31 jul 2012

George A. Romero, señor de los muertos vivientes. Parte 1


Advertencia: este es un artículo, igual que todos los de este blog, muy subjetivo. No voy a intentar convenceros de nada ni fingir que cuando digo "este es el mejor film de la historia" no digo en realidad "para mí este es el mejor film de la historia".

George A. Romero revolucionó el género del terror con la creación de una nueva criatura, mezcla de dos antiguos monstruos, en el seminal clásico La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Las dos secuelas originales de este film formaron una de las más influyentes trilogías de la historia del cine de terror. Sin embargo, las más recientes incursiones de Romero en el género del que parecía ser el rey han sido productos de una calidad muy inferior a la que sería de esperar de alguien considerado un maestro del género. En este largo artículo en dos partes pretendo analizar los films de Romero e intentar ver qué funciona en sus primeros films zombis y por qué los nuevos no funcionan de la misma manera. Empezaremos con la trilogía original.

Aunque ha sido analizada hasta la saciedad por su aparente infinidad de subtextos, desde metáfora sobre la guerra de Vietnam hasta alegoría de las revoluciones sociales de finales de los 60, los creadores de La noche de los muertos vivientes sólo pretendían hacer una modesta película de terror con la cual introducirse en el negocio del cine y salir de los films industriales. De hecho, ni siquiera era una película de zombis; su título original era Night of Anubis, luego fue cambiado por el de Night of the Flesh Eaters que luego fue cambiado por el título actual. En el film se refieren a los muertos reanimados como "ghouls", necrófagos en castellano, criaturas de leyenda que se alimentan de la carne de los muertos. Por tanto, no deja de ser curioso que este fuera el film que pasara a redefinir el zombi: de muerto reanimado por la magia del vudú, convertido en esclavo, a criatura que vuelve a la vida sin razón aparente y que se dedica a devorar carne humana viva.

Como film de terror, La noche funciona por su acercamiento casi documental y realista a la hora de contarnos su historia. El acercamiento naturalista de Romero, influido por films como El carnaval de las almas (Carnival of Souls, Herk Harvey, 1962) y El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Sidney Salkow/Ubaldo Ragona, 1964), contribuye a meter al espectador en la historia. También es importante el hecho de que la película estaba mejor escrita que la mayoría de films de la época, con personajes bien definidos y redondos. Aunque en ocasiones los interpretes de esos papeles no estuvieran al nivel del guion, del reparto destacan los actores Duane Jones, Judith O'Dea y Karl Hardman que sí ofrecen unas buenas interpretaciones.

Romero destaca por el uso de la ironía macabra, presente en casi todos sus films, especialmente en hacer que el personaje de Hardman, el señor Cooper, tenga razón en la forma de enfrentar la situación pero al ser un personaje cobarde, egoísta y muy desagradable las simpatias se dirigen hacia el Ben de Duane Jones, a pesar de su equivocado enfoque. Otro aspecto cinematográfico es la violencia y el gore que le añaden una capa de horror gráfico inaudita hasta entonces. Inaudita no porque fuera el primero en hacerlo, Herschell Gordon Lewis ya había "desvirgado" a los espectadores americanos en ese aspecto, sino por la efectividad y acierto con que usó la violencia gráfica. Así, mientras los films de Lewis actualmente resultan más entrañables y divertidos que horripilantes, la película de Romero, más sobria, sigue causando inquietud. Otro elemento esencialmente romeriano es que ya aparece retratada la desconfianza hacia las autoridades y cómo introducen "su versión de los hechos" cuando les interesa.

La noche es reconocida por sus múltiples significados y alegorías. Lo interesante para mí de este aspecto es que es una película en la cual Romero no tuvo intención alguna de añadir ningún contenido político, algo que sí haría luego de forma consciente con diferentes niveles de éxito, todo el subtexto es añadido de forma inconsciente, por la influencia de los eventos del momento sin ser pasados por el filtro de la "intencionalidad". Por ejemplo, mucho se ha comentado sobre el hecho de que Romero decidiera poner como protagonista a un afroamericano, teniendo en cuenta la situación política del momento y la lucha por los derechos civiles. Pero una y otra vez Romero contesta a esto que escogió a Duane Jones simplemente porque fue el mejor actor que hizo una audición por el papel. Pero el hecho de que Jones sea negro hace que el final resuene con mucha más fuerza, más considerando que la película se estrenó en octubre del 68 y Martin Luther King había sido asesinado en abril del mismo año.

Con esto no quiero decir que el film no tenga subtextos o que se le buscan significados que no están ahí, todo lo contrario. La noche representa de forma casi perfecta la sociedad y el momento en que fue hecha porque lo hace de forma inconsciente, al no tener un tema específico se permite que se impregne de todo aquello que formaba el gestalt de entonces. Por eso es un clásico y por eso sigue funcionando hoy día. Si bien los temas sociales no fueron introducidos por Romero de forma consciente, eran temas que le preocupaban, así que fluyen libremente desde el subsconsciente hacia la pantalla.



Tras el éxito de La noche, Romero dirige la comedia There's Always Vanilla (1971), la cual pasa desapercibida completamente, y el film de terror Jack's Wife aka Hungry Wives aka Season of the Witch (1972), que también pasa desapercibido. Los siguientes dos films de Romero también pasarán desapercibidos, pero destacan, aparte de por ser dos films excelentes, por introducir temas y estilos presentes en su futura épica zombi, me refiero a Los Crazies (The Crazies, 1973) y Martin. El regreso de los vampiros vivientes (Martin, 1976).

Y en 1978, en un intento de resucitar su carrera, llegó Zombi (Dawn of the Dead), la épica zombi que provocó una avalancha de películas zombi en la época (igual que el remake en fechas más recientes), protagonizó portadas de prestigiosas revistas y fue un gran éxito de taquilla allí donde se estrenó. Más mérito tiene su éxito en Estados Unidos ya que se estrenó sin censurar. Ya hablé de la película y sus distintas versiones en un anterior post, que podéis leer clicando aquí, así que no me extenderé demasiado con esta película.

Esta segunda entrega es la más popular de las tres originales. Su tono ligero, la acción y la diversión presentes a lo largo del film hace que sea la más llevadera y fácil de asimilar. Muchos espectadores se dejan seducir por la fantasía de tener un centro comercial a su disposición, algo explotado también en otros films como la película de culto La noche del cometa (Night of the Comet, Thom E. Eberhardt, 1984). Por supuesto, todo el mundo menciona el mensaje anticonsumista, del film. Es algo bastante obvio, mostrado de forma sublime por Romero con un montaje en el cual se ve en un principio a los protagonistas disfrutando de todas las cosas a su disposición hasta que al final se acaban sintiendo vacíos. Ese es el mensaje de la película, además de la crítica social, y otros temas como la desensibilización hacia la violencia (me refiero a la versión de Romero, no a la extendida ni a la versión europea editada por Dario Argento). Pero al mismo tiempo, no deja de ser una fantasía seductora, por lo menos me lo pareció cuando vi la película con 12 años, algo que el remake explota con su fetichismo hacia las armas y se convierte en una exaltación de la acción, el mensaje opuesto al film de Romero.

De todos modos, en lo que se refiere a este artículo, lo interesante es que aquí por primera vez se desarrolla la marca Romero en las películas de zombis. En otras palabras, los zombis pasan a ser una molestia, y en algunos momentos víctimas, el desencadenante del drama humano. La auténtica amenaza pasa a ser el ser humano. Es la propia estupidez o la intervención de otro personaje el que hace que los zombis maten a alguien. Los zombis hacen lo que su instinto les manda, son los humanos los que tienen motivos ulteriores en sus acciones. Si los zombis acaban dominando el mundo no es por su superioridad intelectual o su habilidad estratégica, es por la propia incapacidad de los vivos para trabajar por el bien común.

Como ya he dicho, Zombi fue un gran éxito a todos los niveles y por ello se convirtió en el modelo a imitar, no sólo entonces, también en la actualidad.



Tras Zombi, Romero dirigió la interesante y poco vista Los caballeros de la moto (Knightriders, 1981), fuera del género, y la genial y muy divertida Creepshow (1982), un homenaje que hicieron Romero y Stephen King a los cómics de terror de la EC, que muestra unos muertos vivientes muy diferentes de los que había retratado hasta ahora el director.

El fracaso de Knightriders hizo que se acelerara el proceso para llevar a término la tercera entrega de la trilogía original. El día de los muertos (Day of the Dead) se estrena en 1985, ofreciendo un acertado análisis de la década de los 80, igual que La noche hizo en los 60 y Zombi en los 70.

Desde el principio, la historia de El día de los muertos fue bastante accidentada. El épico guion original se tuvo que recortar debido a que el presupuesto se redujo de 6 a 3 millones de dólares, ya que Romero quiso que la película se estrenara sin censurar. Luego su distribución fue bastante irregular, lo que no facilitó que el público accediera a ella. Aquellos que la vieron no quedaron muy contentos, la mayoría esperaban otro festival de diversión zombi como el film anterior y se encontraron con algo muy distinto. Sé que durante un tiempo, la única versión disponible en España era una versión censurada, en la que había eliminado casi todo el gore. No sé si todavía es el caso, ya que las versiones que tengo son la especial de Anchor Bay y la edición en Blu-ray de Arrow Video, ya que en lo que a extras y calidad se refiere, las ediciones españolas dejan bastante que desear.

Con el tiempo, El día de los muertos ha ido ganando seguidores y se ha convertido en un film de culto, así como se ha sabido apreciar mejor lo que quiso hacer Romero. Supongo que lo notaréis en el comentario, pero para mí esta es la mejor de las tres. Es mi favorita (y también es la favorita de Romero), la que disfruto más viendo.

El film se centra en una instalación científica dedicada a investigar una solución para el problema zombi, vigilada por un destacamento militar. Si Zombi está ambientada aproximadamente unas tres semanas después de los hechos contados en La noche, El día es de suponer que está ambientada al cabo de unos meses de los hechos de la segunda entrega. Se ha de entender entonces que los personajes llevan en esa instalación encerrados varios meses, lo que hace que la tensión y el estrés esté llegando a un nivel casi insostenible. Es lo que hace interesante el drama de los personajes.

Romero insiste en la crítica hacia el estamento militar, ya iniciada en Los Crazies, encarnado por el demente Rhodes (Joe Pilato), uno de los villanos más memorables de la historia del cine de terror. Rhodes representa una sátira de la política militar de la Era Reagan. Por otro lado, Richard Stanley representa, a través del personaje del doctor Logan (apodado por los demás "Frankenstein") la ciencia más cruel e innecesaria. Por entonces se habían destapado varios casos de crueles prácticas experimentales hechas a animales (como crucificar a un perro para ver cuanto duraba la agonía y otras cosas por el estilo), así como recuerda los experimentos que los nazis y los japoneses llevaron a cabo durante la II Guerra Mundial. Esto convierte definitivamente en víctimas a los zombis, mientras retrata la crueldad humana. El enloquecido doctor Logan contrasta con el personaje protagonista, la también científica Sarah (Lori Cardille).

El día muestra la evolución de los personajes femeninos en el cine de Romero: primero la víctima casi catatónica que vemos en La noche; luego tenemos a Francine en Zombi, la cual empieza como un personaje pasivo y poco a poco se va haciendo valer; culminando en Sarah, un personaje fuerte y al cargo de la situación desde el principio.

Paralelamente, es también un paso más en la evolución del zombi según Romero, encarnado en Bub (Howard Sherman), un zombi que aprende y empieza a mostrar ciertas señales de inteligencia.

El día es una radiografía perfecta de los 80. Es un film serio, profundo, con un tono que casa más con el nihilismo de los años 70, estrenado en un momento donde todo era diversión. Las cintas de acción eran celebraciones cargadas de testosterona y fetichismo armamentístico, en las cintas de terror predominaba un tono gamberro que mezclaba terror y humor (excepto los films del maestro Cronenberg). Todo el mundo estaba demasiado ocupado divirtiéndose como para pensar en la resaca del día siguiente. Esto no es una crítica hacia esas películas, entre ellas están algunas de mis favoritas, más bien entender por qué en su momento El día no fue bien recibida cuando se estrenó, sino al cabo de un tiempo.

En definitiva, esta es una pequeña obra maestra que ejemplifica el momento creativo cumbre de Romero. Un film oscuro y reflexivo, sangriento y excesivo que hubiera sido el cierre ideal para la trilogía. Pero no fue así y en la segunda parte analizaremos la carrera de Romero a partir de este punto.

26 jul 2012

El arte de matar (La sindrome di Stendhal)


Es posible que esta película no guste precisamente a aquellos más familiarizados con la obra de Dario Argento, mientras que aquellos que desconozcan la obra del maestro italiano del suspense puedan apreciar con menos prejuicios El arte de matar (La sindrome di Stendhal, Dario Argento, 1995) ya que se trata de un film extraño que se aleja del tipo de giallo espectacular y sangriento por los que es más conocido y se acerca a films del estilo de Huellas de pisadas en la luna (Le orme, Luigi Bazzoni, 1975) o Repulsión (Repulsion, Roman Polanski, 1965).

La sindrome di Stendhal es, hasta la fecha, la última película interesante que ha dirigido Argento. Su filmografía después de este film se compone de películas de suspense más o menos entretenidas, con la excepción de Jennifer (2005), el estupendo episodio de la serie Masters of Horror que Argento dirigió en la primera temporada de esta irregular serie. Sin tener a su disposición los presupuestos de antaño, la calidad de sus films se ha resentido, además de la dificultad de encontrar guiones que no sean regulares ejercicios de intriga.

La sindrome es también un film extraño dentro de su filmografía porque es muy realista y nada fantasioso. Realista en la forma que retrata la enfermedad que da título al film y que sufre su protagonista, la inspectora Anna Manni (Asia Argento), ya que el film está lleno de imágenes surrealistas y alucinaciones, así como de las set pieces habituales en Argento. Se aleja de conceptos fantásticos como que el ojo guarda la última imagen que ve al morir la persona o poderes de comunicación con los insectos, para retratar de forma veraz los efectos que experimentan las personas que sufren este síndrome (pasajero). La razón de ello está en la doctora Graziella Magherini, cuyo estudio sobre esta enfermedad inspiró la película, psiquiatra y psicoanalista italiana que dio nombre al síndrome cuando observó los sintomas que sufrían distintos turistas que visitaban Florencia, cuando dirigía el Departamento de Salud Mental de Florencia y el servicio psiquiátrico del Hospital Santa Maria Nuova de la misma ciudad. La doctora Magherini fue asesora del film y supervisó todos los aspectos del guion que tenían que ver con la enfermedad.

Argento utiliza un estilo más psicológico, con elementos de drama, para contar como la inspectora Anna Manni sigue la pista de un violador convertido en asesino. El director nos mete en la cabeza de Manni y experimentamos la película a través de sus ojos. Ello significa que este es uno de los films más surrealistas de Argento, con escenas como la primera alucinación de Manni, donde se mete en un cuadro que la lleva al fondo del mar y se besa con un pez de rostro más o menos humano. El resultado es un film con un estilo visual espectacular, pero que es más intelectual y menos fácil de asimilar que sus anteriores y posteriores películas. El impacto visual del film se ve ensalzado por una inquietante y evocadora banda sonora de Ennio Morricone

Son estos elementos los que hacen que posiblemente aquel que vea esta película esperando encontrar "la típica película de Dario Argento" se lleven una decepción. Pero si os ponéis a ver la película con una mente abierta es posible que disfrutéis de este peculiar film. Si os apetece pasar casi dos horas con una persona mentalmente perturbada, pero con un tremendo atractivo físico como el que posee Asia Argento, dadle una oportunidad a esta película.

24 jul 2012

Olvídalo, Jake. Es Chinatown.


En los años 70 se produjo una revolución dentro del cine policíaco y detectivesco. Films como Contra el imperio de la droga (The French Connection, William Friedkin, 1971) o La conversación (The Conversation, Francis Ford Coppola, 1974) presentaban el género de una forma nunca vista, rompiendo con las convenciones a la hora de presentar la trama o rompiendo tabúes a la hora de presentar personajes y representar la violencia, así como un mayor énfasis en las problemáticas sociales y psicológicas del país. Esta revolución que nos proporcionó una década llena de películas brillantes se vio impulsada por la llegada de nuevos directores que encabezaron una especie de Nueva Ola americana.

En este aspecto, Chinatown (Roman Polanski, 1974) se ha considerado como un film retro, al estilo de Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely, Dick Richards, 1975). Un intento de recrear el estilo clásico del cine negro de los años 30/40. Esta opinión normalmente se basa en el hecho de que está ambientada en los años 30, por tanto se interpreta que los realizadores querían hacer una recreación del género. Sin embargo, un estudio atento del trato de los personajes y la trama, llena de corrupción política y moral, nos revela Chinatown no como un film retro sino todo lo contrario: un film moderno y contemporáneo en sus intenciones como el resto de películas de esta década dorada del cine americano, con la única diferencia de que el film de Polanski no está ambientado en el presente. De hecho, uno de los principales objetivos de la película es desmontar (o deconstruir, si se prefiere) los tópicos del género para ofrecer algo diferente al espectador.

Chinatown surge de la imaginación de Robert Towne. La idea era hacer una película de detectives que estaría protagonizada por su amigo y compañero Jack Nicholson, producida por otro amigo de ambos, el productor Robert Evans que en aquel momento dirigía el estudio Paramount. Los tres decidieron que el director que querían poner al frente del proyecto era Roman Polanski, para que inyectara un poco de Nueva Ola en el film, de la misma manera que lo había hecho con el cine de terror en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Polanski, reticente de volver a Los Ángeles por los recuerdos que le traía del asesinato de Sharon Tate a manos de La Familia (la secta que dirigía Charles Manson), enfoca el proyecto de Chinatown como un trabajo de encargo, más que algo que le apasionara. Curiosamente, la forma en que Polanski trabajó en la película, junto al hecho de que era una producción hecha "entre amigos", sin intervención del estudio ni politiqueo de ningún tipo (la ventaja de tener al jefe del estudio como productor), dio como resultado final una obra maestra del cine, un film complejo e intelectual que también fue un gran éxito de taquilla.

Como decía, normalmente se considera que es un film retro. De hecho, el inicio de los títulos de crédito parece jugar con esa idea: el logo del estudio aparece en blanco y negro, los títulos aparecen en una pantalla reducida que imita el formato del cine de los años 40. Esta idea es destruida por el film cuando poco a poco se nos revela el universo en que nos moveremos, filmado en Panavisión, llenando el encuadre de una manera "moderna". Polanski huye de la estilización, cosa que enfatiza la fotografía de John A. Alonzo el cual hasta entonces había trabajado en documentales, y, además, no sólo utiliza en momentos escogidos la cámara en mano, también hace un trabajo en exteriores que crea un universo amplio, un mundo real, imposible en las casi claustrofóbicas películas de cine negro de los 40.

Pero uno de los elementos más modernos es la trama y cómo se resuelve. Towne, al igual que James Ellroy con las épicas novelas que forman el Cuarteto de Los Ángeles (mi favorita de las cuatro diría que es El gran desierto), se inspira en la historia real de la ciudad de Los Ángeles, y para ello parte de las guerras del agua que se iniciaron a principios del siglo XX y que para los años 30 ya habían terminado. Lo interesante es que en el momento de escribir la película se habían reiniciado de nuevo los conflictos por el agua en la ciudad, originados en gran parte por las consecuencias de los primeros conflictos y las peleas entre propietarios y especuladores y las jugarretas para llevar agua a la ciudad. Towne, por supuesto, lo ficcionaliza todo de modo que no es una recreación histórica en absoluto, aunque personajes como Noah Cross y Hollis Mulwray (John Huston y Darrell Zwerling en el film, respectivamente) están basados en personajes reales, o más bien se inspiran en personajes reales. De todos modos, se acerca lo suficiente a la realidad como para que su representación no esté exsenta de crítica.

El tema del agua y la crítica que se hace de los especuladores y la política incestuosa entre administraciones hace que, a pesar de estar ambientada en los años 30, Chinatown fuera un film contemporáneo en el sentido que trataba asuntos que en el aquel momento estaban de actualidad. Además, claro, de estar en sintonía con la crítica hacia las figuras de poder que estaba tan en boga en el cine americano de los 70, especialmente tras el Watergate. Otro detalle es que J.J. Gittes (Jack Nicholson) continuamente parece enfrentarse y tratar con desprecio a todo aquel que representa a la autoridad o la burocracia.

Otro aspecto "deconstructivista" de Chinatown es la manera en que representa a dos personajes tan icónicos e imprescindibles del género como son el detective y la mujer fatal. Gittes, al contrario que sus compañeros de ficción, no es un detective especialmente brillante. Es tremendamente vanidoso, tiene una tendencia a querer ser el héroe que le acaba llevando a la perdición. Su actitud, claro, es una forma de disimular los conflictos internos que le provoca su profesión (continuamente insiste en que se gana la vida forma honesta como si quisiera convencer no sólo a los demás, también a si mismo), mezclado con un terrible evento de su pasado, desconocido para el espectador, que marca sus decisiones en el presente.

Evelyn Mulwray (Faye Dunaway) es una particular mujer fatal. De hecho, no es una mujer fatal. Aparentemente segura de si misma, acostumbrada a que el dinero le facilite la vida, en el fondo es una persona tremendamente frágil. Casi inocente, en cada momento que aparece como una mujer imponente, vemos que parece a punto de romperse, perseguida por el horrible secreto que esconde su pasado. Dunaway ofrece una interpretación realmente fantástica, que se aprecia y comprende mejor cuando se ve la película por segunda vez, llena de detalles soberbios como cuando intenta llamar la atención de Gittes pero su voz se le rompe y queda tapada por el ruido del coche o cuando se tapa inconscientemente en el momento que se menciona al padre de Evelyn en la escena post coital entre Evelyn y Gittes.

Pero, tal vez, el elemento más moderno y revolucionario en el género es la demoledora conclusión del film. Ruedan los títulos de crédito y no se ha resuelto nada. Gittes se revela como un héroe incapaz de ganarle la mano al poder, que se sale con la suya ayudado por la incompetencia del sistema. Un final dramático que resonaría con fuerza entre el público de los 70, que había experimentado (y estaba experimentando) derrotas similares. Es este final el que hace que el film gane con un segundo visionado, no sólo se entiende plenamente el significado del título, que no es tanto una referencia a un lugar real como a un estado mental, también se ve bajo nueva luz la interpretación de Huston y Dunaway, así como líneas de diálogo adquieren un nuevo sentido.

Son todos estos detalles los que, desde mi punto de vista, convierten Chinatown no en un film retro, sino todo lo contrario. Los dos Jakes (The Two Jakes, Jack Nicholson, 1990) por contraste sí que sería un film retro, que sigue más de cerca los cánones del género. Originalmente, Towne concibió una trilogía protagonizada por Gittes, ambientada en diferentes momentos históricamente significativos en la historia de Los Ángeles. Los dos Jakes está ambientada a finales de los años 40, y si en la primera entrega el tema central era el agua, aquí es la tierra y el fuego. No es un film carente de interés, los aficionados al cine negro puede que la encuentren interesante, pero ni de lejos es un film tan brillante como Chinatown.

Chinatown es una película perfecta, indispensable para los amantes del cine. Si queréis disfrutar de esta película os recomiendo comprar la edición en Blu-ray americana vía Internet, es de zona libre y completamente subtitulada en castellano (excepto el audiocomentario que hacen Robert Towne y David Fincher). La edición europea (española, inglesa o francesa) no tiene ninguno de los extras de la edición americana y la calidad de imagen y sonido es menor, además de ser más cara.



23 jul 2012

No tan olvidadas por el tiempo


Hace un tiempo mencioné de pasada en el comentario sobre El planeta de los dinosaurios (Planet of Dinosaurs, James K. Shea, 1977) las clásicas La tierra olvidada por el tiempo (The Land That Time Forgot, Kevin Connor, 1975) y Viaje al mundo perdido (The People That Time Forgot, Kevin Connor, 1977), dos estupendas cintas de aventuras llenas de monstruos que creo que se merecen su propio artículo. Y aquí está.

Estas dos películas se basan en las novelas homónimas de Edgar Rice Burroughs, las cuales junto a El abismo del tiempo forman la trilogía Caspak. Otra de las novelas de Burroughs, Los dioses de Marte, es una de las novelas que cita el escritor de fantasía y ciencia ficción Michael Moorcock como una de sus mayores influencias. Fue Moorcock, junto al también escritor de fantasía e ilustrador James Cawthorn, el encargado de escribir el guion de La tierra olvidada por el tiempo. El guion se mantiene bastante fiel a la novela, aunque Caspak se convierte en Caprona, menos por la parte final, que por insistencia de los productores se alteró para añadirle más ataques y acción.

Moorcock según ha comentado se considera a si mismo un anarquista pragmático, así que algunos de los temas de Burroughs se ven trasladados con el añadido de la sensibilidad de los 70 de la novela a la película. Así, la primera mitad de la cinta trata sobre los enfrentamientos entre alemanes e ingleses cuando un submarino alemán hunde un barco inglés durante la I Guerra Mundial. Entre los supervivientes se encuentra el americano Bowen Tyler (Doug McClure), el cual logra que el grupo de supervivientes se haga con el control del submarino alemán. Luego los alemanes se hacen de nuevo con el submarino y luego las tornas vuelven a cambiar. Todo ello hasta que se dan cuenta de que se hayan perdidos y de que si no colaboran juntos morirán todos. También hay que mencionar la presencia de Lisa Clayton (Susan Penhaligon), una científica que al contrario que la mayoría de los personajes femeninos de entonces, forma parte activa de la acción y no espera a que la rescaten. Otro aspecto progresista añadido a la historia que la hace más rica.

Una vez se acaban las hostilidades en el submarino empieza la aventura selvática: el grupo llega a una extraña isla donde la evolución parece no haber avanzado... O, más bien, avanza a un ritmo muy extraño: en diferentes partes de la isla existen diferentes periodos de la historia de la Tierra. Es aquí donde el film se convierte en una entretenida cinta de aventuras y brilla el encanto del gran Doug McClure, el cual aquellos que no sean aficionados al cine de serie B tal vez recuerden mejor por la parodia que se hizo de él en Los Simpsons.

Esta es la parte que todos esperamos ver con ataques de monstruosos dinosaurios a los cuales los protagonistas se enfrentan tan bien como pueden, así como los extraños habitantes humanos de la isla, más las tensiones entre los supervivientes. Eso sí, los efectos especiales no son gran cosa, en lugar de usar stop-motion se optó por utilizar muñecos articulados y mecánicos. A pesar de todo, la cinta contiene suficiente acción y aventura como para que los efectos no resten.

Una película cargada de sentido de la maravilla para aquellos a los que les apetezca disfrutar de una cinta de aventuras repleta de acción y monstruos, con el encanto propio de la época en que fue hecha, y con un guion más trabajado e inteligente de lo habitual.




Por tercera vez se ponía Kevin Connor a dirigir una adaptación de una novela de Edgar Rice Burroughs con Viaje al mundo perdido. Entre esta y La tierra... Connor había dirigido En el corazón de la Tierra (At the Earth's Core, 1976), basada en la novela con la que Burroughs inició la saga Pellucidar.

La película nos presenta una expedición decidida a rescatar a Bowen Tyler, tras ser descubierto el manuscrito donde narraba sus aventuras en la tierra olvidada por el tiempo. Esta vez, por tanto, toda la película transcurre en la peligrosa isla de Caprona, en la cual, además de los monstruos habituales, los protagonistas se enfrentarán a una tribu evolucionada que se dedica a hace sacrificios humanos a su dios volcán.

Esta segunda parte tiene un mayor regusto pulp y también más toques de comedia, además de que se aleja mucho más de la novela en que se basa que la primera entrega. El resultado final es una película tan entretenida como su predecesora, aunque un pelín más delirante. El único "pero" está en el reparto, el protagonista Patrick Wayne como Ben McBride no tiene ni la mitad del carisma de McClure (cuando este reaparece te dan ganas de dar gritos de alegría). El profesor Norfolk que interpreta Thorley Walters tampoco resulta especialmente memorable, sirviendo más como alivio cómico que otra cosa.

Por fortuna, lo insípido del reparto masculino se ve de sobras recompensado con el reparto femenino, en el cual nos encontramos a Sarah Douglas, fantástica (en más de un sentido) actriz de grandes ojazos y a Dana Gillespie, actriz de grandes... er, ah, ved el tráiler. Douglas es una reportera gráfica la cual se ha de enfrentar a la resistencia de McBride de tener a una mujer en la expedición (a pesar de que es a Douglas a quién se le ocurre la manera de que puedan salvarse). Gillespie es Ajor, una habitante de la isla de Caprona que se unirá a la expedición en busca de Tyler.

A pesar de tener un argumento más simple, el film no pierde respecto a la anterior gracias a las exploración que se hace de Caprona, revelando aspectos desconocidos y terribles de la isla. El que más llama la atención es la mencionada tribu de la Montaña de las Calaveras, la cual vive en, bueno, una montaña llena de las calaveras de sus víctimas, incluso los edificos tienen forma de calavera. Esta sección del film, con un estilo que luego adoptarían los inquilinos del Templo Maldito, es la más "pulpera" y donde los monstruos son más efectivos, así como los efectos de maquillaje.

En definitiva, una estupenda y entretenida cinta de aventuras pulp, ideal para ver después de la primera entrega.

20 jul 2012

El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises)


Hay una cosa que no me ha gustado de El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, Christopher Nolan, 2012): el título en castellano. ¿A qué se refiere "la leyenda renace"? ¿Por qué no El regreso del caballero oscuro? Oh, es verdad, ya estaba cogido. Da igual, el resto es canela fina.

El cierre de la trilogia de Nolan sobre Batman mezcla elementos de La caida del murciélago y Tierra de nadie para crear un film épico que le da conclusión de manera magistral. Por supuesto, esta película no es mejor que El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), pero es que El caballero oscuro es El padrino. Parte II (The Godfather: Part II, Francis Ford Coppola, 1974) de las pelis de superhéroes. Esta tercera entrega es una gran cinta de acción épica, que consigue que te olvides de que se trata del viaje del héroe que tantas veces hemos visto en el cine. Por comparación, las pelis de Burton parece infantiloides y las de Schumacher mejor ni mencionarlas (sólo hay que ver lo que hicieron con Bane). Supongo que parte de mi entusiasmo se debe también a la terrible decepción que me llevé con la nueva reinterpretación del amistoso vecino Spiderman.

Claramente este es uno de esos casos en los que, en palabras de los Rolling Stones, "es el cantante y no la canción". La ejecución de Nolan de un guion que en manos de otra gente habría resultado previsible y rutinario nos hace olvidar lo familiar de la historia, los elementos añadidos y personales la hacen apasionante. Este género es como el blues, hay un número limitado de notas sobre las que trabajar y realmente se necesita un maestro para que no suene todo igual. Nolan lo consigue, también, manteniéndose fiel a la fuente.

La fidelidad a los cómics (por lo [más o] menos a las sagas mencionadas) hace que cualquiera que las haya leído esté bastante familiarizado con lo que va a suceder. Pero, acostumbrado a las barbaridades a la hora de adaptar un cómic a la pantalla, cuando cambian cosas logran sorprender al espectador (a mí quiero decir), no en el sentido de "oh, esto sí que no me lo esperaba" sino más bien "oh, por eso han dicho Z en lugar de B pero dicen B en realidad".

Como en las anteriores, Nolan utiliza Batman de forma que encaje con el resto de sus películas, las cuales normalmente giran en torno a hombres obsesionados, haciendo entretenimiento de calidad, aunque en esta ocasión se refleje parte del clima actual económico, lo cual es siempre interesante (más propio de la Marvel que de DC, eso sí. La razón por la que dejé de leer DC). Si te gustaron las anteriores, hay muchas posibilidades de que esta también te guste. Si no te gustaron las anteriores... La verdad no sé que decirte (es verdad, hay gente que prefiere las de Burton a las de Nolan). Por supuesto, si estás leyendo esto imagino que ya la has visto. ¿Verdad que ha estado bien?