11 oct. 2016

El ataque del bebé abortado mutante asesino

 
Este es el tipo de películas por las que vivo. Después de pasarte horas explorando, viendo mediocridades y diversas abominaciones cinematográficas, te tropiezas con maravillas como The Suckling aka Sewage Baby (Francis Teri, 1989) y hace que todo el tiempo invertido valga la pena.

Supe que esta película me iba a gustar desde el principio, en el que aparece un texto en pantalla imitando el de La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974), aunque situando la acción de la película el uno de abril de 1973. El uno de abril es cuando se celebra en Estados Unidos el día de los inocentes y 1973 es el año en que transcurren los hechos del clásico de Hooper. De todos modos, viendo el film (rodado a finales de los 80) no parece que se hiciera ningún esfuerzo por situar la acción en los 70, así que intuyo que fue una decisión posterior añadir el texto.

Y arranca la película, con una doble escena onírica. Por suerte, el film se rodó usando super16 mm en lugar de vídeo, como ya empezaba a ser costumbre, así que su look ayuda a sobrellevar mejor el bajo presupuesto (no tenían ni para añadir fogonazos a las armas). La historia que cuenta es bastante demencial: una pareja acude a un lugar donde se realizan abortos ilegales que es también un prostíbulo. Después de que la chica haya sido obligada a abortar, tiran el feto por el water (que debe ser muy potente para absorberlo entero). El feto abortado cae en una alcantarilla, donde es contaminado por residuos tóxicos y se convierte así en un monstruo letal que atrapa a todos los que encuentran dentro del prostíbulo, bloqueando puertas y ventanas con una extraña sustancia.

Empezaría así lo que podría ser la típica creature feature, con el aborto asesino matando una a una a las personas que ha atrapado dentro del prostíbulo. Sin embargo, esto es lo que hace destacar a The Suckling porque, aunque tiene momentos típicos del género, la colección de personajes que reúne y la evolución de la historia está llena de giros demenciales que no te esperas.
 
El tono de la película, un cruce entre Frank Henenlotter y David Lynch, también le añade interés. Se inicia con una divertida mezcla de terror y comedia, con momentos que me hicieron reír a carcajadas, pero a medida que avanza la película se va convirtiendo en una pesadilla claustrofóbica que culmina con un delirante clímax que mezcla Tokyo Snuff (Shiryô no wana, Toshiharu Ikeda, 1988) con el típico shock ending de infinidad de cintas de serie B.

The Suckling es demencial, delirante y trash y disfruté cada depravado minuto. Es pura diversión, una película que recomiendo, en especial a los que disfruten explorando los rincones más oscuros del séptimo arte.


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