10 jul. 2020

Street Fighter: La última batalla (Street Fighter)


Hola. Tanto si eres un lector/lectora habitual o has llegado por casualidad o el señor Google te ha enviado, te saludo. Te saludo porque es posible que esta sea la última vez que nadie lee este blog, ya que voy a defender lo indefendible. Ya podéis correr a hablar en vuestras redes sociales del loco bastardo que dice que Street Fighter: La última batalla (Street Fighter, Steven E. de Souza, 1994) es una buena película.

Hollywood, intentando aprovechar cualquier moda del momento, había producido películas con alusiones a videojuegos o que hacían guiños a ese mundo, títulos como Juegos de guerra (WarGames, John Badham, 1983), Starfighter: la aventura comienza (The Last Starfighter, Nick Castle, 1984) o la clásica Tron (Steven Lisberger, 1982). También se habían producido diversas series de dibujos animados pensadas para el público infantil que se consideraba era el mayor consumidor de videojuegos, pero no se había considerado utilizar un videojuego como base para una película.

Las cosas cambian a inicios de los 90 del siglo XX, cuando se estrena la primera película de acción real basada en un videojuego: Super Mario Bros. (Annabel Janken, Rocky Morton, 1993). Este film fue un fracaso a todos los niveles, incapaz de entender y convertir Mario Bros en una película coherente y entretenida, quiso amoldar el juego a una típica historia hollywoodiense de aventuras. Sin embargo, el hecho de que Super Mario Bros. fuera un desastre a todos los niveles no impidió que a partir de entonces se estrenaran diversas películas basadas en videojuegos. Títulos como Double Dragon: La película (Double Dragon, James Yukich, 1994) o Mortal Kombat (Paul W. S. Anderson, 1995) que cimentaron la afirmación de que todas las películas basadas en videojuegos son malas. Una afirmación que se mantiene hasta el día de hoy y que cuenta con pocas excepciones. ¿Por qué se siguen produciendo? Por petición de los fans, porque las empresas que crean los videojuegos quieren expandirse al negocio cinematográfico, porque hay estudios independientes que lo ven como una manera de competir con Hollywood y porque los estudios de Hollywood intentan siempre sacar tajada de todo lo que pueda darles grandes beneficios económicos.

Street Fighter: La última batalla entró en producción poco después de que Super Mario Bros. se diera el batacazo. El videojuego Street Fighter II se había convertido en un gran éxito, generando millones alrededor del mundo. Esto hizo que el productor de impresionante currículum Edward R. Pressman contactara con ejecutivos japoneses de Capcom para poner en marcha una adaptación cinematográfica de Street Fighter II (específicamente este juego, ya que es el que había triunfado y había introducido a los más populares personajes de la franquicia). Para venderles el proyecto a los japoneses, Pressman contactó con Steven E. de Souza. De Souza estaba familiarizado con el juego, debido a que muchos días su hijo y él se lo pasaban jugándolo. Obligado a incluir todos los personajes del juego, De Souza ideó una historia que convenció a la gente de Capcom y se puso en marcha la producción de la película.

Street Fighter sería la primera, y última, película que De Souza dirigiría estrenada en cines (su trabajo como director se concentró más en la televisión). Pero De Souza es más conocido como guionista, particularmente por su trabajo dentro del género de acción con títulos como La jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) y su primera secuela, Commando (Mark L. Lester, 1985) y Perseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987). Sus contribuciones a los guiones de todas estas películas en las que trabajó fue añadir toques de comedia a todas estas historias. A De Souza le gustaba mezclar comedia y acción, así que en el que iba a ser su primer largo, tras haber dirigido diversos episodios de series de televisión, era lógico que adoptara un estilo con el que se sentía cómodo. Así que Street Fighter es una comedia con grandes dosis de acción.

Lo repito otra vez: Street Fighter es una CO-ME-DIA. Cuando se estrenó hubo muchas críticas negativas, principalmente porque el hecho de que estaba basada en un videojuego pesaba demasiado en su contra, así como el público estadounidense la recibió con cierta indefenrencia. A pesar de todo, la película generó muchos beneficios para Capcom. La película sigue dando beneficios hoy día, siendo también más popular, aunque como película terrible, mala, atroz. Sin embargo, muchas de estas críticas, pasadas y actuales, parecen no entender que la película es una comedia, que no se supone que te la tengas que tomar en serio. Es como cuando se estrenó Staship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) y no se supo ver que se trataba de una sátira y se tomó literalmente, como si fuera una apología del fascismo. No es que Street Fighter esté al nivel del film de Verhoeven, pero me sorprende leer muchas críticas y artículos que no saben ver que el film es una comedia o no están seguros de hasta que punto De Souza era consciente de lo que hacía. Resulta deprimente que cada vez sea más difícil, incluso para los críticos, identificar algo como satírico o cómico de forma consciente, por oposición a comedias involuntarias, películas tan malas que provocan carcajadas como The Room (Tommy Wiseau, 2003). Luego están aquellos a los que la película no les gusta porque no es fiel a la historia del videojuego. Cuando la película se puso en marcha, el videojuego no tenía historia: metías la moneda, escogías personaje y llegaban las hostias. Debido al éxito del juego se crearon animes y cómics que desarrollaban una historia para los personajes que luego se explotó en siguientes juegos, pero en la encarnación original no había historia, solo los personajes peleándose unos con otros.

Y como comedia, para mí la película funciona de principio a fin. De Souza creó un mundo de fantasía, que no transcurre en ningún momento exacto, en el que sitúa su historia que bebe de diversos clásicos de aventuras bélicas. Raúl Juliá es el malvado general Bison, que pretende dominar el mundo desde su fortaleza en Shadaloo. Jean-Claude Van Damme es el coronel Guile, que pretende acabar con el general, reclutando para ello a diversos personajes. Una historia simple que da para muchos momentos cómicos y diálogos absurdos, entre los que destacan los anuncios por altavoz que se pueden oír a lo largo del film, algunos bastante divertidos. Esta fue la última película de Juliá, murió poco después de completarla, y ofreció una interpretación fantástica, exprimiendo al máximo la oportunidad de sobreactuar sin restricciones para crear al demente general Bison. Van Damme tampoco está del todo mal, tiene un talento para la comedia que no ha podido explotar hasta tiempos recientes. El resto del reparto, que incluye nombres como el de Kylie Minogue haciendo de Cammy y Wes Studi como Sagat, se desenvuelve bastante bien en este mundo delirante. El único punto flojo es Blanka, personaje que se habría beneficiado de los modernos efectos CGI y cuyo maquillaje es bastante decepcionante.

Puede que la acción en la película sea bastante normalita, sobre todo si se tiene en cuenta la experiencia de De Souza en el género, pero no para de hacerme reír. El resultado es un film entretenido que se pasa volando. Os diré la verdad: no recordaba mucho Street Fighter, tenía el recuerdo, infuido sin duda por las opiniones de internet, de que era una película cutre. Y precisamente buscaba una película cutre sobre la que reírme para escribir un artículo. Pero al volver a visitarla me sorprendió lo efectiva que es. Buscando burlarme de ella, acabé riéndome con ella y disfrutando enormemente la experiencia. De ahí esta sentida reivindicación. Puedo decir sin avergonzarme (demasiado) que Street Fighter me gusta.


9 jul. 2020

Under the Skin

Poco a poco regresan los estrenos a las salas de cine. Entre estos, si bien con unos pocos años de retraso,  se encuentra Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013). Podéis leer mi crítica en Underbrain Mgz clicando en:


Hipnótica y fascinante, también es algo pedante. Una película muy interesante aunque no para todo el mundo.


El placer de la caza (Rovdyr)

 
Siempre he sentido debilidad por las historias de terror de supervivencia ambientadas en bosques y montañas, así como también siento debilidad por las historias de caza de humanos. Supongo que por eso disfruté con la producción noruega El placer de la caza (Rovdyr, Patrik Syversen, 2008), aunque no sea precisamente un título revolucionario.

Verano de 1974. Cuatro amigos se van de acampada y, durante el viaje, se las arreglan para llamar la atención de unos pueblerinos que se dedicarán a darles caza por el bosque, usando trampas mortales y otras armas. Simple y directo, el film se centra en ofrecer una experiencia de terror visceral, poniendo a los protagonistas en situaciones límite.

El director Patrik Syversen no oculta sus intenciones: hay abundantes guiños y referencias al terror de los 70 más brutal, con alusiones directas a La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974), La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, Wes Craven, 1972) y Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977) (1,2). No resulta sorprendente si digo que El placer de la caza ni de lejos es tan efectiva o tiene la misma calidad que cualquiera de los clásicos citados, pero eso no quiere decir que no sea entretenidamente sangriento y cafre. Diría que está al nivel de una película como Camino sangriento (Wrong Turn 2: Dead End, Joe Lynch, 2007).
 
No la recomendaría a todo el mundo, pero si os va este subgénero de paletos psicópatas que se dedican a cazar adolescentes, esta película no os decepcionará.
 

3 jul. 2020

No le digas a mamá que la canguro ha muerto (Don't Tell Mom the Babysitter's Dead)

 
Seguramente os ha pasado más de una vez: escucháis o leéis comentarios sobre una película de culto que ha amasado gran número de fans, la véis y a vosotros no os dice nada. Es lo mismo que ver un clásico que todo el mundo pone por las nubes y a vosotros no os gusta. Le pasa a todo el mundo, a mí hace poco me pasó con No le digas a mamá que la canguro ha muerto (Don't Tell Mom the Babysitter's Dead, Stephen Herek, 1991).

Me picó la curiosidad por esta película tras las distintas referencias que hizo a ella Kevin Smith en sus películas, en particular en Jay y Bob el silencioso: el reboot (Jay and Silent Bob Reboot, Kevin Smith, 2019). Buscando información por internet descubrí su argumento, unos chavales se quedan solos con una canguro terrible que se muere dejando a los chavales sin supervisión hasta que regrese su madre de vacaciones, y que, a pesar de pasar desapercibida cuando se estrenó al inicio de los años 90, había adquirido un estatus de cinta de culto con una gran cantidad de fans que pedían ediciones de la película en Blu-ray (es fácil de encontrar en DVD por cuatro perras). Estaba protagonizada por Christina Applegate, entonces bastante popular gracias a la clásica y pionera serie destroyer Matrimonio con hijos (Married with Children, creada por Ron Leavitt y Michael G. Moye, 1987-1997), también aparece en un papel secundario un David Duchovny pre-Expediente X. El director era Stephen Herek, director de dos películas que me encantan: Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989) y Critters (Stephen Herek, 1985).
 
Muy bien. Tenemos argumento que promete comedia, reparto interesante de volver a ver en sus inicios y un director que había demostrado, por lo menos dos veces, que podía dirigir buenas películas. Con mente abierta y pensamientos positivos empecé a ver la película. Y, durante un tiempo, todo fue bien. Luego, la película simplemente se desinflaba.
 
El inicio promete bastante, aunque era obvio que los chavales protagonistas, incluida la futura scream queen Danielle Harris,  aprenderían una lección sobre responsabilidad para cuando desfilaran los títulos de crédito al final. La comedia se mantiene mientras los chavales se enfrentan a la canguro y cómo intentan sobrevivir mientras la madre no vuelve. Pero entonces Swell, el personaje de Christina Applegate, encuentra trabajo en una empresa de moda y confección, momento en que No le digas... se convierte en una especie de Armas de mujer (Working Girl, Mike Nichols, 1988) adolescente. A partir de aquí los conflictos parecen muy rebuscados, poco creíbles y menos interesantes, haciéndose las risas más y más espaciadas hasta desaparecer.

Tal vez sea algo nostálgico y si la hubiese visto en su momento ahora sentiría una conexión con No le digas... que me haría hacer la vista gorda antes sus fallos. Personalmente, me habría parecido más divertida si: el incidente que da título a la película se alargara un poco más, explotando cómicamente cómo los chavales intentan hacer ver ante los vecinos y la madre que la canguro sigue viva (no sucede en la película), que los dos mayores se enfrentaran a una lista de trabajos basura que diese para más gags en lugar de poner a Swell trabajando de ejecutiva y ya está. Y a través de esta experiencia de trabajos basura los dos mayores tendrían el impulso necesario para llegar al mismo sitio al que llegan ahora pero de forma más entretenida y repartiendo el protagonismo.

No le digas... acaba siendo solo media película interesante, que ni siquiera me satisface a nivel nostálgico, como hace Ya no puedo esperar (Can't Hardly Wait, Harry Elfont, Deborah Kaplan, 1998). Aunque, claro, en aquel entonces estaba enamorado de Jennifer Love Hewitt, como muchos y muchas en aquel entonces.


La verdad, ahora que la he mencionado, casi que recomiendo recuperar, para los que vivieron la época, Ya no puedo esperar.


1 jul. 2020

We Summon the Darkness

 
Dentro del cine de terror reciente, además de familias que entran a vivir en casas chungas, se ha puesto de moda explotar el "pánico satánico" que se produjo a mediados de los 80 del siglo XX en Estados Unidos. En esta época, además de personas aterradas ante la posibilidad de ser atacadas por sectas satánicas, los evangelistas televisivos empezaron su particular cruzada contra la música rock. El ejemplo más reciente de esta moda lo encontramos en We Summon the Darkness (Marc Meyers, 2019).

Estamos en 1988, como podemos deducir por las ropas de las protagonistas, el lenguaje y el letrero que aparece en pantalla indicando que es 1988. Alexis (Alexandra Daddario), Val (Maddie Hasson) y Beverly (Amy Forsyth) son tres amigas en ruta hacia un concierto de música heavy. Allí conocen a Ivan (Austin Swift), Kovacs (Logan Miller) y Mark (Keean Johnson), tres amigos "jeviatas" como ellas. Los seis deciden irse de fiesta tras el concierto y, como os podéis imaginar, las cosas se torcerán rápidamente para todos.

El film de Marc Meyers juega con muchos elementos que fácilmente atraen a los aficionados al género: la relación entre el terror y el rock duro, los 80 y Alexandra Daddario, que encarnó a la perfecta novia para los fans del terror en Enterrando a la ex (Burying the Ex, Joe Dante, 2014). Y, sin embargo, We Summon the Darkness acaba resultando una película anodina. Tal vez las limitaciones del bajo presupuesto afectaron a la película, el guion necesitaba más trabajo o el director no supo sacarle jugo al argumento. La cuestión es que la película promete más de lo que acaba ofreciendo. Las interpretaciones están bastante bien, en particular Daddario, también productora, que tiene un personaje muy jugoso. El film tiene un par de momentos divertidos, pero al llegar los títulos de crédito no hay nada que haga el film memorable.

El director no consigue crear la tensión que la historia exige, ni la mezcla de terror y comedia funciona. Sus carencias se hacen más evidentes si la comparamos con películas más exitosas en ese sentido como Satanic Panic (Chelsea Stardust, 2019). Se esfuerzo en aludir, de forma alegórica, a la hipocresía de la época y la doble moral de los televangelistas tan populares en Estados Unidos, pero no tanto como para salvar la película.

We Summon the Darkness puede servir para pasar el rato un domingo por la tarde, pero hay demasiadas películas que explotan mejor los elementos en que se sostiene la película de Meyers. Fans de Alexandra Daddario también pueden encontrar motivos para disfrutar con esta película.


25 jun. 2020

Valley Girl (2020)

 
Una de las primeras afectadas por el cierre de cines debido a la pandemia, Valley Girl (Rachel Lee Goldenberg, 2020), que ya había visto retrasado su estreno debido a una polémica en la que se vio envuelto Logan Paul, se estrenó directamente en formato digital. Lo cual teniendo en cuenta el público al que va dirigida tal vez no fuera un gran inconveniente para MGM, que sigue poniendo en marcha remakes bajo el sello Orion para exprimir al máximo su catálogo lleno de éxitos pasados.

Es posible que para MGM, el proyecto no fuera más que una manera de buscar dinero fácil, pero se nota que los cineastas sentían bastante amor por la original La chica del valle (Valley Girl, Martha Coolidge, 1983). Este amor se demuestra en detalles como los diversos cameos de las originales chicas del valle o que el personaje que interpreta Logan Paul se llama Mickey Bowen, un guiño al actor Michael Bowen que interpertó el mismo personaje que en la original se llamaba Tommy. El argumento es idéntico, Julie (Jessica Rothe), una típica chica del Valle de San Fernando, se enamora de Randy (Josh Whitehouse), un punk que vive al otro lado del valle. Esta relación hará que Julie se enfrenté a sus amigas, a su ex y a sus padres. El mismo argumento pero contando de una manera muy distinta: la nueva Valley Girl es un musical repleto de éxitos de los 80.

El principal atractivo de La chica del valle es como ha conservado un momento muy particular de principios de los 80. El film retrata un lenguaje y un estilo que han desaparecido completamente. Su historia es bastante sencilla, un clásico relato de chica conoce chico. La manera en que se enfoca el remake me pareció muy inteligente: una adulta Julie, que interpreta Alicia Silverstone, le explica a su hija Ruby (Camila Morrone) la historia de amor que tuvo con Randy y se lo cuenta transformándola en un musical. Esto hace posible que ambas películas convivan perfectamente: puedes ver lo que pasó en realidad en La chica del valle o ver, años después, como Julie recuerda la misma historia a su manera.

Pero si este enfoque me pareció muy inteligente, me decepcionó un poco su ejecución. En lugar de un musical con canciones originales, al estilo, por ejemplo, de la versión musical que se hizo de Chicas malas (Mean Girls, Mark Waters, 2004), se decidió hacer un musical jukebox cogiendo distintos éxitos ochenteros sin relación entre sí. Y si se descartó hacer un musical original, se podría haber explotado la banda sonora de la película original, que es realmente fantástica. Pero solo se cogen un par de canciones de La chica del valle, el resto son grandes éxitos que ya se han explotado mucho como Take On Me o Girls Just Want To Have Fun.

De todos modos, a pesar de esta pequeña decepción, mentiría si dijera que la película no me divirtió. La sencillez de su historia hace que encaje perfectamente con el formato musical, las interpretaciones son, en su mayor parte, muy buenas y me hizo reír en muchos momentos. Y, aunque hubiera preferido canciones originales o más canciones de la banda sonora original, los números musicales me gustaron, sobre todo una vez me dejé llevar por la película y dejé de pensar en la original.

Valley Girl no es una gran épica, no te cambiará la vida y no es la mejor comedia romántica musical de la historia. Tampoco tiene que serlo. Es un film entretenido y ligero que se pasa rápido, especialmente si te gustan los musicales. ¿Quién sabe? Es posible que jóvenes adolescentes actuales acaben convirtiendo esta película en una cinta de culto como sucedió en su día con La chica del valle.


23 jun. 2020

Joel Schumacher, adiós a un maestro de la estética cinematográfica

 
La última sesión que hizo el Phenomena, antes de cerrar por el estado de alarma y el confinamiento, fue una memorable doble sesión: Pesadilla en Elm Street (A Nightmare in Elm Street, Wes Craven, 1984) y Jóvenes ocultos (The Lost Boys, Joel Schumacher, 1987). Aunque la tengo en casa, hacía bastante que no veía Jóvenes ocultos y verla por primera vez en pantalla grande fue toda una experiencia, una película de su tiempo, pero todavía moderna y relevante.

Esta cualidad es la que define el cine de Joel Schumacher, recientemente fallecido. Un gran ojo para la estética, para crear películas visualmente interesantes, aunque algunas no lo fueran en otros aspectos. Schumacher fue bastante irregular, dirigiendo películas clásicas y memorables, como Jóvenes ocultos, Línea mortal (Flatliners, 1990), Un día de furia (Falling Down, 1993), Última llamada (Phone Booth, 2002) y la genial Asesinato en 8mm (8MM, 1999), pero también otros títulos olvidables que pasaron sin pena ni gloria. Pero es de admirar que nunca se escondiese de las películas de Batman que dirigió, las hoy infames Batman Forever (1995) y Batman y Robin (Batman and Robin, 1997). Incluso les dedicó audiocomentarios cuando se editaron en Blu-ray. Puede que las películas no fueran muy buenas, pero resultaba interesante escuchar al propio Schumacher analizándolas, explicando cómo se convirtieron en los espectáculos kitsch en que se convirtieron.

Es posible que su nombre no se pronuncie mucho cuando se hagan listas con los grandes directores contemporáneos, pero muchas de sus películas vivirán para siempre. Lo cual creo es mucho más importante para un director que el que su nombre aparezca en alguna lista creada por snobs y hipsters a la que nadie hará caso.

15 jun. 2020

Il bosco 1 aka Evil Clutch

 
Il bosco 1 aka Evil Clutch (Andreas Marfori, 1988) es una de esas películas que puede hacer llorar lágrimas de sangre a un cinéfilo. Una de esas películas que, como diría el coronel Trautman, harían vomitar a una cabra. Pero para los amantes del cinéma de merde o la serie B/Z o el cine trash o como lo queráis llamar, para que aquellos que desafían y se enfrentan a películas que se han perpretado más que filmado como Rambo despacha comunistas, Il bosco 1 puede ofrecer momentos de sucio placer.

Cindy (Coralina Cataldi-Tassoni) y Tony (Diego Ribon) son una feliz pareja de vacaciones. Hasta que se cruzan con Arva (Elena Cantarone), que los engaña para adentrarse en un bosque en el que pululan seres malditos como ella misma. He visto películas porno con más argumento, pero, como con las películas porno, el argumento no es la razón principal para ver esta película que es tan sangrienta como torpe.

La película arranca bastante bien, con Arva castrando a un pobre desgraciado (Stefano Molinari) con una garra demoníaca que sale de las partes traviesas de Arva. A partir de aquí, se imita tanto el estilo de Sam Raimi y le copia tantas cosas que resulta extraño que no se estrenara como una de las falsas secuelas italianas de Posesión infernal (The Evil Dead, Sam Raimi, 1981). Por si no lo sabíais, en Italia hay hasta siete entregas de Posesión infernal, gracias a ir colocando el título La Casa (título del film de Raimi en Italia) y un número a películas que, obviamente, no tenían nada que ver con Evil Dead. Que haya un 1 en el título parece sugerir que querían iniciar su propia franquicia, que, comprensiblemente, nunca existió.

Tras el prometedor inicio, aparece la razón por la que esta película me hace reír a carcajadas: Coralina Cataldi-Tassoni, una actriz que convierte la sobreactuación y la exageración en un arte. Muchos la recordaréis por el épico enfado que despliega al inicio de Demons 2 (Dèmoni 2, Lamberto Bava, 1986). Por supuesto, muchos es posible que la encontréis irritante e insoportable, pero vosotros os lo perdéis. De todos modos, hacia la mitad la película se hace un poco aburrida mientras los dos protagonistas van deambulando por el bosque. Por suerte, la parte final es bastante divertida, cuando se le sube la intensidad al absurdo y la sangre, creando momentos tan ridículos que es inevitable soltar unas carcajadas.

Supongo que queda claro: esta es una película que solo puede disfrutarse como "es-tan-mala-que-es-buena". Interpretaciones pasadas de rosca, efectos chuscos, litros de sangre y vaginas armadas con garras es lo que ofrece para aquellos que aprecien este tipo de deliciosa basura.


12 jun. 2020

Los supercamorristas (Kuai can che aka Wheals on Meals)


Hay muchas películas con Jackie Chan protagonizando escenas de acción como si fuera de goma. Hay también unas cuantas en las que Jackie Chan hace justo eso junto a Samo Hung y Biao Yeun. Pero solo hay película en la que los tres se lían a patadas en las calles de Barcelona: Los supercamorristas (Kuai can che aka Wheals on Meals, Samo Hung, 1984).

Thomas (Jackie Chan) y David (Biao Yeun) son dos amigos que tienen un puesto de comida china sobre ruedas en Barcelona. Sus destinos se cruzan con los de Sylvia (Lola Forner), una carterista que es perseguida por un grupo de maleantes. El detective Moby (Samo Hung), amigo de Thomas y David, también busca a Sylvia, aunque sin saber bien los motivos de su cliente. Los tres se convertirán en los protectores de Sylvia frente a las malvadas intenciones del conde Mondale (Pepe Sancho).

Los supercamorristas es un título muy bien considerado entre los fans de Chan y del cine de acción de Hong Kong. Barcelona era, desde el punto de vista de los productores, una localización muy exótica que les permitió montar escenas de acción que todavía no eran posibles en las calles de Hong Kong (con el tiempo cambiaría la situación). La localización se aprovechó al máximo, montando espectaculares y vibrantes escenas en las que los protagonistas hacían gala de sus múltiples habilidades atléticas y en el campo de las artes marciales. Entre los momentos que destacan, una larga persecución, una rareza por entonces dentro del género debido a las restricciones para filmar en Hong Kong del momento. Aunque el villano principal, interpretado por Pepe Sancho, no es nada del otro mundo, uno de sus secuaces estaba interpretado por el campeón Benny Urquidez. Urquidez y Chan escenifican una pelea que está considerada como una de las mejores de la filmografía de Chan.

La comedia, por lo menos para mí, también funciona bastante bien en su mayor parte. Algunos gags son muy efectivos, siendo la comedia física la que mejor se transmite. No siempre es así en estas películas, pero esta vez la parte humorística esta casi a la par que la acción. Casi, la acción es insuperable.

Sin embargo, Wheels on Meals no está a la altura de clásicos como Armas invencibles (Ging chaat goo si aka Police Story, Jackie Chan, 1985) porque la historia es bastante floja. Como ya he dicho, el villano principal lo interpretó Pepe Sancho, así que cuando finalmente los tres protagonistas llegan hasta él la escena es algo anticlimática teniendo en cuenta las espectaculares peleas anteriores y las nulas habilidades de Sancho para la acción. La trama en sí es bastante floja y no muy interesante.


Así que, por un lado, la historia no tiene mucho interés, pero, por otro lado, la acción y la comedia hacen de Los supercamorristas un film entretenido y divertido, con algunos momentos brillantes.


8 jun. 2020

Las aventuras de Ford Fairlane (The Adventures of Ford Fairlane)


Descubrí Las aventuras de Ford Fairlane (The Adventures of Ford Fairlane, Renny Harlin, 1990) cuando estaba en 8º de EGB (el último que se llamaría así antes de pasar a ser la ESO), la edad ideal para ser introducido en el mundo del detective roquero Ford Fairlane, en la que hoy es una cápsula temporal de los 90.

Ford Fairlane (Andrew Dice Clay) es un detective especializado en el mundo de la música. Un viejo amigo, el DJ Johnny Crunch (Gilbert Gottfried), le encarga encontrar a una chica llamada Zuzu Petals (Maddie Corman). Poco después, Crunch es asesinado y otra persona, Colleen Sutton (Priscilla Presley) le encarga a Ford encontrar a la misma chica. Y es posible que todo esto tenga algo que ver con la muerte del cantante Bobby Black (Vince Neil). ¿Podrá Ford desentrañar esta complicada trama antes de que le cueste la vida?

En su día, la película me pareció una comedia genial. El carácter exagerado y pasado de vueltas del personaje era el súmum del humor para un chaval entrando en la adolescencia. En la actualidad, aprecio más Las aventuras de Ford Fairlane por como juega con los tópicos de la ficción detectivesca y el hard boiled, al estilo de Kiss Kiss Bang Bang (Shane Black, 2005). Ford Fairlane es mucho más fantasiosa que la película de Shane Black, como demuestra el hecho de que una de las bandas para las que trabaja Fairlane es Josie and the Pussycats, pero la voluntad de jugar con los elementos clásicos de las historias de detectives privados es la misma: la trama complicada, la secretaria fiel, las traiciones y los giros inesperados... Todo regado con el peculiar estilo de Andrew Dice Clay.

Ford Fairlane fue creado por el escritor y periodista Rex Weiner, que le hizo protagonizar dos historias que se publicaron serializadas a finales de los 70 y primeros 80. La intención de Weiner era explorar la nueva escena musical surgida del momento, impulsada por el punk. Su personaje ficticio se cruzaba con personajes reales en lugares reales. Para cuando finalmente la película se puso en marcha, poco quedaba de las historias originales. El film buscaba crear una comedia de acción, alejada de la escena punk original. La película cambió aún más cuando se decidió convertirla en un vehículo para convertir a Andrew Dice Clay en una estrella.

Clay era un cómico bastante popular y famoso en aquella época, así que la idea de convertirlo en una estrella de cine, como ya se había hecho con Steve Martin y Eddie Murphy, tenía toda la lógica del mundo. La diferencia entre Clay y los comediantes mencionados es que el estilo de Clay era bastante extremo para la época, lo que acabó convirtiéndolo en una figura polémica debido a sus chistes sexistas. Cuando Ford Fairlane se estrenó, las opiniones contrarias a Clay eran bastante fuertes y numerosas, lo que afectó negativamente a la película, igual que afectó la poca publicidad y el hecho de que era una película no muy convencional. Vista hoy día, tiene algún momento políticamente incorrecto, pero en un mundo post-hermanos Farrelly no resulta tan extrema como cuando se estrenó. Además, se ha de entender que la película llegó en un momento en que empezaba una nueva ola conservadora después de los excesos de los 80. Sea cual sea el motivo real, el resultado es el mismo: no funcionó en taquilla y se convirtió en una cinta de culto.

Que no os de pena Clay. Puede que no se convirtiera en una estrella de cine, pero seguramente hizo más dinero con sus espectáculos de lo que jamás habría conseguido como actor. Y estos últimos años ha obtenido muy buenas críticas en sus papeles como secundario en películas como Ha nacido una estrella (A Star Is Born, Bradley Cooper, 2018). En cuanto a la película, se ha convertido en una cinta de culto como ya he dicho. Aquí, donde la figura de Clay es bastante desconocida, el film se ha podido apreciar por sus virtudes y, también, por sus defectos. El estilo y la música es muy, muy de los 90, pero la trama y el argumento son bastante clásicos. Por supuesto, es posible que me ciegue la nostalgia, y la película resulte terrible para alguien que no vivió los 90, pero para mí todavía funciona de forma excelente.


2 jun. 2020

La saga Scary Movie


Alguien tenía que hacerlo y ese alguien he sido yo. Todo un artículo analizando la saga Scary Movie y su azarosa trayectoria en las pantallas. Un análisis que seguro pasa a la historia como lo han hecho estas películas. Leed todo al respecto en: 


Ahora parece el momento ideal para repasar estar películas, cuando la realidad parece una parodia.


Las tres caras del terror (I tre volti del terrore)

 
Las tres caras del terror (I tre volti del terrore, Sergio Stivaletti, 2004) es un ejemplo de película que se hace perdonar muchas cosas gracias a su espíritu y sus intenciones. Pero eso trae consigo que solo sea una película apta para los fans del cine de terror.

Tres desconocidos comparten un vagón de tren. La llegada del doctor Peter Price (John Phillip Law) hará que compartan extrañas experiencias al mirar dentro de un orbe mecánico. Estas experiencies son las tres historias que forman este film antológico. El título hace clara referencia a Las tres caras del miedo (I tre volti della paura, Mario Bava, 1963), mientras que el argumento es el mismo que el de Doctor Terror (Dr. Terror's House of Horrors, Freddie Francis, 1965). Por si fuera poco, el personaje de John Phillip Law se llama Peter Price en referencia a Peter Cushing y Vincent Price y va maquillado de forma que recuerda a la barba de Cushing y la vestimenta de Price.

Claramente, los cineastas no tratan de ocultar sus intenciones. La película es un homenaje al género, igual que las historias. La primera historia, El anillo de la luna es una historia de hombres lobo, la segunda historia, Un rostro perfecto (Dr. Lifting), es una historia de Mad Doctor, y la tercera, El guardián del lago, una historia con criatura misteriosa. Eso hace que sea un film predecible (si habéis visto Doctor Terror ya sabéis como acaba) pero, también, entretenido. El film tiene varias cosas en contra: los efectos digitales son terribles, las interpretaciones mediocres (excepto Law) y se nota que fue rodada en vídeo digital. A pesar de todo, el fan de terror capaz de captar los diversos homenajes (atención a Lamberto Bava dirigiendo Demons 7) y ver la película como una carta de amor al género, podrá obtener placer dcon ella. Y aunque los digitales son bastante malos, los efectos prácticos y de maquillaje son bastante buenos, cosa que se espera teniendo en cuenta que el director Sergio Stivaletti ha demostrado en muchas ocasiones su talento a la hora de crear efectos especiales.


28 may. 2020

Juegos sangrientos (Blood Games)


Hace poco vi en Netflix una película que acabó siendo toda una decepción a pesar de su premisa: Girls with Balls (Olivier Alfonso). Lo peor: es un obvio plagio de Juegos sangrientos (Blood Games, Tanya Rosenberg, 1990), una excelente película que mezcla thriller, acción y empoderamiento femenino.

El señor Collins (Ken Carpenter), un antiguo mercenario, decide contratar para el cumpleaños de su hijo Roy (Gregory Scott Cummins) un equipo de baseball femenino para celebrar un amistoso juego. Este equipo es Babe and the Ball Girls, capitaneado por Babe (Laura Albert), la cual está determinada a ganar. Cuando el equipo de Babe consigue su merecida victoria, los hombres del lugar no se lo toman bien. El señor Collins ha visto su orgullo masculino herido y primero se niega a pagar. Luego, Roy intenta violar a una de las chicas. Las chicas se defienden y Roy acaba muriendo, lo que provoca que el señor Collins reuna un pequeño ejército, determinado a que el equipo de Babe no salga vivo del bosque.

El film se abre con el juego de baseball en progreso. Esta secuencia sirve como resumen de lo que vendrá luego, desarrollando las distintas actitudes con que los dos equipos afrontan el juego. Los hombres, seguros en su superioridad física no se lo toman en serio, intentando meter mano a las jugadoras cuando pasan cerca suyo. Las mujeres se lo toman más en serio, están determinadas a ganar y, cuando ven que la victoria femenina es posible, los hombres empiezan a usar la violencia para ganar. Luego, cuando la caza de las mujeres se pone en marcha, se ve reflejada la misma actitud de los hombres depositando su confianza en las armas y la superioridad numérica, mientras que las mujeres han de confiar en su inteligencia y sus habilidades para sobrevivir.

No sé si Coralie Fargeat, la directora de la excelente Revenge (2017), ha visto esta película, pero ambas comparten temas y subtexto. Solo que Blood Games trató temas de empoderamiento y sororidad en 1990, cuando era una auténtica rareza que una película de género lo hiciera. Por supuesto, en el film de Tanya Rosenberg se mezcla una visión progresiva con los elementos propios de la exploitation, como desnudos gratuitos, para crear una cinta de acción con elementos de thriller que atrajera al consumidor habitual. Es decir, viendo esta carátula uno no se lleva la impresión de que va a ver un film más interesante que la típica exploitation:

Tal vez por eso la película se ha convertido en una cinta de culto que debería ser más mencionada cuando se habla de cine rape & revenge y feminismo. Y tampoco se debe obviar que como pura cinta de acción, Juegos sangrientos es tremendamente entretenida. La directora Rosenberg logra escenas muy tensas, estilizadas al estilo Sam Peckinpah, como una secuencia en que se produce un enfrentamiento en medio de una zona cubierta por la niebla.

Blood Games es un film adelantado a su tiempo y, al mismo tiempo, gran ejemplo del cine de acción de la época. La mezcla de acción y thriller de supervivencia hace que destaque por encima de la media. En definitiva, un título que os invito a descubrir y disfrutar.

26 may. 2020

Bats (Murciélagos) (Bats)


Hace poco leí en Bloody Disgusting un artículo reivindicando las virtudes de Bats (Murciélagos) (Bats, Louis Morneau, 1999). Bats era una película en la que no había pensado en mucho tiempo, aunque fui a verla al cine y fue de las primeras películas que me compré en DVD, si bien más porque el aparato era nuevo y no tenía mucha cosa que ver en él que porque pensara que era un film indispensable en mi colección. Pero lo que me ha llevado a verla de nuevo es el hecho de que el guionista fue John Logan, creador de Penny Dreadful y del spin-off Penny Dreadful: City of Angels, series que me disfruté mucho viendo (City of Angels se emite actualmente en Movistar+).

La historia de Bats es bastante sencilla: unos murciélagos, alterados genéticamente para aumentar su inteligencia y ser omnívoros, se escapan de un laboratorio y atacan un tranquilo pueblo tejano. El sheriff Emmet Kinsey (Lou Diamond Phillips) y la doctora Sheila Casper (Dina Meyer) están al frente del equipo encargado de acabar con estos murciélagos antes de que devoren Estados Unidos. Un argumento que es pura serie B y la película lo sabe, lo cual es su mayor virtud. Bats es una clásica película de serie B y no intenta ocultarlo, todo lo contrario, se regodea en ello.

El film contiene algunos tópicos propios de los 90, como el personaje que interpreta Leon, típico personaje gracioso de la época. Pero, principalmente, el film juega con los tópicos clásicos de este tipo de películas ejecutándolos de manera novedosa. El ejemplo más llamativo (y relevante en esta actualidad pandémica) es que, tras el estreno de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) se hizo bastante habitual el alcalde sórdido que se niega a cerrar las playas/parques/calles por miedo a que afecte al turismo y a los negocios. En Bats, en cambio, la alcaldesa Amanda Branson (Marcia Dangerfield) inmediatamente hace caso de lo que le dice el sheriff, el problema es que es la gente la que se niega a hacer caso e ignora los avisos de peligro, provocando la inevitable masacre para deleite del espectador.

Y es algo que, también, la película hace bien. Si vas a ver una película de terror que se titula Murciélagos lo que quieres ver son murciélagos al ataque, algo que el film ofrece en abundancia. Para ello mezcla diversas técnicas, como animatrónicos mezclados con primerizos murciélagos animados por ordenador. El resultado en su momento era bastante efectivo, pero hoy día los momentos CGI cantan bastante. De todos modos, no le resta diversión al espectador.

Resulta increíble que una película como esta se estrenara en cines, cuando hoy día seguramente se estrenaría directamente en vídeo, seguramente en Syfy (y probablemente hasta con los mismos actores), con resultados muy distintos. En su estreno el film fue un éxito, incluso teniendo en cuenta que en Estados Unidos se estrenó una versión censurada para mayores de 13 años. Pero es a través del vídeo y el DVD que Bats fue adquiriendo fans, surgiendo la inevitable secuela DTV Bats 2: Murciélagos (Bats 2: Human Harvest, Jamie Dixon, 2007), de la que sé poco más a parte de que existe.

Bats sabe lo que el espectador busca en una película como esta y se lo da en abundancia. Diversión ligera y poco exigente para los aficionados al género.


21 may. 2020

Segunda oportunidad: Inocentada sangrienta


Hace poco dejaron escritos un par de comentarios en un antiguo post que escribí sobre Inocentada sangrienta (April Fool's Day, Fred Walton, 1986). Estos comentarios hicieron que me diera cuenta de que el artículo ya no representaba mi opinión sobre el film, normal teniendo en cuenta que lo escribí hace casi diez años.

En realidad es más que mi opinión se ha suavizado. Volviendo a visitarla via DVD he aprendido a disfrutar la película por sus aciertos y sus fallos no me molestan tanto. Y con fallos me refiero al algo frustrante final. Un final que resulta insatisfactorio para mí por lo bien que había funcionado la película hasta entonces.

Para los que no conozcan el film: el primero de abril es en Estados Unidos el equivalente aquí al 28 de diciembre, es decir: Día de los Inocentes. Es entonces que Muffy (Deborah Foreman) invita a un grupo de amigos a su casa en una isla. ¿Y qué pasa entonces? Pues que empiezan a desaparecer uno a uno, eso pasa. ¿Podrá Kit (Amy Steel) resolver el misterio antes de que le llegue su turno?

Los más leídos se habrán dado cuenta de que el film es prácticamente una nueva versión de Los diez negritos de Agatha Christie, novela que ha sido muy influyente en el género slasher. Además, la película llegó cuando el género estaba ya bastante agotado, a pesar del soplo de aire fresco que había sido Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984) (1-2). Género cansado y final no muy celebrado fue lo que hizo falta para que el film fuera un fracaso en taquilla. Con el tiempo, Inocentada sangrienta ha sido una película reivindicada por fans del slasher como un antecedente a películas como las de la saga Scream (1-2-3).

Tal vez mi primer artículo de April Fool's Day no habría sido tan negativo sino fuera porque me había leído la novelización que escribió Jeff Rovin con el final original. Bueno, más que final era todo el tercer acto que añadía 20 minutos a la película. Paramount decidió que se eliminase toda esa sección, que fue sustituida por el chiste final que aparece antes de los títulos de crédito.

El miedo a que la película resultase demasiado larga (aunque habría durado menos de 2 horas, casi una rareza hoy día) la acabó condenando. Porque este tercer acto, sumado a todo lo anterior, seguramente habría convertido el film en un clásico dentro del género, mucho más apreciado de lo que es hoy día. Tuvo que pasar un tiempo hasta que pude desconectar la versión original de la película con la versión que finalmente se estrenó.

Pero no tiene sentido lamentarse por lo que pudo ser y no fue. En el presente, he aprendido a disfrutar con Inocentada sangrienta a pesar de todo. Tal vez también sea vuestro caso.



18 may. 2020

Cuando el destino nos alcance (Soylent Green)

Si os parece que ahora las cosas están mal, esperad a que llegue el 2022: superpoblación, paro generalizado, falta de alimentos, calentamiento global... La única alegría, nuestra dosis habitual de soylent, ya sea rojo, amarillo o el nuevo soylent verde. Así será el mundo en 2022, así es el mundo de Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973).

Al inspector Thorn (Charlton Heston) se le encarga investigar el asesinato del empresario William R. Simonson (Joseph Cotten). Pero cuando empieza a hacer avances, se le ordena que entierre la investigación. Pero Thorn no se detendrá hasta descubrir la verdad, aunque luego deseará no haberlo hecho. Esta es la trama de Soylent Green, a primera vista una trama bastante clásica dentro del género. Sin embargo, lo que ha convertido esta película en un clásico es el mundo futuro que nos presenta, el mundo que habitan los protagonistas. Un mundo al borde del caos, del colapso.

La película se basa en la novela de Harry Harrison ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! La novela, escrita a mediados de los 60, muestra una sociedad al borde del colapso por culpa de la superpoblación, pero este es solo el marco de la historia con una trama propia de la novela negra. Esta es una de las pocas ocasiones en que se puede decir que la adaptación cinematográfica supera el original literario. La manera en que el director Richard Fleischer convierte en realidad este mundo es realmente notable: los personajes continuamente sudando, agobiados por el calor que no baja. Las escenas exteriores tienen un tono verdoso debido a la contaminación. Los amontonamientos de personas sin recursos que llenan escaleras e iglesias. Mujeres convertidas literalmente en mobiliario, propiedades que se incluyen con los apartamentos de lujo. Todo apunta a una sociedad fracasada en que solo una minoría rica y poderosa tiene acceso a alimentos y otros lujos como el aire acondicionado. El film fue concebido a inicio de los 70, década en la que por primera vez se empieza a tener una ligera conciencia medioambiental cuyo origen se haya en la crisis energética y los primeros desastres medioambientales.

Pero lo que acabó de convertir la película en un clásico fueron los cambios realizados respecto a la trama de la novela, creando una intriga que sirve para potenciar el mensaje del film. El desenlace y su oscuro final conviertieron el film en algo memorable, un gran título que surge de una época en la que se estrenaban inteligentes cintas de ciencia ficción para el consumo general, que se harían muy escasas tras el estreno de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977).

Es por la manera en que nos introduce en su mundo, la trama y su conclusión que Soylent Green se mantiene relevante, su mensaje tan poderoso ahora como entonces, aunque haya algunos toques que sitúen el film claramente en los 70. Ahora es el momento perfecto para recuperar este clásico o para descubrirlo si no lo habéis visto.


15 may. 2020

Buck Rogers, aventuras en el siglo 25 (Buck Rogers in the 25th Century)


El impacto de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) no se redujo solo al cine. También se estrenaron diversas series de televisión que ofrecían su dosis de space opera a los aficionados. Sin embargo, los ejecutivos televisivos de la época no eran muy entusiastas del género, ya que series policiales, de acción o del oeste salían más baratas y tenían audiencia asegurada. Lo que explica que hubiera series de ciencia ficción que se cancelaran a pesar de tener buenas audiencias. Entre estas nuevas series de ciencia ficción se estrenó Buck Rogers, aventuras en el siglo 25 (Buck Rogers in the 25th Century, 1979-1981), creada por Glen A. Larson y Leslie Stevens.

Larson y Stevens habían creado también por las mismas fechas Galáctica, estrella de combate (Battlestar Galactica, 1978-1979). Pero Buck Rogers fue creada con un estilo que se alejaba del tono (relativamente) serio de Battlestar Galactica, haciendo un mayor énfasis en la diversión y la aventura. Lo cual resulta lógico ya que, igual que Flash Gordon, Buck Rogers fue creado en la edad dorada del pulp, protagonizando un serial a finales de los años 30 tras adquirir cierta fama en las revistas de ciencia ficción. La serie se puso en marcha reciclando decorados y efectos de Battlestar Galactica, lo que parece dar la idea de un show cutre. Pero el resultado del piloto fue tan bueno, que se estrenó una versión cinematográfica en cines: Buck Rogers: El aventurero del espacio (Buck Rogers in the 25th Century, Daniel Haller, 1979), para la que se hizo también el póster que ilustra este artículo.

Para esta nueva encarnación, la historia de Buck Rogers se alteró ligeramente. Ahora, Buck Rogers (Gil Gerard) es un astronauta que, debido a un accidente, queda congelado en su nave y ésta perdida por el espacio. 500 años después, la nave de Buck regresa, recogida por una fortaleza estelar del Imperio Draconiano, al mando de la princesa Ardala (Pamela Hensley). La princesa espera utilizar Buck como arma contra la Tierra, aunque no puede evitar sentirse atraída por él. Mientras, en la Tierra, el doctor Elias Huer (Tim O'Connor) y la coronel Wilma Deering (Erin Gray) se preparan para la llegada de los draconianos. Buck, devuelto por Ardala con un dispositivo de seguimiento colocado por su mano derecha Kane (Henry Silva), llega a la Tierra y descubre que han pasado 500 años. El robot Twiki (Felix Silla, voz de Mel Blanc) y la inteligencia artificial doctor Theopolis (voz de Eric Server), intentarán ayudar a Buck a acostumbrarse al nuevo siglo en el que vive. A partir de aquí, en cada episodio, el doctor Huer le encarga una misión a Buck y Wilma, que ambos resolverán mezclando técnicas del pasado y el presente. Por supuesto, la malvada Ardala reaparecerá para intentar conquistar la Tierra o a Buck, lo que pase antes.

La primera temporada de la serie es una auténtica maravilla. Cada episodo cargado con generosas dosis de diversión, entretenimiento y acción, la serie se hacía doblemente atractiva por la mezcla de estética pulp de los 30 y la estética disco de finales de los 70. Además, esta primera temporada contó con una impresionante lista de estrellas invitadas: Jack Palance, Roddy McDowall, Sid Haig, Richard Lynch y un largo etcétera. Uno de las más notables estrellas invitadas fue una joven Jamie Lee Curtis, interpretando a una prisionera que Buck ha de liberar de una especie de fortaleza infernal perseguidos por un robot asesino que no se detendrá hasta atraparlos (¿os suena de algo?).

He de admitir que mi principal interés por esta serie era nostálgico. Recuerdo que la serie me encantaba cuando era pequeño, una época en la que TV3 (la cadena autonómica catalana) emitía varias series que me marcarían, como Doctor Who (etapa de Tom Baker), Star Trek (1966-1969, Gene Roddenberry), La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964, Rod Serling), Batman (1966-1968, Lorenzo Semple Jr., William Dozier) y Dr. Slump (Dokutaa Suranpu Arale-chan, 1981-1986, Akira Toriyama). Si se refieren a esto con que TV3 adoctrina, desde luego conmigo funcionó porque me hizo fanático de la ciencia ficción, la fantasía y el terror (daban muchas pelis de terror por las noches). Pero, cuando empecé a ver en el presente Buck Rogers, me sorprendió lo mucho que disfruté regresando a este mundo, sin que la nostalgia tuviera nada que ver con ello. Por desgracia, los buenos tiempos no durarían.

Buck Rogers no reventó audímetros, pero tuvo bastante éxito. La segunda temporada se retrasó por huelgas del sector, así que se decidió aprovechar para cambiarla por completo. Básicamente, destrozaron la serie: la audiencia se desplomó y se canceló cuando solo llevaban 11 episodios. El principal cambio fue el argumento de la serie: ahora Buck y Wilma forman parte de la tripulación de la Searcher con la misión de contactar con otras tribus humanas. Es decir, convirtieron la serie en un cruce entre Star Trek y Battlestar Galactica. Las historias perdieron calidad y se añadieron personajes que no aportaban nada. La adición más significativa es la de Hawk (Thom Christopher), mitad hombre mitad pájaro, que se convierte en el nuevo compañero de acción de Buck. Lo que significa que Wilma se acaba convirtiendo en poco más que una azafata.

Esta segunda temporada también muestra ciertas tendencias ausentes en la primera y bastante preocupantes: además de hacer que Wilma ya no sea un personaje de acción y asexualiza la serie, en el episodio "The Satyr" dan una visión de la violencia machista terrible. La palma de misoginía se la lleva el episodio que sigue a "The Satyr" titulado "Shgoratchx!", que se inicia con el robot Crichton (otro personaje nuevo insoportable) diciéndole a Buck: "Típico de un hombre que proviene de un siglo en que la Tierra solo destacó por las guerras, la liberación de la mujer y el holocausto". Casi nada. En el mismo episodio, se muestra como algo divertido que Wilma sea prácticamente violada por los personajes protagonistas del episodio.

La segunda temporada parece una serie completamente distinta y es terrible. Sobretodo si la comparamos con la fantástica primera temporada. A pesar de todo, es una serie que recomiendo, aunque sea solo por esta primera temporada.


12 may. 2020

El último hombre... vivo (The Omega Man)


No sé qué me ha hecho pensar en esta película posapocalíptica en la que una plaga diezma la humanidad, pero vamos a hacerle un poco de compañía a El último hombre... vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971).

Robert Neville (Charlton Heston) es el único humano inmune a una terrible plaga que ha matado a la mayoría de la humanidad, provocada por una guerra bacteriológica. Neville dedica sus días a pasear por una ciudad vacía, sin nada que hacer más que deambular sin rumbo y matar a los infectados supervivientes que salen por la noche para cazarlo a él. Todo cambia para Neville cuando descubre a otros supervivientes infectados pero que siguen siendo humanos.

La película adapta la clásica novela de Richard Matheson Soy leyenda. La novela había ya sido adaptada unos pocos años antes como El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964), pero el proyecto se inició desconociendo la existencia de esa película, que por entonces era considerada poco más que una olvidable película de serie B. The Omega Man introduce muchos cambios respecto a la novela, siendo el principal que los vampiros imaginados por Matheson aquí son una especie de mutantes, el producto de la plaga que asola el mundo. De todos modos, mantienen muchas de las características de los vampiros de la novela: duermen de día y la luz del sol les perjudica, atacan constantemente a Neville y han creado su propia sociedad. Las diferencias entre novela y película no se detienen ahí, también se introduce a una serie de jóvenes supervivientes, que esperan a que la enfermedad les haga efecto tarde o temprano.

El último hombre sobre la Tierra sigue siendo la mejor adaptación que se ha hecho hasta la fecha de la novela de Richard Matheson. The Omega Man pierde bastante en comparación, pero también tiene sus puntos de interés y, a pesar de todo, es un film bastante entretenido. También es cierto que la desastrosa Soy leyenda (I Am Legend, Francis Lawrence, 2007), tercera adaptación oficial de la novela de Matheson, ha contribuido a reevaluar The Omega Man.

El principal problema de El último hombre... vivo es que fue dirigida por Boris Sagal, un técnico eficiente pero poco más. No le aporta nada de personalidad al film, de eso se encargan el guion y Charlton Heston, un actor que no se caracterizaba por ser una persona bastante conservadora en lo personal pero eso no le impidió protagonizar varias cintas de ciencia ficción muy progresivas. El film es muy propio de la época en que fue rodado, con muchas referencias que a muchos se les escaparán hoy día. Por ejemplo, la secta de mutantes que lidera Matthias (Anthony Zerbe) se llama a si misma la Familia, en referencia a la secta que lideró Charles Manson. Los diálogos incorporan mucho argot de la época, con referencias al "Black Power", incorporando temas raciales polémicos en aquel entonces. Finalmente, es un film que arrastra también la resaca de lo que fue "el verano del amor", mostrando a la juventud como la única esperanza del futuro, ante un sistema obsoleto y caduco, que representan Neville y la Familia. Resulta llamativa la referencia que se hace al festival de Woodstock a través del documental estrenado en 1970 y que enlaza con el mensaje final a través del fragmento que se muestra.

Woodstock (Michael Wadleigh, 1970) es también el film que Neville ha visto cientos de veces, al ser la única película que se proyectaba cerca de su zona. Al principio parece que simplemente la está viendo, pero cuando empieza a recitar los diálogos al mismo tiempo que aparecen en pantalla, te das cuenta de que lleva viendo la misma película durante muuucho tiempo. Es uno de los pequeños toques que muestran cómo lleva la vida en solitario Neville. Siendo otro momento significativo cuando ve una modelo en un calendario y anhela por el contacto humano con una mujer que nunca volverá a experimentar. Lo que yo llamo "sábado por la noche".

The Omega Man tiene sus problemas, es un film muy setentero para lo bueno y para lo malo, pero sigue siendo entretenido y parte de su mensaje no se ha perdido. Cierto, El último hombre sobre la Tierra capta mejor el pathos de la novela y la adapta mejor, pero no por ello tenemos que desechar por completo esta segunda adaptación. De hecho, es mejor que la propia adaptación que Richard Matheson escribió pero que no se rodó titulada Las criaturas de la noche, que podéis leer en la edición 60 aniversario que editó Minotauro. Es por ello que, si no la habéis visto, os recomiendo que os olvidéis de la terrible versión que protagonizó Will Smith y le deis una oportunidad a El último hombre... vivo.


5 may. 2020

Buscando justicia (Out for Justice)

 
Es difícil unir en un mismo artículo los conceptos "buena película" y "Steven Seagal", pero espero que me deis el beneficio de la duda y le deis una oportunidad a esta película.
 
La década de los 80 fue la edad dorada del cine de acción musculada hipermasculina. Fue el reino de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, seguidos por Jean-Claude Van Damme, Dolph Lundgren, Michael Dudikoff y Chuck Norris, pionero del género. Pero, aunque en años recientes se ha querido recuperar este estilo de acción con Dwayne Johnson y Vin Diesel, esta manera de entender el cine de acción fue perdiendo popularidad hacia finales de los 80, con la llegada de Bruce Willis y Mel Gibson. El género entró en decadencia durante la década los 90, hacia el final de la cual muchos de los ídolos que dominaron los 80 se vieron abocados al mercado del directo a vídeo, peleándose en las estanterías de los videoclubes lejos de las taquillas.

Steven Seagal llegó tarde a la fiesta, estrenando su primera película en 1988, pero lo compensó empezando directamente como protagonista y estrella. Entre 1988 y 1991 protagonizó cuatro películas bajo contrato con la Warner. Esta cuatro películas, recomendables incluso para aquellos a los que no les guste Seagal, representan la edad dorada del actor. De estas cuatro, Buscando justicia (Out for Justice, John Flynn, 1991) es la más interesante y peculiar, apartándose de la fórmula habitual, presentando una historia cargada de urgencia y tensión.

La acción transcurre en un día en Brooklyn. Para el inspector Gino Felino (Steven Seagal) el día arranca con una redada. Mientras, Richie Madano (William Forsythe), amigo de infancia de Gino, asesina al compañero de Gino Bobby (Jay Acovone) en plena calle. Para Richie, cuya locura psicopática se va alimentando con generosas dosis de coca, este asesinato es solo el principio: quiere pasearse por su barrio vengándose de pasadas ofensas y asesinando a todo aquel que se le ponga por delante. Gino seguirá el rastro de destrucción que deja Richie a su paso con la intención de vengarse por el asesinato de su compañero. Y tendrá que darse prisa porque la mafia también va tras Richie, cuya locura pone en peligro sus negocios.

John Flynn, director del clásico de culto El ex-preso de Corea (Rolling Thunder, 1977), mantiene la urgencia de la historia alternando la acción entre Gino y Richie, ambos embarcados en su peculiar viaje hacia el pasado. Esto demanda de Seagal que se esfuerce un poco más de lo normal en intepretar su personaje y no se puede negar que lo intenta. Aunque no es 100% efectivo, se ha de apreciar su intento de convertir a Gino en un ser humano con emociones. También resulta novedoso que Gino es un policía moralmente ambiguo, que ha mantenido los contactos con las familias mafiosas bajo las que creció. Forsythe, por otro lado, domina la película como el encocado y demente Richie, capaz de matar a una mujer por el simple hecho de decirle que aparte su coche.

Aunque también hay sitio para los one liners y los momentos ridículos inherentes al género en aquel momento, Buscando justicia adopta un estilo más violento y crudo propio de una historia criminal más cercana al cine policíaco que a la acción testosterónica. Razón por la que creo es un film bastante recomendable.


30 abr. 2020

Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas) (Crimewave)

A mediados de los 90, Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas) (Crimewave, Sam Raimi, 1985) era el Santo Grial. Gracias a la trilogía Evil Dead y Darkman (1990) me había convertido en un fan del director y quería ver todo lo que había dirigido, pero por entonces no era más que un chaval, sin las posibilidades que hay hoy día, y me era imposible encontrar esta película. Y así fue hasta que, si no recuerdo mal, Manga Films la reeditó en vídeo. No era lo que me esperaba.

El film, escrito por Raimi junto a Joel y Ethan Coen, es un homenaje al slapstick, al humor de los populares en Estados Unidos Three Stooges y al cine de los años 40. Raimi quería demostrar que podía hacer algo más que sangrientas películas de terror, ampliar su repertorio. Sin embargo, fue la primera experiencia de Raimi, Bruce Campbell y Rob Tapert con un estudio y no fue muy positiva, empezando porque el estudio se negó a dejar que Campbell interpretara al protagonista Vic Ajax, papel que acabó interpretando Reed Birney. Las continuas tensiones con el estudio, la mala publicidad y el hecho de que tardó unos años en (apenas) estrenarse, provocaron que Raimi se lanzara con alegría a regresar al universo Evil Dead. Esta situación también contribuyó a que Crimewave se acabara convirtiendo en una cinta de culto.

Incidentalmente, repito que Joel y Ethan Coen trabajaron en el guion, añadiendo nombres que luego reaparecerían en sus películas. Pero me llama la atención especialmente cómo elementos de la trama de Crimewave aparecerían reciclados en el clásico de los hermanos Coen Fargo (1996).

La primera vez que vi el film de Raimi me dejó algo descolocado. La historia parece propia del cine negro: Ernest Trend (Edward R. Pressman) es un empresario que decide deshacerse de su socio y contrata a un par de asesinos: Faron Crush (Paul L. Smith) y Arthur Coddish (Brion James). La pareja son asesinos bastante dementes que acaban provocando una escalada de crímenes y asesinatos en los que se ven involucrados Vic Ajax y la chica a la que Ajax quiere conquistar Nancy (Sheree J. Wilson). Pero la ejecución es un delirio cómico repleto de toques absurdos, como una cinta de animación hecha con actores de carne y hueso. La primera vez, como digo, me dejó algo descolocado, pero con siguientes visionados le fui cogiendo el gusto, especialmente cuando Universal la editó en DVD.

Crimewave es una película deliberadamente tontorrona y absurda. Si uno va preparado para ver una película de este estilo, con una narrativa visual barroca y teatral, el placer está asegurado.


23 abr. 2020

Seeding of a Ghost (Zhong gui)

 
Seeding of a Ghost (Zhong gui, Kuen Yueng, 1983) fue una producción de Shaw Brothers dentro del cine de terror, un género que el estudio no tocó demasiado, más especializados en el cine de acción. El film nos presenta una delirante venganza sobrenatural difícil de olvidar.

Chou Tang (Phillip Ko) recurre a la magia negra para vengar la muerte de su esposa Irene (Maria Jo), asesinada y violada por un par de criminales. Además, Tang y el espíritu de Irene aprovechan para vengarse también sobre Anthony Fang (Norman Chu), el amante de Irene. Resumida así, la trama parece bastante sencilla y directa, pero esta película demanda del espectador algo muy importante: paciencia.

Paciencia porque la trama tarda lo suyo en arrancar, la primera mitad se dedica a desarrollar el romance entre Irene y Fang a espaldas de Tang, rodado como si fuera un videoclip de karaoke, si los videoclips de karaoke incluyeran desnudos. Y desnudos hay bastantes, así como escenas sangrientas y un par de peleas para darle sabor al conjunto, más otras cosas difíciles de creer. En otras palabras, la paciencia del espectador se ve recompensada cuando la venganza sobrenatural se pone en marcha.

La intención de los cineastas, obviamente, era crear un film de terror que dejara al espectador clavado en la butaca. Y el film te clava en la butaca, pero no porque la película provoque miedo o siquiera suspense en el espectador, más bien todo lo contrario. La manera exagerada y teatral en que están rodadas las escenas "de terror", eso sí, son tan delirantes que resultan tremendamente entretenidas, especialmente la parte final, unos psicotrónicos y demenciales diez minutos por los que vale la pena ver Seeding of a Ghost.

De este modo, el aburrido inicio conduce a un pozo de locura sin fondo que puede provoque algún aplauso y muchas bocas abiertas. No cabe duda que aquellos que vean Seeding of a Ghost no podrán borrar de su cerebro su final, ni aunque quieran.


22 abr. 2020

Bienvenido a Woop Woop (Welcome to Woop Woop)

 
Alguien me sugirió Bienvenido a Woop Woop (Welcome to Woop Woop, Stephan Elliott, 1997) en un comentario del blog. Por desgracia, la mayoría de peticiones que me han hecho así, o por correo electrónico, no las he podido satisfacer por el simple hecho de que no podía encontrar los títulos en cuestión, principalmente por ser películas que solo se editaron en VHS en su país de origen. Pero nunca las ignoro y procuro satisfacerlas, como en este caso.

El film fue dirigido por Stephan Elliott después de triunfar internacionalmente con Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert, 1994), aunque la recepción de Bienvenido a Woop Woop fue justo la opuesta. Fue un sonoro fracaso y estrenada directamente en vídeo en muchos territorios. El argumento sigue al timador Teddy (Jonathon Schaech), que, tras un trato que sale mal, se ve obligado a viajar de Nueva York a Australia. Allí conoce a Angie (Susie Porter), una peculiar muchacha con la que pasa ratos muy agradables, hasta que Teddy despierta en Woop Woop, un "pueblo" en mitad de la nada controlado por Daddy-O (Rod Taylor), del cual parece imposible escapar.

La mejor manera de describir esta película es como un cruce entre Despertar en el infierno (Wake in Fright, Ted Kotcheff, 1971) y Giro al infierno (U Turn, Oliver Stone, 1997). Si bien el tono de Welcome to Woop Woop es mucho más ligero, con toques de comedia mucho más exagerada. Al parecer, la novela en que se basa, The Dead Heart de Douglas Kennedy, es muy diferente, empezando por el protagonista: Nick, un periodista que busca la solitaria amplitud del territorio australiano, con un tono más oscuro que podría haber beneficiado al film. El humor exagerado le resta impacto a la historia y no siempre funciona, con estilo muy noventero de comedia ligera que llega hasta la secuencia poscréditos que cierra el film.

Es posible que la manera de plantear la comedia, junto al éxito del anterior film de Elliott, fuera lo que provocara la negativa reacción que en su momento recibió el film. Con los años, al película ha sido reivindicada, adquiriendo fans con el paso del tiempo. Incluso se ha escrito un libro detallando la creación de la película: Fahfangoolah!: The despised and indispensable Welcome to Woop Woop de Michael Winkler. Personalmente, aunque la historia me parecía interesante y tiene momentos que funcionan, la mayor parte de la película me dejó algo indiferente. Es lo que tiene la comedia, es muy particular. Decidid por vosotros mismos si os interesa visitar Woop Woop.