El siempre interesante director japonés Sion Sono creó con Tag (Riaru onigokko, 2015) un film que mezcla cine artístico con la más pura exploitation. El resultado es un film brutal y fascinante de principio a fin.
Mitsuko (Reina Triendl) viaja con sus compañeras del instituto en una excursión. El viaje se ve interrumpido por un brutal y sangriento suceso. A partir de aquí, la vida de Mitsuko se convierte en un caos surrealista. El espectador acompaña a Mitsuko, sumergido como ella en una delirante trama, intentando encontrarle sentido a todo. Sono ofrece grandes momentos visuales, mezclando belleza y violencia, pero no es una acumulación de imágenes impactantes, a la búsqueda de una experiencia puramente visceral. Hay una historia y, más importante: un subtexto, al cual sirven las impactantes escenas.
El film se basa en una novela de Yûsuke Yamada, que no he tenido la oportunidad de leer, pero cuyo argumento, aunque parte de una premisa parecida, no podría ser más distinto del de la película. Lo que me lleva a la conclusión que Sono simplemente cogió la idea de la novela de un real y mortífero juego del pilla pilla, para crear su propia historia y desarrollar sus propias ideas.
Japón es un país tremendamente machista y misógino, a pesar de los avances actuales. Una situación que muchos cineastas han denunciado y han atacado de formas diversas. Takashi Miike lo hizo de forma perturbadora con Audition (Ôdishon, 1999), por ejemplo. Sion Sono hace lo mismo, atacando el patriarcado utilizando la fantasía, creando ultraviolentas escenas mezcladas con esteticismo poético. Su mensaje no es que sea muy sutil: el primer personaje masculino que aparece es un hombre con cabeza de cerdo. Pero esta carencia de sutileza no se traduce en predicar al espectador, el director despliega un fantástico y bizarro espectáculo para aquellos que disfruten con lo sumamente extraño.
Tag no es una película para todo el mundo, pero desde luego es una película para todo aquellos que aprecien el cine que se sale de la norma, de lo establecido, y gusten de visitar los vecindarios más extremos de este arte. Es un film que, guste o no, resulta memorable.