30 dic. 2019

Trilogía Ginger Snaps


La década de los 90 tiene muy mala fama dentro del cine fantástico y de terror. Por supuesto, se estrenaron muchas buenas películas y se revitalizaron géneros, pero la impresión es que los 90 fue una década mediocre para el terror, especialmente después de una década tan destacada como fue la de los 80 para el género. Tal vez por eso, entrando en el 2000, se recibieron con gran entusiasmo títulos que eran un soplo de aire fresco en un género que parecía estancado. Es el caso de Ginger Snaps (John Fawcett, 2000), que desde su estreno en el festival de Sitges empezó a ganar adeptos.

El director John Fawcett era un gran fan de las películas de hombres lobo, pero llevaba demasiado tiempo sin ver ninguna que fuese medianamente potable. Y se le ocurrió hacer una película de hombres lobo protagonizada por dos chicas adolescentes. Con este germen de idea, Fawcett empezó a trabajar con Karen Walton, guionista con la que Fawcett había coincido estudiando cine en Canadá. Fue Walton la que finalmente le dio cuerpo al guion de Ginger Snaps, convirtiendo a las dos chicas imaginadas por Fawcett en hermanas cuya unión se pone a prueba cuando una de ellas empieza a convertirse en una licántropa.

Las interpretaciones de Emily Perkins como Brigitte y Katharine Isabelle como Ginger, las dos hermanas protagonistas, es otra razón, junto al guion de Walton y la dirección de Fawcett, por la que la película fue todo un éxito entre los fans del género, si bien no fue acompañado de un gran éxito de taquilla debido a los problemas de distribución que tuvo el film.

El film también debe su éxito, aparte de por lo bien que funciona su historia, por su subtexto, estableciendo una alegoría entre la transformación de Ginger y los cambios que se producen en la adolescencia. Algo que siempre se destaca al hablar de este título, centrándose en el personaje de Katherine Isabelle, cuya transformación es la más llamativa. Esto hace que se deje de lado a las otras transformaciones del film. Por ejemplo, Jason (Jesse Moss) es un chico contagiado por Ginger, tras mantener relaciones sexuales sin protección, a través del cual se nos muestra cómo le afecta en su caso la licantropía: llenando su cara de granos, aumentando su agresividad y provocando reacciones problemáticas en su pene.

Pero, debido a que Ginger llama más la atención, la transformación que pasa demasiado desapercibida es la de Brigitte. Una transformación provocada por la crisis con Ginger y que convierte a Brigitte en una persona más fuerte y resistente. Brigitte es la verdadera heroína de la película, cuya positiva transformación contrasta con la negativa transformación de Ginger.

Esta alegoría, que utiliza la licantropía para reflexionar sobre los cambios de la infancia a la adolescencia, tal vez no sea nueva, ahí tenemos Yo fui un hombre lobo adolescente (I Was a Teenage Werewolf, Gene Fowler Jr., 1957), pero su perspectiva femenina sí lo era, contribuyendo a convertir Ginger Snaps en un clásico contemporáneo.




Como ya hemos comentado, Ginger Snaps no fue un éxito de taquilla, pero sí tuvo éxito entre los fans y los festivales. Ante la recepción, John Fawcett tuvo la idea de convertir Ginger Snaps en una trilogía: la segunda entrega continuaría la historia de la primera película y la tercera sería una precuela.

Ginger Snaps II: Los malditos (Ginger Snaps II: Unleashed, Brett Sullivan, 2004) transcurre unas semanas después de los eventos  de la primera película. Brigitte, interpretada de nuevo por Emily Perkins, intenta mantener a raya la licantropía que late en su interior. No lo tiene fácil porque un hombre lobo le sigue la pista y la acosa sin descanso. Por desgracia, Brigitte es confundida con una adicta a las drogas y es internada en un centro para desintoxicar chicas adolescentes.

Esta segunda entrega sigue algunos de los temas de la primera, como utilizar la transformación en mujer lobo para hablar de forma alegórica del despertar sexual, introduciendo también otros como el paralelismo entre la licantropía y la drogadicción. Y lo de hace de forma efectiva, gracias a los distintos y diversos personajes con los que se encuentra la protagonista, entre los que destaca la niña Ghost (Tatiana Maslany).

Con su mezcla de terror y humor negro, más una retorcida y acertada conclusión, esta secuela contribuye a expandir el mundo de Ginger Snaps. Puede que no sea tan buena como la primera entrega, pero sus muchos aciertos, como la manera de mantener "viva" a Ginger en la secuela, compensa de sobra sus posibles faltas. Es una digna continuación de la historia, que satisface sin repetir lo sucedido en la primera.




Las continuaciones de Ginger Snaps fueron hechas "en familia". Es decir, John Fawcett supervisó las secuelas, el director de la segunda fue el editor de la primera y el director de Ginger Snaps III: El origen (Ginger Snaps Back: The Beginning, 2004), Grant Harvey, había sido el productor de la segunda.

Esta precuela es la más floja de las tres. Nos presenta a las hermanas Brigitte y Ginger, interpretadas de nuevo por Emily Perkins y Katharine Isabelle, perdidas en un bosque en el siglo XIX. Las hermanas llegarán a un fuerte en el que, de nuevo, Ginger será mordida y se transformará en una mujer lobo.

Es la más floja porque repite la historia de la primera, pero que sea la más floja no quiere decir que sea una mala película. Se le añade a la mitología de las anteriores entregas mitos de los nativos americanos, como el Wendigo, y la ambientación en el fuerte rodeado de nieve le da color a la historia. También cuenta con un sólido reparto, que sumado a la ambientación y la acción hace que sea un film entretenido. Y dice bastante de la trilogía que su entrega más floja siga siendo un film efectivo que se pasa bastante rápido.

26 dic. 2019

Richard Jewell

 
Publicada mi crítica de la última película de Clint Eastwood Richard Jewell (2019) en Underbrain Mgz:


Es un film de Clint Eastwood, así que la factura es muy correcta, el reparto lo da todo, pero no deja de ser un film mediano, no muy memorable.


24 dic. 2019

Cats

 
Por si las cosas en el mundo no hubiesen sido lo suficientemente desastrosas este año, se estrena Cats (Tom Hooper, 2019) y podéis leer mi crítica en Underbrain Mgz:


Los tráileres no engañaban: Cats es terrible. Un regalo de Navidad ideal para alguien que os caiga mal.


18 dic. 2019

La rebelión de las máquinas (Maximum Overdrive)


La única película que ha dirigido Stephen King, adaptando su historia Camiones incluida en El umbral de la noche, no fue la obra maestra del terror que muchos esperaban. La rebelión de las máquinas (Maximum Overdrive, 1986) fue un fracaso en su día, pero, con el tiempo, se ha convertido en una película de culto merecedora de lujosas ediciones en Blu-ray.

El cuento original se centra en un grupo de personas atrapadas en una gasolinera, después de que los camiones hayan adquirido una homicida conciencia propia. Es un relato bastante breve y efectivo en su simpleza. Para llevarlo a la pantalla grande, King decidió extender los impulsos homicidas a todas las máquinas (excepto los coches) y añadió una posible explicación: la Tierra se encuentra expuesta a la radiación de un cometa.

No está claro si fue Stephen King quién le pidió a Dino De Laurentiis dirigir la película o fue sugerencia de De Laurentiis que King dirigiera Maximum Overdrive. Sí está claro que el film se produjo después de que De Laurentiis y King hubieran colaborado llevando varias adaptaciones de King a la gran pantalla, empezando con La zona muerta (The Dead Zone, David Cronenberg, 1983), que fueron seguidas por Ojos de fuego (Firestarter, Mark L. Lester, 1984), Los ojos del gato (Cat's Eye, Lewis Teague, 1985) y Miedo azul (Silver Bullet, Daniel Attias, 1985).

El propio King ha reconocido que no hizo un gran trabajo como director. Pero los resultados son notables si tenemos en cuenta la dificultad del bajo presupuesto y que, siendo King un director primerizo sin ningún tipo de experiencia, el director de fotografía era italiano y no hablaba palabra de inglés, cuando lo más lógico habría sido emparejar a King con un director de fotografía experimentado que le sirviera de guia. Fue el veterano actor Pat Hingle el que más ayudó a King, explicándole trucos y dándole consejos durante el rodaje. La posproducción también tuvo sus dificultades: gran parte de las escenas sangrientas y el gore rodado fueron cortados por la MPAA, además de que se añadieron unos textos completamente innecesarios al inicio y al final para dejarlo todo masticado a la audiencia. A todo esto hay que sumarle una campaña de publicitaria centrada completamente en Stephen King. Desde el póster al tráiler, todo se centraba en King, prometiendo una experiencia aterradora. Lo que contribuyó a que el film fracasara ya que King no pensaba en Maximum Overdrive como una película de terror, sino más bien como una divertida serie B, el tipo de película que unos años antes se había proyectado en un autocine.

A pesar de todo, la película ha sobrevivido. Tal vez por estar asociada al nombre de un autor convertido en icono pop, pero también porque está llena de momentos y escenas que salvan la película.

King, como en sus novelas, mezcla hábilmente el terror y la comedia, manejando bien los cambios en el tono del film. La banda sonora de AC/DC, de la que King era fan y ya en el guion había indicado dónde irían las canciones, no funciona siempre, pero cuando lo hace, lo hace a lo grande. La decisión de King de utilizar a AC/DC también lleva a que muchas escenas en las que otro director habría incluido música, lo hacen en silencio, dándole un toque distinto y original a las escenas de suspense. Y, como ya he dicho, hay diversas escenas que funcionan a la perfección: el puente levadizo, el juego de beisbol, el paseo por el barrio residencial... Y pequeños detalles en los personajes y en las escenas que le otorgan una personalidad propia.

Se ha de señalar que la película resulta bastante relevante hoy día. Mientras que en 1986 la trama era considerada absurda, hoy día no lo es tanto si tenemos en cuenta la cantidad de aparatos que llevan incorporada algún tipo de inteligencia artificial.

Es cierto que Maximum Overdrive tiene bastante problemas, como interpretaciones irregulares y que el final es bastante flojo. Pero si se ve esperando una divertida y absurda serie B, La rebelión de las máquinas no decepciona. No es perfecta, pero sí tremendamente entretenida.


13 dic. 2019

Calles de fuego (Streets of Fire)

Mientras escribo estas líneas, suena a todo volumen Nowhere Fast de Fire Inc., la banda creada por Jim Steinman para interpretar las dos canciones que escribió para la banda sonora de Calles de fuego (Streets of Fire, Walter Hill, 1984). La canción abre tanto el disco de la banda sonora como la película, resumiendo a la perfección la energía y la naturaleza exagerada del film de Walter Hill. Una fábula de Rock & Roll que se ha convertido en una indiscutible película de culto.

Tras el tremendo éxito que fue Límite: 48 horas (48 Hrs., 1982), Walter Hill aprovechó para llevar a cabo un proyecto más personal y extraño. Una fantasía ambientada en un mundo retro-futurista, con influencias del cómic, el cine adolescente de  los 50, una buena dosis de romanticismo, el western y la acción urbana en la que Hill se había especializado. Utilizando esta potente mezcla, se nos cuenta la historia de Tom Cody (Michael Paré), un solitario mercenario, que regresa a su ciudad natal cuando su hermana Reva (Deborah Van Valkenburgh) le escribe para que lleve a cabo una complicada misión: rescatar a la chica que le rompió el corazón a Tom, Ellen Aim (Diane Lane), ahora una famosa cantante que ha sido secuestrada por Raven Shaddock (Willem Dafoe), el líder de los Bombers. Con la ayuda del mánager y actual novio de Ellen, Billy Fish (Rick Moranis), y la soldado sin empleo McCoy (Amy Madigan), Tom se adentrará en las peligrosas calles de este particular mundo para salvar a Ellen.

Originalmente se promovió ante los estudios como la primera entrega de una trilogía que nunca llegó a hacerse, ya que su sonoro fracaso en taquilla abortó cualquier idea de continuar las aventuras de Tom Cody en este peculiar universo creado por Hill y Larry Gross. La película fue producida por la Universal, dando la casualidad que, justo cuando Calles de fuego estaba en posproducción, hubo un cambio de la directiva del estudio. Estos cambios suelen significar la muerte de cualquier película que se encuentre en producción en ese momento, ya que la nueva directiva entierra los proyectos de la antigua. Y eso es exactamente lo que le sucedió al film de Hill, que se estrenó sin apenas publicidad ni promoción de ningún tipo. Así, la película fue un fracaso en Estados Unidos, aunque funcionó muy bien en Europa y Japón.

En Estados Unidos la película se descubrió cuando se editó en VHS. Fue entonces cuando empezó a convertirse en una cinta de culto. Fue entonces cuando se empezó a descubrir esta maravilla cargada de energía. El film atrapa con su inicio, en una actuación de Ellen Aim con su posterior secuestro por parte de los Bombers. A partir de aquí se convierte en una aventura a través de esta extraña ciudad, un western en el que se utilizan motos en lugar de caballos. Intercambiando diálogos de tipo duro exagerados y bastante divertidos, los personajes avanzan por esta particular odisea, en la que se intercala algún número musical, esquivando balas y puños.

Es un film peculiar y personal, que parecía destinado a convertirse en cinta de culto. Antes he mencionado que se concibió como una trilogía, aunque se podría decir que Calles de fuego es una secuela espiritual de Los amos de la noche (The Warriors, Walter Hill, 1979). El origen de Calles de fuego se encuentra en el deseo de Hill de regresar al mundo creado en The Warriors, lo que se hace explícito en los puntos en común de ambas: ambientadas en el mismo mundo de fantasía urbana (aunque en puntos diferentes de ese mismo mundo), con alusiones a la mitología griega (en el caso de Calles de fuego el secuestro de Helena de Troya), estructura parecida (en ambas los protagonistas se ven obligados a avanzar por terreno enemigo para regresar a casa) y en ambas la música tiene un fuerte protagonismo, siendo Calles de fuego lo más cerca que ha estado Walter Hill de dirigir un musical.

Por supuesto, el principal punto en común de ambas es que las dos fueron fracasos de taquilla que se convirtieron en veneradas películas de culto. Y ambas son tremendamente entretenidas, claro.

A los fans de esta película que no tengan problemas con el inglés les recomiendo la edición limitada alemana de tres discos, dos Blu-rays y un CD con la banda sonora original, que ha salido hace poco y todavía podéis encontrar a un precio razonable. A aquellos que no la conozcan, os la recomiendo sin dudarlo. En una doble sesión con The Warriors os puede derretir el cerebro de placer.


10 dic. 2019

Olimpiada de la muerte (Fatal Games)

 
Típico slasher ochentero, estrenado cuando el género empezaba a decaer rápidamente (viendo esta película es fácil darse cuenta del porqué). Olimpiada de la muerte (Fatal Games, Michael Elliot, 1984) fue rodada originalmente como The Killing Touch, pero se cambió el título para aprovechar el tirón de los Juegos Olímpicos de 1984. La verdad es que esta película tiene poco de olímpica y mucho de videoclubera.

La película transcurre en una academia de atletismo en la que sus estudiantes están compitiendo para poder participar en los campeonatos nacionales. Uno a uno, los ganadores están siendo eliminados por un misterioso asesino vestido con chándal negro y armado con una jabalina. ¿Quién es este misterioso asesino? ¿A quién le importa?

Los aficionados al género sin duda se habrán dado cuenta de que el planteamineto de Olimpiada de la muerte es bastante semejante al de El día de la graduación (Graduation Day, Herb Freed, 1981), aunque carece de los divertidos toques de serie B que hacen de El día de la graduación un film más o menos entretenido. Fatal Games es un film con cero suspense: es muy fácil adivinar quién se esconde en el chándal negro y los asesinatos son muy repetitivos. Es decir, el primer asesinato con jabalina resulta divertido, pero, en lugar de asesinatos cometidos con distintos utensilios deportivos, son todos perpretados con la jabalina. Eso hace que acaben siendo aburridos, aunque algunas de las apariciones del asesino son bastante cómicas.

El reparto es bastante olvidable, lo que supongo se compensa con las numerosas escenas en duchas, vestuarios y saunas en las que participan. No había visto tanto calzoncillo blanco fuera de una peli de Esteso y Pajares. Debo admitir que hubo una línea de diálogo que me hizo gracia, protagonizada por adolescente calentorro y novia reticente: tras la chica rechazar ir a casa de él y a la de ella, el adolescente desesperado le dice: "¿y si vamos a un motel a ver qué dan por la tele?" Definitavemente pienso usar esta frase en el futuro.

Aparte de mucho caminar por espacios vacíos para rellenar metraje, las escenas entre jabalinazo y jabalinazo no tienen mucho interés. Pero los enfermos del género, aquellos cuya misión es ver todos los slashers de los 80, supongo que querrán saber de su existencia. Por eso no la recomiendo a nadie, solo a los muy, muy, muy, muy fans del género (pero muy fans, ¿eh?). En el tráiler, la película aparece citada con su título original aunque se anunciaba ya con el nuevo título.


5 dic. 2019

Sesión salvaje


Publicada mi crítica del indispensable documental Sesión salvaje (2019) de Paco Limón y Julio Cesar Sánchez en Underbrain Mgz. Leedla clicando en:


Este blog está lleno de amor por el cine exploitation español de los 70 y primeros 80, como, por ejemplo, aquí, así que disfruté enormemente con el documental, aunque se pasa demasiado rápido. Muy recomendado.


4 dic. 2019

Una cuestión de género

 
La cadena AMC emitió hace poco la serie documental La historia del terror de Eli Roth. La serie no está enfocada desde un punto de vista cronológico, sino que cada episodio trata un género o un motivo concreto. El slasher es el único que fue tratado en dos episodios, uno abarcando la primera ola de los años 80, otro a partir de la nueva ola de mediados de los 90 del siglo XX.

Como suele ser habitual cuando se habla de este subgénero en particular, hubo una discusión sobre si las películas slasher son misóginas o son feministas. Si bien hay alguna opinión discordante, la mayoría de los entrevistados y entrevistadas llegaban a la conclusión que los slashers son más feministas que lo contrario.

Esta discusión tiene su origen en el brutal ataque que, en la televisión americana, hicieron los populares críticos Roger Ebert y Gene Siskel cuando el género se encontraba en su momento álgido al inicio de los 80. Ebert y Siskel crearon un especial llamado "Women in Peril", dedicado completamente a sostener su tesis de que los slashers eran películas hechas por hombres que odiaban a la mujeres, un ataque al movimiento feminista. Visto hoy día, este especial resulta histérico, demagógico y ridículo. ¿Cómo de histérico, demagógico y ridículo? Hay un momento en que se dedican a leer títulos y sinopsis de películas que todavía no se habían estrenado, condenándolas como basura misógina. Entre las películas que condenan como un slasher misógino se encontraba Aullidos (The Howling, 1981) de Joe Dante, que ni era un slasher, sino una película de hombres lobo, y mucho menos misógina, pero es lo que tiene condenar una película solo por su sinopsis.

La cuestión es que el slasher ni es feminista ni es misógino. Estos son aspectos, como el racismo o la diversidad, que no pertenecen por idiosincrasia  a ningún género, sino a la manera que tiene de ver el mundo el cineasta. Por eso hay películas slasher asquerosamente misóginas y películas slasher feministas y empoderadoras. Y esto mismo se aplica a todos los géneros.

Sin embargo, este debate parece que solo se produce cuando hablamos, no solo del slasher, sino del cine de terror en general. Durante los 80, además del slasher, también se puso de moda la comedia sexual adolescente, con títulos casi agresivamente misóginos como Movida en la universidad (Zapped!, Robert J. Rosenthal, 1982), de la que se puede decir que ya no se hacen películas como esta y que sea algo positivo, o La revancha de los novatos (Revenge of the Nerds, Jeff Kanew, 1984). Pero solo veo este tipo de debates alrededor del cine de terror, en los que cineastas, expertos y aficionados se ven obligados a defender el género de ataques injustificados.

Injustificados porque, como ya he dicho, estos son aspectos que pertenecen a la manera en que cada uno ve el mundo y no al género narrativo. Un cineasta machista te hará una película machista, un cineasta feminista te hará una película feminista, ya sea de forma consciente o inconsciente, sin importar el género en el que trabajen.