31 mar. 2020

El guerrero y la hechicera (The Warrior and the Sorceress)

 
No hay forma de suavizarlo o de disimularlo, El guerrero y la hechicera (The Warrior and the Sorceress, John C. Broderick, 1984) es basura, pero es la basura que me gusta.

La película arranca con Kain (David Carradine), que llega a un pueblo perdido en el desértico planeta Ura. Castigado por la presencia de dos soles, el agua es muy importante para sobrevivir en Ura y, en este pueblo al que ha llegado Kain, dos facciones mantienen un precario equilibrio para controlar el único pozo del pueblo. Kain decidirá enfrentar a las dos facciones entre sí, para sacar todo el provecho económico que pueda. Como podéis ver, esta producción de Roger Corman es un plagio descarado de Yojimbo (El mercenario) (Yôjinbô, Akira Kurosawa, 1961), cogiendo elementos también de otro famoso plagio del film de Akira Kurosawa: Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, Sergio Leone, 1964). Corman había tenido bastante éxito plagiando a Kurosawa en Los 7 magníficos del espacio (Battle Beyond the Stars, Jimmy T. Murakami, 1980), trasladando Los siete samuráis (Shichinin no samurai, Akira Kurosawa, 1954) al espacio, una estratagema ideada tras ver que George Lucas se había "inspirado" en el argumento de La fortaleza escondida (Kakushi-toride no san-akunin, Akira Kurosawa, 1958) para construir el argumento de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977). Supongo que tantos plagios a Kurosawa eran posibles porque por entonces el cine japonés y las películas de Kurosawa solo las habían visto una minoría en festivales o salas de arte y ensayo.
 
Volviendo a Roger Corman, se decidió repetir la estrategia que tan bien había funcionado con Battle Beyond the Stars con El guerrero y la hechicera, producida para aprovechar la moda de películas de espada y brujería de los 80 a la que Corman contribuyó con diversos títulos. La película mezcla elementos propios de la fantasía y la ciencia ficción con un toque western, con el objetivo de estrenar una película con suficientes cantidades de violenica y desnudos para que el film funcionara en taquilla. El guionista y director John C. Broderick aprovecha la ambientación "de fantasía" para justificar que la hechicera del título, interpretada por Maria Socas, se pase toda la película en top-less, mientras que situar la acción en un planeta lejano justifica la presencia de una bailarina con cuatro pechos, destacada en el póster y el tráiler de la película, aunque ninguna de las dos representaciones se parece en nada a la que realmente sale en el film.

Teniendo todo esto en cuenta, ya os podéis imaginar que El guerrero y la hechicera no es precisamente un gran clásico del género. Como ya he dicho al principio, es una peli basura, pero ofrece suficiente entretenimiento (y es lo bastante corta) como para que resulte divertida. Viendo el tráiler os podéis hacer una idea mejor del tipo de entretenimiento que ofrece, aunque está hinchado con escenas de otras películas del género que Roger Corman estrenó por la misma época, esperando que el espectador no se diese cuenta.


25 mar. 2020

Adiós a Stuart Gordon, reanimador

 
Ha fallecido Stuart Gordon, director clave en el cine de terror cuyo nombre quedará ligado para los fans del cine de terror al de H. P. Lovecraft, debido a las numerosas adaptaciones que realizó de sus relatos, siempre notables. Re-Animator (y versión extendida) y Re-Sonator son sus filmes más conocidos, pero su filmografía está llena de películas interesantes, como Dolls y Castle Freak: Un castillo alucinante. Es también de los pocos directores cuyas contribuciones a la serie Masters of Horror fueron realmente interesantes. Sus películas se caracterizaban por la mezcla de comedia y terror, con abundante sangre (aunque era capaz de desmayarse si veía sangre real), una mezcla que ejercía casi a la perfección, logrando que sus filmes se elevaran por encima de sus bajos presupuestos. Además del terror, también trabajó otros géneros como la ciencia ficción con títulos como la deliciosamente desmelenada Fortaleza infernal.

No tan reverenciado como John Carpenter o Wes Craven, es difícil encontrar una película en su filmografía que no resulte por lo menos entretenida. También trabajó en el teatro y estuvo implicado en la versión musical de Re-Animator. Como siempre ante una noticia así, siempre recomiendo a los fans del género hacer el mejor homenaje que se le puede hacer: disfrutad con sus películas.




24 mar. 2020

Run and Kill (Wu syu)

 
Cuando, a mediados de los 90 del siglo XX, el cine asiático empezó a ponerse de moda, por lo menos en Cataluña, gracias al anime y a las películas de John Woo, dos palabras mágicas empezaron a popularizarse entre los aficionados de la época: Categoría III. Así se designaban las películas consideradas solo para adultos en Hong Kong por su excesiva violencia y escenas eróticas. Y, habiendo visto obras maestras como Hard Boiled: Hervidero (Lat sau san taam, John Woo, 1992), la imaginación volaba pensando qué podían considerar los hongkoneses excesiva violencia. La respuesta era maravillas como Historia de Ricky (Lik wong aka Riki-Oh, Ngai Choi Lam, 1991) y la película que tratamos hoy Run and Kill (Wu syu, Hin Sing "Billy" Tang, 1993).

Como otras muchos títulos que podéis encontrar por el blog, supe de esta película gracias al libro Pantalla de sangre. Las 50 películas más salvajes de la historia del cine gore de Mike Hostench y Jesús Martí. Por desgracia, mientras que películas como Historia de Ricky o Hard Boiled eran relativamente fáciles de encontrar en VHS, más complicado era Run and Kill, sobre todo para un chaval sin muchos recursos. Por suerte no me decepcionó cuando finalmente la pude ver, esperaba una película salvaje y eso es lo que es, pero también es un film con una trama delirante que evoluciona de manera inesperada, de forma que llega un punto en que te preguntas "¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Es esta la misma película que estaba viendo?".

El film arranca con Cheng "Fatty" Kau Ng (Kent Cheng), un bonachón empresario que, sin una preocupación en el mundo, disfruta de su cómoda y tranquila vida doméstica. Es así hasta que un día llega antes de la cuenta a casa y sorprende a su esposa (Lily Lee) con otro en la cama. De repente, toda su feliz vida se desmorona y acaba la noche bebiendo en un bar. Borracho perdido, sin darse cuenta contrata a un sicario para que mate a su mujer y a su amante. A partir de aquí, Cheng se va sumergiendo en una espiral de violencia cada vez más terrible. Una pesadilla de la que es dudoso pueda escapar.

Aunque no estoy seguro de que pueda calificarse de película de terror, la he calificado así porque la experiencia que sufre Cheng tiene momentos ciertamente aterradores y escalofriantes. Por otro lado, muchas de las escenas que implican mafiosos ultraviolentos son tan exageradas, con un diseño de sonido artificial y nada realista, que es difícil que afecten al espectador de la misma manera que una escena tal vez no tan cruel y pasada de vueltas pero más cruda y real. Así, se mezclan escenas que no es posible tomarse en serio o provocan risas por lo demencialmente pasadas de vueltas que son concebidas, con otras que te dejan clavado en la butaca. Pero lo más interesante del film es como va evolucionando y llevando al espectador por caminos insospechados. Cuando crees que ya sabes por dónde irá la historia, gira de forma sorprendente.

Run and Kill es un film excesivo, de la mejor manera posible. Arranca como una comedia de Fernando Esteso y acaba como, bueno, ya lo veréis. Para los aficionados al cine asiático extremo.


20 mar. 2020

Vino del pasado para destruir el futuro: La trilogía Warlock

A finales de los 80 del siglo XX, cuando la fantasía, el género puesto de moda con el éxito de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982), ya había pasado de moda en las pantallas, obtuvo un gran e inesperado éxito con Warlock, el brujo (Warlock, Steve Miner, 1989), un entretenido film que con su mezcla de géneros y su tono festivo sigue encantando como el primer día.

Cuando está a punto de ser quemado en la hoguera, el brujo Warlock (Julian Sands) escapa del siglo XVII al XX. Allí, el demonio Samael le encarga encontrar un libro que puede destruir toda la creación. Lo único que se interpone entre Warlock y el libro es el equipo formado por Kassandra (Lori Singer), una joven del siglo XX a la que Warlock ha embrujado, y Redfern (Richard E. Grant), un cazador de brujos llegado como Warlock del siglo XVII.

Hay veces en que todo encaja. El guion de David Twohy podría haber acabado convertido en una olvidada cinta de serie B o nunca haberse producido, pero, por suerte, llegó a las manos del productor Arnold Kopelson. Kopelson en aquel momento intentaba llevar adelante un proyecto bélico que nadie quería producir: Platoon (Oliver Stone, 1986). El éxito obtendio con el film de Oliver Stone puso las cosas más fáciles para encontrar financiación para Warlock, que encontró hogar en New World Pictures. Steve Miner había rodado dos éxitos seguidos para New World, así que se le ofreció dirigir el film. Miner y Kopelson crearon un equipo de serie A para lo que parecía una simple serie B. No solo pusieron como protagonistas a dos actores de prestigio como Julian Sands y Richard E. Grant, aunque entonces Grant no era muy conocido, además la banda sonora corrió a cargo de Jerry Goldsmith.

El reparto se lanza con gusto a la hora de dar vida a sus personajes, incluyendo también secundarios como Mary Woronov, logrando que funcionen en sintonía los distintos elementos que forman la película. En Warlock se mezclan elementos del cine de terror y la fantasía, con un tono en el que abundan los toques de comedia que hacen que el viaje que el espectador hace con los personajes sea el doble de divertido y entretenido. Una diversión que ya se dislumbraba en los tráileres, que crearon una gran expectativa de cara al estreno. Por desgracia, New World Pictures fue comprada por otra compañía y Warlock se quedó atrapada en el limbo. Mientras en Europa se estrenó en cines, en Estados Unidos pasaron casi dos años hasta que finalmente tuvo un estreno limitado antes de ser lanzada en vídeo en 1991.

A pesar de las dificultades, el film fue todo un éxito, arrasando particularmente en vídeo, así que no tardó en ponerse en marcha una secuela.



Warlock: Apocalipsis final (Warlock: Armageddon, Anthony Hickox, 1993) es esa rara secuela que, aunque no está a la altura del original, consigue entretener y divertir manteniendo una personalidad propia.

La secuela es completamente independiente de la anterior película, como se hacía antes de que todo estuviera hiperconectado. Warlock, de nuevo interpretado por Julian Sands, es traído de vuelta para que libere a Satán en la Tierra, aprovechando una conjugación planetaria favorable. Para impedir lo que sería un terrible apocalipsis, unos seguidores de la magia druídica deben entrenar a dos nuevos guerreros para que se opongan a Warlock: Kenny Travis (Chris Young) y Samantha Ellison (Paula Marshall), dos jóvenes que no tienen ni idea de su herencia druídica.

Anthony Hickox imprime de una maníaca energía a la historia, de forma parecida a cómo dirigió Hellraiser III: infierno en la Tierra (Hellraiser III: Hell on Earth), con planos que parecen sacados del panel de un cómic y momentos deliciosamente pasados de vueltas. El resultado es un film, como decíamos al principio, que no alcanza la calidad del primero, no hay duda, pero sigue siendo muy entretenido y divertido. Y sangriento, es posiblemente la entrega más sangrienta de la saga.




La trilogía de Warlock tiene bastante en común con la trilogía que protagonizó Candyman: un primer film sobresaliente, una segunda entrega no tan brillante pero igualmente interesante y una terrible tercera entrega.

Warlock 3: El final de la inocencia (Warlock III: The End of Innocence, Eric Freiser, 1999) es un film tremendamente decepcionante y aburrido, especialmente si lo comparamos con las dos anteriores películas. Con un presupuesto significativamente más bajo y una historia nada ambiciosa, no es de extrañar que Julian Sands decidiera pasar de protagonizarla, siendo ahora Warlock interpretado por Bruce Payne, que se dedica a sobreactuar en el estilo villanesco habitual en él. El resto del reparto, encabezado por Ashley Laurence, otra conexión con la saga Hellraiser, no está mal, hace lo que puede con el guion. El otro rostro que posiblemente sea reconocido por aquellos que fueron adolescentes a finales de los 90 es el de Angel Boris, que fue modelo de Playboy.

Los personajes se dedican a deambular por una casa abandonada, mientras Warlock los va tentando con los previsibles resultados. Otro de los problemas del film: mientras en las anteriores Warlock tiene una misión muy específica, aquí sus motivaciones son "soy el malo" y ya está. Olvidable.


19 mar. 2020

Un paseo por el Askewniverso


Ahora parece el momento ideal para olvidarse de todo y sumergirse en el Askewniverso, el universo cinematográfico creado por Kevin Smith. Por ello he escrito un largo artículo analizando este universo para Underbrain Mgz que podéis leer aquí:


Espero que lo disfrutéis y que aprovechéis para repasar estas divertidas comedias, especialmente para aquellos que vivieron los 90 de adolescentes.

13 mar. 2020

Runaway: Brigada especial (Runaway)

 
Michael Crichton no tuvo la misma suerte como director de cine que como novelista. Aunque logró algún éxito al inicio de su carrera, como la ahora popular Almas de metal (Westworld, 1973), la mayoría de sus películas no lograron la misma resonancia. Es lo que sucedió con la interesante Runaway: Brigada especial (Runaway, 1984), que cuando se estrenó pasó bastante desapercibida.

Jack Ramsay (Tom Selleck) lleva la brigada Runaway, cuya misión es desactivar y perseguir a robots defectuosos o que empiecen a funcionar mal. Se le asigna una nueva compañera, Thompson (Cynthia Rhodes), para ayudarle con el trabajo. Una ayuda que le resultara muy necesaria cuando se descubran robots involucrados en asesinatos. La investigación de Ramsay lo enfrentará al malvado doctor Luther (Gene Simmons).

Michael Crichton predijo diversos avances de forma acertada, aunque con una tecnología que hoy nos resulta muy anticuada. Pero el acierto de ambientar la película en un futuro cercano, que tiene un aspecto no muy distinto a como era la sociedad de mediados de los 80, hace que lo anticuado de los robots no reste efectividad al film. Además, la intención de Crichton era realizar una película que fuera un entretenimiento palomitero, lleno de acción y ritmo ágil, más que un film futurista.

Runaway no cabe de duda de que funciona perfectamente en ese sentido. La mezcla thriller policial y ciencia ficción está bien equilibrada. Los aspectos más comunes, como Ramsay que es el típico policia con un trauma pasado igual que el policía que interpretó James Stewart en Vértigo (De entre los muertos) (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1958), sirven para que el espectador se acostumbre a los aspectos más fantásticos. O fantásticos entonces, porque hay elementos, como una especie de proto-Alexa, que hoy son comunes.

¿Por qué no funcionó en su momento? Puede que por la misma razón por la que hoy funciona, no es demasiado fantasiosa y todo es relativamente realista. No hay C-3POs ni T-800s acechando tras las esquinas sino que todo tiene un aspecto bastante industrial. Por eso, tal vez, la película ha ido saliendo de la oscuridad y empieza a ser tan popular como las películas más conocidas de las dirigidas por Michael Crichton. Se mantiene como entretenimiento palomitero.


10 mar. 2020

Hair


La primera vez que vi Hair (Milos Forman, 1979) por televisión, cuando era un jovencito imberbe, me pareció una película antigua, de otra época, como me lo parecían todas las películas hechas antes de que yo naciera. Eso no impidió que Hair me sedujera completamente y me atrapara su música y sus imágenes. Resulta que eso sucede desde el momento en que el film se estrenó, once años más tarde de que se estrenara en los escenarios de Broadway.

Hair fue creado por James Rado, Gerome Ragni y Galt MacDermot a finales de los 60, con la idea de poner en el escenario no solo sus propias experiencias, sino reflejar también la contracultura hippie, que en 1968 estaba llegando a su punto culminante. El musical no tenía un argumento tradicional, era muy experimental, había desnudos y se trataban ya temas como el ecologismo, el racismo, la libertad sexual y la homosexualidad, las drogas y, sobretodo, un fuerte mensaje pacifista contra la guerra de Vietnam. Todo ello hizo que fuera muy polémico y, también, lo convirtió en un gran éxito.

Ya desde el primer momento en que vio el musical, Milos Forman mostró interés en llevarlo al cine. Diversos intentos de llevar el musical a la gran pantalla tuvieron lugar desde que dejara de representarse en 1972. Finalmente, Forman pudo adaptar el musical tras el éxito que había cosechado con Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975). Para entonces, Hair se había convertido en una pieza de época, un artefacto de una era pasada. A punto de entrar en la década de los 80, el final de los 60 parecía muy lejano.

Pero el mensaje pacifista seguía (y sigue) siendo vigente, al igual que la excelente música. La película no recaudó tanto como se esperaba pero el tiempo la ha convertido en un éxito, tal vez por la mayor distancia entre el momento que representa y el presente. Es cierto que es bastante infiel al musical original: se cambiaron los personajes (se conservaron los nombres), el argumento y el orden de las canciones, eliminando unas cuantas del montaje final. Cambios que poco importaban si nunca se había tenido la oportunidad de ver el musical original, como era mi caso. Solo vi la versión teatral de adolescente, cuando el instituto organizó una excursión para asistir a un revival de la obra en Barcelona.

Hair, el film, presenta una versión idealizada de los hippies, claro, sin mencionar el lado más oscuro de las drogas, pero siendo un musical, cierta estilización e idealización es casi obligada. Lleno de energía, los números musicales transportan al espectador hacia otra época y lugar, concluyendo en un emocionante clímax. Hoy, el musical polémico es un clásico de los escenarios, igual que la película se ha convertido en un film clásico que vale la pena revisitar, especialmente ahora que muchas de sus ideas y mensajes son tremendamente vigentes.


6 mar. 2020

Bloodshot

 
Publicada mi crítica de Bloodshot (David S. F. Wilson, 2020), la nueva película de Vin Diesel, en Underbrain Mgz:


Ni muy espectacular ni muy mala. Película regular, con algunos buenos momentos, la mayoría de ellos con Eiza González. El tráiler contiene spoilers.


3 mar. 2020

Colegialas violadas aka Bloody Moon (Die Säge des Todes)

 
Ni colegialas ni violadas son las protagonistas de Colegialas violadas (Die Säge des Todes, Jess Franco, 1981), un descacharrante slasher más conocido por su título inglés Bloody Moon. Un film tremendamente divertido que es la primera, y de momento única, película dirigida por Jess Franco que me ha gustado.

Este film cargado de deliciosos despropósitos arranca en una fiesta en un internado femenino para aprender idiomas en España (el film se rodó en Alicante). Miguel (Alexander Waechter) oculta su deforme rostro tras una máscara para ligar con una de las estudiantes, a la cual asesina brutalmente con unas tijeras en el bungaló número 13. Después de solo cinco años en una institución psiquiátrica, Miguel es puesto al cuidado de su hermana Manuela (Nadja Gerganoff), la cual dirige el internado. Tras el regreso de Miguel, nuevos asesinatos empiezan a tener lugar y la actual ocupante del bungaló 13, Angela (Olivia Pascal), siente cada vez más próximo al asesino.

Había visto varias películas de Jess Franco y ninguna me había gustado, así que había perdido totalmente el interés por este director de culto. De modo que, aunque conocía de la existencia de Bloody Moon, nunca estuve tentado de verla. Mi cambio de opinión se dio mientras escuchaba el audiocomentario que las críticas Kat Ellinger y Samm Deighan realizaron para la edición en Blu-ray de Deadly Manor (José Ramón Larraz, 1989). Ellinger y Deighan comparaban Deadly Manor con Mil gritos tiene la noche (Juan Piquer Simón, 1982) y Bloody Moon, en el sentido que las tres son slashers dirigidos por directores de culto europeos con poco o ningún interés en la fórmula del slasher, lo que da como resultado películas demenciales, sin ninguna lógica, y tremendamente entretenidas, que proporcionan grandes dosis de psicotrónico entretenimiento. Sabía que era así en el caso de Deadly Manor y Mil gritos, lo que despertó mi curiosidad sobre Bloody Moon.

El proyecto surge por el deseo de unos productores alemanes de filmar una película a imitación de las películas de terror americanas que estaban arrasando en taquilla en aquel entonces, la era dorada del slasher. Jess Franco fue contratado para dirigir el film, siendo una de las pocas veces en que el director contó con plena libertad creativa para hacer lo que quisiera siempre y cuando acabara entregando una película de terror con escenas sangrientas. El guion corrió a cargo del productor Erich Tomek, que usó el pseudónimo Rayo Casablanca. Es posible que Tomek hubiera visto algún slasher en el cine, pero está claro que, como apuntaban Ellinger y Deighan, a Franco le importaba poco o nada el género, creando un film llenó de bizarras opciones y sangrientos asesinatos, tan exagerados que acaban siendo cómicos. Hay escenas que parecen parodiar el género, como la habitual escena en la que el asesino acecha a la protagonista, en la que lo que está fuera de plano no existe. Observad:

Angela se dispone a dormir sin darle importancia a los ruidos que ha escuchado antes.

Apenas ha apuesto Angela la cabeza en la almohada aparece el brazo del asesino de la nada. Tal como está rodado y teniendo en cuenta que no hay lugar dónde esconderse, significa que el asesino estaba de pie en la habitación y Angela no lo vio.

El asesino se acerca rápidamente hasta que se coloca a los pies de la cama de Angela.

Y cuando ya está casi a punto de matarla...

Un ruido despierta a Angela y el asesino desparece como por arte de magia de la habitación.

Y hay varios momentos como este, como otra escena en la que se abre la puerta de un armario y se ve una de las víctimas dentro, pero ninguna de las chicas que están en la habiación se dan cuenta de que está allí. 

El resultado es un film en el que parece que al director le da igual todo, excepto crear un film entretenido. Ciertamente, hay escenas, como la descrita anteriormente, que indican un ánimo paródico, como también resulta paródico representar a la protagonista al borde del histerismo continuamente, pero otras escenas sirven para dar rienda suelta a las perversiones y manias del director. La mezcla es un film con un guion que, en otras manos, habría resultado mediocre y típico, así como predecible, pero he de admitir que Jess Franco lo convierte en algo memorable, divertido y demencial.