9 dic 2020

Superstición (Superstition)

 

Tiene mérito que una película que utiliza muchos elementos de otras películas más exitosas tenga personalidad propia. Es lo que hace Superstición (Superstition, James W. Roberson, 1982), un festival de sangre y sustos.

El reverendo David Thompson (James Houghton) empieza a investigar los extraños sucesos que tienen lugar en una casa propiedad de la Iglesia. Una casa a la que se acaba de mudar una familia, momento en que no tardan en empezar a acumularse los accidentes y las muertes. Como véis, un argumento bastante típico de una película de terror. En el guion se mezclan elementos de La máscara del demonio (La maschera del demonio, Mario Bava, 1960), La profecía (The Omen, Richard Donner, 1976), Terror en Amityville (The Amityville Horror, Stuart Rosenberg, 1979) y, por si fuera poco, se le añade el gore de los slashers populares en los 80.

Todo lo citado anteriormente es agitado y mezclado para convertir Superstición en una palomitera película de terror. Ciertamente, no es que provoque miedo, ni muchos menos terror, en el espectador, pero logra ser entretenida de principio a fin. Tal vez porque más que como una película de casa encantada, funciona más como una película de terror con monstruo. Arranca con una cabeza explotando en un microondas, de modo que no se basa en los sustos habituales en las casa encantadas. Son sus excesivos momentos los que hacen memorable la película, obviamente, por eso se estrenó sin censurar y así se ha mantenido hasta ahora. Llegando al presente a pesar de desaparecer en el momento de estrenarse, para, con el título The Witch, reaparecer en Europa con la explosión del VHS.

Como ya he mencionado, en teoría es una película de casa encantada, acosada por el espíritu de una bruja, pero no se desarrolla como una. Busca, más bien, impactar al espectador como lo hacían slashers de la época como El asesino de Rosemary (The Prowler, Joseph Zito, 1981). Y lo consigue.

8 dic 2020

Versus

 

El director de Azumi (2003), Godzilla: Final Wars (Gojira: Fainaru uôzu, 2004) y El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train, 2008), Ryûhei Kitamura, se dio a conocer mundialmente con Versus (2000), una demente, delirante y desfasada película que mezcla yakuzas, samurais y zombis.

Si habéis visto cualquiera de las películas arriba citadas (y recomiendo que lo hagáis en caso contrario), os habréis percatado de que una de las cualidades del cine de Kitamura es el exceso. Sus esfuerzos por sumergir al espectador en una historia cargada de acción y emoción, ya sea adrenalina o terror, hacen que sus películas se conviertan en auténticas montañas rusas. Una cualidad ya presente es su debut en el largo, tras un par de mediometrajes. Versus introduce a sus personajes en el bosque de la resurrección, situado en una de las 666 puertas al más allá que hay por todo el mundo. En este lugar dos personajes, interpretados por Tak Sakaguchi y Hideo Sakaki, se encuentran envueltos en un conflicto centenario, que arranca en el pasado y continua en el presente incorporando a unos yakuzas que utilizan el bosque para enterrar a sus víctimas. Víctimas que volverán a la vida mientras la rueda del destino se pone en marcha.

A la práctica, el argumento se traduce en dos horas de peleas de artes marciales, tiroteos y duelos de espadas con la incorporación de mutilaciones de zombis salidos de una película de Lucio Fulci. Todo ello regado con un iconoclasta sentido del humor que convierte Versus en una película no solo tremendamente excitante, también tremendamente divertida. En este sentido, Minoru Matsumoto es el que más hace reír con su inútil yakuza que reacciona como un niño pequeño cada vez que la caga de forma espectacular.

Kitamura realizó la película pensando en el público occidental, mostrando sus influencias de cineastas como Lucio Fulci, Sam Raimi, Russell Mulcahy y John Carpenter. Todo ello mezclado con su peculiar estilo. Y funcionó, festivales de todo el mundo se rindieron al espectacular espectáculo de acción sangrienta de Kitamura. Lo sorprendente para el director fue que el film fue también un éxito en Japón, dándole la oportunidad de ponerse al frente de ambiciosas películas con elevados presupuestos como Azumi. Lo cual tiene mucho mérito considerando que Versus era una pequeña película independiente con un presupuesto muy bajo (por eso se ambienta el film en un bosque para ahorrar localizaciones y escenarios).

El film empezó como una secuela del mediometraje de Kitamura Down to Hell (1997), pero a medida que fueron trabajando en el guion vieron que la historia se iba haciendo más ambiciosa y decidieron estrenarla como una película original con entidad propia. El propio Kitamura financió la película, con su dinero y el de amigos y familia. La apuesta salió bien, logrando crear un festival de acción con pocos medios. En 2004, Kitamura volvió a reunir al reparto y rodó nuevo material para el film. Estrenada como Ultimate Versus, esta versión remodelada contiene todavía más acción e incorpora todo aquello que en su día no se pudieron permitir por el limitado presupuesto.

Con el tiempo Versus, ya sea la original o la versión Ultimate, se ha convertido merecidamente en una película de culto. Una brutal maravilla que recomiendo a todo el mundo.

4 dic 2020

Stitches


 

El payaso psicópata o monstruoso ha aumentado su presencia en los últimos años. El estreno de It (Andy Muschietti, 2017) y la creación de vídeos virales protagonizados por payasos inquietantes son algunas de las razones de su reciente popularidad, aunque han sido parte del terror desde sus inicios. Stitches (Conor McMahon, 2012) aprovecha la figura del payaso asesino para crear un slasher que mezcla comedia y terror con grandes resultados.

Stitches (Ross Noble) es un payaso desganado y nada divertido que, cargado de odio hacia los chiquillos que se supone debe entretener, se dispone a actuar en la fiesta de cumpleaños de Tom (Ryan Burke). Aburridos por la inepta actuación de Stitches deciden gastarle una broma que, accidentalmente, acaba en la muerte de Stitches. Seis años después, Tom (Tommy Knight) se ha convertido en un adolescente cargado de traumas por lo que sucedió en la fiesta de su décimo cumpleaños. Sus amigos le convencen para celebrar una fiesta por su cumpleaños y dejar atrás el pasado. Por supuesto, Stitches sale de la tumba dispuesto a vengarse de los ahora crecidos mocosos.

Viendo Stitches no pude evitar acordarme de Terrifier (Damien Leone, 2016). Ambas están protagonizadas por payasos asesinos, pero mientras Terrifier me aburrió mucho, ya que no contaba una historia sino que enlazaba escenas de mutilaciones sin construcción de personajes ni nada, con Stitches me divertí enormemente. Y no es que la trama de Stitches sea muy elaborada u original, es típica del género, pero sí que se molesta en construir mínimamente los personajes para que sus muertes tengan algo más de impacto, más que nada porque algunos no puedes esperar para verlos mutilados. La película mezcla comedia y terror, de modo que sus muertes están diseñadas para ser exageradas y cómicas. Y si la historia de Stitches no es original, las muertes sí lo son y son los momentos que provocan más risas, en ocasiones auténticas carcajadas. Por ejemplo, la primera risa que me provocó la película fue en la escena en que muere Stitches al inicio del film: empieza a salir sangre de su cabeza a chorro cayendo directamente sobre la cabeza del pequeño Tom y el derramamiento de sangre es tan largo, dura tanto tiempo, que se convierte en absurdo. No voy a destripar el resto de muertes (ja, ja "destripar") pero son tan elaboradas y divertidas que hacen que te olvides de las carencias que pueda tener la película. Además, puntos extra por poner de adolescentes protagonistas actores y actrices que realmente parecen adolescentes.

Stitches es un slasher cargado de creativo gore que proporciona tremendas dosis de diversión en los rápidos 86 minutos que dura. Recomendada si os gusta el slasher y las comedias sangrientas.

2 dic 2020

Late Phases

 

En ocasiones, una buena película no necesita grandes conceptos o radicales ideas originales para triunfar. A veces, lo único que se necesita es saber utilizar ideas clásicas de forma interesante, como hace Late Phases (Adrián García Bogliano, 2014).

Ambrose McKinley (Nick Damici) es un veterano del Vietnam ciego que se muda a una comunidad para jubilados. Situada cerca de una zona boscosa, esta comunidad es la zona de caza de un hombre lobo, que hasta ahora se ha centrado en las mascotas de la zona. Pero la primera noche de Ambrose en su nueva residencia, el hombre lobo ataca matando a su vecina y al perro-guía de Ambrose. Aunque no ha visto qué es lo que le ha atacado, Ambrose se hace una buena idea de qué es y empieza a prepararse para cuando llegue la próxima luna llena vengarse de la criatura.

Late Phases presenta un hombre lobo que sigue las reglas del clásico hombre lobo de la Universal: se transforma con la luna llena y para matarlo es necesaria la plata. El diseño del hombre lobo, por otro lado, es más típico del diseño monstruoso de los 80. El argumento recuerda un poco a Miedo azul (Silver Bullet, Daniel Attias, 1985), con el protagonista discapacitado investigando quién es el hombre lobo. Sin embargo, el film funciona y es tremendamente efectivo. El reparto con Nick Damici, Tom Noonan y Lance Guest, entre otros, borda sus papeles. En especial Damici como el ciego Ambrose, cuyo mal carácter y naturaleza conflictiva hace que tenga una difícil relación con su hijo y la comunidad pero lo hace perfecto para cazar a un hombre lobo. Damici, además, está envejecido mediante maquillaje, lo que demuestra la calidad del trabajo de efectos especiales presente en el film, ya que mientras el hombre lobo llama mucho la atención, no es hasta leer los títulos de crédito que uno se da cuenta de que a Damici se le ha añadido por lo menos una década de años mediante maquillaje.

El guion también está muy bien construido. Los ataques representan el inicio y la parte final del film, la parte central se dedica a desarrollar el personaje y construir suspense. Los toques de drama y comedia en esta sección central contribuyen a que la trama se desarrolle de forma fluida, manteniendo al espectador interesado de principio a fin.

Late Phases no es una película revolucionaria, pero es una tremenda entrada dentro del género de los hombres lobo. Logra su objetivo de ser una entretenida peli de monstruos, con un carismático protagonista.

1 dic 2020

The Taking of Deborah Logan

 

Puede que el found footage sea el único género en el que tener un acabado pulido o contar con actores reconocibles en el reparto es un inconveniente más que una ventaja. Es el caso de The Taking of Deborah Logan (Adam Robitel, 2014), un found footage que es posible hubiera funcionado mejor filmado de forma "tradicional".

El film está formado principalmente por el documental que filma Mia Medina (Michelle Ang) como tesis de fin de carrera. El documental trata sobre los efectos del Alzheimer, centrándose en Deborah Logan (Jill Larson), paciente de Alzheimer, y su hija Sarah (Anne Ramsey). A medida que la enfermedad avanza, el comportamiento de Deborah se va haciendo más extraño, hasta que se hace evidente que está sucediendo algo de naturaleza sobrenatural.

The Taking funciona principalmente en su parte central. Vamos siguiendo la evolución de Deborah Logan y poco a poco se van introduciendo elementos inquietantes que van escalando en importancia. Pero cuando llega a la última parte, el film se vuelve bastante "Hollywood", con giros predecibles, imágenes ya vistas y un predecible final. Elementos que habrían pasado más desapercibidos, repito, si se hubiera filmado la película siguiendo un estilo narrativo más habitual que hubiese permitido desarrollar mejor la historia. Porque la historia es interesante, pero solo se ofrecen pequeños trazos debido al formato.

Y también hay ciertos problemas con la manera en que desarrolla el found footage. Utilizar actores reconocibles le resta efectividad y credibilidad al concepto. También utiliza recreaciones del pasado que son obvias recreaciones con maquillaje y peluquería, siendo muy obvio que no se trata de filmaciones antiguas, lo cual no habría sido un problema utilizando cualquier otro estilo narrativo.

The Taking of Deborah Logan es una entrada mediocre dentro del género (lo cual parece ser la norma en la filmografía de Adam Robitel). Esto quiere decir que tiene momentos efectivos y algún hallazgo interesante, pero no tanto como para convertila en una película memorable.