8 jul 2011

Remakes: ¿Malos, buenos o malos?


Prácticamente todos los grupos de música y artistas en solitario hacen versiones de las canciones que les gustan o son importantes para ellos. No es extraño que haya pintores que recreen la obra de otros pintores pero desde su perspectiva, ya sea como guiño u homenaje. En el teatro clásico era normal que varios autores trataran un mismo tema o historia.

Pero cuando llegamos al cine, normalmente se interpreta como algo negativo o despreciable el hecho de que se haga un remake o nueva versión de una película ya existente. Pero, ¿realmente es algo tan malo?

La reciente oleada de remakes, especialmente dentro del género de terror, parece demostrar no tanto que hacer un remake sea algo malo como que la falta de ideas y la avaricia campan a sus anchas en Hollywood. Es decir, la mayoría de estos remakes parecen tener como objetivo ganar dinero utilizando ideas que funcionaron en el pasado.

Nunca he sido amigo de generalizar y sinceramente creo que los remakes no son per se algo malo. Creo que depende más bien de que, por un lado, las personas que hagan el remake entiendan la película que están versionando y, por otro lado, del talento de los cineastas implicados. De ahí que haya buenos remakes, malos remakes y remakes que superan con creces al original.

He mencionado la reciente oleada de remakes. Sin embargo, esta oleada, como tantas otras cosas, no es algo nuevo. Cuando llegó el cine sonoro se hizo habitual hacer nuevas versiones de películas mudas. Durante los años 30, los 40, los 50... Siempre se han hecho remakes y se seguirán haciendo. Desde Alfred Hitchcock y Billy Wilder hasta David Cronenberg y John Carpenter, la gran mayoría de los directores de cine han hecho un remake en algún momento de sus carreras.

Tampoco es que quiera ahora defender a ultranza los remakes. Siempre preferiré ver una historia original, nueva, que una que ya he visto con anterioridad. Pero también me vienen a la cabeza los grandes remakes que se hicieron en los 80 de películas clásicas.

Creo que lo que intento decir es que porque haya unos cuantos malos remakes no todos los remakes son malos. Es como si porque haya unas cuantas películas dentro del género western que sean malas se diga que los westerns son malos. Por eso procuro mantener siempre una mentalidad abierta. Es cierto que algunos se hacen por pura avaricia (¿verdad Platinum Dunes?) pero otros se hacen por auténtico respeto y amor al original.

Espero vuestras opiniones, mientras tanto mirad el siguiente vídeo y decidme si no tiene una pinta tremenda.

7 jul 2011

El héroe idiota


Para aquellos que no lo sepan, recientemente fui el flamante ganador del concurso que se organizó en el blog Ojete Films (donde podéis leer el relato que escribí) y este fue mi fantástico premio: el Blu-ray de The Green Hornet (2011), una comedia de acción creada por Michel Gondry y Seth Rogen. Nombres que sorprendió a muchos que estuvieran involucrados en lo que parecía ser una más en la larga lista de recientes estrenos superheroícos.

Hacía tiempo que Gondry iba detrás del personaje. En 1996 Gondry intentó llevar adelante un proyecto para filmar una película del Avispón Verde que no tiró adelante y desde entonces se fueron sucediendo los proyectos para llevar el personaje al cine. Incluso durante un tiempo, Bruce Campbell estuvo a punto de encarnarlo. Finalmente, el proyecto se convirtió en realidad con la dirección de Gondry y el guion de Evan Goldberg y Seth Rogen.

Van Williams y Bruce Lee
El Avispón Verde fue creado a mediados de los años 30 por George W. Trendle, como protagonista de un serial radiofónico. El personaje no era muy diferente del resto de vigilantes enmascarados de la época, como La Sombra, pero tuvo suficiente éxito como para protagonizar, aparte del serial radiofónico, novelas y un serial cinematográfico en los años 40. Sin embargo, la encarnación más famosa, y en la que se inspiraron para la película, fue la serie de TV que se emitió en los años 60, con Van Williams como Avispón Verde/Britt Reid y el gran maestro Bruce Lee como Kato.

Lo que más sorprendente de The Green Hornet es ver como dos sensibilidades tan diferentes como las de Seth Rogen y Michel Gondry se complementan tan bien. Por un lado, el Britt Reid de Rogen y el Kato de Jay Chou son como si los adolescentes de Superbad (Greg Mottola, 2007) se hubiesen convertido en vigilantes enmascarados al hacerse mayores. Si bien Kato es un experto en artes marciales y un genio mecánico y Reid desea hacer el bien y ayudar a la gente, no tienen mucha idea de como llevarlo a cabo. Es necesaria la inteligencia de Lenore Case (Cameron Diaz) para dirigirlos, ya que nuestros héroes no son precisamente los más brillantes vigilantes enmascarados que te puedas encontrar. Por otro lado, muchas de las características de los personajes que aparecen en las películas de Gondry, especialmente de La ciencia del sueño (La science des rêves, 2006) y Rebobine, por favor (Be Kind Rewind, 2008), se repiten en Britt Reid y Kato. Además, el estilo visual de Gondry eleva el contenido de la película y se traduce en algunas secuencias muy gondryanas.

The Green Hornet es muchas cosas pero desde luego no es la típica película de superhéroes. El guion de Goldberg y Rogen no tiene un argumento especialmente original, pero es usado para desmontar y darle la vuelta a todos los tópicos que se han hecho habituales en estas películas desde el trato a los personajes femeninos a la relación entre el héroe y su padre. Todo ello regado con el humor de Rogen y Goldberg, que llenan los diálogos de chistes y situaciones que te hacen reír, en ocasiones a carcajadas. Los cazafantasmas (Ghost Busters, Ivan Reitman, 1984) y Regreso al futuro (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985) son dos de las películas favoritas de Gondry, por lo que no es de extrañar que domine el tono de una película que mezcla comedia y acción.

Tal vez sea por la comedia, que suaviza las cosas, pero resulta sorprendente también lo violenta que es la película, especialmente para una calificada PG-13 y que en España fue calificada para mayores de 7 años: un villano aplastado por una excavadora, otro por medio coche, varios muertos en explosiones de coches y a uno le clavan en cada ojo una pata de mesa. Obviamente, me sorprendió positivamente y son algunos de los momentos que me provocaron carcajadas, pero no me lo esperaba teniendo en cuenta la oleada puritana que parecía asolar el país.

En un principio temí que, siendo un héroe clásico surgido del pulp, optaran por adoptar el tono y estilo de La sombra (The Shadow, Russell Mulcahy, 1994) o The Phantom: El héroe enmascarado (The Phantom, Simon Wincer, 1996), dos fracasados intentos de llevar héroes pulp a la pantalla. Sin embargo, la película de Gondry actualiza la historia y, con la coartada de la comedia, analiza los aspectos más extraños de la relación entre sus protagonistas surgida de la serie de TV. El resultado final es muy entretenido y satisfactorio, aunque intuyo que tendrá que pasar un tiempo hasta que la gente la sepa apreciar, como le sucedió a un clásico de culto que comentaremos a continuación.




Mientras veía The Green Hornet me vino a la cabeza otra película en la cual el supuesto héroe es un torpe y su compañero hace todas las acciones alucinantes: el clásico de John Carpenter Golpe en la pequeña China (Big Trouble in Little China, 1986), una película que en su momento fue un fracaso de taquilla pero que el tiempo la ha puesto en el pedestal que merece.

La película se basaba en intercambiar los roles habituales de las películas de acción y aventuras convirtiendo el secundario gracioso en el protagonista y el que sería habitualmente el protagonista en un personaje secundario. Así nace Jack Burton, un bocazas y no muy brillante héroe que es casi la antítesis del gran héroe de acción  Snake Plissken, protagonista de 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981) y 2013: Rescate en L.A. (Escape from L.A., 1996), interpretados ambos por Kurt Russell.

Originalmente concebida como un western, fue llevada al San Francisco actual (de 1986) cuando John Carpenter se hizo cargo del proyecto, siendo la adaptación llevada a cabo por W. D. Richter. La película mezcla comedia y acción para contar una historia que bebe de las leyendas chinas, creando escenas de acción con cables que se adelantaron casi 20 años a la fiebre cableadora que surgió a partir de Matrix (The Matrix, Andy y Lana Wachowsky, 1999).

Creo que los franceses fueron los que mejor entendieron de que trataba la película, ya que la titularon (traducido del francés): Las aventuras de Jack Burton en las garras del Mandarín. Un título que encapsula a la perfección uno de los objetivos de la película: darle un toque nostálgico de aventuras pulp. Sin embargo, esto fue algo que el estudio no entendió, igual que no entendió el chiste principal que encarnaba Jack Burton ya que pedía que se añadiesen escenas que lo hicieran parecer más "heroico". Como el estudio no entendió la película y no supo promocionarla fue un fracaso de taquilla, pero en cuanto salió en vídeo se convirtió en un gran éxito, adquiriendo el estatus de película de culto del que disfruta en la actualidad.

Si bien a juzgar por la reacciones de diversas ex puede que todavía resulte para algunos una película algo extraña, la encuentro tan divertida, emocionante y entrañable que la recomiendo encarecidamente a todo aquel y aquella que todavía no la haya visto. Especialmente disfrutable por los burtonismos que llenan la película.

6 jul 2011

Los cabos del miedo


En 1962 se estrenó El cabo del terror (Cape Fear), clásico dirigido por J. Lee Thompson que adaptaba la novela de John D. MacDonald The Executioners -que actualmente se encuentra con el título de la película-.

Vista hoy día la película sigue siendo bastante perturbadora. El argumento gira en torno a Sam Bowden (Gregory Peck, también productor del filme), un abogado que testificó en un juicio que condenó a Max Cady (Robert Mitchum) a 8 años de cárcel. Y ahora, Cady ha vuelto para vengarse, siendo su objetivo la hija de Bowden, Nancy (Lori Martin).

El reparto es uno de los puntos fuertes de esta angustiante película, completado por Martin Balsam, Telly Savalas y Polly Bergen. Mitchum va desvelando poco a poco la malvada personalidad de Cady, primero con pequeños y sutiles detalles hasta que se descubre como un monstruo. Peck construye un personaje que empieza siendo una especie de Atticus Finch hasta que se va desmoronando debido a la guerra contra Cady.

Thompson no le tenía miedo a la sangre y la violencia, como demuestra su slasher comentado aquí, pero en esta ocasión se lució a la hora de construir un perfecto ejercicio en suspense, con el soporte de una fantástica banda sonora cortesía de Bernard Herrmann. Además, la fotografía de Sam Leavitt y su excelente blanco y negro enfatiza la sensación de amenaza y peligro que emanan de Cady.

La primera vez que vi esta película me sorprendió lo perturbadora y atrevida que es considerando que fue rodada a principios de los 60. Más si la comparamos con el remake que en 1991 dirigió Martin Scorsese, que, si bien es más violento visualmente, no entra en los terrenos escabrosos del original. No es que el remake sea una mala película, no lo es, pero el original sale ganando cuando se comparan, desde mi punto de vista, por una serie de detalles que especificaré a continuación. Hay que mencionar que Scorsese fue muy respetuoso con el original: volvió a utilizar a los tres actores principales (en diferentes papeles, obviamente), la misma banda sonora de Bernard Herrmann adaptada por Elmer Bernstein y repitió algunos planos del original.

El motivo por el que considero que la original es más perturbadora es porque enfatiza el factor psicológico como medio de amedrentar al espectador. En el original el plan de Max Cady es violar y abusar de la hija de Sam Bowden, una niña de unos 13 años. Y cuando vemos a Cady enorme, semidesnudo y mojado, acercarse lentamente hacia la pequeña Nancy con intenciones claramente sexuales, resulta mucho más inquietante que la escena que comparten Juliette Lewis y Robert De Niro en el remake.

Otro detalle a favor del original es la manera en que se va descubriendo a Cady. En el remake desde un principio queda claro que es un psicópata peligroso y un loco, viéndolo ejercitarse en su celda de la cárcel, cada músculo decorado con un tatuaje. Lo ves e inmediatamente piensas: "este tío es un loco peligroso". Sin embargo, en el original se va descubriendo poco a poco a Cady, que en un principio Mitchum lo interpreta como una especie de "tío duro" no muy diferente de otros papeles que había interpretado en el pasado, con, incluso, algún toque de seductor. Eso lo hace más inquietante ya que parece una persona normal con la que te podrías cruzar por la calle pero que es capaz de las mayores monstruosidades. De hecho, no es hasta el tramo final de la película que se convierte en un monstruo absoluto. El Cady de De Niro es claramente un psicópata de cine que sólo te puedes encontrar en la pantalla.

Como decía, el remake es más violento y descansa más en el impacto visual. Cojamos por ejemplo la escena en la que Cady-De Niro ataca a Lori Davis (Illeana Douglas): una vez la ha emborrachado, Cady la lleva a su casa, empiezan a juguetear en la cama y a continuación Cady la inmoviliza, le arranca de un mordisco un trozo de cara y empieza a darle una paliza momento en el cual se acaba la secuencia. Es una escena impactante, pero el impacto dura mientras dura la escena.

La escena en el original es bastante diferente. Cady-Mitchum lleva a la futura víctima Diane Taylor (Barrie Chase) a la habitación de ella. Tras lo que se ha sido una noche de sexo "normal", vemos a Diane durmiendo en la cama. Cady esta despierto, entre sombras, y empieza a abrir y cerrar las manos preparándose para algo que sabemos horrible. Lentamente, como un tigre, se acerca a la cama donde Diane duerme. Ésta despierta y ve a Cady observándola, su cara se contorsiona llenándose de odio. Diane observa esta transformación e intenta huir pero es demasiado tarde, Cady la atrapa cerrando de un golpe la ventana bloqueando nuestra visión de lo que sucede a continuación, sólo vemos siluetas moviéndose. Y es aquí donde entra nuestra imaginación. ¿Qué le hace exactamente Cady para que después ella esté muda de terror? No lo sabemos, y esta inquietud nos acompaña durante el resto del metraje, aumentando cuando sabemos que planea hacerle lo mismo a Nancy. Y si a la escena le añadimos la fotografía en blanco y negro y la excelente música de Bernard Herrmann que suena durante toda la secuencia, sin diálogos. Bueno, creo que supera el breve impacto del remake.

La mayor diferencia entre ambas películas es el componente moral. El remake le añade una moralina a la historia: Bowden (Nick Nolte) comete un delito que provoca que su cliente en ese momento, Cady, vaya a la cárcel, a lo que se ha de añadir otros pecados como haberle sido infiel a su mujer. Si Bowden hubiese seguido las normas, Cady no habría ido tras él. Es decir, la persecución que sufre Bowden por parte de Cady es un castigo por los delitos morales que ha cometido. Esta moral no aparece en el original: Bowden es una persona que actúa de forma correcta, como habría hecho cualquiera. No hay ninguna razón por la que le tendría que suceder lo que le sucede más allá de la locura del propio Cady. Y si suceden cosas malas porque sí, eso significa que te podría suceder a ti, lo que resulta más inquietante. Bowden-Nolte se presenta como un personaje de moral relajada capaz de tomar "atajos" para facilitarse la vida, de ahí que su desmoronamiento resulte menos interesante. Sin embargo, cuando vemos como Bowden-Peck, todo rectitud y honestidad, se derrumba y empieza a hacer cosas que no sabía era capaz de hacer, descubriendo su lado oscuro, eso sí que resulta interesante.

Finalmente, los finales. El final del remake resulta el esperable en este tipo de películas y, hasta cierto punto, tópico. El final del original resulta más original, valga la redundancia, y cruel cuando uno reflexiona un poco sobre el mismo.

Lo que esta claro es que ambas son grandes clásicos del cine de suspense. Por cierto, en caso de que no hayáis visto la original, aseguraos de que es la versión íntegra, no la que la censura española cortó en su momento.

 

5 jul 2011

Transformers 3: El lado oscuro de la Luna (Transformers: Dark of the Moon)


Hay que gente que odia la obra Michael Bay. Hay gente que la ama. En mi caso, ni lo uno ni lo otro: he visto películas suyas que me han gustado como La Roca (The Rock, 1996) y La isla (The Island, 2005) -no, en serio que me gustó-; otras en cambio no pude aguantarlas más que los primeros 20 minutos como Pearl Harbor (2001) y Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, 2003).

Si hay algo que ha hecho que odie Michael Bay no son sus películas, sino la creación de Platinum Dunes. Ésta es una productora cuyo único propósito consiste en coger películas de terror clásicas y las más queridas por los fans y hacer inútiles remakes sin alma.

Ayer fui a ver la tercera entrega de Transformers, como habréis deducido ya, y no estoy seguro de que contar. Si recomendar que la gente vaya a verla o no. Estoy aturdido por toda la experiencia, como si hubiese pasado días viéndola en lugar de "sólo" las dos horas y media que dura.

Todas las características que hacen el estilo Michael Bay reconocible están presentes: slow-motion, cámara situada en ángulo bajo, planos que parecen sacados de un anuncio de la Coca-Cola, humor infantil y racista, misoginia, homofobia, montaje confuso de la acción y la ridiculización de actores prestigiosos de carácter.

En cierto modo, me ha pasado con esta película lo mismo que con Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007). Para mí Spider-Man 3 fue como ver dos película a la vez: una mostraba el clásico Spidey que amaba de los cómics contra el Hombre de Arena, la otra una insufrible versión incrustada en una historia llena de tópicos y clichés. Esta especie de esquizofrenia se repite para mí aquí: hay una película de Transformers que es una fantástica aventura de ciencia ficción llena de acción, la otra es una odiosa comedia insulsa y aburrida cuyo protagonista te gustaría matar. Lentamente.

Bueno, he dicho comedia insulsa y aburrida, pero para ser honestos creo que era el único en toda la sala que no se reía. Verdad es también que como era un cine que ofrecía la película en 3D y en VO, la sala estaba llena de turistas de diversa procedencia. Lo que me hizo recordar porque me gustaba ir al cine en VO: muchas veces las salas no están llenas y cuando lo están son con gente que no habla por teléfono, no discute, no se va levantando y sentando durante la película. En definitiva, gente que no despierta mi lado homicida.

Muy bien, primero las malas noticias. Como he dicho, la película está llena de toques de humor que en mi caso no hicieron ni que sonriera (un par de esto toques de "hilaridad" son puyas algo infantiles contra Megan Fox). Shia LaBeouf como Sam Witwicky es francamente insoportable. Desde luego, un personaje que tiene como novia a una supermodelo que además lo mantiene y encuentra motivos para quejarse y lamentarse de lo terrible que es su vida no es que despierte muchas simpatías. O a lo mejor soy yo que soy mala persona. También tuve problemas en diferenciar a los Tranformers buenos de los malos y entre sí. De hecho no tenía ni idea de en que bando estaba cada uno hasta que los mataban (a los humanos les da pena, es de los buenos; los humanos se alegran, es de los malos).

El máximo problema que tiene la película es que durante casi la primera hora y pico apenas avanza la trama. Tarda una eternidad en ir al grano, como si les preocupase que la película no pasase de las dos horas para poder ser considerada una épica. Pensad en como sería si alguien tardase una hora en explicaros el chiste del perro mistetas y os haréis una idea de como es esta primera mitad de la película.

Ya que destacamos los aspectos negativos, he de decir que cada vez me parece más innecesario lo del 3D. El 3D no hace que las interpretaciones sean mejores. El 3D no hace que los guiones sean mejores. El 3D no hace que una película sea mejor. Para mí, el 3D no sirve para nada.

Pero basta ya de negatividad, pasemos a lo positivo.

Las buenas noticias son que la segunda mitad de la película es realmente espectacular y emocionante. Una vez empieza la invasión de los Decepticons, la película arranca por fin y se convierte en la gran aventura que prometía ser. Es entonces que la acción en pantalla te hace olvidar lo raro que resulta que los Tranformers tengan acentos de diferentes países o que a algunos les caiga la baba. Una vez empiezan los tiros y las explosiones, empieza la diversión.

Esta segunda mitad sí que la disfruté, ya que no es muy diferente de una clásica película de invasión marciana. De manera que casi os diría que lo mejor es que entréis a verla cuando vaya por la mitad y ahorraros la primera parte de la película.

Ahora que lo pienso disfruté bastante con la batalla en la Tierra. A pesar de que al principio de la película hay un intento de recrear imágenes de los 60 bastante torpes y algunos fotos que resultan obviamente recreaciones photoshopeadas, los efectos de esta parte son tremendamente realistas y están muy bien conseguidos. Supongo que es cuestión de que lo malo no te impida disfrutar de lo bueno.

Esta es una película demente, estúpida y divertida. Es lo que esperaba ver y es lo que obtuve. El argumento es completamente absurdo, más considerando la historia de las anteriores películas, pero realmente no es algo que me preocupara aquí. Si la vais a ver ya sabéis lo que os espera. No es que sea una buena película, pero disfruté su estupidez y absurdidad. Por cierto, antes de que empezara nos pusieron el tráiler de la película sobre el Capitán America y ésa sí que tiene buena pinta.

2 jul 2011

Se acerca una tormenta: La saga Terminator


James Cameron, como la mayoría de cineastas importantes de los 70 y 80, empezó a trabajar bajo las órdenes de Roger Corman. Su trabajo en la productora del rey de la serie B consistía en crear decorados, efectos especiales y diseños varios. De esta época, es especialmente recordado su trabajo en La galaxia del terror (Galaxy of Terror, Bruce D. Clark, 1981); donde algunas escenas sirvieron de inspiración para el Aliens (1986) de Cameron. Después de un tiempo dedicado a estos menesteres, Cameron da el salto a la dirección con Piraña II: los vampiros del mar (Piranha Part Two: The Spawning, James Cameron - Ovidio G. Assonitis, 1981) pero es despedido al poco tiempo de empezar el rodaje. Es entonces que tendrá la oportunidad de filmar un proyecto personal: Terminator (The Terminator, 1984).

La historia de Terminator no es que sea precisamente original. A pesar de que Harlan Ellison demandara a Cameron por plagio y su nombre fuera incorporado a los créditos desde entonces, lo cierto es que tanto los viajes en el tiempo como sus paradojas y las máquinas que se rebelan contra sus creadores ha sido material tratado por la ciencia ficción infinidad de veces. Sin embargo, lo que hace destacar a la película, y hace que siga siendo la mejor de las que ha dirigido Cameron, es su dirección de las escenas de acción, el tratamiento que hace de los personajes y la manera en que suministra la información al espectador, resultando menos pretenciosa que sus posteriores películas.

Desde los primeros minutos, la película no para. Tras introducir brevemente a los personajes, estos son lanzados en rumbo de colisión. Pero donde brilla está en el hecho de que toda la información que el espectador necesita para entender lo que sucede es transmitida durante persecuciones o en la escena de la comisaría, con lo que no se tiene la sensación de que la película se pare para que el espectador reciba una explicación, esta llega sin que éste se dé cuenta.

Por el contrario, sus siguientes películas manejan la exposición de manera más habitual: parando la acción y creando escenas de diálogo rutinarias.

Otro aspecto a destacar es que el bajo presupuesto de la película le da un aire urgente y sucio que funciona muy bien con la historia. Además, le da más realismo a la acción de que lo Cameron denominó techno-noir (de ahí el nombre de la discoteca).

Arnold Schwarzenegger encarna a la perfecta máquina de matar: el cyborg T-800 de Cyberdine Systems. Si bien sus habilidades artísticas son limitadas, funcionan a la perfección en este caso, aunque resulte raro un cyborg con acento austríaco. Fue idea suya la manera en que el Terminator mueve los ojos y la cabeza como un tiburón. Como todo el mundo sabe, éste y el papel de Conan lo convirtieron en una estrella del cine de acción. Linda Hamilton hace un papel adecuado, aunque está mejor en la segunda parte. Es una lástima que las habilidades como actriz que muestra en la secuela no fueran explotadas en papeles dramáticos de cierta importancia. Michael Biehn es un rostro habitual en las producciones de bajo presupuesto y de acción, algunas bastante entretenidas como Treinta minutos para morir (Timebomb, Avi Nesher, 1991), pero es sobretodo recordado por su papel como el soldado del futuro enviado para proteger a Sarah Connor.

Terminator fue una gran carta de presentación. Sigue funcionando hoy día, aunque los efectos canten un poco, especialmente cuanta más calidad de imagen tiene la película, pero resulta tan entretenida que no tiene demasiada importancia.



Terminator 2: el juicio final (Terminator 2: Judgment Day, 1991) fue un gran evento. Anunciada como la película más cara de la historia, presentaba un gran salto cualitativo en cuanto a efectos digitales se refiere. Estas nuevas técnicas de animación digital las ensayó James Cameron en The Abyss (1989) -de la cual recomiendo el extenso montaje del director-. De todos modos, la razón por la que los efectos de la película se siguen manteniendo hoy día es que de animación digital hay más bien poca y se combina en su mayor parte con los efectos especiales de toda la vida.

Recuerdo entrar en el cine abarrotado el día del estreno.  En un de cine de verdad, un enorme espacio con cortinas gigantescas que le daban gran solemnidad al evento, no una de las estériles multisalas de hoy día. El vestíbulo estaba adornado con grandes figuras de la película y había un gran stand con cómics de la serie que publicó Dark Horse con las aventuras de otros soldados del futuro que viajaban al presente perseguidos por Terminators.

Es difícil que gente más joven entienda lo que fue aquello. Ver por primera vez cosas en la pantalla que literalmente no se habían visto nunca antes. Quiero decir, la imagen del T-1000 surgiendo del suelo adoptando forma humana era algo increíble que realmente no podías comparar con nada más porque no había nada que se le pareciera.

Sin embargo, vista la película hoy día sigue siendo una fantástica cinta de acción y ciencia ficción pero no puedo decir que sea mejor que la primera entrega.

Es espectacular, y añade varias novedades y nuevas tramas para que no parezca que estás viendo una repetición de la primera entrega. Pero el problema es que cae en los tópicos narrativos que serán habituales en el cine de Cameron y la exposición se ofrece de manera típica, haciendo que parezca obvio que son escenas expositivas para que el espectador obtenga la información que necesita para seguir la película.

De todos modos, no quiero que parezca que no me gusta la película. Me gustó y me gusta mucho, sólo que no me parece tan buena como la primera. También he de admitir que la versión especial, que tiene casi 20 minutos más, me parece más redonda y tiene buenos detalles y escenas bastante interesantes. La edición especial extendida, incluida en la edición especial en DVD y en Blu-ray, es igual pero con la única diferencia que incluye el final que originalmente pensaron Cameron y el coguionista William Wisher. Este final ambientado en el futuro está bien como curiosidad para los fans y sólo se incluye por ese motivo, el final por el que luego optaron Cameron y Wisher es mejor: cambiaron el final original porque se dieron cuenta de que no acababa de funcionar.



A partir de aquí, todo es cuesta abajo.

Una franquicia tan suculenta y beneficiosa como la de Terminator no la podían dejar tranquila. En el 2003 se estrenó Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Terminator 3: Rise of the Machines, Jonathan Mostow). Durante años, los productores Mario Kassar y Andrew G. Vajna habían intentado tirar adelante una nueva secuela, pero James Cameron no tenía ningún interés en continuar la serie. La nueva entrega entra en producción como un último y desesperado intento de Arnold Schwarzenegger de inyectarle algo de vida a su carrera en plena decadencia.

No sería honesto si no dijera que la película me divirtió. Como cinta de acción tiene varias secuencias que me parecieron entretenidas y a Claire Danes. Pero la historia es una repetición de la primera entrega, con un final abierto para poder hacer más secuelas y algunas decisiones (como matar a Sarah Connor) bastante cuestionables.

A pesar de que la película no tuvo el éxito esperado y fue el clavo final en el ataúd artístico de Schwarzenegger, se siguió intentando sacarle provecho a la franquicia con la serie de televisión Terminator: The Sarah Connor Chronicles, la cual fue cancelada tras sólo dos temporadas (fue emitida por la televisión autonómica catalana); y una nueva trilogía de películas ambientada en el futuro, la primera de las cuales fue Terminator Salvation (McG, 2009) que tampoco funcionó demasiado bien en taquilla. El fracaso de estos nuevos proyectos no ha impedido que los productores sigan insistiendo y se haya proyectado una nueva secuela que se estrenaría el 2014.

Si os soy sincero, no vi ni la serie ni la nueva película. A pesar de que me divertí con la tercera, para mí la historia empieza y acaba con las películas de James Cameron. El resto no me interesa porque me parecen intentos demasiado obvios de sacar dinero con una historia más que terminada.