24 jul. 2014

Pit Stop

 
El póster prometía acción a raudales y choques de coches, que es todo lo que Roger Corman quería. Pero por una vez tenemos una película que va más allá de lo que promete su póster, ya que Jack Hill convirtió Pit Stop (1969) en un film que nos ofrece una interesante historia de deshumanización disfrazada de simple cinta de coches.

Como seguidor de Hill, la noticia de que su film Pit Stop iba a ser editado en Blu-ray me llenó de excitación y ganas de ver uno de los títulos menos conocidos de este fascinante director. No sabía bien qué esperar, porque pertenecía a la época en que Hill trabajaba para Roger Corman y su trabajo entonces se había reducido a completar películas y rodar material adicional para olvidables producciones de la factoría Corman. Pero este film en concreto fue producido, escrito, dirigido y editado por Hill.

Las carreras de coches no me parecen un tema demasiado interesante y tampoco se lo parecía al propio Hill. Cuando Corman le pidió que le hiciera una película de coches, Hill respondió que quería hacer un film de autor. Corman le respondió que mientras hubiera carreras y coches chocando podía hacer lo que quisiera. Y esto es lo que hizo Hill, un film sobre como un hombre pierde su alma.

El film empieza con la presentación de Rick Bowman (Richard Davalos), corredor de carreras ilegales cuya última hazaña concluye con él detenido por la policía. El empresario Grant Willard (Brian Donlevy), que observaba la carrera ilegal buscando nuevos talentos, le invita a unirse a su equipo de conductores en una competición de carrera en 8 (el circuito tiene forma de 8, con lo que se produce una zona de intersección en que los accidentes y choques están asegurados). Al principio Bowman se niega a participar en semejante locura, pero tras conocer a su rival Hawk Sidney (Sid Haig), decide aceptar la proposición de Willard. Tras su primera carrera y rápida derrota, convertirse en el campeón se convertirá en una obsesión para Bowman.

Antes de ver esta película no tenía ni idea de lo que era competir en un circuito en 8, mi reacción al ver lo que era no fue muy diferente de la del protagonista de la película: es una locura, una pesadilla ballardiana cuyo objetivo parece ser ofrecer a los espectadores accidentes de coche para su disfrute. Teniendo en cuenta lo demente de esta práctica, el retrato que hace Hill de su entorno resulta muy interesante. En este sentido es un film muy moderno y visceral, gracias especialmente a sus limitaciones presupuestarias. Muchos de los personajes que aparecen en el film se interpretan a si mismos, ya que era una manera de conseguir localizaciones gratuitas. Las escenas de carreras se realizaron rodando auténticas carreras en las que se integraban a los actores de manera bastante efectiva.

Pero lo más interesante del film es la forma con la que Hill juega con las expectativas del espectador. Al principio todo parece bastante habitual: tienes al bueno molón y al villano bocazas. Pero a medida que va avanzando la película, nos encontramos con que el bueno se va deshumanizando y el villano se va humanizando. Los personajes que interpretan Davalos y Haig tienen arcos paralelos que los hacen avanzar y cruzarse de la forma que lo hacen en la pista en 8. Esto funciona, además de por el talento de Hill, por las brillantes interpretaciones que ofrecen los dos actores. De hecho, todo el reparto está muy bien, contribuyendo a darle autenticidad al film.

No sabía qué esperar de esta película y me sorprendió agradablemente. Pensé que sería una simple cinta de acción automovilística pero resultó ser mucho más, todo un descubrimiento dentro de la ya de por sí fantástica obra de un director que debería ser más conocido.


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