Un grupo de personas, recién contratadas para mantener y como servicio de un castillo, viaja en autobús hacia su destino. Cuando el chófer muere de un ataque al corazón, el grupo se ve obligado a hacer una parada no prevista en un solitario pueblo. Allí se encuentran con Luis (Jack Taylor), un comerciante que también ha parado en el pueblo, pero a nadie más. ¿Está el pueblo deshabitado? No es hasta la noche que los pueblerinos salen de su escondite para beber sangre, ya que este es un pueblo de vampiros.
La década de los 70 del siglo XX fue un momento de especial popularidad de los vampiros tanto en el cine, como en novelas, cómics y la televisión. Aunque entraba en plena decadencia, la Hammer había mantenido al vampiro gótico en forma, mientras que la serie de televisión creada por Dan Curtis Dark Shadows (1966-1971) había popularizado el vampiro moderno con Barnabas Collins (Jonathan Frid); películas como Drácula negro (Blacula, William Crain, 1972) y El conde Yorga, vampiro (Count Yorga, Vampire, Bob Kelljan, 1970) habían trasladado al vampiro clásico a entornos modernos y urbanos. La orgía nocturna de los vampiros (León Klimovsky, 1973) hace algo parecido a lo que hacen estas películas, pero en un entorno rural aislado. Así, contiene elementos propios del terror gótico pero, al mismo tiempo, traslada los vampiros al presente actual (de entonces). El film también contiene trazas del cine de zombis moderno, recientemente transformado mediante el clásico La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), algo que el director León Klimovsky volvería a repetir con Último deseo (1976). Algunas de las escenas en las que atacan los vampiros tienen más en común con los ataques de zombis romerianos que con los ataques más clásicos de vampiros.
Klimovsky fue durante mucho tiempo no apreciado como se merecía. Director todoterreno, se consideraba a si mismo un simple artesano y tenía una actitud humilde parecida a la que tenía el director Mario Bava. Pero viendo sus películas, está claro que Klimovsky era un director con una visión más artística de la que podría parecer a simple vista. Independientemente del guion, el director era un experto en crear atmósfera y crear interesantes soluciones visuales. Esta película no es una excepción, el director le otorga a este pueblo de vampiros una inquietante atmósfera, con esas calles vacías en las que acechan criaturas nocturnas en la sombra. El film también hace gala de un macabro humor negro, siguiendo un plano en el que a uno de los vampiros le cortan una pierna seguido de un plano de un asado que va a ser comido por humanos, sin saber de qué carne se trata. Estos toques macabros de humor surgen del guion de Gabriel Moreno Burgos y Antonio Fos, que también añaden un subtexto político a la película.
Eran los 70 y la Dictadura estaba agonizando, el subtexto político era casi inevitable. En este caso, la alegoría consiste en que la estructura del pueblo vampiro es una crítica del capitalismo. Hay un ente poderoso, en este caso la Señora, una reina vampira interpretada por Helga Liné, representante de los ricos y poderosos, que mantiene a sus subordinados hambrientos y sometidos completamente a su autoridad. Es una lectura bastante obvia, teniendo en cuenta la época en que fue realizada la película, un momento muy politizado, pero no por ello sin mérito que pasó completamente desapercibida por la crítica de la época, que no vio ningún valor artístico en el film.
A pesar de cómo fue vista en el momento de su estreno, la película ha envejecido como el buen vino. Tiene un reparto muy efectivo, en el que encontramos nombres notables como Jack Taylor, Luis Ciges y la mencionada Helga Liné, pero lo más notable es que ni la historia ni la dirección de Klimovsky han perdido fuerza. Os sugiero aceptar la invitación a La orgía nocturna de los vampiros.

0 comentarios:
Publicar un comentario