6 mar. 2017

La pasión de China Blue (Crimes of Passion)

 
¿Es esta película una comedia? ¿Un drama? ¿Un thriller? Bueno, es una película de Ken Russell, así que es todo eso y más.

La pasión de China Blue (Crimes of Passion, 1984) nos presenta a tres personajes destinados a crear uno de los más bizarros triángulos de la historia del cine. Joanna Crane (Kathleen Turner) es una diseñadora que por las noches se dedica a recorrer las calles como la prostituta China Blue, dedicada a hacer realidad las fantasías más extrañas de sus clientes. Bobby Grady (John Laughlin) vive atrapado en un matrimonio que se hunde. El reverendo Peter Shayne (Anthony Perkins) se dedica a recorrer las calles con una maleta en la que esconde un vibrador de mortales efectos. Mientras realiza una investigación de espionaje industrial, Grady se queda fascinado por Joanna y su doble vida como China Blue. Ambos iniciarán una relación que provocará que la obsesión de Shayne por China Blue se acerque cada vez más a la locura.

En su momento, la película causó las iras de los censores, en especial la decisión de Russell de incluir imágenes eróticas antiguas entre las pinturas que escoge para reflejar el estado mental de China Blue. Un efecto que creo que es un golpe de genio, ya que nos dice mucho del personaje, de cómo es realmente, de manera muy rápida. Además, siendo como es el personaje una diseñadora, tiene sentido que su mente recurra a pinturas como alegoría de cómo se encuentra emocionalmente. Pero, si cuando se estrenó La pasión de China Blue la gente se fijó principalmente en las escenas de sexo, hoy nos podemos fijar en cómo se desnudan emocionalmente los personajes. Pero no quiero dar la sensación de que este film es un deprimente drama, está lleno de momentos de pura comedia negra y de geniales diálogos que hacen que este sea también un film muy divertido.

El film mezcla comedia negra y drama para contar una historia que gira en torno a la hipocresía y la búsqueda de la verdad. Los protagonistas inician el film ocultos tras máscaras, pero sus emociones provocarán grietas en esas máscaras. Un proceso que el reparto formado por Kathleen Turner, John Laughlin, Anthony Perkins y Annie Potts, como la esposa de Grady, muestra a través de fantásticas interpretaciones.

Por supuesto, el cine de Ken Russell es un gusto adquirido, y puede descolocar a los que no estén familiarizados con el estilo excesivo de este director. Personalmente, creo que esta película no ha hecho más que mejorar con el tiempo y se ha convertido en un clásico contemporáneo.


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