La leyenda de Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, puede que sea solo eso. Estudios históricos contemporáneos han llegado a la conclusión de que los crímenes atribuidos a Báthory posiblemente fueran inventados como manera de apoderarse de las tierras que poseía la condesa y quitarle el poder a una mujer que se estaba haciendo demasiado poderosa. Por suerte, eso no significa que no podamos seguir disfrutando de esta leyenda a través de las múltiples películas que ha inspirado y seguirá inspirando. En este blog hemos comentado ya diversas de estas películas y la figura de la Condesa Sangrienta como en un artículo sobre diversas obras inspiradas por esta leyenda, El rojo en los labios (Les lèvres rouge/Daughters of Darkness, Harry Kümel, 1971), Thirst (Rod Hardy, 1979), El retorno de Walpurgis (Carlos Aured, 1974), El retorno del Hombre Lobo (Jacinto Molina, 1980) y Verotika (Glenn Danzig, 2019). Hoy añadimos a la lista The Tyrant's Heart or Boccaccio in Hungary (A zsarnok szíve, avagy Boccaccio Magyarországon, Miklós Jancsó, 1981).
El príncipe Gáspár (László Gálffi) regresa a su Hungría natal, tras haber pasado gran parte de su vida en Italia. Regresa acompañado de su amigo Filippo (Ninetto Davoli) y una troupe de actores, que le arropan cuando llega al lugar en el que nació pero que es completamente extraño para él. Una vez allí, su tío Károly (József Madaras) le informa que su padre murió hace apenas un par de días antes despedazado por osos. El impacto del suceso ha dejado a su madre Katalin (Teresa Ann Savoy) encerrada en su propia mente. Entonces Gáspár descubre que su madre parece más joven que él y que cada noche mata a una joven por su enfermedad.
El film de Miklós Jancsó es una crítica de la ambición ciega del poder y los abusos cometidos para llegar a la cima. Continuamente los personajes están conspirando y entrando en contradicciones, asegurando unos hechos para luego desmentirlos y luego volver a afirmarlos. De modo que intentar llegar a la verdad es tarea casi imposible, enterrada bajo intrigas palaciegas cada vez más intrincadas. Esto refleja con el momento en el que vivimos en el que la verdad ya no es cuestión de hechos sino de creencia. Estas intrigas se van sumando hasta que llega un momento en que resulta absurdo y cómico de un modo macabro, a pesar de estar regado el relato con algunas gotas de erotismo. Particularmente inquietantes resultan algunos momentos en que los actores miran directamente a cámara.
La puesta en escena puede resultar demasiado para algunos espectadores: demasiado artificial, demasiado "artística", demasiado barroca... Pero esto lo que hace que el film de Jancsó resulte interesante, siempre que se sea consciente de que no se va a ver un film narrado de forma convencional.


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