El título no engaña, Sex & Fury (Furyô anego den: Inoshika Ochô, Norifumi Suzuki, 1973) ofrece generosas dosis de furia y de sexo. Bueno, más que sexo, lo que encontramos es erotismo grotesco, además de litros de sangre. Pero, a pesar de las apariencias, esta es una película que con el tiempo ha sido reevaluada por su contenido feminista, si bien este no era intencionado.
Cuando era niña, Ochô Inoshika (Reiko Ike) fue testigo de como su padre fue asesinado. Antes de morir, el padre dejó unas pistas para identificar a los asesinos, unas cartas con unas figuras que representan a cada uno de los responsables, lo que ha llevado a Ochô a convertirse en una experta jugadora, además de una carterista muy habilidosa. Su destino se cruza con el de Shunosuke (Masataka Naruse), un anarquista que busca también vengar la muerte de su padre. Para completar el triángulo, Christina (Christina Lindberg) es una espía que llega a Japón como una famosa bailarina, utilizando su misión para reunirse con su amante Shunosuke. Los tres se ven envueltos en sangrientas venganzas que unirán sus destinos contra los asesinos responsables de tanta desgracia.
Basada en un manga de Tarô Bonten, la película de Norifumi Suzuki sigue una línea de títulos japoneses que estaban llevando al límite lo que se podía mostrar en las pantallas de cine en cuanto a sexo y violencia, con la esperanza de apartar a los japoneses de las pantallas de televisión, una táctica similar a lo que se hizo en Italia. Sex & Fury le sirve al director para construir secuencias memorables de acción, explotar los encantos de las dos actrices protagonistas y, a pesar del bajo presupuesto y el tiempo limitado, crear momentos estéticos cargados de sangriento romanticismo. El acierto de unir dos actrices icónicas como Reiko Ike y Christina Lindberg fue todo un acierto, ya que ambas aportan una energía distinta y personal que ensalza sus escenas. La interpretación de Lindberg tal vez no sea la mejor, pero se ha de tener que en cuenta que estaba interpretando un papel en dos lenguas que no eran la suya: inglés y japonés, lo cual no debió ser nada fácil. Ike domina la película, no hay duda, protagonizando una de las escenas más memorables: la atacan en la bañera con la esperanza de que se sienta vulnerable, pero ella logra matarlos a todos desnuda y armada con una espada que roba a uno de sus atacantes.
Esta escena es también emblemática de la extraña mezcla de exploitation y feminismo del film. A pesar de no desperdiciar ninguna excusa del guion que ofrezca la posibilidad de desnudar a las actrices, las muestra también enfrentadas a un mundo masculino sin piedad. Un mundo que busca abusar de ellas y que se arrodillen ante el poder, pero ellas se alzan en un despliegue de fuerza, tenacidad y, bueno, furia.
Sex & Fury fue concebida como un producto sensacionalista que atrajera espectadores en busca de emociones baratas. Pero el director, los guionistas y el reparto convirtieron el film en un título memorable, lleno de momentos bizarros y hermosos, sórdidos y románticos. Una mezcla imposible que, a pesar de todo, funciona.
El éxito de Sex & Fury puso en marcha una secuela de forma casi instantánea: Female Yakuza Tale: Inquisition and Torture (Yasagure anego den: Sôkatsu rinchi, Teruo Ishii, 1973). Adaptando de nuevo un manga de Tarô Bonten, en esta ocasión Ochô Inoshika se enfrenta al clan yakuza Ogi, que utiliza a prostitutas para que transporten drogas escondidas en sus vaginas. Para esta secuela, el director Teruo Ishii creó un film bien distinto del que lo precedió.
El film arranca con una secuencia de títulos de crédito que busca recrear el impacto de la escena más memorable de Sex & Fury. Pero, a partir de aquí, el film cambia en tono y estilo. Female Yakuza Tale hace un mayor énfasis en la comedia, llegando al punto de introducir a Yoshimi (Makoto Aikawa), un personaje que es una sátira de la prisionera Escorpión que hizo famosa Meiko Kaji. El tono más cómico enlaza con una actitud más anárquica por parte del director. Mientras que en la primera la recreación histórica estaba bastante cuidada teniendo en cuenta los medios, aquí nos encontramos personajes que parecen vestidos de manera contemporánea a cuando se rodó el film. Otra muestra de la actitud iconoclasta del director es la inclusión de momentos que parecen más cercanos al cine experimental y artístico mezclados con perversión habitual en este género japonés. Eso sí, en el film también hay grandes dosis del erotismo grotesco en el que estaba especializado el director.
La historia no es tan interesante como la de la primera entrega, pero se las arreglan para estirarla lo máximo posible. Sumado al tono más cómico esto hace que, para mí, esta entrega no sea tan redonda como la primera. Sin embargo, sin compararla con la película de Norifumi Suzuki, resulta una película entretenida y divertida, si os gusta la comedia mezclada con toques grotescos, sangre y una deliciosa sordidez.
Nota: si no se indica lo contrario, las opiniones sobre estas películas se basan en las versiones originales sin cortes ni alteraciones estrenadas en Hong Kong, no las versiones recortadas y americanizadas distribuidas en Occidente por New Line y Miramax.
Dentro del cine de acción, en especial del cine de acción procedente de Hong Kong, hay pocas sagas tan icónicas y celebradas como la de Police Story, protagonizada por Jackie Chan. Estas películas capturan al irrompible Chan en su mejor momento, dispuesto a jugarse la vida para nuestro entretenimiento a lo largo de cuatro excelentes entregas.
Irónicamente, Armas invencibles (Police Story) (Ging chaat goo si aka Police Story, Jackie Chan, Chen Chi-Hwa 1985) tiene su origen en una mala experiencia para Chan. El actor intentó, de nuevo, entrar en el mercado americano con El protector (The Protector, James Glickenhaus, 1985), que para él resultó una experiencia frustrante. Hoy día tiene estatus de film de culto, pero Chan quedó decepcionado por no poder controlar las escenas de acción, el añadido de los toques sórdidos como los desnudos gratuitos y, en general, era una película que se apartaba de la imagen que quería proyectar en el cine. Ni siquiera el montaje que él hizo para el mercado asiático le fue satisfactorio. Viendo las cosas en retrospectiva, resulta obvio que la gente de Golden Harvest se equivocó al elegir a alguien como James Glickenhaus para poner al frente de una película de Jackie Chan. Glickenhaus era especialista en crear cintas de acción con generosas dosis de clásica exploitation, al fin y al cabo estamos hablando del director de El Exterminador (The Exterminator, 1980), pero no era el adecuado para poner al frente del tipo de película más "para todos los públicos" que entonces protagonizaba Chan.
En todo caso, el mal sabor de boca que le había dejado The Protector se lo quiso quitar Chan con una película hecha a su medida. Un thriller de acción policial contemporáneo, alejado de las cintas de kung fu clásicas que le habían hecho famoso, en la que Chan interpretaría por primera vez al inspector Chan Ka Kui. En esta ocasión enfrentado a un astuto criminal ayudado por la corrupción del sistema. Esta película también introduciría a Maggie Cheung como May, la sufrida novia de Ka Kui (resulta increíble que no le deje después de todos los líos en que la mete) y a Bill Tung como el superior de Ka Kui Bui Wong.
La película nos ofrece escenas icónicas nada más empezar, como la destrucción de las cabañas en la colina al inicio del film y la consiguiente persecución. Un inicio con momentos copiados, por ejemplo, por Sylvester Stallone al presentar su personaje en Tango y Cash (Tango & Cash, Andrei Konchalovsky, 1989)(Stallone es un fan declarado de Jackie Chan e incluso intentó que interpretara al villano en Demolition Man [Marco Bambrilla, 1993]) y también por Michael Bay en la batalla final de Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, Michael Bay, 2003). Por supuesto, la pelea en el centro comercial es una de las secuencias clásicas dentro de la filmografía de Chan, si bien creo que el final tal y como aparece editado en la versión estrenada en Japón funciona mejor.
Pero la acción ya se supone que será de primer nivel teniendo en cuenta a los responsables. Lo que hizo único a Chan era la manera en la que mezclaba la acción con la comedia, introduciendo también momentos acrobáticos en las escenas de riesgo. Era el sello de Chan y en esta es una de las películas en las que la comedia mejor funciona, ya que no se pierde demasiado en la traducción. Por ejemplo, la secuencia en la que Ka Kui responde diversos teléfonos a la vez, enredándose con los cables, un pequeño homenaje a la comedia de Buster Keaton que tanto gusta a Chan. También tenemos los toques de comedia de enredo clásicos, escenas en las que juega un papel más importante Maggie Cheung. Son momentos en los que Chan se convertía en el único héroe de acción que aceptaba que su personaje recibiera un tartazo en la cara, algo que los frágiles egos de los actuales héroes de acción no permitirían que les sucediera a sus personajes.
Teniendo en cuenta la mezcla de comedia y acción, la evolución de Ka Kui, desesperado y a la huida tras ser acusado de un asesinato que no ha cometido y ser perseguido por sus compañeros, podría ser algo chocante. Es el momento en el que asoma el lado oscuro de Ka Kui, llevado al límite tras haber soportado demasiado por parte del villano. De todos modos, el giro funciona, ya que era no era extraño en el cine de acción de Hong Kong y tiene sentido dentro del mundo creado por la película.
En todo caso, es un gran clásico dentro del género. Si no conoces la obra de Jackie Chan o estás pensando con qué película introducir a alguien en su filmografía, este es un gran punto de entrada.
El éxito de Police Story hizo inevitable Superpolicía en apuros (Ging chaat goo si juk jaap aka Police Story 2, Chen Chi-Hwa, Jackie Chan, 1988). Lo sorprendente, ya que no era habitual en el cine de Hong Kong, es que es una secuela clásica. Arranca con un breve resumen de lo sucedido en la anterior entrega y parte de la película gira en torno a la venganza de los villanos de la primera entrega. Y otro toque curioso, tras ver el resumen de las escenas espectaculares de Police Story, la secuela arranca con los jefes de Ka Kui echándole la bronca por el coste económico de sus acciones, lo que lleva a que esté durante un breve tiempo degradado. Además, se introduce una nueva amenaza: un grupo de chantajistas que se dedica a plantar bombas para conseguir sus objetivos.
La película desarrolla estas dos tramas de forma paralela. La que tiene que ver con la venganza sirve para introducir escenas de acción, como la ya clásica pelea en el parque de juegos infantil. De este modo, no se pierde el interés durante las escenas que afectan a la trama de los chantajistas, que son secciones que se centran más en el trabajo policial para detener a los culpables. Hace honor así a su título original, ya que en la anterior hay más bien poco trabajo policial clásico. También tiene un mayor protagonismo Maggie Cheung, ya que la relación entre su personaje y el de Jackie Chan se pone en peligro debido a la interferencia de los distintos villanos.
Las distintas tramas y elaboradas escenas de acción hacen que esta sea la película más larga de la saga. Nada menos que dos horas, algo que entonces no era nada habitual. Pero las secuencias de acción y algunos momentos cómicos memorables contribuyen a que la película se pase volando.
Supercop (Ging chat goo si 3: Chiu kup ging chat aka Police Story 3: Supercop, Stanley Tong, 1992) resultó ser el primer paso en la entrada del mercado americano que en otro tiempo buscaba Jackie Chan, lo irónico es que sin pretenderlo. Pero quién más aprovechó el éxito de Police Story 3 fue Michelle Yeoh, que tendría más fácil la entrada en el mercado americano al convertirse en chica Bond.
Pero las innovaciones que lanzaron esta película y a sus protagonistas al mercado internacional provienen de su director Stanley Tong. Tong insistió en filmar con sonido directo, en lugar de doblarse todo luego como era costumbre entonces en Hong Kong; en introducir efectos especiales en las escenas de acción para hacerlas más espectaculares; y en sacar la historia de Hong Kong para darle un toque internacional a lo James Bond. Esto se tradujo en filmar, además de en Hong Kong, en China y en Malasia. Además de darle un toque internacional, la decisión de salir de Hong Kong venía motivada también porque cada vez era más difícil rodar escenas de acción allí, tanto por la popularidad de Jackie Chan como por las cada vez mayores restricciones a los rodajes que implementaba el gobierno.
En esta ocasión Ka Kui (Chan) debe trabajar junto a su equivalente chino la inspectora Jessica Yang (Yeoh) para atrapar a un señor de la droga. La historia es bastante básica, pero es el punto de partida para escenas de acción espectaculares que se ven beneficiadas por la química entre Chan y Yeoh. Supercop es una buddy movie, como Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987) o Límite: 48 horas(48 Hrs., Walter Hill, 1982), un cambio respecto a las anteriores entregas que le sienta muy bien a la franquicia. Esta nueva dinámica favorece tanto las escenas cómicas como las de acción. Estas últimas son el punto fuerte del film. No por nada es la película en la que Michelle Yeoh casi muere mientras rodaban una de las persecuciones.
Esta tercera entrega coge lo mejor de las dos anteriores y lo multiplica por dos. No es de extrañar que se acabara convirtiendo en la carta de presentación mainstream en Occidente de Chan y Yeoh, cuando se estrenó simplemente como Supercop. Junto a la primera, representa lo mejor de la saga.
Impacto inminente (Ging chaat goo si 4: Gaan dan yam mo aka Police Story 4: First Strike, Stanley Tong, 1996) llegó en un momento interesante en la carrera de Jackie Chan. Por fin, había penetrado en el mercado americano gracias al éxito de Duro de matar (Honfgan Qu (Hung fan kui) aka Rumble in the Bronx, Stanley Tong, 1995). A partir de entonces, las películas de Chan adquieren un carácter internacional, utilizando el inglés como lengua principal en algunos casos, y sus personajes en las versiones traducidas se empiezan todos a llamar Jackie o Jackie Chan. De modo que esta cuarta entrega, en la que Ka Kui va tras unas armas nucleares robadas, es una aventura a los James Bond en la que el personaje de Chan va viajando alrededor del mundo.
Por supuesto, la tercera entrega ya empezaba a marcar un destino más internacional para el personaje, pero aquí ya actúa como si fuera un espía en lugar del simple policía de anteriores entregas. Lo único que queda de las anteriores películas es una pequeña aparición por parte de Bill Wong como superior de Ka Kui, Maggie Cheung no regresó ya que entre esta y las anteriores entregas se había convertido en una estrella gracias a Wong Kar-Wai y era demasiado cara para lo que la necesitaban. Esto hizo que el guion tuviera que reescribirse y quedase algo desequilibrado.
Como ya he mencionado, esta cuarta entrega es más una aventura de acción a lo James Bond con Chan protagonizando escenas trepidantes, aunque con menos toques de comedia. Se hecha de menos un compañero/a que acompañe a Chan en su aventura, aunque en la sección en Australia finalmente tendrá alguien con quien compartir la acción.
First Strike está bastante alejada de las anteriores, lo que sumado a que se refieran al personaje en los diálogos en inglés como Jackie, hizo que muchos desconocieran que fuera la cuarta entrega de las aventuras de Ka Kui. Más adelante, Chan realizó un par de reboots: New Police Story (Xin jing cha gu shi - San ging chaat goo si, Benny Chan, 2004) y Acción policial (Jing cha gu shi 2013 aka Police Story 2013, Sheng Ding, 2013) cuando su carrera se centró en China, apoyando las acciones del gobierno, lo que provocó que el público de Hong Kong le diera la espalda. Son películas que no siguen la continuidad original en las que Jackie Chan ya no interpreta a Ka Kui y no aportan mucho a la saga. Esta cuarta entrega fue el final de la saga original. Un final peculiar pero no por ello menos entretenido.
La llegada a las pantallas de los cines alrededor del mundo de las aventuras de James Bond dio luz a la "Bondmanía". Esta tuvo también un alcance mundial, trayendo consigo que se produjeran las inevitables imitaciones y parodias, como sucedería unos años más tarde con la saga estelar creada por George Lucas. Muchas de estas películas acabarían cayendo en el olvido, pero también se produjeron algunos títulos notables, como Black Tight Killers (Ore ni sawaru to abunaize, Yasuharu Hasebe, 1966), un film que acabó creando su propio culto.
Daisuke Hondo (Akira Kobayashi) es un fotógrafo de guerra que ha regresado brevemente a Tokyo, antes de salir de nuevo a informar sobre alguna otra guerra. Decide llevar a cenar a Yoriko Sawanouchi (Chieko Matsubara), una azafata que ha conocido en el vuelo hacia Tokyo. Esa misma noche, Yoriko es secuestrada por unos criminales y Daisuke corre a rescatarla. Será una noche llena de peligros y acción, en el centro la localización de un tesoro que varios persiguen. En esta noche peligrosa, Daisuke se cruzará con unas asesinas vestidas de negro al estilo go-go y que utilizan armas como discos de vinilo y peligrosos chicles.
Sobre el papel, Black Tight Killers parece una simple película de acción, como muchas que se produjeron entonces. Lo que hizo que se convirtiera en una película de culto fue el estilo con el que filmó la historia el director Yasuharu Hasebe, que convirtió el film en un delirio pop. Pop en el vestuario, pop en la fotografía y pop en el diseño. Llama la atención sobre todo el uso del color, muy extremo para la época, parecido al estilo utilizado más tarde por Hajime Satô en Goke, Body Snatcher from Hell (Kyuketsuki Gokemidoro, 1968). Por ejemplo, en las escenas de persecuciones en coche, se utilizan retroproyecciones, algo habitual entonces, para fingir que los coches van por carreteras a toda velocidad. Sin embargo, aquí estas retropoyecciones cambian de color sin ninguna razón aparente. Parece que, ya que se notaba el truco, el director decidió hacerlo visualmente interesante ya que no creíble.
Esta es la doctrina que domina la película: hacer cada escena lo más interesante visualmente posible, elevando así la historia. Y, claro, no podemos olvidar al grupo de go-gos asesinas que une la fascinación entonces por el reciente fenómeno de las chicas go-go, con la moda de los asesinos peculiares presentes en las películas del agente 007.
El argumento tiene más en común con El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) que con el argumento de una aventura Bond, pero se nota la influencia en la ejecución: los toques de humor, la acción, un reparto femenino atractivo... Pero Black Tight Killers tiene una gran personalidad propia. Más que una simple imitación, es una artefacto pop cinematográfico que muestra lo mejor de esta tendencia cinematográfica de los 60 del siglo XX.
No tengo ningún interés en las listas de películas. No creo que exista una mejor o peor película en tal o cual género, es algo demasiado subjetivo y siempre cambiante porque se están haciendo películas continuamente. Es por eso que siempre soy algo escéptico cuando se refieren a una película como la mejor en su género. Sin embargo, cuando oí que se describía a Mermaid Legend (Ningyo densetsu, Toshiharu Ikeda, 1984) en esos términos me llamó la atención, ya que desconocía completamente esta película. Y, tras haberla visto, no sé si es la mejor película de venganza que se ha hecho, pero, desde luego, está entre las mejores.
Keisuke (Jun Itô) y Migiwa Saeki (Mari Shirato) son un joven matrimonio que vive en un pueblo pesquero. Él es pescador y ella se dedica a la pesca submarina a pleno pulmón. Una noche, Keisuke es testigo de un asesinato. Lo intenta denunciar pero lo único que consigue es que se convierta él en el objetivo de los asesinos. Matan a Keisuke pero no logran eliminar a Migiwa que sobrevive al ataque, por lo que deciden colgarle el muerto. Obligada a huir, ya que la policía la cree responsable del asesinato de Keisuke, Migiwa dará rienda suelta a su furia en una sangrienta venganza.
Sobre el papel, Mermaid Legend no parece muy distinta de otras películas de argumento vengativo similar. Pero, como sucede a menudo, la clave está en la ejecución y los elementos únicos que el director le añadió al film. La película mezcla realismo dramático con misticismo y momentos poéticos, que resultan más llamativos junto a las escenas sangrientas. La estructura que se nos presenta es una primera mitad que es un thriller dramático en el que se desenvuelve la trama, rodada de un modo naturalista. La segunda mitad aprieta el acelerador en todos los aspectos, con grandes dosis de violencia a los que se añade un toque de misticismo. En este aspecto también contribuye la banda sonora de Toshiyuki Honda, que le da una capa onírica y lírica al film. Es una estructura que resultará familiar a los que hayan visto Audition (Ôdishon, Takashi Miike, 1999), un clásico moderno sobre el que Mermaid Legend parece haber influido. Otra película sobre la que me hizo pensar el film de Toshiharu Ikeda es el clásico de violación & venganza Ángel de venganza (Ms.45, Abel Ferrara, 1981). Principalmente por la forma en que muestra la espiral de locura por la que se desliza la protagonista, jugando con las simpatías del espectador. Aunque en el caso de Mermaid Legend, Migiwa cuenta con el apoyo de las fuerzas de la Naturaleza.
Es su aspecto místico lo que más me llamó la atención de la película, en especial por el contraste con el realismo y el naturalismo del inicio del film. Al principio de la película, hay una escena en la que Migiwa y Keisuke hablan sobre lo que harían si el otro muriera y él dice: "tú no morirás, puede que mueras pero no morirás nunca". Un diálogo que parece simplemente romántico, pero que adquiere otro significado cuando vemos a Migiwa sobrevivir de manera repetida situaciones de las que otros no saldrían con vida. Parece que Migiwa se transforma en pura furia, lo que le permite comunicarse con fuerzas elementales.La manera en que el director maneja estos elementos hace evidente porque se le ofreció dirigir Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, 1991), ya que ambas ofrecen una mezcla parecida de realismo y momentos místicos/sobrenaturales.
Mermaid Legend no era conocida fuera de Japón, donde se había convertido en una auténtica película de culto, pero gracias a distintas ediciones en Blu-ray ha sido ya reconocida en Occidente como el título único que es. Un film que ofrece mucho más de lo que parece a primera vista.
La gran Meiko Kaji dejó tal impronta en el personaje de la Prisionera Escorpión, que se hace imposible ver a otra actriz encarnando el papel. Y no fue porque no lo intentaran, con distintos reboots y hasta una serie de televisión. Pero ninguno de los proyectos realizados después de las cuatro películas protagonizadas por Kaji tuvo el impacto de la saga original. Sin embargo, tal vez porque contaba con Fumio Kônami que fue el guionista de la saga original, Female Prisoner Scorpion: Death Threat (Joshū sasori: satsujin yokoku, Toshiharu Ikeda, 1991) resulta una interesante y entretenida adición a la franquicia.
Una joven asesina a sueldo, Nami Matsushima (Natsuki Okamoto), recibe el encargo de infiltrarse en una prisión para matar a Nami Matsukawa, la prisionera escorpión, tras décadas encerrada en una mazmorra. Pero una vez allí, la asesina descubre que las cosas no son como parecen, es traicionada y abandonada. Tras sufrir distintas torturas e intentos de asesinato, una nueva prisionera Escorpión se alzará para llevar a cabo una sangrienta venganza.
Es lo que esta franquicia necesitaba, el director de Tokyo Snuff (Shiryô no wana, 1988) dándole su particular visión al guion de Fumio Kônami. Toshiharu Ikeda encaja con el material a la perfección, mezclando momentos brutales y sangrientos con otros espirituales y casi poéticos. También expone sin tapujos el mensaje revolucionario, feminista y contra el patriarcado del film. Cuando una de las escenas nos presenta a la protagonista crucificada con la bandera de Japón de fondo, te das cuenta de que hay algo más que simple exploitation, sin mencionar a los políticos que quieren matar a la prisionera Escorpión por el temor de que sea un ejemplo las mujeres. Y si hubiera sido solo una cinta exploitation violenta y sangrienta bien hecha, también habría tenido su mérito, pero es mucho más profunda de lo que parece a primera vista. Esto hace que su visionado resulte en una experiencia más rica.
La película hace algo que hoy es bastante habitual y entonces era inédito, es una secuela de la saga protagonizada por Meiko Kaji y al mismo tiempo un reboot que empieza de nuevo. Para ello, la Escorpión original le pasa el testimonio de la venganza a la nueva Escorpión, que también ha sido forjada en el fuego de la venganza. Natsuki Okamoto no tiene el carisma de Meiko Kaji, su mirada asesina no tenía rival, pero hace un buen trabajo encarnando a esta nueva Escorpión que se deshace de sus enemigos con brutal efectividad.
Vista hoy día, el mensaje revolucionario de la película es más necesario que nunca viendo el panorama que nos rodea. Además, ofrece todos los elementos del cine exploitation que un fan podría desear, una buena adición si después de ver la saga protagonizada por Kaji os quedan ganas de más.
Resulta algo irónico que las películas italianas de género siguieran intentando pasar por americanas, cuando el acceso de películas extranjeras en ese mercado se estaba cerrando. No solo el americano, entrando en los 90 del siglo XX, exportar películas se iba haciendo más complicado cuando solo unos años antes fluían con mucha más libertad gracias a las coproducciones. Es una lástima, ya que estos cambios trajeron consigo que una película de terror como Witch Story (Pesadilla) (Streghe (Witch Story), Alessandro Capone, 1989) quedara relegada a las estanterías de los videoclubes de barrio, a la espera de encontrar el público adecuado, bajo una diversidad de títulos. En Estados Unidos se llegó a promocionar como si fuera la secuela de Superstición (Superstition, James W. Roberson, 1982), título con el que no tenía ninguna relación. Repito, una lástima porque Witch Story es una entretenida cinta de terror ideal para los fans del género.
Ed (Gary Kerr) y Maria Hayes (Elise Hirby) son hermanos que han perdido a sus padres en un accidente. Tras la desgracia, reciben en herencia una casa en un pequeño pueblo en el sur de Florida. Junto a un grupo de amigos, deciden visitarla, una manera distinta de pasar las vacaciones. Una vez allí son recibidos por su prima Susan (Amy Adams), que parece saber algunas cosas sobre la casa que le hacen actuar de forma extraña. Pronto, sucesos paranormales empiezan a ocurrir, afectando a los habitantes de la casa, que no son conscientes de ser víctimas de la venganza de una bruja ejecutada allí hace cincuenta años.
Muchas películas de género italianas de la época intentaban aprovechar el éxito de películas americanas, imitándolas o copiando escenas, para vender entradas. Sin embargo, lo que hace interesante esta película es que no estamos ante un cínico director intentando aprovechar éxitos ajenos, Alessandro Capone es un auténtico fan del cine de terror que se encontraba entonces dirigiendo su primera película. De modo que, como era habitual en directores primerizos de género, llena la película de homenajes a los directores que admiraba. Hay referencias a John Carpenter, a Wes Craven, a Lucio Fulci y, en especial, a Mario Bava. De hecho, la secuencia que abre la película parece un cruce entre el inicio de La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960) de Bava y El Más Allá (...E tu vivrai nel terrore! L'aldilà aka The Beyond, 1981) de Fulci.
Aunque a veces la mezcla de tramas y referencias puede hacer que el argumento se pierda un poco. Por ejemplo se insinúa que el accidente en el que mueren los padres de Ed y Maria puede que no sea un accidente y esté relacionado con lo que sucede, pero luego no se alude más a esta posibilidad. Es parte casa encantada, es parte posesiones diabólicas, es parte venganza sobrenatural... Un cóctel que tal vez mezcla demasiados elementos. Pero también tiene su parte positiva, dándole a la película una personalidad propia con escenas memorables (como esa aparición por sorpresa con sierra mecánica en mano).
Con la excepción de Ian Bannen, veterano actor de carácter, el reparto lo componen jóvenes que, la mayoría, seguía estudiando. Pero no hacen un mal trabajo, cumplen con su cometido y poco más pero no son tan malos que te sacan de la película. Además, las auténticas estrellas son los efectos especiales y de maquillaje para dar vida a la venganza de ultratumba. Y tal vez porque era su primera película como director, tras un tiempo viendo como sus guiones no eran rodados a su gusto, Capone dirige de forma dinámica la acción. Esto se nota principalmente cuando empieza el festival de muertes.
Witch Story tiene el atractivo añadido hoy día de haberse convertido en una cápsula temporal. Es muy ochentera, lo que le añade atractivo a la presentación de las escenas terroríficas. En definitiva, no es un gran clásico ni mucho menos, pero es una entretenida y sólida película de terror que es posible que se acabe viendo más veces que alguna obra maestra. No quiere nada más que entretenerte a base de sustos y muertes creativas y lo consigue.
El blues es un estilo musical donde la maestría está, no tanto en los acordes, como en la habilidad para mezclar un número de acordes limitado. Hay películas que funcionan de la misma manera, su interés radica en cómo maneja un argumento conocido más que en el argumento en sí. Un perfecto ejemplo de ello es Pánico (Bakterion, Tonino Ricci, 1982).
Un accidente en un laboratorio ha convertido a un importante científico en un mutante sediento de sangre. Su ayudante, la doctora Jane Blake (Janet Agren), trata de encontrar un antídoto no solo para la condición mutante del doctor, también para la enfermedad contagiosa que lleva consigo. El capitán Kirk (David Warbeck), sin relación con el Enterprise, debe dar caza al mutante y detenerlo antes de que la ciudad sea arrasada a bombazos, ya que las autoridades creen es la mejor manera de lidiar con el asunto.
Bakterion se beneficia de un reparto que estaba habituado al cine de terror y serie B, prácticamente de culto. Los protagonistas, David Warbeck y Janet Agren, se encontraban en un momento álgido de sus carreras, justo antes de que los cambios en el mercado en Italia cambiara por completo y empezara la decadencia en todos los niveles contaminando también sus respectivas carreras. También en el reparto nos encontramos a José Lifante, nombre clave en el fantaterror español, que había aparecido ya en un puñado de clásicos del género. Todos ellos cumplen con sus respectivos papeles con su habitual eficacia, pretendiendo ser ingleses en esta Inglaterra creada en localizaciones españolas, algo peculiar ya que era más habitual ambientar este tipo de películas en Estados Unidos. O debería decir "Estados Unidos" más bien.
Pero, ¿de qué tipo de película estamos hablando? Bueno, supongo que no necesita mucha aclaración para el aficionado: un experimento con resultados mutantes/monstruosos se escapa de un laboratorio y debe ser detenido antes de que cause una catástrofe. Uno de los primeros y mejores ejemplos de este tipo de historia se trata del clásico El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955). Desde entonces, la trama se ha ido reciclando llegando casi hasta nuestro días, con notables ejemplos ochenteros como Mutant (John "Bud" Cardos, Mark Rosman, 1984). Hasta Chuck Norris protagonizó una de estas historias en Furia silenciosa (Silent Rage, Michael Miller, 1982). Bakterion adopta un tono y estilo que ya entonces eran "vieja escuela". Aunque hay algunos desnudos gratuitos y escenas sangrientas, entonces casi exigidos en la serie B de la época, el director Tonino Ricci le imprime un aire casi nostálgico a la película. Tiene más en común con títulos de los 50 y 60 del siglo XX que con títulos contemporáneos.
Esta manera de hacer a la vieja usanza es lo que hace la película atractiva para mí. Siempre me han gustado las monster movies de los 50/60, ya se trate de monstruos gigantes aplanando ciudades o experimentos científicos huyendo por las calles y dejando un rastro de urbanitas estropeados. Contribuye también al placer que obtengo de la película que los efectos especiales están muy bien hechos, teniendo en cuenta época y presupuesto, e incluso se le añade un toque trágico a la criatura.
En definitiva, disfrutaréis de Bakterion dependiendo de cuánto os gusten este tipo de películas de experimento a la fuga. Para mí, resulta una entretenida caza al mutante con un reparto de culto.
De entre los excelentes (en su mayor parte) títulos que componen la filmografía de Dario Argento, Tenebre (1982) es uno de mis favoritos. Es tal vez por eso que me lo pasé tan bien con Ojos sin cara (Madness) (Gli occhi dentro (Madness) aka Occhi senza volto, 1994), en la que el mercenario Bruno Mattei plagia sin vergüenza el film de Argento.
Giovanna Dei (Monica Carpanese) es una dibujante de cómics que se encuentra en el foco de la polémica cuando empiezan a tener lugar una serie de asesinatos que imitan los que aparecen en su obra. Cuando el asesino le empieza a dejar morbosos presentes y a llamarla, queda claro que el misterioso asesino está obsesionado con ella.
Mattei era un experto en apuntarse a cualquier género que fuese popular en el momento. Así que resulta algo sorprendente que no dirigiera un giallo hasta que el género estaba en su momento más bajo de popularidad. Posiblemente lo hiciera debido a la popularidad de los thrillers eróticos americanos en aquel momento, de hecho esta película se rodó al momento de terminar el rodaje de Dangerous Attraction (Attrazione pericolosa, Bruno Mattei, 1993) y por el título ya os podéis imaginar que tipo de película inspiró su producción.
Como hemos mencionado al principio, la película es un plagio de Tenebre. Pero es algo fácil de perdonar porque, primero, lo hace de manera tan desvergonzada que tiene su gracia, y, segundo, la película es entretenida de forma constante. No hay momento para el aburrimiento cuando incluso las escenas más "normales" están animadas con interpretaciones exageradas y exaltadas. Aunque, para ser justos, esto también puede que se deba al doblaje inglés. En todo caso, el nivel de diversión que ofrece la película es tan alto como bajo era el presupuesto. Como muestra, el inicio del film en una carrera de karts que, imagino, originalmente sería una carrera de coches. Pero la carrera de karts tiene una gracia surrealista que no tendría si la escena hubiese contado con una típica carrera de coches.
Mattei, hay que reconocerlo, tal vez hiciera imitaciones baratas de otras películas, pero no eran imitaciones ni pálidas ni aburridas. Madness es un perfecto ejemplo de su manera de hacer. Una película que, en manos de otro director, habría acabado siendo olvidada como una pobre copia de una obra maestra. Y lo que tenemos en cambio es una película que te mantiene enganchado para ver qué próxima escena delirante tendrá lugar.
Un grupo de personas, recién contratadas para mantener y como servicio de un castillo, viaja en autobús hacia su destino. Cuando el chófer muere de un ataque al corazón, el grupo se ve obligado a hacer una parada no prevista en un solitario pueblo. Allí se encuentran con Luis (Jack Taylor), un comerciante que también ha parado en el pueblo, pero a nadie más. ¿Está el pueblo deshabitado? No es hasta la noche que los pueblerinos salen de su escondite para beber sangre, ya que este es un pueblo de vampiros.
La década de los 70 del siglo XX fue un momento de especial popularidad de los vampiros tanto en el cine, como en novelas, cómics y la televisión. Aunque entraba en plena decadencia, la Hammer había mantenido al vampiro gótico en forma, mientras que la serie de televisión creada por Dan Curtis Dark Shadows (1966-1971) había popularizado el vampiro moderno con Barnabas Collins (Jonathan Frid); películas como Drácula negro (Blacula, William Crain, 1972) y El conde Yorga, vampiro (Count Yorga, Vampire, Bob Kelljan, 1970) habían trasladado al vampiro clásico a entornos modernos y urbanos. La orgía nocturna de los vampiros (León Klimovsky, 1973) hace algo parecido a lo que hacen estas películas, pero en un entorno rural aislado. Así, contiene elementos propios del terror gótico pero, al mismo tiempo, traslada los vampiros al presente actual (de entonces). El film también contiene trazas del cine de zombis moderno, recientemente transformado mediante el clásico La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), algo que el director León Klimovsky volvería a repetir con Último deseo (1976). Algunas de las escenas en las que atacan los vampiros tienen más en común con los ataques de zombis romerianos que con los ataques más clásicos de vampiros.
Klimovsky fue durante mucho tiempo no apreciado como se merecía. Director todoterreno, se consideraba a si mismo un simple artesano y tenía una actitud humilde parecida a la que tenía el director Mario Bava. Pero viendo sus películas, está claro que Klimovsky era un director con una visión más artística de la que podría parecer a simple vista. Independientemente del guion, el director era un experto en crear atmósfera y crear interesantes soluciones visuales. Esta película no es una excepción, el director le otorga a este pueblo de vampiros una inquietante atmósfera, con esas calles vacías en las que acechan criaturas nocturnas en la sombra. El film también hace gala de un macabro humor negro, siguiendo un plano en el que a uno de los vampiros le cortan una pierna seguido de un plano de un asado que va a ser comido por humanos, sin saber de qué carne se trata. Estos toques macabros de humor surgen del guion de Gabriel Moreno Burgos y Antonio Fos, que también añaden un subtexto político a la película.
Eran los 70 y la Dictadura estaba agonizando, el subtexto político era casi inevitable. En este caso, la alegoría consiste en que la estructura del pueblo vampiro es una crítica del capitalismo. Hay un ente poderoso, en este caso la Señora, una reina vampira interpretada por Helga Liné, representante de los ricos y poderosos, que mantiene a sus subordinados hambrientos y sometidos completamente a su autoridad. Es una lectura bastante obvia, teniendo en cuenta la época en que fue realizada la película, un momento muy politizado, pero no por ello sin mérito que pasó completamente desapercibida por la crítica de la época, que no vio ningún valor artístico en el film.
A pesar de cómo fue vista en el momento de su estreno, la película ha envejecido como el buen vino. Tiene un reparto muy efectivo, en el que encontramos nombres notables como Jack Taylor, Luis Ciges y la mencionada Helga Liné, pero lo más notable es que ni la historia ni la dirección de Klimovsky han perdido fuerza. Os sugiero aceptar la invitación a La orgía nocturna de los vampiros.
A principios de los 2000, oí hablar de una película que había causado sensación en Sitges: The Birthday (Eugenio Mira, 2004). Quise ir a verla al cine, pero por motivos que ahora no recuerdo no pudo ser. Luego, la película desapareció. Reaparecía con alguna edición en DVD de baja calidad, para luego volver al limbo. Esta distribución desastrosa hizo que la película fuera adquiriendo un aura de film de culto y que, hasta veinte años después, no pudiera por fin verla. La espera ha valido la pena.
Baltimore, 1987. Norman Forrester (Corey Feldman) es invitado por su novia Alison (Erica Prior) a la fiesta de cumpleaños de su padre, el magnate Ron Fulton (Jack Taylor). Pero desde el principio las cosas no van bien para Norman, cuya relación con Alison parece cada vez más frágil. Y todo empeora más cuando Norman descubre que algo inquietante y terrible está sucediendo que puede afectar el destino de la humanidad.
Parece que las cosas pasan por un motivo y al final ha sido una suerte que no viera la película hasta que ha sido el momento adecuado, ya que ahora está disponible en su versión íntegra (la versión estrenada en cines duraba 97 minutos ya que la distribuidora le pidió a Mira que recortase veinte minutos). Una versión íntegra disponible en 4k, nada menos. Esto ha sido posible ya que la película ha sido "rescatada" y sus derechos de distribución adquiridos por una compañía interesada en darle el trato que se merece a The Birthday. Una auténtica joya que ha de ser vista y celebrada.
Pero para entender porqué esta película ha resonado tanto conmigo debería explicar algo sobre mí. Soy una persona muy tímida, me cuesta hablar con gente que no conozco, lo que significa que he tenido que hablar en público en distintas ocasiones, lo que ya era una experiencia terrible, y muchas veces me han invitado a fiestas en las que no conocía a nadie, aparte de la persona que me había invitado. Esto me causaba una gran angustia ya que va contra mi naturaleza simplemente acercarme a alguien y socializar. A veces me quedaba en un rincón observando la gente interactuar como si observara extraños rituales extraterrestres. A veces lo puedo disimular con comentarios graciosos, pero es algo agotador y es más habitual que me acabe pareciendo a Peter Sellers en El guateque (The Party, Blake Edwards, 1968).
Es por esto que el inicio del film, una especie de comedia de costumbres con toques lynchnianos, me sentí completamente identificado con las tribulaciones de Norman, intentando encajar en un ambiente en el que no encaja para nada, deambulando perdido en una fiesta en la que no conoce a nadie y es visto como un intruso. La introducción de la trama de terror cósmico es lo que le faltaba para convertirse a mis ojos en una obra maestra, ya que soy un gran fan del género, pero para mí ya era angustiante cuando es solo un pobre desgraciado en una fiesta pija.
La acción transcurre en tiempo real, lo experimentamos todo a la vez que el protagonista sin elipsis ni saltos temporales. Una gran coreografía con las cámaras y que se concentre la acción en una sola localización, el hotel Fulton que pertenece al personaje que encarna el actor de culto Jack Taylor, lo hace posible. Sumado al gran diseño de sonido, esto convierte The Birthday en un gran triunfo dentro del género y hace aún más incomprensible que permaneciese en la oscuridad durante veinte años.
Son unos veinte años que parece que no han pasado para la película. La ansiedad y la angustia del presente demencial que vivimos encajan perfectamente con la trama del film, lo que lo hace más relevante ahora que cuando se estrenó. Esta cualidad atemporal hace que resalte más su calidad, ya que casi te olvidas de que fue rodada hace veinte años y parece un estreno reciente. Que en cierto modo lo es. En todo caso, una muy recomendada película de terror.
Tras la fantástica e irrepetible época salvaje y sin reglas que disfrutó el cine español tras la muerte del dictador Francisco Franco, en 1983 llegó la ley Miró que destruyó el fértil e imaginativo paisaje cinematográfico español. Lo sustituyó por otro más serio y aceptable, también más aburrido, predecible y falto de imaginación. Pero algunos títulos consiguieron colarse entre tanta "aceptabilidad" y "respetabilidad", siendo un ejemplo de ello la psicotrónica Poppers (José María Castellví, 1984).
Santos (Miguel Ortiz) acaba de salir de la cárcel cuando recibe una oferta de trabajo que parece algo peculiar. Cuando se presenta para ver de qué trata el trabajo, se encuentra ante un grupo de viejos ricos. Estos le ofrecen un millón de dólares en diamantes a cambio de convertirse en su presa de caza. Si sobrevive, se queda los diamantes, si le atrapan muere. Sin embargo, no todo es lo que parece y tras esta macabra oferta se esconde una sádica venganza. Santos recibirá solo la ayuda de Lola (Giannina Facio), una misteriosa mujer que se convertirá en su aliada.
José María Castellví era un prestigioso fotógrafo, este prestigio lo ayudó a poner en marcha el proyecto. Otro factor que contribuyó a poner en marcha esta delirante historia fue que se disfrazó de película de "la movida". Para los más jóvenes, la movida fue una nueva hornada de jóvenes artistas que recogían los avances punk y new wave de Europa y Estados Unidos, dándoles una impronta personal. Era una época en que España estaba desesperada por demostrar que era un país moderno que había dejado atrás el retraso de la Dictadura. Desde los medios centralistas, se rebautizó el movimiento como "la movida madrileña", como si solo fuera una cosa de la capital, promocionando aquellos ejemplares más aceptables dentro del movimiento, los que provenían de familias con dinero, apartando o ignorando al resto. Castellví era mayor que los integrantes de la movida, pero logró colar su proyecto gracias a su estética urbana y moderna. El film también abraza una estética gay, exagerada y punk, que incluye también ecos del cómic underground, que aquella época estaba experimentando una explosión de títulos y artistas, en particular de Anarcoma de Nazario.
Castellví creó una historia que es puro pulp, con personajes clásicos del cine negro a los que viste de cuero para moverse en una ciudad sin identificar, en un momento temporal sin identificar, aumentando la sensación de cómic en movimiento. La historia arranca como si fuera una nueva versión de El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), pero pronto avanza hacia una historia de sangrientas venganzas. En el centro, la historia de amor entre Santos y Lola, tan pulp como la trama que protagonizan. Teniendo en cuenta el estilo de la película, tal vez habría encajado mejor si fuera una historia de amor gay o si Lola fuera una travesti como Anarcoma. Pero, aunque parezca increíble viéndola, la película tenía ciertas aspiraciones comerciales de ahí que se optara por una historia de amor más convencional.
Pero el problema de Poppers cuando se estrenó, y la razón por la que se ha convertido en una obra de culto a reivindicar, es que se era demasiado extrema para el cine comercial convencional, pero era demasiado pop y celebraba demasiado el cine de género como para ser aceptada en el circuito del cine de autor. Pasados los años, la única película que dirigió Castellví, los otros proyectos que ideó resultaron demasiado caros para la época, ha quedado como una instantánea de una época y un lugar, una divertida película que sumerge al espectador en un mundo de fantasía en el que los héroes visten cuero negro.
El subgénero de los niños asesinos tiene dos ramas principales. En una, los críos se vuelven asesinos por una razón externa, ya sea un virus o un vertido radioactivo, como sucede, por ejemplo, en Abrazo mortal (The Children, Max Kalmanowicz, 1980). En otra, los críos se vuelven homicidas sin razón aparente, como en el clásico ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1974). Acoso mortal (Peopletoys aka Devil Times Five aka The Horrible House on the Hill, Sean MacGregor, David Sheldon, 1974) se acerca más a la segunda rama. No se explica por qué, simplemente los niños de esta película son unos cabroncetes asesinos que no dejan títere con cabeza.
Julie (Joan McCall) y Rick (Taylor Lacher) se preparan para pasar un agradable fin de semana en la casa en la montaña que tiene el padre de Julie, Papa Doc (Gene Evans). O al menos lo intentarán, ya que el malhumorado Papa Doc quiere forzar a Rick a coger un puesto en un complejo hospitalario para tenerlo controlado. Junto a Papa Doc está su nueva joven esposa Lovely (Carolyn Stellar), que intenta frotarse con gusto con cualquier hombretón que encuentre, y el matrimonio formado por Harvey (Sorrell Booke) y Ruth Beckman (Shelley Morrison), él aspiraba al puesto que Papa Doc ofrece a Rick y ella tratando de que nadie interrumpa su consumo de alcohol. La velada de este grupo parece ya bastante entretenida, pero girará hacia peor: una furgoneta que trasladaba cinco peligrosos pacientes de un manicomio tiene un accidente que libera a los pacientes. Cinco niños homicidas que utilizan el ingenio y el trabajo en equipo para acabar con sus víctimas: David (Leif Garret), la hermana Hannah (Gail Smale), Moe (Dawn Lyn), Brian (Tierre Turner) y Susan (Tia Thompson).
Devil Times Five es una de las más logradas y efectivas entradas dentro del subgénero de los niños asesinos y también una auténtica película de culto. Pero le costó lograr su actual estatus. Originalmente se estrenó como Peopletoys en 1974, pero no tuvo una buena distribución. Luego fue reestrenada diversas veces con diversos títulos, lo que hizo más difícil que fuera recordada por el público (eso sin tener en cuenta los títulos que recibió alrededor del mundo), hasta que en 1976 fue redistribuida con el título definitivo Devil Times Five, título con el que también fue distribuida en vídeo quedando así grabada en la memoria de los aficionados.
Pero las dificultades de esta película empezaron mucho antes de la distribución, en plena preproducción. El director Sean MacGregor y el productor Michael Blowitz se llevaban fatal, llegando incluso a las manos. A pesar de la mala relación, intentaron que el rodaje siguiera adelante por muy complicado que fuera con conflictos casi a diario. Según Blowitz, debido a los retrasos MacGregor no filmó muchas páginas del guion y dio el rodaje por concluido cuando solo tenían 38 minutos de metraje. El film necesitaba ser completado si no se quería perder todo lo invertido, así que MacGregor fue despedido y el director David Sheldon fue elegido para completar el film. Sheldon era amigo de Blowitz y estaba casado con Joan McCall, de modo que su elección era bastante obvia. Sheldon empezó a rodar nuevo material reescribiendo el guion sobre la marcha. El reparto se mantuvo en su mayor parte, ya que todos veían potencial en el film, la única que no estuvo presente en el nuevo rodaje fue Gail Smale, entonces era novia de MacGregor, así que se fue con él.
El material añadido se puede detectar fácilmente en diversas ocasiones ya que se rodó en unos decorados con una distintiva decoración, Leif Garret lleva peluca debido a que se había cortado el pelo mientras trabajaba en otra película (la peluca se incorporó a la historia) y se disimula el hecho de que otra actriz interpreta el papel de la hermana Hannah. Claro que lo contado del conflicto es la versión de Blowitz y Sheldon, pero resulta muy creíble si tenemos en cuenta que MacGregor era aficionado a adornar la verdad en entrevistas, inventando proyectos y libros que nunca fueron publicados, además de que no era la primera vez que fue despedido de una película que tuvo que ser completada por otra persona. Y esta tampoco fue la última que MacGregor sería despedido de un rodaje, marcando una clara tendencia en su corta carrera como director.
Teniendo en cuenta las dificultades para completar el film ya sería un milagro que fuera mínimamente coherente. Lo sorprendente es que más que coherente, es una entretenida película de terror, en algunos aspectos adelantada a su tiempo. Seguramente ayudó que todo el reparto remara a favor para completar el film, formando una unida familia. En algunos casos literalmente, ya que Dawn Lyn es la hermana pequeña de Leif Garret y Carolyn Stellar era la madre de ambos. El film acierta en darle una personalidad muy definida a cada niño asesino, no actúan como una típica manada de niños inquietantes. El terror funciona porque no dejan de actuar como niños en ningún momento, como si no fueran del todo conscientes de lo que están haciendo. Y otro acierto se encuentra en el grupo de adultos, que parecen un montón de personajes que se hubieran escapado de un culebrón. Así el film resulta entretenido incluso cuando no sucede nada relacionado con los niños.
La combinación de escenas perturbadoras, bizarras y cómicas hace de esta una película memorable. Si se hubiera rodado en los 80, seguramente habría sido más explícita en cuanto a la sangre derramada, pero para la época es bastante sangrienta. Y el tono, los momentos bizarros, son genuinamente setenteros e irrepetibles fuera de esta década. Una vez se ha visto es fácil entender que se haya convertido en un film de culto, que con un poco más de suerte se habría convertido en una pionera franquicia ya que claramente fue rodada con la intención de hacer una segunda parte. Pero la mala distribución y los continuos cambios de título lo impidieron. Por suerte lo que sí queda es una memorable película de terror que ha envejecido como el buen vino.
En la canción de los Rolling Stones As Tears Go By hay un momento en que la letra dice: "me siento y observo a los niños jugar/haciendo las cosas que yo solía hacer/ellos se creen que son nuevas". Es algo que describe muy bien el momento actual dentro del cine de terror, en el que muchos se llenan la boca hablando de "cine de terror social" o "cine de terror elevado" como si fuera algo nuevo. Son etiquetas que describen estilos de película que han estado presentes dentro del género desde el estreno de El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, 1920). Otro ejemplo de esto son las referencias al propio género o el uso de la metalingüística, las llamadas películas "meta", que es algo que se hacía mucho antes que Kevin Williamson escribiera su primer guión. Un ejemplo pionero de esto es el festival de terror gótico The Devil's Wedding Night (Il plenilunio delle vergini, Luigi Batzella, Joe D'Amato, 1973).
Karl Schiller (Mark Damon) cree haber descubierto el paradero del anillo de los Nibelungos, capaz de otorgar grandes poderes al que lo lleva. Le comunica la noticia a su hermano gemelo Franz (Mark Damon), hasta le muestra el amuleto que usara para protegerse de la posible presencia de vampiros, ya que el anillo se haya en Transilvania en el castillo del conde Drácula, una tierra en la que se rumorea que hay una gran presencia de estas criaturas sobrenaturales. Atraído por la posibilidad de hacer una fortuna, Franz le roba el amuleto a su hermano y se adelanta en su búsqueda del anillo, llegando antes que él al castillo. Allí, una misteriosa sirvienta (Esmeralda Barros) le presenta a la condesa Dolingen de Vries (Rosalba Neri), la dueña del castillo en ese momento. Franz seduce a la condesa para descubrir el paradero del anillo... O eso cree. En realidad, la condesa es la esposa de Drácula y busca resucitar al vampiro a través de la ceremonia a la que alude el título original italiano.
The Devil's Wedding Night fue un proyecto personal impulsado por Mark Damon, que también colaboró en el guion. Además de darle a Damon la oportunidad de interpretar a un vampiro y a un cazador de vampiros en la misma película, el guion es una celebración del terror gótico. Adopta un enfoque que mezcla ironía con un gran amor por el género, apenas arranca el film ya hay referencias a Carmilla y a El exorcista (la novela, la película no se había estrenado en el momento que estaban rodando The Devil's Wedding Night). A la mezcla de elementos propios del terror gótico y vampírico se le añaden toques de la leyenda de la condesa Báthory. Este añadido hace posible una de las escenas más icónicas del film que protagoniza Rosalba Neri. Una actriz que además tuvo la oportunidad única de interpretar a la condesa Drácula y a la doctora Frankenstein en Lady Frankenstein (La figlia di Frankenstein, Mel Welles, Aureliano Luppi, 1971), algo que no logró ni Christopher Lee, que interpretó a la criatura no al doctor. Además, como en aquel entonces en Italia y Europa estaban de moda las películas con generosos toques eróticos, la película también los incluye en la habitual orgía satánica tan propia del cine de los 70 del siglo XX.
Esta mezcla y la pasión tras el proyecto da como resultado una deliciosa muestra de terror gótico/vampírico con toques psicodélicos y delirantes. El escaso presupuesto no impide que tenga grandes momentos y que esté dirigida con grandes soluciones visuales. Se nota la mano de D'Amato en la ejecución de los planos que hace pensar en una película con más medios que esta humilde producción, algo más evidente en la fantástica edición en 4K de Severin. Damon disfruta enormemente con un doble papel hecho a medida y Neri está fantástica como la malvada condesa, el resto del reparto se suma con gusto a la fiesta. Porque esta película es una fiesta para los amantes del terror gótico, del fantaterror europeo y del lado más loco del terror. Si no la habéis visto, recomiendo remediarlo cuanto antes.
Entre el título y el póster, podría parecer que Último deseo (León Klimovsky, 1976) es otro más de los muchos títulos eróticos que se produjeron en España a mediados y finales de la década de los 70 del siglo XX. Tal vez si se hubiera estrenado con su título original, Planeta ciego, habría quedado más claro que esta película del siempre efectivo León Klimovsky es una curiosa mezcla de ciencia ficción y el mejor fantaterror español.
Un grupo de ricos y poderosos se reúne para celebrar una fiesta privada, tradicionalmente organizada por la señora Lily (María Perschy). Será un fin de semana en la que los invitados se dedicarán a dar rienda suelta a sus fantasías. Entre los invitados tenemos al profesor Fulton (Alberto de Mendoza), que tiene contactos con el gobierno y acceso a información secreta, y el hombre de negocios, antiguo soldado y contrabandista de droga, Borne, al que da vida la estrella del género Paul Naschy. Los invitados se dedicarán a poner en práctica sus fantasías en los cuerpos de Clara (Nadiuska), Berta (Teresa Gimpera), Marion (Julia Saly), Luna (Leona Devine) y Tania (Diana Polakov). Pero antes de que empiece la fiesta, tiene lugar un fuerte temblor y se va la electricidad. Intrigados por ver qué ha pasado mientras cenaban en el sótano, el profesor Fulton llega a la conclusión de ha caído una bomba nuclear. Los supervivientes que se encontraban fuera han quedado ciegos y buscan vengarse del grupo protagonista por crímenes que creen que ellos han cometido.
El guion que corrió a cargo de Gabriel Moreno Burgos, Joaquim Jordà y Vicente Aranda no oculta sus influencias. La más evidente es la clásica novela de John Wyndham El día de los trífidos, cuya primera adaptación cinematográfica se había estrenado en España como La semilla del espacio (The Day of the Triffids, Steve Sekely, Freddie Francis, 1962). Otra influencia también fue La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) y la saga de los Templarios de Amando de Ossorio, que había llegado ya a la última entrega dirigida por Ossorio un par de años antes del estreno de Último deseo. Klimovsky maneja estas influencias dirigiendo el guion con gran profesionalidad y algún toque artístico, manejando el numeroso reparto (que irá disminuyendo a medida que avance el film, claro) de manera que se dota al film de una sólida base dramática. Antes de que empiece la acción se nos presenta a los personajes, quiénes son y qué quieren, consiguiendo que resulte así más interesante la evolución psicológica de estos personajes enfrentados a una situación imposible.
El film está impregnado del pesimismo setentero habitual en esta década que se mezclaba con la incertidumbre política del momento en España. Aunque también podría ser por las influencias previamente mencionadas, sea como sea le dota a la película de seriedad e inesperada profundidad, que no era habitual en el género que se producía en España entonces. Por supuesto, transmitiendo estas ideas es fundamental el reparto, variado y diverso, de la película. Cada personaje queda perfectamente definido, algunos con su propio momento para brillar. Como brilla también la película en los momentos de acción cuando los ciegos atacan, manteniendo el suspense y la angustia, revelando que el peor monstruo es siempre el humano.
Último deseo no fue un gran éxito y durante mucho tiempo pasó bastante desapercibida, posiblemente porque la versión más conocida es la americana, recortada y reeditada para las salas de doble sesión. Es una lástima, porque si hubiera sido un éxito es posible que se hubieran hecho más producciones como esta y también habría contribuido a que se viera a Klimovsky como algo más que un mero artesano. Pero lo que queda es una fantástica película, una gran mezcla de ciencia ficción y fantaterror que hará las delicias de los fans.
La estrambótica Necrophagus (El descuartizador de Binbrook) (1971) de Miguel Madrid hizo que me pusiera a buscar El asesino de muñecas (1975), su segunda película como director. Y la delirante El asesino de muñecas hizo que buscara su tercera y última película como director: Bacanal en directo (1979). Más difícil de encontrar pero por suerte ha sido editada recientemente por Severin dentro del imprescindible pack Exorcismo: Defying a Dictator & Raising Hell in Post-Franco Spain. Me alegra confirmar que es tan delirante y demencial como sus dos anteriores películas.
Stela (Azucena Hernández) y Fermín (Fernando Martín) son una joven e inocente pareja que ha sido invitada a la fiesta que da el productor Fabián (Fabián Conde) en su casa. El productor pretende filmar la fiesta y utilizar el metraje en su próxima película. Stela no quiere acudir a la fiesta, porque intuye que es el tipo de fiesta en que los invitados puede que se rocen tras merendar fuerte. Pero Fermín es insistente, ya que es precisamente el tipo de roce que busca. Finalmente ambos acuden y los juegos sexuales y psicológicos de la fiesta pondrán a prueba su entereza y hasta su vida.
Azucena Hernández y Fernando Martín habían interpretado previamente a una Stela y a un Fermín en Las eróticas vacaciones de Stela (Zacarías Urbiola, 1978), pero sus personajes solo comparten el nombre y que Fermín había sido un seminarista. Pero es otro de los muchos detalles que hacen de esta una película esquizofrénica, una película en que distintos objetivos parecen pelearse para dominar la narrativa. Intuyo que la película se inició con la idea de hacer una típica película erótica más, del mismo estilo que la mencionada Las eróticas vacaciones de Stela. Ambas comparten productor, Ángel Huete, y guionista, Eligio Herrera. Pero Miguel Madrid, el director, quería hacer algo que siguiese el estilo de películas como Saló (Salò o le 120 giornate di Sodoma, Pier Paolo Pasolini, 1975) o Calígula (Caligula, Tinto Brass, 1979). Como decía, la intención, por un lado, de hacer una película erótica para hacer dinero y, por otro lado, la intención de hacer una película que utilizase la premisa para hacer algo más social/intelectual quedan enfrentadas a lo largo de toda Bacanal en directo.
Otro aspecto en el que la película no tiene clara su propia naturaleza es si quiere transmitir un mensaje conservador o libertario. A través de la pareja protagonista parece que se quiere transmitir un mensaje a favor de las parejas tradicionales, aunque la película no tenga muy claro cómo son sus protagonistas. Fermín y Stela vive cada uno en su propio apartamento, más o menos parecen aparentar unos veintitantos, pero Stela es virgen y actúa en ocasiones de forma más inmadura, como si fuera una adolescente de 16 o 17 años, lo mismo Fermín. A medida que avanza la fiesta, también parece que se critica el exceso de libertad, más teniendo en cuenta el final moralista. Esto hace también que, a pesar de los abundantes desnudos, las ocasionales escenas eróticas no resulten excitantes sino más bien inquietantes. Parece querer explotar el miedo al exceso de libertad que tenían muchos tras el fin de la dictadura y la llegada de la democracia.
Al mismo tiempo, parece querer celebrar la libertad, hay diversas críticas a la religión y el poder, se explota la libertad de poder expresar la propia sexualidad sin el miedo a la represalia como existía durante la dictadura... Son estos momentos los que ofrecen las escenas más memorables de la película. En particular destaca la sátira del estamento militar con los hombres desfilando desnudos llevando una gorra militar, mientras Fabián disfrazado de Hitler y portando un enorme vibrador adornado con esvásticas hace inspección de las tropas.
En cierto modo, esta naturaleza esquizofrénica, de no saber qué dirección tomar, refleja la sociedad de la época.
Dejando de lado las discusiones sobre el subtexto, la película es también memorable por los toques propios del director. Miguel Madrid crea momentos delirantes siguiendo el estilo de sus anteriores títulos. Por ejemplo, aunque se menciona que la fiesta se celebra para ser filmada y luego usar el metraje en una película, cuando arranca la fiesta no hay cámaras ni equipo de filmación a pesar de que se repite continuamente que ahí estarán. Entrar más en detalle de los que me parecieron los momentos más memorables equivaldría a destripar en exceso la película, solo añadir que no decepciona en este sentido.
La filmografía de Miguel Madrid es breve, pero memorable. Bacanal en directo es delirante y fascinante, si bien no es una película para todo el mundo. Por supuesto, si habéis visto las anteriores del director, no hay que perdérsela.
Hay películas que transcienden los límites del género en el que fueron creadas, logrando ser mucho más que un título más en una larga lista de títulos. Aunque cuenta con un título en inglés bastante estúpido, The Magic Blade (Tien ya ming yue dao, Chor Yuen, 1976) es una de esas películas. A primera vista puede parecer un título más de wuxia, de cine de artes marciales, pero pronto se revela como una película mucho más interesante que una serie de escenas de acción.
Fu Hongxue (Ti Lung) es un gran espadachín que acude a medianoche a un duelo con Yan Nanfei (Lo Lieh). Nanfei ha pedido el duelo para determinar de una vez por todas quién es el mejor espadachín. Pero mientras están luchando son interrumpidos por unos asesinos a sueldo. Al parecer hay un misterioso guerrero que ambiciona ser el mejor luchador y dominar el mundo de las artes marciales, para ello planea robar una misteriosa arma secreta conocida como "el dardo del pavo real". Este misterioso guerrero es el que ha enviado a los asesinos a sueldo, en un intento de eliminar a sus competidores. Hongxue y Nanfei empiezan entonces su búsqueda de esta misteriosa arma mientras se enfrentan a diversos y coloridos asesinos que intentan detener su búsqueda.
El director Chor Yuen deja claro que esta no es una película más de artes marciales cuando aparece Fu Hongxue vestido no con el tradicional traje de época oriental, sino con un anacrónico poncho al estilo Clint Eastwood. Un guiño a las películas de Sergio Leone que son una de las diversas influencias que marcan la película. El arma de Fu Hongxue no es tampoco la típica espada, sino un arma con una hoja giratoria que parece salida de una película de James Bond. Chor Yuen mezcla géneros y guiños, pero la película no es un simple refrito, es realmente original. Exceptuando dos breves secuencias, The Magic Blade transcurre en una especie de noche eterna, lo que le da un toque onírico a la historia. Una atmósfera fantástica en el que tienen lugar gigantescas y mortales partidas de ajedrez jugadas con seres humanos, en la que se mueven personajes de pesadilla como Devil's Granny (Teresa Hsia Ping) que se dedica a vender platos cocinados con la carne de sus víctimas. Pero también hay lugar para la poesía y la tragedia.
The Magic Blade engancha desde el inicio, cuando el duelo entre Hongxue y Nanfei es interrumpido por un árbol que se mueve y del que sale un asesino. Un inicio ciertamente inesperado. Chor Yuen mantiene el equilibrio en ofrecer escenas de acción impresionantes y momentos de poética reflexión. Con un estilo sencillo que roza la abstracción, no hay un momento en el que no ocurra algo interesante, ya sea desde el punto de vista dramático o visual. De ahí que, obviamente, los fans del género no deberían perdérsela pero también aquellos que consideren que todas estas películas son iguales, ya que puede que se lleven una auténtica sorpresa.
Seáis fans o no, yo desde luego recomiendo esta pequeña maravilla que me dejó fascinado de principio a fin. Fantástica dirección, buenas interpretaciones, una fotografía que dota de gran belleza a las imágenes, editadas a la perfección, nada sobra ni falta. Una obra maestra.