29 nov 2013

Battle Royale vs. Los juegos del hambre

 
Antes de empezar me gustaría aclarar que no soy de esos desinformados que aseguran que Los juegos del hambre de Suzanne Collins es un plagio de Battle Royale de Koushun Takami. Habiendo leído ambas novelas y visto las películas que han originado, no veo ninguna base para esa afirmación. Por supuesto, ambas tienen cosas en común, igual que tienen en común cosas dos películas/novelas que pertenezcan al mismo género. Personalmente, puedo encontrar más puntos de contacto entre Los juegos del hambre y La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000, Paul Bartel, 1975) o Rollerball ¿Un futuro próximo? (Rollerball, Norman Jewison, 1975) que con Battle Royale. Cierto, en ambas los protagonistas son jóvenes, pero eso tampoco es algo que inventara Battle Royale, sino que ya lo encontramos, por ejemplo, en la novela La larga marcha de Stephen King, publicada originalmente en 1978. Además, teniendo en cuenta que Collins trabaja principalmente dentro de las novelas para jóvenes adultos, es bastante natural que hiciera que su protagonista fuera una adolescente.

En realidad, todas estas historias de futuros distópicos en los que se crean juegos mortales se podría decir que no son más que historias de gladiadores romanos ambientadas en el futuro. Así, una película peplum como The Arena (Steve Carver, 1974), una genial exploitation, guarda también ciertas semejanzas temáticas con los títulos mencionados antes. De hecho, Collins incluye en su trilogía diversas referencias al decadente Imperio Romano. Eso sin olvidar, claro, el gran e inspirador clásico El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), que también generaría versiones futuristas y distópicas como El imperio de la muerte (Turkey Shoot, Brian Trenchard Smith, 1981).

Por tanto, una vez aclarado que tildar Los juegos del hambre de plagio de Battle Royale demuestra cierto desconocimiento del género, ¿qué sentido tiene enfrentarlos? Bueno, la razón de este artículo es que ambos son grandes ejemplos modernos del género y he disfrutado enormemente con ambos.

Si leéis el artículo que dediqué a todo aquello Battle Royale, de la novela que lo originó todo a la película de Kinji Fukasaku que inspiró, pasando por el manga y las secuelas (este artículo); sabréis que soy muy muy fan de la historia creada por Takami. Por tanto, no esperéis que la trilogía Los juegos del hambre salga vencedora, pero tampoco como una total perdedora. La razón por la que prefiero la novela de Takami antes que la de Collins, y la película de Fukasaku antes que la de Gary Ross está más relacionada con mis gustos personales que con su calidad objetiva.
Battle Royale es épica, ultraviolenta, visceral, salvaje, adictiva. Battle Royale es punk, es como los Ramones a todo volumen. La primera novela de Los juegos del hambre es más aventura y acción, bien construida y muy absorbente. Los juegos del hambre es, siguiendo el símil musical, como el álbum blanco de los Beatles: sigue una línea pop más cuidada aunque tiene sus toques subversivos y roqueros.

Como veréis no he entrado en el mensaje y el subtexto, porque ambas novelas hacen un buen trabajo en transmitirlo sin que entorpezca la narrativa. También hay que mencionar que es complicado comparar una novela con una trilogía. De todos modos, aunque disfruté muchísimo con la lectura de En llamas y Sinsajo, me sigue gustando más la épica de Takami.

En cuanto a las películas, no hay discusión. He visto tropecientas veces la versión cinematográfica de Battle Royale (Batoru rowaiaru, 2000) y otras tropecientas el montaje del director, Los juegos del hambre (The Hunger Games, 2012) tiene poco que hacer, aunque el film de Ross me gusta, Battle Royale me apasiona. Dicho esto, está claro que Los juegos del hambre: En llamas (The Hunger Games: Catching Fire, Francis Lawrence, 2013) es mucho mejor que Battle Royale 2: Réquiem (Batoru rowaiaru II: Chinkonka, Kenta Fukasaku, Kinji Fukasaku, 2003).
Por tanto, para mí Battle Royale gana, pero Los juegos del hambre se queda muy cerca de empatar. Pero, para vosotros, ¿quién gana?





28 nov 2013

Memoria/Las bestias no se miran al espejo

Memoria aka Las bestias no se miran al espejo (Francisco Macián, 1978) es una rareza de la que no había oído hablar nunca hasta que la descubrí en el blog No hija, no, donde hacen visibles esta y otras rarezas del cine español que de otro modo seguirían invisibles.

Memoria es una curiosa y extraña cinta de ciencia ficción con toques de cine experimental psicodélico. Se reflexiona sobre la naturaleza del ser humano y dónde se encuentra la esencia de nuestra personalidad; se hace una nada sutil apología de las drogas y se deja al espectador ojiplático gracias a diversas secuencias psicotrónicas y delirantes (de esas que siempre sirven de excusa para alegrar la vista del espectador con un poco de T&C).

Con un look que recuerda al de THX 1138 (George Lucas, 1971), el film está ambientado en el lejano tercer milenio. La ultrasofisticada y tecnificada (y por tanto fría) sociedad de entonces busca encontrar la manera de trasladar la memoria de los fallecidos a cuerpos enfermos de personas sin actividad cerebral, logrando así una pseudoinmortalidad (al menos eso es lo que me pareció entender). El profesor Ulop (Fernando Sancho), que es el encargado de esta investigación, descubre que la única manera de que el cuerpo recipiente y la memoria insertada puedan unirse satisfactoriamente es mediante el uso de una droga, la B2. Sin embargo, el uso de drogas psicotrópicas está prohibido por el consejo. Es entonces que Ulop decide seguir el experimento por su cuenta y las cosas se tuercen a partir de ahí.

Ver esta bizarra película me provocó las mismas sensaciones que tengo al leer cómics europeos de ciencia ficción de finales de los 60 y los años 70. La misma mezcla de reflexiones filosóficas, humor, erotismo, fantástica imaginería y delirio general. Como por ejemplo Aghardi de Enric Sió. Esta extraña mezcla de elementos en la película da a lugar a diálogos un poco absurdos ("me comporto como un científico, pero soy solo un ser humano"), diversa información sobre el cerebro, una trama clásica de ciencia ficción y experimentaciones visuales varias.

En otras palabras: mucha diversión. Este es el tipo de bizarrada que te alegra la vista y las neuronas con su desatada psicotronia. Es el tipo de film que te sumerge, el tipo de film que cuando se acaba tienes la sensación de haber tomado tu la B2, aunque la calidad de imagen no es muy buena.

Si tenéis curiosidad por verla, ya que no está editada en DVD ni se encuentra fácilmente de otra manera, os remito al blog que he mencionado al principio de este artículo.

27 nov 2013

Hechizo letal (Cast a Deadly Spell)


Me encantan el cine negro, el pulp, la weird fiction y la obra de H. P. Lovecraft; Hechizo letal (Cast a Deadly Spell, Martin Campbell, 1991) tenía todos los números para encantarme, sin embargo desperdicia una buena idea con un guion malo.

Los Ángeles, 1948. La magia es usada por todo el mundo para hacerse la vida más fácil, excepto el detective Lovecraft (Fred Ward) que se niega a usarla. Amos Hackshaw (David Warner) le encarga a Lovecraft que encuentre un empleado suyo que se ha fugado con un libro de su propiedad: el Necronomicón. Lovecraft pronto descubrirá que recuperar el libro puede tener consecuencias apocalípticas, no solo para él sino para todo el mundo.

Esta película rodada directamente para la televisión por cable americana es el tipo de película que realmente me enfada. Me enfada porque desperdicia un buen director, un gran reparto (además de Ward y Warner tenemos a Julianne Moore y Clancy Brown) y una gran premisa por culpa de un torpe guion que corrió a cargo de Joseph Dougherty.

El problema del guion de Dougherty es que adopta un tono ridículo de comedia, además de reunir en su argumento todos los tópicos posibles de las historias de Lovecraft y del cine negro. Cierto, el director y los productores tal vez podrían haberse dado cuenta de que los toques de comedia sin gracia podrían quitarle entidad a la película, así que comparten también parte de la culpa.

La verdad es que no recordaba que fuera tan abiertamente cómica, y al verla otra vez tras años desde la primera vez me ha decepcionado bastante. No ha mejorado con el tiempo. Mientras la veía no dejaba de pensar en otra película que hacía algo parecido, mezclar el cine negro con el terror, de forma magnífica. Me refiero obviamente a El corazón del angel (Angel Heart, Alan Parker, 1987) que adaptaba una novela de William Hjorstberg, que recomiendo ya que es una fantástica novela y si solo conocéis la película realmente deberíais leerla.

Hechizo letal tiene un tono ligero que me aburrió rápidamente. Aguanté hasta el predecible final por si acaso mejoraba, pero no. Buenos efectos especiales sí tiene. Sin embargo, puede que me encuentre en minoría en lo respecta a esta película, ya que en 1994 hicieron una secuela, también directamente para televisión: El sello de Satán (Witch Hunt, Paul Schrader). Que la presencia de Schrader no os lleve a engaño: para este director/guionista se trató de un producto alimenticio. Dougherty volvió como guionista en un film tan malo como su predecesor, posiblemente incluso peor debido a su look televisivo plano y sin interés, a lo que hay que añadir unos ridículos efectos digitales que parecen hechos con un spectrum barato. La película se ve lastrada por un estilo cómico sin gracia, un director desinteresado y un reparto aburrido que espera cobrar el cheque y salir corriendo.

Es posible que a alguno de vosotros sí le haga gracia, así que las menciono para que el rato que pasé viéndolas no sea en vano (lástima que ya no pueda aprovechar la cinta de vídeo que desperdicié grabándolas).



26 nov 2013

La maldición de Chucky (Curse of Chucky)


Chucky regresa de nuevo en una estupenda secuela que enfatiza el terror y el suspense, dejando de lado el tono abiertamente cómico de la última entrega. Eso no quiere decir que en La maldición de Chucky (Curse of Chucky, Don Mancini, 2013) no haya los habituales toques de humor negro marca de la casa, estos también están presentes sin que afecten al tono más oscuro del film.

Vi este film después de siete horas y media de Chucky matando gente. Me compré en su momento el pack en Blu-ray de toda la saga, incluida la sexta entrega, y he estado esperando la oportunidad de ver todas las películas seguidas, ver cómo funcionaban vistas una tras otra. Y he de decir que funcionan muy bien.

Mis opiniones no han variado desde que publicara mi artículo sobre esta serie (que podéis leer aquí): la primera es un clásico, la segunda es una secuela muy lograda, la tercera es algo aburrida, la cuarta una necesaria y lograda reinvención y la quinta llevaba la comedia demasiado lejos (pero os seré sincero: me hace reír). En la época en que escribí ese artículo se barajaba la posibilidad de hacer un remake o un reboot; cuando finalmente he visto la película he comprobado con alegría que Curse of Chucky es una secuela. Una muy buena secuela que está hecha pensando en los fans de la serie como John Waters o yo mismo (claro que yo soy un poco zorra en este sentido y soy seguidor de distintas franquicias, pero porque tengo amor de sobra para todas),  que le da coherencia a la historia desarrollada a lo largo de las cinco películas anteriores.

El productor David Kirschner y el guionista/director Don Mancini se han mantenido al frente de todas las películas de la saga, lo que le da a esta serie una coherencia y continuidad que no poseen muchas franquicias del género. Pero tampoco podemos olvidar a Brad Dourif, el actor que le ha dado voz y personalidad a Chucky desde la primera entrega de la serie. Igual que Robert Englund es el único nombre que viene a la cabeza al pensar en Freddy Krueger, Dourif ha logrado con su voz darle vida a Chucky y convertirlo en una estrella del género, a la altura de Freddy, Michael Myers o Jason Voorhees (que sigue siendo el nº 1 para mí).

La presencia constante de estos tres nombres ha logrado que cada tropiezo de la serie sea corregido magníficamente en siguientes entregas. Es decir, instrumental en el éxito de La novia de Chucky (Bride of Chucky, Ronny Yu, 1998) fue el fracaso de Muñeco diabólico 3 (Child's Play 3, Jack Bender, 1991), ya que les mostró a Mancini y a Kirschner que necesitaban reinventar la saga si querían mantener a Chucky vivo. Del mismo modo, llevar la comedia al extremo y convertir en protagonistas completos a los muñecos poseídos hizo que La semilla de Chucky (Seed of Chucky, Don Mancini, 2004) no acabara de funcionar como lo hizo La novia, lo cual les hizo ver a Mancini y Kirschner que ya habían explorado todo lo que se podía ese camino y había llegado la hora de volver a los orígenes.

He de decir que los rumores de remakes y reboots no me preocupaban en exceso al estar los responsables de la saga implicados en lo que habría sido su hipotética creación, pero me ha alegrado inmensamente ver que finalmente se decantaran por hacer una secuela pura y dura. Una secuela que en su primer tramo recupera el tono de suspense de las dos primeras entregas. Chucky funciona mejor cuando es un personaje secundario, acechando desde un discreto segundo plano. En este film hace precisamente eso, mantenerse en un segundo plano mientras va destrozando y asesinando la familia de la protagonista, Nica (Fiona Dourif). La tétrica casa en que tiene lugar la acción de la película contribuye a darle un tono más oscuro y gótico, algo que estaba ausente en filmes anteriores. El bajo presupuesto del film le permite, además, construir una película pensada para el disfrute de los fans (en este sentido, he de decir que me gustó especialmente la escena al final de los créditos).

No sé si fue el hecho de que Seed era completamente cómica o que tras siete horas y media tenía ya la cabeza ida, pero me encantó esta nueva secuela. Tal vez fue porque admiro el valor de sus realizadores al hacer un film pensado para los fans del terror y de esta saga, en lugar de intentar atraer a un nuevo público más joven que no haya oído hablar de la serie Chucky, porque habría sido lo más fácil de vender. El resultado es una película que tiene más posibilidades de gustar a quien no conozca la saga y le haga querer saber cómo el espíritu del asesino Charles Lee Ray acabó dentro de un muñeco Good Guy que simplemente hacer otro pulido remake pensado para adolescentes palomiteros.

Vamos, que me lo pasé pipa con esta peli y espero que todos la disfruten como yo.


25 nov 2013

Mortal Zombie (Return of the Living Dead III)


Descubrí con sorpresa, mientras escribía el artículo La muerte del zombi, que no había hecho un post sobre esta película, cuando yo estaba convencido de que sí lo había hecho dentro del artículo sobre El regreso de los muertos vivientes (Return of the Living Dead, Dan O'Bannon, 1985). Pero era uno de los artículos que escribí al poco de empezar y no era tan obsesivamente completista como lo soy ahora. Sea como sea, os presento la infravalorada maravilla Mortal Zombie (Return of the Living Dead III, Brian Yuzna, 1993).

Aunque en teoría forme parte de la serie iniciada por O'Bannon, Mortal Zombie puede verse como un film completamente independiente. La única conexión que hay con la serie iniciada por O'Bannon es la utilización de la Trioxina como herramienta por los militares para crear muertos vivientes y usarlos como armas. Para mí, este film es parecido a Halloween III: El día de la bruja (Halloween III: Season of the Witch, Tommy Lee Wallace, 1982), en el sentido de que son lo suficientemente independientes para poder ser valorados por sus propios méritos sin tener que compararlos con las películas que iniciaron sus respectivas sagas. Por tanto, son películas que podéis disfrutar mucho sin haber visto las películas anteriores en la serie.

Mortal Zombie incluso se aleja de la mezcla de comedia y terror del film de O'Bannon para ofrecernos un film de terror oscuro y trágico. Todo arranca cuando Julie (Melinda Clarke) es infectada por la Trioxina por su novio Curt (J. Trevor Edmond) en la instalación militar en la que trabaja el padre de él, desesperado por la muerte de Julie en un accidente de moto. Mientras Julie empieza a experimentar el proceso de convertirse en una muerta viviente, la pareja huye de los militares.

Esta película se puede resumir como una versión macabra de Romeo y Julieta. La condenada pareja hace lo que puede para seguir adelante, pero Julie se va alejando cada vez más de su humanidad. La única manera de frenar el proceso es a través del dolor, lo que proporciona al film algunos de sus momentos más memorables. Cuando la pareja se adentra en el mundo subterráneo que existe debajo de la ciudad, el film adopta un tono decididamente gótico, mientras se va gestando lo que será un sangriento clímax. Una situación que no funcionaría si no estuviéramos plenamente implicados en lo que le sucede a la pareja, gracias a la dirección de Yuzna y, en especial, a la interpretación de Clarke.

Tal vez lo más sorprendente de esta película es que funciona. La mezcla de oscuro romanticismo (que no cursilería) con el terror y el gore es extrañamente efectiva. Pero su mayor mérito enlaza con lo que decía en mi último artículo: es una historia de zombis, de muertos vivientes, que es su propia historia, no un refrito de películas anteriores (lo cual resulta aún más sorprendente teniendo en cuenta que originalmente se concibió como la tercera entrega de una serie que nació como secuela alternativa de la clásica La noche de los muertos vivientes [Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968]).

Es posible que sea uno de esos títulos que a mí me encantan y al resto de la humanidad deja indiferente, pero aún así lo recomiendo encarecidamente. Ya sea con vuestra pareja o en soledad, espero que la disfrutéis como yo.