderno.
En conjunto, esta es una de esas raras trilogías dentro del género en que todas las entregas tienen un gran nivel de calidad y son tremendamente entretenidas, aunque el hecho de que las dos primeras se puedan ver como una sola película hace que la tercera quede algo desconectada. Si no las conocías, son perfectas para ver seguidas en plan maratón.



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