3 jul. 2020

No le digas a mamá que la canguro ha muerto (Don't Tell Mom the Babysitter's Dead)

 
Seguramente os ha pasado más de una vez: escucháis o leéis comentarios sobre una película de culto que ha amasado gran número de fans, la véis y a vosotros no os dice nada. Es lo mismo que ver un clásico que todo el mundo pone por las nubes y a vosotros no os gusta. Le pasa a todo el mundo, a mí hace poco me pasó con No le digas a mamá que la canguro ha muerto (Don't Tell Mom the Babysitter's Dead, Stephen Herek, 1991).

Me picó la curiosidad por esta película tras las distintas referencias que hizo a ella Kevin Smith en sus películas, en particular en Jay y Bob el silencioso: el reboot (Jay and Silent Bob Reboot, Kevin Smith, 2019). Buscando información por internet descubrí su argumento, unos chavales se quedan solos con una canguro terrible que se muere dejando a los chavales sin supervisión hasta que regrese su madre de vacaciones, y que, a pesar de pasar desapercibida cuando se estrenó al inicio de los años 90, había adquirido un estatus de cinta de culto con una gran cantidad de fans que pedían ediciones de la película en Blu-ray (es fácil de encontrar en DVD por cuatro perras). Estaba protagonizada por Christina Applegate, entonces bastante popular gracias a la clásica y pionera serie destroyer Matrimonio con hijos (Married with Children, creada por Ron Leavitt y Michael G. Moye, 1987-1997), también aparece en un papel secundario un David Duchovny pre-Expediente X. El director era Stephen Herek, director de dos películas que me encantan: Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted's Excellent Adventure, Stephen Herek, 1989) y Critters (Stephen Herek, 1985).
 
Muy bien. Tenemos argumento que promete comedia, reparto interesante de volver a ver en sus inicios y un director que había demostrado, por lo menos dos veces, que podía dirigir buenas películas. Con mente abierta y pensamientos positivos empecé a ver la película. Y, durante un tiempo, todo fue bien. Luego, la película simplemente se desinflaba.
 
El inicio promete bastante, aunque era obvio que los chavales protagonistas, incluida la futura scream queen Danielle Harris,  aprenderían una lección sobre responsabilidad para cuando desfilaran los títulos de crédito al final. La comedia se mantiene mientras los chavales se enfrentan a la canguro y cómo intentan sobrevivir mientras la madre no vuelve. Pero entonces Swell, el personaje de Christina Applegate, encuentra trabajo en una empresa de moda y confección, momento en que No le digas... se convierte en una especie de Armas de mujer (Working Girl, Mike Nichols, 1988) adolescente. A partir de aquí los conflictos parecen muy rebuscados, poco creíbles y menos interesantes, haciéndose las risas más y más espaciadas hasta desaparecer.

Tal vez sea algo nostálgico y si la hubiese visto en su momento ahora sentiría una conexión con No le digas... que me haría hacer la vista gorda antes sus fallos. Personalmente, me habría parecido más divertida si: el incidente que da título a la película se alargara un poco más, explotando cómicamente cómo los chavales intentan hacer ver ante los vecinos y la madre que la canguro sigue viva (no sucede en la película), que los dos mayores se enfrentaran a una lista de trabajos basura que diese para más gags en lugar de poner a Swell trabajando de ejecutiva y ya está. Y a través de esta experiencia de trabajos basura los dos mayores tendrían el impulso necesario para llegar al mismo sitio al que llegan ahora pero de forma más entretenida y repartiendo el protagonismo.

No le digas... acaba siendo solo media película interesante, que ni siquiera me satisface a nivel nostálgico, como hace Ya no puedo esperar (Can't Hardly Wait, Harry Elfont, Deborah Kaplan, 1998). Aunque, claro, en aquel entonces estaba enamorado de Jennifer Love Hewitt, como muchos y muchas en aquel entonces.


La verdad, ahora que la he mencionado, casi que recomiendo recuperar, para los que vivieron la época, Ya no puedo esperar.


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