20 abr. 2011

Érase una vez... La revolución


Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra.
Mao Tse-Tung

Sergio Leone no puede hacer una película que no sea interesante.
Pier Paolo Pasolini

Parece increíble que a día de hoy la magnífica ¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, 1971) de Sergio Leone siga inédita en España. Digo inédita porque las versiones que corren por aquí, aparte de pésima calidad de imagen y sonido, son versiones a las cuales les falta hasta una hora de película respecto al montaje original de Leone, con lo que, a no ser que la hayáis visto de importación, no la habéis visto aunque creáis que sí. La única versión que contiene el metraje completo de la película y la correcta banda sonora (del maestro Ennio Morricone) de principio a fin es la edición americana que apareció en DVD hace ya unos cuatro años.

El por qué existen estas versiones cortadas, ya sea por la censura o para acortar la duración, radica en la evolución de Sergio Leone como cineasta. Tras las magníficas Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964) y La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965), Leone tuvo la ambición de convertirse en el David Lean italiano y crear grandes películas épicas. Fue ahí que empezaron los problemas de distribución y cuando empezaron a recortar sus películas sin ningún respeto, ya que, mientras Leone evolucionaba como cineasta, los distribuidores y productores le pedían más de lo mismo: enérgicos y violentos spaghetti westerns que dieran mucho dinero. Ya con El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966) los distribuidores empezaron a masacrar la película para reducir sus tres horas de duración a tiempos más manejables. La siguiente en ser masacrada fue Hasta que llegó su hora (C'era una volta il West, 1968), una soberbia película, la primera de la serie Érase una vez -el título original es Érase una vez el Oeste-, que de nuevo fue recortada para reducir sus tres horas de duración. Su última película, la magnífica Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984), fue no sólo recortada de las tres horas y 47 minutos que dura a dos horas y 20 minutos, también fue reeditada para que siguiese un orden cronológico en Estados Unidos. Imaginad que hubiesen hecho lo mismo con El Padrino. Parte II (The Godfather: Part II, Francis Ford Coppola, 1974).

Por tanto, si la versión que habéis visto de ¡Agáchate, maldito! dura menos de 157 minutos, no es la versión que se ha de ver. Además de los diferentes cortes, también hubo un serio baile de títulos. Originalmente, la intención era titularla Érase una vez la revolución, pero temores de que se confundiera con la película de Bernardo Bertolucci Antes de la revolución (Prima de la rivoluzione, 1964) hizo que se cambiara el título a Giù la testa que literalmente significa "agacha la cabeza" y es una expresión italiana que quiere decir "no te involucres", lo cual tiene bastante sentido considerando el tema de la película. Sin embargo en Francia, que son bastante perspicaces en cuanto a apreciar arte despreciado en otros países, sí se tituló Il était une fois... la révolution, es decir: "érase una vez... La revolución." Mientras en Estados Unidos se tituló primero A Fistful of Dynamite ("un puñado de dinamita") y luego se retituló por insistencia de Leone Duck, You Sucker igual que en España. El de Érase una vez... La revolución es el título que personalmente más me gusta, y sirve para unir sus últimas tres películas (oficiales) en una trilogía, igual que sus tres primeros westerns se unen en la llamada Trilogía de los dólares.

(Ya sé que muchos la llaman la Trilogía del Hombre sin Nombre. Pero este rollo del Hombre sin Nombre fue inventado por los distribuidores americanos mientras promocionaban Por un puñado de dólares. Es un concepto atractivo pero falso. En las tres películas Clint Eastwood tiene nombre, de hecho tres: en cada película es un personaje diferente.)

Pero habéis llegado hasta aquí y es posible que muchos no tengáis ni idea de que trata ¡Agáchate, maldito! o penséis que se trate de un spaghetti western como La muerte tenía un precio. Ésta película se podría decir que es la película política de Leone. Ambientada en plena revolución mejicana, aproximadamente entre 1910-1915 -no se da una fecha exacta en la película pero por las referencias a Pancho Villa imagino que antes de 1915-, está protagonizada por Juan Miranda (Rod Steiger), un ladrón al frente de una banda formada en gran parte por su familia, y Seán H. Mallory (James Coburn), un miembro del IRA que huye de la ley inglesa. Como señala Juan, el nombre de ambos es John (en inglés), coincidencia que Juan considera una señal del destino. Y ciertamente sus destinos quedan unidos para bien y para mal.


Al principio de la película se nos presenta a Juan como un pobre recogido por unos ricos burgueses en una lujosa diligencia. Leone no fue nunca considerado seriosamente por la élite intelectual italiana como cineasta (excepto por algunos realmente inteligentes como Pasolini) pero en ésta escena logra representar la decadencia y corrupción burguesa en apenas unos minutos de una manera brutal y efectiva. Utilizando primeros planos de ojos y bocas de los burgueses (incluido un miembro de la Iglesia, por supuesto) al tiempo que oímos comentarios que equiparan los campesinos con animales y relacionan la revuelta de los campesinos con "los problemas que causan los negros en Estados Unidos", Leone nos muestra la decadencia de la clase dirigente de manera tremendamente efectiva. Luego la escena da una vuelta cuando Juan se revela como un atracador y devuelve todas las puyas y humillaciones que le han lanzado.

Pero si Leone no se corta a la hora de representar una burguesía corrupta y un sanguinario estamento militar, tampoco lo hace a la hora de representar los conflictos, traiciones y desengaños de los revolucionarios. En este aspecto es interesante la historia de Seán, que se rebautiza John para que resulte un nombre más familiar pero también como desengaño por sus ideales de liberación irlandesa. Seán llega a México con la intención de trabajar en unas minas, pero no tardará en verse envuelto en la revolución mejicana a la cual arrastrará a Juan, el cual sólo está interesado en robar bancos y hacerse rico. Es durante su experiencia mejicana que rememora con amargura su desgraciada experiencia irlandesa y ve como los mismos errores y vicios se cometen. La amargura y desengaño de Seán se resumen en este diálogo:

Antes creía en muchas cosas, ¡en todas! Ahora, sólo creo en la dinamita.

También resulta interesante la opinión de Juan al respecto:

Ya sé lo que me digo cuando hablo de revoluciones. La gente que lee libros va a la gente que no sabe leer, los pobres, y dice: "Tenemos que cambiar las cosas." Así, los pobres hacen el cambio. Y entonces, la gente que lee los libros se sientan todos en unas grandes mesas pulidas y hablan y hablan y hablan y comen y comen y comen. Pero, ¿qué pasó con los pobres? ¡Están muertos! Ésa es tu revolución. Así que hazme el favor, ¡no me hables de revoluciones! ¿Y qué pasa luego? La misma mierda empieza otra vez.

Tras esta parrafada de Juan, Seán tira el libro que estaba leyendo: El patriotismo de Mijaíl Alexándrovich Bakunin.

Hay que mencionar que tanto Rod Steiger como James Coburn están absolutamente fantásticos. Me sorprendió Steiger que, acostumbrado a verle sobreactuar, ofrece una interpretación moderada con grandes momentos. Coburn está dentro de su acostumbrada excelencia.

La manera que tiene de representar ambos bandos Leone hace referencia al título italiano de la película: "no te impliques." Leone muestra ambos bandos bajo un prisma negativo y crítico. Claro que las críticas más fuertes están dirigidas al gobierno corrupto y el estamento militar, que se dedica a masacrar campesinos sin muchos miramientos, proporcionando escenas tremendamente impresionantes. Las críticas hacía los revolucionarios van más bien dirigidas hacia aquellos que no mantienen sus ideales o que los usan en su propio interés y beneficio. Juan es el único realmente honesto: quiere hacerse rico y por ello sigue a Seán con la esperanza de que le ayude a reventar bancos, sin embargo se convierte en héroe de la revolución a pesar suyo.

En éste último aspecto incide una de las escenas más divertidas de la película: Juan va abriendo compartimientos de un banco con la esperanza de encontrar oro y lo único que hace es ir liberando prisioneros políticos, lo cual no evita que se decepcione.

La historia de Juan presenta en un principio aspectos humorísticos pero luego se va volviendo más dramática a medida que avanza la película. Los motivos de ello no los destriparé por si no la habéis visto, pero resulta interesante ver como evoluciona el personaje.

La historia de Seán, o John como se hace llamar, resulta para mí más interesante, sin despreciar en absoluto la de Juan ya que ambas son, en cierta manera, la misma y están juntos durante la parte de la película que transcurre en el presente; pero me resulta interesante, digo, ya que nos muestra un hombre que actúa de manera amargada y desengañada pero al mismo tiempo lo suficientemente ingenuo o romántico para verse de nuevo envuelto en otra revolución. El gradual descubrimiento de su pasado irlandés a través de flahsbacks a lo largo de la película nos descubre algunas de sus motivaciones, pero igualmente resulta interesante la complejidad del personaje. Es decir, ¿qué hace que huya de una revuelta y decida esconderse en otra? He de añadir que el último y más revelador flashback del personaje resulta eliminado o recortado en las versiones truncadas.

Ésta película fue para mí todo un descubrimiento. La descubrí cuando, hace cuatro años, me compré en Estados Unidos (por Internet, no os penséis) la Sergio Leone Anthology que consistía en la Trilogía de los Dólares y ésta película como un añadido extra, en total ocho discos de maravilla cinematográfica. Es una de las películas más desconocidas de Leone, por las razones anteriormente expuestas, y también de las más interesantes. Para los fans del spaghetti western está llena de grandes momentos que son puro Leone, pero para aquellos que no les guste el western también resulta interesante no sólo por su contenido político, también por su componente dramático y temático: no es un western al uso. Insisto en que veáis la versión integra, que se abre con la cita de Mao que he puesto al inicio del post, ya que las versiones truncadas le quitan dramatismo y épica y no representan la genial visión de un director demasiado tiempo infravalorado.

5 comentarios:

Dr. Gonzo dijo...

Grandísima película del enorme Leone, y eso que he visto la versión recortada... a ver si algún dia la editan como es debido.

No entiendo por qué está tan infravalorada. Incluso me parece superior a la trilogía de los Dólares (a excepción de El bueno, el feo y el malo, que es asquerosamente perfecta)

El comienzo espectacular, y cuando ambos protagonistas se conocen, insuperable. Picándose mutuamente, a ver quien pega el petarzado más gordo jaja

Raül Calvo dijo...

Pues si te gustó recortada, la completa te va flipar.

Dan85 dijo...

el papel de juan me encantaria haberlo visto con el actor Eli Wallach, en un papel similar al de tuco. para mi esa actuacion es majestuosa y se hubiera adaptado muy bien a esta de juan ... excelente pelicula. Genio Leone

Raül Calvo dijo...

Si no recuerdo mal en un momento de la preparación de la película Eli Wallach iba a interpretar el papel de Tuco, aunque ahora mismo no recuerdo que pasó al final.

Dan85 dijo...

Excelente dato. gracias. Creo que esa era la idea. tomando en cuenta eso. hace una semana recien la vi la pelicula por primera vez y quede fascinado. solo me falta la Once Upon a Time in America, que espero llevaria la secuencia perfecta de la trilogia. ojala sea por lo menos igual de buena que las dos anteriores.

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