16 ene 2026

Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west)

 


 

La obra de William Shakespeare ha servido de base para infinidad de adaptaciones cinematográficas, tanto dramas como comedias. Pero la riqueza de sus obras teatrales también ha servido de base para películas de otros géneros, más inesperados, como la ciencia ficción, el musical o el terror. Ha medio camino entre las adaptaciones más clásicas y las más iconoclastas, nos encontramos Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west, Enzo G. Castellari, 1968), una versión de Hamlet en clave western a la italiana.

La adaptación se mantiene más fiel de lo esperado en una película como esta, una transición bastante natural ya que la venganza es un tema clásico del western. Johnny Hamilton (Andrea Giordana) tiene un extraño sueño en el que su padre le dice que ha sido asesinado. Este sueño provoca que Johnny regrese a su hogar, al que no volvía desde que partió a luchar en la Guerra Civil. Allí sus sospechas son confirmadas por su amigo Horace (Gilbert Roland), quien le informa que su padre fue asesinado por el criminal Santana (Manuel Serrano) y fue luego vengado por su tío Claude (Horst Frank). Johnny descubre entonces que Claude se ha casado con la madre de Johnny Gertry (Françoise Prévost). Perturbado por este giro de los acontecimientos, Johnny empieza a investigar la muerte de su padre, poniendo en marcha su personal venganza.

La idea de convertir Hamlet en un western fue de Sergio Corbucci, pero el director, entonces en un periodo especialmente fértil y productivo, estaba demasiado ocupado para ponerse al frente del proyecto y pasó a manos de Enzo G. Castellari. Castellari acababa de empezar su carrera como director, así que encaró el proyecto con mucha energía e inventiva visual. Lo primero que hizo fue inyectar más acción al guion, ya que era lo que dominaba, pero su mayor aportación fue la manera original e inventiva con que encaró la narración de la historia. Por ejemplo, en lugar de situar una escena en un típico cementerio en una colina como los que aparecen en centenares de películas, Castellari situó su cementerio dentro de una gran cueva, iluminadas las tumbas con velas. Este original cementerio encaja con muchos momentos de la película que parecen casi avant-garde, como la escena al inicio en que Johnny despierta del sueño y lo descubrimos en una playa rodeado de artistas de circo. Un momento casi surrealista que sirve de oportunidad para citar la obra de Shakespeare. La escena en el cementerio también incluye uno de los planos más célebres de la película, cuando la cámara da vueltas alrededor de Johnny mientras este reflexiona sobre la muerte de su padre y se lamenta por no haber estado allí. Para lograr este plano, el propio Castellari inventó un artilugio que le sirviera para darle vueltas a la cámara. El film está lleno de planos inventivos como este.

Otro de los aspectos interesantes del film es que sitúa a Johnny en el bando perdedor de la guerra. Esto sirve para acentuar su amargura y tristeza, ya que su padre es asesinado mientras él está luchando por una bandera y una causa en las que no cree. Esto se agrava cuando descubre que vuelve a un hogar corrupto y brutal, en el que todo mal se origina en la codicia y la avaricia, ya que la muerte del padre de Johnny se vincula con el robo de 300.000 dólares en oro. Estas aportaciones del guion le dan un toque político progresivo, habitual en el cine de la época en que muchos cineastas usaban el cine de género para introducir de forma sutil mensajes políticos. Si bien no creo que fuera idea de Castellari sino de los guionistas y estuviera ya en el concepto original de Corbucci, que también hizo algo parecido en películas suyas como la clásica El gran silencio (Il grande silenzio, Sergio Corbucci, 1968).

El tener Hamlet como base sirvió para convertir esta película en algo especial. Por eso resulta sorprendente que el distribuidor decidiera cambiar el título original Johnny Hamlet por Quella sporca storia nel west ("esa sucia historia del oeste"), que es una frase que se dice en la película pero como título no es muy distinto de los que aparecían al frente de las decenas de westerns que se estrenaban cada semana en Italia entonces. Tal vez por eso el film pasó desapercibido en el momento de su estreno. En Francia y Alemania se estrenó como si fuera una secuela más de Django (Sergio Corbucci, 1966) y en España su título es también bastante anodino. Solo en Estados y algún mercado minoritario se estrenó con su título original de Johnny Hamlet. Resulta extraño que no se quisiera explotar su inspiración, como resultado el film estuvo durante un tiempo perdido entre centenares de anodinos westerns.

Es una lástima que no fuera recibido como se merecía, porque, después del gran Keoma (1976), este seguramente sea el mejor western dirigido por Castellari. Un título más que notable en el género, recomendado sin reservas.

 

0 comentarios: