25 sept 2026

La saga de los Drácula

 


 

Ya hemos tratado con anterioridad las películas vampíricas de León Klimovsky La orgía nocturna de los vampiros (1973) y El extraño amor de los vampiros (1975). La saga de los Drácula (1973) es el film de vampiros que rodó entre estas dos y viendo las tres en conjunto forman una especie de trilogía, no narrativa sino de intenciones. Las películas que rodó Klimovsky para Paul Naschy en las que se incluían vampiros, como La noche de Walpurgis (1971), muestran la visión que tenía Naschy de los vampiros. Esta era una visión clásica, inspirada en la Universal y la literatura clásica. Pero las películas de vampiros que filmó el director sans Paul Naschy resultan mucho más iconoclastas y modernas. Se juega más con los mitos y tópicos de las historias de vampiros, un factor importante para explicar que hayan envejecido tan bien.

Las intenciones de jugar con los tópicos vampíricos queda claro ya solo con ver el argumento de La saga de los Drácula. Berta (Tina Sáinz) es una joven, embarazada de pocos meses, que viaja al hogar ancestral de su familia junto a su marido Hans (Tony Isbert). Una vez llegue allí, espera reunirse de nuevo con su abuelo el conde Drácula (Narciso Ibáñez Menta) y sus primas Irina (Cristina Suriani) y Xenia (María Kosty). Pero la llegada no resulta fácil, ya que en el pueblo por el que pasan aparecen mujeres asesinadas a las que les han chupado la sangre. Cuando Berta y Hans lleguen al castillo Drácula y conozcan a la nueva esposa del conde, Munia (Helga Liné), el horror no se detendrá. Berta verá impotente como su sueño se convierte en pesadilla.

El guion de Emilio Martínez Lázaro y Juan Tébar, firmado como Lazarus Kaplan, se inicia como lo que podría ser una clásica historia de terror gótico. Bosques oscuros, pueblerinos asustados por las supersticiones del lugar que se niegan a ir a ciertos lugares de noche, figuras encapuchadas acechando bellas víctimas... Todo elementos familiares. Pero, luego la película da un giro. Y si El extraño amor de los vampiros mostraba influencias de El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, Roman Polanski, 1967), aquí se ve cierta influencia de otro clásico de Roman Polanski: La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Así, a pesar de su inicio clásico, la película lleva al espectador por territorios inesperados, en algunos casos muy inesperados. Lo hace con ciertas dosis de humor negro y varias escenas memorables.

Uno de los temas de la película es la crítica a las clases privilegiadas. La familia Drácula se presenta como decadente y altiva. Narciso Ibáñez Menta está fantástico como Drácula, transmitiendo estas ideas de decadencia burguesa con un aspecto cercano al descrito por Bram Stoker al inicio de Drácula. Un aspecto que recuerda al de Christopher Lee en la pésima (para mí) El conde Drácula (Nachts, wenn Dracula erwacht, Jesús Franco, 1970). Comparando ambas interpretaciones queda claro que Ibáñez Menta puede que sea el segundo mejor Drácula del cine. Volviendo al tema de la película, esta película utiliza al vampiro como alegoría no de una enfermedad sexual, sino de las teorías nazis y franquistas, en particular la insistencia en la sangre pura, a pesar de que sea un concepto totalmente absurdo. Resulta algo natural teniendo en cuenta que esta película se produjo cuando el franquismo todavía se mantenía en el poder.

Además de un guion interesante con alguna sorpresa, el film se beneficia de un sólido reparto. Por supuesto, el ya mencionado Narciso Ibáñez Menta es el más destacado, así como Tina Sáinz hace una gran trabajo con la atormentada protagonista. El resto del reparto son rostro familiares en las producciones Profilmes, la Hammer española, y el fantaterror: la fabulosa Helga Liné, María Kosty, Betsabé Ruiz, Luis Ciges... Todos al servicio de un interesante film que se sirve de los tópicos para darles luego la vuelta. Un clásico para los amantes del fantaterror.

 

18 sept 2026

La disparatada parada de los monstruos (Freaked)

 

 


Creo que nos ha pasado a todos. Hay veces que nos cruzamos con películas que parece que quieren evitarnos. Como si el destino nos quisiera impedir que las viésemos. Esto me pasó con La disparatada parada de los monstruos (Freaked, Alex Winter, Tom Stern, 1993), que durante mucho tiempo parecía esquivarme. Supe de ella en las páginas de Fangoria, cuando la editó en España Ediciones Zinco y leía sobre películas que era demasiado joven para ver (lo que no me detuvo nunca ni le importó a los dependientes del videoclub). Pero no la vi en cines ni me la encontré en ningún videoclub. Luego se editó en DVD pero se agotó en nada. Tras tanto tiempo, me parecía que descargarla era hacer trampa, quería verla bien. Luego, la encontré en Prime pero solo estaba doblada no en versión original, de nuevo me negué a verla si no podía verla bien. Finalmente, 33 años después de que se estrenara, llegó a mis manos en una lujosa edición en 4k de 4 discos. La compré sin haber visto siquiera un trailer y no se me ocurrió hasta justo antes de ponerla en el reproductor "¿y si resulta que es una mierda?"

Ricky Coogan (Alex Winter), una vanidosa estrella de Hollywood, su mejor amigo Ernie (Michael Stoyanov) y Julie (Megan Ward), una activista, acaban convertidos en monstruos debido a los dementes experimentos de Elijah C. Skuggs (Randy Quaid). Junto al resto de monstruos víctimas de Skuggs, Ricky, Ernie y Julie intentarán escapar de las garras de Skruggs.

Desde que la película arrancó supe que estaba hecha para mí. Freaked es una comedia bizarra, delirante, surrealista y absurda que utiliza un tipo de humor que me encanta. Pensad Monty Python + los cómics EC + punk y el resultado será parecido al tipo de comedia que es Freaked. Esto también hace fácil de entender porqué la película se convirtió en una cinta de culto, incluso si no hubiera sufrido lo que sufrió durante su estreno. Alex Winter y Tom Stern empezaron vendiendo la idea de una película de terror cómica protagonizada por el grupo Butthole Surfers, aprovechando la fama que Winter había adquirido como coprotagonista de Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989). Obviamente, la idea no interesó a ningún estudio pero sí hacer una comedia con Winter como protagonista. Así que, con la ayuda del guionista Tim Burns, Winter y Stern convirtieron el guion en algo más cómico, en sintonía con la serie que entonces estaban realizando con gran éxito en la MTV The Idiot Box. Finalmente, la película entró en producción en Fox, cuyo jefe de estudio entonces, Joe Roth, estaba acostumbrado a dar luz verde a películas que no eran las típicas producciones de Hollywood como El almuerzo desnudo (Naked Lunch, David Cronenberg, 1991).

A pesar del complicado rodaje, debido a los complejos efectos de maquillaje utilizados para dar vida a los monstruos, todo parecía avanzar a buen ritmo. Los problemas para la película empezaron durante la posproducción, cuando se produjo un cambio de régimen en la Fox. La nueva directiva no sabía qué hacer con la película y decidieron enterrarla. Eso quería decir estrenarla en unos pocos cines para cumplir contrato y no gastar en publicidad. Freaked fue, obviamente, fracaso.

Pero, al igual que muchas de las películas de este blog, la película empezó a convertirse en un título de culto cuando se editó en video. No solo por su estilo de comedia, también por la cantidad de talento en el reparto, muchos amigos de Winter como un no acreditado Keanu Reeves como un hombre perro revolucionario. Y otro motivo por el que se convirtió en cinta de culto es por su diseño de producción, logrando un aspecto visual increíble y memorable.

Por supuesto, los más memorable de la película es el trabajo de maquillaje y efectos especiales. Para dar vida a las criaturas de Freaked se reunieron los talentos de las compañías de Screaming Mad George, Tony Gardner y Steve Johnson. Y, para darle un aspecto más único, los Chiodo Brothers le añadieron efectos de animación stop motion. Los animatrónicos, los maquillajes, la animación... La película es un auténtico festival para los sentidos en este aspecto, en especial comparada con lo que se hace hoy día. Aunque he de decir que mi freak favorito es, posiblemente, el más sencillo: Sock Head, al que da voz Bobcat Goldthwait, que como su nombre indica es una persona con una cabeza que es una marioneta de calcetín. Los ojos rastafaris con ametralladoras también son un punto álgido.

Con su estilo punk y Looney Tunes para mí fue un placer de principio a fin. Me hizo reír a carcajadas y me maravillaron los diseños de algunas de las criaturas que aparecen. Como ya he dicho, es de esas películas que parece que han hecho especialmente para que uno las disfrute. La recomiendo a todo el mundo que no la conozca o que el destino haya intentado que no vea.

 

12 sept 2026

Psycho Killer

 


 

Andrew Kevin Walker causó una gran impresión con el guion de Seven (Se7en, David Fincher, 1995). Seguido de los guiones de 8MM (Joel Schumacher, 1999) y Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999), Walker parecía un experto en guiones oscuros. Por eso, su regreso al género con el guion de Psycho Killer (Gavin Polone, 2026) generó mucha anticipación, lo que no siempre es bueno.

Tras ser testigo de como asesina a su marido, la patrullera Jane Archer (Georgina Campbell) empieza a perseguir a un brutal asesino en serie. Este psicópata ha dejado un reguero de víctimas a su paso, llenando las escenas de los crímenes de símbolos satánicos, creando pánico entre la población. Archer se obsesiona con atraparlo descubriendo su macabro plan.

En algunos aspectos, Psycho Killer parece una historia de hace treinta años actuliazada. La inclusión del pánico satánico y el investigador obsesionado en atrapar al asesino, que se enfrenta con autoridades incompetentes ya sean federales o policías, son clichés presentes en el género desde los 80. Sin embargo, Walker ya había utilizado en Seven la táctica de introducir clichés para dar una falsa sensación de seguridad al espectador, también como contraste a la oscuridad y morbosidad de la trama. La brutalidad y las escenas sangrientas, con toques de efectos visuales, son claramente modernas y son lo que aparta este título de otros de décadas pasadas.

Con una duración de 91 minutos, una rareza hoy día, la película no tiene nada de grasa. Se centra en contar su historia de forma eficiente. Por un lado, esto es uno de los puntos positivos de la película, no pierde el tiempo en meternos de cabeza en la historia, así como su mezcla de thriller y terror está muy conseguida. Por otro lado, esto también significa que uno de los aspectos más únicos de la trama no queda plenamente desarrollado, lo que provoca que no tenga el impacto que se buscaba en la conclusión.

Esto último hace que, aunque la película tenga varias cosas a su favor como una secuencia con un cameo del gran Malcolm McDowell, Psycho Killer acaba perdiendo fuerza en su final. El clímax no tiene la tensión que se buscaba y contiene momentos muy predecibles. Este flojo final hace que Psycho Killer acabe siendo un título más, que no se convertirá en un referente para el futuro sino relleno para los servicios de streaming.

 

4 sept 2026

Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei)

 


 

A veces pasa que ves una película que te encanta y te quedan ganas de ver más películas del mismo director. Así, disfruté tanto con Burning Paradise (Huo shao hong lian si, Ringo Lam, 1994) que me quedaron ganas de recuperar otro clásico de Ringo Lam. En este caso Full Contact (Contacto total) (Full Contact aka Xia dao Gao Fei, Ringo Lam, 1992).

Gao Fei (Chow Yun-Fat) quiere ayudar a su amigo y compañero Sam Sei (Anthony Wong), que debe dinero a Kau (Victor Hon), un poderoso usurero con contactos mafiosos. Gao acaba enfrentándose a Kau y sus secuaces, lo que hace que deba planear huir del país. Necesitado de dinero para la huida, acepta la idea de Sam de trabajar junto a la banda de Judge (Simon Yam) en un golpe. Cuando llega el momento, Gao es traicionado y dejado por muerto. Judge y su banda creen que se han salido con la suya, pero no cuentan con la sangrienta venganza que Gao planea.

Parece increíble que títulos clásicos del género considerados hoy día obras maestras, como Hard Boiled (Hervidero) (Hard Boiled aka Lashou shentan, John Woo, 1992) y Full Contact, pasaran bastante desapercibidas cuando se estrenaron en su país de origen. A pesar de esta fría recepción inicial, es innegable que Full Contact representa la epítome del cine de acción al estilo Hong Kong, el llamado heroic bloodshed. Lleva al máximo lo que se podía hacer con el género. Ringo Lam incluso realiza un primitivo intento del bullet time que luego popularizaría Matrix (The Matrix, Lana y Lilly Wachowski, 1999). Lam convierte una típica historia de venganzas criminales en un delirante festival de acción, sumergiendo al espectador en el torbellino provocado por el enfrentamiento entre Gao y Judge.

Este clásico de culto tiene un reparto de lujo. Chow Yun-Fat estaba en su momento álgido, llenando de carisma y fuerza la pantalla, dando vida a un personaje obsesionado con vengarse no solo por él sino también por otras víctimas inocentes. Al otro lado, Simon Yam como Judge crea un villano realmente memorable, cuyos trucos de magia se vuelven rápidamente mortales. Pero la mejor interpretación posiblemente sea la de Anthony Wong como Sam, un personaje que evoluciona y cambia, siendo el más complejo de la película. A título personal, tampoco puedo evitar mencionar a Bonnie Fu como la villana Lau Ngang, cuyo apodo es traducido en ocasiones como Virgen y en ocasiones como Guarra, que tiene una de las mejores risas de villana de la historia.

Se ha de mencionar que uno de los aspectos más interesantes de la sangrienta Full Contact tiene su origen en el actor Simon Yam y no en el director. Fue Yam que, considerando el vestuario exagerado y los trucos de magia, tuvo la idea de hacer que su personaje estuviera enamorado del héroe interpretado por Chow Yun-Fat. Era la única manera que se le ocurrió de justificar la obsesión de Judge de acabar con Gao. Fue un golpe de genio, ya que le da un toque único que hace explícito el homoerotismo que encontramos dentro del cine de acción, en particular de los 80, e incluso en cómics como la obsesión mutua del Joker y Batman.

Violenta y sangrienta, Full Contact es un clásico que sigue pareciendo moderno. Llevó el género todo lo lejos que se podía llevar, siendo el resultado un delirante festín para los sentidos. Una película indispensable.