10 jul. 2020

Street Fighter: La última batalla (Street Fighter)


Hola. Tanto si eres un lector/lectora habitual o has llegado por casualidad o el señor Google te ha enviado, te saludo. Te saludo porque es posible que esta sea la última vez que nadie lee este blog, ya que voy a defender lo indefendible. Ya podéis correr a hablar en vuestras redes sociales del loco bastardo que dice que Street Fighter: La última batalla (Street Fighter, Steven E. de Souza, 1994) es una buena película.

Hollywood, intentando aprovechar cualquier moda del momento, había producido películas con alusiones a videojuegos o que hacían guiños a ese mundo, títulos como Juegos de guerra (WarGames, John Badham, 1983), Starfighter: la aventura comienza (The Last Starfighter, Nick Castle, 1984) o la clásica Tron (Steven Lisberger, 1982). También se habían producido diversas series de dibujos animados pensadas para el público infantil que se consideraba era el mayor consumidor de videojuegos, pero no se había considerado utilizar un videojuego como base para una película.

Las cosas cambian a inicios de los 90 del siglo XX, cuando se estrena la primera película de acción real basada en un videojuego: Super Mario Bros. (Annabel Janken, Rocky Morton, 1993). Este film fue un fracaso a todos los niveles, incapaz de entender y convertir Mario Bros en una película coherente y entretenida, quiso amoldar el juego a una típica historia hollywoodiense de aventuras. Sin embargo, el hecho de que Super Mario Bros. fuera un desastre a todos los niveles no impidió que a partir de entonces se estrenaran diversas películas basadas en videojuegos. Títulos como Double Dragon: La película (Double Dragon, James Yukich, 1994) o Mortal Kombat (Paul W. S. Anderson, 1995) que cimentaron la afirmación de que todas las películas basadas en videojuegos son malas. Una afirmación que se mantiene hasta el día de hoy y que cuenta con pocas excepciones. ¿Por qué se siguen produciendo? Por petición de los fans, porque las empresas que crean los videojuegos quieren expandirse al negocio cinematográfico, porque hay estudios independientes que lo ven como una manera de competir con Hollywood y porque los estudios de Hollywood intentan siempre sacar tajada de todo lo que pueda darles grandes beneficios económicos.

Street Fighter: La última batalla entró en producción poco después de que Super Mario Bros. se diera el batacazo. El videojuego Street Fighter II se había convertido en un gran éxito, generando millones alrededor del mundo. Esto hizo que el productor de impresionante currículum Edward R. Pressman contactara con ejecutivos japoneses de Capcom para poner en marcha una adaptación cinematográfica de Street Fighter II (específicamente este juego, ya que es el que había triunfado y había introducido a los más populares personajes de la franquicia). Para venderles el proyecto a los japoneses, Pressman contactó con Steven E. de Souza. De Souza estaba familiarizado con el juego, debido a que muchos días su hijo y él se lo pasaban jugándolo. Obligado a incluir todos los personajes del juego, De Souza ideó una historia que convenció a la gente de Capcom y se puso en marcha la producción de la película.

Street Fighter sería la primera, y última, película que De Souza dirigiría estrenada en cines (su trabajo como director se concentró más en la televisión). Pero De Souza es más conocido como guionista, particularmente por su trabajo dentro del género de acción con títulos como La jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) y su primera secuela, Commando (Mark L. Lester, 1985) y Perseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987). Sus contribuciones a los guiones de todas estas películas en las que trabajó fue añadir toques de comedia a todas estas historias. A De Souza le gustaba mezclar comedia y acción, así que en el que iba a ser su primer largo, tras haber dirigido diversos episodios de series de televisión, era lógico que adoptara un estilo con el que se sentía cómodo. Así que Street Fighter es una comedia con grandes dosis de acción.

Lo repito otra vez: Street Fighter es una CO-ME-DIA. Cuando se estrenó hubo muchas críticas negativas, principalmente porque el hecho de que estaba basada en un videojuego pesaba demasiado en su contra, así como el público estadounidense la recibió con cierta indefenrencia. A pesar de todo, la película generó muchos beneficios para Capcom. La película sigue dando beneficios hoy día, siendo también más popular, aunque como película terrible, mala, atroz. Sin embargo, muchas de estas críticas, pasadas y actuales, parecen no entender que la película es una comedia, que no se supone que te la tengas que tomar en serio. Es como cuando se estrenó Staship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) y no se supo ver que se trataba de una sátira y se tomó literalmente, como si fuera una apología del fascismo. No es que Street Fighter esté al nivel del film de Verhoeven, pero me sorprende leer muchas críticas y artículos que no saben ver que el film es una comedia o no están seguros de hasta que punto De Souza era consciente de lo que hacía. Resulta deprimente que cada vez sea más difícil, incluso para los críticos, identificar algo como satírico o cómico de forma consciente, por oposición a comedias involuntarias, películas tan malas que provocan carcajadas como The Room (Tommy Wiseau, 2003). Luego están aquellos a los que la película no les gusta porque no es fiel a la historia del videojuego. Cuando la película se puso en marcha, el videojuego no tenía historia: metías la moneda, escogías personaje y llegaban las hostias. Debido al éxito del juego se crearon animes y cómics que desarrollaban una historia para los personajes que luego se explotó en siguientes juegos, pero en la encarnación original no había historia, solo los personajes peleándose unos con otros.

Y como comedia, para mí la película funciona de principio a fin. De Souza creó un mundo de fantasía, que no transcurre en ningún momento exacto, en el que sitúa su historia que bebe de diversos clásicos de aventuras bélicas. Raúl Juliá es el malvado general Bison, que pretende dominar el mundo desde su fortaleza en Shadaloo. Jean-Claude Van Damme es el coronel Guile, que pretende acabar con el general, reclutando para ello a diversos personajes. Una historia simple que da para muchos momentos cómicos y diálogos absurdos, entre los que destacan los anuncios por altavoz que se pueden oír a lo largo del film, algunos bastante divertidos. Esta fue la última película de Juliá, murió poco después de completarla, y ofreció una interpretación fantástica, exprimiendo al máximo la oportunidad de sobreactuar sin restricciones para crear al demente general Bison. Van Damme tampoco está del todo mal, tiene un talento para la comedia que no ha podido explotar hasta tiempos recientes. El resto del reparto, que incluye nombres como el de Kylie Minogue haciendo de Cammy y Wes Studi como Sagat, se desenvuelve bastante bien en este mundo delirante. El único punto flojo es Blanka, personaje que se habría beneficiado de los modernos efectos CGI y cuyo maquillaje es bastante decepcionante.

Puede que la acción en la película sea bastante normalita, sobre todo si se tiene en cuenta la experiencia de De Souza en el género, pero no para de hacerme reír. El resultado es un film entretenido que se pasa volando. Os diré la verdad: no recordaba mucho Street Fighter, tenía el recuerdo, infuido sin duda por las opiniones de internet, de que era una película cutre. Y precisamente buscaba una película cutre sobre la que reírme para escribir un artículo. Pero al volver a visitarla me sorprendió lo efectiva que es. Buscando burlarme de ella, acabé riéndome con ella y disfrutando enormemente la experiencia. De ahí esta sentida reivindicación. Puedo decir sin avergonzarme (demasiado) que Street Fighter me gusta.


9 jul. 2020

Under the Skin

Poco a poco regresan los estrenos a las salas de cine. Entre estos, si bien con unos pocos años de retraso,  se encuentra Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013). Podéis leer mi crítica en Underbrain Mgz clicando en:


Hipnótica y fascinante, también es algo pedante. Una película muy interesante aunque no para todo el mundo.


El placer de la caza (Rovdyr)

 
Siempre he sentido debilidad por las historias de terror de supervivencia ambientadas en bosques y montañas, así como también siento debilidad por las historias de caza de humanos. Supongo que por eso disfruté con la producción noruega El placer de la caza (Rovdyr, Patrik Syversen, 2008), aunque no sea precisamente un título revolucionario.

Verano de 1974. Cuatro amigos se van de acampada y, durante el viaje, se las arreglan para llamar la atención de unos pueblerinos que se dedicarán a darles caza por el bosque, usando trampas mortales y otras armas. Simple y directo, el film se centra en ofrecer una experiencia de terror visceral, poniendo a los protagonistas en situaciones límite.

El director Patrik Syversen no oculta sus intenciones: hay abundantes guiños y referencias al terror de los 70 más brutal, con alusiones directas a La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974), La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, Wes Craven, 1972) y Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977) (1,2). No resulta sorprendente si digo que El placer de la caza ni de lejos es tan efectiva o tiene la misma calidad que cualquiera de los clásicos citados, pero eso no quiere decir que no sea entretenidamente sangriento y cafre. Diría que está al nivel de una película como Camino sangriento (Wrong Turn 2: Dead End, Joe Lynch, 2007).
 
No la recomendaría a todo el mundo, pero si os va este subgénero de paletos psicópatas que se dedican a cazar adolescentes, esta película no os decepcionará.
 

3 jul. 2020

No le digas a mamá que la canguro ha muerto (Don't Tell Mom the Babysitter's Dead)

 
Seguramente os ha pasado más de una vez: escucháis o leéis comentarios sobre una película de culto que ha amasado gran número de fans, la véis y a vosotros no os dice nada. Es lo mismo que ver un clásico que todo el mundo pone por las nubes y a vosotros no os gusta. Le pasa a todo el mundo, a mí hace poco me pasó con No le digas a mamá que la canguro ha muerto (Don't Tell Mom the Babysitter's Dead, Stephen Herek, 1991).

Me picó la curiosidad por esta película tras las distintas referencias que hizo a ella Kevin Smith en sus películas, en particular en Jay y Bob el silencioso: el reboot (Jay and Silent Bob Reboot, Kevin Smith, 2019). Buscando información por internet descubrí su argumento, unos chavales se quedan solos con una canguro terrible que se muere dejando a los chavales sin supervisión hasta que regrese su madre de vacaciones, y que, a pesar de pasar desapercibida cuando se estrenó al inicio de los años 90, había adquirido un estatus de cinta de culto con una gran cantidad de fans que pedían ediciones de la película en Blu-ray (es fácil de encontrar en DVD por cuatro perras). Estaba protagonizada por Christina Applegate, entonces bastante popular gracias a la clásica y pionera serie destroyer Matrimonio con hijos (Married with Children, creada por Ron Leavitt y Michael G. Moye, 1987-1997), también aparece en un papel secundario un David Duchovny pre-Expediente X. El director era Stephen Herek, director de dos películas que me encantan: Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989) y Critters (Stephen Herek, 1985).
 
Muy bien. Tenemos argumento que promete comedia, reparto interesante de volver a ver en sus inicios y un director que había demostrado, por lo menos dos veces, que podía dirigir buenas películas. Con mente abierta y pensamientos positivos empecé a ver la película. Y, durante un tiempo, todo fue bien. Luego, la película simplemente se desinflaba.
 
El inicio promete bastante, aunque era obvio que los chavales protagonistas, incluida la futura scream queen Danielle Harris,  aprenderían una lección sobre responsabilidad para cuando desfilaran los títulos de crédito al final. La comedia se mantiene mientras los chavales se enfrentan a la canguro y cómo intentan sobrevivir mientras la madre no vuelve. Pero entonces Swell, el personaje de Christina Applegate, encuentra trabajo en una empresa de moda y confección, momento en que No le digas... se convierte en una especie de Armas de mujer (Working Girl, Mike Nichols, 1988) adolescente. A partir de aquí los conflictos parecen muy rebuscados, poco creíbles y menos interesantes, haciéndose las risas más y más espaciadas hasta desaparecer.

Tal vez sea algo nostálgico y si la hubiese visto en su momento ahora sentiría una conexión con No le digas... que me haría hacer la vista gorda antes sus fallos. Personalmente, me habría parecido más divertida si: el incidente que da título a la película se alargara un poco más, explotando cómicamente cómo los chavales intentan hacer ver ante los vecinos y la madre que la canguro sigue viva (no sucede en la película), que los dos mayores se enfrentaran a una lista de trabajos basura que diese para más gags en lugar de poner a Swell trabajando de ejecutiva y ya está. Y a través de esta experiencia de trabajos basura los dos mayores tendrían el impulso necesario para llegar al mismo sitio al que llegan ahora pero de forma más entretenida y repartiendo el protagonismo.

No le digas... acaba siendo solo media película interesante, que ni siquiera me satisface a nivel nostálgico, como hace Ya no puedo esperar (Can't Hardly Wait, Harry Elfont, Deborah Kaplan, 1998). Aunque, claro, en aquel entonces estaba enamorado de Jennifer Love Hewitt, como muchos y muchas en aquel entonces.


La verdad, ahora que la he mencionado, casi que recomiendo recuperar, para los que vivieron la época, Ya no puedo esperar.


1 jul. 2020

We Summon the Darkness

 
Dentro del cine de terror reciente, además de familias que entran a vivir en casas chungas, se ha puesto de moda explotar el "pánico satánico" que se produjo a mediados de los 80 del siglo XX en Estados Unidos. En esta época, además de personas aterradas ante la posibilidad de ser atacadas por sectas satánicas, los evangelistas televisivos empezaron su particular cruzada contra la música rock. El ejemplo más reciente de esta moda lo encontramos en We Summon the Darkness (Marc Meyers, 2019).

Estamos en 1988, como podemos deducir por las ropas de las protagonistas, el lenguaje y el letrero que aparece en pantalla indicando que es 1988. Alexis (Alexandra Daddario), Val (Maddie Hasson) y Beverly (Amy Forsyth) son tres amigas en ruta hacia un concierto de música heavy. Allí conocen a Ivan (Austin Swift), Kovacs (Logan Miller) y Mark (Keean Johnson), tres amigos "jeviatas" como ellas. Los seis deciden irse de fiesta tras el concierto y, como os podéis imaginar, las cosas se torcerán rápidamente para todos.

El film de Marc Meyers juega con muchos elementos que fácilmente atraen a los aficionados al género: la relación entre el terror y el rock duro, los 80 y Alexandra Daddario, que encarnó a la perfecta novia para los fans del terror en Enterrando a la ex (Burying the Ex, Joe Dante, 2014). Y, sin embargo, We Summon the Darkness acaba resultando una película anodina. Tal vez las limitaciones del bajo presupuesto afectaron a la película, el guion necesitaba más trabajo o el director no supo sacarle jugo al argumento. La cuestión es que la película promete más de lo que acaba ofreciendo. Las interpretaciones están bastante bien, en particular Daddario, también productora, que tiene un personaje muy jugoso. El film tiene un par de momentos divertidos, pero al llegar los títulos de crédito no hay nada que haga el film memorable.

El director no consigue crear la tensión que la historia exige, ni la mezcla de terror y comedia funciona. Sus carencias se hacen más evidentes si la comparamos con películas más exitosas en ese sentido como Satanic Panic (Chelsea Stardust, 2019). Se esfuerzo en aludir, de forma alegórica, a la hipocresía de la época y la doble moral de los televangelistas tan populares en Estados Unidos, pero no tanto como para salvar la película.

We Summon the Darkness puede servir para pasar el rato un domingo por la tarde, pero hay demasiadas películas que explotan mejor los elementos en que se sostiene la película de Meyers. Fans de Alexandra Daddario también pueden encontrar motivos para disfrutar con esta película.