28 may. 2020

Juegos sangrientos (Blood Games)


Hace poco vi en Netflix una película que acabó siendo toda una decepción a pesar de su premisa: Girls with Balls (Olivier Alfonso). Lo peor: es un obvio plagio de Juegos sangrientos (Blood Games, Tanya Rosenberg, 1990), una excelente película que mezcla thriller, acción y empoderamiento femenino.

El señor Collins (Ken Carpenter), un antiguo mercenario, decide contratar para el cumpleaños de su hijo Roy (Gregory Scott Cummins) un equipo de baseball femenino para celebrar un amistoso juego. Este equipo es Babe and the Ball Girls, capitaneado por Babe (Laura Albert), la cual está determinada a ganar. Cuando el equipo de Babe consigue su merecida victoria, los hombres del lugar no se lo toman bien. El señor Collins ha visto su orgullo masculino herido y primero se niega a pagar. Luego, Roy intenta violar a una de las chicas. Las chicas se defienden y Roy acaba muriendo, lo que provoca que el señor Collins reuna un pequeño ejército, determinado a que el equipo de Babe no salga vivo del bosque.

El film se abre con el juego de baseball en progreso. Esta secuencia sirve como resumen de lo que vendrá luego, desarrollando las distintas actitudes con que los dos equipos afrontan el juego. Los hombres, seguros en su superioridad física no se lo toman en serio, intentando meter mano a las jugadoras cuando pasan cerca suyo. Las mujeres se lo toman más en serio, están determinadas a ganar y, cuando ven que la victoria femenina es posible, los hombres empiezan a usar la violencia para ganar. Luego, cuando la caza de las mujeres se pone en marcha, se ve reflejada la misma actitud de los hombres depositando su confianza en las armas y la superioridad numérica, mientras que las mujeres han de confiar en su inteligencia y sus habilidades para sobrevivir.

No sé si Coralie Fargeat, la directora de la excelente Revenge (2017), ha visto esta película, pero ambas comparten temas y subtexto. Solo que Blood Games trató temas de empoderamiento y sororidad en 1990, cuando era una auténtica rareza que una película de género lo hiciera. Por supuesto, en el film de Tanya Rosenberg se mezcla una visión progresiva con los elementos propios de la exploitation, como desnudos gratuitos, para crear una cinta de acción con elementos de thriller que atrajera al consumidor habitual. Es decir, viendo esta carátula uno no se lleva la impresión de que va a ver un film más interesante que la típica exploitation:

Tal vez por eso la película se ha convertido en una cinta de culto que debería ser más mencionada cuando se habla de cine rape & revenge y feminismo. Y tampoco se debe obviar que como pura cinta de acción, Juegos sangrientos es tremendamente entretenida. La directora Rosenberg logra escenas muy tensas, estilizadas al estilo Sam Peckinpah, como una secuencia en que se produce un enfrentamiento en medio de una zona cubierta por la niebla.

Blood Games es un film adelantado a su tiempo y, al mismo tiempo, gran ejemplo del cine de acción de la época. La mezcla de acción y thriller de supervivencia hace que destaque por encima de la media. En definitiva, un título que os invito a descubrir y disfrutar.

26 may. 2020

Bats (Murciélagos) (Bats)


Hace poco leí en Bloody Disgusting un artículo reivindicando las virtudes de Bats (Murciélagos) (Bats, Louis Morneau, 1999). Bats era una película en la que no había pensado en mucho tiempo, aunque fui a verla al cine y fue de las primeras películas que me compré en DVD, si bien más porque el aparato era nuevo y no tenía mucha cosa que ver en él que porque pensara que era un film indispensable en mi colección. Pero lo que me ha llevado a verla de nuevo es el hecho de que el guionista fue John Logan, creador de Penny Dreadful y del spin-off Penny Dreadful: City of Angels, series que me disfruté mucho viendo (City of Angels se emite actualmente en Movistar+).

La historia de Bats es bastante sencilla: unos murciélagos, alterados genéticamente para aumentar su inteligencia y ser omnívoros, se escapan de un laboratorio y atacan un tranquilo pueblo tejano. El sheriff Emmet Kinsey (Lou Diamond Phillips) y la doctora Sheila Casper (Dina Meyer) están al frente del equipo encargado de acabar con estos murciélagos antes de que devoren Estados Unidos. Un argumento que es pura serie B y la película lo sabe, lo cual es su mayor virtud. Bats es una clásica película de serie B y no intenta ocultarlo, todo lo contrario, se regodea en ello.

El film contiene algunos tópicos propios de los 90, como el personaje que interpreta Leon, típico personaje gracioso de la época. Pero, principalmente, el film juega con los tópicos clásicos de este tipo de películas ejecutándolos de manera novedosa. El ejemplo más llamativo (y relevante en esta actualidad pandémica) es que, tras el estreno de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) se hizo bastante habitual el alcalde sórdido que se niega a cerrar las playas/parques/calles por miedo a que afecte al turismo y a los negocios. En Bats, en cambio, la alcaldesa Amanda Branson (Marcia Dangerfield) inmediatamente hace caso de lo que le dice el sheriff, el problema es que es la gente la que se niega a hacer caso e ignora los avisos de peligro, provocando la inevitable masacre para deleite del espectador.

Y es algo que, también, la película hace bien. Si vas a ver una película de terror que se titula Murciélagos lo que quieres ver son murciélagos al ataque, algo que el film ofrece en abundancia. Para ello mezcla diversas técnicas, como animatrónicos mezclados con primerizos murciélagos animados por ordenador. El resultado en su momento era bastante efectivo, pero hoy día los momentos CGI cantan bastante. De todos modos, no le resta diversión al espectador.

Resulta increíble que una película como esta se estrenara en cines, cuando hoy día seguramente se estrenaría directamente en vídeo, seguramente en Syfy (y probablemente hasta con los mismos actores), con resultados muy distintos. En su estreno el film fue un éxito, incluso teniendo en cuenta que en Estados Unidos se estrenó una versión censurada para mayores de 13 años. Pero es a través del vídeo y el DVD que Bats fue adquiriendo fans, surgiendo la inevitable secuela DTV Bats 2: Murciélagos (Bats 2: Human Harvest, Jamie Dixon, 2007), de la que sé poco más a parte de que existe.

Bats sabe lo que el espectador busca en una película como esta y se lo da en abundancia. Diversión ligera y poco exigente para los aficionados al género.


21 may. 2020

Segunda oportunidad: Inocentada sangrienta


Hace poco dejaron escritos un par de comentarios en un antiguo post que escribí sobre Inocentada sangrienta (April Fool's Day, Fred Walton, 1986). Estos comentarios hicieron que me diera cuenta de que el artículo ya no representaba mi opinión sobre el film, normal teniendo en cuenta que lo escribí hace casi diez años.

En realidad es más que mi opinión se ha suavizado. Volviendo a visitarla via DVD he aprendido a disfrutar la película por sus aciertos y sus fallos no me molestan tanto. Y con fallos me refiero al algo frustrante final. Un final que resulta insatisfactorio para mí por lo bien que había funcionado la película hasta entonces.

Para los que no conozcan el film: el primero de abril es en Estados Unidos el equivalente aquí al 28 de diciembre, es decir: Día de los Inocentes. Es entonces que Muffy (Deborah Foreman) invita a un grupo de amigos a su casa en una isla. ¿Y qué pasa entonces? Pues que empiezan a desaparecer uno a uno, eso pasa. ¿Podrá Kit (Amy Steel) resolver el misterio antes de que le llegue su turno?

Los más leídos se habrán dado cuenta de que el film es prácticamente una nueva versión de Los diez negritos de Agatha Christie, novela que ha sido muy influyente en el género slasher. Además, la película llegó cuando el género estaba ya bastante agotado, a pesar del soplo de aire fresco que había sido Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984) (1-2). Género cansado y final no muy celebrado fue lo que hizo falta para que el film fuera un fracaso en taquilla. Con el tiempo, Inocentada sangrienta ha sido una película reivindicada por fans del slasher como un antecedente a películas como las de la saga Scream (1-2-3).

Tal vez mi primer artículo de April Fool's Day no habría sido tan negativo sino fuera porque me había leído la novelización que escribió Jeff Rovin con el final original. Bueno, más que final era todo el tercer acto que añadía 20 minutos a la película. Paramount decidió que se eliminase toda esa sección, que fue sustituida por el chiste final que aparece antes de los títulos de crédito.

El miedo a que la película resultase demasiado larga (aunque habría durado menos de 2 horas, casi una rareza hoy día) la acabó condenando. Porque este tercer acto, sumado a todo lo anterior, seguramente habría convertido el film en un clásico dentro del género, mucho más apreciado de lo que es hoy día. Tuvo que pasar un tiempo hasta que pude desconectar la versión original de la película con la versión que finalmente se estrenó.

Pero no tiene sentido lamentarse por lo que pudo ser y no fue. En el presente, he aprendido a disfrutar con Inocentada sangrienta a pesar de todo. Tal vez también sea vuestro caso.



18 may. 2020

Cuando el destino nos alcance (Soylent Green)

Si os parece que ahora las cosas están mal, esperad a que llegue el 2022: superpoblación, paro generalizado, falta de alimentos, calentamiento global... La única alegría, nuestra dosis habitual de soylent, ya sea rojo, amarillo o el nuevo soylent verde. Así será el mundo en 2022, así es el mundo de Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973).

Al inspector Thorn (Charlton Heston) se le encarga investigar el asesinato del empresario William R. Simonson (Joseph Cotten). Pero cuando empieza a hacer avances, se le ordena que entierre la investigación. Pero Thorn no se detendrá hasta descubrir la verdad, aunque luego deseará no haberlo hecho. Esta es la trama de Soylent Green, a primera vista una trama bastante clásica dentro del género. Sin embargo, lo que ha convertido esta película en un clásico es el mundo futuro que nos presenta, el mundo que habitan los protagonistas. Un mundo al borde del caos, del colapso.

La película se basa en la novela de Harry Harrison ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! La novela, escrita a mediados de los 60, muestra una sociedad al borde del colapso por culpa de la superpoblación, pero este es solo el marco de la historia con una trama propia de la novela negra. Esta es una de las pocas ocasiones en que se puede decir que la adaptación cinematográfica supera el original literario. La manera en que el director Richard Fleischer convierte en realidad este mundo es realmente notable: los personajes continuamente sudando, agobiados por el calor que no baja. Las escenas exteriores tienen un tono verdoso debido a la contaminación. Los amontonamientos de personas sin recursos que llenan escaleras e iglesias. Mujeres convertidas literalmente en mobiliario, propiedades que se incluyen con los apartamentos de lujo. Todo apunta a una sociedad fracasada en que solo una minoría rica y poderosa tiene acceso a alimentos y otros lujos como el aire acondicionado. El film fue concebido a inicio de los 70, década en la que por primera vez se empieza a tener una ligera conciencia medioambiental cuyo origen se haya en la crisis energética y los primeros desastres medioambientales.

Pero lo que acabó de convertir la película en un clásico fueron los cambios realizados respecto a la trama de la novela, creando una intriga que sirve para potenciar el mensaje del film. El desenlace y su oscuro final conviertieron el film en algo memorable, un gran título que surge de una época en la que se estrenaban inteligentes cintas de ciencia ficción para el consumo general, que se harían muy escasas tras el estreno de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977).

Es por la manera en que nos introduce en su mundo, la trama y su conclusión que Soylent Green se mantiene relevante, su mensaje tan poderoso ahora como entonces, aunque haya algunos toques que sitúen el film claramente en los 70. Ahora es el momento perfecto para recuperar este clásico o para descubrirlo si no lo habéis visto.


15 may. 2020

Buck Rogers, aventuras en el siglo 25 (Buck Rogers in the 25th Century)


El impacto de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) no se redujo solo al cine. También se estrenaron diversas series de televisión que ofrecían su dosis de space opera a los aficionados. Sin embargo, los ejecutivos televisivos de la época no eran muy entusiastas del género, ya que series policiales, de acción o del oeste salían más baratas y tenían audiencia asegurada. Lo que explica que hubiera series de ciencia ficción que se cancelaran a pesar de tener buenas audiencias. Entre estas nuevas series de ciencia ficción se estrenó Buck Rogers, aventuras en el siglo 25 (Buck Rogers in the 25th Century, 1979-1981), creada por Glen A. Larson y Leslie Stevens.

Larson y Stevens habían creado también por las mismas fechas Galáctica, estrella de combate (Battlestar Galactica, 1978-1979). Pero Buck Rogers fue creada con un estilo que se alejaba del tono (relativamente) serio de Battlestar Galactica, haciendo un mayor énfasis en la diversión y la aventura. Lo cual resulta lógico ya que, igual que Flash Gordon, Buck Rogers fue creado en la edad dorada del pulp, protagonizando un serial a finales de los años 30 tras adquirir cierta fama en las revistas de ciencia ficción. La serie se puso en marcha reciclando decorados y efectos de Battlestar Galactica, lo que parece dar la idea de un show cutre. Pero el resultado del piloto fue tan bueno, que se estrenó una versión cinematográfica en cines: Buck Rogers: El aventurero del espacio (Buck Rogers in the 25th Century, Daniel Haller, 1979), para la que se hizo también el póster que ilustra este artículo.

Para esta nueva encarnación, la historia de Buck Rogers se alteró ligeramente. Ahora, Buck Rogers (Gil Gerard) es un astronauta que, debido a un accidente, queda congelado en su nave y ésta perdida por el espacio. 500 años después, la nave de Buck regresa, recogida por una fortaleza estelar del Imperio Draconiano, al mando de la princesa Ardala (Pamela Hensley). La princesa espera utilizar Buck como arma contra la Tierra, aunque no puede evitar sentirse atraída por él. Mientras, en la Tierra, el doctor Elias Huer (Tim O'Connor) y la coronel Wilma Deering (Erin Gray) se preparan para la llegada de los draconianos. Buck, devuelto por Ardala con un dispositivo de seguimiento colocado por su mano derecha Kane (Henry Silva), llega a la Tierra y descubre que han pasado 500 años. El robot Twiki (Felix Silla, voz de Mel Blanc) y la inteligencia artificial doctor Theopolis (voz de Eric Server), intentarán ayudar a Buck a acostumbrarse al nuevo siglo en el que vive. A partir de aquí, en cada episodio, el doctor Huer le encarga una misión a Buck y Wilma, que ambos resolverán mezclando técnicas del pasado y el presente. Por supuesto, la malvada Ardala reaparecerá para intentar conquistar la Tierra o a Buck, lo que pase antes.

La primera temporada de la serie es una auténtica maravilla. Cada episodo cargado con generosas dosis de diversión, entretenimiento y acción, la serie se hacía doblemente atractiva por la mezcla de estética pulp de los 30 y la estética disco de finales de los 70. Además, esta primera temporada contó con una impresionante lista de estrellas invitadas: Jack Palance, Roddy McDowall, Sid Haig, Richard Lynch y un largo etcétera. Uno de las más notables estrellas invitadas fue una joven Jamie Lee Curtis, interpretando a una prisionera que Buck ha de liberar de una especie de fortaleza infernal perseguidos por un robot asesino que no se detendrá hasta atraparlos (¿os suena de algo?).

He de admitir que mi principal interés por esta serie era nostálgico. Recuerdo que la serie me encantaba cuando era pequeño, una época en la que TV3 (la cadena autonómica catalana) emitía varias series que me marcarían, como Doctor Who (etapa de Tom Baker), Star Trek (1966-1969, Gene Roddenberry), La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964, Rod Serling), Batman (1966-1968, Lorenzo Semple Jr., William Dozier) y Dr. Slump (Dokutaa Suranpu Arale-chan, 1981-1986, Akira Toriyama). Si se refieren a esto con que TV3 adoctrina, desde luego conmigo funcionó porque me hizo fanático de la ciencia ficción, la fantasía y el terror (daban muchas pelis de terror por las noches). Pero, cuando empecé a ver en el presente Buck Rogers, me sorprendió lo mucho que disfruté regresando a este mundo, sin que la nostalgia tuviera nada que ver con ello. Por desgracia, los buenos tiempos no durarían.

Buck Rogers no reventó audímetros, pero tuvo bastante éxito. La segunda temporada se retrasó por huelgas del sector, así que se decidió aprovechar para cambiarla por completo. Básicamente, destrozaron la serie: la audiencia se desplomó y se canceló cuando solo llevaban 11 episodios. El principal cambio fue el argumento de la serie: ahora Buck y Wilma forman parte de la tripulación de la Searcher con la misión de contactar con otras tribus humanas. Es decir, convirtieron la serie en un cruce entre Star Trek y Battlestar Galactica. Las historias perdieron calidad y se añadieron personajes que no aportaban nada. La adición más significativa es la de Hawk (Thom Christopher), mitad hombre mitad pájaro, que se convierte en el nuevo compañero de acción de Buck. Lo que significa que Wilma se acaba convirtiendo en poco más que una azafata.

Esta segunda temporada también muestra ciertas tendencias ausentes en la primera y bastante preocupantes: además de hacer que Wilma ya no sea un personaje de acción y asexualiza la serie, en el episodio "The Satyr" dan una visión de la violencia machista terrible. La palma de misoginía se la lleva el episodio que sigue a "The Satyr" titulado "Shgoratchx!", que se inicia con el robot Crichton (otro personaje nuevo insoportable) diciéndole a Buck: "Típico de un hombre que proviene de un siglo en que la Tierra solo destacó por las guerras, la liberación de la mujer y el holocausto". Casi nada. En el mismo episodio, se muestra como algo divertido que Wilma sea prácticamente violada por los personajes protagonistas del episodio.

La segunda temporada parece una serie completamente distinta y es terrible. Sobretodo si la comparamos con la fantástica primera temporada. A pesar de todo, es una serie que recomiendo, aunque sea solo por esta primera temporada.


12 may. 2020

El último hombre... vivo (The Omega Man)


No sé qué me ha hecho pensar en esta película posapocalíptica en la que una plaga diezma la humanidad, pero vamos a hacerle un poco de compañía a El último hombre... vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971).

Robert Neville (Charlton Heston) es el único humano inmune a una terrible plaga que ha matado a la mayoría de la humanidad, provocada por una guerra bacteriológica. Neville dedica sus días a pasear por una ciudad vacía, sin nada que hacer más que deambular sin rumbo y matar a los infectados supervivientes que salen por la noche para cazarlo a él. Todo cambia para Neville cuando descubre a otros supervivientes infectados pero que siguen siendo humanos.

La película adapta la clásica novela de Richard Matheson Soy leyenda. La novela había ya sido adaptada unos pocos años antes como El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964), pero el proyecto se inició desconociendo la existencia de esa película, que por entonces era considerada poco más que una olvidable película de serie B. The Omega Man introduce muchos cambios respecto a la novela, siendo el principal que los vampiros imaginados por Matheson aquí son una especie de mutantes, el producto de la plaga que asola el mundo. De todos modos, mantienen muchas de las características de los vampiros de la novela: duermen de día y la luz del sol les perjudica, atacan constantemente a Neville y han creado su propia sociedad. Las diferencias entre novela y película no se detienen ahí, también se introduce a una serie de jóvenes supervivientes, que esperan a que la enfermedad les haga efecto tarde o temprano.

El último hombre sobre la Tierra sigue siendo la mejor adaptación que se ha hecho hasta la fecha de la novela de Richard Matheson. The Omega Man pierde bastante en comparación, pero también tiene sus puntos de interés y, a pesar de todo, es un film bastante entretenido. También es cierto que la desastrosa Soy leyenda (I Am Legend, Francis Lawrence, 2007), tercera adaptación oficial de la novela de Matheson, ha contribuido a reevaluar The Omega Man.

El principal problema de El último hombre... vivo es que fue dirigida por Boris Sagal, un técnico eficiente pero poco más. No le aporta nada de personalidad al film, de eso se encargan el guion y Charlton Heston, un actor que no se caracterizaba por ser una persona bastante conservadora en lo personal pero eso no le impidió protagonizar varias cintas de ciencia ficción muy progresivas. El film es muy propio de la época en que fue rodado, con muchas referencias que a muchos se les escaparán hoy día. Por ejemplo, la secta de mutantes que lidera Matthias (Anthony Zerbe) se llama a si misma la Familia, en referencia a la secta que lideró Charles Manson. Los diálogos incorporan mucho argot de la época, con referencias al "Black Power", incorporando temas raciales polémicos en aquel entonces. Finalmente, es un film que arrastra también la resaca de lo que fue "el verano del amor", mostrando a la juventud como la única esperanza del futuro, ante un sistema obsoleto y caduco, que representan Neville y la Familia. Resulta llamativa la referencia que se hace al festival de Woodstock a través del documental estrenado en 1970 y que enlaza con el mensaje final a través del fragmento que se muestra.

Woodstock (Michael Wadleigh, 1970) es también el film que Neville ha visto cientos de veces, al ser la única película que se proyectaba cerca de su zona. Al principio parece que simplemente la está viendo, pero cuando empieza a recitar los diálogos al mismo tiempo que aparecen en pantalla, te das cuenta de que lleva viendo la misma película durante muuucho tiempo. Es uno de los pequeños toques que muestran cómo lleva la vida en solitario Neville. Siendo otro momento significativo cuando ve una modelo en un calendario y anhela por el contacto humano con una mujer que nunca volverá a experimentar. Lo que yo llamo "sábado por la noche".

The Omega Man tiene sus problemas, es un film muy setentero para lo bueno y para lo malo, pero sigue siendo entretenido y parte de su mensaje no se ha perdido. Cierto, El último hombre sobre la Tierra capta mejor el pathos de la novela y la adapta mejor, pero no por ello tenemos que desechar por completo esta segunda adaptación. De hecho, es mejor que la propia adaptación que Richard Matheson escribió pero que no se rodó titulada Las criaturas de la noche, que podéis leer en la edición 60 aniversario que editó Minotauro. Es por ello que, si no la habéis visto, os recomiendo que os olvidéis de la terrible versión que protagonizó Will Smith y le deis una oportunidad a El último hombre... vivo.


5 may. 2020

Buscando justicia (Out for Justice)

 
Es difícil unir en un mismo artículo los conceptos "buena película" y "Steven Seagal", pero espero que me deis el beneficio de la duda y le deis una oportunidad a esta película.
 
La década de los 80 fue la edad dorada del cine de acción musculada hipermasculina. Fue el reino de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, seguidos por Jean-Claude Van Damme, Dolph Lundgren, Michael Dudikoff y Chuck Norris, pionero del género. Pero, aunque en años recientes se ha querido recuperar este estilo de acción con Dwayne Johnson y Vin Diesel, esta manera de entender el cine de acción fue perdiendo popularidad hacia finales de los 80, con la llegada de Bruce Willis y Mel Gibson. El género entró en decadencia durante la década los 90, hacia el final de la cual muchos de los ídolos que dominaron los 80 se vieron abocados al mercado del directo a vídeo, peleándose en las estanterías de los videoclubes lejos de las taquillas.

Steven Seagal llegó tarde a la fiesta, estrenando su primera película en 1988, pero lo compensó empezando directamente como protagonista y estrella. Entre 1988 y 1991 protagonizó cuatro películas bajo contrato con la Warner. Esta cuatro películas, recomendables incluso para aquellos a los que no les guste Seagal, representan la edad dorada del actor. De estas cuatro, Buscando justicia (Out for Justice, John Flynn, 1991) es la más interesante y peculiar, apartándose de la fórmula habitual, presentando una historia cargada de urgencia y tensión.

La acción transcurre en un día en Brooklyn. Para el inspector Gino Felino (Steven Seagal) el día arranca con una redada. Mientras, Richie Madano (William Forsythe), amigo de infancia de Gino, asesina al compañero de Gino Bobby (Jay Acovone) en plena calle. Para Richie, cuya locura psicopática se va alimentando con generosas dosis de coca, este asesinato es solo el principio: quiere pasearse por su barrio vengándose de pasadas ofensas y asesinando a todo aquel que se le ponga por delante. Gino seguirá el rastro de destrucción que deja Richie a su paso con la intención de vengarse por el asesinato de su compañero. Y tendrá que darse prisa porque la mafia también va tras Richie, cuya locura pone en peligro sus negocios.

John Flynn, director del clásico de culto El ex-preso de Corea (Rolling Thunder, 1977), mantiene la urgencia de la historia alternando la acción entre Gino y Richie, ambos embarcados en su peculiar viaje hacia el pasado. Esto demanda de Seagal que se esfuerce un poco más de lo normal en intepretar su personaje y no se puede negar que lo intenta. Aunque no es 100% efectivo, se ha de apreciar su intento de convertir a Gino en un ser humano con emociones. También resulta novedoso que Gino es un policía moralmente ambiguo, que ha mantenido los contactos con las familias mafiosas bajo las que creció. Forsythe, por otro lado, domina la película como el encocado y demente Richie, capaz de matar a una mujer por el simple hecho de decirle que aparte su coche.

Aunque también hay sitio para los one liners y los momentos ridículos inherentes al género en aquel momento, Buscando justicia adopta un estilo más violento y crudo propio de una historia criminal más cercana al cine policíaco que a la acción testosterónica. Razón por la que creo es un film bastante recomendable.