28 dic. 2015

Dieciséis velas (Sixteen Candles)

 
Las cinco comedias adolescentes que John Hughes escribió, de las que dirigió cuatro, marcaron toda una época. Fueron muy imitadas pero nunca igualadas, y, aunque Hughes trabajó en otros estilos de comedia y algún drama, sus comedias adolescentes son casi de autor, ya que es muy fácil  identificar su estilo, sus personajes y sus diálogos. Además, Hughes convirtió a Molly Ringwald en una musa y mito sexual para muchos adolescentes, algo que empezó ya con su primera colaboración juntos, Dieciséis velas (Sixteen Candles, John Hughes, 1984).

Samantha Baker (Ringwald) se enfrenta al peor día de su vida: su familia se ha olvidado completamente de su cumpleaños y no tiene nadie con quién ir al baile, ya que el amor de su vida, Jake Ryan (Michael Schoffleing), no sabe ni que existe. Por si fuera poco, un pesado empollón (Anthony Michael Hall) se ha encaprichado de ella y toda su loca familia está en casa ya que su hermana Ginny (Blanche Baker) se casa.

Me pregunto si es la nostalgia lo que hace que esta comedia me siga haciendo reír o si lo hace porque es realmente buena. Adolescentes de hoy: ¿esta película funciona? ¿Os sentís identificados con sus personajes o se os hace todo muy lejano? Para mí, desde luego, no ha perdido encanto y cuenta con el atractivo añadido de reconocer famosos actores actuales cuando no eran más que unos imberbes, como el caso de un jovencísimo John Cusack.
 
Dieciséis velas y otras películas del estilo eran la alternativa "con clase" de cintas más básicas y explícitas como Porky's (Bob Clark, 1981) o El último americano virgen (The Last American Virgin, Boaz Davidson, 1982). No es que unas fueran mejores que otras (hay de todo), pero sí es cierto que las películas de Hughes son más revisitables que las comedias de tetas y culos de la misma época. Es decir, en un mundo sin Internet, películas como la mencionada Porky's eran la única opción si uno quería disfrutar de forma fácil y rápida con la gratuita exposición de la siempre fascinante anatomía femenina (siempre y cuando no estuviera a mano la peli X o las revistas guarras de algún hermano mayor, ya fuera propio o el hermano mayor de algún amigo, que circulaban como contrabando en una cárcel). Sin embargo, en la actualidad, si me apetece ver una comedia adolescente ochentera, prefiero mil veces ver Dieciséis velas o el clásico esencial El club de los cinco (The Breakfast Club, John Hughes, 1985) que Porky's o Aquel excitante curso (Fast Times at Ridgemont High, Amy Heckerling, 1982). Simplemente porque me hacen reír más, aún muchas veces tratando los mismos temas (y repito que El club de los cinco es una obra maestra).
 
Las películas de Hughes, que inspiraron, no lo olvidemos, la clásica Escuela de jóvenes asesinos (Heathers, Michael Lehmann, 1988), mantienen intacta su personalidad y estilo, independientemente de la época en que fueron hechas. Por supuesto, si en su momento no os gustaron y ya hace mucho que habéis dejado atrás la adolescencia, tal vez no os causen el mismo efecto que en alguien como yo que creció con estas películas y hoy día disfruta volviendo a verlas por esa razón. Siento curiosidad por el efecto que puede tener en adolescentes actuales, pero espero que sigan funcionando igual que conmigo en su momento.
 

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