11 nov. 2016

Spasmo


Se pueden decir muchas cosas de las películas de Umberto Lenzi, pero, desde luego, lo que nunca se podrá decir es que son aburridas. Un perfecto ejemplo de ello es el frenético giallo Spasmo (1973).

Christian Bauman (Robert Hoffmann) se encuentra paseando con una amiga (Maria Pia Conte) cuando descubren una mujer tirada en la playa, al parecer muerta. Al acercarse, descubren que la mujer no está muerta, se llama Barbara (Suzy Kendall) y se marcha a la francesa tras causar una notable impresión en Christian. Poco después, Christian y Barbara se encuentran en casa de ella, pero Christian es atacado por un hombre misterioso. Christian mata al hombre y la pareja se da a la fuga. Y a partir de aquí realmente se complican las cosas para Christian. Además, ¿tienen alguna relación las muñecas de látex de tamaño natural que se están encontrando por el pueblo fingiendo ser mujeres asesinadas con lo que le sucede a Christian?

He de admitir que, normalmente, el tipo de historia que cuenta Spasmo no me suele gustar, pero, igual que con otras excepciones, gracias al estilo con que se cuenta y a la dirección de Lenzi, la película me enganchó de principio a fin (no entro en más detalles para no haceros un spoiler). También resulta interesante que este tipo de giallo, en el que tenemos a un protagonista pasivo al que atacan y persiguen, por contraste al protagonista activo que investiga, suele estar protagonizado por mujeres, como Edwige Fenech en La perversa señora Ward (Lo strano vizio della Signora Wardh, Sergio Martino, 1971), pero aquí tenemos al pobre Hoffmann corriendo de aquí para allá mientras intenta esclarecer quién le persigue y quién no.

Desde el principio, Lenzi mantiene al espectador atrapado, sin dar un segundo de descanso. Por supuesto, esto sirve para que uno no se de cuenta de lo absurda que es toda la historia, pero mientras se está viendo la película lo único que se hace es disfrutar, intentando adivinar cuál será el siguiente giro de guion al que se deberá enfrentar el sufrido protagonista.

Aquellos familiarizados con la obra de Lenzi sin duda disfrutarán con esta nueva muestra de la habilidad del director para entretener al espectador. Los demás pueden descubrir un estupendo giallo, tan absurdo como entretenido.


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