En 1973 Robin Hardy estrenó la obra maestra de culto El hombre de mimbre (The Wicker Man), un film clásico y único que con el tiempo ha alcanzado un estatus que ni siquiera el desastroso y misógino remakeWicker Man (2006) de Neil LaBute ha conseguido empañar. 38 años después de dirigir la original The Wicker Man, Hardy nos ofrece The Wicker Tree (2011), adaptación de su novela Cowboys For Christ (que ahora se vende también con el título The Wicker Tree).
El principal problema que tiene esta película es el mismo que tienen otras secuelas y continuaciones que llegan tras décadas de la primera película. Dejar pasar más de cinco años para hacer una secuela es peligroso: en ese tiempo el público o ha olvidado la original y no le interesa ver una continuación, o la original ha alcanzado una altura en la mente del espectador que ninguna secuela puede aspirar a alcanzar (hay excepciones, por supuesto, como Aliens (El regreso) [Aliens, James Cameron, 1986]). Y cuando han pasado décadas es aún peor, como os puede decir George Lucas. En el caso de The Wicker Man, sin embargo, nos encontramos ante un film conocido y reverenciado por los fans del género, pero que es bastante desconocido fuera, o por lo menos no tan conocido como debería serlo (si no la habéis visto, dejad inmediatamente lo que estéis haciendo y buscadla, es una película única); así que es posible que muchos aficionados al fantástico recientes desconozcan el film original y puedan juzgar The Wicker Tree por si misma.
Sin embargo, yo soy un fan de The Wicker Man y eso ha afectado mi visión de The Wicker Tree, para bien y para mal. Por cierto, antes de continuar, he de decir que, si os entran ganas de ver The Wicker Tree, la edición en Blu-ray inglesa de Anchor Bay trae subtítulos en castellano para la película, pero no lo indica en la carátula.
El film se inicia con el viaje que hacen Beth Boothby (Brittania Nicol) y Steve Thompson (Henry Garrett) a Escocia. Beth es una cantante country cristiana renacida y junto a su prometido Steve quiere llevar la palabra de Dios a las paganas gentes de Escocia. Han iniciado el viaje invitados por Sir Lachlan Morrison (Graham McTavish) y Lady Delia Morrison (Jaqueline Leonard), los cuales insistirán que la pareja de misionarios participe en el festival que se celebra en su ciudad. Lo cual, como os podéis imaginar, traerá nefastas consecuencias para la pareja.
Esta secuela espiritual de The Wicker Man toca los mismos temas que la original, el enfrentamiento entre religión pagana y cristiana, la tentación y corrupción de las propias creencias, etc.; así como añade algún toque de ecologismo, intenta adoptar el mismo tono e incluso hay un cameo de Christopher Lee, protagonista de la primera y que tenía también que protagonizar esta pero una lesión de espalda sufrida en un rodaje anterior lo impidió. Y al igual que en la primera, la música también juega un papel importante en este film.
Lo que diferencia este film del primero es que la comedia está mucho más presente, un estilo de humor irónico, seco y negrísimo que he de admitir me gusta mucho. The Wicker Tree es muy divertida y logra auténticos golpes de genio, como el momento en que se descubre el pasado nada cristiano de Beth en un reportaje y sale cantando una canción llamada Trailer Trash Love que me hizo reír mucho (lamenté que en la edición en Blu-ray no se incluyera la banda sonora como en la excelente edición de tres discos de The Wicker Man). También hay diversos diálogos que resultan muy ingeniosos, pero eso significa que no es hasta el tercer acto que el tono se hace más serio y entra el elemento de terror en juego. Así, este film carece de la atmósfera inquietante de la original.
Otra cosa que se diferencia es la representación del pueblo, uno de los aspectos más interesantes de la primera que aquí es bastante genérico.
Sinceramente no puedo decir que no sea una película entretenida. Me divertí mucho viéndola y no me aburrí en ningún momento, carece de la fuerza de The Wicker Man pero es un buen film fantástico. Resulta diferente de la mayoría de films actuales pero aquello que la hace diferente es lo que coge de la primera película, así que no es realmente un film original. El argumento también carece de originalidad, ya que lo hemos visto ejecutado diversas veces desde los 70, pero está ejecutado con gracia.
La sombra de The Wicker Man es muy alargada y eso juega en contra de The Wicker Tree, a pesar de todo me lo pasé bien con ella y puede ser disfrutada como una entretenida comedia negra.
Me encontraba buscando bandas sonoras de películas italianas de terror de los 70 (soy así, qué le vamos a hacer) cuando tropecé con la banda sonora de El último fin de semana (Norberto Ramos del Val, 2011), compuesta por Nicklas Barker (excelente, por cierto). Me llamó la atención cuando vi el póster, ya que parecía un film de los setenta del que no había oído hablar nunca. Luego me fijé un poquito mejor y me dí cuenta de que no, que era una película actual. Lo cual me llamó más la atención porque no la había visto en el cine y es el tipo de película (a juzgar sólo por el póster, llamadme superficial) que habría ido a ver sin pensarlo.
La respuesta es que no se estrenó en cines de forma comercial, ha ido circulando por los festivales pero no se ha puesto en las mejores salas junto a la última adaptación de un juego de mesa o un drama sobre la Guerra Civil. De hecho, la película se distribuye de forma exclusiva a través de la página web:
Es por eso que, aunque ya sabéis que no me gusta predicar, os pediré que si os interesa (y espero que tras leer la crítica os interese de verdad) la compréis y que no os la descarguéis. Os lo pido porque es el tipo de proyecto que realmente se ver perjudicado por la piratería. Es un film muy interesante hecho con escasos medios y grandes resultados, auténticamente independiente y auténticamente original. Además, es barata (10 euros el DVD más 3 euros de gastos de envío) pero cuenta con una excelente calidad profesional de audio (5.1) e imagen.
Pero vamos a comentar la película, para aquellos que no han oído hablar de El último fin de semana.
El último fin de semana es el que quieren pasar Diana (Irene Rubio), Lisi (Alba Messa), Leo (Silma López) y Roque (Nacho Rubio) en la casa del pueblo que pertenece a la familia de Diana. Una vez allí, las tensiones personales y extraños sucesos relacionados con un desconocido que ronda el lugar sumergirán al espectador en una angustiante atmósfera. También interpreta un papel importante Marián Aguilera como Sandra, la hermana de Diana.
Desde el principio, la película parece jugar con el espectador, desconcertándolo a medida que van sucediendo cosas y el argumento se va desplegando. Es lo mejor que se puede decir de este film, que uno no sabe qué es lo que va a pasar. Cada vez que se apunta hacia una dirección sucede algo que parece desviarla hacia otra. Todo ello manteniendo una atmósfera de angustia y amenaza soterrada. En ese aspecto me recordó la excelente The House of the Devil (Ti West, 2009) por como es capaz mantener el tono y la atmósfera sin necesidad de estar continuamente haciendo ¡buuuu! al espectador.
He de reconocer que me encantó no saber qué es lo que iba a pasar. El misterio de lo que sucede o lo que va a suceder, poder decir "esto no me lo esperaba". Es, para mí, la principal razón por la que la recomiendo y por la que soy deliberadamente vago con lo que sucede, ya que no quiero estropearle ninguna de las sorpresas de la película a nadie.
El film está narrado siguiendo el estilo seco de los 70. Este estilo resulta muy efectivo en secuencias como la de los títulos de crédito, donde se juega con el sonido para crear inquietud en el espectador mientras lo único que vemos en pantalla es una puerta cerrada. Y tras las puertas cerradas pueden suceder muchas cosas, recordad por ejemplo cómo nos quedamos ante la puerta cerrada de La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974).
Además de resultar efectivo para crear tensión e inquietud (ese pueblo solitario, ese bosque cargado de secretos), también es efectivo a la hora de retratar el drama entre los personajes. Las relaciones entre los cuatro amigos que deciden pasar el fin de semana juntos, más los personajes que se irán añadiendo, son instrumentales en mantener el interés del espectador, ya que todos ellos arrastran un abundante equipaje emocional, además del que llevan para pasar el finde, que el espectador va intuyendo y que juega un papel importante en como se desarrolla el tramo final (menos en el caso de Leo, que desde el principio uno está esperando qué va a hacer). El desarrollo de los personajes contribuye a hacerlos interesantes y reales, en lugar de ser los personajes estándar que uno se puede encontrar, por ejemplo, en un típico slasher (no que la película sea un slasher). Hay un gag en el film que parece reírse de las espectativas ante los tópicos del cine de terror que transcurre en la primera noche que pasan los protagonistas en la casa del pueblo, tanto argumentales como de caracterización.
No considero que el presupuesto con el que se ha hecho una película sea importante a la hora de decir si la película es buena o mala, pero en este caso destacan los resultados obtenidos en pantalla con los medios que se tenía. El equipo de rodaje fue bastante reducido: Ramos del Val (editando, dirigiendo, fotografiando), Ana López Villar (maquillaje) y José Martínez de San Mateo (sonido), además colaboraron en la película (aunque no estuvieran presentes durante el rodaje Marta Fernández Tapias (vestuario) y Javier Sánchez Donate (coguionista), además de Pilar Sánchez Donate, productora asociada (es decir, que financió el proyecto, una parte importante del proceso según tengo entendido).
Lo menciono porque no ves la película pensando "esto lo han hecho cuatro personas". De hecho, no te paras a pensarlo, ya que estás atento a lo que sucede en pantalla. Es decir, no tiene aspecto barato, pero sí real. Por ejemplo, cosas como el maquillaje y el vestuario tienen un aspecto natural que encaja con la historia y la atmósfera. También me llamó la atención el diseño de sonido, la música de Barker se te mete en el cuerpo y cuando no es la música tienes el ulular del viento (aunque, siendo honestos, no sé si es algo intencionado o simplemente el viento estaba allí).
Sabréis que quiero decir con esto si habéis visto Monsters (Gareth Edwards, 2010), filmada en condiciones parecidas y que de la misma manera utiliza los medios a su disposición (o la carencia de los mismos) de forma que no se nota en pantalla y que parece servir a la historia que cuenta.
Resumiendo, es una película interesante que garantiza pasar un buen "mal rato" y que recomiendo sin prejuicios a todo el mundo. Debajo del tráiler podéis leer una breve entrevista que le hice al director libre de spoilers y que espero sirva para que os pique la curiosidad y os hagáis con El último fin de semana.
Entrevista con Norberto Ramos del Val
¿Cómo surgió la idea para la
película y hasta que punto se parece al film acabado?
La idea fue siempre la de
hacer una película en la que no se echara de menos nada… por lo que, ya desde
el guión, sabíamos con lo que podríamos contar a nivel de localizaciones,
gente, tiempo y equipo… para no caer en el clásico español del “querer y no
poder”. No hay sitio para la frustración en este tipo de superproducciones y,
de paso, hemos tenido la suerte de cara y la película salió mejor de lo que
parecía posible. Y lo digo de verdad desde la modestia, porque no hablo aquí
sólo de mi trabajo sino del de todo mi equipo.
¿El look del film fue
establecido desde un principio o fue condicionado por los medios para filmar?
Igualmente sabía que tendría
que rodar más rápido que nadie y con los medios que contaba. En un principio
iba a haber alguien ayudándome con la foto (igualmente sin medios y tiempo,
pero bueno, uno más en el equipo no habría venido tan mal)… pero a última hora
me tocó sumar este trabajo. El look del film estaba más o menos planteado y
pensado también desde el guión, pero en estas condiciones de lucha contra los
elementos, sin más luces que un flourescente de los chinos y el sol de octubre
que hace lo que le da la gana… Menos mal que no quería hacer una película
“bonita”.
Tanto el póster como la música
y el estilo de contar la historia son muy retro o por lo menos esa es la impresión
que me dio, especialmente me recordó al estilo de los 70. ¿Hay alguna década en
particular de cine fantástico que te haya influido?
Me influye todo lo que veo y
me gusta. Está claro que en los 70 todo era feo, pobre y seco… lo que viene muy
bien en esta película concretamente. Pero vamos… la verdad es que tenía en
mente así como “idea general” tirar por ahí… a ver si salía. Y salió.
Siguiendo con las influencias,
en los agradecimientos citas a Steven Spielberg, George Lucas, Mario Bava y otros muchos. ¿Fueron influencias directas o forman parte de tus preferencias
personales?
Mi mente es un batiburrillo de
todo lo que me he metido y me sigo metiendo en vena, y me pasé la infancia y
tierna juventud viendo pelis de esta gente. De todos modos, en los
agradecimientos siempre juego a poner gente que me influye en general, que me afecta
en la peli concreta o que directamente me gusta poner para bacilar. Si lo miras
en mis otros largos o cortos verás que siempre aparecen nombres curiosos y
algunos bien absurdos.
También mencionas a Lucio
Fulci en los agradecimientos. El desarrollo de tu película me recordó en
algunos momentos el de otros films de Fulci como El más allá o Miedo en la ciudad de los muertos vivientes. ¿Hay algún film de Fulci en
particular que resultase influyente en El último fin de semana?
Y dale. Que no, que no me
gusta copiar a nadie. No soy de esos que van en plan “ahora voy a copiar el
plano tal de cual peli”. Esas pelis que dices me gustan, claro, y la música de
la peli también ahonda en ese sentido… pero te digo que no voy con la idea de
ir sampleando a lo Tarantino. Sí que en este caso me dio por pensar en que molaría
conseguir la atmósfera general de El grito (The Shout, Jerzy Skolimowsky, 1978)
porque es una peli que me parece de lo más particular y cuya atmósfera le venía
bien a la mía. Ni sabía cómo conseguirla, si te digo la verdad. Espero haberme
acercado un poquito.
Luego, ya una vez montada, vi que tenía algo de las primeras pelis de Peter
Weir también… unas pelis que de pequeño no me hacían nada de gracia pero que
luego he descubierto que me encantan. Y después descubrí Largo fin de semana (Long Weekend, Colin Eggleston, 1978)
que te juro que no había visto nunca hasta después de haber terminado la mía y
que me la pasara un amigo diciéndome “vas a flipar”. Y sí, la verdad… coincidir
hasta en el título da qué pensar, porque se parecen bastante en este nivel casi
intangible de sensaciones y ambientes.
Podéis leer mi comentario sobre la excelente Largo fin de semana aquí, otra película fantástica que debería ser más conocida. Picnic en Hanging Rock (Picnic at Hanging Rock, Peter Weir, 1975) también la tenéis comentada aquí, esun film de atmósfera onírica en ocasiones. El último fin de semana tiene momentos así, aunque son más bien pesadillescos.
Las interpretaciones están
llenas de momentos muy naturales, ¿cómo fue el trabajo con los actores? ¿Hubo
periodo de ensayos?
Hubo más ensayos que en la
mayoría de las películas “normales” en España. Y así luego da gusto rodar,
porque no se pierde más tiempo del necesario y se va al grano. Ahí me ayudó
mucho mi socio Javier Albalá, que se dedicó a dirigir los ensayos conmigo y
luego me echó un cable en rodaje trabajando con los actores. Es fundamental
tener a los actores metidos en la película… y más en estas pelis que se ruedan
a toda velocidad. No te voy a dar ejemplos de grandísimos desastres que todos
hemos sufrido. Estoy encantado con todo el casting, la verdad. Un trabajo fino
del que pueden y están bien contentos.
¿Fue difícil el rodaje
teniendo en cuenta que es un film de bajo presupuesto? La sección de bloopers
en el DVD parece mostrar una atmósfera relajada a pesar de lo mal que lo pasan
los personajes en la historia.
Si por “relajada” quieres
decir que estábamos de buen rollo… ni lo dudes, claro. Si no estás de buen
rollo no te dejas secuestrar en un pueblo de Cantabria para trabajar como esclavo.
Te recuerdo que la película está rodada en dos semanas con un equipo técnico de
4 personas… Pero una cosa es el buen ambiente y otra la relajación. No
parábamos de currar todos a destajo hasta que se iba el sol.
En la película parece que se
mezclan diversos subgéneros del fantástico, ¿es un recurso para mantener al
espectador intrigado o es algo que surgió de forma natural a la hora de dar
cuerpo a la historia?
Toda la arriesgada primera
parte es un cachondeo con el espectador más “listo”, claro. Está así pensado y
espero que te haya funcionado. Es duro jugársela así, pero o mantienes la
tensión y la calma del “aquí pasa algo pero no sabemos qué” durante casi la
mitad de la peli… o no se yo cómo vas a llenar hora y media. Una apuesta
arriesgada, sin duda… pero si no te la juegas en una peli como ésta, ¿para qué
hacerla?
El hecho de que no se pueda
resumir la película en una frase del estilo “es una peli de zombis” o “es un
slasher” o algo así, ¿ha dificultado su promoción?
¿La qué?
¿Qué te llevó a distribuirla
tu mismo?
Pues que cuando has hecho una
película “a mano” con un puñadito de euros no estás dispuesto a que aparezca un
intermediario que se lleve lo que puedas sacar de ella. Si hubiera aparecido
una gran distribuidora o algo así… pues quien sabe, pero para andar repartiendo
cuatro euros prefiero llevármelos yo para tapar el agujero de la producción.
Así que la película se vende en DVD sólo y exclusivamente desde la web oficial
de la peli, para todo el mundo.
La carátula es bilingüe con textos
en inglés y castellano, así cómo hay la opción de ver subtitulada la película
en inglés. ¿Internet te ha facilitado llegar a un público internacional?
No lo dudes. Internet me ha
facilitado desde el casting, que pudiera conseguir que un músico sueco (Nicklas
Barker, de Anekdoten) me haya hecho la bso, hasta que ahora mismo venda más DVDs fuera de España que dentro. España es un país muy pequeñito… y es tontería
olvidar que el mundo es muy grande. La película ha ido por festivales de
Holanda, Uruguay, Argentina, México… y se han vendido copias en Japón, Canadá,
Chile, Italia, Francia…
Y para acabar, ¿a qué tipo de
persona le puede gustar tu película? Series como Perdidos han llegado a
un público muy amplio a pesar de ser pura ciencia ficción y aventuras.
¿Pensabas en quién iba a ver la película o te preocupaba simplemente contar una
buena historia?
No pensaba mucho en el público objetivo, porque se que
al final la cosa es que se vaya corriendo la voz (aunque tarde años) y cada
película más o menos bien hecha acaba teniendo su público más o menos concreto.
Está claro, por las estupendas críticas recogidas en prensa (Dirigido Por) y
muchos blogs importantes (Judex, AlmasOscuras, Esbilla Cinematográfica Popular,
Proyecto Naschy, LaPazMundial, LasHorasPerdidas…) que a la gente con más culturilla
cinematográfica le pilla las referencias y los juegos, y la disfruta mucho.
Pero la verdad es que también hay mucha gente de la que no se atreve a ver
mucho cine de terror que se ha sorprendido con algo que no esperaba para nada.
Lo que sí que me ha sorprendido hasta a mi es que a los festivales de cine
fantástico les ha parecido a veces demasiado “de autor” y a los normales
demasiado “fantástica”. Eso sí que ha entorpecido bastante su carrera
festivalera. No se… supongo que a David Lynch o a Cronenberg les ha pasado lo
mismo muchas veces. Ja, ja, ja. No, a ellos no les pasa eso ya más.
Ayer llegué a casa y supe de la muerte del maestro de la ciencia ficción, la fantasía y la literatura Ray Bradbury. Por un momento pensé que no era posible, me había convencido que Bradbury de alguna manera siempre estaría ahí, que había conseguido la inmortalidad manteniéndose vivo con su imaginación.
Luego fui consciente de que Bradbury siempre estará ahí. Bradbury, a través de sus obras, realmente ha conseguido la inmortalidad.
La primera novela que leí del maestro fue Fahrenheit 451, clásico que, para aquellos amantes de los libros, es también una novela de terror. Luego vinieron relatos y más clásicos como Crónicas marcianas (Les cròniques marcianes en editorial Proa). Pero mi novela favorita de Bradbury es La feria de las tinieblas (Something Wicked This Way Comes), nada futurista pero sí cargada de fantasía. Con una bella prosa Bradbury nos cuenta la historia de dos chicos que se enfrentarán al terror que llega a su pueblo en forma de misteriosa feria. La novela fue llevada al cine en 1983 por la Disney (en su época extraña), dando como resultado una más que correcta adaptación dirigida por Jack Clayton.
La imaginación de Bradbury no se limitó a trabajar novelas y relatos, también colaboró en cine, TV, teatro y cómics. Curiosamente, su entrada en el cine y en los cómics fue bastante parecida. Uno de los productores de El monstruo de tiempos remotos (The Beast from 20,000 Fathoms, Eugène Lourié, 1955) copió la historia de Bradbury El faro sin pagar derechos de ningún tipo. Cuando Bradbury se dio cuenta les reclamó a los productores sus derechos y colaboró con los cineastas. Otro gran nombre de la fantasía trabajó en ese film, el mítico Ray Harryhausen, con el cual Bradbury trabó una larga amistad. En los cómics fue el editor de la EC, William Gaines, el que hizo que Bradbury colaborara con ellos. Gaines había adaptado una historia de Bradbury sin pagar derechos. Bradbury, demostrando su clase, le llamó y le dijo: "oye, parece que se os ha olvidado pagarme los derechos de esta historia". Gaines le pagó y, ya que lo tenía al teléfono le comentó si no le importaría colaborar con ellos con más historias. De esta colaboración destacaría la aterradora historia ¡El pequeño asesino! (Small Assassin!), incluido en el número 7 de Shock suspenstories, publicado en 1953 y que podéis encontrar en el volumen 7 de Clásicos del suspense, colección de Biblioteca grandes del cómic, sello en el cual Planeta publicó los clásicos de la EC de terror (Clásicos del terror), suspense, ciencia ficción (Clásicos de la ciencia-ficción) y bélicos (Clásicos bélicos).
Es una gran pérdida para la literatura y la fantasía, pero siempre nos quedarán sus obras, eternos monumentos a la imaginación.
Muchas veces hemos leído en el periódico o visto en el informativo (por lo menos cuando todavía eran informativos) que tal o cual exposición de arte ha provocado mucha polémica y ha sido considerada pornográfica por algún sector, normalmente conservador. Pero dejando de lado la frontera entre arte y pornografía, que depende siempre del ojo del que mira, ¿es posible utilizar pornografía para crear obras de arte? ¿Con auténtica pornografía crear auténtico arte?
Eso parece ser lo que intentan hacer los responsables del proyecto Destricted, que desde el 2006 recoge cortometrajes de prestigiosos cineastas y artistas independientes y alternativos en los cuales estos ofrecen su visión del sexo y la pornografía. De entre todos estos cortometrajes, algunos increíblemente aburridos, destaca Impaled de Larry Clark.
El director de Kids (1995) y Ken Park (2002) nos ofrece una obra que es a un tiempo provocativa, deprimente y perturbadora, además de crear interesantes reflexiones. El corto se inicia con una serie de entrevistas a más o menos jóvenes chicos que se presentan al casting anunciado por Clark. Son chicos normales y corrientes, los cuales responden de forma franca las preguntas de Clark, ofreciendo un panorama que me pareció bastante deprimente.
Una de las cosas que me llamó la atención es que muchos responden a las preguntas como si estuvieran anestesiados, hablando con indiferencia sobre sus experiencias personales, casi como si les hubiesen sucedido a otra persona. Lo siguiente es que muestran una asombrosa carencia de imaginación, todo lo que les gusta hacer (todos desean, por ejemplo, practicar el sexo anal, con una chica por supuesto) son cosas que imitan de las películas porno. Especialmente el aspecto de las chicas. Además, casi todos se afeitan el vello púbico a imitación de lo que han visto en las porno. Otra cosa que me dejó algo descolocado, aunque tal vez se trate simplemente de mis prejuicios, es que todos ven como algo sexy que les pone el hecho de eyacular en la cara de sus amantes. De nuevo, a imitación de lo que han visto en las películas porno. Uno dice que lo prefiere porque no quiere arriesgarse a dejar a la chica embarazada, el uso de preservativos ni se les pasa por la cabeza, algo que hoy en día es bastante peligroso y no sólo por los posibles embarazados no deseados.
Acabadas las entrevistas, Clark escoge a un chico de delgado y peinado a lo emo y se pasa a la segunda parte que consiste en entrevistar a las candidatas a hacer una escena de sexo con el chico. Aquí surgen momentos perturbadores, como una de las candidatas que cuenta que perdió la virginidad a los 12 años, "oh, era un tío cualquiera" responde a la pregunta de con quién lo hizo. Otra candidata cuenta que se metió en el mundo del porno para pagar las facturas ya que tenía tres hijos y no le llegaba el dinero "pero ya no tengo a los críos y lo sigo haciendo, así que..." concluye. Aunque hay que destacar que mientras los chicos parecían aturdidos y no muy en contacto con su vida interior (en caso de tenerla), las entrevistadas parecen mucho más abiertas y simpáticas, relajadas como si estuvieran hablando tranquilamente en un bar, a pesar de la nota de desesperación que parece subrayar las declaraciones de una de las candidatas que ha cumplido cuarenta años. Una comenta como muchas y muchos actrices y actores porno caen en la drogadicción y otros problemas porque a lo mejor una se pasa mucho tiempo trabajando y de repente hay un parón, nada que hacer y dinero que gastar, mostrando cierta visión sobre su mundo nada disfrazada de fantasía.
Sin embargo, a pesar de que la actitud de las entrevistadas podría hacer este segmento más llevadero, Clark no deja de meter elementos que incomodan al espectador. Durante las entrevistas de las candidatas está presente el chico elegido y es él el que hace las preguntas y el que escogerá a la chica con la que hará la escena porno. Durante el proceso, vemos al chico tímido e incómodo, mezclado con la excitación de que lo hará con una de esas candidatas. Además, a pesar de lo sanas (psicológicamente, quiero decir) que parecen la mayoría, se nos presentan indicios aquí y allá que nos sugieren que tal vez la procesión va por dentro.
Finalmente llega la escena de sexo cuya intención parece ser desglamourizar o deconstruir la pornografía, nunca excitar. Se pasa rápidamente por toda la acción principal, con rápidos cortes, y sólo se detiene a observar detenidamente cuando sufren un "accidente" durante la escena de sexo anal y paran para limpiarse. La intención parecer ser destruir todo elemento de fantasía que pudiera tener el espectador sobre el cine porno.
Para responder la pregunta del inicio, sí, creo que se pude hacer arte usando la pornografía. Por lo menos Larry Clark lo ha hecho.
¿Qué terribles horrores se desencadenan cuando un gran estudio de Hollywood se adentra en los terrenos de la serie B? ¿Qué sucede cuando un gran estudio de Hollywood intenta usar fuerzas que no comprende? ¡Contemplad el horror de La larga noche de la furia (Night of the Lepus, William F. Claxton, 1972)!
Como manda la tradición, Hollywood se apuntó tarde y mal a la moda de los monstruos gigantes. Después de que estudios independientes estrenaran diversas películas de serie B con monstruos gigantescos japoneses con grandes beneficios, Hollywood decidió hacer su propia película de monstruos gigantes que, por supuesto, viniendo de un prestigioso estudio como la MGM tendría más clase, mejores efectos y más calidad que cualquiera de esas películas hechas con cuatro duros. Pero el resultado final dista mucha de ser un producto de calidad, es más bien una risible película protagonizada por un reparto de veteranos, Stuart Whitman y Janet Leigh son los protagonistas, que parecen no saber muy bien que hacen ahí. Si bien resulta sorprendentemente sangrienta teniendo en cuenta que es una película de los primeros 70 para todos los públicos, nada es capaz de salvar este monumental y divertido desastre.
El origen de esta película sobre gigantescos conejos mutantes devoradores de hombres lo encontramos en la novela de ciencia ficción The Year of the Angry Rabbit de Russell Braddon. Esta novela australiana es una sátira política y antibelicista que utiliza un tono que mezcla terror y comedia para contar una increíble historia sobre cómo unos conejos gigantes destruyen Australia. A la hora de adaptar la novela se trasladó la acción a Estados Unidos y se tomaron muchas libertades con el argumento. Sin embargo eso no es lo malo, el gran error que cometieron es que dejaron de lado todos los elementos de crítica, sátira y comedia, adoptando un tono muy serio. Tan serio que es inevitable que uno se parta de risa viendo el ridículo espectáculo.
Los pósters intentaron vender la idea de este film como un auténtico y serio film de terror, pero contribuyen a la sensación de desesperación sobre cómo vender esta pobre excusa de película. Daos cuenta de cómo en ninguno de los pósters se dice que las criaturas son conejos gigantes, simplemente se representan monstruos de forma bastante vaga.
Hay otro problema con la película y es la técnica que decidieron emplear para representar los conejos gigantes asesinos. Básicamente lo que hicieron fue filmar conejos normales y corrientes saltando sobre maquetas que tienen el mismo aspecto realista que la granja de Playmóbil. Para arreglarlo en algunas escenas utilizan muñecos articulados que representan las terribles fauces de los monstruos, con lo cual aún resalta más el aspecto inofensivo de los conejos, a pesar de que aquí y allá les añadan unos toques de color rojo para simular sangre.
Tal vez si hubieran empleado stop-motion o actores disfrazados para representar los monstruosos conejos la película no habría resultado tan ridícula (ni tan disfrutable en la actualidad). Aunque el guion no es que sea tampoco el colmo de la originalidad.
Desde el principio, donde se nos muestran imágenes de noticieros con reportajes sobre plagas de conejos destrozando cosechas, se nos intenta vender la idea de los conejos como animales peligrosos y destructores. Lo único que consiguen es añadir un tufo de desesperación a la película, desesperación por querer ser tomada en serio pero sin saber cómo hacerlo.
En resumidas cuentas, Night of the Lepus es una película tan mala que puede resultar ser divertida de ver por lo menos una vez. De modo que cuando estéis tomando algo con vuestras amistades podáis decir que habéis visto una película de conejos gigantes asesinos mutantes y convertiros en el centro de atención.